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martes, 21 de junio de 2011

Tala


Te azotaron granizos y aguaceros.
Te zamarriaron bravos ventarrones.
Y a más, la helada en muchas ucasiones
supo emponcharte en los inviernos fieros.
Y si es que te curtieron entreveros
que’ntropiya en silencio “don destino”,
jue cura del dolor, el cristalino
canto de pajaritos mañaneros.

Trenzaron los jilgueros, sus amores,
en el amparo de tus toscas ramas,
y tus muchas horquetas jueron camas
de senciyos niditos soñadores.
Si el continuo vivir no te dio flores
te dio un fruto pequeño, que maduro,
pone lunares bayos al oscuro
sufrido opaco gris de tus verdores.

Pero sos servicial ¡sin güelta de hoja!
y de no, que lo digan los fogones,
ande son brasa eterna tus tizones
porque tu leña dura, nunca afloja.
Siendo monte tupido se me antoja
que sos techo de sombra pa’ la hacienda;
y antaño juiste rústica vivienda
del que ensució el facón en sangre roja.

Te versió de lo lindo un oriental
-Osiris, el de los pájaros locos-,
y anque mi verso es rústico y es tioco,
quiero que sepas que mi canto es lial,
un poco le hablo solo al del corral
(el de la añosa sombra de las yerras),
pero tuitos los talas de mi tierra
se merecen mi canto por igual.

sábado, 18 de junio de 2011

Ortiga crespa


Deja el cuero dolorido,
que güen rato mortifica,
porque es ortiga que pica
dendeveras y al descuido.

Y no sé porqué razón
lo comparo a tu desdén
que deja roncha también
en medio del corazón!

Mujeres ortigas son
que aunque naide no las ve,
¡Levantan las ronchas que
no se curan de un tirón!

jueves, 16 de junio de 2011

Flor del campo

(Foto: Laura Beccar Varela)
Meció su cuna el pampero
sobre silenciosa loma
zahumada por el aroma
del torongil y el romero.
Brotó robando al lucero
sus más relucientes rayos,
tejió la flora los sayos
que orlaron su galanura
y creció con la frescura
de los campos uruguayos.

Allí, en el pobre desierto
corrió su vida sencilla
enredada en la gramilla
del terreno descubierto.
Rozó su pecho inexperto
la sombra de un rumor vago
y contestando a su halago
viose pronto convertida
en violeta preferida
por los donceles del pago.

No se bosqueja en su frente
la causa de su martirio,
no comprende aquel delirio
engendrado de repente.
Pero poderosa siente
una lozana impresión,
la guarda envuelta en pasión
y con acento que quema
se la cuenta a la alucema,
y a la salvia y al cedrón.

En el silvestre pensil
la flor luce su hermosura
y es reina de la llanura
por fragante y por gentil.
Su perfume juvenil
con deleite se respira
porque con alma suspira
porque con fe siente pena,
porque quiere como buena
porque no tiene mentira.

lunes, 6 de junio de 2011

Flores del monte


Flor de la costa entrerriana
que perdida en el follaje
da esplendores al paisaje
de esa tierra soberana.
Donde al rayar la mañana
la saludan los zorzales
en tupidos matorrales
donde el ceibo se levanta
esa magnífica planta
engarzada de corales.

Allí crece el espinillo
exhalando sus aromas,
allí gimen las palomas
de atornasolado brillo
y entre el débil plumerillo
que blanquea en las cuchillas,
el trébol y las gramillas
le dan al aire pureza
y al corazón la tristeza
que entonan las avecillas.

El Uruguay en su lecho
corre entre lindas piedritas
cual las penas infinitas
que a solas guarda mi pecho.
Allí muestra el verde helecho
entre penas su frescura,
allí queda la ternura
que mis padres disfrutaron
con las dichas que pasaron
como el agua limpia y pura...

