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jueves, 20 de enero de 2011

De Chivilcoy he venido

(Foto: Eduardo Amorim)

En mi estrellero, sin tumbos
Arreando pena y olvido
Jinete en los cuatro rumbos
Dejé mi pago querido.

Llevando en anca mí empeño,
Que era en mi noche una luz,
Del lao del lazo, un ensueño,
Y mi cariño en la cruz.

Pechando sombras de ausencia
Anduve muchos caminos
Siempre soñando querencia,
Siempre con fe en mi destino.

Ví reflejarse el lucero
En la tranquila laguna
Y al tranco de mi estrellero
Viví silencios de luna.

No tuve nunca un reproche
En caso de mi querer
Llené de silbos la noche,
Cantando vi amanecer.

Senderos de sol y luna
Senderos de luna y sol
Desesperanzas, ninguna.
Mi canto eterno, el amor.

Así llegue hasta mis años
Lo mismo que he sido, soy
Un mozo sin desengaños
Del pago de Chivilcoy.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Del pasado

(Foto: Colección del Museo Municipal de Miramar)

Un carro de carnicero
todo color de esperanza.
El cimbronear de la lanza
al paso de los tronqueros
De tiro va el cadenero
sujetado a la culata,
y entre tintes de escarlata
el sol se aleja abatido,
porque la noche ha encendido
su farolito de plata.

Tranco a tranco entre penumbra
su silueta recortando,
sigue la chata avanzando
camino del corralón,
va colgando del pescate,
balanceándose lustrada,
con tachuelas dibujada
la estampa de un corazón.

Las riendas en la derecha,
entre tristón y altanero,
canturreando va el carrero,
con un clavel en la oreja,
sombrero sobre una ceja,
un pañuelito anudado,
pantalón abombachado,
blusa corta arremangada
y sobre el pecho estampada,
la inicial que le han bordado.

Casi envuelta por la sombra,
siempre a tranco acompasado,
chata criolla del pasado
te vas para no volver.
Y llevas en el pescante,
marchando rumbo al olvido,
al carrerito florido
del Buenos Aires de ayer.