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viernes, 29 de julio de 2011

Mi poncho

(Dibujo: Eleodoro Marenco)
Viejo poncho te han cribao
del tiempo, los cimbronazos,
como si fueran lonjazos
en lomo de reserváo.
Pero vos seguís plantáo
y no te sacan ni a cincha,
porque cuando el viento te incha
tendiendo tu trabazón,
sentís a la tradición
como un bagual que relincha.

Vos eras como un consuelo
cuando al tostao frente blanca,
le acariciabas el anca
como peinándole el pelo.
Y cuando en brusco revuelo
lo chicoteabas travieso,
él encorvaba el pescuezo
como mirando la senda,
y te iba pidiendo rienda
mientras bordaba un bostezo.

Nunca más criollo me siento
cuando en el hombro te llevo,
porque sos como un renuevo
que me da vida y aliento.
Y cuando furioso el viento
jugando con tu bondad,
rompe la tranquilidad
moviendo tu ala altanera,
vos sos como una bandera
proclamando libertad.

Poncho de mis campereadas,
mis sueños y mis recuerdos,
que pasan dulces y lerdos
con sus brisas perfumadas.
Al evocar las jornadas
que compartimos los dos,
yo siento como una voz
que desde el fondo me grita:
"¡En esta tierra bendita
el mejor amigo sos!"

El lazo

(Dibujos: Eleodoro Marenco)
Apretao en cuatro tientos
en las ancas de un picazo,
va chicoteando mi lazo
al compás de un trote lento.
Guardián alerta y atento,
lleva despierta su armada
por si alguna res alzada
a su cruce se atraviesa
de la punta'e la cabeza
sobre las guampas cerrada.

Lazo cuando yo te miro
de la yapa a la presilla
como en una pesadilla
pasan jornadas que almiro.
Y te veo en cada tiro
con certera precisión
en un seco, en un cimbrón,
sin dejarte ramaleao
y hasta en un pial de volcao
lujo de acierto y acción.

En las patriadas tremendas
junto al facón y a la lanza,
juiste sembrando confianza
en lo peor de la contienda
y dando a los potros rienda
en un galope triunfal
o en la bravura oriental,
poniendole temple al brazo,
la que sacó a tiro'e lazo
más de un cañón imperial.

Está en tus tientos sellada
la estampa fiel de lo criollo
y en cada uno de tus rollos
hay una fecha grabada.
Tu vida va señalada
por una huella machaza,
ya nada borra tu traza
porque quedaste en la historia
cuando pialaste a la gloria
en las gestas de la raza.

Mate amargo

Mate amargo que naciste
en la rueda de un fogón,
derramando tradición
entre un estilo y un triste.
Mate amargo que trajiste
entre tu yerba sabrosa
la suavidad primorosa
de una mano de mujer
y el embrujo de un querer
con que te cebó una moza.

Sos el amigo sincero
con quien a solas proseando
pasás las horas rodando
en un galope ligero.
Sos sereno consejero
que escuchamos con halago,
y entre un trago y otro trago
mientras la pava se queja,
nos hablás de cosas viejas,
de la querencia y el pago.

El más bravo se arrocina
al paladear tu amargura,
sos sabroso como achura
y querendón como china.
Sos alma de la cocina
que alegra reunión sencilla
y mientras la llama brilla
vos vas con tierno embeleso,
como si fueras un beso
aleteando en la bombilla.

Y cuando ya galopeao
como pájaro sin pluma,
el agua no forma espuma
y estás del todo lavao.
Tenés siempre algún costao
pa’ que el hombre te aproveche,
te da vuelta, y sin que te eche
yerba, quedás de primera,
sos como vaca mañera
que sabe esconder la leche.

miércoles, 27 de julio de 2011

El mate

(Foto: Valcir Siqueira)
El mate es de origen pampa,
semilla de mi terruño,
redondo, no es más que un puño
su casquito cimarrón;
y como la yerba es india
de exhuberancia salvaje,
su casquito es un brevaje
de profunda tradición.