Allí a la hora de la siesta
me la pasaba en el monte,
contemplando el horizonte,
el cielo, el llano, la cuesta.
De las aves dulce orquesta,
del río suave murmullo,
de las flores el capullo
fueron la luz de mi vida,
allá en la tierra querida
de mi sangre y de mi orgullo!...

El yuyero de mi pago

(Pintura: Sara Cabrera)
Tranqueador de los caminos
en ciudades y campañas...
Ropa gastada en el tiempo
de colores y de escarchas...
Canasta grande en el brazo,
surtida como farmacia...
Manso mirar, medio ausente,
igual que buscando el alma:
lo conocen por yuyero
y es así como lo llaman.

En diabetis: eucalipto,
sarandí blanco y genciana...
Indigestión: arazá,
menta, manzanilla y tala.
Catarros y tos: mastuerzo,
cambará, miel y naranja...
En úlceras: carnicera,
llantén, laurel rosa y salvia:
y en calvicies a destiempo,
mastuerzo y hojas de alfalfa.

Yerba de la piedra, en té,
a la bilis demorada...
Palpitaciones nerviosas:
toronjil hervido con agua...
Verrugas: savia de ombú;
y en problemas de lactancia:
fruta de mburucuyá,
avena, maíz y malta...
Y para ojos irritados:
lavajes con rosa blanca.

En reumatismo: mil hombres,
ortigas y ruda de caña...
Hojas de higuera, limón
y ajo macho, en presión alta.
Le caben todos los yuyos,
en esa vieja canasta;
andando entre el pobrerío,
receta sin cobrar nada:
lo conocen por yuyero
y es así como lo llaman.

jueves, 2 de junio de 2011

El ombú

(Pintura: Pablo Uriburu)
Cada comarca en la tierra
Tiene un rasgo prominente:
El Brasil, su sol ardiente;
Minas de plata el Perú,
Montevideo, su cerro;
Buenos Aires, patria hermosa,
Tiene su pampa grandiosa;
La pampa tiene el ombú...

Esa llanura estendida,
Inmenso piélago verde,
Donde la vista se pierde
Sin tener donde posar,
Es la Pampa misteriosa
Todavía para el hombre,
Que a una raza da su nombre
Que nadie pudo domar.

Na tiene grandes raudales
Que fecunden sus entrañas;
Pero lagos y espadañas,
Inundan toda su faz,
Que dan paja para el rancho,
Para el vestido dan pieles,
Agua dan a los corceles
Y guarida a la torcaz.

Su gran manto de esmeralda
Esmalta modestas flores
De aromáticos olores
Y de risueño matiz.
El bibí, los macachines,
El trébol, la margarita
Mezclan su aroma exquisita
Sobre el lucido tapiz.

No tiene bosques frondosos
Ni hermosas aves en ellos;
Pero sí pájaros bellos
Hijos de la soledad,
Que siendo únicos testigos
Del que habita esas regiones,
Adivinan sus pasiones
y acompañan su orfandad.

Así, nuncio de la muerte
Es el cuervo o el carancho,
Sobre el techo el buho está;
Y meciéndose en las nubes
Y el desierto dominando,
Las horas está cantando
el vigilante "yajá".

No hay allí bosques frondosos,
Pero alguna vez asoma
En la cumbre de una loma,
que se alcanza a divisar,
El ombú solemne, aislado,
De gallarda airosa planta,
Que a las nubes se levanta
como faro de aquel mar.

¡El ombú!-Ninguno sabe
En qué tiempo, ni qué mano
En el centro de aquel llano
Su semilla derramó.
Mas su tronco tan nudoso,
Su corteza tan roída,
Bien indican que su vida
Cien inviernos resistió.

Al mirar cómo derrama
Su raíz sobre la tierra,
Y sus dientes allí encierra
Y se afirma con afán,
Parece que alguien le dijo,
Cuando se alzaba altanero:
Ten cuidado del pampero,
Que es tremendo su huracán.

