Él es bueno de adentro hasta la puerta,
humanitario de la puerta adentro,
afuera es otra cosa. Punta y filo,
hurañez madurada a sol e invierno.
No tiene nada que envidiarle a nadie,
es puro como el Niño Nazareno.
Duermen en él, con pichonada y todo,
cuanto bicho hay que escarba por los cerros.
Y no es tan chico que se diga,
alcanza pa formar una cruz de trasfogueros
pa tender el recao y queda cancha
pa algún gaucho de mi pago, pa mi perro.
Como en espera de los cuatro rumbos,
la puerta tiene requintao el cuero,
lo rayan nazarenas y querencias
y le dentran ventiscas y luceros.
Pa que no se le juera con los pájaros
la planté cerca'el patio un tronco seco
que volvieron palenque mis baguales
de tanto samarrearlo del cabresto.
A más, la tirada que llevamos,
hermanaos él y yo,cubrió su techo:
la vergüenza de un robo,
una mentira, el amor, lo curioso,
envidiao miedo,
Nada que pueda avergonzarlo mancha
la divina pobreza que hay adentro
y a él no le gusta que la luna vea
las gastadas cacharpas de su dueño.
Tiene, a un costao del lomo,
una bastera de tanto y tanto
jinetearlo el viento
y por ella se cuela cuando esparce
la luna sus plumones entre el cielo.
Y no le gusta, se le va ladeando,
como que era un león, le saca el cuerpo
amontona la sombra en los rincones,
y pa mancharla se la pasa al ceibo.
Yo soy un convencido que mi rancho
es oro bueno de la puerta adentro,
afuera es otra cosa, como digo.
Nunca ha podido basurearlo el viento,
y siempre con mis cosas de muchacho
cuando un negro me llevó y yo me asusé al cielo,
escriben las estrellas sus mensajes,
apuntalo el palenque y lo contemplo.
Si lo llena de luz un rejucilo
al ver todo chorriao el firmamento,
y el oro redetido en las alturas,
libre lo espera el sacudón del trueno,
y a donde vea balancearse el monte,
sacude las plumitas del alero,
se eriza todo, se estremece,
tiembla si le sirve las clinas del pampero.
Y así feo como es, tiene hasta música:
se achicharra, por flor se luce el ceibo,
en durante la siesta. Por la noche,
al grillo con cerrón, canta su alero.
Con las tacuaras fabricaron quenas,
zumbones mangangases barreneros
pa que la brisa musiquera cante
en las horas de paz, sus tristes ecos.
Y endulza su amargura cimarrona
una pera de miel de un esquinero.
Y en remolinos las avispas bravas
le cuelgan sus violines al silencio.
Alzó con el testuz de la cumbrera
la constancia redonda de un hornero,
pa que no se le queme la techumbre
si posa la luz mala su desvelo.
De tanto caronearme las desgracias,
me ahuyentaron del pago, me juí lejos,
a ver si le ponían las distancias
una venda de olvido a los recuerdos.
Cuando volví, me lo encontré como antes,
con menos quincha pero más ahujeros:
Desentrada la puerta, caido el tuze,
de guampiarlo los toros y entrar tiempo.
Cuando el camino los acerque, hermanos,
lleguen nomás si necesitan techo,
que él es uraño de la puerta ajuera
pero es un santo de la puerta adentro,
Mostrando entradas con la etiqueta El Rancho. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El Rancho. Mostrar todas las entradas
sábado, 9 de julio de 2011
domingo, 3 de julio de 2011
Juan de los Santos Arena (Estilo)

A orillas del Paraná
bajo un frondoso espinillo,
hay un ranchito sencillo
que siempre en silencio está;
ninguno a ocuparlo va;
pues dice la gente buena
que de noche un alma en pena
viene a esa choza sombría,
donde en un tiempo vivía
Juan de los Santos Arena.
Dicen que al llegar las doce,
cuando las islas dormitan,
entre los ramajes gritan,
aves que nadie conoce;
cuando las flores con goce,
se hallan de luna llena.
Surge del juncal serena,
sobre un oscuro fogoso
la visión del gaucho hermoso
Juan de los Santos Arena.
Sigue al borde la barranca,
meditabundo y sombrío
mientras las ondas del río
juegan con la espuma blanca;
su frente pálida y franca
tiene el velo de una pena;
con timbres extraños suena
su prendaje de oro y plata;
y en las aguas se retrata
Juan de los Santos Arena.
Pero al dar vuelta el sendero
aparece entre sus ojos,
aquella ruina... ¡despojos
de otro tiempo lisonjero!
Lanza un sollozo y ligero
su brioso oscuro sofrena,
quita el sombrero con pena,
de su frente soñadora.
Y ocultando el rostro llora
Juan de los Santos Arena.
Echa pie a tierra enseguida
con un afán que desgarra
y descuelga la guitarra
a su espalda suspendida;
con vibración conmovida
está entre sus manos suena,
porque el mal que lo envenena
le causa un dolor tan vivo,
que en ella ve un lenitivo
Juan de los Santos Arena.
De pronto y sin causa alguna
brota un concierto de notas,
que a soledades ignotas
van vibrando una por una.
Luego se nubla la luna
como empañando la escena,
y con una voz que llena
de melodías la noche,
canta ese amargo reproche
Juan de los Santos Arena.
"Ranchito humilde en que anidé
mis esperanzas, tranquilo
tú me brindastes un nido,
yo con sangre te manché;
pero no ignoras que fué
muy grande y honda mi pena.
Que tan horrible condena,
quién sabe si merecía
como esta eterna agonía
Juan de los Santos Arena.
Siento en mi pecho un vacío
al verte tan diferente;
ayer florido y luciente
hoy derrumbado y sombrío;
también mi vida en su estío
estuvo de pena llena
y hoy una oculta cangrena
sin embargo me devora;
ayer cantaba y hoy llora
Juan de los Santos Arena.
Mas no bien el instrumento
lanza el último sonido
sale del rancho un quejido
hasta trocarse en lamento;
dicen que entonces el viento
su furia desencadena.
Que de pronto llueve y truena
y salpica la resaca
hasta donde se destaca
Juan de los Santos Arena.
Los yaguaretés también
entonces braman rabiosos,
y los yacarés ansiosos
salir del agua se ven;
lo que fué calma recién
la tempestad desordena;
mientras con el alma llena
de un dolor indefinido,
queda de todo abstraído
Juan de los Santos Arena.
Hasta que al fin del letargo
parece sacarlo el día,
que distante todavía
se vislumbra sin embargo;
entonces al trote largo
suelta al viento la melena
aterrado por la escena
y como huyendo a sus males,
se pierde entre los juncales
Juan de los Santos Arena.
Es ésta la tradición
de estos sitios entrerrianos
que comentan los paisanos
llenos de superstición;
y cuando las doce son
cualquier ruido que suena
en esas islas los llena
de un miedo desconocido,
y se dicen al oído:
¡Juan de los Santos Arena!
sábado, 14 de mayo de 2011
Compañero rancho