El mate amargo fue siempre
un agasajo casero,
brindis para el forastero
y un deleite familiar;
hizo ambientes de tertulias
en las tardes campesinas,
bajo el zarzo de glicinas
y del ombú secular.

La madre naturaleza
nos dio su santo regalo,
en yerba de polvo y palo
de exquisito paladar;
como es gaucha por esencia
en cualquier parte es sociable,
agúita verde agradable,
halago de cada hogar.

Entre los dotes genuinos
tiene la de ser sabrosa,
el don de ser espumosa
y fragancioso el verdor;
compuesta de tres virtudes,
de las tres a cuál más bellas,
porque hay, en cada una de ellas,
sabor, olor y color.

Humilde como la malva
su verde es de la pintura,
del pasto de la llanura
y el viejo sauce llorón;
es gaucha porque es indígena,
porque han nacido sus ráices
donde nacieron los máices
y el gaucho clavó el horcón.

Madrina de mi memoria
de jugo con espumita,
sabor donde el ser medita
y acuden recuerdos mil;
de unos ojos, de una imagen,
del nombre de un ser querido,
del beso que dio escondido
cuando se apagó el candil.

A veces ensillo un verde
y entro a campiar cosas idas,
entre las prendas perdidas
de mi noble corazón;
llego a las puertas de un nombre
y me responde el olvido:
la Rumualda tiene nido,
la Fausta es de otro varón.

De pronto trae mi memoria
tropillitas de recuerdos,
de citas y desacuerdos
arriados por su sabor;
de los celos de Ruperta
cuando me vido con Clara,
alzarla en mi malacara
entre un coloquio de amor.

En los líos amorosos
lo usaron para hacer daños,
para cobrar desengaños
y cazar tordos alzaos;
pero como el mate es gaucho,
aunque su almita es de palo,
nadie pudo hacerlo malo
y al fin quedaron chaquiaos.

Un mate y dos ojos pardos
me atormentaron la calma,
cuando se me entró en el alma
el amor de mi Asunción;
desde entonces hasta aquí
llevo en el alma engarzadas
el fuego de sus miradas
y el sabor de un cimarrón.

Tengo en mi poder un mate
como reliquia del suelo,
que a mi viejo tata abuelo
se lo regaló un mensú;
un día un golpe impensado
le agrietó su casco pampa,
y le retobé la estampa
con el buche de un ñandú.
(Foto: Keven Law)

La carreta

(Pintura: Laroche)
Cantando a la patria amada
pasé mis años mejores,
y ahora siento los rigores
de aquella gloria pasada;
porque hoy que no tengo nada
paso la vida penando,
como quien va manotiando
entre pura agua salobre,
que llegar a viejo y pobre
es casi como irse ahogando.

El consuelo que me queda
es el del gaucho de garra,
que solloza en la guitarra
mientras la bola le rueda.
Y el de que, cuando no pueda
tocar siquiera un estilo
me quedará el refosilo
que da el acero templao,
como machete mellao
que en un tiempo tuvo filo.

Para el trabajo, soy franco,
aunque con poca fortuna,
trabajando a sol y a luna
no he sido lerdo ni manco;
a las faenas del campo
me aficioné de muchacho
y aunque hoy no me les agacho
como antes, con tanta gana,
suelo empuñar la picana
y encasquetarme mi gacho.

Esa afición de carrero
no he perdido ni un poquito,
y puedo, aunque sea al tranquito,
picar a un buen delantero.
La carreta que prefiero
es la antigua, la toldada,
que aunque de marcha pesada
ha de andar siempre distante
llevando yuntas de aguante
de quedarse empantanada.

Pues bueno; hace ya un tirón
que pico en una carreta
que por lo linda y paqueta
va llamando la atención;
de tan buena construcción
que en viaje de largo trecho,
siempre marchando derecho
en ninguna parte escolla;
la carreta es "La Criolla"
que va salvando el repecho.

Pronto tendremos, quizás,
la toldada en la cuchilla,
que no ha de ser maravilla
mientras sigamos en paz,
y mientras que el capataz
Braulio Araujo la maneje;
basta con que Dios nos deje
dos cosas en la bolada:
el aumentar la boyada
y el juntar sebo pal peje.

