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jueves, 23 de junio de 2011
Se la regalo compadre
Mi amigo Juan Ballester
es un mentao domador,
sin vicios, trabajador
y dispuesto pa un quehacer.
Nada tiene que aprender
de ningún hombre campero,
porque piala, es buen resero,
sabe esquilar sin revés,
y a mostrao más de una vez
que es un prolijo soguero.
Como el paisano es casao
a una hora en que lo hallara,
fui pa verle un malacara
que él mismo me había ofertao.
-"¡Pero abajesé, cuñao!",
me dijo en tono afectuoso,
y aunque yo soy respetuoso
ni bien pasé a la cocina,
dentró a mirarme la china
como a sapo de otro pozo.
-"Pepa"... -le dijo el paisano
con sus mejores moditos-
"cebate unos amarguitos
vos que tenés buena mano".
La moza, de pelo ruano,
en vez de mostrarse atenta
le contestó por su cuenta
con ganas de que se arme:
-"¡No entrés a capataciarme
que yo no soy tu sirvienta!".
El hombre de avergonzao,
queriendo arreglar las cosas
me dijo que de mimosa
ansina le había contestao.
Yo en silencio y él callao,
yerbiamos al lao del fuego,
y ella quebrando el sosiego
le dijo: -"¡Juan apurate,
largá enseguida ese mate
y andá a carniar un borrego!"
Y Juan, pa disimular,
o quedar mejor conmigo,
le dijo: -"Pepa, a este amigo
quiero invitarlo a cenar".
Pero ella sabía trotar
hasta con manea redonda,
y ansí fue, que muy oronda
y con el ceño fruncido,
le dijo fuerte al marido:
-"¡Aquí en mi casa no hay fonda!".
Casi ni quiero decirlo,
la rabia que me agarré,
que hasta el rebenque tantié
con ganas de darle un chirlo.
Ella, que pudo alvertirlo
se acarició la melena,
salió pa afuera serena
y con su genio de fierro,
le dio una patada al perro
que estaba atao a cadena.
Por el bagual, Ballester,
ciento diez pesos pidió
-después que lo ponderó-
y yo cien llegué a ofrecer.
Y al no quererme mover
de los cien que había ofertao,
la moza que había escuchao,
gritó con su tono bravo:
-"No le bajés ni un centavo
y que lo pague al contao!".
Le negocié el malacara...
y ni bien cerramos trato,
le di la plata en el acto
pa que la "ruana" no hablara.
Y como quien no repara
si era oportuno el momento,
al dirme, cordial y atento
lo saludé a Ballester,
y le dije a su mujer:
-"¡Que le vaya bien Sargento!".
martes, 7 de junio de 2011
Siesta
La chicharra, con prestancia,
lanza en horas de la siesta,
los acordes de su "orquesta"
en el patio de la estancia.
El sol en tal circunstancia
sigue "apretando" muy fiero,
y en el campo todo entero
parece que el suelo arde
al calor de media tarde
de un bravo día de enero.
Bajo la sombra mejor
cada peón tiende el recao,
buscando el que ha madrugao
un sueño reparador.
El mangangá zumbador
con su figura cargosa
rezonga en forma enojosa
todo el patio dominando,
dando vueltas y observando
como una china curiosa.
Se ven blanquiar esquiladas
las ovejas del plantel,
unas que van pa el jagüel
y otras en la sombra, echadas.
La mosca brava, en bandadas,
cargando se engolosina
y si el rigor no mezquina
cuando a la tropilla azota,
suelta el cencerro su nota
al mosquiar de la madrina.
En el cielo despejao
-celeste telón de fondo-
el astro rey, muy orondo,
parece haberse agrandao.
El pastito chamuscao,
impotente, entristecido,
se dobla sin un gemido
como si fuera un anhelo
pedirle perdón al suelo
por entregarse vencido.
lanza en horas de la siesta,
los acordes de su "orquesta"
en el patio de la estancia.
El sol en tal circunstancia
sigue "apretando" muy fiero,
y en el campo todo entero
parece que el suelo arde
al calor de media tarde
de un bravo día de enero.
Bajo la sombra mejor
cada peón tiende el recao,
buscando el que ha madrugao
un sueño reparador.
El mangangá zumbador
con su figura cargosa
rezonga en forma enojosa
todo el patio dominando,
dando vueltas y observando
como una china curiosa.
Se ven blanquiar esquiladas
las ovejas del plantel,
unas que van pa el jagüel
y otras en la sombra, echadas.
La mosca brava, en bandadas,
cargando se engolosina
y si el rigor no mezquina
cuando a la tropilla azota,
suelta el cencerro su nota
al mosquiar de la madrina.
En el cielo despejao
-celeste telón de fondo-
el astro rey, muy orondo,
parece haberse agrandao.
El pastito chamuscao,
impotente, entristecido,
se dobla sin un gemido
como si fuera un anhelo
pedirle perdón al suelo
por entregarse vencido.
Rumbo a la fiesta
(Dibujo: Alberto Güiraldes)
El sol ha elevao un rayo,
imponente, silencioso,
y despierta luminoso
el Veinticinco de Mayo.
Marcelo Acuña, en su bayo,
-un flete que es un primor-
luce prendas de valor
cuidadas y muy prolijas,
pa floriarse en las sortijas
donde habrá de lo mejor.
Es un bayo cabo blancos
de muy desenvuelto andar,
como dando a imaginar
que va midiendo los trancos.
La plata de cuatro Bancos
no alcanza para pagarlo,
y muchos al ponderarlo
como conocen al dueño,
dicen que Acuña, ni en sueño,
jamás pensó en negociarlo.
La condición del paisano
nadie podrá desmentir,
al verlo también lucir
su poncho pampa araucano.
Después al cruzar, ufano,
con el sol que lo ha emponchao,
es un brillo el "emprendao"
y también un solo brillo
espuelas, rastra, cuchillo,
y el tirador escamao.
El hombre, a más de resero,
es renombrao domador,
y un firme batallador
en su vida de campero.
En su "emprendao" bien surero
con sus detalles cuidados,
fácil se lleva gastados
-según dice el paisanaje-
meses enteros de viaje
y muchos potros domados.