A mi amigo y vecino Héctor Rodriguez
Llevamos muncho tiempo en la lomada;
yo con mis potros... la guitarra... el perro...
El, casi solo, casi mudo, casi;
se pasa año redondo entre el silencio.
No se si me conoce todavía,
es insensible y mudo como un muerto
se suele extremecer si el viento es juerte
y a veces tiembla cuando tiembla el trueno.
Le pasan las bandadas sin mirarlo,
-no tiene un arbolito pa remedio-
el camino le cruza y nunca llega
anque a veces le arrima algún viajero.
Si es largo un temporal, las batarazas
se allegan por la noche en busca'e techo,
le llenan las soleras de graznidos
redondas las miradas por el miedo.
Al verlo tan ahumao y tan sin paja
me han dao ganitas de prienderle juego;
dispués me amansa su calor, pensando
en mis noches a campo de tropero.
Me ensilla con sus bromas de mal gusto:
ande hubo, ni sé cuanto un hormiguero,
escuende yararacas arrolladas
y me las pasa frías cuando duermo.
A veces, cuando junto al bracerío
entibio mi cancera y amargueo,
me arrima con un hilo de su baba
tremenda araña pa correrme el sueño...
En otras juega con los vientos chúcaros:
al más arisco de ellos, al pampero,
le hace adios al pasar con unas pajas
se corta en ellas y se va juyendo.
Un verano de moscas tornasoles,
cribada tierra y pastizal reseco,
con un sol empacao a media tarde;
nos rodiaron las llamas de un incendio.
En grandes nubarrones de ceniza,
en llamas tremolantes, humo negro
y un trueno de yeguadas sierra abajo
se extremecían juntos, sierra y cielo.
-los yuyos siempre me gustaron muncho,
los dejaba crecer con vicio y frescos
pa que aromaran los terrones ásperos
y encendieran florcitas en mis sueños.
Y al ver las llamas acercarme ¡ébrias!
como fantasmas estribando en ellos,
uñí la yunta y rodié de surcos
a camellón por vara el rancho viejo.
Y lo salvé nomás de las cenizas;
se alejaron las ruanas llano adentro
espantando ñanduces y yeguadas
hasta saciarse en el pajal inmenso.
Le dí gracias a Dios hecho una sopa!
Me arrecosté al palenque, y al pañuelo
arrollao como pájaro con frío,
le esprimí mi cancera en sudor negro.
Miré mi rancho pa correrle el susto:
y él, como nada, indiferente, quieto;
muestrando sus costillas renegridas...
Sabe Dios desde cuando estaba muerto.
jueves, 12 de mayo de 2011
Como nido abandonao
(Foto: Eduardo Amorim)
De la güeya en una oriya
como algo que se ha estraviao
hay un ranchito tirao
entre cardos y gramiya;
ya se ha ido medio ‘e costiya
por los vientos paletiao
pero entuavía está parao
y como una mano abierta
está ofreciendo una puerta
por si pasa algún cansao.
De tanto andarlo el pampero
medio lo ha matao del lomo,
y de tordiyo palomo
aura pasó a zaino overo,
le han hecho meya a su cuero
el tiempo y las alimañas
y mientras que las arañas
zurcen aujeros del techo,
los mangangases han hecho
como una tarja ‘e sus cañas.
Al voltearle la tranquera
los años con sus pechadas,
lindas épocas pasadas
dispararon campo ajuera,
ya en su patio sin frontera
aura tan solo ha quedao,
porrón a pique rodiao
como fortín de avanzada,
un cantero a la dentreada
por hormigas maloniao.
Sobre los cardos overos
que le han hecho corralito,
el cielo cuelga cachitos
pa’ adornarle los aleros,
rayito ‘e sol, los jilgueros
con melodiosa tibieza
le ponen a la tristeza
que’n un sauce viejo yora,
un’alegría en cada aurora
que’n cada ocaso regresa.
Lo mesmo que’n cualquier nido
ayí emplumaron pichones
que al criárselé los alones
levantaron su volido,
un casal muy dolorido
quedó mirando la güeya,
y al tiempo é la ida aqueya
vio el rancho con desconsuelo
su gaucho ‘e negro pañuelo
y ayá en su cielo otra estreya.
Por la soledá arrendao
dentró a morar la tristeza,
ilusión, dicha, beyeza,
el tiempo todo ha yevao.
Viejo nido abandonao
ande’l pasao desensiya
y un negro presagio briya
dende aquel día que’l nochero
quedó adentro del potrero
relinchando a la tropiya.

