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martes, 16 de agosto de 2011

Consencia

(Pintura: Bernabé Demaría)
Ya van pa'dos semanas que l'oservo
haciéndole asco al mate y al churrasco
y dende aquel rincón gritan los bastos
que si ha negao a la rasión del sueño.

Y ande cuadra floriarse en algún "sielo"
lo hayé como con ñudos en las tabas
y los que cráivan de que usté cantaba,
de su mismo cantar si han estao ráindo.

Y aunque pasó bramando como loco
el rabicano, alsao, por las cuchiyas,
no se safó'e la presiya
ni hamacó su boliadora'e potro.

Y anoche, cuando l'hija'e los Molina,
'elante'e tuitos le brindó su copa,
no salió de sus labios una copla
que pusiera colores a esa china.

A mí m'enseñó a chirlos l'esperiensia
qui ande se sierra vista, pecho y óido,
es (sin que dentre duda) porqui un crioyo
ha costalao ensima'e su consencia.

¡Y és'es usté!, que lo hachó mal a Juancho;
no abaje del cuadril las nasarenas,
encuentre a ese hombre... si la saca güena,
acuérdese recién que tiene un rancho.

Y y'hemos hablao mucho; ¡basta'e prosa!
la piedra di afilar'ta en el mortero,
y dígale a su madre... ¡cualquier cosa!
yeve de mi tropilla el sain'overo.

Los tigres

(Foto: Emiliano Salvador)

-Déjalo al tigre en pas: no seas porfiao,
¿y pa'qué vas a dir?
si aquí los perros 'tan acobardaos
y no tenés si quiera un mal jusil.

-Ricuerde que una ves, 'elante'e tuitos,
usté me dijo ansina:
"Hais'e ser agayudo, ¡gaucho susio!
"pa'levantar los ojos hasta m'hija";
"y si áura mesmo no te dejo el cuero"
"suave como pa'tientos",
"es, sabé, desmadrao!, porque no quiero"
"que denguno haga el cuento"
"que l'he sobao la lonja a mi talero"
"en un maula, ¡canejo!"

Sí; viá dir pa'la selva; 'toy risuelto;
pero... ¡guay! del "overo" si se atraca...
que si él con cuatro patas es ¡muy tigre!
yo también soy ¡muy tigre con dos patas!;
y ay le dejo mi daga;
ni la quiero llevar, ni me hace falta...
que la cosa ha'e ser de bravo a bravo,
de diente a diente... y de sarpa a sarpa...
porque, patrón, ni alos yaguareteses
soy capás'e peliarlos con ventaja.
...............................
Y partió el mozo; y al morir la tarde,
cuando junto al fogón
congregó el "cimarrón" a la peonada,
se oyó piafar nervioso al malacara
trayendo sobre el anca
al majestuoso cuerpo del vencido
con un mordisco enorme en la garganta,
un sangriento jirón de carne gaucha
y en la garra crispada de impotencia,

-Ay lo tienen, pa'ustedes... y colijo...
que los que se riyeron...
quisá cotejen... queno jué'e miedo...
que me dejé retar... ¡mesmo que un hijo!

Arrojó en un esfuerzo al tigre inerme
y quiso desmontar; pero la luz
del candil mortecino
alumbró dos felinos
abrazados en cruz.

domingo, 31 de julio de 2011

Tomemos el cimarrón



Mañana por la mañana
me voy a las cuatro esquinas
a tomar un mate amargo
que gustoso saborea
a la orilla del fogón
el paisano de mi tierra.

Mi tierra como si el gringo
en otro mundo existiera
que no fuera el mismo mundo
donde el paisano vegeta.

Y acaso el paisano sabe
que en cada grama de yerba,
en la substancia que absorbe,
en el agua de hojas secas.

Abosrbe gotas de sangre,
saborea una tragedia,
extrae del fondo del mate
una esclavitud dantesca.

En cada mate que brindan
en una reunión amena,
hay el suplicio de un mártir
que sordamente se queja.

Cuando en alegre algazara
los paisanos hacen rueda,
echan un valle de lágrimas
en cada mate que ceban.

Quien conozca los yerbales
que se pare y me desmienta,
para mandarlo sentar
agachando la cabeza.

Vez pasada rubriqué
con el "Yugo de la Selva"
escrito en versos muy malos
un inteligente poema.

Y detallé a grandes rasgos
cómo los seres vegetan,
cuánto sufren, cómo mueren
los esclavos de la yerba.

Cierta ocasión un viajero
transitaba por la selva,
hico un hallazgo macabro
bajo un arbusto de yerba.

Y con profundo terror
vió que de una calavera
unos ojos lo miraban
y le sacaban la lengua.

Por entre la dentadura
de la boca semi-abierta,
cual una roja amenaza,
como una trágica mueca.

Mas, como un insulto póstumo,
como si al mundo escupiera,
salió a picar al transeúnte
desde el cráneo una culebra.

Fue un esclavo que murió
cual un reptil, una fiera
y se pudrió en la intemperie
como cualquier osamenta.

Nadie le dio una sed de agua
cuando en la sed la pidiera,
nadie echó sobre el cadáver
una palada de tierra.

Para qué sobre los huesos
vas a dejar una queja;
tomemos el cimarrón
de las manos de mi prenda.

