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domingo, 31 de julio de 2011

Tomemos el cimarrón



Mañana por la mañana
me voy a las cuatro esquinas
a tomar un mate amargo
que gustoso saborea
a la orilla del fogón
el paisano de mi tierra.

Mi tierra como si el gringo
en otro mundo existiera
que no fuera el mismo mundo
donde el paisano vegeta.

Y acaso el paisano sabe
que en cada grama de yerba,
en la substancia que absorbe,
en el agua de hojas secas.

Abosrbe gotas de sangre,
saborea una tragedia,
extrae del fondo del mate
una esclavitud dantesca.

En cada mate que brindan
en una reunión amena,
hay el suplicio de un mártir
que sordamente se queja.

Cuando en alegre algazara
los paisanos hacen rueda,
echan un valle de lágrimas
en cada mate que ceban.

Quien conozca los yerbales
que se pare y me desmienta,
para mandarlo sentar
agachando la cabeza.

Vez pasada rubriqué
con el "Yugo de la Selva"
escrito en versos muy malos
un inteligente poema.

Y detallé a grandes rasgos
cómo los seres vegetan,
cuánto sufren, cómo mueren
los esclavos de la yerba.

Cierta ocasión un viajero
transitaba por la selva,
hico un hallazgo macabro
bajo un arbusto de yerba.

Y con profundo terror
vió que de una calavera
unos ojos lo miraban
y le sacaban la lengua.

Por entre la dentadura
de la boca semi-abierta,
cual una roja amenaza,
como una trágica mueca.

Mas, como un insulto póstumo,
como si al mundo escupiera,
salió a picar al transeúnte
desde el cráneo una culebra.

Fue un esclavo que murió
cual un reptil, una fiera
y se pudrió en la intemperie
como cualquier osamenta.

Nadie le dio una sed de agua
cuando en la sed la pidiera,
nadie echó sobre el cadáver
una palada de tierra.

Para qué sobre los huesos
vas a dejar una queja;
tomemos el cimarrón
de las manos de mi prenda.

Amargo y triste es saber
cuántos sacrificios cuesta
a los mártires anónimos
que los yerbales cosechan.

sábado, 30 de julio de 2011

La doma


Nace el paisano argentino
allá en la grandiosa pampa
demostrando con su estampa
ser el más travieso y fino.
Alegre, vivaz, ladino,
de inteligente mirada;
en caso de una domada,
¡la pucha si se florea!
Por más reservao que sea
se pinta en la jineteada.

En cuanto echan al corral
una potrada machaza,
un criollo dentra y enlaza
el más arisco bagual,
otro criollo le echa un pial
pa encima poder voltearlo
y en seguida embozalarlo
y palenquearlo de paso;
y sobre el pucho, amigazo,
lo ensilla para domarlo.

Al saltarlo el domador
larga una criolla indirecta;
mientras otro lo sujeta
de una oreja y el fiador.
¡Aijuna, es un primor
cuando el bagual siente el peso!
Se hace el chiquito y en eso
el criollo le da un chirlazo,
¡Pucha digo si es lindazo
var domar según me expreso!

El bagual se encoje en vano
y bellaquea con destreza,
escondiendo la cabeza,
por entre medio'e las manos.
Entonces, vienen paisanos
cómo se empieza a hamacar,
mientras le dentra a buscar
el domador las paletas,
y las espuelas le aprieta
castigando sin cesar.

Y después que ha corcoviao,
toma el campo disparando;
el que lo va apadrinando
no se aparta del costao.
En fin, ya el potro cansao,
solito se va entregando;
y él se lo trae tironeando
a dos manos de la boca;
pues como maestro le toca
irlo desde ya enseñando.

Después de esta acción florida
que todo un prodigio encierra,
echa el domador pie a tierra
en el sitio a la salida.
Lo rodean con ardor;
allí todos en seguida
y le brindan con fervor
el aplauso más genuino;
ese es el gaucho argentino
güen criollo y güen domador.

El matrero

(Pintura: Errecaborde)
Vida triste ¡la gran perra!
es la del gaucho matrero
que cruza triste el sendero
con la policía en guerra.
En la solitaria sierra
se oculta con precisión,
desconfiando que a traición
le hagan alguna emboscada;
y eche una chapetonada
por andar sin precaución.

Perdió ese paisano el nombre,
hijos, mujer, la querencia;
él ve su pobre existencia
sin que por eso se asombre.
Comprendiendo que es el hombre
de todo el mundo contrario,
en un punto solitario
formó su triste guarida;
y pasa su amarga vida
de matrero temerario.

