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miércoles, 27 de julio de 2011

De güelta al pago

(Pintura: Errecaborde)
-¡Adiós, amigo Nicasio!
-¿Qué me cuenta don Besaires?
-Ya me ve, de Güenos Aires
rumbiando pa mi jogón.
Vengo enfermo y almirao
de ver cosas, aparcero,
que ni recordarlas quiero
porque me da comezón.

-¡Pucha que lo han cinchao flojo!
No lo créiba tan mulita,
cuando hay cosas tan bonitas
allá, sigún me han contao...
-Es verdá, pero amigaso,
me acaloro por instantes...
No es el Güenos Aires de antes,
está todito cambiao.

Viera el hembraje, cuñao,
se han güelto unas muñequitas,
con las polleras cortitas,
tusadas a lo varón.
Los vestidos transparentes
y sin ninguna bajera,
y en la trompa, si usté viera,
se han pintao un corazón.

Las pestañas encrespadas
como pa mirar p'arriba
y no es nada ¡virgen mía!
¡Vieja qué ojeras, cuñao!
Y a dos por tres, en la calle,
abren una maletita
y sacan de una cajita
un menjunje colorao.

Y entran a darle a la trompa
como a mancarrón ajeno
y se acomodan el pelo
de un modito encantador.
Se miran en el espejo
que train en la maletita,
y aparece en la trompita
jugueteando el corazón.

Todas andan como el tero,
las canillitas peladas
y las uñas bien pintadas
todas de color punzó.
Un zapatito de tientos
que van los pieses ajuera
y caminan, si usté viera,
¡qué tranco más llamador!...

Los mozos, es para rairse,
ninguno lleva sombrero,
es de almirarse, aparcero,
han cambiao de sopetón.
Todos andan en cabeza
con el pelo bien tirante,
de grasa bien relumbrante
para lucirla mejor.

Han traído de las Uropas
todo eso los estranjeros
y el hembraje, compañero,
se ha enancao en esa moda;
no hay morochas ni pa muestra;
todas son ruanas, cuñao,
todas de pelo encrespao
como patito son cola.

Y en los cafeses, si viera,
hay bandas de señoritas
a cuál de ellas más bonitas,
arregladas con primor.
Y en el salón, muchas mozas
con el vermute servido,
se prienden a un cigarrillo
que ni Dios sufre el jedor.

¿Y ésa es moda, don Nicasio?
¡Si es pa perder el sentido!
Al criollo ya lo ha estinguido
el progreso en su favor.
En nuestra tierra, amigaso,
gobiernan los europeos
y ya no es criollo el pueblero;
se ha convertido en nación.

-No dudo que tenga razón
en su juicio, don Besaires,
pero dirse a Güenos Aires
y volverse como jué,
permítame que le diga
que no es criollo verdadero.
Si yo entro en ese entrevero
no me güelvo como usté.

Me cuesta creer que hay güelto
sin haber echo una entrada...
-Esa es fruta reservada
para el pueblero, cuñao...
Al gaucho sólo le queda
desiar al fruta pintona
y no pensar ni por broma
que es para él ese bocao...

-Pues le aseguro que yo
voy a vender mi tropilla;
me visto de cajetilla
y rumbeo pal poblao.
Dejaré de ser Nicasio
si al correr esta carrera,
no me traigo una pueblera
de esas ruanas que he contao...

martes, 26 de julio de 2011

No hay suegra como la mía...


Mi suegra es la viejecita
mas sutil y encantadora,
tiene un trato que enamora
¡viera qué linda joyita!
Juega al fútbol, trota, grita;
jamás se calla un segundo,
con el loro la confundo,
levanta pesas, torea
y hay que ver como boxea:
parece un campeón del mundo.

Todas las dulces mañanas
simpática me despierta,
me tira abajo la puerta,
me prende fuego la cama,
la ropa me desparrama,
me esconde los pantalones,
me da cada mordiscones,
me araña, parece un gato,
y dentro de los zapatos
siempre esconde unos ratone.

Al llegar al mediodía,
reunidos en nuestra mesa,
con suave acento así empieza:
"¡Qué yerno de porquería,
¿porqué no se moriria?..."
y se expresa en alaridos
mas luego toda en cumplidos
me dice la viejecita:
"%Tome yerno la sopita
que es todo vidrio molido".

Yo no me puedo explicar
como hay yernos que se olvidan
de sus suegras... las cuidan
y no les suelen versear,
mas yo no he de claudicar
tendrá mi galantería.
La vida me jugaría
por ella en todo momento
soy el yerno más contento:
¡no hay suegra como la mia!

martes, 19 de julio de 2011

La forastera


Ha tráido de la ciudá
pa la estancia, la patrona
una mucama, Ramona,
qu'es una temeridá.
Y anda la pionada acá
alborotada y mañera,
ispiando siempre de ajuera
pa donde andan las mujeres,
apotraos pa los quihaceres
por causa de la estranjera.

Los más viejos son los piores
y corsarios como perros;
están cerquita'el entierro
y pensando en los amores.
Ahí anda un viejo dolores
que con mentiras y engaños,
cuentos, bolazos tamaños,
medio la sabe cortar,
queriéndola repuntar...
¡Y tiene como cien años!

La estranjera desconféa
y los oserva callada,
anque Cruz Galván, d'entrada
ya le puso la manéa.
Con ese no corcobéa
porque con él no es capáz,
en cambio con los demás
es como vaca parida,
se alza como leche hervida
y se les güelve p'atrás.

En la cocina'e los piones
dicen qu'es linda la prienda
y qu'esa clase de hacienda
trái grasa hasta los garrones.
Que son de güenos jamones
dice otro de los que están
y cuando dentra Galván
se oye entre risas y bromas,
¡Si te escaparás paloma
entre tanto gavilán!

sábado, 2 de julio de 2011

En el baño


Apreta fuerte el calor,
el sol es como una fragua,
y pa tal caso en el agua
es ande uno está mejor.
Aunque no sea nadador
será fácil pa cualquiera,
si el calor lo desespera
hallar de golpe, un calmante,
pues tiene cada habitante
pal uso una bañadera.