Amargo y triste es saber
cuántos sacrificios cuesta
a los mártires anónimos
que los yerbales cosechan.

viernes, 29 de julio de 2011

Allá arriba


-Venga p'acá mi hijo.
-Mande, tata.
-¿Qué le pasa que lo noto atribulao?
¡No me baje los ojos!
¿O es que usted mesmo sabe
que sobran motivos
pa no poder mirarme?
-No... No es eso, tata...
Pero yo no sé hasta dónde
quiere dir con sus palabras.
-Primero decirle que agachar la cabeza...
es cosa'e maulas...
-Tata... pero yo...
-Sí.... Ya sé que usted
es hombre de agayas,
si de eso precisamente
quiero hablarle...
-Mande nomás...
-¿Cuántos años hace
que a los pagos'e Dios
se jué su mama?
-Cuasi son diez, tata...
-¿Diez años?... Cha que jueron largos...
¿Y qué tiempo llevás vos
haciéndole el amor
a la Luciana?
-¡Tata!
-No se sorprienda ni agache la cabeza
ya sabe que eso es cosa 'e maulas.
¡Que me conteste le digo!
¿O se ha olvidao, que
a mí también me sobran agayas?
-Porque es mi tata...
que si no...
-¿Que si no qué?
-Nada...
-Estoy esperando que me diga...
¿Cuánto tiempo hace
que a esa pobre infeliz
la está matando?
Levante esa cara
o aura mesmo
se la cruzo de un planchazo.
Poco trabajo le costó
arrastrarla con engaños
y dispués se olvidó
que ayá arriba está
su mama... avergonzada
de usted... De usted, sí...
Canaya...
Cha que había sido
pobre e'sentimientos la herencia
e'mi sangre.
Tordo me ha salido mi hijo...
de ese rancho...
-Pero con la mirada.
-¿Y qué me dice de esto?
Luciana... Sí... La mesma...
-¿Cómo que no? Cruce la puerta.
Ahí la tiene... yéveselá si quiere,
pero como Dios lo manda
y no en el anca...
Ricuerde m'hijo que ayá arriba...
¡está su mama!

El rezongo

(Pintura: Molina Campos)
Y pa esto he luchado tuita la vida,
pa esto he arrendao campos
y los he cultivao
con ansias infinitas,
y en las esquilas y en las cosechas
y en los rodeos, ya verano o invierno,
he trabajao lo mesmo que bestia,
me he roto el cuero, he gastao mis juerzas,
pa ganar el centavo,
pa ganar el puchero,
más que por mí, por ellas y por ellos...
Y áura el fruto de ese sacrificio
¡Así... a manos llenas!
los tiran en paseos y vestidos
los hijos se lo llevan,
¡y les importa un bledo
que vea el pobre viejo
dirse muy fácil lo que vino a juerza
de mucha privación y mucha pena!
¿Por ventura, no saben
tuito lo que he sufrido
pa conseguir lo poco
o lo mucho que tengo?
Y que es mío, sí, mío...
También tuyo, mi vieja,
porque a mi lao has sufrido conmigo
tuita una vida de trabajo duro,
de privaciones largas,
durmiendo en pobres jergas,
tumbiando carnes negras,
sin que nunca nos diéramos el lujo
de gastar lana pa colchones nuestros,
o comer un cordero
o algún lechón de leche...
pa no apocar la hacienda,
esa hacienda que cuidábamos tanto
pa que juera en aumento siempre, siempre
aumento de gorduna,
de número y tamaño...
¡Y cómo nos parecía, Rosaura,
que el ganado aumentaba
en proporción a nuestras privaciones,
degolviendo con creces
tuito lo que hiciere
nuestro cuidao y nuestra vigilancia
y nuestras atenciones!...
¿Lo recuerdas Rosaura?
No me llamara Pantaleón Rivas
si a tuito no le pusiera rimedio...
Cuantito güelvan, lo mesmo que a perros,
los echo de la casa,
les aferro la puerta...
Ya lo verás, Rosaura,
cómo los dejo ajuera... ¡Como perros!
......................................
Tenés razón, Rosaura...
Güeno... No he dicho nada.
Si yo también los quiero...
¡Mucho más que a mí mesmo!
Tanto como a vos, vieja...
No he dicho nada... No ves... Estoy viejo.
Si rezongo, hacé cuenta
que estoy rezando... por vos... y por ellos.

Tata Juancho

Quiso morir de a caballo
y se hundió en la soledá.
Se iba muriendo despacio
pa' quedarse un poco más...
Ninguno se fue tan solo
después de tanto guapiar...
Tumbas del aire los cuervos
le hicieron el funeral...

Era tan viejo el tata Juancho...
El hizo todo lo que hay:
desde el brocal hasta el rancho,
todo lo hizo el viejo Juan.
Las noches le dieron hijos,
los días le dieron pan,
los surcos le dieron pena
cuando ya no pudo arar...

Hombreaba una estiba de años,
¡cómo no se iba a cansar!
Se había secao en el surco
lo mesmito que una ráiz...
En su vida sin domingos
nunca tuvo un guitarriar.
La raíz del árbol no canta,
canta la copa nomás...

Le reclamaron la tierra
y la tuvo que entregar...
Se iba muriendo despacio
pa' quedarse un poco más...
Quiso morir de a caballo
y se hundió en la soledad.
Tumbas del aire, los cuervos
le hicieron el funeral...
Se fue despacio... despacio...
¡pa' quedarse un poco más!

jueves, 28 de julio de 2011

Machura

(Ilustraciones: Esteban Tolj)
Si no es nada, tata...
¿No ve que me río?
Apenas un dedo
me dentró el cuchillo...

Deme un jarro de agua
y estése tranquilo,
que no es nada malo:
un simple tajito...

Sí, tata. Por eso.
¡Por eso mesmito!...
¡Si usté hubiera óido
las cosas que ha dicho!...