Jué como todos honráo,
generoso, güen paisano;
pero su destino vano
la mala suerte ha labráo
pues la ley lo ha derrotáo,
por la ley anda vagando
y en tuitos laos observando
con mirada recelosa,
pues en su vida azarosa
vive alerta y desconfiando.

Busca para mantención
cualquier ave montesina,
a veces se determina
a recorrer la extensión.
Sale y hace una excursión
a lo largo del sendero;
carnea el mejor ternero
que se le cruza a su paso,
y pa no dormir al raso
pone como techo el cuero.

Allá en la pampa se anida
para consolar sus males;
se alberga entre los cardales
como una cosa perdida.
Sosteniendo de la brida
un pingo brioso y ligero;
y cuando juye el matrero,
no hay caballo que lo alcance.
Aunque el policía se lance
en el mejor parejero.

Como conoce baquiano
el sendero donde pisa,
como el humo se desliza
por la sierra o por el llano.
Cruza errante este paisano
la pampa con el ojo experto;
se aclimata en el desierto
como una fiera salvaje,
en el pampeano paraje
por la inmensidad cubierto.

(Pintura: Zavattaro)

lunes, 25 de julio de 2011

El rastriador (de Alejandrino Victoria)


Ha servido el rastriador
pa'saber, en paz o en guerra,
qué rumbo sobre la tierra
ha seguido un resertor,
pa'comprobarle a un traidor
las güeltas y las andadas,
pa'saber las caballadas
de un ejército enemigo
y cuándo lleva consigo
carretas y armas pesadas.

El que lleva lo que sabe
hasta el fondo del olvido,
por mucho que háiga sabido
en cualquier "guayaca" cabe;
se hundirá con él la nave
y su precioso carguero.
Mas el que cruzó el sendero
aprendiendo y enseñando
jué'n bien de tuitos sembrando
como un santo milagrero.

Te vi'á dejar por herencia,
y en pago de tu bondá
mi poncho, mi chiripá,
mi saber y mi esperiencia.
Escuchame con pacencia
pa'saber lo qu'ella encierra:
el rastriador en la guerra
es secreto militar
y un soldao lo ha de llevar
hast'abajo de la tierra.

Pero te lo dejo a vos...
(mi conciencia lo dispone)
que la patria me perdone,
que ha de perdonarme Dios.
Mas, que quede entre los dos
guardáo en el corazón,
y, aunque estas cosas no son
pa'salir nunca de aquí,
no sé por qué sos pa'mi
mi propia continuación.

No usé ni una brujería
pa'en un rastro borroniáo
saber cuándo había pasáo
gent'el pago o polecía.
Supe decir quién vestía
"tapa rabo" o chiripá.
Quien no estudie de verdá
esa cencia, te aseguro,
qu'es buscar en cuart'oscuro
gato negro que no está.

Le arrancó al mont'el matrero
muchas cosas inoradas,
y el baquiano, a las quebradas,
la cencia del derrotero;
el rastriador tesonero
se inclinó sobre las güellas,
y anduvo rastriando en ellas
largamente y una a una,
mil veces, con luz de luna,
de rejucilos o estrellas.

Y le aprendió los caminos
de nuestro campo anchuroso
un lenguaje misterioso
escrito en extraños sinos;
los arroyos cristalinos
sus secretos revelaron;
todas las sendas hablaron,
los pasos y los esteros,
y los hábiles cuatreros
ante un rastriador temblaron.

Hay de "lomos" un montón
pero son los más usáos
el de "chancho", el de "venáo",
el "derecho" y el "sillón";
está el largo, de "porrón"
y está el corto, de "tinaja",
"Lunanco" de "cruces bajas"
"cacunda" y alto, de "alzada",
el de orilla, ramaliada
y el "lomo'e cobra" (con fajas).

Sé, en un resto de baguales,
si va madrina o padrillo,
y, sobr'el renglón del trillo
marco sinos desiguales;
descubro en los arenales
la ranilla con "tramojo",
y marco en cualquier rastrojo,
a'nde se hunda la pisada,
"vejigas", "taba cargada",
"cuerda tensa" o "ñudo flojo".

"Sepan que un vaso vetiáo
se gasta en la parte blanca
y que un defecto en el anca
le imprime forma al candáo.
Con el ojo ejercitáo
se descubren maravillas;
siempre crecen las ranillas
según del pingo el color,
y áhi deduce el rastriador
el pelo de las tropillas.

