Mostrando entradas con la etiqueta Andrés E Gromaz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Andrés E Gromaz. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de junio de 2011

El carrero viejo

(Foto: Chata de Aladino Gutierrez)
Se ha levantao el carrero
a la una'e la madrugada,
y ya está la caballada
rodeando un carro azulero.
Al lao la pava, el bracero
y en la parrilla de alambre,
queda un resto de matambre
y lo que jué una paleta:
salmuera, vino, galleta
y unas costillas pa fiambre.

Ya los aperos tendió
y en menos que canta un gallo,
comienza'agarrar caballo
y a los diez y seis prendió.
El último toque dió
a los recaos de laderos,
alza la pava, el bracero
y el farol a querosén,
y en las palomas del tren
cuelga el barril aguatero.

Recoge reparo y lona,
con la tapa'e los aperos
y unos estilos camperos
medio champurreaos entona.
Hace buche en la "Pamplona",
alza pa'l perro una liebre,
y pa que la carne suebre
lleva media res colgada,
y pa no olvidarse nada
revisa buche y pesebre.

La catrera destendida
levanta abajo'e la caja,
se aprieta un poco la faja
y va a mover enseguida.
El caballerizo cuida
que unos potrillos mamones,
ociosos y juguetones
no hagan daño en los descuidos,
o entre el tiraje metido
masquen riendas y corriones.

Y ya listo pa marchar,
sube por la rueda chica;
en el pescante se ubica
y los hace emparejar.
Empieza el perro a torear,
el varero se hace astillas;
los laderos de costilla
donde los nombra el carrero
¡al mover el cadenero
se va hasta el suelo'e rodillas!

Como el camino es pesao
y va cargao hasta el pico,
se abre como un abanico
cuando revoleó el trenzao.
Unos chirlos ha pegao
apurando a los corceles;
se sacuden los caireles
al cabezar el pescante,
y canta un himno triunfante
un coro de cascabeles.

Y al llegar a la estación
le desprende los laderos,
y encara con los pecheros
el terraplén del galpón.
Viene atrancando al portón
al tranco alegre y sereno
y cuando le gritan: "¡güeno!"
sobre las llantas limpitas,
hace chiyar las piedritas
las alpargatas del freno.

Descarga y se va cargao
y al caer la tardecita,
va buscando una lomita
donde poder desatar.
Y en el eterno tranquear
por las huellas desparejas,
le canta al viento sus quejas
y ojeando un torniquetero:
desata frente a un potrero
donde hay buen pasto y ovejas.

El resero

(Pintura: Fernando Romero Carranza)
El chambergo requintao,
una blusita cortona,
bombacha, botas, lloronas…
y ancho tirador platiao;
el facón atravesao
en la cintura le brilla,
y prendido a una presilla
que l‘hizo algún trenzador
sujetao al tirador
lleva el mate y la bombilla.

No le falta en el recao
pa’ los vicios la maleta,
la llave de torniqueta
y un lazo ‘e cuatro trenzao,
poncho ‘e paño, un encerao,
güenas matras y carona,
una botita “Pamplona”
que en cada boliche se hincha
y colgando de la cincha
la pavita barrigona.

No hay estancia en la comarca
qu’en su tranquear no conozca:
“La Golondrina”, “La Tosca”…
“La Malacara” o “La Zarca”.
Señales, pelos y marca
conoce hasta la “planchada”
y no ha de haber alborada
que no haiga visto asomar,
ni güella por donde andar
qu’él no sepa la cortada.

Con los ponchos por delante
empujando “el cola fina”
dibuja una serpentina
en el camino ondulante
con la tropa que distante
desfila por la gramilla
puntea una yegua rosilla,
y seis sumidos charcones
van tirando mordiscones
a las pajas de la orilla.

Entre un grito y un silbido
taloneando su constancia,
se va hundiendo en la distancia
entre el rumbo del balido.
Responsable y precavido,
guardián de ajena fortuna,
pa’ que no le falte alguna
de las vacas pa’ entregar,
de noche sabe rondar
y marcha al salir la luna.

Si el temporal desatao
lo sorprende en plena marcha
y sobre el barro o escarcha
no puede tender recao…
Tantas d’esas ha pasao!
que no v’a ser la primera;
si hallándose campo ajuera,
sobre la cruz de su bayo
supo dormir de acaballo
afirmao a la estribera.