¡Qué linda está l'agua!
Y así ha sucedío...
El que habla mal d'ella
¡si hai topar conmigo!

Yo lo reté fiero
¡y áhi nomás salimos!
El ha sío más guapo,
tatita, que su hijo...

¡Eso no, tatita!
El asunto es mío...
En cuantito sane
volveré hasta el río

pa decirle al churo
que lo que él ha dicho
sobra en este mundo
mientras yo esté vivo.

Y áhi nomás, si puede,
¡que acabe conmigo!
Écheme su poncho,
que me dentra frío...

¿Que ella no me quiere?
Basta mi cariño...
y es pa defenderlo
que tengo el cuchillo.

Otro poco de agua...
no llore, viejito...
¿No ve que no es nada?
¿No ve... que... me... río?

(Ilustración: Esteban Tolj)

lunes, 18 de julio de 2011

Como indio pa la bola

(Pintura: Francisco Madero Marenco)
Se las mandé y se las puse
dijo Marciano Laprida
y el avestruz sobre el tuse;
boliando el hombre se luce
como estrella en noche oscura
y si un tiro'e bola apura
pa darle gusto al colmillo,
vaya sacando el cuchillo
porqu'es picana segura.

¡A medias si lo boléa!
¿Qué le parece aparcero?
Que las medias, compañero
no andan en pata tan fea...
Güeno, entonces si aprecéa
una amistá verdadera,
viá pedir pa una pollera
que le v'hacer el bordáo,
un cogote bien sacáo
p'hacerme una tabaquera.
(Pintura: Eleodoro Marenco)

Malas noticias

(Pintura: Eleodoro Marenco)
Tomo la pluma en la mano
y arrancando en redepente,
espero que la priesente
te halle con salú, che hermano.
Anque no soy muy baquiano
pa’ la escritura corrida,
te hago saber que la vida
de mama se v’acabando
y que te está reclamando
pa’ que vengás enseguida.

Ansina con la galera
te mando esta triste carta
¡¡y que te aguante la cuarta
pa’ una noticia tan fiera!!
Vení, hermano, que te espera
pidiéndole a Tata Dios,
qu’en cuantito llegués vos
le endurezca la quijada
y entonces l’haga finada
en los brazos de los dos.

La cosa jué que antiyer
la médica que la vido,
dijo que ya ni el sentido
le quedaba pa’ su ver,
que la mama iba a tener
una muerte verdadera.
Que mejor que le pidiera
a Dios que se la llevara,
pa’ que antes que se cortara
la pobre no padeciera.

Recebí con la priesente
un juerte abrazo y mi afeto
y pa’ cortar más direto
agarrá la call’el puente;
pedí al puestero d’enfrente
que te permita pasada
y si te hace la gauchada
que pa’ él no es ninguna hazaña,
dentrá a bajarle la caña
y acortás la galopiada.

Venite hermano enseguida
que yo ando medio bichoco
y sólo apurando un poco
puede que la hallés con vida.
Dispensá la despedida
tan de golpe y apurada,
pero está tan atrasada
la pobrecita de mama,
que yo del lao de su cama
no quiero dirme pa’ nada.

Doce leguas galopió
hasta una estancia vecina,
ande manió la madrina
cambió caballo y siguió.
Ahí nomás cuando arrancó
lo cruzó por la paleta,
al bagual, que de trompeta
lo que lo movió de apuro,
salió con el lomo duro
con ganas de hinchar la jeta.

Y... cerrada la oración
se oyó el torido de un perro
y el tayido de un cencerro
puso el óido en atención.
Cada vez más el trotón
de una tropilla se oía.
La perrada de alegría
se cruzaba alborotada,
anunciando la llegada
del hijo qu’ella pedía.

Dende un bayito amarillo
se desmontó en el palenque
y la manija ‘el rebenque
colgó en el cabo ‘el cuchillo.
Como cuando era potrillo
ansias de verla refleja,
pero... su hermano lo aleja...
Y en un abrazo que arde,
le dice... ¡¡llegaste tarde,
ricién se nos jué la vieja!!
(En la foto: el criollo Ignacio Balmaceda)

lunes, 4 de julio de 2011

Relato campero


Bueno, les viá a relatar
si van parando la oreja,
alguna cosita vieja
que a tuitos les va'agradar,
el caso que viá contar
pasó en una pulpería
en una ocasión había
un gran montón de paisanos,
y que casi dos hermanos
se achuran a sangre fría.

Resulta que un aparecero
muy lindamente cantaba
y cantando desafiaba
al payador más coplero,
cuando salió un forastero
diciéndole sobre el pucho:
"Yo a naide le tengo chucho
y ande la suerte me cuadre,
no habrá perro que me ladre
aunque mi estudio no es mucho".

Bueno, hay nomás se trenzaron
¡amalhaya quién lo viera!
mientras los gauchos de afuera
tuita su plata jugaron;
después que se atropellaron
lindamente y con valor,
salió un viejazo cantor
y a uno de los dos le dijo:
"Suspendé la cuestión, mi hijo,
que tu contrario es mejor".

Se alborotó el avispero
ni bien el viejo dió el fallo
y ya salió cada gallo
puntiando p'al reñidero;
se iban a ojalar el cuero
con las dagas en la mano,
mientras aquél veterano
a su hijo repetía:
"¡Qué vas a hacer, Virgen mía,
si ese cantor es tu hermano!"

Saltó atrás el forastero
y tuita la paisanada
abrió la plata jugada
formándose un entrevero;
resulta que ese coplero
era el hijo preferido
que ese viejo había tenido,
y una vez siendo muchacho,
estando medio borracho
dejó a otro criollo tendido.