Y con esto me despido
saludando al auditorio
que a esta velada o velorio
como siempre ha concurrido;
y al despedirme les pido
que si el volver les es grato
desde ahora me cierren trato
para venirse en montón,
y pegarle... un coscorrón
al viejo Calisto el ñato.

sábado, 23 de julio de 2011

Al cencerro

(Foto: Eduardo Amorim)
Cencerro, sonar de un tajo
que el aire corta a raudales,
dominando los baguales
al castigar del badajo.
Va entonando tu trabajo
madrigales de armonía
y al clavarse tu alegría
como puntas de una guampa,
dejas herida la pampa
con tu dulce melodía.

Al despojarse sus mantos
la noche, llena de hechizos,
desata sus negros rizos
y se entrega a tus encantos.
El arrullo de tus cantos
la duerme en nota sencilla,
hasta que se maravilla
con tus sones la espesura
y despierta la llanura
al cruzarla una tropilla.

Como un sol, como una estrella,
engalanas la madrina
y tu música divina
se hace canción en la huella,
no ha de morir la querella
que tienes con el paisaje,
porque todo ese linaje
que luce la paisanada,
se perdería en la nada
si callara tu cordaje.

Quiera Dios, que tu tañido
se escuche siempre en los campos
y que el fulgor de tus lampos
disipe sombras del olvido.
Que lo mismo que el latido
te sienta dentro del pecho,
y después, cuando deshecho,
no cruce más los caminos,
que tus sones argentinos
se hagan plegaria en mi lecho.

jueves, 23 de junio de 2011

Corral de palo a pique

(PIntura: Carlos Montefusco)
El corral de palo a pique
Que pertenece al pasao,
Se hace cifra en mi encordao
Pa que cantando lo explique:
Que en el tiempo del cacique
Se clavó sobre una loma,
Y fue lugar pa la doma,
Pa pialar con todo el rollo,
O pa que se juegue un criollo
A largarse’e la maroma.

Su redondeada estructura,
Como circo sin techumbre,
Fue signo de reciedumbre
En medio de la llanura.
Aunque torcido en su anchura
en ñandubay fuerte y rudo,
se apretó entre sus ñudos
ya que ni el viento se colaba,
y pa más se sujetaba
con lonjas de cuero crudo.

Y fue el primer escenario,
Que el gaucho tuvo en la pampa,
Pa que se luzca su estampa
En un tiempo legendario,
En él tal vez solitario
Pa que alguien lo califique,
Lo supo andar con achiques
Encarando un potro fuerte,
Y fue testigo’e su muerte
El corral de palo a pique.

domingo, 19 de junio de 2011

Mi poncho

(Pintura: Eleodoro Marenco)
Para Alberto H. Acuña, que fue el primero en poner música a mis versos.

Yo tengo un poncho estimado
que conservo con cariño,
porque casi desde niño
mis noches ha cobijado.
Tiene el secreto guardado
de las cosas que he vivido,
y si hallándome sentido
lo extiendo o lo abro en la mano,
¡parece mostrarme el plano
de lo que hemos recorrido!

El ha contado mis horas
de trabajo y diversión,
él fue conmigo al fogón
y a salas deslumbradoras.
El copió de las totoras
el color de su tejido,
en el que tiene escondido
mi palpitar de campero,
y azotes que del pampero
mil veces he recibido.

Ese poncho compañero
que siempre tengo presente,
fué chiripá en caso urgente
y manta del parejero.
Terrible en un entrevero
y útil en cualquier lugar;
me sirvió para arrollar
una hacienda en disparada,
y en los pastos lo hice almohada
cuando he querido sestear.

Y cada nudo observando
de su fleco bien tejido,
parece que fuera un nido
de recuerdos incubando;
recuerdos que están hablando
porque son muy decidores;
recuerdos que ya son flores
o esperanzas deshojadas,
¡que en la vida hay madrugadas
obscuras y sin albores!

Ha sido en época inquieta
de exigencia y de rigor,
abrigo de lo mejor,
colcha de cama y carpeta.
Y aunque el tiempo no respeta
lo querido y lo sagrado,
los recuerdos no ha borrado
del poncho que quiero tanto...
¡Y es por eso que le canto,
para sellar su pasado!

