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martes, 26 de julio de 2011

El volvedor

(Pintura: Rodolfo Ramos)
El caballo volvedor
dicen algunos, que nace,
también se enseña y se hace
si es costante el domador.
Es más fácil y mejor
si está bien amadrináo
y a la vez aquerenciáo.
Con un manso, hasta aprender
se larga y se hace volver
cada vez más alejáo.

No hay nada que lo aventaje
si se enseña con pasencia
sirvió en nuestra independencia
pa volver con un mensaje.
Se lleva de tiro en viaje,
se "vicha" la madriguera,
y cuando el baquiano quiera
lo larga con el trienzáo
en un lugar acordáo
y oculto de la clinera.

El mensaje en la clinera
de un caballo volvedor
siempre ha sido lo mejor
qu'en la guerra se tuviera.
Se hace en distintas maneras,
un río, grueso trienzáo,
un arroyo, un deriváo,
y a una de esas ramazones
un ñudo a las posiciones
que el enemigo ha ocupáo.

Pingo habituado a volver
casi nunca galopea,
largo y parejo trotea
sin tomar agua o comer.
Corta campo sin saber
por instinto rumbeador
y si algún conocedor
de su misión lo persigue,
cruza a nado un río y sigue
como hace el chasque mejor.

Me decía una hechicera
que al caballo volvedor
le puso alas el Creador,
de paloma mensajera;
sabe esconderse a'nde quiera.
De día no anda la loma,
el agua al trote la toma,
despunta al trote una mata.
Tiene la yel en la pata
lo mesmo que la paloma.

Hubo un volvedor mentáo
un picazo gargantilla
que tenía en la rodilla
un lobanillo colgáo.
Volvedor muy afamáo
de resitencia infinita
y por una jugadita
anduvo en noche cerrada,
entre oración y alborada
setenta leguas justitas.

lunes, 25 de julio de 2011

Mi moro

(Pintura: Francisco Madero Marenco)
Como sé que hay en'to'avía
caballos por más de un láo
gÚenos y a nombre ganáo
a baliza y pulpería,
yo por mi parte quedría
-si me permiten dentrar-
con tiempo de alivianar
a mi moro parejero
qu'está de campo, y prefiero
el poderlo engalponar.

Un poco conocedor,
no me es trabajo pensar
que en fija voy a topar
parejeros de mi flor.
¿Temerles?... Ni por error,
pues no es la costumbre mía,
más desventaja tendría
porque el mío, en las tropiadas,
lo apronté a cincha apretada
y freno en las pulperías.

Y así y todo, compañeros,
tiene la familia ganada
en donde la paisanada
embrujó sus parejeros.
Siempre entró entre los primeros
en las pencas d'elegidos
y las veces que he corrido
mano a mano, en cualquier tiro,
jue, más que un viento un suspiro,
por la baliza tendido.

No lo mento porque sí;
son testigos los paisanos
de Mariscala, Lascano,
Blanquiada y Arazatí;
ganó en Polanco del Yí
con recargo de algún quilo,
de punta a punta, en su estilo,
sin rebenque y sin espuela,
a uno como el de Portela
que el ganó a "Rejucilo".

Con ese triunfo enancáo
sobre triunfos anteriores
los tapé en tierra, en Tambores,
y crucé pa'l otro láo.
Allá le gané a un bragáo
de un estanciero entrerriano.
Y un famoso porcelano
de un jugador correntino
(como hondazo, en el camino)
"comió cola", mano a mano.

De ese caballo decía
la gente d'esos lugares
que a fantásticos altares
lo elevó su aparecería.
Desde Corrientes venía
siempre ganando y ganando,
con la plata reventando
tiradores y maletas,
que precisaban carretas
pa'dir el "botín" cargando.

Acampaban a'nde quiera
estaquiando el carperío
con tan lindo chinerío
qu'entusiasmaba a cualquiera;
pronto, la comarca entera
s'empezaba a preparar,
y tráiban, pa'redotar
al caballo porcelano,
lo más ligero que al llano
soltó Dios a disparar.

En el Chaco lo corrieron
los Luna con su gatíao,
los Yánes con un tostáo
muy güeno... y también perdieron!
En dispués lo persiguieron
con un zaino los Macieles,
y allá en los andariveles
de una cancha brasilera
la dio puesta con "Pantera",
del cuarterón Chico Véles.

Y yo le gané cortáo
en el tiro qu'eligieron
p'ahorcarlo -según dijeron-
a lazo bien estiráo.
Si los vieran!... enojáos,
rayando los redomones;
largaban los patacones
como con rabia y gritando,
a lo pampa revoliando
los ponchos y los facones.

El dueño andaba juído
(a pique el sombrero gacho)
lo mesmo qu'el ñandú macho
de la bandada corrido.
Lo imaginé un forajido
duro de alma y de colmillo.
P'atracarse a este caudillo
será mejor, (malicié)
peliar un yaguareté
que ya ha probado el cuchillo.

El hombre debe peliar
cuando es, peliar un deber;
mas debe un esfuerzo hacer
por er si puede evitar.
Desgracia grande es matar,
comparada con vivir,
mas del paso hay que salir,
así lo entiendo y lo explico:
de dos males, el más chico
elijo, si hay qu'elejir.
-o0o-

De riendas, le corrí a un mozo
con fama de pendenciero,
hijo de un rico estanciero,
en un oscuro precioso.
Tráiba un chapiáo asombroso
engarzáo en plata y oro,
y aunque el mío estaba "loro"
no me asustó la presencia.
Al llegar a la sentencia
asomó el fiador, mi moro.

En la costa del Pescáo
otra ocasión cayó un viejo
que tráiba un flete azulejo
con trompeta y enmantáo,
parejero muy mentáo
que ya naides le corría,
fama de güeno tenía
en diez pagos, por lo menos.
"Al que le pongan el freno!"
gritaba el viejo, ese día.

Despacio me le acerqué
por ojiarlo, al parejero,
y le dije: "Compañero,
plata y tiro marquemé"
Me pesó, porque me hallé
más seco que legua'e loro;
el viejo me tapó en oro,
yo hasta el facón empeñé...
Ese día, cuasi pelié
por haber ganáo mi moro.

Más tarde, siendo animal
con tres posturas de freno,
le gané a un tostao muy güeno
de un comisario rural;
era un lindo semental
más codiciáo que un tesoro.
El gauchaje gritó en coro:
"El tostáo, y no hay que hablar"
y yo tuve que arrollar,
pero había ganáo mi moro.
-o0o-
En él, iba repechando
alta cuesta del camino
en donde Airala y Justino
cayeron, los dos, peliando.
En él, andaba rodando
en toda cancha o terreno,
ya en lo malo, ya en lo güeno,
ya en la doma, ya en la trilla,
cuando largué al tal Bonilla
en pelo, sobre un ajeno.

Pingo amigo y "de mi flor"
que tanto me acompañó
y un pago entero paró
allá en mi tiempo mejor.
Sin plata en el tirador
me agarró la paisanada
aquella tarde dorada
cuando el indio triste y frío
"contemplaba aquél gentío
con su gran tristeza aindiada".