Desde entonces nadie vió
ni el rastro de ese paisano,
que juyendo por el llano
como veinte años vivió,
la suerte lo condenó
a vagar tuita la vida
sin tener una guarida
donde esconder el pellejo,
sin ver más al pobre viejo
que era su gloria querida.

Y después de tanto andar,
juyendo de pago en pago
lo mesmo que gaucho vago
siempre ayuntao al pesar,
allí se vino a encontrar
en aquella pulpería
con el hombre que otro día
le supo dar un consejo,
y al que mirarlo tan viejo
casi no lo conocía.

Entonces sí, Santo Dios,
los cantores se abrazaron
y las lágrimas rodaron
en la cara de los dos;
naides alzaba la voz
y en la humilde pulpería,
ni una mosca se movía,
mientras sentao en un banco
aquél viejo veterano
gruesas lágrimas vertía.

domingo, 3 de julio de 2011

Juan de los Santos Arena (Estilo)


A orillas del Paraná
bajo un frondoso espinillo,
hay un ranchito sencillo
que siempre en silencio está;
ninguno a ocuparlo va;
pues dice la gente buena
que de noche un alma en pena
viene a esa choza sombría,
donde en un tiempo vivía
Juan de los Santos Arena.

Dicen que al llegar las doce,
cuando las islas dormitan,
entre los ramajes gritan,
aves que nadie conoce;
cuando las flores con goce,
se hallan de luna llena.
Surge del juncal serena,
sobre un oscuro fogoso
la visión del gaucho hermoso
Juan de los Santos Arena.

Sigue al borde la barranca,
meditabundo y sombrío
mientras las ondas del río
juegan con la espuma blanca;
su frente pálida y franca
tiene el velo de una pena;
con timbres extraños suena
su prendaje de oro y plata;
y en las aguas se retrata
Juan de los Santos Arena.

Pero al dar vuelta el sendero
aparece entre sus ojos,
aquella ruina... ¡despojos
de otro tiempo lisonjero!
Lanza un sollozo y ligero
su brioso oscuro sofrena,
quita el sombrero con pena,
de su frente soñadora.
Y ocultando el rostro llora
Juan de los Santos Arena.

Echa pie a tierra enseguida
con un afán que desgarra
y descuelga la guitarra
a su espalda suspendida;
con vibración conmovida
está entre sus manos suena,
porque el mal que lo envenena
le causa un dolor tan vivo,
que en ella ve un lenitivo
Juan de los Santos Arena.

De pronto y sin causa alguna
brota un concierto de notas,
que a soledades ignotas
van vibrando una por una.
Luego se nubla la luna
como empañando la escena,
y con una voz que llena
de melodías la noche,
canta ese amargo reproche
Juan de los Santos Arena.

"Ranchito humilde en que anidé
mis esperanzas, tranquilo
tú me brindastes un nido,
yo con sangre te manché;
pero no ignoras que fué
muy grande y honda mi pena.
Que tan horrible condena,
quién sabe si merecía
como esta eterna agonía
Juan de los Santos Arena.

Siento en mi pecho un vacío
al verte tan diferente;
ayer florido y luciente
hoy derrumbado y sombrío;
también mi vida en su estío
estuvo de pena llena
y hoy una oculta cangrena
sin embargo me devora;
ayer cantaba y hoy llora
Juan de los Santos Arena.

Mas no bien el instrumento
lanza el último sonido
sale del rancho un quejido
hasta trocarse en lamento;
dicen que entonces el viento
su furia desencadena.
Que de pronto llueve y truena
y salpica la resaca
hasta donde se destaca
Juan de los Santos Arena.

Los yaguaretés también
entonces braman rabiosos,
y los yacarés ansiosos
salir del agua se ven;
lo que fué calma recién
la tempestad desordena;
mientras con el alma llena
de un dolor indefinido,
queda de todo abstraído
Juan de los Santos Arena.

Hasta que al fin del letargo
parece sacarlo el día,
que distante todavía
se vislumbra sin embargo;
entonces al trote largo
suelta al viento la melena
aterrado por la escena
y como huyendo a sus males,
se pierde entre los juncales
Juan de los Santos Arena.

Es ésta la tradición
de estos sitios entrerrianos
que comentan los paisanos
llenos de superstición;
y cuando las doce son
cualquier ruido que suena
en esas islas los llena
de un miedo desconocido,
y se dicen al oído:
¡Juan de los Santos Arena!

El resero

(Dibujo: Castells Capurro)
Vea, patrón: yo soy un pobre
criollo triste y cimarrón
que no ha tenido más crianza
ni más besos recibió
que el frío de los inviernos
y del verano el calor.
Juí de cachorro, boyero,
pión de estancia y domador,
y al dir gustando en las yerras
las pilchas y el corazón,
la vida me hizo resero.

Y en esa faena, señor,
arriaba una tarde cruda
por esos campos de Dios
la tropa, cuando un novillo
rezagao y chucarón,
pa este lao de los cuadriles
sin saber cómo me hirió.
Y ya me iba desangrando
cuando me vido otro poeón
y a la pulpería de un gringo
me llevaron entre dos.

Allí jué donde unas manos
sobadas por el amor,
me curaron de la herida;
pero otra herida mayor
me jueron con el cuidao
abriendo en el corazón.

Era la hija del pulpero
avariento y trapalón...
Nunca se vido en la tierra
mujer de estampa mejor.
Sus ojos eran más hondos
que los del güey cuando el sol
mira envainarse en el monte.
Y su voz... tenía en la voz
lo que tienen las guitarras
cuando las templa el amor.