Puesto en medio del desierto
El ombú, como un amigo
Presta a todos el abrigo
De sus ramas con amor.
Hace techo de sus hojas.
Que no filtra el aguacero,
Y a su sombra el sol de enero
Templa el rayo abrasador.

Cual museo de la pampa
Muchas razas él cobija;
La rastrera lagartija
Hace cuevas a su pie,
Todo pájaro hace nido
Del gigante en la cabeza,
Y un enjambre en su corteza
De insectos varios se ve.

Y al teñir la aurora el cielo
De rubí, topacio y oro,
De allí sube a Dios el coro
Que le entona al despertar
Esa pampa, misteriosa
Todavía para el hombre,
Que a una raza da su nombre
Que nadie pudo domar.

Desde esa tumba salvaje,
Que en la llanura se oculta.
Hasta la porción más culta
De la humana sociedad,
Como un linde está la pampa
Sus dominios dividiendo,
Que va el bárbaro cediendo
Palmo a palmo a la ciudad.

Y el rasgo más prominente
De esa tierra donde mora
El salvaje que no adora
Otro dios que el Valichú,
Que en chamal y poncho envuelto
Con los laques en la mano
Va sembrando por el llano
Mudo horror, es el ombú.

¡Cuánta escena vio en silencio!
¡Cuántas voces ha escuchado,
Que en sus hojas ha guardado
Con eterna lealtad!
El estrépito de guerra
A su pie se ha combatido;
Su quietud ha interrumpido
Por amor y libertad.

En su tronco se leen cifras
Grabadas con el cuchillo,
Quizá por algún caudillo,
Que a los indios venció allí;
Por uno de esos valientes,
Dignos de fama y de gloria,
Y que no dejan memoria
Porque nacieron aquí...

A su sombra melancólica
En una noche serena
Amorosa cantilena
Tal vez un gaucho cantó;
Y tan tierna su guitarra
Acompañó sus congojas,
Que el ombú de entre sus hojas
Tomó rocío y lloró.

Sobre su tronco sentado,
El señor de aquella tierra
De su ganado la hierra
Presencia alegre tal vez;
O tomando el matecito
Bajo sus ramos frondosos.
Pone paz a dos esposos,
O en las carreras es juez.

A su pie trazan sus planes
Haciendo círculo al fuego
Los que van a salir luego
A correr el avestruz...
Y quizá para recuerdo
De que allí murió un cristiano
Levantó piadosa mano
Bajo su copa una cruz.

Y si en pos de larga ausencia
Vuelve el gaucho a su partido,
Echa penas al olvido
Cuando alcanza a divisar
El ombú solemne, aislado,
De gallarda, hermosa planta,
Que a las nubes se levanta
Como faro de aquel mar.
......................................
vocabulario:

"Bibí": Planta liliácea.
"Macachín": Planta pequeña, de tres hojuelas, verdadera plaga de los campos cultivados, donde forma grandes manchones; común en la provincia de Buenos Aires y la parte norte del país.
"Yajá": ortografía antigua del "chajá".
"Valichú": (voz de origen Tehuelche). Dios o genio del mal. También dícese Gualichó, Gualichu o Hualicho.
"Chamal": prenda sin mangas, de escote recuadrado, que va desde los hombros a los tobillos, propia de los indios araucanos.
"Laques": (voz de origen pampa). Boleadora de dos bolas, por excepción, tres.

jueves, 12 de mayo de 2011

La ruda macho


La ruda tradicional
aunque por su olor sea fiera,
la usa la gente campera
por su don medicinal.
Ella para todo mal
sirve aunque sea despreciada,
siempre fue desalojada
de los más bellos jardines,
vino al mundo con sus fines
y debe ser respetada.