Su suerte es estar llegando
pero nunca pa’ quedarse:
a veces suele olvidarse
qu’el rancho lo está llamando;
se acerca de vez en cuando
pa’ no perder la costumbre
con el último vislumbre
del sol que acaba d’entrar
y se tiene que ausentar
antes qu’el lucero alumbre.

Apenas cambia de ropa,
ensilla y güelve a salir,
prometió que va a cumplir
con el dueño de otra tropa;
pa’ ganar tiempo galopa
sin aflojar un momento,
bajo la lluvia y el viento
cruza por bañaos y esteros.
Por algo allá en “Mataderos”
le hicieron un monumento.

(Pintura: Rodolfo Ramos)

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Boyero de tambo


De pichón sin emplumar,
en la mitad de la infancia,
dejó su nido a distancia
pa'salir a trabajar.
Ahí aprendió a madrugar,
porque a cara de patrones,
se acaban los regalones
porque lo impone el oficio;
ande jueguen sacrificios
pa'ganar obligaciones.

Un muchachito inocente
que dejó la escuela atrás,
no pudo aprener jamás
a escribir como la gente;
como debía ser prudente
muchas veces resignao,
respondió a un nombre cambiao
por costumbre del tambero;
que lo llamaba: "Boyero"
en vez de Nicasio Aldao.

El primero en levantarse,
eso ni hablar desde luego,
tenía que prender el fuego
si quería desayunarse.
O de no, venau largarse
a los gritos pa'l potrero,
juntar las vacas primeros
y después el terneraje:
es el primer pasaje
del calvario del boyero.

Se estrenó en un rodador
que se dejaba'e boyero,
que supo ser parejero
en otro tiempo mejor;
ya ni el brío ni el esplendor
de aquél pasao tenía,
pero guardaba entuavía
el elogio de su dueño,
y entre mosqueaba el empeño
que para mañas ponía.

Engarrotao por la helada
sólo, se afligía el boyero,
si se mamaba un ternero
no había vacas maneadas;
arisco pa la cuerpeada
a la patada imprevista,
su agilidad siempre lista
tuvo en caso de urgencia;
porque a juerza de experiencia,
se hizo liviano y de vista.

Llorar no valía la pena,
¿pa'qué? si naide escuchaba;
cuánta lágrima embuchaba
en su mirada serena...
Pero la taba dió buena
pero echó suerte al revés;
por los suplicios después
al final de la partida:
le pagaban la comida
y veinte pesos por mes.

Ansina era aquél boyero,
sufrido y trabajador;
que lo hizo madrugador
el andar con el lucero.
El que alborotaba el tero
del bañao en la laguna,
aquél tan pobre de cuna
y de suerte tan ingrata;
que sólo se halló con plata
cuando lo besó la luna.

martes, 27 de octubre de 2009

La cupé de mi señora



Yo anduve bien hasta ahora,
con mi cachivache viejo
Pero me ha criao un complejo,
la cupé de mi señora.
Se me ha güelto empacadora
y mañera p´arrancar,
la tengo que calentar
cosa que no sucedía,
si antes en cuanto subía
¡en frío l'hacia bramar

Cuando le metía la llave
en el aujero el´ contato,
sabí'arrancar en el ato
con una marchita suave.
Pero áura el asunto es grave,
si le tiro el cebador,
se le áuga el carburador,
pa'mí es la chisp' atrasada
O es que tiene muy rajada
la tapa el' distribuidor.

Porque hace unas esplosiones
que ni el diablo las aguanta,
son tan fuertes que levantan
polvadera en ocasiones.
Hay que andar a los tirones
porque empujar es al cuete
y mí me pone en un brete
si le atraco la manija;
me da una patada en fija
porque anda mal del trinquete.

Tiene roto el radiador,
y pérdida en la bancada;
válvula' escape quemada
y desinflao el motor
Quemao el regulador,
tampoco el dínamo carga,
La batería se descarga
pero la luz no m'importa,
me arreglo bien con la corta
aunque preciso la larga.

Aura le vía'retocar
el motor, chapa y pintura
y dispués de la compostura
la viá'volver a'blandar,
pa'ver si la puedo andar
como en épocas pasadas
anque con gomas usadas
ansí nomás a lo gaucho
si total tienen güen caucho
y cámaras reforzadas.

Me han aconsejao cambiarla
por algún otro modelo
pero si la pongo al pelo
me da lástima largarla.
Y aunque tenga qu' empujarla
pa' que arranque les prevengo,
qu'esta posición mantengo
sacando mis conclusiones:
pa´ usada y con esplosiones
me quedo con la que tengo!