Conozco el caballos espiáo...
Ni qué hablar del andador,
el tuerto o testeriador,
el que va suelto o montáo;
sé también si va ensilláo
y con la cincha'apretada...
y, a'nde pase una cañada
o atraviece algún bañáo,
si tiene el "marlo" quebráo
o lleva la cola atada.

Pingo de vasos caldiáos
marca "lomos" con costillas
y es, pa mí, cosa sencilla
conocer si vá cansáo,
si lleva freno o bocáo,
si es de campo o parejero
y a'nde s'empriest'el sendero,
me animo a reconocer
si lo monta una mujer
o se va en él un matrero.

Si es del sur, vaso extendido,
del norte, vaso estilláo,
chapin duro y mal gastáo;
de arenas, vaso pulido.
Mas no falla un entendido
que venga "enredando" el trillo,
y, aunque no es nada sencillo,
si el hombr'es conocedor
embarulla al rastriador
cambiando un vaso a cuchillo.

miércoles, 20 de julio de 2011

Mi tropilla



Sobre las lomas floridas
que el sol de enero engalana,
se ve pasar, soberana,
una tropilla elegida.
Y es todo un canto a la vida
ver correr esos potrillos,
contra el viento los flequillos,
sudorosos los pescuezos;
y en cada potro hay un beso
que le da el sol, con su brillo.

Yo los miraba de a pie,
con el alma acobardada,
por la bruta bellaqueada
de un bagual que no domé.
¡Quién me volviera la fe
que ya en mi pecho no brilla!
¡Quién le diera a mis rodillas
toda su fuerza y valor!
¡Quién fuera ese domador
que amansara mi tropilla!

Algo adentro me decía
mientras los potros miraba,
que si no los ensillaba
naides los amansaría.
Y mi corazón sufría
sin coraje y derrotado,
al ver mi gaucho recado
con amargo desconcierto,
lo mesmo que un niño muerto,
sobre el piso, abandonado.

Entonces fue, que Él llegó,
puso un bozal en mis manos
-"Muente -me dijo- paisano,
que he de apadrinarlo yo. "
A los ojos me miró,
y yo a sus ojos miré;
y volví a tenerme fe
porque con Fe le creí.
Entonces le dije: "sí"
y las espuelas calcé.

¡Bendito apadrinador,
conocedor del oficio!
Decir que "no", fuera vicio,
decir que "sí", fue mejor.
¡Toda la pampa está en flor.
Todo el campo está de fiesta!
Tengo las espuelas puestas,
y mi potro en el palenque,
ya levanto mi rebenque:
... todo lo que vale... cuesta.

Ese oscurito tapao
será el último bagual.
Cuando muente ese animal
todo se habrá consumao.
Pondré en su lomo el recao
de más linda platería
y al morir la luz del día,
la tropilla por delante
-con mis dos manos sangrantes-
partiré en su compañía.

Cuando divise el galpón
-capaz de ser un domingo-
voy a hacer rayar el pingo
pa'saludar al Patrón.
Desmontaré el redomón
y le diré de rodillas.
-Aquí tiene la tropilla
que Usted me había encomendao.
Estando su Hijo a mi lao,
la doma se hizo sencilla.
(Pintura: Castells Capurro)

martes, 19 de julio de 2011

Retrato de un mensual


Con güena disposición
el mensual se h'acomodáo
pa salir bien retratáo
como si juera el patrón.
H'aprovecháo la ocasión
porqu'es una cosa extraña,
de que ande por la campaña
un hombre qu'es retratista,
sacando a primera vista
con una caja tamaña.

Ansina el hombre ha salido
con un vistuario aparente,
arrancando en redepente
con todo lo que ha tenido
y como es medio albertido,
nombradazo entre el gauchaje,
pa que oserve el paisanaje
y lo almiren con asombro,
se ha hechao el ponchito al hombro
como quien se va de viaje.

lunes, 18 de julio de 2011

Platicando

(Pintura: Alberto Güiraldes)
Tengo unos animalitos
que yo mesmo los lidéo
y que a juerza de porféo
hoy están entabladitos.
Los tengo acomodaditos
como pa dir ande quiera...
Porqu'es fiera la carrera
pa'l que debe reseriar,
tenerse que priesentar
como un arrastrao cualquiera.

V'esa yegüita tubiana
marce de una "ese" p'ajuera?
Se la comprié a Zenón Vera
cuando le vendí la lana.
Me ofiertó tres; una ruana
y dos tubianas iguales;
cadá una diez nacionales
y la cosa era a elición,
los ráibamos con Zenón
pu'el negocio'e los baguales.

