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martes, 6 de abril de 2010

Pa' la gente de trabajo



Dedicado al gran jinete de la familia que fue Pío Silveyra!
.................................
El sábado amaneció
con tupidos nubarrones
y el tiempo se hizo opiniones
de: "¿irá a llover o no?",
pero esto no incomodó
para empezar la jornada.
Se juntó la caballada
y entre la manga y tranquera
el ruido de las tijeras
sonó con gusto a tuzada.

Durante todo ese día
se trabajó pa'el siguiente,
demostrando aquella gente
saber muy bien lo que hacía.
El patrón que dirigía,
ordenaba la cuestión,
y al mirar con atención
desvasar a los caballos;
al ver que rengueaba un bayo
le ató una cerda al garrón.

Y antes que amaneciera
el domingo para doma:
churrasco, mates y bromas
adornaban la matera.
Y porque el tiempo no espera,
la luz lo corre al lucero;
ya todos se dispusieron
a comenzar sus labores:
con el lazo, acarreadores,
el que ensilla y palenquero.

Y encarando pa'los corrales
porque hay que clasificar,
y con el nombre anotar
a todos los animales.
Antes, descuelgan bozales
y lazos del corredor;
y un buen apadrinador
el tiempo lindo celebra,
con un porrón de giñebra
que alcanzó el anotador.

Y aura sí no falta nada,
se ha puesto en todo cuidao:
los caballos bien ataos,
las espuelas destrabadas;
en el palenque amarrada
la bandera azul y blanca,
y llega, luciendo el anca,
un lazo nuevo el patrón;
con su felicitación
diciendo: "¡Mi gente es manca!".

Y cuando ya son las diez
y la gente se avecina,
para empezar de las clinas
y no aflojar más después.
Será el aplauso, tal vez,
pa'l flete o pa'l domador;
mas yo que nací cantor
y aprendí a mirar de abajo:
¡pa' la gente de trabajo
será mi canto mejor!

viernes, 26 de febrero de 2010

El poderoso


Ando un tanto mal dormido
pues anduve de jarana,
ayer fue el santo de Juana
y estuvo muy divertido.
Yo por gastarme en cumplidos
les llevé unas chucherías,
un collar de pedrerías,
una sortija de plata,
y hasta unos aros de plata
que gané en las romerías.

Baqueano pa los convites
y más habiendo mujeres,
compré en la esquina'e los Perez
un paquetón de confites.
Dentraron a hacerse quites
y rairse la paisanada,
pues en más de una verseada
que traiba la golosina,
a cada una de las chinas
le caiba como pintada.

Yo como siempre prudente
gané pa'l lao del alero,
le pegué un chirlo al sombrero
pa bajarle el ala al frente.
Cuando por ay de un repente
alguien pronunció mi nombre,
y que ninguno se asombre
pues la cosa no es mentira:
¿Saben quién era? La Elvira,
la que lo nombraba a este hombre.

Y ya que dentré en confianza
les via a contar una cosa,
por este varón, la Rosa
se peleó con la Esperanza.
La muchacha 'el vasco Gaiza,
aquella de trenzas ralas,
la que anduvo con Juan Salas,
¿la recuerdan o no la ubican?
la hermana de Ludovica
que también me arrastró el ala.

Pero entre todas hay una
que no me está dao nombrarla
pa que yo pueda mirarla,
Dios le dio al cielo la luna;
agua mansa de laguna,
donde se baña el lucero;
armonías de un jilguero
emborrachado de luz:
le juro por esta cruz
por ella me juego entero.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Pión de fierro

Te veo como hace mucho
molino rodiao de quinua
y a tu música continua
me parece que la escucho.
El recuerdo es un matucho
al que hoy le suelto la rienda
y en el potrero no hay senda
que no conduzca a vos,
porque siempre juiste y sos
el boliche de la hacienda.

Te veo en esas mañanas
en que el aire no se queda
y parece que tu rueda
diera güelta con más ganas;
o en las tardes alazanas
que al cerro bañan el lomo
cuando en un tímido asomo
y en tu espejo de agua clara,
se iban a mirar la cara
las hijas del mayordomo.

Queriendo matar la sé
en algún día sereno,
después de aflojarte el freno
por un vientito rogué.
Cuántas veces me bañé
en tu líquido profundo
y pa'gozar sin segundo
esperé que anocheciese,
pa'que ninguno me viese
como Dios me ha echao al mundo.

