miércoles, 27 de abril de 2011

Puñal

(Fotos: Ra Tor)
Puñal,
eres el arma
que prefieren los hombres que no temen
acercarse al peligro.

Tienes mucho de gaucho;
eres de la familia de la guitarra;
de los anchos sombreros con barbijo;
eres el compañero del mate amargo
y el aliado del poncho.

Mi diestra a cosa alguna
ha acariciado tanto como a ti,
porque tu empuñadura es el objeto
que se amolda mejor a una mano cerrada.

Tu hoja y mi conducta no conocen
otro camino que el camino recto;
nos entendemos y nos completamos,
si yo contigo nunca tuve miedo
tú conmigo tampoco la tuviste.

Puñal,
nos completamos:
tienes mucho de gaucho
como yo tengo mucho de mi abuelo.

Eres un arma hermosa;
si en tu puño de plata hay flores de oro,
tu hoja de acero
en la primavera de nuestra historia
ha dado muchas veces flores de sangre.

Encerrado en la vaina tal como en un estuche
pareces un juguete inofensivo;
pero si te desnudo tu vaina queda hueca
como una puñalada que no cerrará nunca...
Pero si te desnudo pareces una brújula
que tuviera por norte un corazón.

Ahora
estás en decadencia, ya pasó tu apogeo;
tú eres de otro tiempo;
del tiempo de los novios ausentes
y los jopos románticos;
del tiempo en que te usaban los caudillos
hasta con los dedos recién mojados
en agua bendita.
Entonces te salías de la vaina
por cualquier cosa, hasta por una cinta;
entonces la carne te atraía lo mismo que un pecado,
y al matar perdonabas;
eras un poco de arma y un poco de crucifijo.

Puñal,
la conquista te trajo hasta nosotros;
viniste con el León y con la Cruz;
eres un español que se hizo americano
y en la América india -donde todo era grande-
te agrandaste dos pamos llamándote facón.

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