El sol ha elevao un rayo,
imponente, silencioso,
y despierta luminoso
el Veinticinco de Mayo.
Marcelo Acuña, en su bayo,
-un flete que es un primor-
luce prendas de valor
cuidadas y muy prolijas,
pa floriarse en las sortijas
donde habrá de lo mejor.
Es un bayo cabo blancos
de muy desenvuelto andar,
como dando a imaginar
que va midiendo los trancos.
La plata de cuatro Bancos
no alcanza para pagarlo,
y muchos al ponderarlo
como conocen al dueño,
dicen que Acuña, ni en sueño,
jamás pensó en negociarlo.
La condición del paisano
nadie podrá desmentir,
al verlo también lucir
su poncho pampa araucano.
Después al cruzar, ufano,
con el sol que lo ha emponchao,
es un brillo el "emprendao"
y también un solo brillo
espuelas, rastra, cuchillo,
y el tirador escamao.
El hombre, a más de resero,
es renombrao domador,
y un firme batallador
en su vida de campero.
En su "emprendao" bien surero
con sus detalles cuidados,
fácil se lleva gastados
-según dice el paisanaje-
meses enteros de viaje
y muchos potros domados.
lunes, 16 de mayo de 2011
De hacha y punta
Soy la milonga campera;
la que anudada al coraje
anduvo de viaje en viaje
entre la gente resera.
Querendona y altanera
pa cuerpiar una embestida,
yo fui en la güeya perdida
el tañido de un cencerro,
y el facón de Martín Fierro
entrentando a la partida.
Soy la más fiel compañera
de los gauchos argentinos,
y envuelta en sus ponchos finos
me agité como bandera.
Siempre me he jugao entera
sin perder la disciplina,
y como criolla genuina
no siendo manca ni lerda
me guarecí en cada cuerda
de la guitarra argentina.
Yo recibí mil floreos
de la gente de a caballo
y en honor de ellos, batallo,
sin renuncios ni rodeos.
Dulzura en mis bordoneos
desparramo con derroche,
y prendida como broche
en ruedas de tradición
me aquerencié en el fogón
y en la tapera hice noche.
Mi palabra es voz que ordena
por arte de su destreza
ahuyentar a una tristeza
como alejar una pena.
La que a la canción ajena
por rechazarla de plano
mi sentimiento pampeano
se mantiene siempre alerta,
para ganarles la puerta
con el cuchillo en la mano.
Yo soy el toque de diana
del gallo madrugador,
y en el baldeo seguidor
el chirriar de la roldana.
Tengo vista, soy liviana,
y pongo especial esmero
en darle un tajo certero
acompañao por mis trinos
a esos malos argentinos
que defienden lo extranjero.
Convertida en centinela
por ley que me favorece,
al rodar, me pertenece
la música de la espuela.
Mi vida es una novela
entre placeres y lucha,
y como quien desembucha
les hago esta confesión:
¡que es gaucho de corazón
el que con gusto me escucha!
la que anudada al coraje
anduvo de viaje en viaje
entre la gente resera.
Querendona y altanera
pa cuerpiar una embestida,
yo fui en la güeya perdida
el tañido de un cencerro,
y el facón de Martín Fierro
entrentando a la partida.
Soy la más fiel compañera
de los gauchos argentinos,
y envuelta en sus ponchos finos
me agité como bandera.
Siempre me he jugao entera
sin perder la disciplina,
y como criolla genuina
no siendo manca ni lerda
me guarecí en cada cuerda
de la guitarra argentina.
Yo recibí mil floreos
de la gente de a caballo
y en honor de ellos, batallo,
sin renuncios ni rodeos.
Dulzura en mis bordoneos
desparramo con derroche,
y prendida como broche
en ruedas de tradición
me aquerencié en el fogón
y en la tapera hice noche.
Mi palabra es voz que ordena
por arte de su destreza
ahuyentar a una tristeza
como alejar una pena.
La que a la canción ajena
por rechazarla de plano
mi sentimiento pampeano
se mantiene siempre alerta,
para ganarles la puerta
con el cuchillo en la mano.
Yo soy el toque de diana
del gallo madrugador,
y en el baldeo seguidor
el chirriar de la roldana.
Tengo vista, soy liviana,
y pongo especial esmero
en darle un tajo certero
acompañao por mis trinos
a esos malos argentinos
que defienden lo extranjero.
Convertida en centinela
por ley que me favorece,
al rodar, me pertenece
la música de la espuela.
Mi vida es una novela
entre placeres y lucha,
y como quien desembucha
les hago esta confesión:
¡que es gaucho de corazón
el que con gusto me escucha!
domingo, 1 de mayo de 2011
Con todo el rollo
(Pintura: Fernando Romero Carranza)
A mi pobre inspiración
le viá dir haciendo orilla,
pa presentar mi tropilla
si me prestan atención.
Como este mozo es gauchón
hoy copa la banca y taya,
y ande dentre o donde vaya
en cuestión de trabajar
va a ser difícil de hallar
quien me haga pisar la raya.
Quien de gaucho se respete
debe de andar bien montao,
lo mismo en un descampao
que trabajando en un brete.
Y ya que he alzao el copete
(defecto que en mí distingo)
les diré de cada pingo
lo que pa mí representa,
así se pueden dar cuenta
que no los ensilla un gringo.
Me gusta prolijamente
medio a menudo tuzarlos
pa que se pare a mirarlos
el hombre más exigente.
Por ahí, si en un derrepente
la tijera se me cruza
y un tuze en algo me acusa
pronto lo voy corrigiendo,
para que vayan sabiendo
que algo sabe el que los tuza.
A la madrina azuleja
donde la deje maniada
de toda la caballada
ni uno solo se le aleja.
Es gauchona y bien pareja
y a mi campero entender
otra igual no debe haber
tan desenvuelta al trotiar,
y pa hacerla cabrestiar
basta un hilo de coser.
En mi tropilla entabalada
pa que lo mire la gente
tengo un chuzo reluciente
alazán anca nevada.
Anca que así salpicada
parece que adrede ha sido,
o quizás fuera un descuido
pues más de uno se imagina
que alzando en anca una china
las ropas le han desteñido.
Se diesfío en general
en fija no hallo ninguno
que me lo iguale al lobuno
trabajando en un corral.
Fué ariscón dede bagual
si escuchaba altún tropel;
pa galopiar es sin yel
y no exagero al decir
que no puedo ni escupir
andando montao en él.
A ese zaino pico blanco
yo mismo lo he galopiao
y a mi gusto lo he sacao
porque tampoco soy manco.
Es elegante en el tranco
como airoso galopiando,
y si al salir reseriando
se estira un poco la ausencia
al rumbiar pa la querencia
retoza y va divisando.
El colorao pata mora
de atropellada tremenda
por lindo y de buena rienda
a cualquiera lo enamora.
Pa un tiro de boleadora
es lo mejor que he montao,
y en este pingo avispao
ligerazo como luz
si le dentro a un avestruz
que se dé por desplumao.
Ese bayo güevo e pato
-flor de pingo pa enlazar-
no sabe donde pisar
en cuanto el lazo desato.
Como que no me arrebato
si estoy con gente pareja
cuando un novillo se aleja
con lujo, pero sin trampas,
le cierro el lazo en las guampas
sin tocarle ni una oreja.
El picazo mascarilla
relocaso y desconfiao
por su pelo codiciao
sobresale en la tropilla.
Es un flete como ardilla
que me costó acomodar,
y aunque le pude quitar
los defectos de a poquito
capaz, si lo felicito,
de arrastrarse a beyaquiar.
En el oscuro tapao
la noche se me retrata
y aunque lo tapen en plata
no ha de salir de mi lao.
En el pago es más nombrao
que el sacristán del convento,
y creamen que cuando muento
e un flete tan liberal
me paresco a un General
al frente de un regimiento.
Le compré el gatiao overo
a un paisanito florido,
que a más de ser atrevido
decían que era cuatrero.
Seguro ha sido un campero
quien fue al gatiao enseñando,
pues se cruza un río nadando
entre el viento y refucilos,
y un alambrao de ocho hilos
lo salta como jugando.
Siempre soy reconocido
de día igual que de noche
porque el cencerro un derroche
sabe hacer de su sonido.
Y cuando me hubo extendido
la cerrazón su cortina
yo se que entre la neblina
mis caballos favoritos
porfean para dir juntitos
atracaos a la madrina.
Y aquí pueden ver, señores,
en mi tropilla presente
que si no es sobresaliente
no es tampoco de las peores.
En las güeyas mil rigores
les ha tocao aguantar,
y así como al trabajar
ponen guapeza y empeño
se lucen junto a su dueño
cuando salen a pasiar.