Retozábamos los viejos
en conversación sencilla,
devisando la tropilla
no se juera a dir muy lejos.
La d'él era de azulejos
parejones muy iguales,
relinchaban los baguales
al sonar de los cencerros
y yo apretando los fierros
chiflaba mis animales.

Yo ya estoy acobardao
de tanto andar en la güeya
y qué hacer si esa es la estrella
que Dios nos ha reservao.
¡Y hay que ser juerte cuñáo
pa cuando llame el destino,
qu'es honra pa'un argentino
que le hizo frente al coraje,
¡¡¡Dir de resero en el viaje
and'es más largo el camino!!!

sábado, 18 de junio de 2011

La vuelta del resero

(Pintura: Eleodoro Marenco)
Cuando la noche es oscura
y el rumbo se presta a yerros,
el tilín de los cencerros
es la guía más segura:
la madrina va en procura
de la querencia, afanosa,
y la noche tenebrosa
parece menos huraña
¡Dando una apariencia extraña
de misterio a cada cosa!

De los ranchos más cercanos
llegan furiosos ladridos
y los teros, sorprendidos,
gritan su angustia en los llanos.
Al llegar a los pantanos
el galope se detiene
y con molestia se aviene
el pingo baquiano al cruce
¡Mas la espuela que lo induce
con él compasión no tiene!

La brasa del pucho que arde
porque el viento la acaricia,
en la noche desperdicia
el brillo que hiciera alarde;
se agranda de tarde en tarde
y parece así una estrella
que recorriese la huella
en la boca de un varón
¡campeando algún corazón
perdido en la noche aquella!

El viento descansa a ratos
dormitando en las cañadas
y descubre a la bandada
el silbido de los patos;
los teros sus alegatos
siguen en largo desvelo,
y alas tendidas en vuelo
de un pájaro misterioso,
en la noche, sin reposo
son las puntas de un pañuelo.

Y el ruido del galopar
se prolonga en el camino
rumbo al deseado destino
que aguarda nuestro llegar;
un alegre respirar
el pecho gozoso hincha,
que aunque esté floja la cincha
apura al gaucho el halago
de sentirse ya en el pago,
pues la madrina relincha!

Peoncito

(Pintura: Carlos Montefusco)
Demasiadas carnes pa'poca bombacha,
y pelos te suebran p'al viejo chambergo;
y por las caniyas curtidas y flacas
tenés sobrenombre "patitas de tero".

Pedazo'e camisa que tiene su asomo
por un ujerito que te hizo la púa
y alcanzó a arañarte brutalmente el lomo,
que sabe de fríos, de sol y garúas!

Caniyas chorriadas al dir al galope
por los cañadones jugando con barro,
y cáscara dura tenés los talones
de dir taloniando matungos muy flacos!

La bocaza abierta, yenita de risas,
sos pájaro manso que canta riyendo;
pa'mandarte, siempre alguien te precisa
y todos son dueños de dirte exigiendo!

Te tratan con lástima -hasta que los años
a apuntarte un día se atreven el bozo,
y a algún engreído de pagos extraños
le hacés ver difícil arriar al mocoso...

Patente de gaucho te da tal hombría,
y ya alguna pilcha comprás en la "Esquina";
y un día dichoso -¡Dichoso aquél día!-
te agenciás -muchacho- de rancho y de china!

Y darás gurises muy pobres de trapos,
pa'quienes no alcanza jamás la gayeta,
que igual que ñanduces que van por los campos
¡Irán por la vida rumbiando gambetas!

La esquila

(Pintura: Molina Campos)
"Si hay carne y cueva, que llueva!"
Un galpón grande y abierto
del lado que da al corral
sirve de hermoso tendal
contra los soles cubierto;
el agarrador despierto
no le merma a la tarea,
agarra, trae y voltea
y las va poniendo en fila,
¡Mientras la comparsa esquila
con ligereza y bromea!

Doblados de la cintura,
entre las piernas la oveja,
va cayendo la madeja
de lana con su blancura;
el esquilador apura
pero cuida su trabajo,
que, aunque trabaja a destajo,
ser lerdo es de mala fama:
¡Y a veces el cuero inflama
la llama ardiente de un tajo!

Un balerío tristón
responde, de la majada,
a la recién esquilada
que va a engrosar el montón;
y al mirarla, un juguetón
dice, por tomar el pelo-:
"Como contaba mi agüelo
que en los tiempos suyos fuera,
era ansina la escalera
con que un zonzo subió al cielo"!

