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viernes, 26 de febrero de 2010
Las carretas
Como un saludo triunfal
que el bosque agita y exhala,
sobre las ramas de un tala
se está hamacando un zorzal.
Y por el camino real
una gran carreta asoma,
rompiendo la policroma
quietud de las arboledas;
como un rancho con dos ruedas
que va buscando una loma.
Por el tortuoso renglón,
la tropa lenta y tranquila,
parece una larga fila
de brujas en procesión.
Y cuando el negro crespón
en la llanura flamea;
la larga fila se arquea
entre quejosa y jadeante:
como un 'mostruo' agonizante,
que en las sombras cabecea.
Como viejas en cuclillas,
divisando la extensión;
las carretas en montón
se han sentao en las cuchillas.
Bajo las blancas costillas
de los toldos cimbra el viento,
y junto al fuego un acento
lleno de amargo resabio,
muerde y se estruja los labios
con las palabras de un cuento.
Siempre con la misma pena
van cantando melancólicas,
como guitarras eólicas
bajo la tarde serena.
La luna pálida y buena
rompe de un toldo la cara,
la vieja armazón se aclara
bajo una brillante pauta
y el viento toca la flauta
en las cañas de tacuara.
jueves, 21 de mayo de 2009
Ya está cantando el zorzal
(foto: Alec Earnshaw)
Las manos de la alborada
vienen pintando el paisaje
y una armonía salvaje
llena la selva encantada.
Sobre el río en la ramada
ya está cantando el zorzal
con cuyo adorno el raudal
de madreselvas remeda
a un gran pañuelo de seda
con una roja inicial.
Sobre los campos callados,
alza la isleta en sus cruces,
blancos rosarios de luces
por los fantasmas colgado.
Pero en los brazos arqueado,
sobre el camino desierto,
siempre hay un zorzal despierto
que llena el verso en su trino
como un llanto femenino
sobre el recuerdo de un muerto.
A veces canta dormido,
a veces duerme cantando,
cual si llorara soñando
algún recuerdo del nido.
Y al llegar hasta mi oído
las notas de su canción,
en cada lamentación
oigo nombres olvidados,
como besos derramados
dentro de mi corazón.
Cuando en las ramas del río
cuelga las tardes sus tules,
como borrones azules
sobre rojo pedrerío;
tan triste, quieto y sombrío
lanza el zorzal su lamento
que brillando al sol sangriento,
como un raro signo arcano,
es un corazón humano
que está quejándose al viento.

Las manos de la alborada
vienen pintando el paisaje
y una armonía salvaje
llena la selva encantada.
Sobre el río en la ramada
ya está cantando el zorzal
con cuyo adorno el raudal
de madreselvas remeda
a un gran pañuelo de seda
con una roja inicial.
Sobre los campos callados,
alza la isleta en sus cruces,
blancos rosarios de luces
por los fantasmas colgado.
Pero en los brazos arqueado,
sobre el camino desierto,
siempre hay un zorzal despierto
que llena el verso en su trino
como un llanto femenino
sobre el recuerdo de un muerto.
A veces canta dormido,
a veces duerme cantando,
cual si llorara soñando
algún recuerdo del nido.
Y al llegar hasta mi oído
las notas de su canción,
en cada lamentación
oigo nombres olvidados,
como besos derramados
dentro de mi corazón.
Cuando en las ramas del río
cuelga las tardes sus tules,
como borrones azules
sobre rojo pedrerío;
tan triste, quieto y sombrío
lanza el zorzal su lamento
que brillando al sol sangriento,
como un raro signo arcano,
es un corazón humano
que está quejándose al viento.
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