(Foto: Eduardo Amorim)

A mi pobre inspiración
le viá dir haciendo orilla,
pa presentar mi tropilla
si me prestan atención.
Como este mozo es gauchón
hoy copa la banca y taya,
y ande dentre o donde vaya
en cuestión de trabajar
va a ser difícil de hallar
quien me haga pisar la raya.
Quien de gaucho se respete
debe de andar bien montao,
lo mismo en un descampao
que trabajando en un brete.
Y ya que he alzao el copete
(defecto que en mí distingo)
les diré de cada pingo
lo que pa mí representa,
así se pueden dar cuenta
que no los ensilla un gringo.
Me gusta prolijamente
medio a menudo tuzarlos
pa que se pare a mirarlos
el hombre más exigente.
Por ahí, si en un derrepente
la tijera se me cruza
y un tuze en algo me acusa
pronto lo voy corrigiendo,
para que vayan sabiendo
que algo sabe el que los tuza.
A la madrina azuleja
donde la deje maniada
de toda la caballada
ni uno solo se le aleja.
Es gauchona y bien pareja
y a mi campero entender
otra igual no debe haber
tan desenvuelta al trotiar,
y pa hacerla cabrestiar
basta un hilo de coser.
En mi tropilla entabalada
pa que lo mire la gente
tengo un chuzo reluciente
alazán anca nevada.
Anca que así salpicada
parece que adrede ha sido,
o quizás fuera un descuido
pues más de uno se imagina
que alzando en anca una china
las ropas le han desteñido.
Se diesfío en general
en fija no hallo ninguno
que me lo iguale al lobuno
trabajando en un corral.
Fué ariscón dede bagual
si escuchaba altún tropel;
pa galopiar es sin yel
y no exagero al decir
que no puedo ni escupir
andando montao en él.
A ese zaino pico blanco
yo mismo lo he galopiao
y a mi gusto lo he sacao
porque tampoco soy manco.
Es elegante en el tranco
como airoso galopiando,
y si al salir reseriando
se estira un poco la ausencia
al rumbiar pa la querencia
retoza y va divisando.
El colorao pata mora
de atropellada tremenda
por lindo y de buena rienda
a cualquiera lo enamora.
Pa un tiro de boleadora
es lo mejor que he montao,
y en este pingo avispao
ligerazo como luz
si le dentro a un avestruz
que se dé por desplumao.
Ese bayo güevo e pato
-flor de pingo pa enlazar-
no sabe donde pisar
en cuanto el lazo desato.
Como que no me arrebato
si estoy con gente pareja
cuando un novillo se aleja
con lujo, pero sin trampas,
le cierro el lazo en las guampas
sin tocarle ni una oreja.
El picazo mascarilla
relocaso y desconfiao
por su pelo codiciao
sobresale en la tropilla.
Es un flete como ardilla
que me costó acomodar,
y aunque le pude quitar
los defectos de a poquito
capaz, si lo felicito,
de arrastrarse a beyaquiar.
En el oscuro tapao
la noche se me retrata
y aunque lo tapen en plata
no ha de salir de mi lao.
En el pago es más nombrao
que el sacristán del convento,
y creamen que cuando muento
e un flete tan liberal
me paresco a un General
al frente de un regimiento.
Le compré el gatiao overo
a un paisanito florido,
que a más de ser atrevido
decían que era cuatrero.
Seguro ha sido un campero
quien fue al gatiao enseñando,
pues se cruza un río nadando
entre el viento y refucilos,
y un alambrao de ocho hilos
lo salta como jugando.
Siempre soy reconocido
de día igual que de noche
porque el cencerro un derroche
sabe hacer de su sonido.
Y cuando me hubo extendido
la cerrazón su cortina
yo se que entre la neblina
mis caballos favoritos
porfean para dir juntitos
atracaos a la madrina.
Y aquí pueden ver, señores,
en mi tropilla presente
que si no es sobresaliente
no es tampoco de las peores.
En las güeyas mil rigores
les ha tocao aguantar,
y así como al trabajar
ponen guapeza y empeño
se lucen junto a su dueño
cuando salen a pasiar.

(Foto: Eduardo Amorim)
Avestruz
(Pinturas: Carlos Montefusco)
Con el cogote estirao
y tus patas corredoras
desafiando boleadoras
sobre los campos más llanos
provocan a los paisanos
tus gambetas burladoras.
Y cuando más provoqués
tu trance será más fiero,
porque tentao, el campero,
después de apretar la cincha
se va a acomodar la vincha
dejando a un lao el sombrero.
Pronto habrás de maldecir
de ser ave y no alzar vuelo,
y en tremendo desconsuelo
-aunque no se mueva un yuyo-
haz de sentir que atrás tuyo
te viene temblando el suelo.
Ahurita te quiero ver
si sos viento o huracán,
y entreverá con tu afán
la astucia en el encontrón,
porque te viene un ciclón
en un caballo alazán.
Patón viejo, acomodate,
que tu "jabón" no hace espuma,
y a un tirón errado se suma
otro justo a la medida,
pues si aquí salvás la vida
vas a pagar con la pluma.
No te dije...¡ya rodaste!...
y el hombre en la sujetada
después de una carcajada
desmonta en forma resuelta,
porque ni Dios, esta vuelta,
te salva la desplumada.

