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martes, 16 de agosto de 2011

Renacimiento


(En la criolla, Octubre de 1897)

Como si un broto de vida
sobre todo se extendiera,
pide al sol la primavera
su vestimenta florida.
La yerba buena dormida
deja su sueño inocente;
y decorando el ambiente,
quebracho, molles y talas
sacuden sus nuevas alas
al borde de la corriente.

Suenan diversos acentos
en vertiginosa gira
y el zorzal presta su lira
para saturar los vientos.
La calandria con alientos
su mejor canción arranca
y el chingolo, en forma franca
cuenta sobre las colinas
que ha visto ya golondrinas
trabajando en la barranca.

Así, después del rigor
con que nos trató el destino,
vuelve a tomar su camino
la Criolla de nuestro amor.
Renace con el calor
de otra especial primavera;
y al levantar la visera
no tiene más pretensiones
que las firmes convicciones
escritas en su bandera.

Vuelve a encenderse el fogón
con cautelosa paciencia,
vuelve a sentirse la esencia
del sencillo cimarrón.
Vuelve a encontrarse en acción
el apero y sus alhajas;
y en las malvas y borrajas
muestran las marchitas hojas
las señaladas congojas
que les dejan las rodajas.

Vuelve el estilo a pedir
su lugar en la jornada
y la décima olvidada
vuelve otra vez a vivir.
La emoción al resurgir
su antiguo sendero agarra
y tendiéndose bizarra
llega, lozana y hermosa,
a suplicar cariñosa
que la copie la guitarra.

Pero, en estas impresiones,
tan rurales como viejas,
no caben las bravas quejas
de los urbanos campeones.
No se buscan sensaciones
por buscarlas solamente,
se buscan porque se siente
la atracción de ese pasado,
cuna de un tipo formado
para gloria del presente.

domingo, 14 de agosto de 2011

Por siempre en campo verde

Injusta nombradía te has ganado
de "malentretenido" y es por eso
que tienes la pupila casi en hueso
y un profundo dolor en el costado.

No quieres que te entierren en sagrado
bajo una losa de costumbre opreso
porque tendrás la llave del regreso
si en cuerpo y alma quedas desatado.

Si, que te pisen chúcaras haciendas
donde los vientos no conocen riendas,
donde la vista pródiga se pierde...

Ese es el buen final que has elegido
para esquivar las trampas del olvido:
ese yacer por siempre en campo verde.


jueves, 28 de julio de 2011

Cartas gauchas (Fragmento de la carta 1ª)

(Foto de Plaza Constitución "1895")
Mi muy querida Benita:
aunque bichoco y despiao
de tanto haber caminao
en esta ciudá bendita,
le pego una cuerpeadita
al cansancio que me aplasta
y, haciendo honor a la casta
de criollo guapo y curtido,
a escrebirte me decido
tuito el día si me basta.

¡Qué ha de bastar! Ni en un año
creo podría escrebirte
cuanto tengo que decirte,
de embarullao y de extraño,
como entre un susto tamaño
he visto en esta ciudá,
que como borracha está,
gritona y embanderada,
florida e iluminada
que's una barbaridá!

Después de andar en prisión
un día en fierro carril,
llegué como un perejil
a la mentada estación
que llaman Constitución
y que es un galpón grandote,
ande dentramos al trote,
echando un humo jediondo,
y metiendo un batifondo
que daba al diablo un cerote.

Yo bajé medio entumido
y ansina como almariao;
de la vista encandilao
y del mate dolorido,
cuando un mozo que me vido
y se hizo cuenta, dejuro,
de que estaba en un apuro
en aquel corral ajeno,
vino a refalarme el freno
y a ayudarme, comedido.

-Veo que usté es pajuerano
(me dijo con güenos modos).
Mirá Benita: no a todos
les cái del cielo un hermano
que venga a darle la mano
en un trance como el mío,
¡pues me encontraba en un lío
mesmamente soberano!

-¡Ha adevinao, amigazo!-
le dije al mozo pueblero;
¡estoy como un hormiguero
al que le han dao un humazo!
Había sido fierazo
hallarse de sopetón
en medio a una población
ansina, deste tamaño...
mesmo que en un pago extraño
suele hallarse un mancarrón.

-¿Y trai equipaje?
-Ese lío
que son mis pilchas camperas;
unas maletas fuleras
y pa fumar el avío...
¿De qué se rái?
-Pues me río
de verlo a usté tan confiao
largarse ansí, sin cuidao
con su talero en la mano...

-¿Y no sabe quel paisano
nació para ser soldao?
¿No sabe que esta nación,
hoy tan grande y tan ufana,
nació de un toque de diana
y un disparo de cañón?
¿Que un valiente pelotón
de paisanos argentinos,
más valientes que ladinos,
más patriotas que valientes,
levantaron, imponentes,
esos colores devinos?

¿Ya no se acuerda, paisano,
de los Patricios mentaos,
de los bravos Coloraos,
de los Blandengues, del llano
en que con sable en mano
y garabina terciada,
bajaba a la disparada
con su gauchaje atrevido
aquel Güemes tan temido,
el de la fama mentada?

¿Y no saben los puebleros
que fueron gauchos, al fin,
los bravos de San Martín,
los heroicos granaderos,
los audaces, los primeros
que al cóndor de la montaña
asustaron con la hazaña
de llegar hasta sus nidos
y allí lanzar, atrevidos,
su protesta contra España?

