Mostrando entradas con la etiqueta Mario Pino. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mario Pino. Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de marzo de 2010

Deschalando a mano


Al llegar la deschalada
varias cosas se renuevan,
y uno prepara los cintos
con pedazos de arpillera.
Se pueden hacer de lona,
de cuero crudo, de suela;
con unos ganchos seguros
pa'que aguante la maleta,
donde se sabe enganchar
colocada entre las piernas
que no es fácil de arrastrar
una vez que está repleta.

Pero uno necesita
y la miseria atropella,
una lucha 'e cuatro surcos
para que valga la pena.
El deschalador pulido
de tantas chalas abiertas,
que desnuda las espigas
que caen dentro'e la maleta,
y hay varias bolsas vacías
que están esperando atentas,
pararse entre los surcos
con la ganancia'e la siembra.

Hoy seguro no se ve
¡quién arregla una maleta!
y si se habla de una "lucha"
piensan que es una "pelea".
Y la "lucha" son los surcos
que uno marca como melga.
Las chalas con las heladas
se ponen ásperas de veras
y va gastando los dedos
hasta sangrarte las yemas;
que con unto y grasa'e iguana
en pocos días se arregla.

Seguro entre surco y surco
está crecida la maleza,
donde está el "manca-potrillo",
el chamico y otras yerbas,
por más que tengas cuidado
¡seguro que te chucea!
Y ahí la grasa de gallina
pasa a ser la mejor ciencia,
pa sacarte las espinas
que hasta el güeso te lancean,
y te duele hasta el "tutano"
pero el patrón, ni se entera.

Y él solo piensa en su rancho,
que su familia lo espera,
y lejos tiene que andar
cual golondrina viajera;
pa'poder hayar conchabo
en otras tierras ajenas.
Porque en el pago, señor,
siempre el trabajo escasea.
Y el que quiere vivir bien
no debe cruzar las piernas,
y hay un refrán conocido
que "todo el que busca encuentra"...

Y así pasa el cosechero
bien mojado hasta la pera,
y al llegar al campamento
los "buenos días" trompieza,
en un mate que ahí adentro
tiene muy poquita yerba.
En un guiso sin fideos,
media dura la galleta,
tampoco tiene tabaco
como pa que se entretenga;
pero un programa en la radio
le alivia un poco las penas.

Y al pasar la temporada
lo van a encontrar de vuelta,
comprando lo que hace falta
después de pagar las cuentas,
o hacercarse hasta el boliche
con las pilchas domingueras;
o con toda su familia
alrededor de la mesa,
después de una temporada
regresa a su querencia,
cotento porque ha traido
buena plata de la cosecha.

martes, 23 de marzo de 2010

La escopeta de mi abuelo.


Mi abuelo se iba a "cazar"
y preparó su escopeta,
con una buena bagueta
por dentro la entró a limpiar.
De nuevo la quiere usar
pues de tenerla guardada,
está tan amojosada
y dura como una suela,
desde que murió mi abuela
no la ha tocao para nada.

Tiene que tener mucho ojo,
revisarle bien la junta
pues dice que hasta en la punta
se le ha taponao con "mojo",
que tiene el seguro flojo
y el gatillo mueve a gatas;
que va a costar mucha plata
pa' completar esa hazaña,
si hasta con tela de araña
se le ha ensuciao la culata.

Dice que antes bien andaba
aun cuanto vivía la vieja,
sin tener ninguna queja
de vez en cuando probaba
Muchas veces gatillaba
y el tiro no le salía,
pero él que ya la entendía
de nuevo la preparaba,
entonces en cuanto gatillaba
a caño lleno escupía.

La púa que está gastada
ya no martilla como antes,
y en vez de ir pa'delante
pa'trás se vuelve arrollada.
Él le pegó una estirada
pero se quedó ahi nomás,
y tiene miedo además
de que el caño no le aguante,
y en vez de ir por adelante
le reviente por atrás.

Cuando mi joven abuelo
la tenía bien completa,
daba gusto su escopeta
entonces le andaba al pelo;
le desparramaba al vuelo
sin andar con precauciones,
en que en esas ocasiones
andaba bien el martillo,
ni bien tocaba el gatillo
saltaban las municiones.

Y antes sí que pateaba
pero mucho más que ahora,
como era tan patiadora
a veces miedo le daba;
un día juntando estaba
apretó el gatillo y ¡zas!
lo hizo caer pa'trás
y según cuenta mi abuelo,
que cuando lo vió en el suelo
le diez patadas más.