Con el cogote estirao
y tus patas corredoras
desafiando boleadoras
sobre los campos más llanos
provocan a los paisanos
tus gambetas burladoras.
Y cuando más provoqués
tu trance será más fiero,
porque tentao, el campero,
después de apretar la cincha
se va a acomodar la vincha
dejando a un lao el sombrero.
Pronto habrás de maldecir
de ser ave y no alzar vuelo,
y en tremendo desconsuelo
-aunque no se mueva un yuyo-
haz de sentir que atrás tuyo
te viene temblando el suelo.
Ahurita te quiero ver
si sos viento o huracán,
y entreverá con tu afán
la astucia en el encontrón,
porque te viene un ciclón
en un caballo alazán.
Patón viejo, acomodate,
que tu "jabón" no hace espuma,
y a un tirón errado se suma
otro justo a la medida,
pues si aquí salvás la vida
vas a pagar con la pluma.
No te dije...¡ya rodaste!...
y el hombre en la sujetada
después de una carcajada
desmonta en forma resuelta,
porque ni Dios, esta vuelta,
te salva la desplumada.
Renegando de mi suerte

Como una peste dañina
de efecto muy poderoso
este verano espantoso
viene sembrando la ruina.
La lluvia el cielo mezquina
en forma cruel y egoísta,
y aunque uno aguante y resista
buscando una salvación
no hay más que desolación
pa donde tienda la vista.
Parece el campo un corral
donde ni un yuyo se vé,
y en mi existencia, doy fe,
nunca vi un desastre igual.
Deja esa "seca" fatal
osamentas a montones,
resecos los cañadones,
el arroyito sin agua,
y el sol parece una fragua
quemando mis ambiciones.
A veces reniego fuerte
mirando fijo pa el cielo,
pues vaca que cae al suelo
está condenada a muerte.
El carancho se divierte
gozando en su tironear,
aunque después al volar
se ve rechoncho y pesao,
y yo quedo acalambrao
de tanto y tanto cueriar.
Si amaga alguna tormenta
solo se ve en el amago,
y mientras tanto, el estrago,
trae tremendas acechanzas
al más templao desalienta.
Es que el verano, en su cuenta,
al redoblar sus pujanzas
pa reducirme a la nada,
porque en la tierra agrietada
se pierden mis esperanzas...
jueves, 14 de abril de 2011
Cumpleaños del Patrón
(Pintura: Carlos Montefusco)
Cuando el sol, ni media vara
se había levantao del suelo
quiso mirarse en el pelo
de mi tostao malacara.
Es que el patrón de "La Sara"
festejaba el cumpleaños,
y sin buya y sin engaños
me puse a ensillar mi flete
pa cáir como de copete
entre amigos y entre extraños.
Salí con mi compañera
en ancas de mi tostao
orillando a un alambrao
hasta dar con la tranquera.
Con la brisa mañanera
y escuchando unos balidos
díbamos entretenidos
cruzando campo, alegrones,
despertando los pichones
acurrucaos en los nidos.
Entre apretones de mano
a un montón de gente amiga
saludamos, ¡Dios bendiga!
que había llegao más temprano.
Después, resuelto y baquiano
como el cura en casamiento,
fuí con mi prenda de intento
poniendo nuestra atención
felicitando al patrón
que estaba lo más contento.
Previendo en la circunstancia
la gente que iba a llegar
había carne "a guaranguiar"
rebalsando a la abundancia.
Y al ir llegando a la estancia
gente criolla y muy bizarra
entre sones de guitarra
por tanta calor que hacía
de muy temprando se vía
que iba a cantar la chicharra.
De dulces había un montón
pa agasajar a los chicos,
y al ver brillar sus hocicos
se raiba solo el patrón.
Y allí cerca, en un galpón
adornao como una sala
el "chueco" Damián Ayala
con Calendario Cisneros
parecían dos jilgueros
cantando en el mismo tala.
El patrón y la patrona
sin que hiciera falta un ruego
bailaron, rompiendo el fuego,
cuanto arrancó la acordiona.
La muchachada gauchona
dentró a buscar compañera,
y como haciendo escalera
en la cordial tremolina
yo me florié con mi china
"pasuquiando" una ranchera.
Haciendo troja en las fuentes
se servían las empanadas,
al instante preparadas
pa consumirlas calientes.
Y entre dichos ocurrentes
-abundando el beberaje-
sin que la risa se ataje
entre bromas siempre atentas
se vian las mozas contentas
y más contento el gauchaje.
Y cuando el sol tocó el suelo
con sus horas bien corridas,
después de las despedidas
yo y mi china alzamos vuelo.
Trajo la noche un consuelo
trás del calor de la siesta,
y cuando entre su protesta
nos daba el tero su "adios"
comentábamos los dos:
¡qué linda estuvo la fiesta!

Cuando el sol, ni media vara
se había levantao del suelo
quiso mirarse en el pelo
de mi tostao malacara.
Es que el patrón de "La Sara"
festejaba el cumpleaños,
y sin buya y sin engaños
me puse a ensillar mi flete
pa cáir como de copete
entre amigos y entre extraños.
Salí con mi compañera
en ancas de mi tostao
orillando a un alambrao
hasta dar con la tranquera.
Con la brisa mañanera
y escuchando unos balidos
díbamos entretenidos
cruzando campo, alegrones,
despertando los pichones
acurrucaos en los nidos.
Entre apretones de mano
a un montón de gente amiga
saludamos, ¡Dios bendiga!
que había llegao más temprano.
Después, resuelto y baquiano
como el cura en casamiento,
fuí con mi prenda de intento
poniendo nuestra atención
felicitando al patrón
que estaba lo más contento.
Previendo en la circunstancia
la gente que iba a llegar
había carne "a guaranguiar"
rebalsando a la abundancia.
Y al ir llegando a la estancia
gente criolla y muy bizarra
entre sones de guitarra
por tanta calor que hacía
de muy temprando se vía
que iba a cantar la chicharra.
De dulces había un montón
pa agasajar a los chicos,
y al ver brillar sus hocicos
se raiba solo el patrón.
Y allí cerca, en un galpón
adornao como una sala
el "chueco" Damián Ayala
con Calendario Cisneros
parecían dos jilgueros
cantando en el mismo tala.
El patrón y la patrona
sin que hiciera falta un ruego
bailaron, rompiendo el fuego,
cuanto arrancó la acordiona.
La muchachada gauchona
dentró a buscar compañera,
y como haciendo escalera
en la cordial tremolina
yo me florié con mi china
"pasuquiando" una ranchera.
Haciendo troja en las fuentes
se servían las empanadas,
al instante preparadas
pa consumirlas calientes.
Y entre dichos ocurrentes
-abundando el beberaje-
sin que la risa se ataje
entre bromas siempre atentas
se vian las mozas contentas
y más contento el gauchaje.
Y cuando el sol tocó el suelo
con sus horas bien corridas,
después de las despedidas
yo y mi china alzamos vuelo.
Trajo la noche un consuelo
trás del calor de la siesta,
y cuando entre su protesta
nos daba el tero su "adios"
comentábamos los dos:
¡qué linda estuvo la fiesta!
Estancia vieja