¿No saben que si hoy tenemos
patria, riqueza, fortuna,
se la debemos ¡ahijuna!
al gaucho... ni más ni menos.
Que ellos, valientes y güenos
pa trabajar ande quiera,
custodiando la frontera,
en el rodeo o sembrando,
siempre se les vio formando
al pie de nuestra bandera?

Como en misa se quedó
aquel pueblero, Benita,
al oír esa licioncita
que ni en sueños esperó
de un gaucho que, como yo,
se la diera de memoria,
pues ellos saben la historia
como yo de hablar en gringo,
o como puede a mi pingo
montar cualquier zanagoria.

-¡Había sido dotor!
(me dijo riyendo el mozo),
-Antes de salirme el bozo
ya era en mi pago cantor
y ya echaba un "¡de mi flor!"
a cualesquier atrevido,
aunque me dijera, "¡envido!"
con un bramido de toro,
porque el gaucho Martín Oro
jamás se dio por vencido.
(Ilustración: Esteban Tolj)

miércoles, 27 de julio de 2011

Oro viejo

(Dibujo: Lauren de Bacco)
Cerca del móvil juncal
que con silueta gallarda
limita en forma de guarda
la alfombra del pastizal,
hay un albergue rural
en donde vive sonriente
un ejemplar resistente
de nuestras cosas primeras,
con setenta primaveras
arrugadas en la frente.

Aún sacude su pupila
la estela del tiempo muerto
cuando en el espacio abierto
giró su vida tranquila;
y todo aquello desfila
rebosando de ventajas,
con barullo de sonajas,
columpios de pontezuelas,
bordoneos de vihuelas
y crujidos de rodajas.

Aquél cuerpo modelado
por inmejorable artista
fue aquilón en la conquista
de su derecho vejado;
con el brazo arremangado
sintió el clarín de ordenanza,
y sin amor ni venganza,
sobre el resbaloso lomo,
contestó a la voz del plomo
con los brotes de su lanza.

Nacido para señor
de la selva que domina,
ha sembrado la colina
de hidalguía y de valor.
Hombre de alma superior
supo ser noble y austero,
su palabra fue de acero,
no precisó documentos,
y cumplió sus juramentos
como el mejor caballero.

Hoy no vale una pitada
porque no se necesita,
hoy es de raza maldita
que no sirve para nada.
Si tuvo alguna jornada
de la que quede el reflejo,
es sólo recuerdo añejo
que debe ser olvidado;
aunque sea oro sellado,
es oro... bastante viejo.

domingo, 24 de julio de 2011

Vecindario

(Pintura: Francisco Madero Marenco)
Venga amigo, atraquesé
que lo v'ia dir endilgando
y ansina, desembuchando
lo que d'este pago sé.
Aquel monte que se vé,
de paraísos y uncalitos,
jué uno'e los primeritos
que se alzaron en el pago,
ahi pobló el finao Sayago
casao con Ulalia Britos.

¡Ah, qué Señora ladina!
Mejorando lo priesente
y entreducida en la gente
como piojo en la gallina.
Era güenaza la china,
pero en tocando a las hijas,
se aprontaba las valijas
como queriendo marchar
y seguro qu'iba a echar
la cincha por las verijas.

Les cuidaba la pollera
pero al ñudo, Amalio Sosa
mensual de "La Barrancosa"
se alzó con la Baldomera.
Y áhura la cosa está fiera
p'al que se atraque a las casas,
ya se ha quemao en las brazas
y la empacha la cuajada,
la vieja está repunada
y no la engañan con masas.

Los muchachos son gauchones
pero el mayor qu'es Hilario,
se les hizo un perdulario
sin motivos ni razones.
Y así son estos varones
si uno no los rigorea;
yo a los míos la manea
no se las he mezquinao,
porque el mancarrón maneao,
más fácil se le campea.

Y orillando aquel uncal
como quien v'a lo'e Barbosa
está la tapera'e Sosa
que se ha hecho un vizcacheral.
¡Tá, qué rodada fatal
pegué una noche emponchao!...
Se me dió güelta un rosao
marca'e los López Carmelo
y hecho un botón en el suelo
quedamos acoyaraos.

Yo confié mi suerte en Dios
porque de pilchas rechoncho,
al pialarme con el poncho
no le pude echar el dos;
como gorgojo en arroz
quedamos negriando el cuero;
yo sacudía el sombrero
y él con la jeta pelada,
miraba la tierra arada
al estilo chacarero.

Jué una rodada al sereno
como pa entrar en calor
y pa que juera más pior
me hizo pedazos el freno.
En cuanto compró terreno
yo lo hubiera degollao...
Estaba tan enojao
que hasta el cuchillo tantié...
y por no quedar de a pié
se salvó de ser finao.

Olvidemos las amargas
y sigamos el relato,
porque entuavía hay pa rato
y las tristuras son largas.
Cuando el finao Justo Vargas
pelió con el pampa Rosa
ande áhura están los Barbosa,
también supo haber boliche
y hasta el paisano "más piche"
peliaba por cualquier cosa.

Y jué pal mil ochocientos
qu'en el boliche "La Luna"
el zurdo Ramón Laguna
mató a los pardos Barrientos.
Hoy sólo quedan los cuentos
de tuito lo acontecido
y como medio me olvido
porque el asunto es muy largo,
para otra güelta me encargo
de contarle el sucedido.