En el campo, -ni que hablar-
cerquita del rancho criollo
ha de correr el arroyo,
ande uno dentra a bracear.
Y si este suelo faltar
pa darle gusto al que sea
si refrescarse desea,
siendo del país u de Europa.
Está la tina'e la ropa,
la pileta u la batea.

La cosa ya es diferente
si se trata e la ciudad
ande hay la comodidá
que ofrece el agua caliente.
Pal caso fría u caliente,
está pa todos igual.
Y pa combatir el mal,
siempre hay de sobra pal baño,
saliendo limpia del caño,
como agua del manantial.

Yo a veces como el pueblero,
aunque sea un maturrango
por el calor me arremango,
cuando ya es demasiado fiero.
Y aunque resulte el primero
que este apurón he pasao,
lo vi'a dejar asentao,
pa que sirva de enseñanza,
sosteniendo la esperanza
de que otro ande con cuidao.

Me senté en la bañadera,
sin más ropaje, que el cuero.
Diciendo pa mí, aura espero,
que llueva la regadera.
Pero la impresión más fiera,
me sacudió de repente.
Porque como un inocente
que ni malicia tenía.
Por aflojar l'agua fría,
aflojé l'agua caliente.

Entuavía estoy sintiendo
soplar a los borbotones,
el agua, que a rempujones
por el caño salía hirviendo
y pa siempre e de ir sufriendo
del descuido el resultao.
Porque un día desesperao
y aplastao por el calor,
juí a bañarme, y por error,
salí del baño, pelao.

viernes, 1 de julio de 2011

El cuento de Aparición

(Pintura: Carlos Montefusco)
Una pava renegrida
de veinte mil calentadas
concentró a la paisanada
en dispués de la comida.
Es que’ra cosa sabida
que’n la rueda del fogón
el girar del cimarrón
entre medio encandilao
daba ese clima buscao
pa’ cuentos de aparición.

El más viejo y más ladino
de los que ayí se amucharon
ni en cuanto se acomodaron
tosió imitando al zorrino,
y frenó al yegar un vino
apurándolo a contar
que tan solo el respirar
del ovejero dormido
era l’único sonido
que se oía n’el lugar.

Con una voz muy rascada
de arena por la garganta
como víbora qu’encanta
enganchó a la paisanada:
“mandinga” en el campo andaba
y una mujer con su crío
por los uncos en el río
iba clamándole a Dios
que los rescate a los dos
de las garras del impío.

Centellas y rejusilos
y causes de inundación
despertaban la emoción
yevando a todos en vilo,
y el Viejo manso y tranquilo
pa’ darle magia a su cuento
hacía un poco de espamento
y las cejas levantaba
como tanteando una taba
o afilando un estrumento.

Montando un tordiyo entero
el tal Clemente Luján
ensartaba a ese Satán
con una lanza de acero,
y en una bolsa de cuero
rejuntó los cuajarones
que sin más contemplaciones
los arrojó n’una hoguera
y todo volvió a lo qu’era
antes d’esas maldiciones…

Sin decir que había’cabao
echó mano n’el bolsiyo
y un pucho de cigarriyo
sacó bastante arrugao,
lo prendió para el costao
y esperó como durmido
que’l último se haya ido
pa’ juntar de abajo‘el taco
un boyito de tabaco
que otro pión había perdido.

Huevo de yegua



Charlábamos; al tranco, con el mozo
que me acompaña a repuntar las yeguas:
un nación, todavía recién hollado
que se vino a este país a hacer la América.

El sólo ponderaba a sus paisanos,
y sorprendían las cosas de su tierra.
¡Todo era grande en el país del gringo,
y a la par lo de aquí, mezquino era!

En eso: junto a un claro entre los cerdos,
un huevo guacho de avestruz blanquea,
lo alzó el nación, y se quedó admirado
al garantirle yo que era de yegua.

Socarrón lo contemplo; es el desquite
que me tomaba así de esa manera,
y en tono serio: "En ese huevo, amigo,
ha de haber un potrillo de carrera."

Y talonié mi pingo; me adelanto
a cortar la yeguada que está cerca.
El gringo chapetón, por alcanzarme
castiga al suyo con la rienda suelta.

¡Se le escondió el sotreta! Por el aire
lo mandó contra el suelo de cabeza,
y el huevo de avestruz que era culeco
hizo explosión cuando golpeó la tierra.

El ruido y el movimiento alarmaron
a un zorro que escondido estaba cerca,
quien salió como luz de entre unas matas
y se perdió en el campo a la carrera.

Lo vió el nación y se golpeó la frente,
como quien de una cosa se da cuenta:
-"¿Ve ese potrillo moro que dispara?"-
Me dijo: -"Era del huevo ése de la yegua".

Pa pasar el tiempo


Un domingo de tardesita,
d'esto ya hace un tiempo,
me juí de visita
a lo'el vasco Pedro.
Procuré peinarme
como los puebleros,
y en forma de hachaso
m'hise raya al medio
y gasté en la clina
un caracú entero
con mis botas nuevas
y el mejor pañuelo,
un relós que no anda
por más qu'es nuevo,
sólo por florearme,
me lo puse al pecho.

Porque soy redondo
como nido'e tero
y ni me hase falta
ser dotor y leído:
pa saber las horas
me sirvo del cielo,
qu'es relós que no erra
ni un menuto e medio...
¡Ah!... ya me olvidaba
decir que jediendo
a Pachulí estaba
todito mi cuero.
Pachulí machazo
que compré en dos pesos
a un turco ladino
que dijo ser bueno.
Y a é ser, porque jiede
como a flor de trébol.
Ah, cuanti lo tope
a aquél cajonero,
como veinte frascos
compré por lo menos;
y, cuando é visita
vaya a lo é ño Pedro,
perfumo mi chuso,
perfumo mi apero,
y hasta el panza'e burro,
l'echo un frasco lleno;
perfumo mis patas,
perfumo mis tientos,
l'echo a cuanta guasca
ande por el suelo,
y hasta a las que cuelgan
contrito del techo,
que no ha d'escaparse
ni mi cuzco overo,
que ha crer que lo baño
porqui anda pulguiento.
¡Ah! ¿si por mi juese?
L'echo al mundo entero
pa que jieda lindo
ya que jiede a muerto,
y después de todo...
pa pasar el tiempo...