Entre los hombres camperos
tiempo atrás era un orgullo
ser mensual en "El Mangrullo",
domador o peón resero.
El que hoy la vea, aparecero,
tal vez mi tristeza sienta
porque a medida que aumenta
los cambios en su manejo
de los lindos tiempos viejos
le quedan solo las mentas.
Al faltar don JULIO ALDAO
el gaucho y viejo patrón
por causa'e la sucesión
hoy un gringo la ha comprao.
Aura está todo cambiao
todas son transformaciones.
Una cuadrilla de peones
ha levantao sin tardanza
corrales, manga, balanza,
y pa los toros, galpones.
Todo patrón extranjero
habla de refinamientos,
de razas, de cruzamientos
y del valor de los cueros.
Le interesan los terneros
y los cuadros de invernada.
Ansina fue que de entrada
hizo arar y hechas semilla,
prohibiendo tener tropilla
a todita la peonada.
De mi tropilla'e tostaos
no me quise deshacer
y hoy los tengo que tener
a tuitos desparramaos.
Cuatro chuzos'e soltao
allá en el puesto'e "Las Ruinas",
dos le he prestao a Medina,
tengo una yunta conmigo
y en el campo de un amigo
un tostao y la madrina.
Si seguimos a este paso
ha de prohibir sin demora
el uso e las boleadoras,
espuelas, rebenque y lazo.
Retobao, mando un planazo
calculando la distancia
y perdonen mi ignorancia
si equivoco la opinión,
¡Que estancia sin tradición
ya deja de ser estancia!
Como no quiero agringarme
y soy hombre decidido
hoy las cuentas he pedido
pá mañana retirarme.
No sé pa ande ha de llevarme
el sotreta del destino
pero firme en mi camino
les digo con arrogancia,
¡Dentraré solo a una estancia
donde mande un argentino!
martes, 5 de abril de 2011
Querencia
Mi pago es mi Patria chica,
-por no decirles mi mundo-
y por él, mi amor profundo
se agranda y se multiplica.
Mucho más se justifica
en una forzada ausencia,
y pa mí, la peor sentencia,
la que más me haría sufrir
es condenarme a vivir
alejado de mi querencia.
Las estrellas tan hermosas
en el cielo oscuro y ancho
miradas desde mi rancho
parecen piedras preciosas.
Encuentro en las mariposas
más belleza en sus colores;
en los pájaros cantores
veo plumajes divinos,
mayor encanto en sus trinos
y más fragancia en las flores.
Al más fiero pajonal
algo le encuentro de lindo,
y a los encantos me rindo
del avestruz y el bagual.
Hasta el mismo tero real
luce su estampa cuidada,
y en la mañana templada
desafiante y altanero
el gritonear de un hornero
parece una carcajada.
Viví aquí mis años mozos
con juvenil alegría,
y aún recuerdo todavía
que pasaron presurosos.
Años felices, dichosos,
aunque se fueron les canto,
y si pa mí es un encanto
aquí en mi rancho vivir,
¡de aquí quisiera salir
derecho pa el camposanto!
-por no decirles mi mundo-
y por él, mi amor profundo
se agranda y se multiplica.
Mucho más se justifica
en una forzada ausencia,
y pa mí, la peor sentencia,
la que más me haría sufrir
es condenarme a vivir
alejado de mi querencia.
Las estrellas tan hermosas
en el cielo oscuro y ancho
miradas desde mi rancho
parecen piedras preciosas.
Encuentro en las mariposas
más belleza en sus colores;
en los pájaros cantores
veo plumajes divinos,
mayor encanto en sus trinos
y más fragancia en las flores.
Al más fiero pajonal
algo le encuentro de lindo,
y a los encantos me rindo
del avestruz y el bagual.
Hasta el mismo tero real
luce su estampa cuidada,
y en la mañana templada
desafiante y altanero
el gritonear de un hornero
parece una carcajada.
Viví aquí mis años mozos
con juvenil alegría,
y aún recuerdo todavía
que pasaron presurosos.
Años felices, dichosos,
aunque se fueron les canto,
y si pa mí es un encanto
aquí en mi rancho vivir,
¡de aquí quisiera salir
derecho pa el camposanto!
Fantasiando

Pa que andarles repitiendo
de que pago soy nativo,
si mi honrao apelativo
donde quiera voy luciendo.
Ni crean que ando escondiendo
que campo afuea me he criao,
porque siempre he comentao
con palabras muy sensatas:
¡vale más un criollo "en patas"
que el gringo mejor calzao!
Soy guitarrero y cantor
y en reuniones divertidas
tengo más amanecidas
que milico rondador.
También soy buen vareador
de algún flete encarrerao,
y el andar desocupao
pa mí no tiene importancia
pues no me falta una estancia
donde estarme de "agregao".
Yo sé buscar mi acomodo
en un mazo al barajar,
y el que me quiera probar
que se arremangue hasta el codo.
Soy parejito pa todo
cuando la mala atravieso,
y soy regular pa el "güeso"
como muy capaz también
de hacer un tiro por cien
sin tener ni solo peso.
Mi poncho pampa, heredao,
lo uso permanentemente,
pero no hallé hasta el presente
quien me lo hubiera pisao.
Y aunque soy muy educao
al cruzar por otras sendas
me he visto en varias contiendas
empuñando el cabo él plata,
pero ande afirmo la pata
no soy de errar con las riendas.
Sé dormir como un campero
tendiendo, el recao al raso,
y sé andar, si llega el caso,
bien vestido a lo pueblero.
Las bravuras de un coimero
no me causan sobresalto,
y como a nadie le falto
donde otro criollo se encumbre
a mí también por costumbre
me gusta volar bien alto.
Recordando mis picazos
(Foto: Eduardo Amorim)
Hará veinte años escasos
-cuando el trabajo abundaba-
en la güeya me floriaba
con mis catorce picazos.
Fletes prontos como hondazos
pero enseñaos con aplomo,
y tan sanitos del lomo
que no parecían de un pión,
sinó pingos de un patrón
o el lujo de un mayordomo.
Los catorce muy parejos
desde el hocico a la cola,
y a más, de una marca sola,
pa distinguirlos de lejos.
Y aunque estoy como los viejos
que están pidiendo una cruz,
mis picazos se hacen luz
y hasta la marca me tráin,
que es la de Oscar Zabalain
-hacendao de Chascomús-.
Con ellos bandié el Salao
en ciento y una ocasión,
y bandié el Samborombón
estando muy desbordao.
Cada pingo era un soldao
trás la madrina lobuna,
y no tengan duda alguna
que sin poner un testigo
en los años que les digo
fueron mi única fortuna.
Porque se me hizo muy feo
tenerlos en una "seca"
mi recuerdo se desfleca
al compás de un escarceo.
De agradecido, me arqueo,
como una vieja cumbrera,
y en "El Candil", de los Vega,
(que quiero acá mencionarlos)
tenía permiso pa echarlos
en el cuadro que eligiera.
Nunca me dió en preguntar
aunque tuviera confianza,
si era arisca o si era mansa
la trapa que hubo que arrear.
Cuando había que trabajar
con cualquiera me lucía,
y como en ellos tenía
la guapeza hacha arrogancia
no averigüé la distancia
cuando en un viaje salía.
Cuando no cabían cautelas
y trabajé en forma intensa
jamás les hice la ofensa
de arrimarles las espuelas.
Las lechuzas centinelas
muchas noches me chistaron,
y entre fríos que asustaron,
temporales o solazos,
mi lobuna y mis picazos
ni por broma me aflojaron.
Una vez, a un malacara
me lo patió un pico blanco,
y el pobre quedó tan manco
que temía no llegara.
Allá en el puesto de Lara
se lo dejé embozalao,
y el bagual amadrinao
cortó el atador, y agatas,
al galopito, en tres patas,
me alcanzó desesperao.
Pa mi fué el gusto mayor
a favor, o contra el viento,
verlos con el oído atento
al cencerro sonador.
Yo en el altar del valor
por mis picazos me inclino,
y pienso que en el camino
o pisando la gramilla
un paisano con tropilla
¡parece más argentino!

