Mostrando entradas con la etiqueta Pampa Gringa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pampa Gringa. Mostrar todas las entradas

miércoles, 27 de julio de 2011

¡Si estos gringos!



Eche una copa, pulpero;
Viá sentar el mate amargo
y en seguidita me largo
como tatú pa su aujero.
No le mezquine, aparcero,
a ese vasito culón...
Había sío este nasión,
fiero... es que yo se lo diga,
lo mesmito que una hormiga
pa la casa del patrón.

¡Si estos gringos! ¡Ni que hablar!
Pa vender, mezquinos de uña,
pero clavan... la pezuña
cuando tocan a cobrar.
A poco de negociar
y cuando usté ni se sueña,
se le atracan a la dueña
del potrerito arrendáo
y le pagan al contáo
casa y campo y monte y leña.

Y toditos son ansina;
mientras no hayan güena suegra
se arranchan con cualquier negra
que de balde les cocina.
No quieren comer gayina
porque no les hace cuenta,
pero adoban la pulenta
con pajaritos guisáos,
porque estando amontonáos
de un tiro matan cincuenta.

En lo que no son mezquinos
-se entiende pa su provecho-
es en trasegar p'al pecho
lo mejor que viene en vinos.
En eso sí, son ladinos
estos gringos apestáos;
eyos comerán guisáos,
si a mano viene, de garras;
pero ¡hijos de una! en sus farras
p'al vino son delicáos.

Ahura digamé, paisano,
¡con semejantes padriyos
han de salir los potriyos
como pa parar la mano!...
Por eso hay cada orejano
con el lomo como cerro,
que no da descanso al fierro
cuando algún patacón filia,
y degueya a una familia
sin que se escape ni el perro.

Y dispués dice la gente
que es un indio el matador...
¿Indio? Acaso po el color
al yamarle indio no miente;
pero no es dejuramente
de la indiada de mis pagos,
que si en la guerra hace estragos
y mata en propia defensa,
pa la persona indefensa
nunca tuvo sino halagos.

martes, 26 de abril de 2011

Soy de la pampa Argentina


Soy de La Pampa Argentina
ando alumbrando lo oscuro,
como los cardos maduros
mientras ruedo voy sembrando.
El viento me fue alejando
y hay me da por 'recordar,
pensé: me pongo a cantar
lo que mis cuerdas dispongan
y me salió una milonga,
de pura casualidad.

Soy de La Pampa, señores,
donde se embriaga la siembra
con vino blanco de soles
para alegrar su molienda;
donde he soltado mis riendas
para alcanzar las colinas,
donde quedó aquella niña,
que no pude conquistar,
donde se puede pensar
donde no tuve rutinas.

Tierrita que has esperado
la mano del labrador,
brotando de tu interior
la mies civilizadora.
Te han poblado las auroras
de amanecidas nostalgias,
de madrugada distancia
entre la espuma del mate,
en el silencio que late
su verdejo corazón.

Soy de La Pampa Argentina
tierra alisada y serena
donde el grito macho indio
fue enronqueciendo mi pena.

Hay que perderse en la noche
en su bóveda de estrellas
para encontrar el camino
qué tartamudas destellan.

Soy de La pampa Argentina
vengo de un vientre paisano
de audaces tiempos lejanos
de españoles e italianos.

Todas las razas del mundo
pueblan tu cielo pampa
hueco de risas y sueños
que en las espigas se estampa.

Soy de La Pampa Argentina
tierra alisada y serena
donde me espera una madre,
donde mis garras se abuenan,
como toda madre espera
al hijo que no regresa.
Tengo un padre payador,
dos hermanos de mi sangre,
es la riqueza más grande
que guarda mi corazón.

He regresado a los llanos
en un sonar de guitarra
con alegría en el alma
siempre evoco a mis paisanos.
Siempre lista está su mano
que empuña sinceridad
yo sólo quise contar
los recuerdos que me ahondan
y me salió una milonga
de pura casualidad.

viernes, 11 de febrero de 2011

Esta tierra que siembro


Esta tierra que siembro es mi patria y la quiero.
Nudo de mi existencia: canto, sudor y lágrima.
Para quererla tanto como la quiero, tengo
una razón profunda: me costó enamorarla.

Con el primer rastrojo tuve colchón: la chala
es lana de colonos. Mi puño, desde niño,
se abrió como una rosa en ademán agrícola
para echar en el surco el corazón del trigo.

Mi abuelo hirió su seno con ternura de novio.
Sobre su geografía, bajo el sol inclemente,
la voz mediterránea de mi padre decía
sus canciones de fe. Y ella nos dio la muerte.

Por todos sus caminos se llega a alguna parte.
Estas sendas que viajan apretadas de chacras
anticipan las manos labradoras cordiales
con ladridos de perros y frescura de plantas.

El silencio es su jefe; la luna su destino;
el horizonte llega, sangrando por la herida
roja del sol, en ancas de parvas o de trojes;
nuestras noches no tienen estrella preferida.

Ni historias ni consejas la turban. Esta tierra
es un presente másculo de trabajo y de surcos.
La historia estaba hecha cuando llegó mi gente,
pero ellos impulsaron su rueda: ese su orgullo.

Un río bravo baña su dorso; pero el canto
del río no le inquieta. Y el pez es lo de menos.
Para acunar los sueños litorales le basta
el ruido de la lluvia jugando por los techos.

Esta tierra que siembro es mi patria y la quiero.
De ella me viene el canto, la fatiga, el dolor.
Mi ley está en herirla, en sembrarla, en quererla
y en decir su alabanza como en esta canción.