En él, llegué a Retamosa
cuando un toro pa'novillo
cornió al niño lazarillo
de un tal Pantalión Reinosa;
una carrera preciosa
había, ese día, atáo...
Perdí lo depositáo
y triste empecé a ensillar,
al ver al ciego llorar,
del niño muerto abrazáo.

Mi pingo moro cruzó
la inmensa noche sin luz,
con la ayuda de Jesús,
y una carpeta engrilló.
Jué el mismo que atravesó
por sobre campos aráos,
cerrilladas y alambráos,
como un apuro d'estrella
pa'tráirle un remedio a ella,
qu'en el rancho había quedáo.

La acostumbré en los guadales
a cruzar sin enterrarse
y a tranquiar sin fatigarse
en los flojos arenales.
Lo hundía en los esterales,
qu'es pior que correr bolíao;
a saltar acostumbráo
-porqu'en eso lo costiaba-
como un pájaro cruzaba
zanjas, cercos y alambráos.

Como pingo nadador,
era un remo cada pata
y lo ha visto el ancho Plata
brillar, sobre él, con primor.
Mi chapiáo dominguiador
valió un Potosí en su lomo,
y sobre el lindo azul plomo
de su pelaje lustroso
jué, mi poncho, un fabuloso
tendido alón policromo.
-o0o-
Si juega a mi parejero,
de mi pago caulisquiera
me alienta d'esa manera
como si juera el pampero.
Si se me une un compañero,
que soy Fierro... me parece;
mi valor se duebla, y crece
de mi gran pingo la estampa.
ENTRE DOS, NO DIGO A UN PAMPA...
A LA TRIBU, SI SE OFRECE!

No va a ser la vez primera
qu'enfrente solo, en mis días,
resecas aparcerías
de gente toda estanciera.
Decía Iyazuiré: "Ande quiera
habrá un Dios que nos ampare.
No disparo ni dispare,
compañero, que no hay chucho.
VAMOS, EN UN MISMO PUCHO,
A PRENDERLE HASTA QUE ACLARE.

Y no es alabanza mía,
tengo pa'decir razón:
mi moro, de redomón,
pueden creer que yo corría.
Iyazuiré me decía:
"Tienen que correrle en yunta
a las cabezas les junta,
de riendas y sin cuidar.
LA ESPINA QUE VA A PINCHAR
DENDE CHICA TIENE PUNTA.

Y cruzó mi maravilla
diez años sobre el recáo,
al tranco tras el ganáo
o suelto con la tropilla,
siempre sembrando semilla
de fama, por sierra o llano.
Menos mal que ni un paisano,
comandante o polecía
me dijo QUE LO QUERÍA
PA'ENSEÑARLO A COMER GRANO.

Corrí en él, y correré,
en todos los pagos míos,
en Río Grande, en Entre Ríos,
y hasta Misiones llegué.
He ganáo, y ganaré,
sin achicar la parada;
no hay plata, gancho ni nada
que me lo haga echar p'atrás
Y HE JURADO QUE JAMÁS
ME LA HAN DE LLEVAR ROBADA.

Si llego a perder rodando
no faltará alguna china
pa'sentarle al moro encima
(qu'es también salir ganando).
No me han de doblar jugando,
un "güeso" lo sé tirar,
y nunca suele faltar
un "monte" donde seguir,
UN PAJAL DONDE DORMIR
NI UN MATAMBRE QUE ENSARTAR.

Hasta el alma jugaría,
en ésta o en la otra Banda,
qu'el que en pago ajeno anda
tiene poca aparcería.
He quemáo, con valentía,
hasta el último cartucho,
mas no juego el moro. Es mucho!
Antes, la última pilchita...
SIEMPRE EL GAUCHO NECESITA
UN PINGO PA'FIARLE UN PUCHO.

En mi gran moro sentáo
juí dos veces orejano,
capitán de monte y llano
diez años sobre el recáo.
A sus patas he jugáo
lo qu'en amores perdí;
ni el gran cerro Potosí
dio tanto. Si lo largaba,
EN CUANTO YO LE SILBABA
VENÍA A RECOSTARSE EN MÍ.

Hoy, es pingo de leyenda;
lo ensillo cuando un amor
me saca cabrestiador,
a rastriar alguna senda.
Va jugando con las riendas
como un guía en mis malones.
¿Quién pierde esas ocasiones
cuando un camoatí lo asalta?
PUES NO ESTÁ LIBRE DE FALTAS
QUIEN NO ESTÁ DE TENTACIONES.

domingo, 24 de julio de 2011

Una carrera

A la estancia "La Ilusión"
p'alzar un ganáo llegamos,
y, ni bien desensillamos,
encendimos el fogón.
Al rato, cayó el patrón
y en el suelo se sentó,
con nosotros amarguió.
Era un hombre campechano,
muy carrerista -el bayano-
según después resultó.

Dijo qu'era (el estanciero)
carrerista de afición,
y entró en la conversación
más de un caballo lijero.
Y nos mostró un parejero,
con trompeta y enmantáo;
era un pingo coloráo
de todas partes bonito,
largo de abajo, y finito
que parecía un venáo.

Le almiramos con razón
aquel precioso animal
que valía un dineral,
y lo entraron pa'un galpón;
regresamos al fogón
y el hombre quedó, en cuclillas,
contándonos maravillas
hechas por aquél tesoro
y averiguó por un moro
que venía en las tropillas.

Le contesté qu'era mío.
-"Se le anima au coloráo?"
-"Si estuviera levantáo,
por lo menos, el rocío..."
-"Eu vi pasar, e confío
qu'es cabalho liyerón...".
-"Guapéa en tiro cortón,
pero, pa'su coloráo,
le ha d'estar faltando estáo,
y a mi cinto un patacón".

-"Si le aflueja o tirador
corremos por los caballos...
Esos redomóes balhos,
¿no son suyos?" -"Sí, señor".
Y atamos el potriador
de una tremenda carrera
que corrió por la frontera,
d'estancias a pulperías,
con plazo de siete días
pa'bajarles la bandera.

Yo, al moro, le acomodé
a cuchillo los candáos,
y los vasos encebáos
varias veces le foguié;
tan pronto lo levanté
a mi dócil parejero,
que, al mirarlo, el estanciero,
como al quinto o sexto día,
dijo... "que no parecía
el cabalho de um tropero...".

Cuando el domingo llegó,
estaba la pulpería
con tanta gente, ese día,
que ni Aparicio reunió.
En mi moro llegué yo,
ensilláo qu'era un primor;
liviano y observador
era un gato pa'orejiar,
muy tranquilo pa'trotiar,
aunque muy escarciador.

A las sendas me acerqué,
saludé la paisanada,
me apié junto a una enramada
y áhi nomás desensillé.
Me lo tuvo Iyazuiré
pa'yo templar el garguero;
pasó el otro parejero
con una manta nuevita
y una inscripción parejita
con el nombre de "Pampero".

