martes, 25 de agosto de 2009

Un susto grande


Yo desde atrás divisaba
lo que adelante ocurría,
aunque a ocasiones creía
que el río ya nos llevaba.
Ningún caballo aflojaba
librao a su propia suerte,
y al ir juyendo a la muerte
en la corriente intranquila
nueve cabezas en fila
se iban resollando fuerte.

Quiso cobrarse el salao
la audacia de un imprudente
y rondando en la corriente
se traiba un vacuno ahogao.
Iba el tordillo apurao
justamente en lo más hondo,
y allí aquél bulto redondo
pasó en su marcha violenta,
cuando yo ví a mi osamenta
que no paraba hasta el fondo.

Ya el tordillo serenao
cuando salió la tropilla
iba buscando la orilla
nadando como un pescao.
Animal bien enseñao,
pingo de ley, nadador,
y trás del susto mayor
por mi tremenda osadía
en una tarde tan fría
¡yo me sacaba el sudor!

Después de aquella aventura
que tan barata saqué
ahí mismo reflexioné
que solo fue una locura.
Mirando en toda su anchura
al Salao en movimiento
se aferró a mi pensamiento
de que en aquella emergencia
de ir contra de la querencia
¡no hubiera contao el cuento!

Quisiera ehcar al olvido
-pa no achicar mi coraje-
cuando de vuelta de un viaje
hallé al Salao muy crecido.
Pero aunque soy decidido
y nunca supe afligirme
observando bien de firme
al ver que venía bramando
me quedé un rato pensando
sin llegar a decidirme.

Sin que el temor me abatate
dí un resuello a la tropilla
y ahí nomás, sobre la orilla,
hice fuego y tomé mate.
Largarse era un disparate
y flojura el no intentarlo,
por eso, sin más pensarlo,
siendo mis pingos de aguante
echándolos por delante
me acomodé pa cruzarlo.

Pa jugarme esa baraja
calculé, por mi experiencia,
que el rumbiar pa la querencia
me daba cierta ventaja.
Y como el peligro ataja
quien lo encara sosegao,
las pilchas de mi recao
después de echada la cuenta
con toda mi vestimenta
las lié en el poncho encerao.

Obedeciendo a mi mando
la madrina entró primero,
y un gatiao y un bayo overo
la diban como escoltando.
Dentró un zaino mañeriando,
dos moros, luego un rosillo,
y cuando ya un doradillo
nadaba en lo más profundo
como Dios me ha echao al mundo
dentré al agua en un tordillo.

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