jueves, 3 de julio de 2008

Rancho Muerto



Punteo para "Rancho Muerto"
I

En un paraje bruto, donde el campo
se arrastra a bellaquear, duro y parejo,
p'hacerse cimarrón entre los cardos
y los chilcales densos,
hay un rancho silleta, solitario,
jundido contra'l plomo del invierno...

Ha estao en la cuchilla, sesent'años;
y ha sido guapetón el rancho viejo.

A veces, la coruja en la cumbrera
le dio manos de frío a contrapelo,
pero sólo una vez hubo caranchos;
si algo más falta... lo llevó el sendero.

Aura, es cuasi tapera; a pocos pasos
retuerce su miseria un tala seco,
y se agrieta un palenque de quebracho
que ha quedao pa' mojón del desconsuelo.

Levantando su pértigo, está el carro
como en una añoranza de repechos.
Más allá hay dos horcones;
son dos brazos
que alza en busca de luz, el pozo ciego.

Por vez primera, tiene miedo el rancho,
todo está muy tranquilo; muy siniestro.
No se mueven en torno ni los pastos,
y la tarde es un yugo de silencio.

De golpe, por los cerros más lejanos
repechan grandes nubarrones negros,
y en remolinos de baguales zainos
por un trillo de furia,
llega el viento.

L'oye bramar; sentao en sus garrones
quiere aguantar su empuje en el encuentro;
quiere juir, como el potro, a la llanura;
quiere volar, abriendo los aleros,
pero todo es inútil; porque tiene
los cuatro pies maniados por el miedo,

y al final... es de barro: como el hombre;
y al sentir que la garra del pampero
se l'enrieda en la clin, cruje un sollozo
de coraje vencido, y cai deshecho.

Por el cardal, montao en un bichoco,
tembloroso de frío, llega un viejo;
por sus azules ojos ñeblinosos
vaga una pena di agua sin consuelo.

Quisiera levantarlo; pero el rancho
le ha dentrao a pesar memoria adentro,
y son pocas las juerzas con que arrastra
la soledá de sus ochenta inviernos...

Da unas güeltas en torno; su mirada
busca una vaga ayuda en el potrero,
los cardinales de su desamparo
se le hunden en los ojos, como dedos,

y entonces, le habla al rancho, de manera
que, llorando a los gritos, juye'l viento
mientras una garuga destemplada
lustra las muertas pajas del alero...


Rancho Muerto
II

"Te caite... rancho flojo!
Aura, que agatas
me van quedando fuerzas pa'l silencio,
te da por afluejar los caracuses
y azotar la osamenta contra'l suelo...

Las otras noches, no podía dormirme
cuando al pasar te paletiaba el viento...
Te oiba di a ratos rechinar los dientes
y carculé que 'stabas medio enteco;

pero nunca, pa tanto, mesmamente.
Mirá que t'hice juerte, rancho viejo...
Ya van pa sesent'a años.
Tenía veinte,
cuando llegué a estos pagos de tropero,
y trompecé con unos ojos tristes
que me habían aguaitao...Dios sabe'l tiempo.

Yo era medio flojón pa los caminos
y me gustó pa comenzar un cuento.

Como traiba unas libras en el cinto,
l'eché l'ojo enseguida a este potrero
donde después te alcé, con tanto orgullo,
que hasta envidia les daba a los horneros.

Aprovechando aquél menguante 'e junio
corté tijeras, paja, horcones gruesos,
y te hice con caricias; justamente
como se hacen los hijos, y los sueños...

Había que ver, cuando la truje a ella.
Se raiba sola'e verte tan bien hecho:
la quincha de escalera parecía
como un intento de llegar al cielo.

Cómo se raiba... Cuando nos miramos
yo parecía un gurí: sacando pecho;
y se vino al cariño de mis brazos
a pagarme la changa a fuerza'e besos.

...Dispués, vinieron los gurises: Pancho,
Lucio, José, Juanita...Tuitos ellos...
Y parecías un nido de pirinchos
con tanta risa de gurí contento.

Una mañana, les corté el retozo;
los enanqué en el malacara viejo,
y el ala blanca de los guardapolvos
rumbió a los palomares del colegio.

Dispués...
Jué como todo en esta vida:
unos se casan... otros se van diendo...
y golvimos a quedar, yo y la patrona,
nuevamente de novios, por un tiempo.

Hasta qu'ella se jue. Ségún el cura,
p'ande se m'iba a dir sino pa'l cielo...
La tarde que se jue me dijo: "Lucio...
tenés rancho pa'rato ¿eh? Salió güeno!"
...Van pa' cinco años; y cuando me craiba
que m'iba hacer tapera yo primero,
te da por afluejar los caracuses
y azotar l'osamenta contra'l suelo...

Te da por afluejar, cuando no hay juerzas
p'apuntalarte un poco; cuando tengo
las manos tan tembleques, rancho flojo!,
dejar morir al raso al patrón viejo!"
..............
Y jue la noche pior de Santa Rosa:
llovió, como pa'ahugar hasta los cerros.
Cuando quiso clariar la madrugada,
lo encontraron dormido y ya sin tiempo,
con la blanca melena derrumbada
sobre las clinas de su rancho muerto...

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