Y volcando a la derecha
camino pa Chascomús,
entuavía está la cruz
que endica lugar y fecha.
No se precisa una mecha
que alumbre tanto dolor,
porque siempre alguna flor
Dios puso en el campo santo,
pa que no pierda su encanto
la condición del valor.

Anda hay yeguas, potros nacen
dice un refrán muy campero
y pa defender el cuero
güeno era que lo probasen.
A mí pa que me achurasen
se les iba a poner feo,
porque hoy mesmo si peleo
debe saber bien el otro,
que tengo garras de potro
y entuavía corcobeo.

Ah tiempos... dijo un moreno
qu'era postre la quajada,
pa los de áhura ya no hay nada
de aquello que jué tan güeno.
Pa ellos lo antiguo es veneno
y pa mí, una bendición
yo he criao hijos "en montón"
y todo el pago lo sabe,
con las posturas del ave
y la leche a discreción.

Y en aquel monte pelao
el más pelao d'esos trés,
supo anidar un francés
que vivía acoyarao.
El le había regalao
a su prienda, un güen birloche
y ella sentada entr'el coche
era la raina "julana",
pero fiera la paisana
como susto a media noche.

Güeno Don... anoticiao
con todo lo que ha sabido,
se ha de dar por bien servido
después de haberme escuchao.
Y si me he desparramao
como verdolaga en güerta,
sepa que dende hoy la puerta
de una amistá verdadera,
será pa'usté una tranquera
que siempre la hallará abierta.

jueves, 14 de julio de 2011

De otros tiempos

Yo soy un gaucho atrasao,
yo nací juera de tiempo,
tenería que haber nacido
poco antes del ochocientos.
Entonces sí que estaría
justo clavao en mi medio.
¡Qué bien estaría el tiempo'e paz
cruzando el páis de tropero!
¡Qué bien estaría el tiempo'e guerra
peleando contra el gobierno!
Y habería sio soldao
del jefe más curuyero
y habería estao en las piegras
en aquellos tiempos güenos...

¡Era lindo sublevarse
porque era gringo el gobierno!
Y como esto del cantar
me viene de muy adentro,
y el gustarme las mujeres...
creo... de mi bisagüelo...
de suerte que vienen días
que si no canto, reviento!
Y si no habría hallao hembra
pa quererla, ¡me habría muerto!

Por tal motivo, colijo,
y estoy seguro que no erro,
que si yo hubiera nacido
allá por mil ochocientos
además de ser soldao
de la patria y ser tropero...
tenería que haber sido
payador y guitarrero,
¡Güen bailarín, gaucho pierna,
y enamorao sin consuelo...

Pero no hay nada que hacerle,
llegué atrasao en el tiempo,
soy un gaucho redotao
y acorralao po'el progreso...
que no me animo a cantar juerte
porque tengo miedo,
y vergüenza de este canto
que sale como juyendo...
y se encandila en las luces
y se ahuga en los ríos del pueblo.

Tenería que haber cantao
"peón de tropa" o "montonero",
en la ventana'e las chinas
o en el rus del campamento
mesmo que cantan los pájaros:
¡cara al cielo!¡a campo abierto!

Y entonces juera el cantar
un canto limpio y sereno,
canto con anchura de campo
y con olores de trébol....
canto con filo'e facón
y con suavidad de culero...
Canto con sol y con lluvia
y con bramido'e pampero...
Con perfume de arrayán,
pa las chinas y con cerro,
y espinas de coroniya
pa los machos altaneros,
Canto pa cuartiar quereres
o pa animar entreveros,
Canto que truje conmigo
y hoy ya no es más que un ricuerdo...
porque lo truje conmigo... pero
¡se me ahogó en el pueblo!

viernes, 1 de julio de 2011

Picanaso...

(Pintura: Rodolfo Ramos)
¡Pasan cosas lastimosas,
don Simón, en esta vida!
¡Tuito se muere y se olvida:
las personas y las cosas!
¡Pucha, que son dolorosas,
a veces, las reflesiones!...
¡Ver con rabia, que a montones,
nuestras cosas van muriendo!

¡Que se han ido deshaciendo
lo mesmo que los terrones!
¡Cuál sería el rancho a que juera
en antes, pues'el que juese,
que una guitarra no viese
colgada en la solera!
Hoy... vaya usté p'ande quiera
a cualquier rancho'e terrón,
y v'a ver, viejo Simón,
que tienen, como por gala,
en la mesa de la sala
un endiablao gramafón.

¿Y las mozas, camaradas?
¡pucha, viejo, si es al cuete!
¡Tuitas tenían su flete,
con su montura bordada!
¡Había que ver la parada
del paisano enamorao!
Sonriyéndose, embobao,
de los piecitos l'alzaba,
y presto se le apariaba
del lao d'enlasar, cuñao.

¡Ya no hay overo rosao,
ni azulejo, pa'las mozas!
Ya se han dejao esas cosas
y lo antiguo se ha olvidao...
En cualquier rancho ladiao,
con dolor de corazón,
v'a ver, viejito Simón,
confirmando esta versiada,
que hay un surqu'en la ramada,
abajo di algun galpón.

Y aqueyos gauchos d'en antes,
con Carqueja, ¿qué me cuenta?
¡Chá digo! Si es un'afrenta,
son cosas desesperantes.
¡Ya no hay gauchescos desplantes!
¡Ya se murió el chiripá!
¡La bombacha muerta está!
¡Si ya no nos queda nada!
¡Si tuito muriendo va!

miércoles, 29 de junio de 2011

Un baile del tiempo viejo


Rezongaban en un rincón,
el teclao de la cordiona,
una mazurca lerdona,
que llegaba al corazón.
Era un rancho de terrón,
ande la fiesta se hacía,
y cada candil ponía,
en la paré senicienta,
la claridá amarillenta
que la llama producía.