Él dice: -"Por más que sea
no tiene la fuerza de antes,
èl gatilla muy campeante
pero ya ni se mosquea.
como casi no patea
en la punta y sin cuidao,
y aunque le ha gatillao
aunque le parezca extraño,
por el olor que hechó el caño
se da cuenta que ha tirao.

Pero ni la quiere usar,
ni maltratarla tampoco;
la va a limpiar otro poco
y después la va a guardar.
No saldrá más a "cazar"
y se arrepintió enseguida;
dejó su vista tendida
sobre el verdoso paisaje,
recordando los pasajes
de su ¡escopeta querida!

sábado, 20 de marzo de 2010

Alambrador

(Pintura: Francisco Madero Marenco)
Usted me habla de las cosas
computadas de su pueblo,
¡qué va a hablarme de una pala,
de un pisón mucho menos!
¡Qué sabe de barreñar,
de plantar un portonero;
de engrampar una varilla,
de calzar un puntalero!
Y si se corta un alambre
y te da un chirlo en los dedos...

Yo todo eso lo he pasao
y duele màs en invierno...
Si habré rumbiao pa la linea
con el taladro en el cuello,
la tenaza, california,
y un palo cortao pa' "muerto".
Y en el mango de una pala
colgar un tarro con cebo,
y al llegar al mediodìa
pa'la hora del almuerzo;
una varilla quebrada
que traigo para hacer fuego,
y mi perro en la ranchada
esperando mi regreso.

Las conversaciones son:
-"que a la bandera del medio
hay que hecharla a la derecha
porque la ha torcido el viento".
Y mientras uno ceba mate,
otro prepara un puchero;
baja la carne del gancho
y la revisa primero...
porque siempre la queresa
está en contra del hueso,
y haciendo broma pregunta:
-"¿sopa de arroz o fideos?".

Por eso quiero que sepa
usted, querido pueblero,
que los cayos de las manos
y las grietas de los dedos,
son del mango del pisón
y del frío del invierno.
Y el dolor de la cintura
es de hoyar días enteros,
y cuando llega la noche
da vuelta en su pensamiento:
su esposa, que allá en el rancho
lo espera con su borrego.

viernes, 18 de septiembre de 2009

El jaguar overo

(Foto: Eduardo Amorim)
En la estancia 'e Gallinales
Había una fiesta criolla,
donde se corría una polla
entre piones y puesteros.
Vino y asado con cuero
para toda la reunión;
había gran animación
en aquel hermoso día
causaba aquella alegría
el cumpleaños del patrón.

Acoplados ya los gauchos,
llego allí un desconocido
como hombre bien vestido
criollo de linda estatura.
Rastra de oro en la cintura,
buena vincha, buen sombrero,
traía aquel forastero
de tan simpático rostro;
calzaba en las bota 'e potro
grandes rodajas de acero.

Se presentó al capataz
y solicitó permiso,
fijándole compromiso
para ayudar en la criolla;
dijo formarse en la troya
como simple aficionau
y el capataz conformau
dijo bondadosamente
quédese tranquilamente,
me causa el mayor agrado.

Habían en el corral
veinte potros invernados,
entre esos, dos reservados
pero uno sobresaliente.
Era un mestizo imponente,
le decían el Jaguar,
nadie lo quería montar
por las mañas que tenia,
y aquel que lo conocía
jamás lo quería ensillar.

Era terrible en el lomo
y baqueano en la volcada,
igualmente en la patada
cuando negaba el estribo;
para el diente positivo
cuando le ceñían el lazo,
curtido a los porrazos,
audaz y atropellador
y acometía al domador
a dientes y a manotazos.

El capataz hizo oferta
para aquel que lo ensillara,
siempre que no lo bajara
tendría diez libra en la mano
¡¡ACEPTO!! Acepto!... dijo un paisano
y era el mozo forastero,
"procuro ganar dinero
aunque me lleve un porrazo,
no extrañarán mi fracaso,
si caigo no es el primero".

"Muy bien", dijo el capataz,
"pero le diré al corriente,
que aquí hay hombres muy jinetes,
naides le ha parao el lomo
bellaquea nose cómo,
tiene una astucia enemiga,
es un crudo sin fatiga
aporreado por demás,
tengo la segurida
que uste jamás lo castiga".