La tormenta amenazante
hace temer al patrón,
que con recelo tristón
mira al cielo a cada instante.
La mortandad, importante
ha de ser en esta prueba.
Que el frío mata y se lleva
a muchas, como un veneno:
y uno grita al oir un trueno
"¡Si hay carne y cueva, que llueva!".

viernes, 17 de junio de 2011

Boyero cantor


Desparramando el aroma
de las florcitas camperas,
van las brisas mañaneras
apenas el sol asoma,
y ya, bordenado la loma,
hacia una estancia vecina,
en busca'e carga encamina
un boyero su carreta,
que, crioyo, sensible y pueta,
ansí recuerda a su china:

"Manejando mi picana,
de la yunta al tranco lerdo,
como un pájaro el recuerdo
al nido'e mi alma se gana.
Tempranito de mañana
le doy cancha a dos bostezos,
pongo de punta los güesos
y en cuantito m'espabilo
mi china está en un estilo
qu'es dulzón como sus besos.

"Me ilumina tu mirada
y me tenés en la ausencia,
con el alma en la querencia
a tu cariño maniada;
pronto, bajo la ramada,
hayarme a tu lao confío,
pa entreabrir al beso mío
tu boca roja y golosa
como un capuyo de rosa
cuando lo besa el rocío".

Ya la carreta chirrea
en un lejano sendero
y apenas se oye al boyero
que de cantor alardea.
Cuando el sol el pasto orea,
porque alto se ha remontao,
piensa: -Si no se ha pegao
mi chinita a la cubija
me ha de aguardar, a la fija,
con un verde bien cebao.

viernes, 10 de junio de 2011

El capataz de tropa

(Dibujo: Eleodoro Marenco)
Se jue llevando una hacienda
y ahura viene de regreso,
es viejazo el poncho grueso
que con él lleva en la senda,
como pa’ que lo defienda
del tiempo y sus inclemencias,
vuelve al tranco con pacencia
por la calle despareja,
rumbea pa’ la Estancia Vieja
donde tiene la querencia.

Capataz de tropa ha sido
en la estancia y sigue siendo,
en viajes yendo y viniendo
ha cruzao varios partidos,
la huella lo ha envejecido
su vida a veces es dura,
el frío y las mojaduras
le han cuartiao cara y cogote
y a su cabeza y bigote
el tiempo les dio blancura.

Va la tropilla entablada
siguiéndolo desde atrás,
canta el cencerro al compás
del tranco de la gateada,
la madrina embozalada
va cabrestiando a su lao,
pingos tan amadrinaos
que ninguno se separa,
la siguen diez malacaras
once son con el montao.

De la madrina carguera
va en el lomo el encerao
y el maniador arrollao
como si fuera pechera,
prendida en la cogotera
va la manea de botón,
los caballos en montón
van tras ella muy dispuestos
uno tiene un bozal puesto
es nuevito y redomón.

Lleva la pata afirmada
en el estribo de suela
anda de botas, espuelas,
bombacha y blusa gastada,
en la maleta guardada
va alguna muda campera
y a los tiento, en la encimera
como siempre el lazo carga
y por costumbre más larga
la güelta de la asidera.

Ha hecho muchos conocidos
como todo hombre andariego
y amistades, desde luego
ande quiera que haiga ido,
con el pañuelo tendida,
el chambergo requintao
y toda la vida ha usao
el bigote ancho y entero
porque el dice que el pueblero
anda de hocico pelao.

Yo le estoy agradecido
por tanto trabajo honrao
algún día será pasao
pero nunca será olvido
aunque un cencerro el sonido
ya en esta pampa no emita
y aunque a su alma bendita
llamarla El Señor disponga
en su honor esta milonga
pa’ siempre quedará escrita.

miércoles, 8 de junio de 2011

El Capataz

(A la memoria de don Joaquín Cepeda)
Dentró como domador
cuando yo no era nacido,
se casó y formó su nido
como "güen" trabajador,
responsable, cumplidor,
mucho anduvo de resero,
después 'tuvo de puestero
y hacen treinta años o más
que quedó de capataz
por güen hombre y muy campero.

Este gran amigo mío
es un paisano de esos
con la cara y el pescuezo
que están cuartiaos por el frío,
de sus consejos me guío,
que de esto naides se asombre
y ya por la edá del hombre,
desde el pión hasta el patrón,
todos lo tratan de don
antes de decir su nombre.

