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sábado, 6 de agosto de 2011

Este pago de Dorrego


Es el llano redondo y siempre verde,
lujoso tirador que se engalana
con arroyos de inquieta platería
y con lagunas de monedas mansas.

Predio rural techado de gaviotas,
dos horcones fluviales lo apuntalan:
el Sauce Grande y el Quequén Salado
que llevan hacia al mar toda la pampa.

Por el Quequén descienden los luceros,
por el Sauce discurren las calandrias,
ambos nacen con brios en la sierra.
y después la llanura los amansa.

¡Tiene tantas maneras de este pago
de proclamar su herencia sin palabras!
En huesos laminados de intemperie,
en su espina dorsal agropecuaria.

En el costado azul y salobreño
con infinitos pajonales de agua,
donde un mangrullo litoral ondea
desplegando su luz hospitalaria.

¡Tiene tantas maneras este pago
de publicar sin gritos sus hazañas!
El soldado de solo sable y poncho,
y el coraje supliendo lo que falta.

El gaucho desplazado, casi en cueros
y sin embargo entero en las patriadas,
el estanciero que rindió baguales;
e inició con alambres el mañana.

La ferviente milicia de fronteras
cobrando sin cesar la tierra huraña;
el domador, el chasqui, y el labriego,
la multitud anónima que pasa.

Por el margen callado de la historia
con humildad de pueblo; sin medallas,
y la gente, nación, creciente gringa
que se entrego a la gleba en cuerpo y alma...

¡Tiene tantas maneras este pago
de recordar las cosas sin nombrarlas!
Era un suelo orejano, sin memorias
polvo ancestral sobre la boca atlántica.

Apenas si algún raudo pie aborigen
erigiría la vida en sus distancias,
llanura arrebujada en el silencio,
tuvo un despunte vial en rastrilladas.

Y en el toldo, aunque fugaz, le alzó querencias
donde no había más que cielo y pampa
Salvaje latitud de patriotismo,
no eran hombres, más bien toros en ascuas.

Aquellos del principio, los que echaron
la raíz verdadera pero amarga.
Allí estaban entonces los bañados
asiduos de totora y paja brava,

de carrizo y plumosas cortaderas
en un vaivén espeso de arrogancia,
desvelados de teros y bandurrias,
de gallaretas siempre en algarada,

de flamencos absortos floreciendo
como rosas vivientes sobre el agua.
Allí zorros, vizcachas y peludos
como dueños campeaban a sus anchas.

Corría el avestruz a toda rienda
enteramente libre de asechanzas
y todo bicho del señor cabía
en esa rama libre y espontánea,

en ese crecimiento imperativo
que era en todo bagual y lo gritaba
Con doncella de cobre y ojos negros
en su fugaz momentos de torcazas,

con mocetones ágiles, sombríos,
pumas vertidos en vasija humana,
allí fundó su indómita progenie
el ser elemental, el puro pampa

que dió Calfucuraes y Catrieles
y una agria población de vincha y lanza.
Luego el tiempo que es potro inapelable
va volteando caminos a la espalda,

y la huella desnuda y cimarrona
se entrevera con rastros de otra laya.
Ranchos de adobe y junco, lentamente
afirman la experiencia sedentaria,

promoviendo brocales y tranqueras
y los trozos fecundos de las chacras.
los hombres se acollaran a la tierra
penetrados de amor y de esperanza,

y le dan lo mejor: la fuerza, el hijo,
de sol, a sol la frente, y la plegaria,
y en el estricto holgorio, algunas veces
la costumbre del mate y la guitarra,

y tal vez una danza campesina
con vuelos querendones de zarazas.
Quedan pocas parcelas redomonas;
sobre el erial hay música de parvas,

y se diluye el tránsito matrero
en la densa corriente provinciana.
¡Tiene tantas maneras este pago
de ponderar su médula paisana!,

en ritmo cereal innumerable,
en el pulso de eglógicas manadas
en el costado azul y marinero
donde todo concluye en cielo y agua,

donde hay torre de arena sobre el viento
y palomas de sal sobre la playa.
¡Tiene tantas maneras este pago
de expresar los colores de la patria!

viernes, 29 de julio de 2011

Estampa pampeana

(Pintura: Blanes)
Bien tempranito mateando,
contemplo la tierra arada
y la blanca gaviotada
sobre las melgas volando.
Veo un potrillo mamando
tras una verde lomada,
a toda la caballada
tranquilamente pastando
y una volanta pasando
por dos caballos tirada.