De la güeya en una oriya
como algo que se ha estraviao
hay un ranchito tirao
entre cardos y gramiya;
ya se ha ido medio ‘e costiya
por los vientos paletiao
pero entuavía está parao
y como una mano abierta
está ofreciendo una puerta
por si pasa algún cansao.
De tanto andarlo el pampero
medio lo ha matao del lomo,
y de tordiyo palomo
aura pasó a zaino overo,
le han hecho meya a su cuero
el tiempo y las alimañas
y mientras que las arañas
zurcen aujeros del techo,
los mangangases han hecho
como una tarja ‘e sus cañas.
Al voltearle la tranquera
los años con sus pechadas,
lindas épocas pasadas
dispararon campo ajuera,
ya en su patio sin frontera
aura tan solo ha quedao,
porrón a pique rodiao
como fortín de avanzada,
un cantero a la dentreada
por hormigas maloniao.
Sobre los cardos overos
que le han hecho corralito,
el cielo cuelga cachitos
pa’ adornarle los aleros,
rayito ‘e sol, los jilgueros
con melodiosa tibieza
le ponen a la tristeza
que’n un sauce viejo yora,
un’alegría en cada aurora
que’n cada ocaso regresa.
Lo mesmo que’n cualquier nido
ayí emplumaron pichones
que al criárselé los alones
levantaron su volido,
un casal muy dolorido
quedó mirando la güeya,
y al tiempo é la ida aqueya
vio el rancho con desconsuelo
su gaucho ‘e negro pañuelo
y ayá en su cielo otra estreya.
Por la soledá arrendao
dentró a morar la tristeza,
ilusión, dicha, beyeza,
el tiempo todo ha yevao.
Viejo nido abandonao
ande’l pasao desensiya
y un negro presagio briya
dende aquel día que’l nochero
quedó adentro del potrero
relinchando a la tropiya.
miércoles, 13 de abril de 2011
Lo que fue seguirá siendo
Mi rancho no es un museo
mas guarda en cada rincón,
pedazos de tradición
donde mi hastío recreo.
En cada pilchita veo
donde mi ayer hizo nido,
y como siempre he querido
juntar presente y pasao,
a todas las he colgao
pa sacarlas del olvido.
De venao en un cuernito,
un par de bolas colgadas,
dicen que fueron halladas
en "la carga de arbolito".
En la quincha envainadito,
hay un facón carcomido
y colgao como al descuido
después que tanto sonaron,
cencerros que amadrinaron
las tropillas que he tenido.
Ajenas porque la mía,
jamás con seis la formé,
a veces me 'aprosimé'
si la madrina paría.
Hubo en una pulpería
un poncho desvanecido,
que empeñó un desconocido:
nunca lo pude comprar...
¡como pa no valorar
las pilchas que no he tenido!
Una tijera gastada,
un martillo de esquilar,
como la uso pa tuzar
en piedra gruesa afilada.
Una manea sobada
que aguantó a más de un bagual,
un lazo monumental,
de cuatro ancas trenzaos
que no es aquél ramaliao
que se cortó al primer pial.
De mis tiempos de tropero,
hoy guardo un par de lloronas,
de esas de tatuar caronas
que entrañablemente quiero.
Tengo un facón caronero
de cuasi un dedo de lomo,
y cargaditas con plomo
bien calzadas, desde luego,
varias tabas porque juego
y un gran chifle porque tomo.
Mi mate que usé al fiador
largamente en resereadas,
es de guampa trabajada
con un arte superior.
Bajo mi alero cantor
de estribos hay un caudal
y en frenos es un dineral
si tuviera que venderlos,
¡claro que solo con verlos
me siento estanciero igual!
Tengo una guitarra hermosa
hecho en madera muy fina,
hace años en la Argentina
me la 'osequió' Irma Barbosa.
En su ancha vida azharosa
más de un mamao la echó abajo
en la boca tiene un tajo
que erró la boca, tal vez,
la quiero mucho aunque no es
mi herramienta de trabajo.
Ya viejo trasnochador,
medio gastao todavía,
me arrimo a una pulpería
si se que anda un payador.
Si me afinco a un mostrador
no me arrancan ni mamao,
y al cantor si está inspirao
pagándole si es preciso,
le pido letras de Risso
y versos de Wenceslao.
mas guarda en cada rincón,
pedazos de tradición
donde mi hastío recreo.
En cada pilchita veo
donde mi ayer hizo nido,
y como siempre he querido
juntar presente y pasao,
a todas las he colgao
pa sacarlas del olvido.
De venao en un cuernito,
un par de bolas colgadas,
dicen que fueron halladas
en "la carga de arbolito".
En la quincha envainadito,
hay un facón carcomido
y colgao como al descuido
después que tanto sonaron,
cencerros que amadrinaron
las tropillas que he tenido.
Ajenas porque la mía,
jamás con seis la formé,
a veces me 'aprosimé'
si la madrina paría.
Hubo en una pulpería
un poncho desvanecido,
que empeñó un desconocido:
nunca lo pude comprar...
¡como pa no valorar
las pilchas que no he tenido!
Una tijera gastada,
un martillo de esquilar,
como la uso pa tuzar
en piedra gruesa afilada.
Una manea sobada
que aguantó a más de un bagual,
un lazo monumental,
de cuatro ancas trenzaos
que no es aquél ramaliao
que se cortó al primer pial.
De mis tiempos de tropero,
hoy guardo un par de lloronas,
de esas de tatuar caronas
que entrañablemente quiero.
Tengo un facón caronero
de cuasi un dedo de lomo,
y cargaditas con plomo
bien calzadas, desde luego,
varias tabas porque juego
y un gran chifle porque tomo.
Mi mate que usé al fiador
largamente en resereadas,
es de guampa trabajada
con un arte superior.
Bajo mi alero cantor
de estribos hay un caudal
y en frenos es un dineral
si tuviera que venderlos,
¡claro que solo con verlos
me siento estanciero igual!
Tengo una guitarra hermosa
hecho en madera muy fina,
hace años en la Argentina
me la 'osequió' Irma Barbosa.
En su ancha vida azharosa
más de un mamao la echó abajo
en la boca tiene un tajo
que erró la boca, tal vez,
la quiero mucho aunque no es
mi herramienta de trabajo.
Ya viejo trasnochador,
medio gastao todavía,
me arrimo a una pulpería
si se que anda un payador.
Si me afinco a un mostrador
no me arrancan ni mamao,
y al cantor si está inspirao
pagándole si es preciso,
le pido letras de Risso
y versos de Wenceslao.
martes, 15 de marzo de 2011
Sensiyito
(Pintura: Florencio Molina Campos)
Yo no tengo riales que me den lisencia
pa ufreserle, moza, lo que se merese,
tengo solamente, po aya, en mi querensia,
un ranchito nuevo que... ¡si uste lo viese!
Es un nido gaucho que se ve en de lejos
como quien agarra del poblao pal sú,
serquita di an eran los corrales viejos
que supo ser antes l'esquina "El Ombú".
Y, nu es ponderansia, pero aveses creo
qu'es mas lindo'e vista que ande'está el patron...
Tiene cola'e pato, y amas un blanqueo
tirando a rosita, como su batón...
¡Tuito barro y paja! Como los horneros
lo amase yo mesmo pa tenerle fé,
cosa que a los chirlos que le dé el pampero
me les ponga el pecho sin cambiarle pies!
Las puertas son verdes... como l'esperanza,
y las tres ventanas del mesmo color,
y en el mojinete que da pa l'estancia
l'escribi, parejo: "El trevo di olor".
Tiene dos piesitas, cosina y dispensa,
qu'en total son cuatro pa mas esplicao,
y un alero grande yeno e madreselvas
pa que este a la siesta fresco y perjumao.
Dispues, tiene tierra pa jardin y guerta
con un cerco e cañas pa atajar las aves,
y el pozo pa l'agua cerquita e la puerta
ansi no se cansa la moza que lave.
Y, ansina es mi rancho, como lu he descrito:
nu hay pa que agregarle ni pa que mentir.
Es un nido gaucho, pobre y sensiyito
por si a usté... u alguna le gustase dir.

Yo no tengo riales que me den lisencia
pa ufreserle, moza, lo que se merese,
tengo solamente, po aya, en mi querensia,
un ranchito nuevo que... ¡si uste lo viese!
Es un nido gaucho que se ve en de lejos
como quien agarra del poblao pal sú,
serquita di an eran los corrales viejos
que supo ser antes l'esquina "El Ombú".
Y, nu es ponderansia, pero aveses creo
qu'es mas lindo'e vista que ande'está el patron...
Tiene cola'e pato, y amas un blanqueo
tirando a rosita, como su batón...
¡Tuito barro y paja! Como los horneros
lo amase yo mesmo pa tenerle fé,
cosa que a los chirlos que le dé el pampero
me les ponga el pecho sin cambiarle pies!
Las puertas son verdes... como l'esperanza,
y las tres ventanas del mesmo color,
y en el mojinete que da pa l'estancia
l'escribi, parejo: "El trevo di olor".
Tiene dos piesitas, cosina y dispensa,
qu'en total son cuatro pa mas esplicao,
y un alero grande yeno e madreselvas
pa que este a la siesta fresco y perjumao.
Dispues, tiene tierra pa jardin y guerta
con un cerco e cañas pa atajar las aves,
y el pozo pa l'agua cerquita e la puerta
ansi no se cansa la moza que lave.
Y, ansina es mi rancho, como lu he descrito:
nu hay pa que agregarle ni pa que mentir.
Es un nido gaucho, pobre y sensiyito
por si a usté... u alguna le gustase dir.
jueves, 10 de marzo de 2011
Rancho viejo
(Pintura: Armando Repetto)
Semioculto en el cardal
que ha florecido en la loma,
apenas su techo asoma
desafiando al vendaval,
la ramazón del sauzal
lo acaricia dulcemente
y es una trova doliente
lo que modula el pampero
cuando azotando el alero
lo hace gemir hondamente.
Cuántas veces a la verga
del fogón, bajo la luna
romántica como una
novia ebria de quimera;
vibró sensual y hechicera
la pasional vidalita,
mensajera de la cuita
del gaucho a su bien amada
que oyó toda embelesada
la melodía infinita.
Y aunque yace abandonado,
triste cual un camposanto,
conserva siempre el encanto
de su glorioso pasado;
los recuerdos que han quedado
surgen de allí triunfadores
y los pájaros cantores
que anidan en la floresta,
suelen ponerlo de fiesta,
como en sus tiempos mejores.
De las paredes grietadas
entre los terrones secos,
parecen latir los ecos
de las últimas payadas;
"en las tardes incendiadas"
al reflejo postrimero
baja del sauce el boyero
e igual que los payadores,
entona trovas de amores
sobre el palo del alero.
Viejo rancho agonizante
que a la orilla del camino,
te ha reservado el Destino
cual criollo tema insinuante;
no está la hora distante
en que las rejas hurañas,
desgarrando tus entrañas
abran hondo y ancho cauce
y no quede más que el sauce
testigos de tus hazañas...