Pa seguir cotando,
pues me voy del cuento,
me juí de visita
a lo'el vasco Pedro,
que tiene tres hijas
que son un portento.
Son de anca partida
y abundante pecho,
y la clina larga
que les llega al suelo,
porqui ellas no quieren
el tuse del pelo,
porque asigún dicen,
el vasco ño Pedro
si las ve serdiadas
las peina a talero...

Güeno, la más chica,
me da el mate hirviendo;
me quemo la jeta,
me quemo por dentro;
las manos me quedan
que parece juego;
me lloran los ojos,
todito me quemo
y hasta me dan ganas
de salir corriendo;
pero ella me mira
y todo compriendo;
de dise, en el mate:
"Mirá si te quiero,
que pa que lo sepas
te lo sirvo hiviendo".
Yo siento en el alma
todito un consuelo,
y, dispués, ¡qué diablos!
voy pasando el tiempo...

La mayor, sí, si ceba,
me dise riyendo:
"Sírvase, mosito,
que le haga provecho;
no sé si mi verde
lo ha e hallar muy bueno.
Porque... ¿sabe?, moso,
cuasi nunca cebo..."
Y la muy... ladina
me le ha echado adrento
del ombú unas hojas
qu'es purgante fiero.
Y a los tres menutos
yo cuasi reviento.
Me despido al punto.
Hinchao como escuerzo
con dolor de tripas;
y hago un gran esfuerso
por no... ¿me comprenden?
Ca...erme allí mismo,
y, dispués de todo,
pa... pasar el tiempo...

La del medio, pone,
debajo e mi apero,
una piedra; el chuso,
cuanti siente el peso
en su lomo herido,
de tuito mi cuerpo,
s'encoje el trompeta,
no obedece al freno,
y pega un corcovo
machaso. No quiero
decir que me tira,
pero le confieso
que el asunto'el pingo
se me pone feo
delante'e las mosas
que s'están riyendo,
no porque sean malas...
por pasar el tiempo...

Cuento esta judiada
allá en lo'el pulpero
y me disen tuitos
que no güelva al puesto
porque cualquier día,
me dejan por muerto;
pero yo, ¡qué diablos!
Güelvo a lo'e ño Pedro,
porque sí... por nada...
por pasar el tiempo...

Ya va pa cinco años
que pasó tuito esto,
y, como Dios manda,
con tuito rispeto,
vivo acollarao
con l'hija'e ño Pedro,
aquella más chica
la del mate hirviendo.
Me ha dao tres chancletas
lindas como el cielo,
y cuando las miro
preñao de contento
me apronto pa ráirme,
que ha de llegar momento
en que alguno caiga
pa pasar el tiempo.

Llegará un paisano
de Pachulí lleno,
peinao con hachaso
como los puebleros;
se sentará orondo
en la silla'e cuero,
mientras la más chica
le cebe un infierno...
En el ombú grande
a la mayor veo,
con un puñao'e hojas
pa... pasar el tiempo...
La del medio, acaso,
se gane el apero
y palmiando al pingo
me l'encaje un güeso
contrito del lomo,
pa que se hinche feo,
y , acaso el jinete,
puede quedar muerto,
mas todo ha de hacerse
pa... pasar el tiempo

miércoles, 29 de junio de 2011

El gaucho enfermo


Cuerpiandolé al curandero,
y acobardao por sus curas,
enfermo de las achuras,
juí a ver al doctor pueblero.
Y le dije al hombre: "quiero,
me haga una revisación,
y me ponga en curación,
que pá eso del campo vengo.
¡Parece que adentro tengo,
como una revolución!...

El corazón fatigáo,
da a veces sus aletazos,
arisqueando en otros casos,
parece cambiar de láo.
"Ha de estar enamorao,
-el doctor me respondió-
"Abra la boca, ordenó,
pa ver si su mal encuentro".
Después de mirar pa adentro
de esta manera me habló:

"Bueno, amigo, no hay que hacer,
a usted lo voy a curar,
pero tiene que pasar
unos días sin comer.
Porque asigún pude ver
su estómago se ha cargao,
el hígado ha amontonao,
así como un pedregal,
y pá salvarlo del mal,
tiene que ser operao.

Están duros sus tendones,
y usted anda como embarao,
eso es porque se han cansao
de trabajar los riñones.
Con sellos, con inyecciones,
volverán a funcionar.
Pero, tiene que aguantar
con pasencia la carrera:
¡Su cuerpo es una tapera,
que se empieza a derrumbar!..."

La noticia mortifica,
al hombre mejor templao,
por eso es que acobardao,
juí marchito a la botica,
con el papel, ande explica
la melesina el doctor
y pa aliviar mi dolor,
y pa aflojar mis tendones,
¡me dieron unos botones,
como pa mi tirador!...

Me voy pa siempre del pago,
-dije pa mí desidido:
yo, pa avestruz, no he nacido
y esos botones no trago!...
La muerte me hizo un amago,
pero, de mí se ha olvidao,
áura tranquilo he quedao
el dolor, pasó de largo.
Me curé con mato amargo,
con ginebra y con asao.
.....................................

Dedico estos versos llenos de cencia y terapéutica sabiduría criolla, al paisano don Carlos Raúl Risso, pà que se siga recuperando de su operación, camperamente, es decir: a lo muerto, pero de risa... un abrazo del gauchoguacho

viernes, 24 de junio de 2011

Suavecito pa'las chinas

(Pintura: Carlos Montefusco)
Como he tenido la suerte
de haber nacido varón,
vivo con la pretensión
de ir siempre pisando juerte,
quizá siga hasta la muerte
luciendo bien mi retrato,
y hasta por pasar el rato
dejé frases cristalinas,
siendo suave pa'las chinas
como "lambida de gato".

Si habré atropellado mozas
cuando dentraba en un baile,
encarador como fraile
pa'las chinitas golosas.
Algunas de caprichosas
se me iban apartando,
algunas juí enamorando,
y algunas se me iban yendo,
unas quedaban riyendo
y otras quedaban llorando.

