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martes, 6 de abril de 2010

Soledad Montoyera


Veo el monte juntar sombras
mientras pesco en un ramblón,
un domingo de los peores
solito mi corazón.
El perro ha venido a hecharse
aburrido como yo,
atado cerca en un limpio
pastea mi mancarrón.

Como a una vara del agua,
vuela el Martín Pescador,
como aguaitando el momento
de pegar el zambullón.
Me dió como descontento,
vine a dar a este rincón;
ya ni me gusta hechar humo...
masco el tabaco mejor.

Uno es peón de campo, ¡claro!
es carrero, es arador,
es tropero en ocasiones,
y de a ratos domador.
Sabe trabajos de monte,
de guascas y de galpón,
sabe remediarse en todo
pero siempre anda pobrón.

Me pongo a escuchar las aves,
y del vacaje el rumor;
no me interesa el anzuelo
hay puro descarnador.
Grita porfiado el carau,
y el carancho alzo la voz
y sigue el protestadero
como viejo rezongón.

Raya el aire atardecido
del bañado el rayador,
la gallineta de lejos
manda su grito burlón.
Llamo al perro, monto el bayo;
el domingo terminó,
mañana será otro día
solito mi corazón.

lunes, 7 de diciembre de 2009

La Biznaga


Biznaga:
leña del pobrerío,
cerco de huerta
y hasta quincho.

También alguna vez
su verde vara de bondad
fue improvisada escoba
del horno para el pan.

No es yerba curativa,
ni yuyo de buen olor,
ni da fruto, la pobre,
sólo una triste flor,
pero de hacer gauchadas
halla siempre ocasión.

Alza dondequiera
su aire jovial,
ofrecida
como una mano servicial,
regalo humilde de la tierra
que ya no sabe qué dar.

Las caravanas de la pobreza
llegan al biznagal.
Mujeres y niños
se ven desfilar.

Tal vez algún linyera
allí se refugió
cuando gemía la torcacita
y cantaba el chotoy.

En las cocinas pobres
se pone alegremente a calentar
la pava para el mate
y el pucherito en agua y sal.

Un júbilo rojo
fue la varita gris
y ayudó con su lumbre
al vacilante candil.

Y antes de ir al fuego,
en su afán de servir
fue caballo y rebenque
para el gurí.

Las caravanas de la pobreza
llegan al biznagal.
Mujeres y niños
se ven desfilar.