Semioculto en el cardal
que ha florecido en la loma,
apenas su techo asoma
desafiando al vendaval,
la ramazón del sauzal
lo acaricia dulcemente
y es una trova doliente
lo que modula el pampero
cuando azotando el alero
lo hace gemir hondamente.
Cuántas veces a la verga
del fogón, bajo la luna
romántica como una
novia ebria de quimera;
vibró sensual y hechicera
la pasional vidalita,
mensajera de la cuita
del gaucho a su bien amada
que oyó toda embelesada
la melodía infinita.
Y aunque yace abandonado,
triste cual un camposanto,
conserva siempre el encanto
de su glorioso pasado;
los recuerdos que han quedado
surgen de allí triunfadores
y los pájaros cantores
que anidan en la floresta,
suelen ponerlo de fiesta,
como en sus tiempos mejores.
De las paredes grietadas
entre los terrones secos,
parecen latir los ecos
de las últimas payadas;
"en las tardes incendiadas"
al reflejo postrimero
baja del sauce el boyero
e igual que los payadores,
entona trovas de amores
sobre el palo del alero.
Viejo rancho agonizante
que a la orilla del camino,
te ha reservado el Destino
cual criollo tema insinuante;
no está la hora distante
en que las rejas hurañas,
desgarrando tus entrañas
abran hondo y ancho cauce
y no quede más que el sauce
testigos de tus hazañas...
martes, 1 de marzo de 2011
Tapera y casco

Solo han quedao paradas las paredes
con ventanas abiertas tras las rejas,
y custodiando las historias viejas
los talas le han crecido con enriedes.
Se ha marchitao el casco de la estancia;
lo tiene ataperao la estiba de los años,
y hay un verdín que anda tejiendo paños
en las anchas paredes sin prestancia.
Pero tiene su orguyo esta tapera
ya que conserva aún "el mirador"
que anque descascarao tiene'l valor
de mostrarnos lo que antiyer valiera.
Entre las talas y altas casuarinas
también se'ntierran hondo mis raíces
(simple, nomás, como los tan felices
horneros que custodian estas ruinas).
Es cicatriz que viste la gramiya
la zanja que'n su tiempo defendía,
contra cualquier posible fechoría
a la familia, el casco... y la tropiya.
Solo y desheredao pasas los días
que te tocan vivir: tapera y casco;
y endemientras los ricuerdos masco
miro tu mirador de lejanías.
lunes, 28 de febrero de 2011
No envidie... que no es pa tanto!...

Pedacito a pedacito
Mis manos te hicieron -rancho-;
Antojos de tener nido,
De un principio, te cambiaron:...
Del horcón hasta la quincha,
Todito lo hice cantando!...
Por áhi andaba un hornero-
Como yo- juntando barro;
Me ricuerdo haberle dicho:
No envídie... que no es pa tanto!...
Y seguimos muy contentos,
Los dos el mesmo trabajo...
Y, cierto, que jué mi nido,
Aunque pareciendo rancho!
Eramos dos... los testigos...
Yo, quedé... pa ricordarlo!....
Como en busca de mi mesmo,
Cái a la punta'e mi rastro...
Debo haber andao perdido,
Culpa del andar distráido...
(A nengún lao van caminos,
Sino los que caminamos).
He concluido mi tropilla!...
Igual, que sin dar un paso...
Ranchito!... que habés sufrido!...
También yo... siento los años...
Mal!... nos trataron los tiempos...
Vamos a ver de ayudarnos...
Vi'a ponerte como nuevo...
Pero ha'e ser muy dispacio...
.....................................
.....................................
Del horcón hasta la quincha,
Todito lo hice cantando:...
Con el corazón alegre,
Es una fiesta el trabajo!...
¡Qué distinto es hacer nido,
De ver cómo crece el árbol!...
.....................................
.....................................
Si viviese aquel hornero
Que vide juntando barro,
Con qué razón le diría:
¡No envidie!... que no es pa tanto...
De comprienderme, vendría,
Tal vez, a darme una mano...
Julio 30 de 1937
(Dibujo: Aldo Chiappe)
martes, 22 de febrero de 2011
Mirando el rancho
(Pintura: Fernando Romero Carranza)
En silencio lo contemplo
a mi rancho bien plantao,
y al meditar me he quedao
como apoyao en su ejemplo.
Sencillito como un templo
lo veo emponchao de humildá,
y en la inmensa soledá
desde el pasao al presente
ha sido un real exponente
de gaucha hospitalidá.
De aquí salí endomingao
en un tiempo de esplendor
luciendo como un primor
mi caballo y mi emprendao.
Luego al volver del poblao
-donde un placer se deshoja-
mi rancho, que ni hoy afloja,
parecía en sombras alzarse
queriendo desperezarse
al ruido de la coscoja.
Parece que a la mañana,
y a veces, a la oración,
saliera la tradición
a bichar por la ventana.
Allí sus trovas desgrana
el melodioso jilguero,
y en las puntas del alero
están como suspendidos
los ecos de unos silbidos
que le ha dejao el pampero.
A veces, se me hace un ruego,
y en otras, que son arrullos
cuando se suelta en murmullos
la pava arrimada al fuego.
Es que mi amor de andariego
allí se manió a una china,
y al calor de la cocina
dió flores mi alma campera
lo mismo que enredadera
trepando en la cinacina.
En su techo de totora
han de estar como dormidas
aquellas horas vividas
al nacer de cada aurora.
Alegrías de otra hora
que el tiempo las desmenuza
poncho gastao, sin pelusa,
con que cubiéndome estoy
como si esto fuera hoy...
y es un recuerdo el que cruza!