Una güelta te rompiste
y,cuando bajo el solazo
bajó el flotante su brazo,
la cosa se puso triste.
Un insulto recibiste
como si el culpable jueras
de las quejas lastimeras
que se oyeron con balidos,
manotones y mugidos,
cuatro jornadas enteras.

Después vino la alegría
con un despacioso arranque,
volviste a llenar el tanque
y a trabajar noche y día.
Volvió a salir a porfía
un torrente de tu caño.
Hizo sobre un travesaño
un hornerito su casa
y otra vez pediste grasa
con un alarido extraño.

Me hacés acordar al pión,
viejo pero voluntario
trabajando sin horario
por un sueldito pobrón.
Por eso con emoción,
después de andar por la vida,
vuelve a vos de recorrida
el corazón fatigao,
como el pecho colorao
al charco de tu bebida.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Arriando nubes (Estilo)


De entre unas nubes cortadas,
que arreaba afuera el pampero,
ví que el ojo del lucero
medio me hacía una guiñada.
La gramilla remojada,
brillaba como un espejo,
y el verdor con su reflejo
era un gran canto a la vida;
mientras la tarde vencida
se iba muriendo a lo lejos.

Enlutando el horizonte
la noche se va asomando
y con su mano peinando
los aletazos del monte.
Ahi comienzan los aprontes
del campo pa'descansar,
se oye un mugido, un balar,
un aletazo, un silbido
y esos rumores perdidos
que nadie puede explicar.

Ya es noche, brilla el lucero
y me acompaña la luna;
pa'completar la fortuna
de haber nacido surero.
Enderieso pa'ande quiero
la facultad de vivir,
mientras puedo colegir,
bajo este poncho profundo
que al otro lado del mundo:
el día se fue a dormir.

jueves, 21 de mayo de 2009

Ya está cantando el zorzal

(foto: Alec Earnshaw)
Las manos de la alborada
vienen pintando el paisaje
y una armonía salvaje
llena la selva encantada.
Sobre el río en la ramada
ya está cantando el zorzal
con cuyo adorno el raudal
de madreselvas remeda
a un gran pañuelo de seda
con una roja inicial.

Sobre los campos callados,
alza la isleta en sus cruces,
blancos rosarios de luces
por los fantasmas colgado.
Pero en los brazos arqueado,
sobre el camino desierto,
siempre hay un zorzal despierto
que llena el verso en su trino
como un llanto femenino
sobre el recuerdo de un muerto.

A veces canta dormido,
a veces duerme cantando,
cual si llorara soñando
algún recuerdo del nido.
Y al llegar hasta mi oído
las notas de su canción,
en cada lamentación
oigo nombres olvidados,
como besos derramados
dentro de mi corazón.

Cuando en las ramas del río
cuelga las tardes sus tules,
como borrones azules
sobre rojo pedrerío;
tan triste, quieto y sombrío
lanza el zorzal su lamento
que brillando al sol sangriento,
como un raro signo arcano,
es un corazón humano
que está quejándose al viento.

Estancia San José.


En la estancia "San José"
de la estación "La Colina",
cuando era peón golondrina
yo por un casual llegué.
Con el patrón conversé,
de los patios para ajuera,
y me gustó la manera
de tratar franca y gauchona:
me presentó la patrona
que andaba por las tranquera.

Le pregunté por trabajo
como pa' estarme unos días,
y me dijo que tenía
que alambrar allá en el bajo;
- "Pero pase, pegue un tajo,
atráquese a la matera.
Ahi ta la peonada entera
alrededor del fogón".
Y me acompañó el patrón
pa' que yo los conociera.

La charla estaba enredada
en muchas cosas camperas,
en pialadas puerta ajuera,
en yerras y jineteadas.
Hablaban de desplumada,
de boleadas y gambetas,
de bueyes y de carretas,
guitarreros y cantores,
mesturando payadores
con nombres de algún poeta.

Yo, levantando la mano
hice mi presentación,
-"Es nuevo", dijo el patrón,
"atiéndolo usted, Mariano"
y se me atracó un paisano
de un pago del Santa Fe
un cacho 'e carne corté,
medio del lao del vacío...
y ese fue el principio mío
en la estancia "San José".

martes, 12 de mayo de 2009

De las brasas a un costado.