Es baquiano pa´contar
la hacienda lote por lote
y aunque de esto nada anote
difícil se ha de olvidar,
su obligación escolar
nunca la pudo cumplir,
de chico no pudo dir
la escuel quedaba lejos
y ansí jue llegando a viejo
sin saber leer ni escribir.

Él sabe cuales potreros
son los más aguantadores
porque hasta los pormenores
conoce del campo entero.
Da un parecer muy certero
de cuanta hacienda les cabe
sin que el pasto se le acabe
durante el tiempo que estén
porque los conoce bien,
pero además... ¡porque sabe!

Viéndolo aprendí a capar,
primero jueron terneros
y el vacío, si son corderos
me enseñó, no hay que apretar
porque se pueden herniar,
el chancho en cambio es sencillo,
basta tener güen cuchillo,
bien filoso es importante,
solo esperaba el menguante
cuando capaba potrillos.

Pa´l tiempo ´e la parición,
pa que estea más vigilada
sabía llevar la majada
cerca de una población;
que del zorro es proteción
que haiga cerca una jauría
o el carancho que de día
pa´l corderito se apronta,
porque la oveja es muy tonta
y no defiende la cría.

Con los ojos bien abiertos
en las recorridas que hace
es raro que se le pase
un enfermo o algún muerto.
Él todo lo ha descubierto
cuando la vista tendió,
cuantas vece galopió
sobre el suelo desparejo,
cuando a una vaca de lejos
mal cáida la divisó.

Y pa´l tiempo de verano,
enantes de que amanezca,
cosa de andar con la fresca
sabe mover bien temprano.
Esas horas el paisano
nunca las desaprovecha,
deja las cosas bien hechas
justamente cuando y como
se lo ordena el mayordomo
porque es su mano derecha.

Por eso con los mensuales
que tiene bajo su mando
oscuro estan ensillando
cerquita de los corrales,
y ninguno de ellos sale
sin remedios por si acaso
porque el que encuentra a su paso
un animal embichao
o de los ojo apestao
ya le está encajando el lazo.

Bien vestido a la ocasión,
en los días de salida
pero jamás en la vida
lo vi andar de pantalón.
Él por ninguna razón
deja su ropa campera
y me dice a su manera
que aunque sea entre puebleros,
que de bombacha y sombrero
va a andar hasta que se muera...

Aunque está ya jubilao,
su trabajo no abandona
y por más que su patrona
lo empuja pa´irse al poblao,
está tan aquerenciao
que mientras que pueda andar
no se quiere retirar
porque en el pueblo no se halla
y se que cuando se vaya
¡que lo vamos a extrañar!

martes, 7 de junio de 2011

El carrero viejo

(Foto: Chata de Aladino Gutierrez)
Se ha levantao el carrero
a la una'e la madrugada,
y ya está la caballada
rodeando un carro azulero.
Al lao la pava, el bracero
y en la parrilla de alambre,
queda un resto de matambre
y lo que jué una paleta:
salmuera, vino, galleta
y unas costillas pa fiambre.

Ya los aperos tendió
y en menos que canta un gallo,
comienza'agarrar caballo
y a los diez y seis prendió.
El último toque dió
a los recaos de laderos,
alza la pava, el bracero
y el farol a querosén,
y en las palomas del tren
cuelga el barril aguatero.

Recoge reparo y lona,
con la tapa'e los aperos
y unos estilos camperos
medio champurreaos entona.
Hace buche en la "Pamplona",
alza pa'l perro una liebre,
y pa que la carne suebre
lleva media res colgada,
y pa no olvidarse nada
revisa buche y pesebre.

La catrera destendida
levanta abajo'e la caja,
se aprieta un poco la faja
y va a mover enseguida.
El caballerizo cuida
que unos potrillos mamones,
ociosos y juguetones
no hagan daño en los descuidos,
o entre el tiraje metido
masquen riendas y corriones.

Y ya listo pa marchar,
sube por la rueda chica;
en el pescante se ubica
y los hace emparejar.
Empieza el perro a torear,
el varero se hace astillas;
los laderos de costilla
donde los nombra el carrero
¡al mover el cadenero
se va hasta el suelo'e rodillas!

Como el camino es pesao
y va cargao hasta el pico,
se abre como un abanico
cuando revoleó el trenzao.
Unos chirlos ha pegao
apurando a los corceles;
se sacuden los caireles
al cabezar el pescante,
y canta un himno triunfante
un coro de cascabeles.

