Cierta vez que cabresteando
a la vida, su mandao…
iba en “el moro” montao
por la huella, rezongando
ya que la suerte amagando
no tocaba mi portal…
llegué a la estancia “El Puntal”
del criollo Antenor Maidana
porque andaba con las ganas
de trabajar de mensual.
Vide atrás de un montecito
una larga fila ‘e gente,
y siguiendo la corriente
me aproximé al trotecito.
Don Farías, pegó el grito:
“-¡Llega justo, Don Ramón!
…hay carreras y el patrón
puso feriao en la zona
por el santo ‘e la patrona
y el compromiso del peón.
Bájele al “moro” el recao
y busque pa’ encarrerarse,
pero mire, ha de cuidarse
de aquel “alazán tostao”,
qu’es ligero pa’l mandao,
salidor como saeta,
pelo ni marca respeta
su dueño en el desafío.
¡No olvide el consejo mío
y lárguele al meta y meta!”
Agradeciendo a Farías
por sus claras intenciones,
relojié los mancarrones
y me dije… ¡Esta es la mía!
Aunque plata no tenía
ni ha correr había venido,
si alguno por atrevido
me convida una carrera
le corro el tiro que quiera
pero ¡a caballo perdido!
Y así fue, vino el mocito
con modales de orgulloso,
diciendo… “-¡Pa’l ‘moro’ brioso
tengo aquel alazancito!”
charlamos un momentito
en forma pausada, lenta,
a él, la soberbia lo alienta
y mi propuesta permite…
La carrera es a convite
metros: trecientos cincuenta.
Palmié en el pescuezo al “moro”,
él al pingazo montó,
la gente se amontonó
pa’ ver quien era más toro.
Al largar, medio lo atoro
y pa’ que seguir?, cuñao,
aquí me ve, desahuciao,
sin conchabo de mensual,
¡pero llevo del bozal
un lindo “alazán tostao”!
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jueves, 2 de junio de 2011
miércoles, 22 de julio de 2009
Tiempo de tropa y camino

Como una estatua viviente
lo miro viejo paisano
y lo recreo por el llano
reseriando hacia el poniente.
Un pingo sobresaliente
con su perro de ladero
requintando su sombrero
y un pañuelo volador,
arrastrando rumbeador
su esperanza en el garguero.
Cada viaje una ilusión
suma de paisaje ancho,
pensando traer pa' su rancho
el ansiado patacón.
Sobre la huella un montón
de trances fieros, constantes,
rutina e' basto y aguante
experiencia que se acuña
canto de vaso y pezuña
tirando siempre adelante.
Inclinados a su paso
lo homenajearon por criollo
los sauces de aquel arroyo,
y el viento pegó su abrazo.
La Pampa le dió un pedazo
pa que llevara a lo largo,
los ajenos por encargo
y en sus noches argentinas
le prestó la "Cina cina"
su alero para el amargo.
Emponchao lo vi pasar
cuando la escarcha se quiebra,
y de un porrón de ginebra,
un taco le vi tomar.
Quizá en su lento andar
en pensamiento sumido
no supo que había salido
tropereándole a su vejez...
Arriando su última vez
en un viaje hacia el olvido.
Por eso viejo paisano
hoy al verlo jubilao
veo en su rostro dibujao
marcas de un tiempo lejano.
Con un nieto de la mano
y añoranzas de camino
le sonríe a su destino
por eso le digo...¡Abuelo!
Es hombre de pata al suelo
y con sello de Argentino.
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