Palenque

Palenque, poste plantado
de madera resistente,
que está firme en el presente
como añorando el pasado;
que está como amojonado
de hazañas de domadores,
y a cambio de los rigores
del tironear de baguales,
hoy lo escoltan los cardales
como rindiéndole honores.

Mucho podría contar
de bozales y atadores,
de maneas, maneadores
y de los que vió domar;
de cuando ha visto soltar
esa alegre carcajada,
que escapaba acollarada
a un dicho con picardía,
cuando a cualquiera se veía
charquiar en la jineteada.

Hay en él originales
leyendas como rayones,
escritas a manotones
por vasos de los baguales;
fue testigo de los piales
puerta afuera y con destreza,
cuando entre tanta proeza
en que el tiempo transcurría,
cada gaucho parecía
una expresión de grandeza.

De ñandubay o quebracho
de la estancia colonial
fue poste fundamental
cuando el hombre era bien macho;
cuando el de sombrero gacho
o de vincha en la melena,
calzando la nazarena
sobre el bagual se lucía,
cuando aquí no se admitía
ni mordaza, ni cadena.

El que alcanzó a palenquear
muchos soberbios baguales,
que hasta de altos Generales
fueron caballos de andar;
hoy sólo podrá esperar
por toda compensación,
que quiera un nuevo patrón,
de esos de pelo dorado,
verlo en su estufa, trozado,
dándole calefacción.

(Pintura: Carlos Montefusco)

jueves, 16 de junio de 2011

Enlazando

(Pintura: Carlos Montefusco)
¡Abran cancha! que es la apuesta
por un porrón de ginebra,
y pueden sacarles la hebra,
por el negro y lo que resta;
ninguno duerme la siesta
en el manejo del lazo;
lo largan como balazo
en derechura a la res...
Y en seguida de un traspiés
le hacen pegar el porrazo.

A veces por un descuido
o un bote del animal,
suelen dejar, y es casual,
el lazo al cuello ceñido;
chambonada que con ruido
critican los compañeros,
salvo que siendo terneros
sin cuernos, no haya por qué,
y los enlacen de a pié
por no longiarles los cueros.

¡Jué pucha! para enlazar
son como mandados hacer
y muy raras han de ser
las en que vayan a errar;
en tratando de ensillar
cualquier redomón es bueno,
a cualquiera meten freno
y en él trabajan con arte,
pero ¡ah crudo! por mi parte
me quedo con el moreno.

Lazo de veinte

Después de cortar dos cueros
y de sacar cuatro tientos
entré a desvirar atento
como hace todo campero;
sin ser un hombre soguero
ni menos acostumbrao,
con cuatro tiento’ovillao
empecé a trenzar un lazo
que cada día, de paso,
lo iba dejando enterrao.

Como el tiempo nunca alcanza
para el que vive luchando
lo fui de a ratos trenzando
como quien trenza esperanza,
hasta que una noche mansa
mientras que hervía la olla
estiré esa prenda criolla
que al terminar la trenzada
le medí veinte brazadas
de la presilla a la argolla.

Una vez para enlazar
se lo presté a un viejo criollo
que armó como con diez rollos
por gusto de compadrear,
y sin hacerse esperar
con mucha fuerza en el brazo
enlazó un toro machazo
que al cincharlo campo afuera
salió como si quisiera
hacerlo pedazo al lazo.

Erraron los de revés
y al quedarse el mancarrón
medio silbó en el tirón
pero el toro no se fue;
por eso de aquella vez
con sus tientitos durones
anduvo por los galpones,
por llanuras y barrancas,
cascabeliando en el anca
de distintos redomones.

Los más camperos dirán
¿para qué un lazo tan largo?;
si lo explico, sin embargo,
yo sé que lo entenderán.
No estando Pedro ni Juan,
no teniendo compañero,
aprende el hombre campero
a salir solo del paso,
y con la ayuda del lazo
voltea al bagual más mañero.