Y al llegar a la estación
le desprende los laderos,
y encara con los pecheros
el terraplén del galpón.
Viene atrancando al portón
al tranco alegre y sereno
y cuando le gritan: "¡güeno!"
sobre las llantas limpitas,
hace chiyar las piedritas
las alpargatas del freno.

Descarga y se va cargao
y al caer la tardecita,
va buscando una lomita
donde poder desatar.
Y en el eterno tranquear
por las huellas desparejas,
le canta al viento sus quejas
y ojeando un torniquetero:
desata frente a un potrero
donde hay buen pasto y ovejas.

El resero

(Pintura: Fernando Romero Carranza)
El chambergo requintao,
una blusita cortona,
bombacha, botas, lloronas…
y ancho tirador platiao;
el facón atravesao
en la cintura le brilla,
y prendido a una presilla
que l‘hizo algún trenzador
sujetao al tirador
lleva el mate y la bombilla.

No le falta en el recao
pa’ los vicios la maleta,
la llave de torniqueta
y un lazo ‘e cuatro trenzao,
poncho ‘e paño, un encerao,
güenas matras y carona,
una botita “Pamplona”
que en cada boliche se hincha
y colgando de la cincha
la pavita barrigona.

No hay estancia en la comarca
qu’en su tranquear no conozca:
“La Golondrina”, “La Tosca”…
“La Malacara” o “La Zarca”.
Señales, pelos y marca
conoce hasta la “planchada”
y no ha de haber alborada
que no haiga visto asomar,
ni güella por donde andar
qu’él no sepa la cortada.

Con los ponchos por delante
empujando “el cola fina”
dibuja una serpentina
en el camino ondulante
con la tropa que distante
desfila por la gramilla
puntea una yegua rosilla,
y seis sumidos charcones
van tirando mordiscones
a las pajas de la orilla.

Entre un grito y un silbido
taloneando su constancia,
se va hundiendo en la distancia
entre el rumbo del balido.
Responsable y precavido,
guardián de ajena fortuna,
pa’ que no le falte alguna
de las vacas pa’ entregar,
de noche sabe rondar
y marcha al salir la luna.

Si el temporal desatao
lo sorprende en plena marcha
y sobre el barro o escarcha
no puede tender recao…
Tantas d’esas ha pasao!
que no v’a ser la primera;
si hallándose campo ajuera,
sobre la cruz de su bayo
supo dormir de acaballo
afirmao a la estribera.

Su suerte es estar llegando
pero nunca pa’ quedarse:
a veces suele olvidarse
qu’el rancho lo está llamando;
se acerca de vez en cuando
pa’ no perder la costumbre
con el último vislumbre
del sol que acaba d’entrar
y se tiene que ausentar
antes qu’el lucero alumbre.

Apenas cambia de ropa,
ensilla y güelve a salir,
prometió que va a cumplir
con el dueño de otra tropa;
pa’ ganar tiempo galopa
sin aflojar un momento,
bajo la lluvia y el viento
cruza por bañaos y esteros.
Por algo allá en “Mataderos”
le hicieron un monumento.

(Pintura: Rodolfo Ramos)

lunes, 6 de junio de 2011

La doma y la jineteada


Ahora le voy a explicar
-si la compresión asoma-;
qué significa la "Doma"
y lo que es "Jinetear".
Las he visto emparentar
y confundir en la idea
pero, por si usted desea
hablar bien, sin más tardanza:
Domador es quien amanza
y el otro es quien jinetea.

El oficio no es igual,
entre paciencia y pelea,
el que solo jinetea
no doma ningún bagual.
Y si lo doma, hace mal
y suele ser un obstáculo
pues para el arte vernáculo
que lo es la jineteada:
con la tropilla amansada,
es muy malo el espectáculo.

Usted podrá comprobar,
sin enojos ni retobos
que con aguantar corcovos,
ya se puede jinetear...
y domar es amansar
en todo nuestro País.
No estará usted muy feliz
confundiendo en la ocasión:
gordura con hinchazón
o lechuza con perdiz.

Es una ciencia nativa
amansar... y es más trabajo:
antes se doma de abajo;
y después, recién de arriba..
En cambio, el jinete estriba
el bravo bagual mañero;
aguanta el corcovo artero,
luciendo criolla altivez:
y si no lo doma, es
mejor para el tropillero.

viernes, 3 de junio de 2011

Rebenque

(Foto: Eduardo Amorim)
Tengo un rebenque platiao
que aunque en el aspecto es rudo
en lonjas de cuero crudo
este criollo ha trabajao.
A más de un toro endiablao
con él le cimbré una guampa
enhorquetada mi estampa
en un zaino coscojero
que en mis tiempos de resero
supe atravesar la pampa.