Volvió tropa. Y como ya
me juí sintiendo mejor,
ensillé y tartamudeando
le dije: "Prienda, me voy.
Pa la vuelta de este viaje
vendré a verla y quiera Dios
que naide se nos oponga
a este sueño de los dos".

"Adios- me dijo- Lo espero"...
Y al saltar al redomón
otra vez allá salimos
por esos campos de Dios,
él corcoveándome abajo
y aquí arriba el corazón.
¡Qué suave soplaba el viento,
qué lindo brillaba el sol
y qué cortos los caminos!
Pero la fortuna, don,
no es baraja pa los pobres.
Cuando borracho de amor
volví a buscarla, encontré
que en la pulpería, señor,
ya no estaba la paloma.
El pulpero trapalón,
camandulero y ladino,
cobarde y calculador,
a otro gringo chacarero,
entonao y ricachón,
le había agenciao mi prienda
como cosa'e mostrador.

Se me cayó el alma al suelo
y ciego de indignación,
quise achurarlo al hereje
por la ruindad de su acción,
pero alguien me salió al cruce
pa'decirme con su voz
que al hombre no hay que matarlo
porque la vida es de Dios.

Y ansina ando desde entonces
perdido en la cerrazón,
sin saber de dónde vengo
ni pa'l destino que voy.

Ya no suepla el viento suave,
ni brilla en mi cielo el sol.
Y aunque lucho y forcejeo
por hallar resignación
a tanto mal, cada vez
que en ancas de mi dolor
entrengo a la pulpería,
miro la puerta, patrón,
y sin quererlo, mi mano
se va a la cruz del facón.

¿Si no hay que matar al hombre
porque la vida es de Dios,
por qué Dios deja que ansina
nos maten el corazón?

viernes, 1 de julio de 2011

Güeyas


Reventao po'el trabajo
rigresaba a las casas
en esa madrugada'e invierno crudo
ande la china mía me aguaitaba
con el juego encendido...
y no sé qué d'extraño en la mirada...
Cuando me dió aquel beso,
no sé por qué en el alma
la duda me pinchó como una espina
y rispondiendo el tero en las barrancas
me gritó su alvertencia
tajiando la quietú como una daga.
Como quien nada quiere
me acerqué hasta la cama...
Di güelta las cubijas, dispacito,
y con mi mano acaricié las sábanas;
¡Las sentí calentitas!
pero algo me gritaba al oído: ¡Guardia!
Miré... Cerré los ojos
pensando m'engañaban...
Pero, ¿adónde? las güeyas de su culpa
estaban tan patentes en l'almuhada
señalaos por los güecos,
que comprendí, aunque tarde mi desgracia...
Mi mano se jué yendo
p'al costao de la daga;
¡diba cobrar el precio como gaucho
con un tajo certero en la garganta!...
Pero, al verla'e rodiyas,
asujetó mi corazón el arma...

Dispués di una reuníón


Cuanti mi hube bajao del "zaino negro" *(1)
que me trujo hasta el pago é mis hasañas,
un solsito tibión mostraba el fleco
all'ande tata Dios tiene las casas.

Me lo puse de poncho, y el trompeta,
querendón y dispacio se adentraba,
y dispués de maniarme l'osamenta
en un descuido se ganó pa l'alma.

Y güeno, dije yo, ya qui ha venido
al lao del sol de una amistá machasa,
quedesé por ahisito, que hase tiempo
qui ando medio entumido por l'escarcha.

Y ansí, con un peludo de alegría,
acorralao de lus y d'esperanza,
relinché como potro que lo sueltan
a riunirse otra güelta a la manada.

Cuando quise acordar, llegué a mi rancho
y encontré a la patrona levantada
mirando como pato al arriador
y con la jeta como mango'e chaira.

Me acequé dispasito como sorro
que ya sabe muy bien lo que son guascas,
a la tabl'el cogote estiré el pico
y con la surda le palmié las ancas.

Se me golvió como por sobr'el laso
hech'un lión, con las uñas priparadas:
-"Salga de áhi, calavera sonso'e porra,
miren qué lindo, ¿no?... ¡venirse a l'alba!

Vayasé con la... ¡yegua que la acuna!
vay'a que otra le saque las cascarrias, *(2)
desalmao, se ha vendio oliendo a potro,
reventao'e pitar, jediendo a caña!".

-"Sofrená -retruqué- y pará la oreja
(y comensé el trabajo'e palenquiarla).
-Vengo, china, mesmito di un paráiso
ande entre ciollos conversé con ganas.

"Vieras, prienda, qui mosos más pintores,
qué modo de floriarse con palabras,
¡Si te digo que hast'uno contó un cuento
acompañao con movimiento'e patas!

"Y otro mosito flor, un tal Ochoa,
goloso pa la miel como l'iguana,
abri'el pico y, Jesús, bendito sea,
qué manera e puertiarle las calandrias!

"Y dispués, un Chapela muy mentao,
armao de una acordiona, por la trasa,
se apió con unas polcas y sielitos
que m'hisieron llorar y cair la baba.

"Y ansí las horas en tropilla juían
y las penas también, como en bandadas,
y yo no sé por qué tanta dicha,
sentí qui hasta los ojos me garuaban...

"Y hura desí, mi santa, si tu gaucho
que jué tan aporriao por tanto maula,
no merese un poquito'e macachines
pa endulsar el dolor que le acorrala".