Se sentían las parejas,
mesmo que en un pisadero,
y oservando el entrevero,
se volvían ojos, las viejas.
Los mozos, en las orejas,
de las mozas como flores
iban goteando primores,
con palabras de alabanzas,
¡haciendo criar esperanzas,
pa después trensar amores!...

El malambo, galopiando
los tacos en las mudanzas,
resultaba entre las danzas,
un contrapunto bailando.
Y para dirse probando,
los mozos, se desafiaban.
Las mujeres suspiraban,
y con el oido al rasgueo
se ajustaba el zapateo,
y los aplausos volaban.

Cáiba a la fiesta un cantor,
que una guitarra pulsaba,
y a su compás desgranaba,
la espiga de su dolor.
Luego un viejo decidor,
cortándole el bordoneo,
después de hacer un rodeo,
pa contar un sucedido.
Al cantor, por ser cumplido
lo envolvía en un floreo.

Con cuidao en la cocina,
revolvían el chicolate,
dejando de lao el mate,
por tan rica golosina.
Se hacía puchero'e gallina;
tortas de horno, empanadas,
las brasas desparramadas,
abajo'e los asadores,
daban con sus resplandores,
color a las enramadas...

¡Bailesitos que se jueron,
por el progreso barridos!
donde se tejieron nidos,
donde las dichas se hicieron!
Los que de lejos vinieron
aventaron los fogones,
¡Pero hay en los corazones
argentinos, todavía,
bien hondo, la simpatía
por las viejas tradiciones!

jueves, 23 de junio de 2011

Dos de los de antes


La gente que peina canas
Sabe hablar de dos jinetes,
Que fueron para los fletes
Igual que abrojo en la lana.
A fuerza de maña y gana
Supieron siempre echar buena,
Los que pa otros fue condena
Pa ellos fue jugarle y risa,
Uno: don Joaquín Equisa,
Y otro Oscar Esteberena.

Los dos supieron andar
Cerca del cuarenta
Y por el sur se comenta
Que no hubo otra yunta par,
Y dentrando a ponderar
Se recuerda al Balcarceño,
En la Esquina del Lucero
Al tordillo de Arrechea,
Lo ablandó como manea
Que la ha agarrao un guasquero.

Don Oscar dicen que fue
Lo mesmo que el Vasco Equisa,
Que le dio flor de paliza
A aquél alazán de Argüello.
Que anduvo en Parque Camet
Un muy famoso gateao
De Guerrero y me han contao,
Que a un doradillo de Lopez
En Juarez sacó al galope
Y fue con todo el recao.

A un mala cara padrillo
Que era de Pastor Molina,
La fama se le termina
Cuando Equisa lo echó al trillo,
Que ha aumentao el doradillo
Velaez también lo apoca,
Y aunque era fuerte de boca
Aquél bayo de Aspitarte
Le dejó la fama aparte
Como al “Huracán” de Roca.

En cada recuerdo van
Los nombres de estos criollos
Que a Candia por Tres Arroyos,
Oscar lidió su alazán;
Por hay otros contarán
Que con los ojos vendaos,
Joaquín anduvo enancao
Con su hermano o con Juan Alza,
Porque le sobró confianza
Pa’encarar los reservaos.

Y no termina la historia
Cuando en rueda de paisanos,
Se habla de un tiempo pasao
Y de jinetes con gloria,
Pero siempre la memoria
De dos nombres utiliza,
Ya que poco se precisa
Pa dar la razón más plena,
¡Si bueno fue Esteberena,
Ahí anduvo el Vasco Esquisa!

miércoles, 22 de junio de 2011

Repitiendo una milonga

(Pintura: Carlos Montefusco)
Hoy el llano es una estampa
tendida sobre una mesa
que una mano con destreza
pintó como un poncho pampa;
hoy el novillo es sin guampa
y más manso que un cordero,
ya no es lujo el cadenero
estirado como goma
ni cuchicheando se asoma
el gorrión bajo el alero.

El modernismo arrasando
fué con las costumbres viejas,
las pulperías sin rejas
fueron de a poco quedando.
Los pajonales arando
corrieron los sabandijas,
y se compraron cobijas
y el catre fue desterrado
¡y al alma del encordado
le rompieron las clavijas!

Ya del progreso al embate
se llama gripe a la "influencia"
y nadie tiene querencia
y avergüenza tomar mate.
El remedio es disparate
si no viene en frasco escrito
y adentro en un papelito
la forma en que ha de servirse
¡Si hasta amigo pa'morirse
tiene que hacerse el bonito!

Si revolviendo el pasado
usa un remedio casero,
desparrama el pago entero
las mentas que es atrasado;
tiene que ser revisado
por el dotor largamente
y tragar pacientemente
todo lo que él le enjareta
¡aunque le tuerza la jeta
el asco del ingrediente!

Y así las cosas, cuñao
(Que va a retrucar usted-
"Si, por la mía no sé
por la suya no hay cuidao")
Le dan un certificao
donde dice de que fiero
mal entregó, amigo, el cuero
y si eso es cierto o no es cierto
¡Total, qué le importa al muerto
si ya cantó pal carnero!

