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jueves, 3 de febrero de 2011

Sed de pampa


"Pampa madre, peregrina de quietudes
cielo verde que repaso en la mirada..." (José Larralde)
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Hundido en las piedras que cortan los vientos
ahogado en los lagos y ciego en los montes
aunque todo canta, yo no estoy contento:
mis ojos anhelan ver el horizonte.

La luz de mis ojos se choca en las piedras
y hacia el cielo sube buscando llegar
trepando murallas, como hace la hiedra,
hasta una llanura donde descansar.

Yo soy de los llanos, y también mi alma,
y el estar tan lejos me hace sentir
que, aunque sea un sueño gozar de esta calma
tendido en mi pampa quisiera morir.

Estos versos llanos, hijos de los montes,
son ríos cumbreños que quieren bajar,
y con ellos mi alma, con sed de horizonte
va abriéndose paso camino hacia el Mar.

martes, 3 de marzo de 2009

Décimas pluviales.



"Solus Christus suavitas pluviae"
San Agustín, Enarr. in ps. 137, 9.


Sos agua que cae del cielo
sobre la tierra sedienta;
sos la garúa que asienta
el polvo de ciego vuelo;
de la pampa en el pañuelo
sos un llanto de alegría;
sos la verde algarabía
que puebla el monte de cantos;
sos en horas de quebrantos
la más dulce compañía.

Sos esa luz argentina
que hace más verde el verdor,
que muestra el mejor color
de todo lo que ilumina;
nube de incienso divina
de olor a tierra mojada;
sos gramilla endomingada
con su más lujoso apero;
y en las fatigas de enero
la pausa más esperada.

Sos susurro silencioso
entre el pasto del potrero
y en las voces del alero
sos el canto más gozoso;
la que invitando al reposo
y al mate meditabundo
congregás a todo el mundo;
sos caricia que Dios manda
que hasta lo más duro ablanda
por tocar lo más profundo.

Sos la llovizna serena
que sabe entrar sin herir
y adivinar el sentir
de quien esconde una pena.
¡Lluvia generosa y buena,
lamento de los sin voz!
Como el rocío precoz
que riega trigo y maleza,
sos la rotunda certeza
de la ternura de Dios.

lunes, 2 de marzo de 2009

Responso de un monturero. (Estilo).


Fuiste el viejo monturero
de la estancia "La Victoria",
centinela de la historia
en "La Loma del Rodeo";
por eso, cuando te veo
sin remedio derrotado,
siento que se ha terminado
con vos parte de mi vida,
que arrastraste en tu caída
lo mejor de mi pasado.

Aún adivino tu estampa
recortando el horizonte
en el ojo donde el monte
se abre a la luz de la pampa...
Ya no veré el sol que estampa
besos de oro en tu costado,
como cuando, ya cansado,
me llegaba hasta tu alero
como hasta un altar campero
a ofrendarte mi recado.

Eras el templo sagrado
guardián de pilchas camperas:
riendas, matras, encimeras
y cueros amontonados;
al fondo, varios recados
en el aire galopaban,
y al entrar se destacaba,
por su criolla distinción,
el recado del patrón:
mi abuelo, Don Jaime Achával.

Ya es una imagen perdida
ver toda la caballada
en tu palenque ensillada
antes de la recorrida.
Ya tu presencia extinguida
cubrió el yuyo y la maleza,
y me gana la certeza
que a tu palenque olvidado
quisiera morir atado
con un cabresto 'e tristeza.