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viernes, 29 de julio de 2011

Allá...

(Pintura: Molina Campos)
Yo canto allá en los rincones,
en donde naide me escucha,
allá donde no se lucha
por encontrar afecciones.
Yo busco los albardones
solitarios del recuerdo;
yo del pasado me acuerdo
con entusiasmo y lo quiero,
y siguiendo su sendero
entre sus brumas me pierdo.

Yo canto en noche callada
cuando todo es sentimiento
y el eco de mi lamento
corre a perderse en la nada.
Soy ave mal emplumada
que por subir aletea
y que el viento la ladea
sin permitirle ascender...
¡Cuando Dios quita el poder
debiera matar la idea!

Yo cruzo arroyos y zarzas
sin salpicar con el lodo
mi plumaje blanco, al modo,
como lo cruzan las garzas.
Soy refractario a las farsas,
me gusta la soledad,
prefiero la tempestad
que los bosques despedaza,
que ver indigna mi raza
viviendo en la falsedad.

Yo duermo en los matorrales
como duermen las perdices,
paso mis horas felices
contemplando los sauzales.
Yo busco los pajonales
y me interno en la espesura:
cruzo también la llanura
cuando quema el sol ardiente,
sin marchitar en mi frente
del recuerdo la frescura.

Ya no se escucha al cantor
con el deseo vehemente
con que hoy escucha la gente
al extranjero tenor.
Ya no se le hace el honor
de dispensarle un momento;
escuchando el sentimiento
con que entona alguna endecha...
¡Planta en miñangos deshecha
por los azotes del viento!

Hoy veo con gran pesar
que todo desaparece;
es ley que lo que envejece
se tiene que terminar.
La tradición al pasar
busca el frío de los polos;
rondan los recuerdos solos,
pues ya en los campos no quedan
¡ni cardales donde puedan
anidarse los chingolos!

domingo, 3 de julio de 2011

Yo soy un gaucho cantor

(Pintura: Pablo Uriburu)Yo soy un gaucho cantor
sin nombre ni apelativo,
que en el camino quebrao
de mi vida sin sosiego,
cansao a estos pagos llego
de tanto andar cimarrón;
y ansí traigo el mancarrón
de mi fortuna endiablada,
con la verija lonjiada
y las paletas sangrando,
dolores que voy sembrando
pa asigurar la pisada.

Mi vida es andar sesguiando
lo mesmo que el buscapié;
cuál es mi pago no sé,
ni pa qué patria la rumbeo...
tuitas las sendas tanteo
y en ninguna siento el pie.

Mi ley es darle al más flojo
juerza, concencia y valor,
y es mi fortuna mayor
no tener otra fortuna
en las noches que la luna
y en las mañanas el sol.

Es muy sencilla mi historia,
como áhura van a ver:
yo tuve rancho y mujer
y eso era toda mi gloria.
Con ella feliz vivía,
sin otras priocupaciones
que llenarla de atenciones...
Era un amor tan estrecho
que en su pecho o en mi pecho
cabían los dos corazones.

De mañanita cuando ella
domría en su manta pampeana,
yo entreabría la ventana
del rancho, por mis antojos,
y la besaba en los ojos
con la luz de la mañana.

Pero jué que como entonces
los tiempos no eran muy güenos,
yo salí a pagos ajenos
por no sé qué zafarrancho,
mientras el otro en mi rancho
dentró a ganarme terreno.
Ella al principio arisquió,
pero hembra, al fin, sin malicia,
se recostó a su codicia,
hasta que en una ocasión
pa vengar esa traición
tuve que hacerme justicia.

Y jué una noche... al volver
de cierto viaje estudiao
que naide había sospechao,
ridepente me colé
al rancho, y ahí lo encontré
pa mi desdicha al mentao.
¡'Ahijuna!... Tal jué mi grito;
pero el hombre que había sido
ventajero y prevenido
me disparó su pistola,
y en una dentrada sola
vengué mi honor de marido.