En vano ante el empujón
de la vida, al empacarse;
si ve a su mujer fugarse
no hay que hacer un papelón,
detenga en esa ocasión
la pena que lo desgarra,
tampoco lo tome a farra,
sea social en su trato
¡mirando de ella el retrato
cántele con la guitarra!

Y no importa que lo explique
en su canto dolorido,
eso queda muy lucido
cuanto más se le publique:
"Entrá nomás, no te achiques",
diga si llega a volver
pues bruto no debe ser
ni demostrarse tan malo,
que es feo moler a palos
a una "indefensa" mujer.

sábado, 18 de junio de 2011

Reculando al tiempo


En los días más diversos,
con alegrías y penas
hilvanaba las cadenas
muy sencillas de mis versos;
como de arreos dispersos
campeando las consonantes
iba por pagos distantes
-tropero de mis empeños-
tejiendo ponchos de ensueños
con cosas pasadas antes.

Así encontraba el olvido
calmando toda inquietud
por alguna ingratitud
que me hubiese dolorido;
el recuerdo, colorido
le daba a la evocación
y me veía ante el fogón
con un costillar plantado,
un amargo bien cebado
al amparo del galpón.

Chillaban los venteveos
en las ramas de los sauces,
y como siguiendo cauces
cruzaban el campo arreos;
y en aquellos ajetreos
llegaban bandeando el llano
el grito de algún paisano,
de la madrina el cencerro
y algún ladrido de perro
como un lamento lejano!

Después, calma: en el alero
cuchicheaban de a ratitos
gorriones y chingolitos
y allá por el bajo, el tero;
dormitando, el ovejero
en la siesta descansaba,
las patas acomodaba
sirviéndole de almohadón,
y a veces un tarascón
tiraba a una mosca brava.

Quebraba luego el reposo
de la tarde muy serena
el chirriar de la cadena
en la "rondana" del pozo;
de la ranchada algún mozo
se llegaba a tranco largo,
que aunque no fuese de encargo,
por gaucho y por servicial,
¡traía sonriente y cordial
el brindis de un mate amargo!

Y de la hora a la pregunta
caía al punto la respuesta
y terminaba la siesta
y a con los huesos de punta;
de torcazas una yunta
era fácil divisar-
que del sol al amparar
los cuerpos como capullos,
¡deshojaba el sauce arrullos
como un doliente rezar!

jueves, 16 de junio de 2011

Cuchillo, poncho y caballo


I
Pa'l tiempo en que aún se solía,
poblé marcando orejanos
sacaos a fuego y perrada
del monte y de los bañados.

Contaba entonces mi tarja,
lo que cayera en el lazo
-sin salir de la zoncera
de veinte suertes de campo!-.

Y aquí mesmo a'nde me ve,
redotao y de tamangos,
sin darme güelta el capincho
mandaba parar a mano.

¡Ta claro!
Tenía más vacas
que moscas trai el verano.

Cuando paraba rodeo
llovía polvo en tuito el pago.

Pero...
hubo que recular
p'hacerle patancha al diablo,
y al campo de veinte suertes
lo tuve qu'ir fracionando...

A'ura me queda una suerte;
más mi suerte no es de campo:
suerte de tener salú,
cuchillo, poncho... y caballo.

II
Pa'l mesmo tiempo, tenía
un alma como d'encargo

...Cuando la poblé de sueños
dio tres engordes al año...

Alma y campo, pasto tierno;
verde esperanza alma y campo.
Los novillos con mi marca,
y los sueños... orejanos.

Lindo verme cair entonces
-tropilla'e pelo y chiniando-
a pencas y californias
como peludo'e regalo!

Medio "quebrao de verija"
y echao p'atrás el capacho,
dentraba a pedir boladas
a'nde afluejaban los guapos...

Pero, hubo que arrollar cuartas
cuando vino el tiempo malo
y hasta'l alma de a poquito
la tuve qu'ir fracionando...

A'ura me queda una suerte
pa'rimediar, cuanto cuanto:

Suerte de tener salú,
cuchillo, poncho... y caballo.
(Pintura: Pablo Uriburu)

domingo, 5 de junio de 2011

Invierno

(Pintura: Francisco Madero Marenco)
Ahora que el invierno viene
y cada vez más lo siento,
en que hace cosquilla el viento
y a maltratar siempre me tiene,
el prepararse conviene,
que va la cosa "endeveras";
cuando es muchacho, cualquiera
le sabe guapear al frío,
pero yo ya no me río
¡Empiezo a tener goteras!

Por los años muy maltrecho
lo mesmo que un pobre rancho,
que cual nido de carancho
tiene las pajas del techo,
raleadas de trecho en trecho,
revueltas cual chuzas feas
en las constantes peleas
con vientos, con aquilones
¡Por cobijar los fogones
donde el buen criollo matea!

El poncho se fue pelando
y me parece más fino:
si fuese el poncho ladino
¡Las cosas que irían contando!
De aquellas noches, de cuando
una china alborozada
no tenía otra enramada
para gambetearle al frío
¡Que el calor del pecho mío
y el poncho que nos tapaba!

Dónde estará la muy pilla,
tal vez chupeteando lerdo
el mate de los recuerdos,
vieja, bichoca y tordilla,
y eso que era como ardilla:
¡Qué moza, válgame Dios!
y ligera para los
mandados como un expreso,
¡Cuando yo le daba un beso
ella me zampaba dos!

