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martes, 4 de agosto de 2009

Trabajo del runa


Trabajo es el canto de la madrugada,
con frío, con lluvia, con nieve y escarcha
trabajo del runa de alturas heladas,
menuditas ocas, collarejas papas.

Cercado de cerros con piedras y lajas,
chancando el maíz, campeando las llamas
miserables cargas de panes de sal,
picotes oquechos, rebozos de lana.

Trabajo en el cerro, motecito de habas
ulpadas al viento en los ojos de agua,
arriando los burros, caminatas largas,
cinchando las cargas en las cumbres altas.

Espantar al zorro, silbar a las cabras,
corazón al viento en noche cerrada;
rodillas en tierra, apacheta brava,
bujido de burros, cusilas que cantan.

Trabajo del runa que se va a la zafra,
cargau sus chalonas, llevando sus guaguas,
trabajo del duro minero que canta,
socavón adentro, Pachamama santa.

¡Sequías terribles, ni gotita de agua,
ovejas que mueren, cosechas heladas,
polvillo en las papas, gusano en las habas,
trabajo del runa, ¡ah trabajo maula!

Jujeñito



Hoy mi puesto a pensar en mi pago,
orgulloso de ser un Jujeño.
Hoy mi puesto a llorar por mi tierra
Pachamama, solar quebradeño.

Hoy mi puesto a pensar en mi guagua
en mis tequis, mi chola, mi perro,
hoy mi puesto a cantar con mi caja,
tal vez lejos, muy lejos del cerro.

Hoy he visto la Puna en un sueño,
verdi, torja, marrón, colorada,
y sentau a lau mi apacheta,
bien juntito a mi quena lloraba.

Y te'i visto Huamahuaca callada
con tus calles angostas y claras.
Tus tapiales, pircas y antigales,
tus ovejas, tus burros, tus cabras.

Hoy mis ojos también si mojaban
cuando chajchas y bombos sonaban;
y el erquencho en mis manos temblaba,
Y tus valles verdosos miraba.

¡Hoy mi puesto a pensar en mi pago;
ramal, puna, quebradas y valles,
Abra Pampa, Humahuaca, La Quiaca
¡Jujuycito de mi alma encantada!

Yo jamás fui niño


Mi sonrisa es seca y mi rostro es serio,
mis espaldas anchas, mis músculos duros
mis manos partidas por el crudo frío
sólo ocho años tengo, pero no soy niño.

Detrás mis ovejas ando por el cerro
y cargau mi leña bajo hasta mi puesto
a soplar el fuego, a mismiar mi soga,
y no tengo tiempo para ser un niño.

Los años caminan y todo es lo mismo,
moti, sal con lechi son mis caramelos,
mi juguete un chivo o el perro ovejero,
poco tiempo tengo, pero no soy niño.

Mi avión de juguete es un cuervo viejo,
mi camión un burro de trotar muy lento,
mi amigo, es el zorro que roba mis cabras
y es todo mi consuelo de poder ser niño.

Mi rostro es de viejo y mi andar de agüelo,
mis callos partidos por piedras del cerro,
mi poncho rotoso por el fuerte viento,
todo eso me dice, que no soy un niño.

¡Y no hay reyes magos,
no hay Días del Niño,
jamás tuve suerte
de poder ser niño!

martes, 12 de agosto de 2008

No te rías de un colla.



No te rías de un colla que bajó del cerro,
que dejó sus cabras, sus ovejas tiernas, sus habales yertos;
no te rías de un colla, si lo ves callado,
si lo ves zopenco, si lo ves dormido.

No te rías de un colla, si al cruzar la calle
lo ves correteando igual que una llama, igual que un guanaco,
asustao el runa como asno bien chúcaro,
poncho con sombrero, debajo del brazo.

No sobres al colla, si un día de sol
lo ves abrigado con ropa de lana, transpirando entero;
ten presente, amigo, que él vino del cerro, donde hay mucho frío,
donde el viento helado rajeteó sus manos y partió su callo.

No te rías de un colla, si lo ves comiendo
su mote cocido, su carne de avío,
allá, en una plaza, sobre una vereda, o cerca del río;
menos si lo ves coquiando por su Pachamama.

Él bajó del cerro a vender sus cueros,
a vender su lana, a comprar azúcar, a llevar su harina;
y es tan precavido, que trajo su plata,
y hasta su comida, y no te pide nada.

No te rías de un colla que está en la frontera
pa'l lao de La Quiaca o allá en las alturas del Abra del Zenta;
ten presente, amigo, que él será el primero en parar las patas
cuando alguien se atreva a violar la Patria.

No te burles de un colla, que si vas pa'l cerro,
te abrirá las puertas de su triste casa,
tomarás su chicha, te dará su poncho, y junto a sus guaguas,
comerás un tulpo y a cambio de nada.

No te rías de un colla que busca el silencio,
que en medio de lajas cultiva sus habas
y allá, en las alturas, en donde no hay nada,
¡así sobrevive con su Pachamama!