La china cabrestió, bajó los ojos,
la punt'el delantal secó unas lágrimas,
y al ratito no más trajo el amargo
bien aperao, con la bombill'e plata.
.........................................
Pd: *(1) "zaino negro" se refiere al tren.
*(2) lavarle la ropa.

¡Amhalaya juera cierto!

(Pintura: Rodolfo Ramos)
¿Que ando como perro sarnoso,
y como apestao, juyo a la sierra?...
¿Y de hay?...
¡Si pa mi es chica tuita la tierra!
¡Ansina!... ¡Velay!...
Que no tuve en jamás rancho ni china;
ni una querencia que me tirara nunca?...
¿Que matrereo,
que tengo a mis espaldas más de una vida trunca,
y a naides creo?...
¡Pucha que había sido entrometida pué,
la gente'e pueblo!...
¿No, pulpero?... ¡Gusto'e hablar al cuete!...
¡Cada cual hace de su vida un mundo,
y de no, un potrero!...
Tengo el campo, amigazo, yo en mi vida,
e penas yeno,
donde e largao al macarrón sotreta,
que adentro e mi corazón sufriendo yevo,
pa que su jeta
pastoree los yuyitos del recuerdo!...

¡Sirva ginebra,
y no me enyene la cabeza e cuentos,
¿Que el pueblo habla, y me cuerea,
porque naides supo nunca e dónde vengo?...
¡Y de hay, nomás!...
¡Esa no es razón, amigo, pa estaquiarme el cuero!...
¿Que no tuve nunca ni rancho, ni china,
y que soy matrero?...
¡Amalhaya juera todito eso cierto!...
....................................
Y cual si tuviera delante e sus ojos
un tigre fierazo, revolió el talero,
y el frasco e ginebra recibiendo el golpe
se estreyó en el suelo...
Y salió pa juera, y sobre la frente
agachó el sombrero:
Se arrimó al palenque; desató el overo,
y al tranco espacioso
se alejó del pueblo.
¡¡Qué no tuve nunca ni rancho ni china!!...
¡¡Amalhaya juera todito eso cierto!!...

miércoles, 29 de junio de 2011

Fierro a fierro

(Dibujo: Jorge Campos)
Por que sí por probarse dos peleadores
porque uno dudó de otro que fuese fuerte
como hacen en el publo los "bosiadores",
se han retado a cuchillo, pero no a muerte.

Les hacen corralito, se hace una apuesta,
ebrio contempla el caudro un chino sargento;
los cuchillos filosos, buscando cresta,
tienen que conformarse cortando viento.

Aprétanse las clinas con el pañuelo;
se arrollan las vicuñas al fuerte brazo;
los facones reflejan la luz del cielo
cabrillando de golpe al primer hachazo.

-Te as chingao- dice Heredia, que, por ligero,
Lagartija le llaman, y su mal nombre,
va peleando a saltitos, como los teros
y a la vista se nota que es el más hombre.

Corvalán no recula. Ya su cuchillo
está como serrucho con melladuras.
Se ladea, se agacha, se hace un ovillo,
mezquinando la cueva de las achuras.

El contrario fintea, y hasta por lujo
amaga dos reveses, tiende su tajo
y grita: -Sacate ésta si es que sos brujo-
rasgándole la blusa de arriba abajo.

Se estrechan las distancias cual si buscasen
ponerse como gallos, pico con pico.
Menudean los cortes, a un lado se hacen
moviendo los traseros como abanico.

Corvalán, apotrado, con mirar fijo
lo tiene preocupado su mano lerda,
no evita un corte de hacha, salva un barbijo.
Y un mirón pega el grito: -¡Caiste, cerda!

Sonrientes se saludan los dos paisanos;
la herida se ha curado con buena caña
y aquellos enemigos ya son hermanos
que chupando festejan la linda hazaña.

Por la cría

(Pintura: Juan Blanes)
L'oiga, lo he llamao, porque supe
que usté iba a dirse, m'hijo, güeno,
yo colijo su rumbo. Y es natural, si tiene
gusto a sangre en la boca lo compriendo;
al hombre más curtido
se le hacen ñudos en el facón los dedos
cuando le yevan la mujer querida
y lo dejan vacido por dentro.
Mas yo hablo por la cría;
me priocupa la suerte de mis nietos,
que aunque puedan mañana
encontrar el amparo del agüelo,
nu es lo mesmo malariarse en mis rezongos
que tomar enseñanza de su ejemplo.
Además, si los deja, aunque no quiera,
aunque los cobijen mis empeños,
siempre seran los pobrecitos guachos
que andan pegaos al chiripá de un viejo.

Pero, ¿a qué continuar, si le hablo a un poste?;
le escucho galopiar el pensamiento
y a tiempo que le pido que se quede
usté muenta a caballo y ¡hasta luego!
Ta bien, ¿a qué insistir?, siga su güeya,
vaya a sacair en sangre sus deseos,
mas antes, es necesario,
ya que el viaje es tan largo, que cavemos
sobre la sepultura de su mama;
hay que cambiarle pa otro lao los güesos
a la pobre finada.
Vamos a ponerla más acá del cerco;
se le han venido encima los caminos
y en cuantito descuidemos
l'echan la cruz abajo
tanto golpiar contra ella los troperos.

Aquí tiene la pala: tome y cave,
sacúdale nomás, duro y parejo;
yo, ya estoy muy bichoco
pa'estas faginas. ¡Y pensar que llevo
treinta años al costao de esta osamenta
que ha sido mi martirio y mi consuelo!
¿Es muy dura la tierra? ¿Qué parece
que nunca fue removida?; y güeno,
no le digo que son como treinta años
que hice una zanja pa enterrar mis sueños?
No se me pare, métale de punta,
qu'el cajón nu'estar lejos.
Hunda la pala p'haí, donde se asoma
ese pedazo'e cuero.