Apenas el sol refleja,
se oyen relinchos, mugidos.
Los perros a los ladridos
por alguna comadreja.
Una lechuza se aleja
desde un poste a los chistidos,
las gallinas desde el nido
cacarean alborotadas,
unas nubes coloradas
y un fresco manto e’ rocío.

Cerca del camino real,
detrás de los bebederos,
se escucha gritar un tero
que está cuidando el nidal;
y al ladito del corral
donde se encierra el nochero,
está el galpón con aperos
y un montón de cosas viejas:
Cencerros, maneas, rejas
lazos, tientos y unos cueros.

Y después de haber mateao
con tanta belleza junta,
voy preparando una yunta
de pingos para el arao.
Toda la vida he pasao
en el campo, compañero,
y le voy a ser sincero:
Allí me quiero morir
cuando cansao de vivir
me lleve el sepulturero.
...........................

Agradezco dende veras, con un abrazo machaso, el aporte de este verso a don Fernando A. Gomez Tulaj. Quién además de regalarme este campero "cuadro" hecho verso; en pocas y sentidas palabras me ha reavivao las ganas de seguir colgando versos criollos pal que le guste. Gracias don Fer desde lo más hondo de mis achuras! Del gauchoguacho

martes, 21 de junio de 2011

Viento de otoño

(Pintura: "Moisesville" de Gaby Grobo)
Barriendo viene el camino
el viento que el polvo aventa
y desde lejos se menta
la fuerza del remolino;
chirria el eje del molino
y la rueda hace gambetas;
dan dos vueltas las paletas,
las repiten al revés,
y se oye de vez en vez
silbar a las martinetas.

Sacude de tanto en tanto
los sauces que amarillean,
sus hojas muertas gotean
con la blandura del llanto:
se siente un vago quebranto,
la angustia rompe su entube,
y a la garganta nos sube,
aumentando el desconcierto,
si el sol que parece muerto
se esconde tras una nube!

Queda algún nido de hornero
entre el ramaje desnudo
aguantando el soplo rudo
y seguidor del pampero;
se hamacará con el fiero
sacudir, allí en su horqueta,
y se me hace a mí, poeta,
al ver que nunca lo saca
¡un gaucho como una estaca
que jinetease un sotreta!

Aunque el alma como fierro
tenga el hombre más fortacho
siente, si no es muy muchacho,
como el frío aullar de un perro:
el Destino su cencerro
deja oir hasta el más feliz,
que la vida es un desliz,
sin un posible retoño
¡y tiene también su otoño
como esta tarde gris!

sábado, 18 de junio de 2011

Reculando al tiempo


En los días más diversos,
con alegrías y penas
hilvanaba las cadenas
muy sencillas de mis versos;
como de arreos dispersos
campeando las consonantes
iba por pagos distantes
-tropero de mis empeños-
tejiendo ponchos de ensueños
con cosas pasadas antes.

Así encontraba el olvido
calmando toda inquietud
por alguna ingratitud
que me hubiese dolorido;
el recuerdo, colorido
le daba a la evocación
y me veía ante el fogón
con un costillar plantado,
un amargo bien cebado
al amparo del galpón.

Chillaban los venteveos
en las ramas de los sauces,
y como siguiendo cauces
cruzaban el campo arreos;
y en aquellos ajetreos
llegaban bandeando el llano
el grito de algún paisano,
de la madrina el cencerro
y algún ladrido de perro
como un lamento lejano!

Después, calma: en el alero
cuchicheaban de a ratitos
gorriones y chingolitos
y allá por el bajo, el tero;
dormitando, el ovejero
en la siesta descansaba,
las patas acomodaba
sirviéndole de almohadón,
y a veces un tarascón
tiraba a una mosca brava.

Quebraba luego el reposo
de la tarde muy serena
el chirriar de la cadena
en la "rondana" del pozo;
de la ranchada algún mozo
se llegaba a tranco largo,
que aunque no fuese de encargo,
por gaucho y por servicial,
¡traía sonriente y cordial
el brindis de un mate amargo!