No es de "rispeto" que un viejo
cuente eso, comentarán.
Pero ya me lo dirán
si a viejos llegan, ¡canejo!
Si no se vive el reflejo
de la juventud de ayer
¿Qué cosas pueden haber
que nos traigan alborozos?
¡Ah, tiempos de los rebozos,
se jueron pa no volver!

viernes, 20 de mayo de 2011

El Jagüel


"Ya está chocho el viejo Abel
dicen, porque en mi bichoco,
a hablar solo como un loco
me vengo junto al jagüel.
¡No he de venirme si es él
cuanto queda de la estancia!
Los dos a la extravagancia
de lo nuevo resistimos
y siendo lo que antes fuimos
nos hemos jurao constancia.

En ese lugar me veo
mesmo que cuando era mozo
cuartiando la manga el pozo
cargadita a mi deseo.
El ganao al barbolleo
paraba pronto la oreja,
y entre vaca y entre oveja
hasta baguales caían
y en el agua que bebían
ahogaban juntos su queja.

Baño de la patroncita
aquella glorieta fué
que hoy derrumbada se ve,
sin flores, cuasi marchita.
Hasta la mesma zanjita
es hoy rastrillada incierta;
yo la uní con la compuerta,
y el agua dende este sauce
hallaba en ella su cauce
pa dir a regar la huerta.

Seca como las vasijas,
seca como el bebedero,
todo se ha güelto un vivero
tan sólo de lagartijas.
El agua por las rendijas
se iría que es compasión.
Ni en la orilla del zanjón
crece ya el camalotillo
que le gustaba al potrillo
favorito del patrón.

Todo cuanto quise y quiero
vivió arrimao a este pozo.
Por eso pena y no gozo
siento al mirar su crucero.
Lo que anidar un hornero
la finadita y yo vimos
y enamoraos aprendimos
del pájaro la lición,
juntando paja y terrón
también nuestro rancho hicimos.

Ella a veces: -"¡Que has cinchao!"-
me retaba: -"Sosegate!"
Y alegre me traiba un mate
de espumita coronao.
¡Ah cielo, me has condenao
a ver mudanza tan fiera!
¡De balde me lo alvirtiera,
pa que ya nunca lo olvide,
el mesmo hornero a quien vide
llorando muerta a su hornera!

Y ahura si hasta el pozo voy
miro con horror su aujero.
La manga ya no es un cuero,
un verdín jediondo es hoy.
Ahí junto al hoyo me estoy
por si algún rumor se siente.
Veo una luz redepente,
me acerco anhelante al bordo,
y el sapo rezonga sordo
y no mana la vertiente.

Tampoco hay agua que echar
en mi alma seca, de juro:
soy pozo olvidao y escuro
que se comienza a abombar".
Es tan bárbaro el pesar
del viejo Abel a esta idea,
que furibundo se apea,
busca en el pozo la soga,
la ata y de ansiedad se ahoga
cuando el zaino talonea.

De pronto pensó en dar vida
al agua muerta del pozo
con retirar sin reposo
la verdosa y corrompida.
Y la hacienda detenida
en bretes de un uso extraño
volvería a ser rebaño
que rebelde a la ración,
bebería en el zanjón
el agua fresca de antaño.

-"¡No has de arrumbarme a lo perro!-
gritó al moderno molino.
-La rueda de mi destino
no está en tu torre de fierro."
Y apurando el desentierro
de la manga, soltó rienda;
creyó ver llegar la hacienda,
la roldana un ¡ay! lanzó,
y en los aires levantó
chorreante cosa tremenda.

Igual que ternera ahogada
suspendida de aquel modo
la manga empezó a echar lodo
pero no quedó vaciada.
De manera inesperada
se hundió con agrio rechino
y el zaino como chapino
botando al viejo en la alberca
le hirió la cabeza terca
al dictado de su sino.

Sobre resplandores rojos
la noche enlutaba el cielo
y el viejo, para consuelo,
volvió hacia arriba los ojos.
"Aquí quedan los despojos,
dijo, del Pozo de Abel.
No dirán que le juí infiel,
dende que cabal mi suerte
me dió pa cajón de muerte
la balsa de mi jagüel".

jueves, 19 de mayo de 2011

Del tiempo de antes

(Foto: Eduardo Amorim)
A la hora en que’l sosiego
de la oración se venía
y en el poniente se hundía
el sol, como bola ‘e fuego,
cuando el lucero muy luego
a encenderse comenzaba,
desde lejos se alcanzaba
a divisar un jinete
que al galope de su flete
cortando campo avanzaba.

Fácilmente se hacía cargo
quien lo mirara un instante
de que tenía por delante
algún viaje medio largo.
Pues se vía sin embargo
d’ir bajo el pellón guardau
más de un chifle y a su lau
pa’ que menos sitio abarque,
un gran pedazo de charque
tras de los bastos atau.

Montaba un gatiao overo
entuavía tan potrillo
que a gatitas el colmillo
le asomaba por entero.
Tanta pinta de ligero
tenía el animal aquel
que’l avaro más sin yel
le hubiera sin duda alguna,
fiado todo su fortuna
en cualquier andarivel.

Las narices como hornalla,
ancho el pecho, corto el lomo,
no se vía ni por asomo
en todo el pingo una falla
y si por su linda laya
era de justa alabanza,
no tenía comparanza
pa’ correr en el rodeo,
o florearse en lo más feo
de algún entrevero a lanza.