En silencio lo contemplo
a mi rancho bien plantao,
y al meditar me he quedao
como apoyao en su ejemplo.
Sencillito como un templo
lo veo emponchao de humildá,
y en la inmensa soledá
desde el pasao al presente
ha sido un real exponente
de gaucha hospitalidá.
De aquí salí endomingao
en un tiempo de esplendor
luciendo como un primor
mi caballo y mi emprendao.
Luego al volver del poblao
-donde un placer se deshoja-
mi rancho, que ni hoy afloja,
parecía en sombras alzarse
queriendo desperezarse
al ruido de la coscoja.
Parece que a la mañana,
y a veces, a la oración,
saliera la tradición
a bichar por la ventana.
Allí sus trovas desgrana
el melodioso jilguero,
y en las puntas del alero
están como suspendidos
los ecos de unos silbidos
que le ha dejao el pampero.
A veces, se me hace un ruego,
y en otras, que son arrullos
cuando se suelta en murmullos
la pava arrimada al fuego.
Es que mi amor de andariego
allí se manió a una china,
y al calor de la cocina
dió flores mi alma campera
lo mismo que enredadera
trepando en la cinacina.
En su techo de totora
han de estar como dormidas
aquellas horas vividas
al nacer de cada aurora.
Alegrías de otra hora
que el tiempo las desmenuza
poncho gastao, sin pelusa,
con que cubiéndome estoy
como si esto fuera hoy...
y es un recuerdo el que cruza!
sábado, 12 de febrero de 2011
Recuerdo florecido
(Pintura: Luis Nuñez)
Por el recuerdo sagrado
de mi niñez tan lejana,
de la vida en la ventana
me asomo a ver mi pasado;
tantas cosas han quedado
prendidas de la retina,
que cuando se me avecina
una brisa de la infancia
vuelvo a sentir la fragancia
de pinos y casuarinas.
La sombra del corredor
mi más confidente amigo;
la planta torcida de higos,
torcida y sin una flor;
la vida tenía un color
que cuando crecí se fue,
y ahora que regresé,
que la nostalgia me nombra,
encuentro que ya da sombra
el árbol que yo planté.
Ahí estaba el lavadero,
ahí, la planta de granada,
con su risa colorada
para mis llantos primeros;
ahí estaba el bebedero,
hogar de las palometas,
y con dos grandes macetas
pintadas color carmín,
allí empezaba el jardín
florecido de violetas.
Violetas que a la mañana
perfumaban con la brisa,
culpables de la sonrisa
amplia de la abuela Juana,
cuando se abría la ventana
a la hora que el sol bosteza,
vieran con cuánta pereza
el día sin importancia
entraba con su fragancia
para quedarse en la pieza.
Y ahora que hace un tiempo largo
que a verla no regresaba,
más tapera me esperaba
dumiéndose en su letargo;
sentí como el gusto amargo
de un mate con mala yerba,
y es que mi tristeza observa
que las cosas que me acuerdo,
un baúl color recuerdo
solamente las conserva.
Pero en aquella ventana
que enorme me parecía,
que siempre mi abuela abría
temprano por la mañana,
una violeta lozana
sola, solita, encontré,
vaya a saber por qué
me recibió florecida,
asomándose a la vida
de una grieta en la pared.
Y ha sido por el sagrado
recuerdo de la niñez
que vuelvo hasta allí otra vez,
tars largo camino andado.
Regresé a ver mi pasado
que hace tiempo se había ido,
yo lo pensaba dormido,
vaya, que poco poeta,
porque aunque un una violeta
todavía está florecido.


Por el recuerdo sagrado
de mi niñez tan lejana,
de la vida en la ventana
me asomo a ver mi pasado;
tantas cosas han quedado
prendidas de la retina,
que cuando se me avecina
una brisa de la infancia
vuelvo a sentir la fragancia
de pinos y casuarinas.
La sombra del corredor
mi más confidente amigo;
la planta torcida de higos,
torcida y sin una flor;
la vida tenía un color
que cuando crecí se fue,
y ahora que regresé,
que la nostalgia me nombra,
encuentro que ya da sombra
el árbol que yo planté.
Ahí estaba el lavadero,
ahí, la planta de granada,
con su risa colorada
para mis llantos primeros;
ahí estaba el bebedero,
hogar de las palometas,
y con dos grandes macetas
pintadas color carmín,
allí empezaba el jardín
florecido de violetas.
Violetas que a la mañana
perfumaban con la brisa,
culpables de la sonrisa
amplia de la abuela Juana,
cuando se abría la ventana
a la hora que el sol bosteza,
vieran con cuánta pereza
el día sin importancia
entraba con su fragancia
para quedarse en la pieza.
Y ahora que hace un tiempo largo
que a verla no regresaba,
más tapera me esperaba
dumiéndose en su letargo;
sentí como el gusto amargo
de un mate con mala yerba,
y es que mi tristeza observa
que las cosas que me acuerdo,
un baúl color recuerdo
solamente las conserva.
Pero en aquella ventana
que enorme me parecía,
que siempre mi abuela abría
temprano por la mañana,
una violeta lozana
sola, solita, encontré,
vaya a saber por qué
me recibió florecida,
asomándose a la vida
de una grieta en la pared.
Y ha sido por el sagrado
recuerdo de la niñez
que vuelvo hasta allí otra vez,
tars largo camino andado.
Regresé a ver mi pasado
que hace tiempo se había ido,
yo lo pensaba dormido,
vaya, que poco poeta,
porque aunque un una violeta
todavía está florecido.

miércoles, 12 de enero de 2011
Desde mi rancho
(Pintura: Tito Saubidet)
Al gran escritor amigo Don Evaristo Barrios
Afectuosamente
-----------------------------------------
Sobre los charcos resecos
con "angurria" e'gurí chico
el sol va hundiendo el hocico
igual que "matungo" enteco
del pajonal en los flecos
"chaira" su acero el "mormazo"
la hacienda se mueve al paso
y el camino en su sosiego
de haberlo "untao" tanto el fuego
se ha "ramaliao" como un lazo.
Cruza en su "bichoco" el hijo
de la vecina puestera
a vender en las carreras
el fruto del amasijo
bien gauchito, bien prolijo
limpia pobreza de adorno
lo va pasmando el "bochorno"
pero se dice con calma
mama se quema hasta el alma
por nosotros en el "horno".
Más allá en la carretera
- como una visión de asombro -
su trágica bolsa al hombro
lleva el doliente linyera
va a hundir su vieja "cansera"
el vagabundo mendigo
en las "raices" de un amigo
el ombú guarecedor
que es el único señor
que a nadie niega su abrigo.
Por la giba de una sierra
muy lentamente repecha
"buchona" con la cosecha
de productos de la tierra,
una carreta que encierra
en su historial de fatigas
el oro de las espigas,
poema que sudó la frente,
y el legendario y doliente
Éxodo del viejo Artigas.
La tarde junta sus "garras"
recoje el sol su "sobeo"
han "raliao" los bordoneos
agudos de las chicharras.
Un cielo color pizarra
roza las sierras puntudas
que adustas y siempre mudas
con esbeltez majestuosa
son como hembras orgullosas
de sus turgencias desnudas.
El puñal del horizonte
degüella unas nubes "zainas"
que mal heridas se envainan
en la espesura del monte
todo el "cuicaje" en apronte
se agazapa en la maraña
pero la "cuadrilla" huraña
"tumba" el alambre de acero
y salva con los "cargueros"
hasta el olor de la "caña".
Del campo arisco en el lomo
silba su "ronda" un tropero
y el clarín de un teru-tero
parte el silencio de plomo
la noche trae el "aromo"
de la flor del "espinillo"
serrucha sombras un grillo
y el aire da la impresión
que hay cerca la quemazón
de un gran "horno" de ladrillo.
Silencio. La soledad
abre sus alas inmensas
la noche estira su trenza
en toda la inmensidad,
duerme el viento en la heredad
apenas leve rumor
que parece el estertor
de algún ave agonizante,
cruza en la trova distante
del nativo payador.