La ruda es como esas criollas
que alejan las sociedades
pero en las necesidades
las ocupan sin embroyas.
La ruda siempre descoya
de las demás, no es coqueta,
el hormigón la respeta
y el frío poco la daña,
se utiliza en la campaña
para el mal de ojo y “la yetta”.

En los guardapatios criollos
la ruda y el azaharero,
la menta como el romero
prestan sus grandes apoyos,
en los instantes de escoyos
son como el alfilerillo
o como el yuyo sencillo
que le llaman la meona,
la lengua ‘e vaca largona,
la cepa y el romerillo.

La infusión de ruda macho
-dijo Sierra, el curandero-,
que es un laxante campero
especial pa’ los borrachos.
La lombriz en los muchachos
la desaloja y la cura,
sus vahos, los parto’apura
y que pa’l oído es,
mejor que el aceite ‘e nuez,
bien frita en la oliva pura.

Yo, como humilde campero,
aunque de ciencia algo escasa,
del guardapatio ‘e las casa
la ruda es lo que más quiero;
en ella pongo mi esmero
por verla hojosa y morruda,
cuando la estación ya muda
los panoramas del rancho
muchos vienen hasta Pancho
por un gajito de ruda.

domingo, 24 de abril de 2011

Flor de la pampa

Roja herida perfumada,
la que ha querido el destino
que festoneara el camino
por donde pasa mi amada.
Gotas de sangre cuajada
que salpicaron la loma,
color de cielo y paloma
por luz de luna plateada.

Flor de Pampa, corazones
que van adornando "güeyas";
cielo verde, con estrellas
en rueda de pericones;
florcita en ocasiones
corté lleno de embeleso
para enviarlas como un beso
donde están mis ilusiones.

Flor gaucha nacida a suelo,
que una mano primorosa
robó sus colores rosa
y los puso en mi pañuelo;
florcita que en un anhelo
de perfumar la ladera
se subió hasta la cumbrera
para estar cerca del cielo...

Flor, que en el "Pampa" sombrero
de su cinta hizo querencia
y que curó el mal de ausencia
que se perdió en el sendero;
flor que corté en el estero
en una aurora temprana
para adornar la ventana
de quien me dijo: "Te quiero"...

miércoles, 2 de marzo de 2011

Lo miro al viento, y me río...

Que son muy negras las penas,
Dicen- y dicen cantando...
Pa mí, que no ha de ser cierto...
Si juese mejor negarlo.

Será que yo no las tengo;
Será que nunca he penado...
Será que vivo dichoso...
Pero, de penas, no canto!

También es negra la tierra,
Y, verde salen los pastos...
Mientras, las raíces padecen,
Canta en sus flores, el árbol!

Yo no nací de semilla,
Pero en la tierra me aguanto;
Si tengo ráiz o no tengo...
Tal vez se sepa, escarbando...

Ocasiones me confundo;
Y, mesmo que juese un árbol,
Lo miro al viento, y me río...
(Las raíces, crujiendo abajo).

Y en los tirones del viento,
Más mejor, me voy templando!
Y siento el canto en mis flores,
Al tiempo que cái un gajo!...
...............................

Si me desmiento, en la vida,
Acuéstenme de un hachazo!

Marzo 18 de 1937

Abrojo grande

(Pintura: Gaby Grobocopatel)
Quizás nacistes güeno,
y hasta los macachines te tuvieron por zonzo!
Un yuyito cualquiera, te apretaba sin lástima
por barajar más sol;
el jugo de la tierra, te lo robaron otros,
negándotelo todo:
hasta el gusto inocente de dar, también, tu flor...

Te amargaron la vida;
pero no te entregastes (eras manso y no flojo)
un día te parastes para pelear con ellos,
y te eirzó el rencor!...
como por todo el cuerpo te brotaba el coraje,
te llenastes de espinas,
y hasta las hojas te quedaron ásperas!...

Así te hicistes bravo; y de ahí en adelante
ya bastaron las mentas:
tus caprichos son leyes y acampás donde quiera,
sin que nadie te ataje...