Y de la hora a la pregunta
caía al punto la respuesta
y terminaba la siesta
y a con los huesos de punta;
de torcazas una yunta
era fácil divisar-
que del sol al amparar
los cuerpos como capullos,
¡deshojaba el sauce arrullos
como un doliente rezar!

jueves, 16 de junio de 2011

El canto de la pampa


Yo siento como perdura
en los sembrados que acopio,
ese orgullo, ese amor propio
de la grandeza futura.
Y tendida en la blandura
de mis lomas sin marañas,
tiemblo en génesis extrañas
al beso del sol amado...
¡Yo nací para el arado
que me rompe las entrañas!

De los astros al vibrar
sin quebradas y sin montes,
me abrazan los horizontes
en un incendio solar.
Siento lo inmenso del mar
en mi regazo fecundo
y de rumores inundo
el espacio siempre abierto...
¡como si alzara el desierto
las armonías de un mundo!

En la curva indefinida
de mi verde exuberancia
es vértigo la distancia
sin valladar y sin brida...
Y del Andes desprendida
-sábana inmensa de mies-
palpita el mundo al través
de la tierra que se asombra...
¡Al tenderme como alfombra
para que rueden sus pies!

Yo guardo de la leyenda
sobre mi límite ancho
la vieja historia del rancho
como la última ofrenda...
Y en el polvo de la senda
que corta la lejanía,
aún resuena de'otro día
en polvoreda de lauros
¡el galope de centauros
de la patria bizarría!

En mis verdes extensiones
que el arado despedaza
parece crujir la raza
mezclada con los terrones.
Del pasado los girones,
llevan los surcos triunfantes,
y en los confines distantes
de la fiera y del corcel
¡sutura tajos el riel
de una herida de gigantes!

Yo llamo con alboradas
de profética vislumbre
a la vieja muchedumbre
de las tierras agotadas.
En apoteósis de azadas
abro al mundo mi heredad,
por que la fecundidad
de mi suelo ha de extinguir,
¡el hambre de porvenir
que tiene la humanidad!

Venga el hierro del cultivo
y el brazo del sembrador
que mi suelo redentor
no ha sido estéril ni esquivo...
Tiembla el orgullo nativo
en mis humanos antojos,
y con los sacros despojos
de heroísmo que en mi duermen
revienta espigas el germen
y se enfloran los rastrojos!

Yo siento, patria, la diana
del futuro que fascina,
patria, que siendo argentina,
no dejás de ser humana.
Yo soy la tierra lejana
que se convierte en venero,
la que enguirnalda el alero
de tus glorias de arrebol
¡y canta dianas al sol
con el clarín del pampero!

El pago


Eres de mi rancho alero
y del recado la cincha,
de mi frente eres la vincha
que llevo bajo el sombrero;
eres el nido de hornero
donde anida mi canción
y freno de mancarrón
que cruza el desierto al paso,
en fin,pago, eres el lazo
que pialó mi corazón.

Eres el gaucho tropero
el alma pura y sencilla,
eres la verde gramilla
donde retoza mi overo;
eres el viento pampero
en el triste atardecer,
mas eres amanecer
en la cuchilla ondulada,
eres la flor colorada
en el ceibo , al florecer.

Eres llama del fogón
donde se dora el asado
y cimarrón ensillado
que da jugo al corazón;
eres tierna vibración
de la guitarra querida
la única que en la vida
nos va endulzando el dolor,
eres, en fin, esa flor
de espinillo desprendida.
..............................
Autor: disculpe, lo estamos averiguando.

(Foto de el Espinillo en flor tomada de "Los Aliados del Paraná")

De paso por la llanura

(Foto: Eduardo Amorim)
Es un espejo el arroyo
que le abre un tajo al potrero
y taloneando un overo
se larga a cruzarlo un criollo;
marca la boca de un hoyo
chiflando el alambrador;
rompe el silencio un cantor
pecho de bronce y badajo,
mientras deja boca abajo
la gramilla, el arador.

Dos nubes medias lobunas
al sol lo van emponchando
y mira al maizal pensando:
“¡Dios quiera que llueva, ahijuna!”;
un gran ventarrón acuna
en el alambre, a un zorzal,
al ancho camino real
le da un chirlo a la pasada
y deja la rastrillada
de blanco polvaderal.

Un toro muy enojao
da unos balidos machazos
y escarba a los manotazos
un pozo medio ovalao;
un corderito asustao
no sabe pa’nde agarrar;
un tero empieza a gritar
al ver una comadreja
y en el lomo de una oveja
un tordo sale a pasear.