Al gran escritor amigo Don Evaristo Barrios
Afectuosamente
-----------------------------------------
Sobre los charcos resecos
con "angurria" e'gurí chico
el sol va hundiendo el hocico
igual que "matungo" enteco
del pajonal en los flecos
"chaira" su acero el "mormazo"
la hacienda se mueve al paso
y el camino en su sosiego
de haberlo "untao" tanto el fuego
se ha "ramaliao" como un lazo.
Cruza en su "bichoco" el hijo
de la vecina puestera
a vender en las carreras
el fruto del amasijo
bien gauchito, bien prolijo
limpia pobreza de adorno
lo va pasmando el "bochorno"
pero se dice con calma
mama se quema hasta el alma
por nosotros en el "horno".
Más allá en la carretera
- como una visión de asombro -
su trágica bolsa al hombro
lleva el doliente linyera
va a hundir su vieja "cansera"
el vagabundo mendigo
en las "raices" de un amigo
el ombú guarecedor
que es el único señor
que a nadie niega su abrigo.
Por la giba de una sierra
muy lentamente repecha
"buchona" con la cosecha
de productos de la tierra,
una carreta que encierra
en su historial de fatigas
el oro de las espigas,
poema que sudó la frente,
y el legendario y doliente
Éxodo del viejo Artigas.
La tarde junta sus "garras"
recoje el sol su "sobeo"
han "raliao" los bordoneos
agudos de las chicharras.
Un cielo color pizarra
roza las sierras puntudas
que adustas y siempre mudas
con esbeltez majestuosa
son como hembras orgullosas
de sus turgencias desnudas.
El puñal del horizonte
degüella unas nubes "zainas"
que mal heridas se envainan
en la espesura del monte
todo el "cuicaje" en apronte
se agazapa en la maraña
pero la "cuadrilla" huraña
"tumba" el alambre de acero
y salva con los "cargueros"
hasta el olor de la "caña".
Del campo arisco en el lomo
silba su "ronda" un tropero
y el clarín de un teru-tero
parte el silencio de plomo
la noche trae el "aromo"
de la flor del "espinillo"
serrucha sombras un grillo
y el aire da la impresión
que hay cerca la quemazón
de un gran "horno" de ladrillo.
Silencio. La soledad
abre sus alas inmensas
la noche estira su trenza
en toda la inmensidad,
duerme el viento en la heredad
apenas leve rumor
que parece el estertor
de algún ave agonizante,
cruza en la trova distante
del nativo payador.
domingo, 9 de enero de 2011
Querencia
(Pintura: "Taperas" Cármen Moyano)
Subido en la cuchilla mira el camino
y, a modo de visera, por ver más lejos,
pone sobre los ojos de sus ventanas
una mano vigía: la de su alero.
Es el cofre de barro de mi inocencia,
es la pena del tibio nido paterno
que en actitud cansada de larga espera
hace mucho que sueña con mi regreso.
Allí está el tala grande de tronco firme
que conoce la historia de mis abuelos;
y como antes me tientan sus frutos de oro,
pedacitos de soles y de luceros.
Los postes que en un tiempo fueron palenque,
los viejos espinillos en el potrero.
Con los brazos del pozo se despereza
la cabeza del horno, siempre con sueño.
Aquí tuve mi mundo de dichas blancas;
aquí me vio la luna cuando pequeño
perseguir silencioso de yuyo en yuyo
estrellitas con alas junto al sendero.
A veces, con los ojos en lo infinito,
envidioso, sentía la voz del viento:
A él le daban guitarras los alambrados
y escuchaban sus cantos de gran viajero.
Y cuando pastoreaba sobre el rastrojo,
montado en el petizo panzón y lerdo,
cuántas veces las vacas se me estraviaron
por andar distraído buscando versos.
Cómo lloré la falta del perro amigo
que se perdió una tarde rumbo al estero
y volvió con bicheras a los tres días
a morir en el patio del rancho viejo.
Cuando pase la muerte por esta choza,
cuando no deje a nadie bajo su techo,
cuando al pozo le borre su caminito
y herrumbre su chicharra con el silencio,
Nadie toque mi rancho... no lo destrocen;
déjenlo en la cuchilla tocando el cielo,
que por seguir soñando con mi retorno
resistirá la furia de los pamperos.
No derriben el tala de tronco firme;
dejen que de su muerte se encargue el tiempo.
No cierren la tranquera que nunca supo
rechazar el cansancio de los viajeros.
Porque cuando me sienta con poca vida
quiero volver al sitio de mis recuerdos
y a la sombra de todo lo que fue mío
dar el último aullido... ¡como mi perro!

Subido en la cuchilla mira el camino
y, a modo de visera, por ver más lejos,
pone sobre los ojos de sus ventanas
una mano vigía: la de su alero.
Es el cofre de barro de mi inocencia,
es la pena del tibio nido paterno
que en actitud cansada de larga espera
hace mucho que sueña con mi regreso.
Allí está el tala grande de tronco firme
que conoce la historia de mis abuelos;
y como antes me tientan sus frutos de oro,
pedacitos de soles y de luceros.
Los postes que en un tiempo fueron palenque,
los viejos espinillos en el potrero.
Con los brazos del pozo se despereza
la cabeza del horno, siempre con sueño.
Aquí tuve mi mundo de dichas blancas;
aquí me vio la luna cuando pequeño
perseguir silencioso de yuyo en yuyo
estrellitas con alas junto al sendero.
A veces, con los ojos en lo infinito,
envidioso, sentía la voz del viento:
A él le daban guitarras los alambrados
y escuchaban sus cantos de gran viajero.
Y cuando pastoreaba sobre el rastrojo,
montado en el petizo panzón y lerdo,
cuántas veces las vacas se me estraviaron
por andar distraído buscando versos.
Cómo lloré la falta del perro amigo
que se perdió una tarde rumbo al estero
y volvió con bicheras a los tres días
a morir en el patio del rancho viejo.
Cuando pase la muerte por esta choza,
cuando no deje a nadie bajo su techo,
cuando al pozo le borre su caminito
y herrumbre su chicharra con el silencio,
Nadie toque mi rancho... no lo destrocen;
déjenlo en la cuchilla tocando el cielo,
que por seguir soñando con mi retorno
resistirá la furia de los pamperos.
No derriben el tala de tronco firme;
dejen que de su muerte se encargue el tiempo.
No cierren la tranquera que nunca supo
rechazar el cansancio de los viajeros.
Porque cuando me sienta con poca vida
quiero volver al sitio de mis recuerdos
y a la sombra de todo lo que fue mío
dar el último aullido... ¡como mi perro!
martes, 28 de diciembre de 2010
A mi rancho