-"Creo" dijo el forastero,
"pero soy algo porfiau,
le tiene fe a su mentau,
yo también a mis rodillas,
a mis espuelas sencillas
baqueanas en las paletas,
jamás he sido hombr'e yeta
y a su Jaguar en progreso,
le juego quinientos pesos
que no me saca ni aprieta".

"También le juego al que guste,
todo entero mi chapiau,
a mi zaino requemau
que es mi único tesoro;
les juego mi rastra de oro
que es una prenda prolija
y también juego esta sortija
que es una prenda estimada,
me gusta más la parada
cuando me juegan en fija".

El capataz en calor,
el desafiau aceptó,
con testigos valoró
las pilchas que había jugau,
dijo el mozo entusiasmau,
"capataz, si hay recelo,
si piensa verme en el suelo
como me ha creído incapaz,
le juego diez libras más
y se lo jineteo en pelo".

En el acto fue aceptau,
al capataz convenía
y en pelo le parecía,
mas en fija la victoria,
si hasta parecía una historia
del Jaguar, sus pormenores,
a sus mañas y rigores,
le temían los mentaus,
con bastos había derrotau
ciento y tantos e´domadores.

La pionada se reía,
decía un domador mentau,
"este indio sale pelau,
abochornau y de a pie,
el Jaguar se tiene fe,
tiene diez años en el trillo,
tiene juerza en los carrillos
y es baqueano en las gambetas,
cuando siente las rozetas
hace crujir los colmillos".

Había en esa hermosa fiesta,
más de veinte mil personas,
guitarras y acordeonas,
tocaban alegremente,
dijo el capataz sonriente,
"¡muchachos, a la portera,
ya no hay más horas de espera
cada cual con su rebenque!",
y el Jaguar en el palenque
estaba que era una fiera.

Unos armaban los lazos,
los otros las boliadotas,
y contaban sin demoras
ver el jaguar apartado,
los autos bien colocados
con un testigo por guía,
claramente se veía
de costado y por derecho,
los fotógrafos en provecho,
sacando fotografías.

Al jaguar en el palenque,
un criollo se lo orejeó,
y el jinete lo saltó
con el rebenque en la mano,
gritó: "¡largueló paisano
a esa fiera tan mentada"!!
Y el otro en sus compadradas
le dijo "potrillo arisco",
y en la punta del hocico
le pego una cachetada.

El bruto con tal agravio
soltó un ronquido alterau,
igual que tigre cebau
salió buscando ventaja,
cuando sintió la rodaja,
armó surco en las gramillas,
bellaqueando de costilla
se cambiaba de costau,
y el jinete iba parau,
solamente en las rodillas.

Doce cuadras bellaqueó,
de aquella forma entonada,
aquella fiera enconada
hacia crujir los dientudos,
como voltearlo no pudo
buscó astucia en su defiendo,
parecía dirse cayendo...;
en el salto se volcó,
en el aire se voleó
y el gaucho salió corriendo.

Cuando quiso enderezarse,
el criollo está horquetau,
y le gritó "te ha chasqueau,
no me aprietas mamarracho,
he de chusiarte el escracho
si sos un gran cabortero,
vos sos el Jaguar Overo
que te has tragau un chambón,
sabrás que yo soy el lion,
quien vino a rayarte el cuero!".

Como si hubiese entendido,
el Jaguar se enarboló,
y el rebenque retumbó
en las paletas heridas,
bellaqueando siempre a vueltas
a las cruces lo llevó,
en el salto se volcó
y aprovecho la volada,
dando una mortal sentada,
que casi lo despidió.

Lo salvaron las espuelas,
en el cuero retorcido,
y el animal ya rendido
enderezó pal corral,
un criollo le tiró un pial
y le grito "¡Viva Cuñau!,
como tan bien se ha portau,
este pial lo está esperando",
Salio el gaucho trompezando,
totalmente acalambrau.

El público lo aplaudió,
con entusiasmada gloria,
vivaraz de la victoria
y el de merecida fama
y hasta un enjambre de damas
que se encontraban reunidas,
todas ellas persuadidas,
también lo felicitaron
y con gusto le curaron
las dos rodillas heridas.

El Jaguar quedó estirau,
el golpe lo desmayó
y a los tres días murió
completamente infestau,
horriblemente espueliau
perdió toda su energía,
y un gaucho viejo decía,
"este indio tiene reserva,
debe tener buena yerba
o domar con brujería".