Y al enlazar algún malo,
pa’ poderlo embozalar
sabía llegar a humear
con una vuelta en el palo;
mas si a su tiempo resbalo
tiene cien hazañas fieles
porque entre tirones crueles
con él bajé, si señor,
la bomba y el pescador
en diferentes jagüeles.

Potros, lluvias y mañanas,
tirones y desencantos
lo fueron sobando tanto
que parecía una badana.
Clásica prenda paisana,
mezcla de patria y bandera,
que cuando pialaba afuera
al bagual más soberano
ni corría entre las manos
ni en la bombacha siquiera.

Le dio fin una tordilla
entre pastos y matorros,
lo hallé mascao por los zorros
de la yapa a la presilla;
perdido entre la flechilla
ya no servía pa’ nada.
Lazo de veinte brazadas
tioco, servicial y fuerte,
como no pudo la muerte
acogotarla a tu armada.

jueves, 9 de junio de 2011

Milonga de la taba

La conocí en las canchas
entre lomo, hoyo y suerte
a veces corriendo fuerte
como buscando revancha.
Bien cuidada, medio ancha
de calce jamás lunanco
y sobre los siete trancos
de la cancha señalada,
la he visto quedar clavada
como picar y hacer blanco.

Algunos la llaman hueso,
otros taba, otros calzada
como bronce bien balanceada
o con acero no grueso,
exacto no sé su peso
porque nunca la he pesado
aunque de chico he jugado
con ella hasta mi sudor,
como lo hace un jugador
por el juego... dominado.

La historia cuenta que en Grecia
don Patroclo se cabreó
y Clitónimo mató
en una tabeada recia.
Desde entonces se desprecia
solo y triste en sus rediles
y al ser muerto en los desfiles
Patroclo que no era joya
sangró la ciudad de Troya
bajo la mano de Aquiles.

Por eso también se asoma
canosa como el Pampero
entre los versos de Homero
como si fuera una coma.
Después entre vivas y bromas
habra pasao para España
y amparada por las mañas
de algún busca que camina,
apareció en la Argentina
radicada en las campañas.

La taba, digo la taba
lindo juguete de criollo
cuando se tira con rollo
como Quito la tiraba,
bien arriba y esperaba
a que la suerte lo viera,
mientras la gente de afuera
vociferaba contenta,
-"Al tiro tengo cincuenta",
otros...:-"yo voy a la espera".

Ansí la he visto clavada
de vuelta y media... bajita
como de dos serenita
sin torcerse en la picada.
La he visto girar templada
de dos y medio también
y aunque sé que no está bien
la he echao de roldanita
girando a la pobrecita
sin rumbo, pero por cien.

A no ser que esté cargada
como la han cargado a veces
los tramposos en sus destreces
pa'desplumar a la indiada.
Por ello hasta ha sido hachada
pa'descubrirle la carga
y entre salivas amargas
se ha comprobado sin bambolas
que el diablo mete la cola
pa'ser la infamia más larga.

En yerras y señaladas
en cumpleaños y carreras,
entre la gente campera
siempre ha sido respetada.
Más de uno ha quedao sin nada
por rejugarse a la suerte
por eso en ella se advierte
mirando sus travesías
ramilletes de alegrías
como de cruces y muertes.

Tal vez por eso un día
se organizó en Atalaya
una partida de taba
para salvar una vida.
Pero yo sé de partidas
que han organizado los pillos
donde se advierte en sencillo
rastros de muchos timberos
de comisarios coimeros,
de granujas y caudillos.

Yo también desde gurí
la practiqué con la luna
cuando la clavaba, ahijuna,
tiro a tiro por allí.
Anduve algún tiempo así
bien entrenao con la taba
y cuando el hueso pisaba
solía acompañarme Juan,
otro ejemplar de Satán
que todito se jugaba.

..........................................

Aclaración: El tal "Quito" que se nombra en la 5a estrofa se refiere a Adolfo Rodriguez (Presidente Honorario de la Asociación Argentina de Taba).