Al caballo coloráo
esa ocasión lo corría
un negrito, que tenía
un gran tatuaje grabáo,
el chiripá levantáo
con las puntas añudadas,
camisa a franjas rosadas
de rota que daba penas,
y las grandes nazarenas
sobre el pie descalzo atadas.
-o0o-
Cuando a las sendas dentramos
le dije al brasilerillo:
-"¿Dicen qu'es como cuchillo,
de cortador, en el "vamos"?
-"Nu es certo, mas si largamos
y llega a salir cortáu,
nu olvide qu'es coloráu,
cabalho muito liyero,
que si de un lau es pampero
pampero es del otro láu".

-"Yo al pampero lo he dejáo
hecho polvo en el camino...",
le dije, al negro ladino,
mirándolo desconfiáo.
-"Este verano he ganáo
varias carreras de viaje"
Y el moreno del tatuaje
se acomodó un cinturón
con cinco de munición
pa'emparejarme el quilaje.
-o0o-
La tarde estaba volcada
sobre la inmensa frontera,
uniendo la azul esfera
y la campiña dorada.
Capas, golillas terciadas,
bicharases y bayetas,
como bandadas inquietas
aletiando se paseaban,
y las sendas nos mostraban
sus rígidas bayonetas.

Brillaban a la pasada,
como espejos siderales,
batícolas y pretales,
estribos y cabezadas.
Ricaza esa "bayanada",
casi todos hacendáos...
Tanta plata, los recáos,
relámpagos encendían,
y las libras relucían
sobre los ponchos listáos.

Al verse entre ajena gente,
un paisano pobretón,
si no es de temple durón
se achica completamente;
si llegaba un exigente
como a obligarme a jugar,
lo escuchaba sin mirar
y me quedaba calláo,
igual qu'el toro empacáo
escarbando pa'peliar.

Si el diablo hubiera venido
luciendo el poncho escarlata,
pa'pararlo al pago a plata
al diablo me habría vendido;
jugador de talla he sido
y no pierdo la cabeza,
y, aunque con dura entereza
soporté mucha topada,
nunca sentí tan pesada
sobre el alma la pobreza.

Huérfano de aparcería,
de mi láo ninguno estaba.
Tan solo, me agigantaba
cuando más solo me v'ía!
Iyazuiré no tenía
ni plata, ni fe, ni nada.
Como muerta la mirada,
cuidando el apero mío,
contemplaba aquel gentío
con su gran tristeza aindiada.

Yo, ya llevaba jugáo
el último bayo ajeno,
madrina, cencerro, freno,
rastra, facón y recáo.
-"Hay que ganarle cortáo
(le hablaba al moro) a ese gruyo:
jugué lo mío y lo suyo,
y, a'nde nos bajen la mano,
no se me haga el lerdo, hermano,
qu'he jugáo libras de orgullo".
-o0o-
El negro lo atropellaba,
lo paraba, se volvía
al tranco, lo detenía,
y a los marcos lo apuntaba.
Allá cuando lo largaba
como al mandáo de un pañuelo,
giraba el polvo en el suelo
en un círculo cerráo,
como el gato que le ha erráo
un "viaje" a una mosca en vuelo.

Pusieron sentenciador,
tercero y abanderáo,
y, a medio tiro, apostáo,
un sargento de "vedor".
El negro, muy tajiador
quiso hacerse el remolón.
Sobrándole la intención
le grité, medio arrogante:
-"Te v'ía largar por delante
p'avergonzar tu patrón...".

Santo remedio!... Largamos,
y me le pelé de abajo;
tan provechoso jue el tajo
qu'el negro se ahogó en el "vamos".
Allá cuando nos miramos
por sobre la polvadera,
iba como si quisiera
ensartarme con un ojo...
Parecía, el negro, un abrojo
enredáo en la clinera.

Muy sangrudo el coloráo
se me empezó a aproximar;
viera el gauchaje gritar
con usura, entusiasmáo.
Al cuadril me había llegáo
y se corrió hasta el fiador,
pero el moro, aguantador
en cien varas, s'estiró
en tal forma, que gritó:
-"Con luz!", el sentenciador.
-o0o-
Juí a'nde estaba Iyazuiré,
me bajé del fatigáo,
me apié junto a mi recáo
y a ensillarlo comencé;
tranquilo otra vez, monté
y, al tranquito entr'el gentío,
empecé a cobrar lo mío,
más humilde que altanero,
echáo p'atrás el sombrero,
pero enteramente frío.

El dueño del coloráo
se me acercó, campechano,
me apretó juerte la mano
y me dijo: "Casteyao
si su moro me ha ganáo
de juro jue por meyor,
es cabalho superior
e se me ocurre que nu hay
ni en Brasil ni en Uruguay
quien se le ponga al fiador".

Le pagué con mi habitual
sonrisa, porque escuchaba
a un viejo que me gritaba:
-"Me ha ganáu um dineral;
aquí tene su pretal,
aquí tene su facón,
y además este montón
de libras ganó tambén:
ha de ser perto de cen
cóntelas con atensón...".

Otro trajo mi madrina,
y en la maleta campera
volcó plata brasilera
muy brillante y cantarina.
Un mozo de l'Argentina
me pagó de güena fe,
y yo mismo le ayudé
a apartar de otros caballos
los seis redomones bayos
que, siendo ajenos, jugué.

Y así, todos los paisanos
me pagaron las paradas
aquella tarde jugadas,
orientales y "bayanos";
pero un tal Yuquita Ramos
un pingo overo rayó
y altanero me gritó,
como a quererme asustar:
-"Si usté es capaz de aguantar,
al moro le gano yo!".

-"¿Con ese mal enfrenáo?"
-"Con ese padrillo overo,
que no se llama Pampero
pero es muy apamperáo".
El dueño del coloráo
despacito me codió,
y me dijo, "Aguanteló,
y patinar se lo hacemos.
Si el domingo le corremos
de su láu me pongo yo".

-"Pa correr estoy -le dije-
pero, ¿cómo es la cuestión?
Me contestó el fanfarrón:
-"Tiro, plata y flecha... fije"
-"Pues, ya que nada m'exije...
mañana de tardecita,
y dende aquella sierrita
hast'a'nde áura tengo el moro...
por quinientas chispas de oro,
en esta senda mesmita".

-"Mañana es mucho apurarse"
me contestó, más calmáo.
"Si no tienen los montáos
ni tiempo de revolcarse!"
La gente empezó a mirarse,
a sonreir y toser,
y uno dijo: "Al parecer
no llueve... El viento cambió"
El gaucho "chucho" arrolló
y ató a los tientos; ayer...

-"No, señores"- dijo el criollo.
"No afluejo; pido un tiempito.
Ni muerto me hago el chiquito,
ni en las primeras arrollo;
sé qu'el moro no es un "bollo"
mas le llamo "pan comido".
Y el melenudo Garrido
le gritó al irse: "Dejálo,
que te vas a cáir del palo
igual que gallo dormido".

Le dije a mi amigo: "Hermano,
si desenvaino el facón
le juro qu'esta ocasión
hago "sapo" algún "bayano";
que Dios me corte la mano
si se me alarga a matar;
tal vez, de tanto aguantar,
estoy poco aguantador...
Vamonós, que a lo mejor
me da el diablo por peliar".

lunes, 18 de julio de 2011

Con pacencia

(Pintura: Rodolfo Ramos)
Como esperando al patrón
pronto p'abrir la tranquera,
está Cerilo Contreras
abajao del redomón.
Piensa dar satifación
porqu'es mensual aplicáo
y al overo lo ha enseñáo
que conozca sus deberes
y cuando muenten las mujeres
se quede como claváo.

No es Contreras, al primero
que ha perdido entre los pastos
porque a hombres juertes pal basto
les desparramó el apero;
ansina que se hizo fiero
el poderlo acomodar,
era aplicáo a golpiar
y hasta jué un motivo en él,
que al volarse algún papel
se arrastrase a bellaquiar.

Pero el hombre con pacencia
y atitudes especiales,
lidéa con los baguales
y les conoce su cencia.
Además de su esperencia
está el paisano emperrao,
porque otros, por reserváo
lo largaron al maldito
y áura anda el animalito
como una oveja entregáo.

Pal lobuno torcaz

(Pintura: Aldo Chiappe)
Gaucho el lobuno torcaz
amagando a ser bragao,
gargantilla, bien calzao
y pico blanco además.
Animalito capáz
de enderiezar ande quiera
y al jugar con la testera
como queriéndola ispiar
es caballo'e galopiar
todita la vida entera.

Es aparente el apero
y su priesencia sencilla
va cantando qu'el qu'ensilla
es un paisano surero;
matras, caronas y cuero,
han zarandeáo los baguales
y conocen los percales
porque el patrón d'endeveras,
le gustan más las polleras
que al zorro los pajonales.

Se h'amacáo juerte el bragáo
porque ha sido fastidioso
y anque medio cosquilloso
ya está bastante entregáo.
El hombre que lo ha lidiáo
no le pierde ni los trancos,
porque sabe que no hay mancos
ni son como vela e sebo,
estos de la marca "El Güevo"
del finao Don Manuel Campos.

jueves, 14 de julio de 2011

Moros de la historia

La tranquera del corral
Abra pádentro paisano
No sea que meta la mano
En la cimbra algun bagual
Ya que en el tropel infernal
Se viene la caballada
Al centro en ronda cerrada
Van a caer en borbollón
Para que elija el patrón
Un moro en la bagualada.

Entró un morito pizarra
Haciendo punta en el lote
Tirando al aire algun bote
Como pidiendo las garras.
Como cuerda de guitarra
Vibró en el aire un “trenzao”
Ni bien la armada ha “cerrao”
Del morito sobre el cuello
Quedó al caer sin resuello
Sobre el suelo “embozalao”.

Mostró al pararse a la la legua
Tras de samarrear el coco
Que iba a ser de aquellos pocos
Que suelen parir las yeguas
Y ahí nomas sin darle tregua
Lo sacaron del corral
Aquel precioso bagual
De cola larga y tupida
Y clinera parecida
A un salvaje matorral.

Me gusta por las orejas
Que tienen forma e´ tijera
Como el que montó Rivera
y el Gral. Lavalleja.
Moros que en la Patria Vieja
Traían origen de Arabia
Cuantan que ciego de rabia
Cargó en combate a lo Toro
Coraje montando un moro
En arbolito un Saravia.

Y en la historia del camino
Levanta la “polvadera”
Aquel morito que fuera
Del bravo Martín Aquino
Al que una noche el destino
En trampa se lo convierte
Y el morito de su suerte
Que fue su amigo mejor
Encontró en el manedor
La sentencia de su muerte.

Y dicen que el uruguayo
Caudillo uando moría
Por su caballo pedía.
“Traiganme a mi caballo”
Después bajo un paraguayo
Sol, queso hunde en lontananza
Un triste cortejo avanza
En un dolorozo lloro
Y ansina gime en el moro
Su amarga desesperanza.

Y entre moros de caudillos
Ahí anda el de Wenceslao
Que dicen que ha derrotado
Al pampero sobre el trillo
Tiene fama ese potrillo
De ganar por ande quiera
Y en fiestas de quitanderas
De mechón y cola atada
Se le vío en las enramadas
“maneao” las noches enteras.

Hasta el gaucho su decoro
Por el ante el indio olvida
Al decirle mi querida
“Te doy volverme mi moro”
De Fierro se fue en su tesoro
Fue su credito su luz
El gan compañero en sus
Horas de honda desventura
Del moro en la sepulta
Se bajó a rezar por Cruz.

Como el poeta de marras
Tambien estoy en la vida
Con el alma bien prendida
A un moro y a una guitarra
Es bien “azulao” pizarra
El flete de mis desvelos
Rogar con el alma suelo
Pidiendole a Tata Dios
Que al llamar llame a los dos
Pa dirme a caballo al cielo.

domingo, 3 de julio de 2011

Mi pangaré preferido


Tengo un flete parejero
que es por lo escarceador
de mi tropiya el mejor,
el más lindo y ligero,
y es tanto lo que lo quiero
que como a un niño lo cuido.
Resulta el más elegido
de mi tropilla machaza,
siendo de muy buena raza
mi pangaré preferido.

Es ligero como la luz
y de buena atropellada,
de fama muy renombrada,
y corre como un avestruz;
y juro por esta cruz
que carrera que he tenido,
siempre airoso hube salido,
porque en cuestión de correr
siempre supo responder
mi pangaré preferido.

En una ocasión me acuerdo,
cuando le corrí a un gatiao
que del pago era el mentao,
porque ¡caray!, no era lerdo;
me dijo el patrón, recuerdo:
"Paisano, si decidido
se encuentra, yo lo convido
a correr por lo que quiera!...
Y hay nomás entró en carrera
mi pangaré preferido.

Doscientos pesos copamos
y elegimos los rayeros,
y a los pingos parejeros
en la raya colocamos,
y en cuanto dijeron: "¡Vamos!",
cada cual salió prendido;
que no era ningún dormido
el gatiao demostró,
pero primero llegó
mi pangaré preferido.

Después que ésa hube ganado,
de allí me dijo un paisano:
"Vea, yo tengo un tubiano
que no es lerdo ni quedao;
con que si gusta cuñao,
quedaremos convenidos.
Ahura no, porque ha corrido
ya una carrera su pingo;
pero si gusta, el domingo,
le corro a su preferido".

"No es necesario esperar,
le contesté, hasta el domingo;
es de corazón mi pingo,
y bien le puedo aceptar";
ya no hubo más que hablar
y no se sintió más ruido;
se hizo el trato convenido
y largaron sin tropiezo,
ganando por un pescuezo
mi pangaré preferido.