Empuje, tuerza, ansi tire p'arriba,
no se me áhugue de miedo.
¿Que es un cajón muy chico?
Más chica es la concencia
y cabe el mundo adentro.
¿Ta asustao porque ha visto
que ha sacao un cajón que nu es de muerto?
Váyase preparando pa otras cosas
más chicas y más grandes que tuito esto.
Déjeme abrir la tapa, que al abrirla
van a volar treinta años de ricuerdos.
Levántese; que un gaucho se almarea
tan sólo en hora que se está muriendo.
¿Lo asombra ver este montón de ropas
podridas por el tiempo
en lugar de los restos de su mama?

Mírelos, sin embargo, son sus restos,
lo que quedara d'ella en ese rancho
que ha guardao tantos años el secreto.
Aquí tiene, la bata florecida
que perjumó mi vida, su pañuelo,
el reboso de lana,
la cinta azul del pelo,
los botines puntiaos, las medias blancas
que le compré en el pueblo,
y ese montón de hilachas carcomidas,
la pollera punzó del casamiento.
Esto jué la osamenta
que yo he velao treinta años en silencio,
pa que denguno, nunca,
tuviera que marcarlo con el dedo
y refrescarle el barro y la vergüenza
que tuvo por herencia'e nacimiento.

Ella tamién, igual que áura la suya,
se jué con otro y al primer momento
decidí lo que usté: dir a buscarlos
y cobrarme la deuda fierro a fierro;
pero allá en la cunita abandonada
taba m'hijo durmiendo,
un inocente que al final de cuentas
diba a pagar lo que otros habían hechos,
y me morí disesperao las manos;
envainé mi cuchiyo en el alero
y enterré silencioso esos despojos
y me dispuse a continuar viviendo,
sonriyendo po ajuera,
y con la muerte adentro,
pa que m'hijo se criara
sin saber el por qué de mi tormento;
limpio de alma y de nombre,
trabajador, y honrao de pensamiento.

¡Treinta años que he guardao este misterio!
Aura, ya semos dos a soportarlo,
ya me puedo morir con el secreto;
y áura dígame usté, si ha servido
de alguna cosa tanto sufrimiento.
Saque esa cruz que ya no escuende nada,
empareje el terreno,
y váyase nomás a vigilar los nietos.
¿Cómo es eso?¿Rumbea pa su rancho?
Tráigame los gurises un día de éstos,
que tengo ganas de abrazarlos. ¿Juye?
¿Se ha echao sobre los ojos el sombrero?
¡Va yorando! No importa que padezca;
yo lo hice por usté, sufra por eyos.
...............................................
¡Gracias, Señor, por fin he comprendido
por qué me heriste en la mitá del pecho!
Las penas que sufrí resultan chicas
si las comparo con el bien que han hecho.
Te ensañaste en un gaucho pa que juera
tuito ese mal, la dicha de un agüelo.

jueves, 23 de junio de 2011

Lindo domingo de fiesta


Por ser más domingo que otro,
hoy es domingo de fiesta:
la primera luz del día
corre a lucero y estrella
que amagaron a quedarse
hasta que el sol con su cresta,
hizo un serrucho y cortó
a todas las nubes negras.
En la cruz de dos caminos
un cartel lleno de letras,
anuncia la jineteada
que en el pago se comenta,
y abriendo su boca ancha
para tragarse la huella,
hoy se libra del candao
una tranquera de rienda.

En el poste que se agarra
para afirmar su existencia,
luce en la parte de arriba
lo que de una yunta queda,
el rancho de dos horneros
que lo han dejao tapera,
y como adorno mayor
del otro lao se florea
un palo atao con alambre
que sujeta la bandera,
que está tirando p'arriba
como buscando querencia.

En menos que un gallo canta
envuelve la polvadera,
la gente de todas layas
que a este lugar se allega.
Algunos en sus montaos,
otros en sus cuatro ruedas,
y por ahi un sulky viejo
que a falta'e grasa se queja...
Los que justo al mediodía
todos al monte rodean,
mientras el humo delata
que "en este país no hay miseria",
y más si llega un domingo
y ese domingo es de fiesta.

El verdor de la gramilla
deja de dormir la siesta,
porque lo despierta el grito
de unas bocinas que suenan
como si hablaran los árboles
donde forman sus horquetas,
y ya comienza el revuelo:
jinetes, potros, maneas,
bastos, estribos y cueros,
bolsas, riendas, encimeras...

Los cardos le prestan pinchos
a dos rodajas de espuelas
y la lonja gana el viento,
celosa de las banderas...
Y allí se juegan el todo:
chuzos ariscos y yeguas
contra los bravos paisanos
que su coraje alardean,
mientras se adorna el paisaje
de esta pampa de mi tierra,
con baguales que se estiran,
bufan, disparan, se arquean,
o quedan sobre las patas
paraos y no se volean
cuando los hombres se afirman
mirándoles la cabeza,
poniendo acero en la carne
de los brazos y las piernas,
castigándolos sin yel,
rayándoles las paletas,
en la topada más gaucha
de bravura y de destreza.

Y así va pasando el tiempo
entre miradas inquietas,
cuando el monte se cansa
de ver machaza proeza,
llega la tarde trayendo
una sombra pa'la apuesta,
entonces los comentarios
pasan de oreja en oreja,
repitiendo lo ocurrido
a lo largo de la rueda,
donde caballos y criollos
jugaron tamaña apuesta,
unos: no entregar el lomo;
otros: no tocar la tierra,
y todo porque el domingo
¡cayó en domingo de fiesta!