Con una de tan contento
de tanto irle a cantar,
me llegó hasta embozalar
pa'llevarme al casamiento.
Ahí entró mi sufrimiento
y empezó mi perorata,
la pude sacar barata
pues me le pude zafar
"y me le alcancé a escapar
con la manea en una pata".

Una vez a una morena
en menos que canta un gallo,
llegué a atracarle el caballo
en una noche serena.
Ahí se me hizo una cadena,
yo me dije a la que cuadre,
y pa'hablar me citó el padre
pero yo no comprendía
si me hablaba de María,
de Zulema o la que cuadre.

Podría seguirles contando
de las que en ancas me alcé,
pues de tantas que cargué
creerán que estoy bolaceando,
siempre alguna voy marcando
le tiro el lazo a cualquiera,
la que suelto puerta ajuera
es la que está preparada,
y la que queda pialada
es carne pa'la ganchera.

jueves, 23 de junio de 2011

Se la regalo compadre


Mi amigo Juan Ballester
es un mentao domador,
sin vicios, trabajador
y dispuesto pa un quehacer.
Nada tiene que aprender
de ningún hombre campero,
porque piala, es buen resero,
sabe esquilar sin revés,
y a mostrao más de una vez
que es un prolijo soguero.

Como el paisano es casao
a una hora en que lo hallara,
fui pa verle un malacara
que él mismo me había ofertao.
-"¡Pero abajesé, cuñao!",
me dijo en tono afectuoso,
y aunque yo soy respetuoso
ni bien pasé a la cocina,
dentró a mirarme la china
como a sapo de otro pozo.

-"Pepa"... -le dijo el paisano
con sus mejores moditos-
"cebate unos amarguitos
vos que tenés buena mano".
La moza, de pelo ruano,
en vez de mostrarse atenta
le contestó por su cuenta
con ganas de que se arme:
-"¡No entrés a capataciarme
que yo no soy tu sirvienta!".

El hombre de avergonzao,
queriendo arreglar las cosas
me dijo que de mimosa
ansina le había contestao.
Yo en silencio y él callao,
yerbiamos al lao del fuego,
y ella quebrando el sosiego
le dijo: -"¡Juan apurate,
largá enseguida ese mate
y andá a carniar un borrego!"

Y Juan, pa disimular,
o quedar mejor conmigo,
le dijo: -"Pepa, a este amigo
quiero invitarlo a cenar".
Pero ella sabía trotar
hasta con manea redonda,
y ansí fue, que muy oronda
y con el ceño fruncido,
le dijo fuerte al marido:
-"¡Aquí en mi casa no hay fonda!".

Casi ni quiero decirlo,
la rabia que me agarré,
que hasta el rebenque tantié
con ganas de darle un chirlo.
Ella, que pudo alvertirlo
se acarició la melena,
salió pa afuera serena
y con su genio de fierro,
le dio una patada al perro
que estaba atao a cadena.

Por el bagual, Ballester,
ciento diez pesos pidió
-después que lo ponderó-
y yo cien llegué a ofrecer.
Y al no quererme mover
de los cien que había ofertao,
la moza que había escuchao,
gritó con su tono bravo:
-"No le bajés ni un centavo
y que lo pague al contao!".

Le negocié el malacara...
y ni bien cerramos trato,
le di la plata en el acto
pa que la "ruana" no hablara.
Y como quien no repara
si era oportuno el momento,
al dirme, cordial y atento
lo saludé a Ballester,
y le dije a su mujer:
-"¡Que le vaya bien Sargento!".

domingo, 19 de junio de 2011

Escuela de baile


Aunque de chico soñé
ser bailarín como tata,
salí más duro de pata
que mi yegua pangaré.
Pa peor me enamoré
de Prospolapia Carrizo,
una mujer: todo hechizo,
joven, coqueta y ladina
y la mejor bailarina
de los pagos de Chamiso.

Por eso en cualquier lugar
que sonara una'cordeona,
no había un solo varón
que no la juera a invitar.
y ella, pa no despreciar,
bailaba la noche entera,
yo nunca entraba en carrera
porque mi pobre bichoco,
me resultaba muy poco
para tan buena parejera.

Tuitos formaban pareja
y yo por ser maturrango,
andaba como un guarango
bostezando entre las viejas.
Aunque al ver las muchachejas
se me hacía agua la boca,
sofrenando mi ansia loca
masqué fuego en más de un baile,
siempre haciendo las del fraile
que mira pero no toca.

Y pa remediar la cosa,
me decidí sin temor,
consultar el profesor
de una academia famosa.
Vendí la vaca barrosa
y los tamangos de goma,
le dije a mi paloma:
-"Ahura pienso ser por fin
tuito un señor bailarín
con autoridad y diploma".

Con mi ponchito oriental
y mi rastra dominguera,
viajé sentao en primera
con rumbo a la capital.
Me apié en la estacion central
y en eso vino a mi encuentro,
un hombre, gordo pa dentro,
uniformao de chofer
en su coche de alquiler
me ofreció llevarme al centro.

Le amostré la dirección
que mi Mama y tío Jacinto,
habían guardao en mi cinto
apuntada en un cartón.
Oservó la inscribición
y me llevó hasta una casa
con una puerta machaza
y unas cortinas de lujo,
con chorretes y dibujos
tuitos de color mostaza.

Apenitas toqué el timbre,
apareció una belleza,
con cara de actríz inglesa
que se arqueaba como un mimbre.
Le dije: -"No se desimbre
porque no aguanto el corcovo,
y retrucó: -"no sé a cómo
que no soy hombre de broma",
mientras mascaba una goma
formando con ella un globo.

Cuando llegué a comprobar
que aquello era el profesor,
avergonzao por mi error
dije pa'disimular:
-"Vengo a'prender a bailar
si no es mucho lo que cobra"...
-"Tenemos tiempo de sobra
para hablar del presupuesto",
dijo: "¡Bien dispuestos
piecesillos a la hora!"...

-"Le daré para empezar
algunas lecciones básicas,
¿prefiere las danzas clásica
o está por lo popular?
-"Mire, yo quiero rumbear"
le dije, "aunque más no fuera
un chotis y una ranchera
pa bailar a rienda suelta,
y un valse de vuelta y vuelta
y una polca rastrojera".