Después que esa otra corrí
lo ensillé con todo esmero,
y motando al parejero
de tuitos me despedí;
al galopito salí
rumbo a mi pago querido,
habiéndome bien lucido
con soberano valor,
porque es tuitazo un primor
mi panagaré preferido.

Y ahí, canejo, lo tengo
entre tuita la tropilla;
si es una joya que brilla,
paisano, se lo prevengo,
en cuidarlo me entretengo
y por nada lo descuido;
venderlo nunca he querido,
por grandes ofertas de oro,
si para mí es un tesoro
mi pangaré preferido.

viernes, 1 de julio de 2011

El colorao

(Pintura: Carlos Montefusco)
Yo también tuve un güen flete
vivaracho, escarceador,
lindazo como una flor
y ligero... ¡la gran siete!
El más pintado jinete
pa'montarlo ha desconfiao,
si era de verlo, cuñao,
hasta cosa no de crér
lo veloz que pa'correr
era el lindo colorao.

Era sencillo el apero
con que a mi pingo adornaba,
pues nada lo engalanaba
como el brillo de su cuero.
¡Ah, si pudiera, aparcero,
verlo de nuevo a mi lao!...
Le juro que m'empeñao
pa'olvidarme de él...¡ahijuna!
-Si era todo una fortuna
mi lindazo colorao.

Recuerdo que era un domingo
que a una carrera llegué
lugar ande m'encontré
a un chacarero algo gringo
a quien gané con mi pingo
un desafío mentao
y allí con un "reservao"
vino a pedirme revancha
y en las faldas de esa cancha
le ganó mi colorao.

En tuitas partes que juí
con mi colorao machazo
no sé mentir, amigazo,
siempre halagado me ví.
Aunque también comprendí
que pa'ser tan afamao
es que había dismostrao
ser un jinete sin trampa
sobre la terrible estampa
de mi lindo colorao.

Sin entrevero ni engaño
e impulsao por un empeño
sabrá cómo me hice dueño
d'ese flete tan extraño.
El día de mi "cumpleaño"
en regalo lo he ganao.
(Mi tata que hoy es finao)
aún recuerdo que me dijo:
-Voy a regalarte m'hijo
un güenazo colorao.

Y aquél flete escarseador
dueño de tantas victorias
envuelto en sus propias glorias
cayó... pero vencedor.
Inorando que un traidor
me lo había envenenao,
un día que juí invitao
pa' una carrera de agaya
triunfó, y, en la propia raya
cayó muerto el colorao.

El pangaré

(Pintura: Francisco Madero Marenco)
Paisano, tu pangaré
es un flete soberano
regalámelo, paisano,
que mucho lo cuidaré.
En cambio yo te daré
mi lindo oscuro tapado,
lindo flete pa'un pueblado,
saltarín como pelota
y es un lujo cuando trota
y si corre es un venado.

Montá, paisano, mi oscuro
y andate con tu querida,
mirá que ya la partida
viene a buscarte seguro.
Y yo, gaucho, te lo juro
que nunca te venderé.
Si me preguntan diré
que mis indios te encontraron
y que después te mataron
pa' robarte el pangaré.

En un malón que pegamos
de la pampa en las orillas
arriamos varias tropillas
que en el camino encontramos,
luego que nos amontonamos
pa'repartir el botín
sonó el indiano clarín
que se tocó p'al reparto,
yo me le prendí de un salto
a mi oscuro de la crin.

Sin riendas lo salté en pelo
y se agachó a corcovear
y se empezó a levantar
como quien se va p'al cielo.
Medio le tuve recelo
mas me había asegurado
y el indiaje alborotado
se levantó en gritería
y encaró la toldería
mi lindo oscuro, tapado.

Tomá, paisano, mi oscuro,
mi lanza y hasta mi pluma,
mi cojinilo de puma
y mi rebenque pampeano;
mi lindo perro baqueano,
gaucho, también te daré.
Mas yo quiero el pangaré
porque me agrada su estampa
yo quiero cruzar la pampa
montado en tu pangaré.

jueves, 23 de junio de 2011

Y fue famoso

(Foto: Eduardo Amorim)
Como el tiempo es una noria
Que da vueltas sin parar,
Suele las cosas dejar
Del otro lao de la historia.
Pero a veces la memoria
Sabe coparlo al olvido,
Y hoy el recuerdo ha querido
Que esté mirando al pasao,
Y vuelva aquél reservao
A su tiempo más florido.

Y ansí mis ojos retratan
A ese bichoco sumido,
Que por los años, vencido,
Anda arrastrando las patas,
Vuelvo al pasao y aunque a gatas
Hoy lo estoy mirando andar,
Yo lo quiero recordar
Como en sus tiempos mejores,
Cuando muchos montadores
Solo de él solían hablar.

Me hace volverlo a ver
Echo corcovo y relincho,
Y al enterrarle los pinchos
Ver un paisano caer,
Tanto que hace estremecer
Todo el público reunido
Cuando lo deja tendido
A un famoso domador,
O cortando un atador,
Cogoteando enfurecido.

Pero es al ñudo el intento,
Y se hace triste pensar,
Que se pueda regresar
Al inicio de este cuento,
Quisiera que en el momento
Que el chimango venga a verte,
Te sientas bellaco y fuerte,
Y pensés en la partida,
Que estás volteando a la vida,
Del palenque de la muerte.

sábado, 18 de junio de 2011

La vuelta del resero

(Pintura: Eleodoro Marenco)
Cuando la noche es oscura
y el rumbo se presta a yerros,
el tilín de los cencerros
es la guía más segura:
la madrina va en procura
de la querencia, afanosa,
y la noche tenebrosa
parece menos huraña
¡Dando una apariencia extraña
de misterio a cada cosa!

De los ranchos más cercanos
llegan furiosos ladridos
y los teros, sorprendidos,
gritan su angustia en los llanos.
Al llegar a los pantanos
el galope se detiene
y con molestia se aviene
el pingo baquiano al cruce
¡Mas la espuela que lo induce
con él compasión no tiene!

La brasa del pucho que arde
porque el viento la acaricia,
en la noche desperdicia
el brillo que hiciera alarde;
se agranda de tarde en tarde
y parece así una estrella
que recorriese la huella
en la boca de un varón
¡campeando algún corazón
perdido en la noche aquella!

El viento descansa a ratos
dormitando en las cañadas
y descubre a la bandada
el silbido de los patos;
los teros sus alegatos
siguen en largo desvelo,
y alas tendidas en vuelo
de un pájaro misterioso,
en la noche, sin reposo
son las puntas de un pañuelo.

Y el ruido del galopar
se prolonga en el camino
rumbo al deseado destino
que aguarda nuestro llegar;
un alegre respirar
el pecho gozoso hincha,
que aunque esté floja la cincha
apura al gaucho el halago
de sentirse ya en el pago,
pues la madrina relincha!

jueves, 2 de junio de 2011

Barro negro

(Foto: Eduardo Amorim)

Yo tuve un pingo manchao
marca de "Las tres lagunas",
supe llamarlo "fortuna"
por lo suertudo y aseao.
Bien pampa, y a cada lao
de los encuentros tenía
lunares que parecían
un celaje de su pelo,
como los que deja el cielo
al entras las Tres Marías.