Y le sacó el invicto

(Foto: Eduardo Amorim)
Hoy que el hombre se ha tupido
De pelos blancos las sienes,
Se haya feliz porque tiene
Lo que siempre había querido:
Un hijo que le ha salido
De su cría fuerte y sana
Y que se afirma con ganas
Al bagual que más se alabe
Y de su fama se sabe
Entre la gente paisana.

Anduvo siempre a su cola
De que empezó a caminar,
Y fue aprendiendo a lidiar
Con sogas, lazos y bolas;
Como tiro de pistola
Salió para el yeguarizo,
Bien de a caballo, macizo,
Pa aguantar cualquier revez,
No había cumplido los diez
Y ya amanzaba petisos.

Así fue que al poco andar
Ganó fama de jinete,
Y el que a la huella se mete
Ha de ser para tranquear.
Hoy lo han venido a invitar
Al viejo pa que lo vea
Va a ser brava la pelea
Pues va a subir a uno malo,
Pero si el padre va al palo
Clavao que no lo voltea.

Y ansina llegó el domingo
Del día de la jineteada,
Y temprano, de madrugada,
Diba cada uno en su pingo,
En el boliche del gringo
Se bajaron de pasada,
El mozo no tomó nada
Solamente alzó tabaco,
Y el viejo, de un solo taco,
Se despachó una quemada.

Al rato estaban los dos
Dentro d’ el campo’e la fiesta
Escuchando alguna apuesta
De: -“¡Voy al flete!”,“¡yo a vos!”,
-“será lo que mande Dios”,
Dijo el dueño’el reservao,
Y siguiendo pa un costao
Padre e hijo ya caminan,
A los laos de la cantina
Pa hacerle un tiro al asao.

Cuando llegó el momento
De encararlo al reservao,
Le dijo el viejo: “Cuidao
Y atienda los movimientos”,…
Salió el flete como viento
Y en cuanto le abrió las dos patas
Se hizo un ovillo y a gatas
Le aguantó el primer revuelo,
El padre miró pa’l cielo
Y otros gritaron: “¡lo mata!”…

Pero al ratito cambió
El pensamiento’e la gente,
Porque el muchacho valiente
Nada al chuzo le aflojó,
La lonja se la asentó
De revés y de derecho,
De las verijas hasta el pecho
Le hizo correr las de fierro,
Y el padre dijo: -“¡No le erro
Que no lo baja es un hecho!”

Por su instinto de bagual
Y no entregarse vencido,
Aunque ya era pan comido
Siguió bravo hasta el final,
Y al cambiarse de animal
Para el del apadrinador,
Le cupo al mozo el honor
Por su clase de jinete,
Sacarle el invicto al flete
Por su baquía y valor.

Y rodeao por los mirones
Padre e hijo frente a frente,
Se abrazaron de repente
Cruzando los corazones,
Se vieron dos lagrimones
Sobre la cara correr
Del viejo que con placer
Dijo fuerte y sin empacho,
-“¡Hijo’e tigre mi muchacho…
Overo tenía que ser!”.

jueves, 16 de junio de 2011

La venganza de Tolosa


El sol ya se iba perdiendo
en un cielo color rosa
cuando el paisano Tolosa
cayó al "boliche" sonriendo.
-"Güenas tardes", dijo haciendo
con la mano una señal
de un salto dejó el bagual
como quien anda apurado
y después disimulado
acaricióse el puñal.

Avanzó muy cauteloso
como con cierto temor
y ya junto al mostrador
le pidió una caña al mozo
luego en tono amistoso
dijo,-"el que quiera tomar
no tiene más que avanzar
que mujeres y botellas
son las dos cosas más bellas
que Dios ha podido crear.

"No acepto su invitación",
dijo uno con mala fé,
"sin que antes retire usted
su mala comparación...
¡Si fué por vos compadrón
mal cristiano y peor amigo
hace un tiempo que te sigo
como si tu sombra fuera,
si sos macho, salí ajuera
pa comprobar lo que digo".

El sol ya se había perdido
cuando el paisano Tolosa
le puso fin a la cosa
dejando a Simón tendido
fue aquello como un soplido
que no se pudo evitar
los que quisieron mediar
no les respondió el coraje
y así se lavó el ultraje
de un asunto familiar.

Cuenta en el pago la gente
que el amigo Juan Tolosa,
tenía una hermana preciosa
de una belleza imponente.
Tan linda, tan inocente,
casi un ángel parecía;
mas, quiso el destino un día
que conociera a Simón,
pronto le dió el corazón
y... lo mejor que tenía.

Él le habló de casamiento
y la incauta paisanita
creyó en todo pobrecita
sin ver que todo era cuento,
su hermano hizo un juramento
y lanzó una maldición:
dijo: "En alguna ocasión
que pueda, en cualquier cancha,
¡yo sabré lavar la mancha
con la sangre de Simón!"

Así fue que aquella tarde
cuando el sol ya se perdía,
en la vieja pulpería
logró encontrar al cobarde.
Ahí nomás sin mucho alarde
cumplió su venganza humana,
-"Tomá", le dijo, -" mañana
no has de proceder así...
unas te las doy por mí
y las demás por mi hermana".

Peleó "el mozo" como un león
con terrible valentía
pero venció el que tenía
más honrado el corazón.
Esta tremenda lección,
esta venganza grandiosa
lsería más provechosa
si en cada hogar deshonrao,
cayera sobre el malvado
un hombre como Tolosa.