Ranchito que entre el verdor
Parecés una gran cosa
Y no sós más que la choza
Donde escuendo mi dolor.
Rancho en que entuavía el amor
Que en rescoldos se consume
A ocasiones desentume
Las alas medio dispacio
Pa perderse en el espacio
Como si juese un perfume.
Tapera medio arrumbada
Que al costáo de una laguna
En mis noches sin fortuna
Fuiste pa mi como un hada.
¡Quién dirá al verte rodeada
De paráisos y palmeras,
Que sos triste de adeveras
Porque, bajo tus totoras,
No hay en mis noches auroras
Ni en mi vejez primaveras!
Al zarzo que da a tu alero
Un rosal de rosas blancas
Trepa yevándose en ancas
La copa de un jazminero.
Corre a su sombra un sendero
Que como baliza cierta
Va derechito a una puerta
Que bajo un toldo de flores,
P' adormecer mis dolores
He de hayarla siempre abierta.
Cuando m'echo en la catrera
Bajo tu techo sombrío,
Se saca el bozal mi hastío
Pa disparar campo ajuera.
Bríndame su adormidera
La dulce melancolía,
Y alegran el alma mía
Las notas consoladoras
De dos calandrias cantoras
Que madrugan más que el día...
Rancho que sabés mi historia,
Mi linda choza querida,
Que yevo siempre prendida
Del cinchón de la memoria.
¡Pa que quedré yo más gloria
Que el calorcito e tu hogar,
Hoy que cansao de penar
Le tengo asco al vivir,
Y se me hace que morir
No es nomás que descansar!
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Milonga rastrojera
Es de lucido mi rancho
pero se le empaca el viento,
mientras le quepa el recao
se desensilla en viajeros.
Lo alcé pa mí y pa'l que llegue
sin mirar si es blanco o negro,
techo pal güeno y pal malo
fogón pal malo y pal güeno.
Yo nunca tuve enemigos,
ni los tendré ni los quiero;
me suebran con mis baguales
pa andar armando el recelo.
Y aunque me gusta estar solo
y cabalgar en silencio,
se lo agradezco al camino
cuando me acerca un viajero.
Pa él siempre el primer amargo,
el mejor sitio en el fuego;
y en cuanto está el churrasquito
que corte siempre primero.
Jamás le pregunto el nombre,
¡tan mal costumbre no tengo!
si es oriental, si es bayano,
si es entrerriano o porteño.
Si viene mojao, pa cama
alguna pilcha le empriesto,
aunque suelo andar de pobre
que me lloran los pelegos.
Pa'mi confianza me basta
el haber sido y ser bueno,
yo nunca tuve enemigos,
ni los tendré ni los quiero.
Autor: disculpe, lo estamos averiguando.
pero se le empaca el viento,
mientras le quepa el recao
se desensilla en viajeros.
Lo alcé pa mí y pa'l que llegue
sin mirar si es blanco o negro,
techo pal güeno y pal malo
fogón pal malo y pal güeno.
Yo nunca tuve enemigos,
ni los tendré ni los quiero;
me suebran con mis baguales
pa andar armando el recelo.
Y aunque me gusta estar solo
y cabalgar en silencio,
se lo agradezco al camino
cuando me acerca un viajero.
Pa él siempre el primer amargo,
el mejor sitio en el fuego;
y en cuanto está el churrasquito
que corte siempre primero.
Jamás le pregunto el nombre,
¡tan mal costumbre no tengo!
si es oriental, si es bayano,
si es entrerriano o porteño.
Si viene mojao, pa cama
alguna pilcha le empriesto,
aunque suelo andar de pobre
que me lloran los pelegos.
Pa'mi confianza me basta
el haber sido y ser bueno,
yo nunca tuve enemigos,
ni los tendré ni los quiero.
Autor: disculpe, lo estamos averiguando.
jueves, 11 de noviembre de 2010
Qué rancho quedará vivo...

Del rancho varios se han ido…
Cuando no hay pan ni trabajo,
A veces se deja el gajo
Pa´ armar, donde hay pan, el nido.
Esto es lo que ha sucedido,
Tiempos tristes, campos secos,
Y entre dos horcones chuecos,
Quedó un rancho en el barranco…
Que parece un poncho blanco
Que va arrastrando los flecos…
Todo parten, y en lo hondo
Se halla serio el esquinero
Adonde dejó el hornero
Su humilde mundo redondo.
En la aguada se ve el fondo
Por que nadie va a beber,
Y el rancho al atardecer,
Sangra por el horizonte…
Pero los brazos del monte
No lo dejarán caer.
Quedó el piso desparejo
Que hoy nadie barre ni moja
Y no se oye la coscoja
Del manso overo azulejo.
Ya no se hecha el perro viejo
Al costado de la puerta.
Descansa el tero, que alerta
Fue servicial al momento…
Si hasta el jagüel de sediento
Murió con la boca abierta.
No se oye el silbido agudo
Que hacía dar frente a un bagual,
Y de a poquito el corral
Se empezó a poner barbudo.
Ya no se ve un cuero crudo
Con el hollejo pa´ afuera,
Ya no se ve la mansera
Ni un tropero con su grito…
Y se perdió el caminito
Del rancho hasta la tranquera.
Todo es silencio, aunque luche
El rancho por ser oído,
Más, de que sirve el sonido
Si no hay nadie que lo escuche.
Y aunque se encuentra en el buche
De la boca de la nada,
Quedo una cumbrera arqueada
Con la forma de una cuna…
Debe ser por que la luna
De noche la usó de almohada.
Cuando el destino disponga
Que ya no aguante el pampero,
Y la lluvia en el alero
No se cante una milonga.
Cuando mi rancho se ponga
Tal como el que les describo,
Cuando el mate del estribo
No tenga gusto a regreso…
Tan solo sabrá el progreso…
¡Que rancho… quedará vivo…?
jueves, 21 de octubre de 2010
Patio criollo
(Foto: Eduardo Amorim)
Bajo la alegre mañana
que desparrama su gozo,
ensaya versos al pozo
la cantadora roldana.
Un cielo de porcelana
prende en el día su rosa;
y junto al brocal la moza,
al mirarse en el reflejo,
piensa en el único espejo
que le dice que es hermosa.
Perfumando los cedrones
están del patio a lo largo,
donde a veces, sin embargo,
suelen brillar los facones...
Sus más alegres canciones
allí los zorzales dan;
con incomparable afán
la abuela al niño adormece,
y en el hornito se cuece
el bien amasado pan.
En el alambre tendido
el viento bate los trapos
entre el cantar de los sapos
junto al cerco florecido.
El chingolo entristecido
da en el sauce su canción;
y hacia un lado del fogón,
están, por buena ventura,
sancochando rica achura
las ollas del chicharrón...
En un continuo cantar,
bravo, el gallito se encela,
y la puntiaguda espuela
acusa ansias de pelear.
El buen grano triturar
se oye, afanoso, al mortero.
Y, el moño en el clavijero,
en criolla actitud bizarra,
cogando está la guitarra
de una caña del alero.
En la tranquera, ensillado,
y goteando espuma roja,
tascando está la coscoja
un oscuro bien plantado.
Flexible lazo trenzado
cae del pingo sobre el anca,
y avasallando la tranca
desátase a relinchar,
la tropilla al divisar
sobre la verde barranca.
El bravo perro guardián
desde unas matas enseña
a la gente lugareña
sus dos ojos de Satán...
"¡Por aquí no pasarán!",
grita con obstinación,
que por cuidar al patrón
nunca cesa en su ladrido,
y en las moscas, al descuido,
afila su tarascón.
Bajo el sol que quema fiero,
en el vecino corral,
con hondo amor maternal
lame la vaca al ternero.
Revolando el teruteru
cruza del patio a la orilla;
la mariposa amarilla
préndese a la abierta flor,
y el viento trae el olor
del trébol y la gramilla.
Canta el ombú frondoso
que amoroso el rancho ampara,
la cigarra de voz clara
el año lindo y dichoso.
Hunde el sauce, pesaroso,
sus ramas en el canal,
y como un canto triunfal
modulado en un alarde,
suena al morir de la tarde
la guitarra nacional.