Lo mismo que el tero real;
como una espuma en la panza.
Gargantilla mano lanza
y botas con delantal.
Ojos cabra el animal.
Bonito desde potrillo,
de cola negra y flequillo
sin dejar de ser manchao,
era 'e pelaje bandeao
a la altura del codiyo.

La madre, baya encerada;
el padre, overo castaño;
pelaje criollo que antaño
Don Yenqui tuvo manadas.
De azulejas y manchadas,
moras, tobianas, rosillas,
de ái entablé una tropilla
que fue lujo en "Tres Lagunas"...
pisoteaban la lobuna
diez picasos testerillas.

Se me murió por descuido,
de barro negro en el vaso.
Por hacerle poco caso
siendo un mal tan conocido.
Lo recuerdo arrepentido...
su cura es cosa senciya:
Pelarle en cruz la raniya,
foguearle bien el candao,
no hubiera muerto el manchao,
lunarejo'e mi tropiya.

El Bragao


Bienhaya potro bragao,
que en los lares del Oeste
por todo el paisaje agreste
tu regia estampa has pasiao!
A tu pago le has dejao
tu nombre imperecedero...
Ninguno te tarjó el cuero;
ningún hombre te margina;
y por ser libre, a tu clina
sólo la besó el pampero.

Comentan que el paisanaje,
deslumbrao por su belleza,
lo perseguía con presteza,
a bola, lazo y coraje;
pero su estirpe salvaje
siempre lo tuvo despierto;
antes que cautivo, muerto
por ley de su corazón...
y como una exhalación
se perdía por el desierto.

Pero un día, por la extensión
mil gauchos se dispersaron
y todo el ganao arriaron
con ímpetu de ciclón...
Bragao, por tu perdición
te persiguen sin piedad;
pero, por tu libertad,
al fin de tu trayectoria,
te hundiste en aguas de gloria
con rumbo a la eternidad.

Imaginando su estampa,
las reminiscencias vivo
del caballo primitivo
que se dispersó en la pampa.
Luego, en mi memoria acampa
la poesía de Roldán.
Con él, el Gran Capitán
traspuso la cordillera
y fue asta de mi bandera
en Salta y Tucumán.

El moro y el alazán

Cierta vez que cabresteando
a la vida, su mandao…
iba en “el moro” montao
por la huella, rezongando
ya que la suerte amagando
no tocaba mi portal…
llegué a la estancia “El Puntal”
del criollo Antenor Maidana
porque andaba con las ganas
de trabajar de mensual.

Vide atrás de un montecito
una larga fila ‘e gente,
y siguiendo la corriente
me aproximé al trotecito.
Don Farías, pegó el grito:
“-¡Llega justo, Don Ramón!
…hay carreras y el patrón
puso feriao en la zona
por el santo ‘e la patrona
y el compromiso del peón.

Bájele al “moro” el recao
y busque pa’ encarrerarse,
pero mire, ha de cuidarse
de aquel “alazán tostao”,
qu’es ligero pa’l mandao,
salidor como saeta,
pelo ni marca respeta
su dueño en el desafío.
¡No olvide el consejo mío
y lárguele al meta y meta!”

Agradeciendo a Farías
por sus claras intenciones,
relojié los mancarrones
y me dije… ¡Esta es la mía!
Aunque plata no tenía
ni ha correr había venido,
si alguno por atrevido
me convida una carrera
le corro el tiro que quiera
pero ¡a caballo perdido!

Y así fue, vino el mocito
con modales de orgulloso,
diciendo… “-¡Pa’l ‘moro’ brioso
tengo aquel alazancito!”
charlamos un momentito
en forma pausada, lenta,
a él, la soberbia lo alienta
y mi propuesta permite…
La carrera es a convite
metros: trecientos cincuenta.

Palmié en el pescuezo al “moro”,
él al pingazo montó,
la gente se amontonó
pa’ ver quien era más toro.
Al largar, medio lo atoro
y pa’ que seguir?, cuñao,
aquí me ve, desahuciao,
sin conchabo de mensual,
¡pero llevo del bozal
un lindo “alazán tostao”!

Orgullo de domador

(Foto: Eduardo Amorim)
El gaucho Ariel Peñaflor
de la estancia La Alborada,
en donde existen manadas
de potros que es un primor,
y como es buen domador
famoso en el pago entero
va a entropillar con esmero
y aquerenciar al cencerro
pingos que al decir de Fierro:
"Den la güelta sobre un cuero".

Entre los doce baguales
se hallaba un bayo atigrao
que parecía endiablao
con ribetes colosales.
Dientes y manos fatales,
cuando el paisano lo ensilla
va temblando su golilla,
cuando no se arrastra, vuela,
y a veces con las espuelas
acaricia la gramilla.

Pero la perseverancia
del criollo al fin lo doblega
y despacito se entrega
al crédito de la estancia,
como premio a su constancia
a su entereza y valor,
y al mirarlo escarciador,
vivo, listo y coscojero,
cifra en el pingo tigrero
su orgullo de domador.

Y una mañana divina
que amor patrio clamorea
mientras en lo alto flamea
la magna enseña argentina.
Con cintitas en las clinas
viene acariciando aquel bayo.
Porque Ariel sacó un caballo
sin cosquillas y de rienda
lleva enancada a su prenda
un Veinticinco de Mayo.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Canto al nochero

(Dibujo: Eleodoro Marenco)
Al remover los tizones
del fogoncito surero
mientras sigue el aguacero
y avanzan los chaparrones,
viá emparejar los bordones
del instrumento campero,
para cantar con esmero
si es que a definirle alcanzo,
a ese pingo noble y manso
que le llamamos nochero.

Fue el orgullo de una estancia
y el lujo del estanciero
y en él se lució el puestero
trabajando con prestancia.
Un animal de arrogancia,
vivaracho y coscojero,
supo ser buen parejero,
aguantador y parejo,
y aura ya bichoco y viejo
solo sirve pa’ nochero.

De mañana fue el primero
en ponerse en movimiento
cuando un boyerito atento
le puso el freno y un cuero.
Él soportó el aguacero
en un rincón del corral,
cuando la noche invernal
soplaba su ventolera
se pasó la noche entera
dando el anca al temporal.

Caballito de emergencia
en cualquier caso de apuro,
muy lento pero seguro
tratándolo con paciencia.
Animal de inteligencia
yo lo pinto en mis matices
por sus viejas cicatrices
con todo lujo detallo:
en él, a andar a caballo
aprendieron los gurises.

Él cumple una obligación
como si fuera sereno
y a veces tascando el freno
lo agarraba la oración.
Allá, detrás del galpón
un peoncito veterano
como todo buen cristiano
antes de echarlo al corral
suele colgarle un morral
con algún poco de grano.