El Senado y la Cámara de diputados sancionó por Ley 12.399 a la localidad de Atalaya, Partido de Magdalena como: "Capital Provincial de la Taba"

Para más información: www.asocardetaba.com.ar/index.php

lunes, 6 de junio de 2011

El tirador

(Foto: Martín Pedro Hardoy)

Prenda tan gaucha que ha sido
y hoy casi nadie recuerda,
no es difícil que se pierda
como un héroe en el olvido.
En él fue más sostenido
el facón que el chiripá;
y mi recuerdo se va
a confundirse y lo enredas
al brillar con tus monedas
en tiempos lejanos ya.

Talvez las cosió una china,
orgullosa de tu adorno,
mientras al calor del horno
se hacían tortas de harina.
La regalona gallina,
por aquél brillo tentada,
en su falda acomodada
picando con mucho empeño
no le quitó ni una al dueño
porque era muy vigilada.

Las rastras eran platales
que coronaban la prenda
con la marca de la hacienda
o en oro las iniciales.
En sus bolsicos los riales,
como una hacienda revuelta:
mas ya la apuesta resuelta,
se decía en son de chanza:
"Poniendo estaba la ganza"-
¡Y había que darlo vuelta!

No faltó quien, al calor
del juego que al alma traba,
a las vueltas de la taba
lo arriesgó con su valor,
y se alejó con dolor
cuando así se lo ganaran,
y su suerte comentaran
sufriendo el rudo bochorno
¡De perder el gaucho adorno
que tanto le codiciaran!

El lazo

(Foto: Eduardo Amorim)
En una percha casera
de horqueta de cina-cina,
cuelga el lazo, en la cocina
de un rancho, casi tapera...
Clásica prenda campera
que del llano a la cuchilla,
pialó una historia sencilla
que en tientos quedó engarzada:
de las catorce brazadas
de la argolla a la presilla.

Recibe, cuando el mes pasa
con una linda mañana:
una manito liviana
de hígado, sol y grasa...
Después que el dueño de casa
termina todo el trajín,
retorna el lazo a su fin
que es descansar junto al techo:
que el humo ponga en el pecho
su negro manto de hollín.

Por qué cuidará esa prenda,
el viejo, con tal pasión...
Alguna revolución
al recuerdo, pone rienda...
Su bandera de contienda,
al viento, flamear la vé
y como se tiene fe
pa'pialar en campo raso:
piensa que llevando lazo,
andará mejor de a pie.

Lazo de cuatro, trenzado,
reliquia, gaucha serpiente
que al enroscarte, valiente,
aprisionás el pasado...
Seguí en la horqueta colgado
que parecida es la suerte,
de tu patrón; y sé fuerte,
porque hay que pialar deveras:
cuando ronde en las taperas
el toruno de la muerte.

domingo, 5 de junio de 2011

Recado del sur


Recado corto y liviano
para que no sufra el pingo,
que como una cama al grino
sirve de cama al paisano;
con su encallecida mano
amoroso lo empareja,
y si alguna manta vieja
muestra el dolor de una hilacha,
¡Como si fuera muchacha
se la acaricia y la deja!

A la orilla del camino,
del rodar en el remanso,
fué la gloria de un descanso
que tras muchas leguas vino;
y si amoroso destino
puso en su noche una prenda,
en él ganó la contienda
lo mismo que en el trabajo:
¡Y si lo alcanzó algún tajo
sobre él se arrolló una venda!

Todo lo que el gaucho exija
tiene en él un asidero,
el lazo que cimbra fiero
y castiga la verija,
lucirse en una sortija
donde el aplauso se arranca,
o haciendo un copo de banca
si el amor puso su broche:
¡Para esperar a la noche
y alzarse la china en ancas!

Cuando la muerte está cerca
en él la espera tranquilo;
ya ni la daga ni el filo
recular hace a la tarea,
termina la vida puerca
sobre los bastos ya chatos,
labrados con garabatos
al roce de la encimera:
¡Que el recado para él era
"Como el charco pa'los patos"!

El mate retobao


Tengo un mate retobao
con un buche de ñandú
de los que andan por el sud
que yo mesmo lo he voliao.
Sencillito y bien curao
por la consecuente usanza
el que guste con confianza
puede a mi rancho llegar:
y en él le haré saborear
un lindo verde esperanza.