La china empezó a gritar...
Ahí nomás la iba a clavar...
mas Dios vino en su socorro...
¡Yo me acordé del cachorro...
y... no la pude matar!

Y ansina ando perseguido
lo mesmo que el avestruz,
y solo viendo al trasluz
de mi ilusión siempre blanca
¡que llevo la muerte en l'anca
y el desengaño en la cruz!

¡Ah! pero no he de aflojar
un palmo en esta carrera;
soy varón y p'ande quiera
que el ventarrón me arrempuje,
lo que de la cuna, truje
serán mi orgullo y bandera.

jueves, 16 de junio de 2011

Guitarreos


Es al ñudo bellaquear
cuando no dá la osamenta,
que la guasca se revienta
de tanto hacerla estirar;
cuando me pongo á tocar
ya los dedos se me entumen
y aunque de máistros presumen
al ñudo es la presunción;
se pierde la ejecución
como se pierde el cacumen.

Puede horquetarse en el lomo
de un bagual, un viejo quiebra,
mas ya no muestra la hebra
como antes, ni por asomo;
pues por más que sepa como
se trabaja en el recao,
encontrándose pesao
ese saber es en vano,
que al ñudo, sin ser liviano,
es querer salir parao.

En el viaje de la vida
se marcha lindo y parejo
mientras que á matungo viejo
no se llega en la partida,
pero cuando ya entumida
se siente la chiquizuela
es al ñudo que le duela
cuando se siente aporriao,
porque á matungo cansao
no lo aligera la espuela.

En un tiempo fuí clavel
que en la mata se mecía
mientras su aroma esparcía
perfumándolo al verjel,
pero el invierno crüel
que la vida va agostando,
poco á poco ha ido secando
mis gajos más corpulentos
y aunque en el tronco hay alientos
ya no vivo perfumando.

Así es todo en la existencia,
incluso aquello del vino,
pues se me hace desatino
creer que sea eterna su esencia;
á toda, la Providencia
le ha puesto termino fijo,
y por eso yo colijo
que cuando sopla el pampero
lo lleva el diablo al sombrero
en cuanto afloja el barbijo.

Como les iba diciendo,
voy marchando á lo cangrejo,
como marcha todo viejo
que ya vichoco va siendo;
al ñudo agarro y enriendo
animal que bellaquea,
cuando le aflojo colea,
se hamaca si lo sujeto
y en cuanto me le enorqueto
dejuro me basurea.

Precaviendo machucones
aura matungos prefiero,
pues con matungo aguatero
no hay peligros de arriesgones.
En mi saco hay chicharrones,
se me hace cosa sabida,
pero no arriesgo partida
si la flor no es de cuarenta,
porque así no me revienta
ningún chambón ¡en la vida!

La vida tiene ilusión
mientras que brindan placeres
flores, música y mujeres,
cuando el hombre es mocetón,
pero llegando á treintón
ya la cosa es más formal,
hay que cuidar el caudal
mezquinándole á los tantos,
y al pingo de los encantos
echarle medio bozal.

Yo ya soy de los que viajan
despuntando cañadones,
y hacen el viaje á tirones
si escollos no los atajan;
con los años se rebajan
las fuerzas, eso es sabido,
y cuando al hombre entumido
lo deja la suerte adversa
tiene que buscar por fuerza
el calorcito del nido.

Eso es lo que me sucede
y lo que el mal me aconseja,
el arrimarme á mi vieja
que es quien aliviarme puede.
No hay nadie que desenrede
con más tino la madeja;
¡dichoso del que se queja
de dolor en la cadera
si tiene una curandera
que cure como vieja!

Quien á buen árbol se arrima
de buena sombra disfruta,
y come la mejor fruta
quien del árbol está encima.
Y aquí le aflojo á la prima
por temor que se reviente,
pues siempre tengo presente
que con la cuerda añadida
es serenata perdida
por más que el pulso se asiente.

Pajarito que á la aurora
te columpias en la rama,
mientras que trinos derrama
tu gargantita sonora,
si hay algún triste que llora
cuéntale que no me has visto,
porque si en el mundo existo
ya no es para consolar;
que es un puro suspirar
el pobre viejo Calisto.

miércoles, 15 de junio de 2011

Vengo de todos los tiempos

(Foto de don Buenaventura Luna)
Vengo de todos los tiempos,
crucé todos los caminos;
en encontrados destinos
luché duro con la suerte,
y apagó mi sed de muerte
el agua de los molinos.

Niño… corrí por los campos
-pájaro libre y sin nido-.
No me importa si he sufrido,
que en esta carrera larga
no hallé decepción amarga
porque nunca fui vencido.

Sendas trazaron mis plantas,
huellas mi antigua carreta;
no sé si llegué a la meta
por un camino de asfalto
o si volando muy alto
chocaré con un cometa.

He de cantar hasta el fin
al bosque, al cerro, a la estrella;
a alguna chinita bella,
al algarrobo, al chañar,
hasta que el gaucho cantar
deje en las almas su huella.

lunes, 6 de junio de 2011

Escarciando

(Foto: Eleodoro Marenco)
Yo nunca he sido rogao
pa’ cantar, cuando me invitan;
sé pitar ande otros pitan
del juerte, si han convidao.
Aprendí a no ser quedao
dende que este mundo es mundo,
y por llevar muy profundo
lo que la tierra me ha dao
soy hueso que, aunque pelao,
en criollo sabor abundo.

Pa’ decir una verdad
no ando como el malacate,
soy paisano como el mate,
mi ley es la honestidad.
No tengo escuela, es verdad,
mas pa’ vertir lo que siento
soy pingo de largo aliento
cuando dentro a galopiar
y al guadal lo sé olfatear
aunque de atrás venga el viento.

Y nunca gasto cartuchos
en bicho que no se come,
quien a mi canto se asome
no tendrá que pensar mucho
hablo clarito y escucho,
no acepto ponderaciones,
mis versos son las razones
que como mojón clavadas
marcarán las rastrilladas
de paisanas tradiciones.

Soy surero hasta las patas,
mídanme con cualquier vara,
soy calandria que se para
por las tardecitas gratas
en la enramada y desata
la sencillez de su trino
para que el hombre argentino
nunca olvide su costumbres
y sea un lucero que alumbre
de nuestra raza el camino.

jueves, 2 de junio de 2011

Cimarrón

(Roberto Ayrala)
El vaivén de la existencia
trato de tranquear parejo,
como dejando un reflejo
de mi vida y mi conciencia.
Pongo cariño y vehemencia
cuando el amigo es amigo;
siempre a ser justo me obligo
y me agrando en las derrotas,
sin envanecer mis notas
cuando algún triunfo consigo.

Por eso es que al trajinar
busco el camino derecho,
pa'cuando llegue al repecho
no tener que claudicar.
Siempre supe respetar
a la nativa heredad;
y con gaucha honestidad
vaya esto, como proverbio:
no acostumbro a ser soberbio
adonde veo la humildad.

Y cuando pulso el cordaje
no peco por inmodesto;
mas, también sé "echar el resto"
si me infieren un ultraje.
No hago alarde de coraje;
pero, de cualquier manera,
sé defender dondequiera,
con mi lira y con mi verbo,
el alma de nuestro acerbo
y el color de mi bandera.

No me gusta entropiyarme;
quiero ser libre y volar;
mas también sé respetar
al capaz para enseñarme.
Tan sólo por consagrarme,
no sigo la procesión;
dejo a mi propia intuición
que aclare mis pensamientos.
Soy arisco pa'los tientos
como potro cimarrón.

viernes, 22 de abril de 2011

Milonga para todos

(Pintura: Pablo Uriburu)

Aquí me pongo a cantar
al compás de la guitarra;
no tiene cintas celestes
ni blancas ni coloradas,
no es guitarra con bandera
no es nada más que guitarra.

Tanto me puede escuchar
el criollo como el gringo,
y ninguno de los dos
se ha de sentir ofendido;
los aprecio por igual
y hacia los dos me dirijo.

Yo no necesito cintas
para cantar de adeveras;
me basta embrazar un palo,
un palo hueco y con cuerdas;
en las violas de tal palo
caben todas las banderas.

Y canto y he de cantar
aunque se apaguen las velas,
aunque ninguno me escuche,
aunque me pasen la cuenta,
aunque me niegen un trago,
aunque revienten las cuerdas.

Lo que tengo que decirles
a toditos interesa,
tanto al criollo como al gringo
basta que esté en esta tierra;
por dentro somos iguales
la diferencia espor fuera.

Pero esa diferencia
se ha de borrar a la larga;
el sol y el aire de América
ha de emparejar las caras;
cuanto a las almas hay una,
ni blanca ni negra: humana.

El que nació en este suelo
como el que vino de otro
y aquí vive y le va bien
y sus hijos nacen criollos,
es de aquí como el que más,
como un cardo o como un potro.

La ley acá es para todos;
la ley no mira el color;
para todos el trabajo,
el dulzor o el amargor;
cualquiera sale de pobre
con baquía y con sudor.

Yo soy gaucho y le abro cancha
al que quiera trabajar;
que venga de donde venga
ya dejó de interesar;
al que tenga buenos brazos
la puerta de par en par.

Pero un momento, paisanos,
eso sí, tengan en cuenta
que aquí tenemos relojes
para relojear conciencias;
traigan la bolsa vacía
pero tráigannos decencia.

Y ya está dicho, aparceros,
-que a todos doy este nombre-
sepan llevarlo con honra
y que nunca se les borre;
este es el canto de un gaucho,
este es el canto de un hombre.

lunes, 28 de marzo de 2011

Décima

(Foto: Monumento a don Vicente Espinel en Ronda, España)
Soy la décima. Esa soy.
La de armoniosa cadencia,
la que ha impuesto su vigencia
del lejano ayer, a hoy;
la misma que uso Godoy
cuando le dio voz al Corro,
aquella que no hizo ahorro
cantando a la independencia
y vapuleó la insolencia
de aquel coloniaje engorro.

Soy la décima. Redonda
en sones, tonos y climas,
la que enseñorea sus rimas
como gorjeo en la fronda.
Soy la que ha nacido en Ronda
allá en la España europea,
pero que bien se florea
en toda la Hispanoamérica
y que a su hidalguía ibérica
fue acriollando en cada aldea.

Soy la décima. Y orgullo
tengo por haber nacido
y también porque he servido
al pueblo en gestas o arrullo:
clarín de guerra o murmullo
en un preludio de amor.
Si todo he dicho, señor,
mucho más he de decir
que nací, para vivir
pariendo versos en flor.

Soy la décima. Espinel
me lió de forma paqueta
y me dio a cualquier poeta
me esculpa con su cincel;
no todos tuvieron miel
para untar mis diez razones
muchos, sólo fueron peones
afanosos, consecuentes,
los pocos sobresalientes
sin duda han sido patrones.

Soy la décima. Campera.
La del fogón del tropero
o la que bajo el alero
se deshojó plañidera;
la que fue a la montonera,
al vivac, la toldería
y la que a la pulpería
la transformó en auditorio.
Traigo silencio, jolgorio
y del campo, letanía.

Soy la décima. De Uzal,
de Risso, Menvielle, Charrúa,
a la que bien acentúa
Obligado, y no es casual.
Con Varela pasa igual
que con Boloqui y Panizza.
Soy la décima, y hechiza
al poeta, mi presencia:
sé vivir con elocuencia
y el buen decir, me cotiza!

jueves, 17 de marzo de 2011

Rastrillada

(Foto: Javier Echeverry)
Yo siempre quiero cantar
igual que el ave salvaje
y sin creer que mi plumaje
más que otro ha de brillar,
no es que quiera descollar
ni andarme vanagloriando
más, mis versos comparando
a una salvaje potrada,
dejarán su rastrillada
por donde vayan pasando.

YO siempre quiero cantar
porque el cantar me mantiene
un verso va y otro viene
y otro más quiere asomar,
no los puedo rechazar
porque llegan como el viento
y los recibo contento
porque me causan placer,
de a dos me suelen nacer
mellizos del pensamiento.

Templo mi guitarra y canto
porque me gusta cantar
cuando quiero recordar
lo nuestro que olvidan tanto,
bien alto el temple levanto
para que así la canción
tome más elevación
y llegue hasta esos lugares
donde ya no hay ni cantares
ni nada de tradición.

El nombre de Rastrillada
con que este verso bautizo
viene a ser como un petiso
punteando en una manada,
que en corta o larga jornada
según le toque marchar,
sus rastros ha de dejar
de amor al suelo bendito,
siguiendo aunque sea el tranquito
si no puede galopiar.

lunes, 21 de febrero de 2011

Décimas gauchas


Preludio:

Misturé en estas versadas,
historias de mi cosecha,
pocas más, no sé en qué fecha,
por quién ni dónde inventadas.
Serán mejor ricordadas
puestas, ansí, en verso llano,
y a todas podrá el paisano
cantarlas junto al jogón,
cuando pase el cimarrón,
en rueda, de mano en mano.

Le harán, entre una chupada
y otra que dé a la bombilla,
a ratos una cosquilla
o una alvertencia atinada,
pues quise con mi payada
ofertarle diversión
y, a más, con santa intención,
que espero sabrá apreciar,
darle algo para rumiar
y tocarle el corazón.

Pa hacerlo mejor he empleao,
en lugar de la sestina,
la décima que camina
sola sobre el encordao,
a la que siempre he almirao
por lo sonora y perfeta.
La otra es décima incompleta
que empieza con verso guacho,
porque le han quitao el cacho
de la primera cuarteta.

Y, sin más, voy a empezar
la relación de los casos
con los recursos escasos
que el Señor me quiso dar.
No todos pueden cantar
tan fácil como el jilguero,
porque hay que entonar, primero,
la garganta y el pulmón,
tener seso, corazón
y uñas de güen guitarrero.

viernes, 18 de febrero de 2011

Al sur del canto



Porque el canto también es geografía
-la imagen del país que llevo adentro-
tengo esta pampa musical que es mía
y tengo un pago al Sur para el encuentro.

Por ese pago, donde algunos sueñan
con encender las márgenes del fuego
que alimenta las lámparas sureñas
que guarda el bronce de Manuel Dorrego.

Por este sur del canto, habrá algún día
el sol, de un surco virgen todavía
que nos dará el laurel que nos destina.

Por este Sur transitarás mañana
cuando se echen a vuelo tus campanas
y para siempre cantes, Argentina.

viernes, 11 de febrero de 2011

Cantor de pueblo


Debe un cantor cuando canta
en la fuerza de su acento,
intentar que el sentimiento
vigorice su garganta,
con la savia de la planta
su sabor el fruto crea,
y para que dulce sea
el cantor, con sus tributos,
dará de su voz los frutos
con la savia de su idea.

Puede un cantor escalar
por suerte o por condiciones,
de la fama las regiones
y mil lauros conquistar.
Pero no debe olvidar,
cuando su canto transmite,
sea el pueblo quien medite
todo su mensaje humano.
Lo que se dice en el llano
en la cumbre se repite.

Quien cante con bizarría
deberá hacerlo gustoso,
desde el teatro más lujoso
a la humilde pulpería
deja el zorzal su armonía
aunque extraño nos parezca,
en la dulce sombra fresca
del monte que se levanta,
o en una pequeña planta
que al pie de la sierra crezca.

Ha de recoger halagos
salpicados con querellas,
y ha de tomar en las huellas
sus buenos y malos tragos.
Se irán sumando los pagos
sobre su senda bizarra,
con un canto por moharra
y como imbatible escudo,
todo el corazón desnudo
puesto sobre la guitarra.

lunes, 7 de febrero de 2011

Rimas y versos


Cuando a ocasiones, versiando,
estoy medio entretenido,
las rimas, como al descuido
me vienen atropellando.
Yo las voy embozalando
al tiempo que las reviso,
y después, cuando diviso
que he completao el total
sacándoles el bozal
suelto las que no preciso.

Formo tropilla con ellas
pa que en las noches oscuras
estos versos sin finuras
vayan al tranco en las huellas.
Los han de guiar las estrellas
por los rumbos más diversos,
y aunque hay en ellos dispersos
errores sin corregir
como yo soy sin pulir
sin pulir suelto mis versos.

Ellos les dirán por mí
para que lao me recuesto,
y que sé jugarme el resto
por el suelo en que nací.
Ellos pintan lo que ví
a lo largo del camino,
y saben que no mezquino
mi voz, en ningún momento,
por el orgullo que siento
de haber nacido argentino.

Ellos me hacen orientar
cuando extraviado me encuentro,
y al criollo que llevo adentro
con ellos lo hago cantar.
A sus anchas han de andar
donde corra el cimarrón,
sin tener más pretensión
que en los ranchos refugiarse
y con los gauchos ahumarse
rodeando cualquier fogón.

viernes, 4 de febrero de 2011

Memoria para el olvido

El canto no es solamente
fervor que se determina:
es también sed que se inclina
por beber en la corriente;
es un pétalo sonriente
y es peñascal de oración,
ascua de sueño y pasión
que hundiéndose en cada cosa
desentierra una dichosa
noticia del corazón.

Si la troje manifiesta
su preñez, si el huerto ofrece
la euforia que lo abastece
de sombra y frutos en fiesta;
si en una parva recuesta
la alfafa su resplandor:
puedo agrupar el color
de una sonrisa cansada
y palpar con la mirada
la cicatriz del sudor.

Las cosas tienen sentido
si el canto que las convoca,
lleva enterrado en la boca
gusto a un recuerdo querido.
El árbol acontecido
perdura en su resplandor,
si el hacha del leñador
trocó en su carne el madero,
la mano del carpintero
condecora su verdor.

Quien canta debe encender
en la vigilia sus ojos,
y encontrarle a los rastrojos
el ruido del florecer,
todo consiste en tener
memoria para el olvido,
y echar al desconocido
transcurso de la costumbre,
leopardos de dulcedumbre
y tórtolas de bramidos.

jueves, 3 de febrero de 2011

Opinando


Cantar por cantar no vale
la pena si es que no hay
un especial fundamento
y un porqué para cantar.

El que no siente no puede
vivir su propio cantar,
menos si no hay argumento
que es la base principal.

El que canta debe siempre
saber lo que ha de cantar
a través de un pensamiento
para que sea realidad.

No siempre tiene el cantor
suerte de poder lograr
el aplauso merecido
cuando dice una verdad.

Pero la verdad no deja
de ser siempre la verdad,
yo antes de mentir prefiero
vivir mudo y no cantar.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Argentino y bien parido


Hagan silencio señores
que una guitarra machaza,
con sonido de esta raza
va a desparramar sus flores.
Templada por payadores,
conserva su bizarría,
y guarda en sus armonías
cuando al gaucho se le entrega:
la gloria de Santos Vega,
de Fierro su rebeldía.

A mí me hallará el dos mil
una milonga cantando,
porque me sigo alumbrando
con ese mismo candil.
No me meto en el redil
de cualquier ruido extranjero,
orgulloso y altanero
voy a cumplir el destino,
de ser un gaucho Argentino:
bota, bombacha y sombrero.

No me concibo señores,
pensando de otra manera,
y tan solo a una bandera
le entregaré mis favores.
Amontónense cantores,
pueden elegir la cancha,
que en la milonga se ensancha
mi corazón de paisano,
con la guitarra en la mano
donde quiera hago pata ancha.

Al progreso no lo niego
porque la vida es progreso,
pero no crean que por eso
olvido de donde llego.
En mi tierra yo no ruego,
eso ya lo están sabiendo,
canto lo que ando sintiendo
con el deber soy prolijo
y mis derechos exijo:
"no me gusta andar pidiendo".

-"¡Gaucho!", me gritan algunos
tontos en tono burlón,
son híbridos del montón
que se arrean como vacunos,
no me incomoda ninguno
con su canto, con su ruido;
yo conozco bien el nido
donde el canto se prolonga
por ser cantor de milonga:
Argentino... y bien parido.

Del cantor


Hay quien entona por lujo,
clara la voz y el acento;
pero dice el argumento
sin transmitir lo que canta,
porque no está en la garganta
la hondura del sentimiento.

Cantar es decir la vida
con la música mejor,
integrándose el cantor
a la ruda lucha diaria,
como chispa solidaria
que hace saltar al rigor.

Es buscarse pecho adentro
en humana comprensión,
iluminar la canción
con el sol de la confianza
y hacia un tiempo de esperanza
levantar el corazón.

El que canta porque sí,
canta lo que le conviene,
y cantando se entretiene
sus virtudes exponiendo,
pero el que canta sintiendo
muestra la hondura que tiene.

Yo lo escuché en los fogones
y en el galpón lo viví,
y cuando al cantor le oí
cantar su nostalgia oscura,
a su eterna desventura
como propia la sentí.

Quien pierde lo que no sabe
ingora lo que ha perdido
y el que su canto ha vendido
finge llorar por su idea,
lo hace para que lo vean
llorar lo que no ha sentido.

El que expone sus razones
interpretando la vida,
habrá de dejar prendida
su copla como raíz,
y hará de la cicatriz
la memoria de su herida.

Cantar es cuestión de ver
más allá de la apariencia,
cavando en la oscura esencia
donde germina el quebranto,
para que se moje el canto
con la luz de la conciencia.

El canto no es solo canto,
vale por su contenido,
el que en verdad no ha sufrido
mal puede hablar de aflicción,
llena el alma la canción
del que canta lo vivido.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Décimas de fogón

(Dibujo: Eleodoro Marenco)
Me crié a barro paisano
después pisé el adoquín
pero en todo ese trajín
me aquerencié de los llanos
yo mismo fui mi baqueano
y busqué en los entreveros
en dónde el canto sincero
de mis hermanos mayores
eran como ramo de flores
en ráfagas de un pampero.

De chico me acostumbraron
no golpear este instrumento
compañía de mi acento
en trovas que ellos legaron
y en mi pecho se quedaron
los versos y las lecciones
disipando nubarrones
en esas frías mañanas
como ansiadas resolanas
calentadas en emociones.

Me perdonaran si a veces
comienzo a ponerme serio
pero tengo en mi criterio
el no andarme con dobleces
como pasto que se mece
haciendo al trébol cosquilla
me divierto a maravilla
en la inocencia campera
no toco cantos de afuera
para alegrarme en la trilla.

De mentiras supe tanto
que hasta disprecio al cantor
que nunca entrega la flor
nacida en el mismo canto
guitarreros conocí cuantos
triunfadores de mil farras
y sus manos eran garras
destrozando melodías
vi entendidos que aplaudían
al ver sufrir la guitarra.

Paisanos que están aquí
cantarles es mi destino
soy un cantor campesino
que da lo mejor de sí
y como nunca mentí
brindo respeto al fogón
y ya que es buena ocasión
pa´ cantar a lo argentino
no le daré buenos trinos
pero si mi corazón.

lunes, 1 de noviembre de 2010

La guitarra y el cantor

(Video tomado de Carloslopezquilmes)Está la copla cantada,
silencioso el diapasón
y un largo camino abierto
para que andemos los dos.

Yunta ceñida y eterna:
la guitarra y el cantor;
si el hombre sigue la huella
que el destino le fijó
pal que anda rodando tierra
no hay aparcero mejor.

La pampa me dio distancias,
el cerro su luz me dió,
la selva me puso duendes
adentro del corazón.
Pero yo no se que fuerza
de raza o de tradición,
de abuelos que me conversan
con su más profunda voz,
me arrimaron este abrazo
de cuerdas y diapasón.

Y así andamos por el mundo
siempre juntitos los dos,
pal que anda rodando tierra
no hay aparcero mejor.
Ahora nos vamos guitarra
por esos campos de Dios,
lo que el camino enseña
lo aprende mejor que yo.

Tú sabes bien que la vida
no me ha dado perfección,
quizás por esas razones
no alcanzo tu condición.
Tú eres madera profunda
la Patria canta en tu voz

El hombre en cambio tropieza,
se nubla en la confusión
su sueño se vuelve duda;
se vuelve espina su flor
y no traduce aunque quiera
lo que dicta el corazón.

Yo elijo la noche abierta
para pedir tu perdón
y te confieso guitarra
que tienes algo de Dios:
me castigas, me perdonas,
me consuelas, Que se yo!

Amalaya siempre juntos
mi copla y tu diapasón,
yunta ceñida y eterna:
la guitarra y el cantor;
p'al que anda rodando tierra
no hay aparcero mejor.

domingo, 29 de agosto de 2010

Triste


Guitarra dueña del trino,
envidia de los zorzales
por donde brota a raudales
el sentimiento argentino.
Otra vez en mi camino
vuelvo a buscar tu canción,
pero no tienes el son
aquel que en lazos estrechos,
nos unió como dos pechos
en un solo corazón.

Ya no responde a mi afán
tu cordaje lastimero
como si fuese un alero
donde las aves no van...
Tristes los campos están
cual si fuera oscurecer...
y en lo más hondo del ser
que a la pensa se habitúa...
se desata la garúa
de las nostalgias de ayer...

Triste el arroyo dormido
de la loma se desata
como un suspiro de plata
en la llanura perdido....
Murmura el viento al oído
sollozos de la tapera
y toda el alma campera
se hace lágrima en los ojos;
más triste que los rastrojos
después de la sementera!

Ya el rancho no tiene nada
de aquel tesoro sencillo
que dió consistencia y brillo
a la hitórica jornada.
Parece que despiadada
la grandeza olvidadiza,
en la gloria que agoniza,
hubiera de un manotón,
deshecho el patrio fogón
y aventado la ceniza...

A lo largo del camino,
parece el viento la queja
de lo grande que se aleja
envuelto en un torbellino...
Nubla el cielo del destino
de la duda el temporal
y una sombra sepulcral
cruza la noche distante
como el alma en pena errante
de la gloria nacional.

Como estigma del pasado,
solo queda de la raza,
el surco que despedaza
y la espiga del mercado.
Y trueca el pueblo cansado
la melena del león
en librea de baldón
sin que la patria se acuerde...
tropa mansa que se pierde
al caer la cerrazón...

En la abundancia caído
el pueblo aquel de la hazaña,
se confunde en la maraña
como un pájaro sin nido...
Árbol que rueda partido
por la tormenta en miñangos,
arroyo que se hace fangos
cuando la seca lo abruma...
restos altivos de puma
que devoran los chimangos.

El recuerdo de otra edad
en la niebla se diluye
como un fantasma que huye
de su propia soledad...
Un viento de tempestad
descogolla los plantíos
y los árboles sombríos
en los lejanos ponientes,
parecen almas ausentes
sobre los ranchos vacíos.

Enramada sin aroma,
la tradición argentina,
no la borda la glicina
ni la arrulla la paloma.
La sequía de la loma
marchita el trébol de olor
y el surco del arador
siempre fecundo y abierto,
como la fosa de un muerto
está esperando al cantor...

Guitarra, triste guitarra,
ya no suenas como antes,
con los estilos vibrantes
y la milonga bizarra.
Tristezas cívicas narra
el poema de tu son;
has perdido la canción
la que con lazos estrechos,
nos unió como dos pechos
en un solo corazón.