Nadie ignora que al albor
en esta tierra de mayo
la Patria se hizo a caballo
con empuje y con valor.
Espantando al invasor
escudriñando frontera
era como una bandera
en que el brazo del paisano
el rebenque americano
impulsando montoneras.

Yo le canto con esmero
por la nobleza que encierra
en la paz como en la guerra
es insensible aparcero,
es chasquido en el resero,
es alma del domador,
encima de un mostrador
o en el cabo de un cuchillo
es el rebenque sencillo
hecho de empuje y valor.

jueves, 2 de junio de 2011

La herrería de los Morelli


Dedico estos sencillos versos a Ángel y Jacinto Morelli, humildemente.

De chiquilín respiró
el humo de la herrería,
y el oficio día a día,
con empeño lo aprendió,
de los mayores tomó
mucha capacitación
y en un antiguo galpón
comenzó a trabajar fuerte,
la herradura de su suerte
como cualquier muchachón.

El yunque está colodado
sobre un corpulento tronco,
el fuelle, quejoso y ronco
respira un aire pesado,
la fragua que ha soportado
de su boquilla el ciclón
hace que el negro carbón
haga de chispas sus gamas
entre las violáceas llamas
de volcánica eclosión.

El hierro sale candente
entre rojo y blanquecino.
El yunque será el destino
de su inmediato presente,
en donde el brazo potente
lo moldea, arquea y traza,
martillo, punzón y maza.
La vista, justa y segura,
hace de cada herradura
para el casco una coraza.

Allá tenía que lidiar
con diferentes equinos
chuzos, mañeros, ladinos
"sólo les faltaba hablar".
Los tenía que amordazar
por temor al mordiscón,
pero su disposición
todo lo cumplimentaba,
hasta que al fin los herraba
con prolija perfección.

La gurbia, el desvasador,
arreglan casco y ranilla,
que es tarea muy sencilla
para el que es buen "herrador".
Tenazas, clavos, sudor
y algún cosear en acecho,
hasta que al fin satisfecho
corta, remacha, escofina
y su tarea termina
cobrando el trabajo hecho.

Hoy su portón está quieto,
muda la fragua y los fuelles,
porque el progreso y sus leyes
supo acatar con respeto.
Y sobre su parapeto
el yunque se va enmoheciendo,
y la maza está diciendo
cómo el óxido la mancha
y entre el martillo y la trancha
hay un silencio tremendo.

Un barato

(Foto: Eduardo Amorim)
Era un potro de mentas, alto y fornido,
al que contramarcaran en esa yerra
y exhalara rebelde cada bufido
que en su contorno hacía temblar la tierra.

Lo acorraló, sin duda, la suerte perra.
Un peón, por divertirse, va hacia el caído,
le afloja las maneas, monta, se aferra
y la lonja levanta sonoro ruido.

El chúcaro se yergue, dispara un trecho,
esconde la cabeza bajo del pecho
y corcovea en forma de remolino;

Pero el criollo que es diestro, no se acobarda
y le grita al gauchaje: ¡Dejenló que arda,
que pegao en el lomo va un argentino!

Orgullo de domador

(Foto: Eduardo Amorim)
El gaucho Ariel Peñaflor
de la estancia La Alborada,
en donde existen manadas
de potros que es un primor,
y como es buen domador
famoso en el pago entero
va a entropillar con esmero
y aquerenciar al cencerro
pingos que al decir de Fierro:
"Den la güelta sobre un cuero".

Entre los doce baguales
se hallaba un bayo atigrao
que parecía endiablao
con ribetes colosales.
Dientes y manos fatales,
cuando el paisano lo ensilla
va temblando su golilla,
cuando no se arrastra, vuela,
y a veces con las espuelas
acaricia la gramilla.

Pero la perseverancia
del criollo al fin lo doblega
y despacito se entrega
al crédito de la estancia,
como premio a su constancia
a su entereza y valor,
y al mirarlo escarciador,
vivo, listo y coscojero,
cifra en el pingo tigrero
su orgullo de domador.

Y una mañana divina
que amor patrio clamorea
mientras en lo alto flamea
la magna enseña argentina.
Con cintitas en las clinas
viene acariciando aquel bayo.
Porque Ariel sacó un caballo
sin cosquillas y de rienda
lleva enancada a su prenda
un Veinticinco de Mayo.