Bajo la alegre mañana
que desparrama su gozo,
ensaya versos al pozo
la cantadora roldana.
Un cielo de porcelana
prende en el día su rosa;
y junto al brocal la moza,
al mirarse en el reflejo,
piensa en el único espejo
que le dice que es hermosa.
Perfumando los cedrones
están del patio a lo largo,
donde a veces, sin embargo,
suelen brillar los facones...
Sus más alegres canciones
allí los zorzales dan;
con incomparable afán
la abuela al niño adormece,
y en el hornito se cuece
el bien amasado pan.
En el alambre tendido
el viento bate los trapos
entre el cantar de los sapos
junto al cerco florecido.
El chingolo entristecido
da en el sauce su canción;
y hacia un lado del fogón,
están, por buena ventura,
sancochando rica achura
las ollas del chicharrón...
En un continuo cantar,
bravo, el gallito se encela,
y la puntiaguda espuela
acusa ansias de pelear.
El buen grano triturar
se oye, afanoso, al mortero.
Y, el moño en el clavijero,
en criolla actitud bizarra,
cogando está la guitarra
de una caña del alero.
En la tranquera, ensillado,
y goteando espuma roja,
tascando está la coscoja
un oscuro bien plantado.
Flexible lazo trenzado
cae del pingo sobre el anca,
y avasallando la tranca
desátase a relinchar,
la tropilla al divisar
sobre la verde barranca.
El bravo perro guardián
desde unas matas enseña
a la gente lugareña
sus dos ojos de Satán...
"¡Por aquí no pasarán!",
grita con obstinación,
que por cuidar al patrón
nunca cesa en su ladrido,
y en las moscas, al descuido,
afila su tarascón.
Bajo el sol que quema fiero,
en el vecino corral,
con hondo amor maternal
lame la vaca al ternero.
Revolando el teruteru
cruza del patio a la orilla;
la mariposa amarilla
préndese a la abierta flor,
y el viento trae el olor
del trébol y la gramilla.
Canta el ombú frondoso
que amoroso el rancho ampara,
la cigarra de voz clara
el año lindo y dichoso.
Hunde el sauce, pesaroso,
sus ramas en el canal,
y como un canto triunfal
modulado en un alarde,
suena al morir de la tarde
la guitarra nacional.
domingo, 10 de octubre de 2010
Reliquia gaucha
Rodiada por un sauzal
de un potrero sin tranquera
hay una vieja tapera
que va tapando el cardal,
y como marca y señal
se ve del pozo, el crucero,
donde tan solo un hornero
al caer la tardecita
como una extraña visita
llega y canta en el alero.
Palo, alambre y varilla
se han cáido entre el pastizal
y donde estaba el corral
es más verde la gramilla;
al palenque, en las orilla',
lo adorna un gran hormiguero.
Deshecho nido campero
¿cuál será tu desventura?
Y en las noches más oscura
vigila el chajá y el tero.
Como un negro nubarrón
anunciando una tormenta
del horno, la boca abierta
igual que la del fogón;
de lo que fuera el galpón
escombros amontonau,
los palos apolillau
el yuyal los fue tapando
y un viejo tala cuidando
las ruinas como un soldau.
Hay una lezna clavada
en un palo del alero
hecha de alambre de acero;
y en un tiento acollarada
hay dos argollas colgada'
oxidadas por igual,
de maneador o bozal,
¿quién sabe quién dejaría?,
y allí están, desde aquél día
¿sabrá Dios...? con que final.
Quién sabe que maldiciones
te convirtieron en ruinas
y hoy son chuzas como espinas
clavadas en tus terrones;
el tiempo y sus ventarrones
te han augeriao la techumbre;
yo tengo la certidumbre
que Dios te dio la fortuna
que por áhi entre la luna
y por las noches te alumbre.
Vieja tapera que estás
como adorno del paisaje,
reliquia de aquel paraje
¡no te derrumbes jamás!
Porque yo sé que guardás
oculta entre tus rincones,
leyendas y tradiciones
y pa'no echarte al olvido
te dejo un verso encendido
pa'puntalar tus horcones.
jueves, 12 de agosto de 2010
Mi rancho

Aquí está mi nido de hornero,
rancho'e pobre pero seguro!...
...........................
Aura sí, que mi'amolao!...
Oigamelón al mosito!...
E pa pensar un ratito,
asigún ha preguntao!...
Miren, por ande si'apiao!...
Ni sé amigo, si e pa rairme,
o tira como pa cairme,
con algún pial de volcao!...
Ni que juese una tapera,
pa que un vientito a la sincha,
salga yevando la quincha,
o alsándose la cumbrera!...
No va a dormir usté ajuera!...
Se lo asiguro cuñao!...
No e pa pasarse arroyao,
pensando en esa sonsera!...
P'hacer mi rancho, voltié
a quebracho y coroniya!...
Ñapindá y sarsa parriya,
p'abrirme cancha corté!...
Sarandí, ñangapiré,
Multa, moyes y guayabos,
y árboles viejos y bravos,
y a más de un bicho maté!...
Yo mesmo le hise la quincha,
cuando me traje a mi china!...
Pa los postes y fajina,
traje árboles a la sincha!...
Como el palo duro pincha:
pa desgajar, sin perdones,
pa sacar güenos horcones,
me acomodé bien la vincha!...
Grueso y derecho, aparté,
como horquetas y soleras!...
Lo mediano, pa tijeras!...
Lo mejor, cumbrera jué!...
Pa que sobrara, corté!...
Pa fajina, jué la rama!...
Del sobrante, siya y cama,
con cueros acomodé!...
Dispués, hise un entrevero:
Tierra, bosta, pasto oriao,
y tuito, bien misturao,
con agua, en un pisadero,
salió adobe verdadero;
con él forré la fajina;
y pa lujo de mi china,
un hornito biscochero!...
Y, como güen compañero,
en lo alto del mojinete,
como seguro jinete,
su nido plantó un hornero!...
Con su canto mañanero!...
saluda en la madrugada;
sentinela de avansada,
avisa dend'el alero!...
Con que, a pat'ancha, aparsero,
puede dormir, sin cuidao;
porqu'estando usté a mi lao,
no va'a piligrar el cuero!...
Recorriendo el campo entero,
bombée el viento noche y día,
que no si ha dao entoavía,
que tire un nido de hornero!...
viernes, 16 de julio de 2010
Pulpería

Como un pájaro caído
sobre una huella perdida
que aferrándose a la vida
intenta volver al nido,
hay un ranchito perdido
en la soledad callada.
Su quincha está desflecada
porque el viento juguetón
con un murmullo burlón
lo despeina a la pasada.
Tiene, a más de su humildad,
un corazón generoso.
Practica a diario el hermoso
don de la hospitalidad.
Mitiga su soledad
de manera transitoria
la despejada memoria
de algún viejo parroquiano
que al pasar, guitarra en mano,
suele contarle una historia.
Llegan de cuatro vientos
al puerto de su enramada
hombres de vista cansada
y de rostros polvorientos.
Aquellos son los momentos
que su alma se maravilla
al escuchar la sencilla
música de algún cencerro
o de rodajas de fierro
que acarician la gramilla.
Su dueño un vasco francés
que se propuso llegar
guardar, guardar y guardar,
para aliviar su vejez;
no es por falta de honradez,
ha de ser, nomás descuido,
cuando se encuentra metido
entre cueros de venado,
un cuero contramarcado
que un cuatrero le ha vendido.
Fortín en tiempos de guerra
y cuando volvía la paz,
era lugar de solaz
para el hombre de mi tierra.
Toda una leyenda encierra
que por siempre vivirá,
pero ella un día quizá,
en silencio, con recato,
por el bíblico mandato,
al polvo retornará.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)