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jueves, 30 de diciembre de 2010

Décimas

(Dibujo: Molina Campos)
Yo nunca les he contao
lo que hoy les voy a contar.
¡Quién se podrá imaginar
lo que habré esperimentao!
Los trabajos que he pasao
en este mundo, ¡canejo!
Yo del mundo no me quejo
porque he sido desgraciao
sólo agora que soy viejo.

La joventú es lo mejor
si el dinero la acompaña;
también la joventú engaña
porque el mundo es un traidor,
quiero que me den la razón
los hombres que tengan años
porque de ellos no es extraño
que den la mejor sentencia,
hoy se queja la indolencia
de un hombre avanzado en años.

Esto quedará de ejemplo
para las mozas y mozos,
el que quiera ser dichoso
aprovéchese del tiempo,
no pierda hora ni momento
que después ha de desearse
y no se deje avanzarse
de los años con el tiempo
que después que llegue a viejo
en vano será quejarse.

Yo me quisiera quejar
pero no puedo quejarme,
ya he conocido mi mal
pero ya ha sido muy tarde.
Yo quisiera reclararme
en el mundo con el despejo;
sin embargo no me quejo
no formo una mala idea
porque no hay cosa más fea
que cuando uno llega a viejo.

Eran cuatro viejos...

(Pintura: Julián Althabe)
Estos eran cuatro viejos
que empezaron a contar
hazañas que tenían hechas
en el tiempo e' su mocedad.
Esto sucedió un domingo
al apuntar el lucero
entre una cocina vieja
con bastante leña al juego.
Uno e'los viejos decía:
-"Yo, cuando era melitar
me fi a una espedición
para la sierra del Volcán.
Ya dentramos entre los indios
como perros en majada
y al bajar de una cuchilla
y al subir de una quebrada
"De un lanzazo me maté
CUARENTA INDIOS Y UNA CHINA".

El otro viejo decía:
-"Yo no he sido melitar,
lo que sí me e'ejercitao
en el trajín de domar.
Me paso pa la otra banda
para domar conchavao,
pa más señas mi patrón
era don Juan, el pelao.
El día de mi conchavo
me hicieron mucho agasajo.
Luego me dice el patrón:
-"Es preciso que madrugue
a prencipiar el trabajo.
Casualmente allí había
una manada de overos
ande andaban un alazán
mentao de malo y ligero.
Al otro día e'mañana
echan yeguas al corral
y me dice el capataz:
-"Amigo, traiga el bozal",
-"Ya voy con mi bozalito,
el cabrestito y las riendas",
ya estaba el pingo enlazao,
los ojos como linternas,
y me dice el capataz:
-"Ensille este redomón
andelé un poco despacio,
que es de la silla, el patrón"!.
Confiao en esta palabra
cuando ya estuvo ensillao,
de un brinco me lo salté
y le prendí las de fierro;
gritaba como demonio
el diablo del redomón.
Ya decía yo entre mí:
-"¡Pucha el de andar del patrón!"
Y van a creer, camaradas,
lo que les voy a contar:
CORCOVEÓ TRESCIENTAS LEGUAS
NUNCA ME PUDO VOLTEAR.

El otro viejo temblando
todo atareao por hablar:
-"Yo, dijo, les contaré
de cuando era marinero
andando en las mares altas
ande está sereno todo,
se me va, caray, al agua
un reló cadena de oro.
Y yo, que viéndolo estaba,
a desnudarme empecé
y al agua me descolgué
en busca de este reló.
Y van a creer, camaradas,
lo que les voy a contar:
"QUE POR SACAR UN RELÓ
ME SACÓ SETENTA Y DOS!"

El último viejo dijo
después de pensar un rato:
-"Yo no he sido melitar,
ni marino o domador.
Me conchavé en una estancia
nada más que pa enlazar.
Entonces gozaba fama
como güen enlazador.
La estancia tenía toros,
vacas, terneros, novillos,
potros, yeguas y potrillos
por todo como cien mil.
Un día me levanté
pa dir a hacer la carniada
y junté todos los lazos
que tenía en la ramada;
los até unos con otros
con un ñudo potriador,
di güelta en todo el corral
pa afianzarlo en treinta palos,
luego arreglé la armada
y enderecé pal rodeo.
Cuando estuve a veinte cuadras
ya comencé a revolear;
y van a creer, camaradas,
lo que les voy a contar:
"POR ENLAZAR UNA VACA
ME ENLACÉ TODO EL RODEO".