Y ya pasando la historia
en el fondo de un potrero
quedará el viejo nochero
pero cargado de gloria.
En honor de su memoria,
por su guapeza y coraje,
cuando en el último viaje
nos deje su adiós postrero
he de rendirle al nochero
un merecido homenaje.

viernes, 20 de mayo de 2011

La tropilla

(Pintura: Francisco Madero Marenco)

En mi tierna mocedad
tuve tropilla de un pelo,
que entonces me daba el cielo
completa felicidad.
Rosillos, con variedad
sólo para mi sencilla,
les causaba maravilla
a cuantos los contemplaban
y alabándome exclamaban:
¡quién tuviera esa tropilla!

Sin echármelas de bueno
digo al que de doma entienda
que no bien fueron de rienda
yugando los hice al freno.
¡Qué conjunto más sereno!
Se paraban con aliño
a mi acento de cariño
y al palmearlos hasta el anca
junto a una yegua más blanca
que la inocencia de un niño.

Eran un platiao de aliento,
de a diez legua sin castigo
y un rosao... que no bendigo,
capaz de correrle al viento;
un malacara que hoy siento,
mojón para los tirones,
un overo de empujones
seguros en el aparte
y un moro que era del arte
de rendir los corazones.

¡Vaya si es fantaseador!
habrán de exclamar en coro,
sin ver que el rosillo moro
fué mi pingo pa el amor.
Suavecito a mi sabor,
de sobrepaso medido,
ni de noche era sentido...
y de nochiar era cosa.
¡Ir con él hasta una moza
era como ir escondido!

Ni uno flojo, liberales
y nobles sin un recelo
quince más del mismo pelo
entropillaban leales.
De alzada y señal iguales
algunos a los mejores,
fueron para jugadores
causa de equivocación
y así más de un patacón
les saqué a sus tiradores.

Jactancioso de mi brillo
entre gauchaje y puebleras,
me perdieron las carreras,
los amores y el cuchillo.
Estando el juez y caudillo
en un juego de sortija,
me propasé con su hija
y la insolencia no alabo:
se tienta a dar con el cabo
quien castiga sin manija.

Con cepo y estaquiadura
quiso el juez curar mi mal
pero yo era bagual
me le resistí a la cura.
Tropezará quien apura,
y yo tropecé esa vez.
Las carabinas del juez
mas que mi daga vaieron.
Una bala me metieron,
y adiós reto y altivez.

De padre, madre y hermanos
las reprimendas sufrí,
y cuando salvo me ví
no hallé amigo en mis paisanos.
Con mis rosillos ufanos
quise echarme campo afuera.
¡Cada flete era una fiera!
Pronto comprendí la broma
al ver mi yegua paloma
degollada en la tranquera.

Lloré como sólo llora
quien vuelto de un batallón
ve en el querido rincón
su rancho en que nadie mora.
¿Quién a una yegua no adora
cuando a su ley entabló,
los de un pelo que domó
hasta pararlos a mano,
mansitos, hechos al grano,
como los tenía yo?

Ultrajado me sentí,
dejé trabajo y querencia,
y llevao por mi demencia
en vago me convertí.
En el moro me perdí
con el rosao de repuesto.
Llevaba en el moro el resto
de mi amorosa confianza
y en el rosao la esperanza
del jugador, por supuesto.

En su pingo de pasear
vino a mi encuentro una moza
y me rogó, muy llorosa,
que no la fuera a dejar.
Cuando se me iba a enancar
di un chirlo a su mancarrón,
quedó a pie y sin dilación
talonié al punto mi moro...
Aquel hecho que hoy deploro
me valió su maldición.

La obediencia a los mayores,
la tolerancia entre iguales,
la pena ante ajenos males,
la bondad con los menores,
todas cuantas son las flores
del jardín de la virtud
rotas por mi ingratitud
con la tropilla quedaron
y las tormentas nublaron
la luz de mi juventud.

No me perdonó su asedio
amigos, la suerte flaca...
Salí de grupa y guacaya
y pronto me vi sin medio.
De balde busqué remedio
en mi rosillo rosao:
lo castigué demasiao,
pues no bien causaba estrago,
yo gritaba "¡mano al trago!",
y el dinero era aventao.

Rebajé a mi parejero
de tanto que lo amolé,
y hasta uñera le saqué
y comenzó a ser mañero.
Yo fuí apostador, rayero,
super ardides a granel;
cuando sin andarivel
gambetié al rey de una pista,
cobré y me perdí de vista...
¡pues era el de un coronel!

Como el gusano del cuajo
atacase a mi rosao,
sin andar con más cuidao
me lo despené de un tajo.
Mi moro, de rienda abajo,
ocurrente parador,
o quizá de burlador,
paró en mi ley justo al toldo
de una viuda con rescoldo
para un huérfano de amor.

Cerdeando yeguas ajenas
no se perdona el mechón.
Yo fué cruel en mi afición
de rubias y de morenas.
Las pagué todas por buenas
en esa ocasión machaza
en que a la china, hecho brasa
le fuí a llorar al costao,
viendo a mi moro parao,
contento, como en su casa.

"Aquí mi pena termina",
me dije, "sentaré juicio;
del trabajo haré mi vicio,
tendré rancho y tendré china."
Pero la mujer ladina
me apuró hasta los extremos.
"Espere que averigüemos
si usté es hijo de cristianos,
y en pazo con padres y hermanos
entonces nos casaremos."

Con eso aumentó mi fuego.
Recordé mis mañas viejas
y adobé elogios y quejas
enristrados en un ruego.
Ella malició mi juego,
salió a llamar a su gente,
me trataron de indecente,
de gaucho de mala vida,
y yo que la vi perdida
me las eché de valiente.

Pelié a sus propios hermanos:
con uno me desgracié;
en mi moro me largué
y me siguieron cercanos;
tres policías livianos
con ellos se me vinieron;
como apurao me tuvieron
soltando al moro las riendas
les fuí tirando las prendas...
No sé si se detuvieron.

Cuando la tarde caía,
cosa de milagro fué,
me vi seguro y noté
que el moro se detenía.
Jamás en la vida mía
me hallé en más triste lugar.
Era aquel un peladar
sin mata de pasto puna
donde en la noche sin luna
atar y echarme a olvidar.

¡Qué habría de olvidar nada
si ya cargaba una muerte!
Rogando a Dios por mi suerte
me sorprendió la alborada.
Con el alma atribulada
más afuera enderecé;
entre matreros me hallé;
fuí boleador, vendí cueros,
y al fin con unos nutrieros
mi existencia empantané.

Nunca pude entropillar,
que apadrinador no había,
y si amansé no tenía
yegua adrede que maniar.
Mi castigo fué montar
siempre ajeno mancarrón,
pero busqué la ocasión
de salirme de la mala,
con el cuidao de quien piala
antes de la parición.

¡Ah mi tropilla de mozo
cuando me inspiró el deber!
Fué el palenque mi saber,
el trabajo fué mi gozo.
Todo sentimiento hermoso
tuvo su pingo ejemplar.
Pero al fin vine a fallar
por el lao que halaga y brilla.
¡Cuide mejor su tropilla
quien no la quiera llorar!