Hará veinte años escasos
-cuando el trabajo abundaba-
en la güeya me floriaba
con mis catorce picazos.
Fletes prontos como hondazos
pero enseñaos con aplomo,
y tan sanitos del lomo
que no parecían de un pión,
sinó pingos de un patrón
o el lujo de un mayordomo.
Los catorce muy parejos
desde el hocico a la cola,
y a más, de una marca sola,
pa distinguirlos de lejos.
Y aunque estoy como los viejos
que están pidiendo una cruz,
mis picazos se hacen luz
y hasta la marca me tráin,
que es la de Oscar Zabalain
-hacendao de Chascomús-.
Con ellos bandié el Salao
en ciento y una ocasión,
y bandié el Samborombón
estando muy desbordao.
Cada pingo era un soldao
trás la madrina lobuna,
y no tengan duda alguna
que sin poner un testigo
en los años que les digo
fueron mi única fortuna.
Porque se me hizo muy feo
tenerlos en una "seca"
mi recuerdo se desfleca
al compás de un escarceo.
De agradecido, me arqueo,
como una vieja cumbrera,
y en "El Candil", de los Vega,
(que quiero acá mencionarlos)
tenía permiso pa echarlos
en el cuadro que eligiera.
Nunca me dió en preguntar
aunque tuviera confianza,
si era arisca o si era mansa
la trapa que hubo que arrear.
Cuando había que trabajar
con cualquiera me lucía,
y como en ellos tenía
la guapeza hacha arrogancia
no averigüé la distancia
cuando en un viaje salía.
Cuando no cabían cautelas
y trabajé en forma intensa
jamás les hice la ofensa
de arrimarles las espuelas.
Las lechuzas centinelas
muchas noches me chistaron,
y entre fríos que asustaron,
temporales o solazos,
mi lobuna y mis picazos
ni por broma me aflojaron.
Una vez, a un malacara
me lo patió un pico blanco,
y el pobre quedó tan manco
que temía no llegara.
Allá en el puesto de Lara
se lo dejé embozalao,
y el bagual amadrinao
cortó el atador, y agatas,
al galopito, en tres patas,
me alcanzó desesperao.
Pa mi fué el gusto mayor
a favor, o contra el viento,
verlos con el oído atento
al cencerro sonador.
Yo en el altar del valor
por mis picazos me inclino,
y pienso que en el camino
o pisando la gramilla
un paisano con tropilla
¡parece más argentino!
lunes, 28 de febrero de 2011
Si Dios quiere

Hace rato que una prenda
con su encanto me acorrala,
y le ando arrastrando el ala
pa ganarle esa contienda.
Malcornao en una rienda
me lleva con su belleza,
pero pondré mi destreza
como al templar la bordona,
pués si ella es tan coquetona
yo soy de una sola pieza.
Sus ojos tienen ternura,
románticos, soñadores,
y suelen ser delatores
de una pequeña amargura.
Su mirada me tortura
si de fijo me encandila,
y si alegre se perfila
con sus risas atrayentes
las dos hileras de dientes
son perlas puestas en fila.
Con un pretexto cualquiera
cuando rumbeo pa su rancho
siento a mi alma de carancho
repechando su tranquera.
Si me divisa, me espera
bajo de un ceibo cercano,
y al desmontarme del ruano
cuando cortés la saludo
siento que muy a menudo
me apreta fuerte la mano.
Me dá lazo hasta ahí nomás...
aumentando mi codicia,
y sonriendo con malicia
después se vuelve pa atrás.
Mas yo no pierdo el compás
ni ando de oreja caida,
porque de tan presumida
talvés no sepa esa flor
que en las carreras de amor
no tengo ni una perdida.
Cuando me alcanza algún mate
con si pícara atención,
presiento que el corazón
a los corcobos me late.
Robarla es un disparate,
de nó, la hubiera robao,
y además he comprobao
que al susurrarle en la oreja,
como buena zorra vieja
la abuela la ha aligerao.
Le he prometido mimarla
jurándole que la quiero,
y la voy de salamero
con el fin de conquistarla.
Midiendo siempre mi charla
ni jugando me desboco,
y en cuanto me afloje un poco
por más que esté aligerada
¡va a pegar una rodada
como caballo bichoco!

(Dibujo: Eleodoro Marenco)
martes, 22 de febrero de 2011
Como trenzando

Aquí me pongo a trenzar
unos tientos delgaditos,
que entre mis dedos cortitos
se quieren embarullar.
El cuidao voy a extremar
para evitar que se traben,
y me critiquen o alaben
seguiré trenzando ansioso,
pa que mire el más curioso
y aprendan los que no saben.

Como para hacerles ver
que soy un criollo de agaya
arranco así, de esta laya,
pinchando como alfiler.
Yo quiero hacerles saber
sin pretensión de asustar
que si debo rigoriar
soy espuela y soy rebenque,
y soy regular palenque
pa el que quiere tironiar.

Del mazo soy una "sota",
pero a jugador de ley
a mí no me corre un "rey"
ni me achica una derrota.
Pa el que mi tiro rebota
ó en mi camino se cruza
ya tengo a mano la chuza,
pues si trenzarme es mi gusto
no soy hombre que me asusto
cuando chista una lechuza.

De puro arisco no engordo
igual que bagual matrero;
soy desconfiao como el tero
con apariencias de tordo.
Como arroyo me desbordo
cuando apura el temporal,
y si cae a mi corral
alguno medio liviano
si dentra siendo orejano
saldrá con marca y señal.

Perro que ladra no muerde...
alguno estará pensando,
pero... pueden ir probando...
pa ver si es madura ó verde.
Y si mi rumbo se pierde
justo es que solo me oriente,
pa seguir sobre caliente
pues por pura picardía
siempre fué costumbre mía
nadar contra la corriente.

De este modo, un servidor,
aquí esta trenza les deja,
que de fiera y despareja
no sirve ni pa arriador.
Pero si hay un trenzador
mentao como mano brava,
si el pulso no se le traba
sobre el pucho de este envío
pa tirar en contra mío
que aprete nomás la taba.