Es el lujo e mi cocina
y como tanto lo quiero
lo vigilo con esmero
porque no se ruempa ansina
cuando me alcanza la china
alguno de tardecita
lo chupeteo y la espumita
hace a mi vista alegrar
porque le hace recordar
de los campos la lomita.

Ni bien puntea la mañana
ya lo hace trotar mi china.
De mi cuarto a la cocina
como potranca liviana;
lo cimarroneo con gana
de seguir hasta pasao
la china se habrá cansao
pero el mate qué esperanza
sigue siempre con la panza
ni un punto se le ha bajao.

¡Lindo de noche guitarreo
pa no perder la costumbre
prefiero más que la lumbre
un verde para recreo
y así saciando el deseo
de matero y payador,
la yerba le da frescor
a mi robusta garganta,
dándole armonía tanta
como la del ruiseñor.

viernes, 3 de junio de 2011

El facón Ramallero

(Foto: Eduardo Amorim)
Tengo un facón cabo'e plata
que cuido como un tesoro
tiene unos anillos de oro
y es de muy antigua data.
Es regalo de mi tata
por eso tanto lo quiero
aguel gaucho Ramallero
lo llevaba en la cintura
rumbeando en la noche oscura
en sus tiempos de resero.

En una dura porfía
jamás lo desenvainó,
y aunque a veces lo tantió
pa'saber si lo tenía.
Como criollo de valía
en la razón se condensa,
y dicen que en su defensa
con destreza de campero,
le bastó con el talero
pa'castigar una ofensa.

Por eso les aseguro
que lo cuido y no lo pierdo
es el más caro recuerdo
de un cariño noble y puro.
Yo con modestia procuro
llevarlo con dignidad
en honor a la heredad
de mis antiguos blasones
que como mis tradiciones,
se templó con la verdad.

Hoy lo llevo en mi carrera
de payador argentino
como guardián de los trinos
de mi guitarra viajera.
Aquella imagen señera
que recuerdo y que venero,
tan firme como el acero
y tu cabo de oro y plata,
es el recuerdo de tata
aquel gaucho Ramallero.

miércoles, 1 de junio de 2011

Receta del guiso carrero


La güelta es una esijencia
que a veces mata el esmero,
pero el guiso de carrero
no se ha de hacer con urgencia.
Si usté no tiene pacencia
más vale que ni se ponga.
Es preciso que disponga
de su tiempo necesario,
aunque debe ser contrario
de andar con mucha milonga.

Echelé grasa a la olla
y pongalá sobre el fuego,
medio lento, desde luego
y haga dorar la cebolla.
Pique la carne a la criolla,
media grande piquelá;
ahí no más echeselá;
que se fraiga despación,
y agreguelé el pimentón
de la mejor calidá'.

Muevaló y el fuego aquí
puede ser más vivaracho
y si quiere un guiso macho
le puede agregar ají.
Con laurel yo lo comí,
con orégano también,
más ni con un almacén
le dará mejoramiento,
porque el mejor condimento
es saber hacerlo bien.

Puede agregarle algún diente
de ajo y pimienta si quiere
y pa'que no se apuchere
echelé el agua caliente.
No le eche mucho ingrediente
que lo puede malograr.
De la sal no ha de abusar,
más vale después le agrega;
cuidao, que si se le pega
ya no lo podrá salvar.

Después de echarle la papa
nunca lo cubra del todo
y así debe hacer de modo
que queda a un costao la tapa.
Si este detalle se escapa
podría ser que se le ahumara.
Con ninguna cosa rara
quiera mejorarlo al ñudo.
Saqueló medio caldudo,
pa'comerlo con cuchara.

Que lo haga hervir despacito
es condición que le pongo,
pa'que se haga suavizongo
arrimelé de a un cardito.
De una chata al trotecito
es el ruido que ha de hacer.
No lo vaya a revolver
después de echarle el fideo,
porque en cualquier toqueteo
lo puede echar a perder.