Pero, aquel primer día
que volvistes a pensar en dar tu flor,
tenías en la sangre tal veneno de encono
que tu flor fue un abrojo:...
lo mesmo que ya era tu propio corazón!...
........................................
Quizás naciste güeno...
tuvistes que pelear por tu tierra y tu sol...
La lucha, te hizo juerte;
la vida, te hizo malo;
el triunfo, te hizo pior!...

Mayo 18 de 1938

jueves, 17 de febrero de 2011

Milonga del cardo

(Pintura: Duilio Pierri "Cardo")
Sentir como ha de sentir
el bagual en campo abierto,
cuando se hecha a galopar
acoyarao al pampero;
eso mismo sentirá
el cardo que arrastra el viento...

Sufrir, cómo ha de sufrir;
pensarán pero no es cierto,
fuistes flor y te has secao
pa rodar detrás de un sueño,
y luego en un alambrao
morir borracho de cielo...

¡Quién pudiera darse en flor
hasta quedar sin aliento!...

Vivir, quisiera vivir,
echo canto y sentimiento;
como el sol: andar y andar,
bebiendo campos desiertos
como el cardo disparar
hecho estallido y silencio...

Así vivir, siempre así,
sin pasao y sin recuerdos;
horizonte... nada más
y una tropilla de anhelos,
para arrearlos a la par
del cardo que arrastra el viento...

¡Quién pudiera darse en flor
hasta quedar sin aliento!

Sauce llorón


Ahí tiene al pobre sauce
que en el apuro por vivir, ni piensa;
quiere ser árbol dimasiado pronto
y la vida le cobra la inocencia!...

Se jué mesmo a la orilla del arroyo
pa tener l'agua cerca:
con eso y tierra gorda
la estaquita se vido en la riqueza...

Se sentía con sangre en abundancia
como pa ser más grande que cualquiera
se ráiba de los talas de diez años
que igualó en tres o cuatro Primaveras.

Y con l'alma vacida,
y con agua en las venas,
solamente vivía
pa sentir su madera...

Un día, riparó que le arrastraban
sus ramas por la tierr,
las quiso levantar, y ya no pudo:
no le daban las juerzas!...

Vido que otra grandota,
como brazo estiráo haciendo señas,
se le diba cayendo en el arroyo
y, apenas si podía sostenerla!...

Por la primera vez, los viejos talas,
le causaron impresión, y los observa,
y sin verles la forma ni el tamaño,
busca el sentido que la flor expresa!...

Era una gloria de alegría el monte:
el Sol se vino a curiosear la fiesta,
tentáo por el barullo de los pájaros
y se quedó mirando dende ajuera...

Era una gloria de alegría el monte!
Si clarito se veía,
que las plantas sentían la ventura
de gozar sin fatiga la existencia!...

Ni la más infeliz, estaba triste;
los talas más fornidos, sin soberbia,
embobáos de mirarse unos a otros
las florcitas abiertas!...

Sin envidias ni nada;
l'alma limpia, serena,
se hace güena la vida,
aunque, mesmo, no sea...

El sauce, que seguía tironeando,
mira po'entre las cejas,
quiere alegrarse, pero ya no puede:
lo vence la tristeza!

Siente que en el vicio se le jué la vida;
que es la vejez de l'alma su flojeza,
y se tapa la cara con las manos...
y llorando se queda!...

Cardos

(Pintura: Oscar Correa "Los Cardos")
A la orilla'e la senda
suele haber cardos,
y tuitos se ladean
pa no tocarlos.

Como tienen espinas,
los van cuerpeando,
y pasan güena vida
por hacer daño!...

De trébol y gramilla,
naide hace caso:
cualisquiera los pisa,
yendo descalzo!...

