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jueves, 14 de julio de 2011

Moros de la historia

La tranquera del corral
Abra pádentro paisano
No sea que meta la mano
En la cimbra algun bagual
Ya que en el tropel infernal
Se viene la caballada
Al centro en ronda cerrada
Van a caer en borbollón
Para que elija el patrón
Un moro en la bagualada.

Entró un morito pizarra
Haciendo punta en el lote
Tirando al aire algun bote
Como pidiendo las garras.
Como cuerda de guitarra
Vibró en el aire un “trenzao”
Ni bien la armada ha “cerrao”
Del morito sobre el cuello
Quedó al caer sin resuello
Sobre el suelo “embozalao”.

Mostró al pararse a la la legua
Tras de samarrear el coco
Que iba a ser de aquellos pocos
Que suelen parir las yeguas
Y ahí nomas sin darle tregua
Lo sacaron del corral
Aquel precioso bagual
De cola larga y tupida
Y clinera parecida
A un salvaje matorral.

Me gusta por las orejas
Que tienen forma e´ tijera
Como el que montó Rivera
y el Gral. Lavalleja.
Moros que en la Patria Vieja
Traían origen de Arabia
Cuantan que ciego de rabia
Cargó en combate a lo Toro
Coraje montando un moro
En arbolito un Saravia.

Y en la historia del camino
Levanta la “polvadera”
Aquel morito que fuera
Del bravo Martín Aquino
Al que una noche el destino
En trampa se lo convierte
Y el morito de su suerte
Que fue su amigo mejor
Encontró en el manedor
La sentencia de su muerte.

Y dicen que el uruguayo
Caudillo uando moría
Por su caballo pedía.
“Traiganme a mi caballo”
Después bajo un paraguayo
Sol, queso hunde en lontananza
Un triste cortejo avanza
En un dolorozo lloro
Y ansina gime en el moro
Su amarga desesperanza.

Y entre moros de caudillos
Ahí anda el de Wenceslao
Que dicen que ha derrotado
Al pampero sobre el trillo
Tiene fama ese potrillo
De ganar por ande quiera
Y en fiestas de quitanderas
De mechón y cola atada
Se le vío en las enramadas
“maneao” las noches enteras.

Hasta el gaucho su decoro
Por el ante el indio olvida
Al decirle mi querida
“Te doy volverme mi moro”
De Fierro se fue en su tesoro
Fue su credito su luz
El gan compañero en sus
Horas de honda desventura
Del moro en la sepulta
Se bajó a rezar por Cruz.

Como el poeta de marras
Tambien estoy en la vida
Con el alma bien prendida
A un moro y a una guitarra
Es bien “azulao” pizarra
El flete de mis desvelos
Rogar con el alma suelo
Pidiendole a Tata Dios
Que al llamar llame a los dos
Pa dirme a caballo al cielo.

martes, 16 de noviembre de 2010

Mi banquito cebucero

(Pintura: Tito Saubidet)
Tengo en mi rancho, paisano,
como criollo galardón,
un banquito petizón,
regalo de un entrerríano.
A su gala de artesano,
sencillamente valoro;
para mí es un tesoro
porque es hecho aquél asiento:
con esterillas de tiento
sobre caderas de toro.

Dicen que de un cebucero
sacó las caderas Yeco,
de un toro que halló reseco
y lo dejuntió un islero.
Y después del mismo cuero
pa esterillar el asiento,
cortó finito unos tientos
bien derivao para el caso,
y con el resto hizo un lazo
de guitarrear en el viento.

Cuando golpeo temprano
pa amarguear el trasfoguero,
me le siento al cebucero
que es mi banquito entrerriano.
Mientras apreto entre mis mano
el poronguito yerbero,
al calor del trasfoguero
como amargueando conmigo,
tengo presente al amigo
buen entrerriano y campero.

No se porqué fantaseo,
porqué sentimiento fiel,
si no estoy sentao en él
se me hace que ni amargueo.
Hasta más gaucho me veo
con él, junto al trasfoguero,
y si cae un forastero,
ya le hablo del entrerriano,
que me dijo: -"Es suyo hermano,
este banco cebucero".

A mi cocina campera,
cuando al levantarme dentro,
voy derechito al encuentro
de mi asiento de cadera.
Y es tanto que yo quisiera
que cuando ruede al arcano,
encontrar algún paisano,
junto al fogón apagao,
muerto si, pero sentao
en mi banquito entrerriano.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Coplitas al cencerro


Como el lazo y como el perro
en los trabajos de estancia
tiene la misma importancia
en la tropilla, el cencerro.

Observe'n horas silentes
apasibles y serenas
que todo cencerro suena,
de manera diferente.

Si el cencerro va colgao
a una potra es conocido,
porque no sale el sonido
con el ritmo acompasao.

De cabeza levantada
camina como perdida;
sin tirar ni una mordida
y sin bajar a la aguada.

Al atravesar la zona
donde atropellan los perros,
nos va diciendo el cencerro
que la madrina es potrona.

Al dirse haciendo el trabajo,
empieza la montarás,
como imprimiendo el compás
de su andar sobre el badajo.

Pal gaucho, ¡qué maravilla!
cuando por gaucho es tenido,
verle seguir el sonido
del cencerro a su tropilla.

Es fácil diferenciar
cuando es lerdor el sonido
que el cencerro va prendido
a una madrina de andar.

La madrina debe ser
puntiadora y obediente,
en donde quiera de el frente
y mansa más no poder.

Bien puntera y decidora
ya sea potra o de silla,
y solo por la tropilla
ser celosa y pateadora.

Si la yegua es elegida,
¡nunca de pelo tapao!,
la de pelo entreverao
ha de ser la preferida.

Porque en caso que se juya
de día saca a la legua,
por el pelo de la yegua
cual es la tropilla suya.

Si de noche se ha perdido
o con otras se embaruya,
busque lo tropilla suya
sobre el ritmo del sonido.

Yo les puedo asegurar
que en valles, montes o cimas,
no hay dos yeguas que le impriman
igual sonido al andar.

Canta el cencerro sin tregua
ante la extensión serena,
y asegún la hora suena
sobre el andar de la yegua.

En los escarpados cerros
o en las extenciones llanas,
con el fresco'e la mañana
canta más lindo el cencerro.

Y a la hora en que el vapor
de la tierra se levanta,
suena como la garganta
veladita de un cantor.

Al caer la oración marchando
suena la extención dormida,
igual que un alma perdida
que anda en el campo llorando.

Hundida en la soledad,
más agreste y campesina;
atándole la madrina
la tropilla no se va.

Sin ronda, corral ni esquina
entablados los baguales,
entran solos los bozales
cuanto agarró la madrina.

Punteo por milonga: