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domingo, 14 de agosto de 2011

Consejos del Viejo Irala

(Pintura: Carlos Ripamonti)
-Por mi cencia y mi concencia
La gente me llama “El Zorro”
y no te ofendás, cachorro,
si te alvierto en la dentrada
que al hablar, poco me agrada
que naide me corte el chorro.

Dejame , pues, redamar
la tinaja de mi cencia,
y escuchame con pacencia
pa' madurar mi razón;
a cambio de tu atención
yo te daré mi esperencia.

Nací como todo bicho
en sus cuevas o pajales:
las diferencias formales
sólo están en el vivir.
Al nacer como al morir
los hombres semos iguales

Trabajar jué mi destino
dende que aprendi a ensillar
me mandaron boyeriar
y boyeriando mis güeyes,
no pude aprender más leyes
que la ley de trabajar.

Pero aunque el trabajo es duro,
pior trabajo es no hacer nada;
por eso en la repechada
nunca afluejo aunque me enferme
Al camarón que se duerme
lo lleva la correntada.

Pensá en Dios pero no creas
en brujos y charlatanes
que viven como haraganes
emponchaos en la penumbra...
No hay más candil que el que alumbra
ni trigo que el que hace panes.

Cuando una pena traidora
te engüelva en su cerrazón
sacá en limpio la razón
que motivó tu tristeza.
Se atajan con la cabeza
los golpes del corazón

No te aflijas por tener
ni envidiés bienes ajenos,
la suerte lleva a los güenos,
pa el rumbo que les conviene.
No es más rico el que más tiene,
sinó el que vive con menos.

Cuando de puro atorao
pensés mejorar de puesto,
acordaté siempre de esto
pa sofrenar tu ambición:
al caballo comilón
hay que acortarle el cabresto.

Al que te quiere alegar
no le pongas mala cara;
y al que porfiao, te toriara,
debés contrariarlo poco:
Siempre hay que correrlo al loco
Pal mismo lao que dispara...

Y no te hagas malos juicios
del hombre que ha rifalao,
que muchos se han desbocao
contra el pobre que cayó
y al tiempo los vide yo
rengueando del mismo lao.

La amistad es trigo maduro
que es necesario emparvar,
y lo que digo al pasar
nunca lo echés en olvido:
amigo que se ha perdido
ya no se vuelve a encontrar.

Mas no te abrás demasiado
al que el lomo te palmea
y rigalarte desea
sin que nada se lo mande
Cuando la limosna es grande
hasta el santo disconfea.

No te pasés de hablador
que hablar mucho es imprudencia;
ande no alcance tu cencia
pegale a la lengua un ñudo...
no hay juez que condene a un mudo
por falta de conocencia.

El que es pícaro de vicio
y en la bondá no se fía,
si supiera la alegría
del hombre manso y sereno,
tendría que hacerse güeno
tan sólo por picardía.

No le recordés a nadie
los defetos que tuviera;
yo te hablo de esta manera
por las probanzas que tengo...
Nunca hay que pasarle al rengo
por el lado de la cojera.

Cuando una ocasión sigura
con sus ventajas te tiente,
áhi nomás clavale el diente
y acomodoate a lo perro;
a la ocasión como al fierro
hay que golpiarla caliente.

Si te quisieran llevar
como ciego a la capilla,
no desatés la presilla
y hacéte prudenciador...
La chala se ve mejor
cuando se acaba la trilla.

Buscale la comba ala palo
de esta verdá que te explico
y no estirés el hocico
al revoliar de los cobres.
En la salú de los pobres
está la plata del rico.

Ricordá que aquel que sube
a cualquier punto que sea
ha de hacer que la marea
no le socave la estiba...
El que pica más arriba
es el que más se golpea.

No andés cambiándo de oficios
ni salgás de tus encierros;
el que vive de los fierros
no debe olvidar la fragua.
¡Carpincho que deja el agua,
contramiar lo hacen los perros!

Jugá si querés jugar
al juego que te divierta,
mas nunca se te haga cierta
parada que se embarulla;
donde te muestran la tuya
está la contraria en puerta.

Y si querés carreriar
no andés buscando revancha;
yo también hice pata ancha
y me he convencido luego
que plata ganada al juego
güelve otra vez a la cancha.

Y es al ñudo arrimpujar
si la suerte anda matrera;
el que acierta una carrera
y en otra se desbarranca,
nunca se va sobre el anca
sin esperar la tercera.

Jamás peliés por peliar
sin motivo valedor,
pero al que ataque tu honor
parale el pasmo enseguida;
toda ofensa consentida
trái otra ofensa mayor.

No le hagás caso al que amague
y al amagarte se altere,
ni al que rigalarte quiere
pensando en lo que recibe...
De rigalos no se vive
ni de amenazas se muere.

Acostumbrate a bailar
al compás del estrumento,
y pa'risollar contento
hasta ponerte rechoncho,
aprendé a terciarte el poncho
del lao que te ataje el viento.

En las trenzadas a fierro
afirmate en los garrones,
y no perdás ocasiones
de ventajearlo al más pillo,
con un ojo en el cuchillo
y el otro en las intenciones.

Naide se debe acostar
sin aprender cosa nueva,
y si querés una prueba
es esta que aquí tenés:
Ricordá a quien le debes
mucho más que a quien te deba.

Al que sabe andar derecho
no se le tuerce el arao
y ñandú que uno ha boliao,
otro lo despluma luego...
Al zonzo cambiale el juego
y al vivo hacelo a un costao.

Todas las mañas están
en esconder los reveses;
por cuidar tus intereses
no descuidés la manija...
Al que estira la cubija
se le destapan los pieses

No pidás a quien vivió
en la complacencia ajena,
ni te amilane la pena
de andar apurao de chala.
Cuando más se anda en la mala,
más se acerca uno a la güena.

domingo, 3 de julio de 2011

El resero

(Dibujo: Castells Capurro)
Vea, patrón: yo soy un pobre
criollo triste y cimarrón
que no ha tenido más crianza
ni más besos recibió
que el frío de los inviernos
y del verano el calor.
Juí de cachorro, boyero,
pión de estancia y domador,
y al dir gustando en las yerras
las pilchas y el corazón,
la vida me hizo resero.

Y en esa faena, señor,
arriaba una tarde cruda
por esos campos de Dios
la tropa, cuando un novillo
rezagao y chucarón,
pa este lao de los cuadriles
sin saber cómo me hirió.
Y ya me iba desangrando
cuando me vido otro poeón
y a la pulpería de un gringo
me llevaron entre dos.

Allí jué donde unas manos
sobadas por el amor,
me curaron de la herida;
pero otra herida mayor
me jueron con el cuidao
abriendo en el corazón.

Era la hija del pulpero
avariento y trapalón...
Nunca se vido en la tierra
mujer de estampa mejor.
Sus ojos eran más hondos
que los del güey cuando el sol
mira envainarse en el monte.
Y su voz... tenía en la voz
lo que tienen las guitarras
cuando las templa el amor.

Volvió tropa. Y como ya
me juí sintiendo mejor,
ensillé y tartamudeando
le dije: "Prienda, me voy.
Pa la vuelta de este viaje
vendré a verla y quiera Dios
que naide se nos oponga
a este sueño de los dos".

"Adios- me dijo- Lo espero"...
Y al saltar al redomón
otra vez allá salimos
por esos campos de Dios,
él corcoveándome abajo
y aquí arriba el corazón.
¡Qué suave soplaba el viento,
qué lindo brillaba el sol
y qué cortos los caminos!
Pero la fortuna, don,
no es baraja pa los pobres.
Cuando borracho de amor
volví a buscarla, encontré
que en la pulpería, señor,
ya no estaba la paloma.
El pulpero trapalón,
camandulero y ladino,
cobarde y calculador,
a otro gringo chacarero,
entonao y ricachón,
le había agenciao mi prienda
como cosa'e mostrador.

Se me cayó el alma al suelo
y ciego de indignación,
quise achurarlo al hereje
por la ruindad de su acción,
pero alguien me salió al cruce
pa'decirme con su voz
que al hombre no hay que matarlo
porque la vida es de Dios.

Y ansina ando desde entonces
perdido en la cerrazón,
sin saber de dónde vengo
ni pa'l destino que voy.

Ya no suepla el viento suave,
ni brilla en mi cielo el sol.
Y aunque lucho y forcejeo
por hallar resignación
a tanto mal, cada vez
que en ancas de mi dolor
entrengo a la pulpería,
miro la puerta, patrón,
y sin quererlo, mi mano
se va a la cruz del facón.

¿Si no hay que matar al hombre
porque la vida es de Dios,
por qué Dios deja que ansina
nos maten el corazón?

Yo soy un gaucho cantor

(Pintura: Pablo Uriburu)Yo soy un gaucho cantor
sin nombre ni apelativo,
que en el camino quebrao
de mi vida sin sosiego,
cansao a estos pagos llego
de tanto andar cimarrón;
y ansí traigo el mancarrón
de mi fortuna endiablada,
con la verija lonjiada
y las paletas sangrando,
dolores que voy sembrando
pa asigurar la pisada.

Mi vida es andar sesguiando
lo mesmo que el buscapié;
cuál es mi pago no sé,
ni pa qué patria la rumbeo...
tuitas las sendas tanteo
y en ninguna siento el pie.

Mi ley es darle al más flojo
juerza, concencia y valor,
y es mi fortuna mayor
no tener otra fortuna
en las noches que la luna
y en las mañanas el sol.

Es muy sencilla mi historia,
como áhura van a ver:
yo tuve rancho y mujer
y eso era toda mi gloria.
Con ella feliz vivía,
sin otras priocupaciones
que llenarla de atenciones...
Era un amor tan estrecho
que en su pecho o en mi pecho
cabían los dos corazones.

De mañanita cuando ella
domría en su manta pampeana,
yo entreabría la ventana
del rancho, por mis antojos,
y la besaba en los ojos
con la luz de la mañana.

Pero jué que como entonces
los tiempos no eran muy güenos,
yo salí a pagos ajenos
por no sé qué zafarrancho,
mientras el otro en mi rancho
dentró a ganarme terreno.
Ella al principio arisquió,
pero hembra, al fin, sin malicia,
se recostó a su codicia,
hasta que en una ocasión
pa vengar esa traición
tuve que hacerme justicia.

Y jué una noche... al volver
de cierto viaje estudiao
que naide había sospechao,
ridepente me colé
al rancho, y ahí lo encontré
pa mi desdicha al mentao.
¡'Ahijuna!... Tal jué mi grito;
pero el hombre que había sido
ventajero y prevenido
me disparó su pistola,
y en una dentrada sola
vengué mi honor de marido.

La china empezó a gritar...
Ahí nomás la iba a clavar...
mas Dios vino en su socorro...
¡Yo me acordé del cachorro...
y... no la pude matar!

Y ansina ando perseguido
lo mesmo que el avestruz,
y solo viendo al trasluz
de mi ilusión siempre blanca
¡que llevo la muerte en l'anca
y el desengaño en la cruz!

¡Ah! pero no he de aflojar
un palmo en esta carrera;
soy varón y p'ande quiera
que el ventarrón me arrempuje,
lo que de la cuna, truje
serán mi orgullo y bandera.