...........................................................
Pd: Dedico este verso a la memoria de un señor y maestro en el arte de trenzar y de vivir, don Luis Alberto Flores. ¡Gracias Marinés Flores y a todos sus amigos por hacerlo tan necesario y presente!
Mirando el rancho
(Pintura: Fernando Romero Carranza)
En silencio lo contemplo
a mi rancho bien plantao,
y al meditar me he quedao
como apoyao en su ejemplo.
Sencillito como un templo
lo veo emponchao de humildá,
y en la inmensa soledá
desde el pasao al presente
ha sido un real exponente
de gaucha hospitalidá.
De aquí salí endomingao
en un tiempo de esplendor
luciendo como un primor
mi caballo y mi emprendao.
Luego al volver del poblao
-donde un placer se deshoja-
mi rancho, que ni hoy afloja,
parecía en sombras alzarse
queriendo desperezarse
al ruido de la coscoja.
Parece que a la mañana,
y a veces, a la oración,
saliera la tradición
a bichar por la ventana.
Allí sus trovas desgrana
el melodioso jilguero,
y en las puntas del alero
están como suspendidos
los ecos de unos silbidos
que le ha dejao el pampero.
A veces, se me hace un ruego,
y en otras, que son arrullos
cuando se suelta en murmullos
la pava arrimada al fuego.
Es que mi amor de andariego
allí se manió a una china,
y al calor de la cocina
dió flores mi alma campera
lo mismo que enredadera
trepando en la cinacina.
En su techo de totora
han de estar como dormidas
aquellas horas vividas
al nacer de cada aurora.
Alegrías de otra hora
que el tiempo las desmenuza
poncho gastao, sin pelusa,
con que cubiéndome estoy
como si esto fuera hoy...
y es un recuerdo el que cruza!

En silencio lo contemplo
a mi rancho bien plantao,
y al meditar me he quedao
como apoyao en su ejemplo.
Sencillito como un templo
lo veo emponchao de humildá,
y en la inmensa soledá
desde el pasao al presente
ha sido un real exponente
de gaucha hospitalidá.
De aquí salí endomingao
en un tiempo de esplendor
luciendo como un primor
mi caballo y mi emprendao.
Luego al volver del poblao
-donde un placer se deshoja-
mi rancho, que ni hoy afloja,
parecía en sombras alzarse
queriendo desperezarse
al ruido de la coscoja.
Parece que a la mañana,
y a veces, a la oración,
saliera la tradición
a bichar por la ventana.
Allí sus trovas desgrana
el melodioso jilguero,
y en las puntas del alero
están como suspendidos
los ecos de unos silbidos
que le ha dejao el pampero.
A veces, se me hace un ruego,
y en otras, que son arrullos
cuando se suelta en murmullos
la pava arrimada al fuego.
Es que mi amor de andariego
allí se manió a una china,
y al calor de la cocina
dió flores mi alma campera
lo mismo que enredadera
trepando en la cinacina.
En su techo de totora
han de estar como dormidas
aquellas horas vividas
al nacer de cada aurora.
Alegrías de otra hora
que el tiempo las desmenuza
poncho gastao, sin pelusa,
con que cubiéndome estoy
como si esto fuera hoy...
y es un recuerdo el que cruza!
viernes, 18 de febrero de 2011
Muy buena mano
(Pintura: Castells Capurro)
Bajo un añoso ucalito,
en cuya sombra se ampara
tuza un tostao malacara
el "pampa" Juan Gorosito.
Lo acomoda despacito
sin hallar ningún tropiezo,
y pa mostrar, a más de eso,
sus maneras delicadas
lo acaricia en las quijadas
y en la tabla del pescuezo.
Parece que el pingo entiende,
y mientras paciente espera
una tapa de arpillera
de la mosca lo defiende.
En el hombre me sorprende
su suelta serenidad,
y en su gaucha actividad
igual que los muy paisanos
sabe emplear las dos manos
con la misma habilidad.
Mira el tuse con esmero...
y al darle su aprobación
se dá un resuello cortón
pa que no lo crean mañero.
Y al observar a un hornero
sobre su nido de barro
toma agua fresca de un jarro,
se afloja un poco el pañuelo,
y allí sentao en el suelo
pita despacio un cigarro.
Al poco rato, el tostao,
-como su estampa se presta-
quedó como pa una fiesta
completamente arreglao.
La cola le ha emparejao,
y las patas bien peladas
quedaron como afeitadas,
porque en esto, les repito,
que el "pampa" Juan Gorosito
tiene sus mentas ganadas.

Bajo un añoso ucalito,
en cuya sombra se ampara
tuza un tostao malacara
el "pampa" Juan Gorosito.
Lo acomoda despacito
sin hallar ningún tropiezo,
y pa mostrar, a más de eso,
sus maneras delicadas
lo acaricia en las quijadas
y en la tabla del pescuezo.
Parece que el pingo entiende,
y mientras paciente espera
una tapa de arpillera
de la mosca lo defiende.
En el hombre me sorprende
su suelta serenidad,
y en su gaucha actividad
igual que los muy paisanos
sabe emplear las dos manos
con la misma habilidad.
Mira el tuse con esmero...
y al darle su aprobación
se dá un resuello cortón
pa que no lo crean mañero.
Y al observar a un hornero
sobre su nido de barro
toma agua fresca de un jarro,
se afloja un poco el pañuelo,
y allí sentao en el suelo
pita despacio un cigarro.
Al poco rato, el tostao,
-como su estampa se presta-
quedó como pa una fiesta
completamente arreglao.
La cola le ha emparejao,
y las patas bien peladas
quedaron como afeitadas,
porque en esto, les repito,
que el "pampa" Juan Gorosito
tiene sus mentas ganadas.
Gaucho mentao

Alcance amigo el porrón
pa mandarle un trago al buche,
y el que es gustoso, que escuche,
con la mayor atención.
Porque ya en la inspiración
las rimas me han rabalsao,
y como el caso se ha dao
en este verso campero
lo pinto de cuerpo entero
al gaucho Eduardo Bilbao.
Nacido allá en el Tandil
hace ya una punta de años
luce entre amigos y extraño
su estampa tan varonil.
Criollazo como el candil
sus virtudes enarbola,
y sin una faya sola
ha transcurrido su infancia
en una mentada estancia
que es de Pereyra Iraola.
Con sus maneras sencillas
es un jinete mentao,
domador acreditao
y entablador de tropillas,
Hizo en esto maravillas,
y enalteciendo a la raza
como Bilbao no fracasa
sacó en concursos habidos
catorce premios seguidos
con los bayos de Apaolaza.
La provincia toda entera
recorrió de punta a punta,
y su prestigio repunta
entre la gente de afuera.
En cualquier reunión campera
por lo buen zapateador
se luce como el mejor
y como le sobran rollos
estando en rueda de criollos
es guitarrero y cantor.
Su palabra es un consejo
y como es gaucho del Sud
tiene el don y la virtud
de ser un hombre parejo.
Y al hacerles un reflejo
de sus ciencias tan valiosas
con palabras amistosas
quiero dejar aclarao
que quien lo imite a Bilbao
ha de aprender muchas cosas.
lunes, 7 de febrero de 2011
El orgullo de un paisano
(Foto: Eduardo Amorim)
Siempre me ha gustado tanto
darle valor a lo bueno
que aquí al soltarme sereno
a un "reservado" le canto.
Por él muy serio me planto
como el cura en los altares,
y en mis modestos cantares
quiero mentar por mi cuenta
al tan famoso "Pimienta"
de los pagos de Casares.
Retoza allá en su querencia
con su fama bien escrita
y en su vivir de "florcita"
va pasando su existencia.
Pero en cualquier emergencia
se juega lo que le resta,
en forma siempre dispuesta
porque Rolando Melón
lo tiene de regalón
pa cuando cuadre una fiesta.
El "Pimienta" con su estampa
esconde tantos valores
que a un montón de domadores
les hizo clavar la guampa.
Su lomo es como una trampa
para los muy presumidos,
y hasta los más atrevidos
oliendo el pasto han quedao,
llevándose algún porfiao
hasta dos golpes seguidos.
El valor de cada hazaña
es su mejor garantía,
y sigue, porque entuavía
no ha terminao su campaña.
Más de un campero se engaña
viéndolo al tranco pasar,
y hasta lo hace cavilar
pues siempre fué presentao
de cola corta y tuzao
como un caballo de andar.
Alguno por puro gusto
pa montarlo lo ha pedido
y sólo se ha convencido
después del golpe y el susto.
Y aquí a la rima me ajusto
diciendo en forma precisa
que no es pa jugarle risa
ni querer peinarle el pelo,
porque a muchos, contra el suelo
les ha arrugao la camisa.
Como As de las jinetiadas
defiende siempre su nombre
luchando en contra del hombre
sin achicar sus paradas.
Sus mentas bien conquistadas
le han rodeao de tanto brillo,
y aunque es de aspecto sencillo
a una fuerza representa,
porque siempre fue el "Pimienta"
más respetao que un caudillo.