De redomón al estilo
iba el potrillo enriendau
con un sencillo bocau
hecho de puro pabilo
y pa’ viajar más tranquilo,
como gaucho previsor,
al cogote el maniador,
y a manera de cencerro
iba la pava de fierro
colgándole del fiador.

Vestía poncho de pañete
grueso y largo por demás
pues por la parte de atrás
le tapaba el anca al flete.
Pa’ que’l frío lo respete
iba en bayeta forrau,
a la cabeza añudau
un pañuelo que se atara
y haciendo sombra a la cara
el panza ‘e burro inclinau.
.......................................

Y cuando allá en el confín
de los horizontes vastos
murió el sol sobre los pastos
entre celajes carmín,
en la llanura sin fin
el jinete del gateado
cada vez más esfumado
por la oscuridad creciente
era un símbolo viviente
de nuestro heroico pasado.

martes, 10 de mayo de 2011

Revisando las marcas

(Pintura: Rodolfo Ramos)
Al chasque lo hice esperar
-que se abaje y tome mate
demientras da un sosegate
al pingo, en su trajinar-,
es que quería contestar
áhi nomás sobre la pata,
su mesiva, que tan grata
le resultó a mi apreceo
y ande’l campo es un recreo
en su espresión más sensata.

¡Qué tiempos aqueyos...! vea,
campo hacienda... hacienda y cielo,
un bañao que corta el suelo
y el cielo en él se florea;
se me hace al punto la idea
dir a’rrimar la tropiya
porque cuando un hombre’nsiya
es más hombre y más entero!,
y ya’l tañir cencerrero
es la vida maraviya!

Linda hacienda crioya... ahijuna!
con guampas como pa’ chifle,
(guarda si algún mercachifle
cruza en forma inoportuna!),
estensión en que se acuna
el más campero entender,
estancia crioya de ayer
sin cerco y sin alambrao
en la que no entró el arao
y hay mucho que recorrer.

Por eso, de vez en cuando
quien la propiedá demarca
dir “revisando las marcas”
anuncia con voz de mando.
Y salen como jugando
los hombres pa’ esa junción
y un patrón y otro patrón
que van juntando lo suyo,
mientras que’l campo es arruyo
de natural condición.

Ayá el chasque me hace seña
como pa’ que apure’l tranco,
entonces, pa’ serle franco
pongo punto a la reseña.
Bien la vida crioya enseña
a ser gente... con la gente,
y por eso, consecuente
con su trato tan paisano
le apreto juerte la mano
y le agradezco el presente.

(14/01/2008)

martes, 19 de abril de 2011

Calle antigua

(Foto: Eduardo Amorim)

Si yo pudiera volver
por el tiempo galopando,
y los años desandando
me volvieran al ayer,
calle antigua podría ver,
tal vez desde una tranquera,
el fueguito de un linyera,
tranquilo, tomando mate.
Y pasar para el remate
la tropa y la polvadera.

Con cencerro tintineante,
vería dir tropillas flores.
Comparse de esquiladores
con los ponchos por delante.
Al vendedor ambulante
y a la galera pasando,
los caballos pellizcando
de una chata desatada.
Y al hallarse a la pasada
dos paisanos conversando.

Vería a doña Luisa
por la loma'e las vizcachas,
el sulki con las muchachas,
meta charla y meta risa.
Y así, como quien divisa,
vería dir una atadora,
y a una vieja trilladora
de antiguo motor humeando,
dir pa'otro campo rumbeando
con su gente seguidora.

Podría ver en un domingo,
sus lindas pilchas mostrando,
pa'l boliche desfilando
cada paisano en su pingo.
Las ovejitas de un gringo
que una rubia pastorea;
y sería fácil que vea
que el remolino que viaja,
mueve el flequillo de paja
que los güellones bordea.

Vería un cuis que se cruza,
carruajes de todas layas,
volantas y chatas playas;
el charré y la chata rusa.
Mirar pa'atrás la lechuza,
a un ternero con trompeta.
Vería una martineta
refugiarse en las orillas.
Y allá contra las varillas,
la agonía de un maceta.

jueves, 14 de abril de 2011

Estancia vieja


Entre los hombres camperos
tiempo atrás era un orgullo
ser mensual en "El Mangrullo",
domador o peón resero.
El que hoy la vea, aparecero,
tal vez mi tristeza sienta
porque a medida que aumenta
los cambios en su manejo
de los lindos tiempos viejos
le quedan solo las mentas.

Al faltar don JULIO ALDAO
el gaucho y viejo patrón
por causa'e la sucesión
hoy un gringo la ha comprao.
Aura está todo cambiao
todas son transformaciones.
Una cuadrilla de peones
ha levantao sin tardanza
corrales, manga, balanza,
y pa los toros, galpones.

Todo patrón extranjero
habla de refinamientos,
de razas, de cruzamientos
y del valor de los cueros.
Le interesan los terneros
y los cuadros de invernada.
Ansina fue que de entrada
hizo arar y hechas semilla,
prohibiendo tener tropilla
a todita la peonada.

De mi tropilla'e tostaos
no me quise deshacer
y hoy los tengo que tener
a tuitos desparramaos.
Cuatro chuzos'e soltao
allá en el puesto'e "Las Ruinas",
dos le he prestao a Medina,
tengo una yunta conmigo
y en el campo de un amigo
un tostao y la madrina.