De repente parecía
que era una “poya” de luces
la bandada de ñanduces
que por el bajo corría,
y cuando el potro del día
daba el último arrastrón
sin trinos, medio tristón,
de lejos miraba el monte,
que hacía fuego el horizonte
pa’ tomar un cimarrón.+

miércoles, 8 de junio de 2011

Bañao

(Foto: Eduardo Amorim)
Vuelan los patos silbones
ante el grito del chajá,
tal vez un zorro andará
con aviesas intenciones.
Suelta el viento, en ocasiones,
un bostezo prolongao.
Varias garzas se han parao
solo en una de sus patas
y alzan la cabeza a gatas
si un tero cruza el bañao.

Las gallaretas sus nidos
con mil ramitas formaron
y astutas, los ocultaron
entre los juncos erguidos.
Los flamencos coloridos,
tiñen todo de rosao.
Los cuervos que se han volao
conforman oscura nota
y una V corta grandota
se refleja en el bañao.

Una cigüeña aburrida
de tanto mirar pa'abajo
ve en el agua un renacuajo
y se lo embucha enseguida.
En medio de tanta vida
cruza un chimango apurao
y las ranas que han estao
vigilantes, se han hundido
con un salto bien medido
en el fondo del bañao.

Los chorlitos, muy formales,
-en la orilla, al picotear-
parecieran conversar
con un par de teros reales.
Un biguá cuenta sus males
al sol recién ocultao
y es un poncho colorao
el cielo en el horizonte
que cubre el techo del monte
aledaño del bañao.

La noche por ser mujer
se contempla en ese espejo.
Las estrellas su reflejo
desparraman por doquier.
Ellas no pueden saber
por qué el patrón enojao
dice que es campo arruinao
ese bajo pantanoso,
sin comprender cuan hermoso
resulta ser el bañao.

El totoral a esa hora
semeja antiguos lanceros
que empuñando sus aceros
cabalgan hacia la aurora.
¡Cuánta belleza atesora
este terreno anegao!...
Como jamás el arao
en él pudo penetrar,
ruega el sapo en su cantar:
¡Que no se seque el bañao!

martes, 7 de junio de 2011

Siesta

La chicharra, con prestancia,
lanza en horas de la siesta,
los acordes de su "orquesta"
en el patio de la estancia.
El sol en tal circunstancia
sigue "apretando" muy fiero,
y en el campo todo entero
parece que el suelo arde
al calor de media tarde
de un bravo día de enero.

Bajo la sombra mejor
cada peón tiende el recao,
buscando el que ha madrugao
un sueño reparador.
El mangangá zumbador
con su figura cargosa
rezonga en forma enojosa
todo el patio dominando,
dando vueltas y observando
como una china curiosa.

Se ven blanquiar esquiladas
las ovejas del plantel,
unas que van pa el jagüel
y otras en la sombra, echadas.
La mosca brava, en bandadas,
cargando se engolosina
y si el rigor no mezquina
cuando a la tropilla azota,
suelta el cencerro su nota
al mosquiar de la madrina.

En el cielo despejao
-celeste telón de fondo-
el astro rey, muy orondo,
parece haberse agrandao.
El pastito chamuscao,
impotente, entristecido,
se dobla sin un gemido
como si fuera un anhelo
pedirle perdón al suelo
por entregarse vencido.

lunes, 6 de junio de 2011

Flores del monte


Flor de la costa entrerriana
que perdida en el follaje
da esplendores al paisaje
de esa tierra soberana.
Donde al rayar la mañana
la saludan los zorzales
en tupidos matorrales
donde el ceibo se levanta
esa magnífica planta
engarzada de corales.

Allí crece el espinillo
exhalando sus aromas,
allí gimen las palomas
de atornasolado brillo
y entre el débil plumerillo
que blanquea en las cuchillas,
el trébol y las gramillas
le dan al aire pureza
y al corazón la tristeza
que entonan las avecillas.

El Uruguay en su lecho
corre entre lindas piedritas
cual las penas infinitas
que a solas guarda mi pecho.
Allí muestra el verde helecho
entre penas su frescura,
allí queda la ternura
que mis padres disfrutaron
con las dichas que pasaron
como el agua limpia y pura...