Se ve clarito,
que hasta el ser malo tiene
sus beneficios!...

jueves, 13 de mayo de 2010

Juramento


Debajo de este algarrobo
deshojado por los años
con una raíz de peldaño
tal vez me inspire a mi modo.
Sin buscar mucho acomodo
ya armé mi fogón campero;
mi pavita de tropero
ya está soltando un murmullo
que a mí se me hace un arrullo
al calorcito del fuego.

Viejo algarrobo curtido
ya se achicó tu ramaje;
¡si habrás soportado ultrajes
del arroyo embravecido!
Tu suelo se ha carcomido
pero vos, en tu defensa,
tus raíces, como una trenza,
enterraste vertical
de riendas o de puntal,
disimulando la ofensa.

Te canto, viejo algarrobo,
por humilde y por valiente
por ser un real exponente
en estas selvas que adoro.
Hago justicia a mi modo
con estas observaciones;
destaco tus condiciones
que en tantos años pasados
fuiste un símbolo ignorado
en las costas de Mojones.

Hoy parecés un fantasma
en el aire suspendido...
Al verte así, tan sufrido,
me arranca un jirón del alma
vos, que le pretaste calma
a las bestias insoladas,
bajo tu verde enramada
les aliviaste el calor,
y hoy se opaca tu verdor
al rigor de las heladas.

Siempre vendré a visitarte
mientras dure mi existencia.
Tú me ofreciste querencia
y no voy a abandonarte.
Si quisieran machetearte
al verte viejo y vencido
si yo todavía estoy vivo
te juro, algarrobo viejo,
por vos me juego el pellejo,
el nombre y el apellido.

martes, 23 de febrero de 2010

El caldén


Al mirarte en lontananza,
recortando tu perfil,
te parecés a un candil
con una luz de esperanza.
Y al poner en la balanza
el presente y el pasao
me imagino que habrá estao
bajo tu sombra ralona
paisano, recao, carona
y algún criollito gateao.

Solitario en la llanura
contemplarás el progreso
sin pensar que nada de eso
ha de achicar tu figura
pues sos la esencia más pùra
y tu estao es virginal.
Tu semilla es ancestral
y un hondo misterio encierra
que anque la tapen con tierra
no nace ni por casual.

Dicen viejos pobladores
que aunque parezca un hechizo
después que algún yeguarizo,
como probando sabores,
mastica chauchas y flores
y al digerir sus semillas;
aunque no es cosa sencilla
en nuestra bendita tierra,
nace la planta y se aferra
¡qué natural maravilla!.

Viejo Caldén centenario
vos abrás visto al malón,
a la lanza, al regatón,
y al paisano solitario
fuiste con él solidario
le dio sombra tu figura
y en el monte y su espesura
se afirma tu recia estampa
sos el señor de la pampa
y el patrón de la llanura.

lunes, 7 de diciembre de 2009

La Biznaga


Biznaga:
leña del pobrerío,
cerco de huerta
y hasta quincho.

También alguna vez
su verde vara de bondad
fue improvisada escoba
del horno para el pan.

No es yerba curativa,
ni yuyo de buen olor,
ni da fruto, la pobre,
sólo una triste flor,
pero de hacer gauchadas
halla siempre ocasión.

Alza dondequiera
su aire jovial,
ofrecida
como una mano servicial,
regalo humilde de la tierra
que ya no sabe qué dar.

Las caravanas de la pobreza
llegan al biznagal.
Mujeres y niños
se ven desfilar.

Tal vez algún linyera
allí se refugió
cuando gemía la torcacita
y cantaba el chotoy.

En las cocinas pobres
se pone alegremente a calentar
la pava para el mate
y el pucherito en agua y sal.

Un júbilo rojo
fue la varita gris
y ayudó con su lumbre
al vacilante candil.

Y antes de ir al fuego,
en su afán de servir
fue caballo y rebenque
para el gurí.

Las caravanas de la pobreza
llegan al biznagal.
Mujeres y niños
se ven desfilar.