Se riyó con tantas ganas
que el globito del chiclé,
saltó contra la pared
salpicando las persianas;
y me dijo: "Esas macanas
son del tiempo de Falucho,
aura lo que se usa mucho
es el paso caballito,
el canguro y el patito
y la danza del serrucho.

-"Yo enseño piezas modernas,
contagiosas y animadas,
y no cosas antiguadas
del tiempo de las cavernas".
Escarranchó bien las piernas
en posición de descanso,
y camiando a lo ganso
al compás de un disco loco,
comenzó a avanzar de a poco
como quien planta garbanzos.

Viéndolo tan papanata,
no pude soportar eso,
y tomé un tren de regreso
pa'la tierra Malagata,
al llegar le dije a tata
que tocara el acordeón,
y en una sola lección
sin profesores de fama,
aprendí a bailar con Mama
la polca y el pericón.

viernes, 17 de junio de 2011

Estimada Cantalicia:

(Mural azulejado con pintura de Molina Campos en Subte de Bs As)

Estimada Cantalicia:
habrás estao impaciente
al no tener del ausente
ni rastros de una noticia.

No estrañés que no t'escriba
seguido, pues ni con cuarta
yego al final de una carta
sin sentir el cuest'arriba.

Hoy, con tranco'e caracol
la escretura despareja,
tal vez s'estire, mi vieja,
como perro echao al sol.

Desimulá si las tachas
y borrones, forman suma:
es que me queda la pluma
como freno a las vizcachas.

Pero si mi letra es fiera,
también jués escaso mi estudio;
en fin... suspendo el preludio
y le meto a la ranchera.

Hoy más que nunca un caudal
de ciencia precisaría
pa pintarte, vieja mía,
lo que hay en la capital.

¡Cuánto pueblero manate!
¡Qué palacios, virgen mía!
Me la paso todo el día
abriendo la boca... al mate!

Y vos también, en verdá,
te asombrarás si te cuento
lo ingenioso e cada invento
oserváo en la ciudá.

Una visita al hotel
me dió un alegrón, temprano:
Cáiba a verme Martiniano
pa que saliera con él.

Tuvo a mi compadre en cura
un médico e mucha fama,
y ahura que dejó la cama
volver al pago procura.

Sin hacerme rogar mucho,
pues vino que ni de encargo,
me desprendí del amargo
y cabrestié sobr'el pucho.

Tras del convite espontáneo,
cuando la caye ganamos,
dijo mi compadre: vamos
a viajar pu'el suterráneo.

Una abertura enrejada,
hecha al costao de la acera,
me hizo vichar la escalera
que desciende iluminada.

Bajé con cierto recelo,
aunque desconfiaba en vano,
pues yevaba a Martiniano
sirviéndome de siñuelo.

Dejé el último escalón
cuando almiré de improviso,
lo largo y limpio del piso
embaldosao de un salón.

Yo, pa rumbiar más en fija,
a mi compadre hice cola
y vide que una chirola
le acomodó a una rendija.

No puso la plata al cuete,
porque dispués que la echó,
pude oservar que pechó,
pa pasar un molinete.

De miedo a los papelones,
como el mono lo imitaba
y, de paso, me cuidaba
de los puebleros burlones.

Pero al ñudo jué el cuidao
que tuve entre los estraños,
porque abrí ojazos tamaños,
igual qu'el pavo atorao.

Decí si no es pa asombrarse
una escalera muy larga
que rueda repleta e carga
de cristianos, sin pararse!

Aquí, si somos sinceros,
ni la distancia jeringa.
No se le ocurrió a Mandinga
lo que han hecho los puebleros!

Yo, sin tomarme el trabajo
de moverme tan siquiera,
me acomodé en la escalera
y eya me yevó p'abajo.

Cuando me apié, se acercaba,
devorándose el camino,
un tren, que a pararse vino,
al lao mesmo ande me hayaba.

Juí a subir y, cosa rara!
la intención me conocieron
viente puertas, que se abrieron
sin que naides la tocara.

Hasta que un pito escucharon,
estando todas abiertas,
vide, embobao, que las puertas
del tren solas se cerraron.

Creerás que la fantasía
en ancas va de mi cuento
y yo pienso, no te miento,
que esto huele a brujería.

Lo mesmo qu'exhalación,
por un tubo que lo encierra,
el tren, por debajo e tierra
va d'estación a estación.

Y sin para un minuto,
de puebleros atestao,
de punta a punta el poblao
recorre por el cañuto.

Agatas yegué a la meta,
me pasó una cosa ingrata:
emboqué mal con la pata
y cuasi me voy de jeta.

Eso pasó en la escalera
rodadora, a la subida,
cuando campié la salida
ansiando el aire de ajuera.

Martiniano, que a la cuenta
es un ladero machazo,
viendo yegar el porrazo
m'enderezó la osamenta.

Ya sé que no te hace meya
qu'en mesivas d'esta laya
l'hacienda 'e mis letras vaya
saliéndose de la güeya.

Por eso dentré al pantano
d'escrebir tendido y mal,
con letras flacas, igual
que perro'e vegetariano.

Saludos de mi compadre,
que sueña con la querencia,
ansioso e ver a Prudencia
y de abrazar a la madre.

Recuerdos en abundancia
envío pa nuestra hija
y pa que hagás repartija
entre la gente la estancia.

Güeno, mi vieja, sujeto
las ganas de prosiar mucho
y t'encajo, sobre'l pucho
un juerte abrazo
Aniceto

viernes, 10 de junio de 2011

La maquinita de escribir


Caso raro me ha pasao
el otro día, amigazo,
con el tremendo fracaso
que me pegué de porfiao.
Ansina, me vi obligao
a dar rienda, como flojo;
entuavía tengo enojos
por ese invento genial,
que quise hacer otro igual
y no cumplí mis antojos.

Al verla me pareció
sencilla sin discutir,
la máquina de escribir
que bastante me agradó.
Un vaquiano comenzó
sus teclas a manotiar,
y sin mucho trabajar
un papelito enroscao,
lo dejaba "escribidiao"
clarito y sin borroniar.