Allí a la hora de la siesta
me la pasaba en el monte,
contemplando el horizonte,
el cielo, el llano, la cuesta.
De las aves dulce orquesta,
del río suave murmullo,
de las flores el capullo
fueron la luz de mi vida,
allá en la tierra querida
de mi sangre y de mi orgullo!...

Motivo de invierno

(Pintura: Rodolfo Ramos)
Silbando por el rastrojo
se siente a la colorada;
el sol es una frazada
pa'l que anda de ropas flojo;
la vista goza a su antojo
de la claridad del cielo
que solo rompe el desvelo
con un punto que lo mancha:
el chajá, que el aire ensancha
de su pacífico vuelo.

Se respira el aire frío
con fruición de cosa grata
y la calandria desata
su insistente fío-fío;
el gallo su desafío
lanza y en el suelo escarba,
y al reparo de la parva
los chicos muy retozones
calientan sus sabañones
¡Pican una cosa bárbara!

Se calma la picazón,
según la cencia gauchesca,
buscando una hortiga fresca
y golpiando la hinchazón;
y sé que tiene razón
y le doy por eso alientos
con mi recuerdo a los tientos
con que a veces me emborracho
del tiempo en que fuí muchacho,
allá por el novecientos.

Por la mañana temprano
salía a buscar tropilla,
el carrero, porque ensilla
después de darle su grano;
se endurecía la mano
en las riendas y del morro
el aliento como un chorro
de vapor se iba escapando
y a los charcos gambeteando
seguía al trote el cachorro.

A veces a la distancia
con grito nos anunciaba
si a "Don Juan" me lo encontraba
en el campo de la estancia;
como esperando su instancia
a cosa tan divertida,
montábamos enseguida,
que el zorro tiene sus tretas
y en ocasión a gambetas
se suele escapar con vida.

Lo acosábamos con saña
sin darle tregua al bandido
que a vueltas nos ha tenido
corriéndolo la mañana;
andan gritando la hazaña
los teros alborotados
y disparan asustados
potros, ovejas, novillos
y los pobres corderillos
que balan abandonados!

jueves, 2 de junio de 2011

Paisaje con nieve

Apenas un caminito
Sobre la Puna nevada.
Un largo rastro parduzco
Donde pasan las majadas.

En el espejo del aire
Se mira el cóndor las alas.
Y el pastor de poncho puyo
Se va atrás de la majada...

"¡Por qué me ha olvidado el río,
Que en el verano cantaba...!

Anoche murió la luna
Sin besar la madrugada
Tal vez por esa tristeza
No tiene sol la mañana.

En casa de los pastores
Las quenas están calladas
Sólo el canto, tiritando
Por detrás de las majadas...

"¡Por qué me ha olvidado el río,
Que en el verano cantaba...!

Apenas un caminito
Sobre la Puna nevada.
Un largo rastro parduzco
Donde pasan las majadas.

En el espejo del aire
Se mira el cóndor las alas.
Y el pastor de poncho puyo
Se va atrás de la majada...

¡Por qué me ha olvidado el río,
Que en el verano cantaba...!

Al Pampero

(Pintura: Oscar Sacchi)
Hijo audaz de la llanura
y guardián de nuestro cielo,
que arrebatas en tu vuelo
cuanto empaña su hermosura:
¡Ven, y enérgico y valiente,
bate el polvo en mi camino,
que hasta soy más argentino
cuando azotas en mi frente!

Pd: dedico este verso al Prof e Ing.Oscar R.S. Sacchi por sugerirlo, chas gracias paisano.

jueves, 26 de mayo de 2011

Puesta'e sol


Entre la tarde y el sol
hubo aquel día un gran duelo
qui’asustao el mesmo cielo
s’escuendió en el arrebol.
El sol sin ningún control
quiso inventar una treta,
pero haciéndole gambeta
la tarde, ni caso l’hiso…
p’agarrarlo d’improviso
y hacerle un tajo en la jeta!...

A gritos estaba un tero
yorando en la soledá
y se burlaba el chajá
del otro lao del estero.
De vez en cuando un ternero
balaba encerrao. Y fieras
las lechusas agoreras
miraban dende las lomas
a las inquietas palomas
picar en las sementeras.