En más de un trance maldito
en que peligrando anduve,
ya un anca partida tuve
más pesado que un delito,
ya un enteco potrillito
que no abandonaba el tranco,
ya un bagual en nada franco,
mezquino y arrebatao,
ya, para más amolao,
un irrisorio lunanco.

Tropezador, pescuecero,
bellaco, disparador,
todo flete de favor
me fué inútil por mañeron:
así un alazán overo,
zafao como mi insolencia,
un gatiao que era evidencia
de mi vieja zorrería
y un tordillo que tenía
más manchas que mi conciencia.

En todo pelo he sufrido,
bayo, zaino o yaguané,
los dolores que causé
y de que me he arrepentido.
Por un afán compartido
me dió, a la postre, un peón
un oscuro mancarrón
como a mis años conviene...
¡Pienso que con él le viene
a mis culpas el perdón!

Maceta como su dueño
el pobre animal me vale:
un trabajito me sale
y con él me desempeño.
De hoy más no abrigo otro sueño
que ser bueno sin apuro,
y resignado y seguro,
com quien sabe su suerte,
en las puertas de la muerte
al fin ataré mi oscuro.

jueves, 19 de mayo de 2011

El potro

(Pintura: Eleodoro Marenco)
Es chúcaro y por tanto, hasta salvaje:
patea, muerde y se sacude fiero,
que al verse acorralado en el potrero
vomita espumarajos de coraje.

Suelta la crin sobr'el pescuezo, encaje
forma flotando en su retinto cuero,
las orejas rebeldes, altanero
lo muestran a los ojos del gauchaje.

Se suponen allí que de los toldos
de las tribus del Chaco lo han traído,
que tiene los colmillos como guampas.

Y el que lo monta v'a sentir recoldos...
y hay un viejo con fama d'entendido
que aseguro no hay d'esos en las pampas.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Mi lobuno


En mi tropilla 'e trabajo
yo tuve un pingo lobuno,
lindaso como ninguno
y rápido como tajo.
Era bien domao de abajo
y en la boca jué mejor,
como tropilla, Señor,
y agatas lo taloniaba,
¡de mis piernas s'escapaba
de puro boraceador!

¡Lo hubiera visto pasiar!...
Trotiaba bien menudito,
como si al mesmo pastito
no lo quisiera pisar.
Asiadito para andar
y recogido en las riendas,
pa trabajar con haciendas
otro no había en el suelo,
y como caído del cielo
para conquistar las priendas.

Es lo mejor qu'he montao
en mis años de resero,
igual como parejero
que con un toro enlazao.
Corría en él sin cuidao,
pues era fijo y sereno;
dispués lo vendí y me apeno
porque m'he quedao sin nada.
¡Ah... si era en l'atropellada
de boliar abajo el freno!...

domingo, 1 de mayo de 2011

Con todo el rollo

(Pintura: Fernando Romero Carranza)
A mi pobre inspiración
le viá dir haciendo orilla,
pa presentar mi tropilla
si me prestan atención.
Como este mozo es gauchón
hoy copa la banca y taya,
y ande dentre o donde vaya
en cuestión de trabajar
va a ser difícil de hallar
quien me haga pisar la raya.

Quien de gaucho se respete
debe de andar bien montao,
lo mismo en un descampao
que trabajando en un brete.
Y ya que he alzao el copete
(defecto que en mí distingo)
les diré de cada pingo
lo que pa mí representa,
así se pueden dar cuenta
que no los ensilla un gringo.

Me gusta prolijamente
medio a menudo tuzarlos
pa que se pare a mirarlos
el hombre más exigente.
Por ahí, si en un derrepente
la tijera se me cruza
y un tuze en algo me acusa
pronto lo voy corrigiendo,
para que vayan sabiendo
que algo sabe el que los tuza.

A la madrina azuleja
donde la deje maniada
de toda la caballada
ni uno solo se le aleja.
Es gauchona y bien pareja
y a mi campero entender
otra igual no debe haber
tan desenvuelta al trotiar,
y pa hacerla cabrestiar
basta un hilo de coser.

En mi tropilla entabalada
pa que lo mire la gente
tengo un chuzo reluciente
alazán anca nevada.
Anca que así salpicada
parece que adrede ha sido,
o quizás fuera un descuido
pues más de uno se imagina
que alzando en anca una china
las ropas le han desteñido.

Se diesfío en general
en fija no hallo ninguno
que me lo iguale al lobuno
trabajando en un corral.
Fué ariscón dede bagual
si escuchaba altún tropel;
pa galopiar es sin yel
y no exagero al decir
que no puedo ni escupir
andando montao en él.

A ese zaino pico blanco
yo mismo lo he galopiao
y a mi gusto lo he sacao
porque tampoco soy manco.
Es elegante en el tranco
como airoso galopiando,
y si al salir reseriando
se estira un poco la ausencia
al rumbiar pa la querencia
retoza y va divisando.

El colorao pata mora
de atropellada tremenda
por lindo y de buena rienda
a cualquiera lo enamora.
Pa un tiro de boleadora
es lo mejor que he montao,
y en este pingo avispao
ligerazo como luz
si le dentro a un avestruz
que se dé por desplumao.

Ese bayo güevo e pato
-flor de pingo pa enlazar-
no sabe donde pisar
en cuanto el lazo desato.
Como que no me arrebato
si estoy con gente pareja
cuando un novillo se aleja
con lujo, pero sin trampas,
le cierro el lazo en las guampas
sin tocarle ni una oreja.

El picazo mascarilla
relocaso y desconfiao
por su pelo codiciao
sobresale en la tropilla.
Es un flete como ardilla
que me costó acomodar,
y aunque le pude quitar
los defectos de a poquito
capaz, si lo felicito,
de arrastrarse a beyaquiar.

En el oscuro tapao
la noche se me retrata
y aunque lo tapen en plata
no ha de salir de mi lao.
En el pago es más nombrao
que el sacristán del convento,
y creamen que cuando muento
e un flete tan liberal
me paresco a un General
al frente de un regimiento.

Le compré el gatiao overo
a un paisanito florido,
que a más de ser atrevido
decían que era cuatrero.
Seguro ha sido un campero
quien fue al gatiao enseñando,
pues se cruza un río nadando
entre el viento y refucilos,
y un alambrao de ocho hilos
lo salta como jugando.

Siempre soy reconocido
de día igual que de noche
porque el cencerro un derroche
sabe hacer de su sonido.
Y cuando me hubo extendido
la cerrazón su cortina
yo se que entre la neblina
mis caballos favoritos
porfean para dir juntitos
atracaos a la madrina.

Y aquí pueden ver, señores,
en mi tropilla presente
que si no es sobresaliente
no es tampoco de las peores.
En las güeyas mil rigores
les ha tocao aguantar,
y así como al trabajar
ponen guapeza y empeño
se lucen junto a su dueño
cuando salen a pasiar.

(Foto: Eduardo Amorim)