En el momento pensé
que el inventor no era "mago"
y, al regresar a mis pagos,
me dije: "una mesma haré".
Pero ¡canejo! así fue
que aquel fracaso sufrí,
porque en cuantito volví
con afán y con esmero,
a aquel invento pueblero
hacerlo me decidí.

Con pedazos de latones
una caja fabriqué,
y adentro le acomodé
lapiceras a montones.
Le fui poniendo "botones"
con los que teclas formaba,
en los cabos que asomaban
pa'afuera por ahujeritos,
y adelante un papelito
enroscao le acomodaba.

Cuando dejé preparao
todos estos elementos,
imaginé que el invento
se daba por terminao.
Le puse tinta apurao
deseoso de comenzar,
y ansina, sin esperar,
los "botones" apreté,
pero tan fuerte golpié
que en mis faldas vino a dar.

Maldecí la suerte mía
por darme tan malas cuentas,
y viendo la vestimenta
que llena'e tinta tenía.
Es por eso que entuavía
quéllo me hace rabiar,
más por tener que aflojar
y que a pesar de insistir,
la máquina de escribir
no la pude hacer andar.

(Foto: "Máquina de escribir Blickensderfer nº 5")

martes, 7 de junio de 2011

Pidiendo justicia


-"¡Señor Juez! vengo a decirle
que don Pancho me molesta,
y me acusa que mis pingos
entran al sembrao de avena.

Me dice que por las noches
cierra muy bien las tranqueras,
y que todas las mañanas
el hombre la encuentra abierta.

Que también al gallinero,
a veces dentra mi vieja
y se limpia las posturas
cuando él tiene alguna ausencia.

Me acusa que mis muchachos
en las horas de la siesta,
arman un tremendo infierno
jugando a las montoneras.

Que mi muchacho, el mayor,
siempre algún pingo le lleva
y cuando vuelve del viaje
desenfrena una osamenta.

Que si estamos de jarana,
de reunión en la matera:
me acusa que algún capón,
le robé pa hacer la fiesta.

Que para el mes de febrero,
la vez que durmió la siesta,
me vino que mis gurises
le desplumaron la higuera.

Que pal tiempo de carneada,
una potranca azuleja,
le faltó la mesma noche
que faltó la chancha overa.

Que siente ladrar los perros
y le falta la lechera,
de que le faltan los pollos
y él sabe que hay comadrejas...

¡Señor Juez vengo a decirle
que don Pancho me molesta!
y me viene calumniando
por culpa de su chochera.

Vengo a pedirle justicia
pues me acusa con certeza,
que yo les dejo rabonas
casi toditas las yeguas.

¡Señor Juez! por eso quiero
que lo cite a ese sotreta:
y le encaje cuatro retos
pa que no hable sonceras.

domingo, 5 de junio de 2011

Don Pancho

(Pintura: Carlos Montefusco)
De la estancia "La Blanqueada"
una legua pa'l arroyo,
hay un lindo rancho criollo
y una morocha encantada.
En la tranquera sentada
del camino junto al rancho
la suele encontrar Don Pancho,
que usa, taura, cuello duro
¡y le asienta, le aseguro,
como la montura al chancho!

No bien lo ve en el lobuno,
lo conoce la muchacha
que coqueta y vivaracha
anda a la pesca de alguno;
don Pancho lo cree oportuno
y dice: "aquí me resuelvo",
"de esta para otra no vuelvo",
mas se asienta en la largada
si le sale a la cruzada
lo mesmo que cuzco'e pueblo!

Tartamudea un saludo
que ella recibe sonriente
y él se baja diligente
en una mano el aludo;
habla del tiempo: "es al ñudo"
piensa: "la güeya no agarro";
del amor se encaja el carro,
pues suda y tartamudea
y queda -hágase una idea-
¡como alpargata en el barro!

Una tarde halló coraje
para atreverse a la hazaña:
¡Una tropilla de cañas
que fue domando de un viaje!
Y en aquel mismo paraje
la atropelló en forma tosca
y ella no se hizo la hosca,
ahí no más agarró viaje
pensando con el gauchaje:
"Cazó mi perro una mosca".

jueves, 26 de mayo de 2011

Cortando campo


Pa'l lao del pueblo salía
una mañana temprano,
cuando don Braulio, un paisano
que allá en mi pago vivía,
del lao contrario venía
y al vernos nos relinchamos
me preguntó: "y pande va?"
"voy pa'l lao de la ciudá,
-le dije-, gusta que vamos?.

Me dijo "otra vez será,
pero y ¿por dónde se larga?
¿No sabe que se le alarga
el viaje al dir por acá?".
Si usté por la calle va,
de tan mal que la han trazao
pa'cuando llegue al poblao
habrá cansao varios pingos.
Todo culpa de los gringos
que la pampa han alambrao.

Larguesé por el bajo hondo
hasta dar con un camino
que ha de llevarlo a un molino
que tiene un tanque redondo.
Después de áhi siga hasta el fondo,
ande hay un palo quebrao,
si su pingo está enseñao
como el alambre está bajo,
no le dará gran trabajo
pasarlo pa'l otro lao.

Y entonces enseguidita
de pasar el alambrao,
en cuanto cruce un bañao
que va a encontrar áhi cerquita,
agarre una callecita
que es camino vecinal
y sígala hasta el final,
aunque antes va a hallar el vado
de un arroyito que a nado
debe cruzar su caudal.

Larguesé nomás pa'l centro
buscandolé algo a la izquierda
y el coraje usté no pierda
una vez que se halle adentro.
Si el agua le da al encuentro
al pingo no se sorprenda,
larguelé nomás la rienda
que nade con libertá.
Sin mayor dificultá
yo lo he cruzao con hacienda.

Después costea la barranca
buscando pa'la derecha
y allá recién la repecha
ande vea una tierra blanca.
Vuelvasé a la calle franca
después que salga del paso
y le diré por si acaso,
pa'que perdido no se halle,
va a ver una bocacalle,
pero usté no le haga caso.

Por el mesmo callejón
derecho nomás le pega
y como ésta es calle ciega
al cruzar un albardón,
va a encontrar un tranquerón
que está como clausurao
y al palo está sujetao
bien juerte con una amarra
y como cuerda'e guitarra
de tirante lo han dejao.