Siempre me ha gustado tanto
darle valor a lo bueno
que aquí al soltarme sereno
a un "reservado" le canto.
Por él muy serio me planto
como el cura en los altares,
y en mis modestos cantares
quiero mentar por mi cuenta
al tan famoso "Pimienta"
de los pagos de Casares.
Retoza allá en su querencia
con su fama bien escrita
y en su vivir de "florcita"
va pasando su existencia.
Pero en cualquier emergencia
se juega lo que le resta,
en forma siempre dispuesta
porque Rolando Melón
lo tiene de regalón
pa cuando cuadre una fiesta.
El "Pimienta" con su estampa
esconde tantos valores
que a un montón de domadores
les hizo clavar la guampa.
Su lomo es como una trampa
para los muy presumidos,
y hasta los más atrevidos
oliendo el pasto han quedao,
llevándose algún porfiao
hasta dos golpes seguidos.
El valor de cada hazaña
es su mejor garantía,
y sigue, porque entuavía
no ha terminao su campaña.
Más de un campero se engaña
viéndolo al tranco pasar,
y hasta lo hace cavilar
pues siempre fué presentao
de cola corta y tuzao
como un caballo de andar.
Alguno por puro gusto
pa montarlo lo ha pedido
y sólo se ha convencido
después del golpe y el susto.
Y aquí a la rima me ajusto
diciendo en forma precisa
que no es pa jugarle risa
ni querer peinarle el pelo,
porque a muchos, contra el suelo
les ha arrugao la camisa.
Como As de las jinetiadas
defiende siempre su nombre
luchando en contra del hombre
sin achicar sus paradas.
Sus mentas bien conquistadas
le han rodeao de tanto brillo,
y aunque es de aspecto sencillo
a una fuerza representa,
porque siempre fue el "Pimienta"
más respetao que un caudillo.
Rimas y versos

Cuando a ocasiones, versiando,
estoy medio entretenido,
las rimas, como al descuido
me vienen atropellando.
Yo las voy embozalando
al tiempo que las reviso,
y después, cuando diviso
que he completao el total
sacándoles el bozal
suelto las que no preciso.
Formo tropilla con ellas
pa que en las noches oscuras
estos versos sin finuras
vayan al tranco en las huellas.
Los han de guiar las estrellas
por los rumbos más diversos,
y aunque hay en ellos dispersos
errores sin corregir
como yo soy sin pulir
sin pulir suelto mis versos.
Ellos les dirán por mí
para que lao me recuesto,
y que sé jugarme el resto
por el suelo en que nací.
Ellos pintan lo que ví
a lo largo del camino,
y saben que no mezquino
mi voz, en ningún momento,
por el orgullo que siento
de haber nacido argentino.
Ellos me hacen orientar
cuando extraviado me encuentro,
y al criollo que llevo adentro
con ellos lo hago cantar.
A sus anchas han de andar
donde corra el cimarrón,
sin tener más pretensión
que en los ranchos refugiarse
y con los gauchos ahumarse
rodeando cualquier fogón.
Duelo criollo

Ya los habían atajao
en una topada fiera
por cuestión de una carrera
que mucho se ha comentao.
Uno al otro ha sentenciao
para otra vuelta mejor,
y el tiempo caminador
por más que se aleje mucho
no puede apagar un pucho
cuando lo enciende el rencor.
Si pa el criollo es documento
cualquier palabra empeñada
jamás quedará olvidada
ni menos llevarla el viento.
Y un día, en que el tero atento
cuidaba el campo argentino
convidaos por el destino
los dos hombres se toparon,
y ahí nomás se desmontaron
a la orilla del camino.
Pa que en lugar apropiao
puedan jugarse el pellejo
un sitio limpio y parejo
el suelo les ha prestao.
Ahí cerquita, en un costao,
-como de gauchos se trata-
dejan en forma sensata
pa no maniarse en un yerro
un par de espuelas de fierro,
y un par de espuelas de plata.
En tan brava circunstancia
un gatiao y un alazán
son dos testigos que están
maniaos a poca distancia.
Mientras con toda arrogancia
como cuadra a dos varones,
pa ventilar sus cuestiones
han empuñao los rivales
dos facones casi iguales
con las peores intenciones.
Ya está barajao el mazo
pa que el destino reparta,
jugando valiosa carta
la vista, el poncho y el brazo.
Viene en el aire un "hachazo"
como buscando el final,
pero un quite magistral
lo hace perderse en la nada,
en tanto una puñalada
retruca haciendo un ojal.
Muy ajeno a ese momento
el gatiao, que está sereno,
en la coscoja del freno
sacude su aburrimiento.
Mientras cada criollo atento
ataja, esquiva ó avanza,
y en alarde de confianza
cuatro piernas nada flojas
con música de coscojas
se devuelven la "mudanza".
No hay razón que los ataje,
y al peliar con tanto ardor
si uno rebalsa en valor
le sobra al otro el coraje.
Sacudiendo su plumaje
pasa un carancho observando,
y el sol que va declinando
le dá dos sombras al suelo
que al mismo ritmo del duelo
parece que están peliando.
Y allí quedó... largo a largo...
un muerto con botas puestas,
perdedor en las apuestas
de ese trance tan amargo.
El matador, sin embargo,
como volviendo de un sueño.
suelta un pingo con empeño
pa que busque la querencia
y anuncie con su presencia
¡el triste fin de su dueño!
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