Dio el sol una reculada
cubierto ‘e sangre cobarde
porque’n el duelo, la tarde
le pegó una puñalada.
La escuridá, unque asustada,
yegó hasta el mesmo entrevero.
El silencio rainó entero
en el yano y el espacio
y entonce’, el sorro, dispacio
s’encamino al gayinero!...

(Pintura: Iván Moricz Karl)

martes, 24 de mayo de 2011

Tardecita de mi ayer

(Fotos: Eduardo Amorim)Andaba un suave vientito
a la bulla entre el maizal
y repuntaba un mensual
la majada al trotecito.
Tocó el chajá con un grito
la retreta del bañao;
después miré pa'l costao
y vi que en la vizcachera,
había un vizcachón ajuera
tomando el fresco sentao.

Un tremendo lechuzón,
bichando por sobre el hombro
me miraba con asombro
parao en un varillón.
Al verme medio cercón
con pereza tendió el vuelo,
y volando al ras del suelo
pegó un grito y escuché
que me trataba de "ché"
como tomándome el pelo.

Murió en la tranquera rota
la víbora de la senda,
y volando a media rienda
iba la última gaviota.
Salió una estrella grandota
pa'las otras de siñuelo,
y en el campo azul del cielo
ya iban siendo numerosas
las semillas luminosas
que se habían sembrao al vuelo.

Un ñacurutú volando
salió del fondo'el jagüel,
madrugó, por que pa'él
recién estaba aclarando.
Un murciélago aleteando,
al lao de los arbolitos,
tragaba sombra y mosquitos,
y el zorro de la tapera
le dio "permiso" a un linyera
mandao por los caminitos.

Jugaban a las topadas
un ternero con el otro.
Un matungo se hizo el potro
y agarró el aire a patadas;
pegando unas retozadas
como dándose un apronte.
Ya la luna sobre el monte
desparramaba su plata,
y ardía la fogarata
del "San Juan" del horizonte.

Tardecita de mi ayer,
nunca te h'echao al olvido
y allá en mi pago querido
te quiero volver a ver.
Otro igual atardecer
para mi vida yo ansío;
hasta mi pecho vacío
también será una tapera,
donde vivirá un linyera
que es este corazón mío.

sábado, 21 de mayo de 2011

Mañanita sureña

(Foto: tomada de Flickr: "Nacho")
Risueña la madrugada
borrando estrellas venía.
Y se enderezaba el día
con su cabeza dorada,
entre sábanas de helada
de la cama del potrero...
Cuando todo el gallinero
se empezó a venir al suelo.
Y erizándosele el pelo
pegó un bufido el nochero.

Igual que cuando se entierra
la cuchilla de un arao,
y la mitá se ha quedao
brillando sobre la tierra,
el sol, por sobre la sierra,
mañeriando pa'salir,
la mitá empezó a lucir,
y, al dir calentando el llano,
la vidriera del pantano
se empezaba de redetir.

El arador ya salía
respirando cerrazón.
Y en la blanquiada extensión
el surco primero abría,
que a lo lejos parecía
un hilo negro en la harina,
un rayón de tinta china
sobre una página blanca.
Y la rosada barranca
un gran paredón en ruina.

Llorando estaba el alero,
cuando del rancho cerquita,
anunciando una visita,
pasó a los gritos un tero.
Un pión a su parejero
le emparejaba el testuz.
Se pasiaba un avestruz
con su tranco señorial,
y las gotas del cardal
tenían espinas de luz.

Orillando el alambrao
con aire de calavera,
derecho a la madriguera
un zorro pasó apurao.
El día lo había agarrao
y arriesgaba su salú.
Las nubes con lentitú
cruzaron por la mañana
como vellones de lana
de las esquilas del sú.

jueves, 19 de mayo de 2011

Tiempo de trilla

Recuerdo de mi infancia
las manos de mi abuelo
eran manos honestas
y él era un hombre bueno

Recuerdo de mi infancia
el campo amaneciendo
el agua de arroyo
y el sonido del viento

Las voces a lo lejos
las tardes en la estiba
el olor a lavanda
y el té de manzanilla

La luz de los faroles
mi abuela en la cocina
el banco de madera
y la leña encendida

Recuerdo de mi infancia
el tanque y el molino
el carro, los caballos
el monte y el camino

El galpón, los aperos
la parva, la casilla
el frío del invierno
y el tiempo de la esquila

El alero de chapa
el sol en el tinglado
el olor de la lluvia
sobre el pasto mojado