Pase y deje como estaba
el alambre bien tirante
y siga más adelante
ande otro potrero acaba.
La cosa aquí es media brava,
porque este campo es muy ancho,
pero usté haga como el chancho
y siga el rumbo derecho
hasta que por fin el techo
va a alcanzar a ver de un rancho.

Es un puesto de ancho alero
plantao en una hondonada;
usté llega a la pasada
y pa'dir a otro potrero,
pida permiso al puestero
que se llama don Camilo;
con ese sigue tranquilo,
y entra por una tranquera
que viene a ser la primera
de las siete que hay al hilo.

Cierre bien cuando ha pasao
las que va dejando atrás;
a la última es capaz
que la encuentre con candao.
Pero si se halla embolsao
hay cerca un torniquetero
y si usté lleva en su apero
la llave de torniqueta;
lo afloja, el alambre apreta
y pasa su parejero.

Güeno, áhi ya se a encontrar,
llegando al último cuadro,
pisando el campo "El Taladro"
de Gutiérrez Aguilar,
pero usté sin resollar
siga nomás avanzando,
a la derecha dejando
la estancia de un tal Hidalgo
y si alguno le dice algo,
digalé que yo lo mando.

Ya aquí es zona chacarera
y está el lote de un vecino
con cien hetarias de lino
en una chacra lindera,
que como es la primavera
ha de haber mudao el pelo
y al ver tan azul el cielo,
si es que llega a estar en flor,
no piense que a lo mejor
son cien hetarias de cielo.

Y empezando a galopar
por el campo "La Lucrecia",
ya la torre de la iglesia
se comienza a divisar.
Deje a un lao el bulevar
si quiere acortar trayeto,
es mejor pa'dir más reto
que los montes atraviese
y las quintas enderiece
porque eso es lo más direto.

Si el pingo quiere largar
en el potrero'e la fonda,
no dé la güelta redonda
como le van a indicar.
Pa'que se va a molestar
en llegar hasta el martillo,
dentrelo por el portillo,
no ande pegando la güelta...
si tiene una púa suelta
que se abre con cuchillo.

Con estas indicaciones
salí a la bulla'e los teros,
crucé pantanos, esteros,
pajonales y zanjones
y por esos cañadones
se iba el pingo hasta el pichico
y aunque entre abrojo y chamico,
tres días tardé en llegar,
me salvé de galopar
como mil metros y pico.

jueves, 28 de abril de 2011

La Clotilde

(Pintura: Carlos Montefusco)
Ustedes no mi han de creer
que siendo pogre y humilde
soy feliz con mi mujer
¡tan güenaza la Clotilde!

Con ella no tengo agobios
me cuida mis intereses.
Mi acuerdo que mus sío novios
apenas unos dos meses.

Dispués ya mi ha dao la pica
de convertirme en esposo.
El pagrino ha sío don Nica
hombre rico y generoso.

Por cada hijo que llegaba
yo mermaba el acullico.
¡La pucha que me costaba
la crianza del multiplico!

Tres hijos. Ya en este punto
mus convenío esa vez
en sosegar el asunto
pues bastaba con los tres.

Y ella en afanes benditos
remangadas sus enaguas
les lavaba los trapitos
y hacía todo por las guaguas.

Derrepente en una de esas
-pa que hacer qui uno se amargue-
mi ha dao la mala sorpresa:
¡otra vez taba de encargue!

Li hecho ver mis desventuras:
Tan apretao que vivimos
pa que aumentar las criaturas
con la nada que tenimos.

Y aura me trais otro brote
¿Cómo guá salir del paso?
con lo caro que está el mote
y el charqui anda tan escaso.

Al puchero no lo atraco
aunque antojao me desviva,
lo mesmo que los guanaco
ya ha tomao p'al cuesta arriba.

¿Se puede, decime vos,
comer un locro con chunca?
Eso y la cara de Dios
no lo vamos a ver nunca.

¡Cómo te mi has descuidao!
Si mi jornal ya no alcanza.
Y aura viene un nuevo hambriao
que hay que llenarle la panza.

Al verme en trances tan duros
de güenita ella me explica:
"No ti pongais en apuros
que este encargue es pa don Nica".

¡Veian que mujer resuelta!
Digan si no es un encanto
saber hallarle la güelta
pa qui uno no lomie tanto.

El Rufino

(Foto: "Paterna")

En el rancho del Rufino
cerca la finca El Churcal
tabámos tomando vino
di una cosecha especial.

Nunca faltan entremeses
porque di áhi di unas colinas
bajaban unos ingleses
qui andaban catiando minas.

Y si armao el avispero
con las visitas aquellas
porque el Rufino ligero
guardó vasos y botellas.

Llegan dos gringos grandotes
mas coloraos que alpamiski
y lamiéndose el bigote
preguntan: ¿No tener wisky?

¡Pues diande una pila con lana!
Pero veian, p'estos casos
mejor vino en damajuana
y áhi la puesto, con dos vasos.

Y yo vide en el obligo
qui a la cara l'arrugaban
lo mesmo que pasa d'higo
en cada vez que tomaban.

Le metían un envión
y tras eso un sosegate.
Daban justo la impresión
que les ardía el gaznate.

Yo'i pensao estu es jarana
¿Por qué tanto descontento?
y he'i probao la damajuana
¡la pucha esu era fermento!

Y los gringos, que salvajes,
¡mamita i Dios qué garguero!
entre muecas y visajes
se lu han tomao tuito entero.

Y si han ido los ingleses
no muy bien de la barriga
por los campos haciendo eses;
y yo'i quedao con l'intriga.

Mesmamente no mi explico
su forma di obrar compagre
teniendo un vino tan rico
como a dao ese vinagre.

Hay venganzas que son finas
mi explica serio el Rufino.
¿Nos han tomao las Mal-vinas?
¡Pues que tomen el Mal-vino!

(Casos del Coya Martín Bustamante)

martes, 26 de abril de 2011

Retrato

(Pintura: Marina Valenzuela "Coya")
No me'i di olvidar jamás
di aquella triste ocasión
que mi ha traído el capataz
p´entrevistarlo al patrón.