Si seguimos a este paso
ha de prohibir sin demora
el uso e las boleadoras,
espuelas, rebenque y lazo.
Retobao, mando un planazo
calculando la distancia
y perdonen mi ignorancia
si equivoco la opinión,
¡Que estancia sin tradición
ya deja de ser estancia!

Como no quiero agringarme
y soy hombre decidido
hoy las cuentas he pedido
pá mañana retirarme.
No sé pa ande ha de llevarme
el sotreta del destino
pero firme en mi camino
les digo con arrogancia,
¡Dentraré solo a una estancia
donde mande un argentino!

martes, 5 de abril de 2011

Un abuelo


De la histórica entrerrianía
montonera Ramirista
..............................

Malherido, ciego, ronco,
todo en sangre, cuerpo y cara
se afirma como en un tronco
en su resto de tacuara.

¡No me rindo! ¡Viva Pancho!
La voz, apenas se escucha,
espera, en vuelo, un carancho,
que cese la cruenta lucha.

Un gaucho, en dulce consejo
le grita en la última carga
¡Acuéstese, Tata Viejo,
la agonía es menos larga...!

"¡Llevame en anca, siquiera...!"
¿Echarse él, igual que un buey?
Patriarca en la montonera
sabrá cumplir con su ley.

Entre la verde gramilla
se ha hecho la herida, vertiente,
el banderín de lanilla
es también, sangre caliente.

Cruza un potro en fuga loca
con un lanzazo en el cuello
y un clarín aullante, toca,
allá en el bajo: ¡A degüello!

El guerrero monologa
apagados desafíos,
tiende la noche una soga
con quietos ponchos sombríos.
.............................
Ya es otro día: amanece
aún de pie, muerto, el abuelo...
sobre la loma, parece
¡un monumento a su suelo!

miércoles, 9 de marzo de 2011

Romance de Pumas


Hacen ricién unas horas
que terminó el entrevero.
Entuavía sale el humo
de sangre, hocicos y fierros.
Los redotaos buscan madre
sierra arriva o monte adentro
y sus galopes encienden
un chisporrotear de teros.
Allá se paran diez gauchos
pa morir pisando el freno.
Sacan coraje de un pozo
que tiene brocal de cuervos.
Sobre el albardón heroico,
se echa un arroyo regüelto
de redomones clinudos,
divisas, chuzas y viento...
y los clarines mellaos
dentran a tocar degüello!
El regatón de las lanzas
va dando güeltas a los muertos;
buscan el viejo caudillo
pa que sirva de escarmiento.
Cuando redame la sangre
de ese General Lucero,
las yegüas no dan más potros,
las chinas no dan más güenos.
Salió en un moro aplastao
y no puede dir muy lejos...
Pa que no se les escape,
boliadoras como perros
se prenden a los garrones
de los últimos dispersos.
Al calor de su tapera
está sentao un agüelo.
Lo hacen temblar los cimbrones
de cuasi setenta inviernos.
Parece tres veces manso:
de güey, de surco y de tiempo...
y lleva un tigre tapao
con un vellón de borrego;
porque a caballo de lanza
es el general Lucero.
Los contrarios van y vienen
sin ver a ese pobre agüelo,
que encontró un poncho de sol
y duerme entre el avispero.

Allí cerquita, en el patio,
pisa la sombra del viejo
uno de sus ayudantes
que acaba'e cáir prisionero.
Es un lindo mozo'e campo.
Lo esperan allá a lo lejos,
la madre con un bendito
y la novia con un beso.
Está vivo de milagro;
porque el caudillo reseco,
golpea a sus ayudantes
en los yunques del infierno.-
Él se los quita a las madres,
pa darlos a los troveros
que van a sembrar semillas
de tacauaras y guapeos,
cuando le borren su rastro
las heladas del silencio.

Un capitán enemigo
le pregunta al prisionero:
-"¿Dónde anda su general?"
-´"¡Sabe Dios...!- responde el preso,
y se sonríe pensando
que está a media vara de ellos.
Entonces salen al frente
cuatro milicos con réminton.
-"Se le perdona la vida
si nos entrega a Lucero.
Tiene un minuto, ayudante".
Y el caudillo sigue quieto...
recuerda que en "El Talar",
le baliaron el overo...
y que este mismo muchacho
enderezó a lo más feo
y a remesones de espuela
jué gastando el entrevero,
pa dar vida, estribo y anca
a su General Lucero...
Por premiar esa gauchada,
él, delante del ejército
mandó tocar los clarines,
hizo parar ese lancero
la cruz de una bendición
y se la prendió en el pecho...
Hoy dejan que lo jusilen;
él ya no es hombre: es cencerro,
lo necesita su causa
pa entropillar los dispersos;
es la bandera de carne,
la única fe del ejército...
no puede morir por gusto,
como cualquier mozo d'estos;
tiene que cáir de un caballo
al frente de sus lanceros!
-"¡Hable!"-grita el capitán-,
nos va a entregar a Lucero".
El mozo no le contesta,
se jué a cobrar aquel beso...
le está mostrando a la novia
la cruz que ganó supecho...
-"¡Preparen!"
Cumplen la orden.
Y el caudillo sigue quieto:
pero que no se demoren,
porque él lleva un gaucho adentro
capaz de dar más valor
a un muchacho que a un ejército...
-"¡Apunten...!"
Los tiradores
esperan la voz del fuego.
Y los sacude un bramido.
Y se transforma aquel viejo,
y cimbra como una lanza
cuando se clava en el suelo,
pa gritarle al enemigo:
-"¡Soy el General Lucero...!"