Le saldrá de rechupete
con fideo caracol,
con cinta o con mostachol
o el que llaman espaguete.
Si se le acabó el paquete
y no tiene más que fino...
espere, a más que imagino
que aumentarlo es oportuno
si por ahí se arrima alguno
que viene por el camino.

Si está, peleló en seguida;
medio pa'un costao lo pone
y deje que se sasone
después de una revolvida.
Tendrá una güena comida,
apetitosa y barata.
Sirvaló en forma inmediata
después de darle reposo
y, pa'que sea más sabroso
comaló bajo la chata.

jueves, 26 de mayo de 2011

A mi cuchillo escamao

(Foto: Eduardo Amorim)Si prenda de algún valor,
suele lucir mi figura,
es una que en la cintura,
llevo junto al tirador.
Me costó a mas de sudor,
aunque lo vean sencillo,
muchos pesos del bolsillo,
pa' poder mandarlo hacer,
pero al fin logré tener,
hecho a mi gusto un cuchillo.

Por empezar conseguí
una hoja cortadora,
bien templada, aguantadora,
y a medida para mí.
Siendo un antojo pedí
al platero que lo hiciera
bien gauchón y que tuviera,
con prolijo cincelao,
un buen relieve escamao,
desde el cabo a la puntera.

Con plata de la mejor,
cobró forma mi pedido,
y tal cual lo había querido,
me armé de un trabajo flor.
Pero tal vez, la mayor,
de todas mis alegrías,
fue lograr, sin fantasías
que en un monograma de oro,
se entrelacen, con decoro,
las dos iniciales mias.

Hoy con él salgo empilchao,
y al verlo irán comprobando,
que un zurdo lo está llevando,
pués va a la izquierda inclinao.
Es en la faja trabao,
aparcero sin igual,
por demas de servicial,
cosa que mucho valoro,
y es lujo que yo atesoro,
por criollo y tradicional.

Voy en su filo confiao,
a pie, o cuando un pingo ensillo,
pero nunca a mi cuchillo,
para algo malo he sacao,
pero si lo mas sagrao,
me viene el diablo a insultar,
tendré que desenvainar,
con perdón del Padre eterno,
y al mismo rey del infierno,
con él lo habré de pelear.

(Dibujo: Molina Campos)

jueves, 19 de mayo de 2011

Recuerdos del carrero

(Foto de la Chata de Garbiso, Museo de Miramar)
Chata la mejor armada
del viejo tiempo que añoro,
la del cadenero moro
y de la yunta de alzada;
con vos subí la pesada
barranca de Montes de Oca,
y el recuerdo me coloca
las riendas en esta surda
cuando venía medio en curda
de hacer un viaje a la Boca.

Sentao sobre tu pescante
con seis o siete mil quilos,
cuántas veces mis estilos
silbé siguiendo adelante;
subía el repecho campante,
entraba por la cortada,
y en el boliche de Ahumada
hablando sin espamento
reducía en poco vento
alguna bolsa anafada.

De botas o sapatiyas,
de cualquier forma que fuera,
con esta pinta diquera
me floriaba en las oriyas;
hasta con los cajetiyas
hijos del trompa'e la tropa,
s'entreveraba mi ropa
los domingos de mañana
cuando a la cancha 'e Maidana
iban a tomar la copa.

Los liones, -corte shofica-,
diez y nueve abajo'e todo,
y arriba por acomodo,
veintisiete a lo marica;
más jailaifes que botica,
los timbos mejor puntiaos,
tacos altos y delgaos
resonando en la vedera
y el funghi gacho masera
con abujeros a los laos.

La camisa batará,
la faja negra enflecada,
goliya blanca bordada
con iniciales acá,
lujos que no se ven ya
gastábamos los carreros;
cinchada entre cadeneros
a cadena o a la cincha
y el gusto con que relincha
alguno de los tronqueros.

¡Chata de mi corazón:
t'estrené recién pintada
y un jueves bien fileteada
te saqué del corralón,
vos, qu'e en más de una ocasión
aliviaste mis apuros,
la de elásticos seguros,
más linda'e la tropa "El Toro"
la del cadenero moro
y de la yunta de oscuros!

(Pintura: Francisco Madero Marenco)