Lindo es después de un asao,
mientras corre el cimarrón;
tirarse sobre un jergón
a conversar del pasao.
Y de las brasa'a un costao
la pava medio tiznada,
con la tapita ladiada
pa que no largue el hervor,
un viejo bolaceador
y una guitarra templada.

Entre un:"¡sírvase, aparcero!"
y un: "invíteme un cigarro",
alguien prepara en un jarro
café al estilo campero.
Otros limpian con esmero
su cuchillo en la alpargata
que es una prenda barata
y a veces no hay más remedio
que hacerle un tajo en el medio
para que d'entre la pata.

Con el cielo oscurecido
y el viento que pasa aullando,
a poco ya están hablando
de historias de aparecidos.
El viejo por consabido
es el primero que muenta
y al tiempo que un caso cuenta
de hacerle fruncir el cuero,
se enrieda en unos aperos
y al suelo va al osamenta.

Ahí se armó un zafarrancho
de marca morrocotuda,
al diablo se fue la viuda
y las historias del chancho.
Las mujeres desde el rancho
preguntaban: "¿qué ha pasao?"
y salieron mesturaos
los que el golpe festejaban,
con los que se santiguaban
bichando pa' todos laos.

martes, 5 de mayo de 2009

Llenar de coplas el campo.



Se me hace que hasta en las venas
llevo la sangre cantando.
No hay oficio como el mío:
llenar de coplas el campo.
................................
"Quién me ha enseñao?", me preguntan,
y yo me quedo pensando,
si nunca tuve maestro
¡vaya a saber porqué canto!.
Será porque el viejo arroyo
me da su murmuyo al paso,
o de oir a los zorzales
que se amanecen chiflando.

Se me ocurre que hasta el viento,
cansao de andar matreriando,
se hace música en los talas
pa que yo aprienda a imitarlo...
De no, será la laguna
que en las tardes de verano
me lleva hasta las orillas
con un guitarrear de pájaros.

O la quietud de la noche
que deja dentra al rancho
la serenata de un grillo
escondido entre los pastos.
Por eso llevo en el pico
siempre prendido algún canto
sin saber de adonde vino
pa ande fue, ni quien lo trajo.
.........................
Se me hace que hasta en las venas
llevo la sangre cantando.
No hay oficio como el mío:
llenar de coplas el campo.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Mensual de campo

¿En qué potrero lejano
se prolongará su marcha,
bajo dureza de escarcha
o trebolar de verano?.
¿Tras qué ternero orejano
o rastro de yeguarizo
en el pangaré mestizo
o el malacara lunanco,
irá recorriendo al tranco
el horizonte rojizo?.

Lo enlutaba la golilla
y el sombrero con ribete
y andaba siempre paquete
de botas de cabritilla.
Solo adornaba una hebilla
su cinto de cuero crudo
era fuerte y corajudo
y serio como un facón,
de poca conversación
pero atento en el saludo.

Debajo del cojinillo
acostumbraba llevar
la cuchilla de cuerear
de corvo cabo amarillo.
Tenía un recao sencillo,
corto a la usanza surera
y al borde de la encimera
la california tocaba,
con ruido seco de aldaba
la llave torniquetera.

Con parecido reflejo
al de su sonrisa franca,
la cincha de lona blanca
listaba el apero viejo.
Tusaba liso y parejo
dejando un martillo bajo
y usó para su trabajo
con escondida jactancia,
en vez de los de la estancia,
los dos caballos que trajo.

Uno liviano ligero
el pangaré ya nombrao
tenía paso recortao
y laya de parejero.
Arrollado coscojero
y pronto para montar,
aunque manso en el andar
cualquier madrugada fría
en el arranque podía
arrastrarse a corcovear.

La estampa del malacara,
salvo el anca defectuosa,
era bruñida y vistosa
del lomo a la frente clara.
Reciedumbre de tacuara
que en cada nudo reluce,
ancho y renegrido el tuse
y brasa encendida el pelo
como si tal cosa al suelo
tumbaba una vaca al cruce.

Hombre y caballo parecen
unirse en una figura
sobre la larga llanura
por donde desaparecen
y entre vislumbres que mecen
su incertidumbre en un giro
aún imagino que miro
su porte cuando se fue
montao en el pangaré
y el malacara de tiro.