Sentaos en unos sillones
poco antis qu´el patrón dientre,
como unos ritorsijones
i sentío p'al lao del vientre.

Dispués se m'hecho una pausa,
y de nuevo otra intentona.
Me´i dicho, estu es por la causa
de comer fruta pintona.

Dentra el patrón muy cumplío
y con su mirada atenta,
como era un hombre alvertío,
de mi caso si ha dao cuenta.

¡Tomá la segunda puerta,
me dice y por áhi metete!
Y no la dejís abierta
porque esa es la del retrete.

Yo mi levantao al punto
pensando en mi arrebato:
¡Que raro que p'este asunto
tenga que haber un retrato!

Cuando juí a cumplir mis ritos
mi encontrao, pa mi desvelo,
unos ubjetos bajitos
atornillaos contra el suelo.

Mármoles toda blancura
con unos niquelaos encima.
¿Puede ser tanta alhajura
pa una cosa tan intima?

En un rollo a medio abrir
colgando con todo esmero
taba un papel p'escribir
pero no vide el tintero.

Y en medio de mi tristeza,
pues no estaba p´al jolgorio,
de juro, i´dicho esta pieza
debi ser el escritorio.

Miraba en los ventanales
preguntándome aflijío:
¿Nu habrán pu'áhi unos yuyarales
como esos del campo mio?

Pero aquella situación
no l'aguantaba más rato.
Pa colmo en ningún rincón
podía hallar el retrato.

Ya me desmayaba, cuando
áhi en una galería
i visto un cuadro colgando
con una fotografía.

Y güeno dispues tranquilo
mi güelto junto al patrón
y áhi pronto i tomao el hilo
di aquella conversación.

Derripente, Dios bendito
patente tengo esa vez,
cuando un semejante grito
nos asustao a los tres.

Era un grito alzao al techo
de la esposa que decía:
¡Mirá, Jorge, lo qui han hecho
con la foto de tu tía!...

(Casos del Coya Martín Bustamante)

domingo, 10 de abril de 2011

Me apodan... "El poderoso"


No sé por dónde empezar
pa'conquistarme confianza:
hombre soy de poca chanza
cuando dentro a conversar.
Me han de saber dispensar
y esto no es pedir disculpa;
pa'mí, toda carne es pulpa
dende el garrón hasta el rabo...
mas, si al principiar me acabo
ustedes tendrán la culpa.

Ando un tanto mal dormido
pues anduve de jarana;
ayer jué el Santo de Juana
y estuvo muy divertido.
Yo, pa'gastarme un cumplido
le yevé unas chucherías;
un coyar de pedrerías,
una sortija de plata
y hasta unos aros de lata
que saqué en las romerías.

Baquiano pa'los convites
y más habiendo mujeres
compré en la esquina e los Pérez
un paquetón de confites.
Dentraron a hacerse quites
y rairse la paisanada,
pues, en más de una versiada
que traiban las golosinas
a cada una de las chinas
les caiba como pintada.

Yo, como siempre prudente
gané pa'l lao del alero.
Le pegué un chirlo al sombrero
pabajarle el ala al frente.
Pero, por hay, de un repente
alguien pronunció mi nombre;
y que esto no les asombre
pues la cosa no es mentira.
¿Sabe quién era?... la Elvira
la que lo nombraba a este hombre.

Me saludó muy contenta...
Yo, maliciando algo malo
dentré arrastrarle del palo
pa'cortarle las cuarenta.
Me salió errada la cuenta:
me habló de güeyes perdidos,
de mil promesas... de olvidos,
de creencias y desengaños.
Ayá en nuestros güenos años
supimos andar prendidos...

Y no pa'menos... Güen mozo
y hábil pa'l palabrerío...
Entre todo el mujerío
me apodan..."El Poderoso".
¡Estate quieto goloso
no le hagás cosquiya al pecho!
Pero al fin... tenés derecho,
por algo naciste lerdo.
No tiene la culpa el cerdo
sino quien le da el afrecho...

Y ya que dentré en confianza
les viá contar una cosa.
Por este varón... la Rosa
se pelió con la Esperanza.
La muchacha'el vasco Gainza,
aqueya de trenzas rala,
la que anduvo con Juan Sala...
¡¿se acuerda... o no la ubica?
la hermana de Ludovica
que también me arrastró el ala.

Y esto no es nada... la Luisa
creyéndome bien seguro
dentró a seguirme de apuro;
¡si era pa'morirse e risa!
Hasta prometió una misa
según creo, a San Antonio;
pero la tentó el demonio
y le hizo meter la pata.
Y un día jué a verlo a Tata
pa'pedirme un matrimonio.

Cuando me acuerdo'e Zenona
me dentra como tristeza...
Bien comadrona... algo tiesa:
la yamaban... La Matrona.
Por hay anda... solterona
sin un cuzco que le ladre.
A poco e morir su madre
la pobre sufrió un disgusto,
pues, el viejo, al mes justo
se entendió con la comadre...

Andando en cierta ucasión
con unas copas encima
se me dió en templar la prima
de mi pobre inspiración.
Le dediqué una canción
a una morena morruda,
de ojos grandotes... pecuda,
mas... no se dió en albertida.
Cosas que tiene la vida...
La pobre era sorda y muda.

Pero entre todas, hay una
que no me está dao nombrarla.
Pa'que yo pueda mirarla
Dios le dió al cielo la luna.
Agua mansa de laguna
donde se baña el lucero:
armonías de un jilguero
emborrachado de luz.
Les juro por esta cruz...
¡Por eya... me juego entero!

Porque a veces, por más duro
que pueda ser un varón,
se encapricha el corazón
y dentra a ordenar de apuro.
Naides puede estar seguro
ande puede ir a parar,
naides puede asegurar
ande está su porvenir,
y naides puede decir
de esta agua no he de tomar.

Pa'hablarles de mis quereres
no puedo hacerlo de un saque:
más nombres que un almanaque
han registrao mis haberes.
Si hablo mal de las mujeres
que me castigue el Dios Padre,
pues, cuadrelé o no le cuadre
todo hombre debe saber,
que el que insulta a una mujer
lastima a su propia madre...