Las noches infinitas
las lunas dibujadas
los paisajes plateados
y el lucero del alba

Recuerdo de mi infancia
el miedo a las tormentas
una casa muy frágil
y el temor de perderla

La lucha por la vida
el amor a la tierra
la angustia interminable
de esperar las cosechas

Y el momento en que estallan
de espigas los sembrados
y se inundan los campos
de trigales dorados

Y comienza la fiesta
y vuelve la alegría
y renacen los sueños
porque es tiempo de trilla

domingo, 1 de mayo de 2011

Renegando de mi suerte


Como una peste dañina
de efecto muy poderoso
este verano espantoso
viene sembrando la ruina.
La lluvia el cielo mezquina
en forma cruel y egoísta,
y aunque uno aguante y resista
buscando una salvación
no hay más que desolación
pa donde tienda la vista.

Parece el campo un corral
donde ni un yuyo se vé,
y en mi existencia, doy fe,
nunca vi un desastre igual.
Deja esa "seca" fatal
osamentas a montones,
resecos los cañadones,
el arroyito sin agua,
y el sol parece una fragua
quemando mis ambiciones.

A veces reniego fuerte
mirando fijo pa el cielo,
pues vaca que cae al suelo
está condenada a muerte.
El carancho se divierte
gozando en su tironear,
aunque después al volar
se ve rechoncho y pesao,
y yo quedo acalambrao
de tanto y tanto cueriar.

Si amaga alguna tormenta
solo se ve en el amago,
y mientras tanto, el estrago,
trae tremendas acechanzas
al más templao desalienta.
Es que el verano, en su cuenta,
al redoblar sus pujanzas
pa reducirme a la nada,
porque en la tierra agrietada
se pierden mis esperanzas...

jueves, 28 de abril de 2011

Pampa y viento


En la Pampa inmensa;
en la Pampa que es campo y cielo.
Arenilla en la boca, en los pliegues del poncho,
en los bollos del sombrero;
arenilla en todo, arenilla hasta
en el ruido que hace el cuchillo
al salir de la vaina.
Y atrás, volando, el viento, borroneador de huellas;
el viento como un gran pájaro afónico
con alas invisibles y buche de nube de tierra.

Mi caballo al galope
va dejando una siembra de pisadas sin cuento;
pisadas para el pico,
pisadas para el buche,

¡Del viento!

martes, 26 de abril de 2011

Soy de la pampa Argentina


Soy de La Pampa Argentina
ando alumbrando lo oscuro,
como los cardos maduros
mientras ruedo voy sembrando.
El viento me fue alejando
y hay me da por 'recordar,
pensé: me pongo a cantar
lo que mis cuerdas dispongan
y me salió una milonga,
de pura casualidad.

Soy de La Pampa, señores,
donde se embriaga la siembra
con vino blanco de soles
para alegrar su molienda;
donde he soltado mis riendas
para alcanzar las colinas,
donde quedó aquella niña,
que no pude conquistar,
donde se puede pensar
donde no tuve rutinas.

Tierrita que has esperado
la mano del labrador,
brotando de tu interior
la mies civilizadora.
Te han poblado las auroras
de amanecidas nostalgias,
de madrugada distancia
entre la espuma del mate,
en el silencio que late
su verdejo corazón.

Soy de La Pampa Argentina
tierra alisada y serena
donde el grito macho indio
fue enronqueciendo mi pena.

Hay que perderse en la noche
en su bóveda de estrellas
para encontrar el camino
qué tartamudas destellan.

Soy de La pampa Argentina
vengo de un vientre paisano
de audaces tiempos lejanos
de españoles e italianos.

Todas las razas del mundo
pueblan tu cielo pampa
hueco de risas y sueños
que en las espigas se estampa.

Soy de La Pampa Argentina
tierra alisada y serena
donde me espera una madre,
donde mis garras se abuenan,
como toda madre espera
al hijo que no regresa.
Tengo un padre payador,
dos hermanos de mi sangre,
es la riqueza más grande
que guarda mi corazón.

He regresado a los llanos
en un sonar de guitarra
con alegría en el alma
siempre evoco a mis paisanos.
Siempre lista está su mano
que empuña sinceridad
yo sólo quise contar
los recuerdos que me ahondan
y me salió una milonga
de pura casualidad.