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viernes, 17 de junio de 2011

Boyero cantor


Desparramando el aroma
de las florcitas camperas,
van las brisas mañaneras
apenas el sol asoma,
y ya, bordenado la loma,
hacia una estancia vecina,
en busca'e carga encamina
un boyero su carreta,
que, crioyo, sensible y pueta,
ansí recuerda a su china:

"Manejando mi picana,
de la yunta al tranco lerdo,
como un pájaro el recuerdo
al nido'e mi alma se gana.
Tempranito de mañana
le doy cancha a dos bostezos,
pongo de punta los güesos
y en cuantito m'espabilo
mi china está en un estilo
qu'es dulzón como sus besos.

"Me ilumina tu mirada
y me tenés en la ausencia,
con el alma en la querencia
a tu cariño maniada;
pronto, bajo la ramada,
hayarme a tu lao confío,
pa entreabrir al beso mío
tu boca roja y golosa
como un capuyo de rosa
cuando lo besa el rocío".

Ya la carreta chirrea
en un lejano sendero
y apenas se oye al boyero
que de cantor alardea.
Cuando el sol el pasto orea,
porque alto se ha remontao,
piensa: -Si no se ha pegao
mi chinita a la cubija
me ha de aguardar, a la fija,
con un verde bien cebao.

Estimada Cantalicia:

(Mural azulejado con pintura de Molina Campos en Subte de Bs As)

Estimada Cantalicia:
habrás estao impaciente
al no tener del ausente
ni rastros de una noticia.

No estrañés que no t'escriba
seguido, pues ni con cuarta
yego al final de una carta
sin sentir el cuest'arriba.

Hoy, con tranco'e caracol
la escretura despareja,
tal vez s'estire, mi vieja,
como perro echao al sol.

Desimulá si las tachas
y borrones, forman suma:
es que me queda la pluma
como freno a las vizcachas.

Pero si mi letra es fiera,
también jués escaso mi estudio;
en fin... suspendo el preludio
y le meto a la ranchera.

Hoy más que nunca un caudal
de ciencia precisaría
pa pintarte, vieja mía,
lo que hay en la capital.

¡Cuánto pueblero manate!
¡Qué palacios, virgen mía!
Me la paso todo el día
abriendo la boca... al mate!

Y vos también, en verdá,
te asombrarás si te cuento
lo ingenioso e cada invento
oserváo en la ciudá.

Una visita al hotel
me dió un alegrón, temprano:
Cáiba a verme Martiniano
pa que saliera con él.

Tuvo a mi compadre en cura
un médico e mucha fama,
y ahura que dejó la cama
volver al pago procura.

Sin hacerme rogar mucho,
pues vino que ni de encargo,
me desprendí del amargo
y cabrestié sobr'el pucho.

Tras del convite espontáneo,
cuando la caye ganamos,
dijo mi compadre: vamos
a viajar pu'el suterráneo.

Una abertura enrejada,
hecha al costao de la acera,
me hizo vichar la escalera
que desciende iluminada.

Bajé con cierto recelo,
aunque desconfiaba en vano,
pues yevaba a Martiniano
sirviéndome de siñuelo.

Dejé el último escalón
cuando almiré de improviso,
lo largo y limpio del piso
embaldosao de un salón.

Yo, pa rumbiar más en fija,
a mi compadre hice cola
y vide que una chirola
le acomodó a una rendija.

No puso la plata al cuete,
porque dispués que la echó,
pude oservar que pechó,
pa pasar un molinete.

De miedo a los papelones,
como el mono lo imitaba
y, de paso, me cuidaba
de los puebleros burlones.

Pero al ñudo jué el cuidao
que tuve entre los estraños,
porque abrí ojazos tamaños,
igual qu'el pavo atorao.

Decí si no es pa asombrarse
una escalera muy larga
que rueda repleta e carga
de cristianos, sin pararse!

Aquí, si somos sinceros,
ni la distancia jeringa.
No se le ocurrió a Mandinga
lo que han hecho los puebleros!

Yo, sin tomarme el trabajo
de moverme tan siquiera,
me acomodé en la escalera
y eya me yevó p'abajo.

Cuando me apié, se acercaba,
devorándose el camino,
un tren, que a pararse vino,
al lao mesmo ande me hayaba.

Juí a subir y, cosa rara!
la intención me conocieron
viente puertas, que se abrieron
sin que naides la tocara.

Hasta que un pito escucharon,
estando todas abiertas,
vide, embobao, que las puertas
del tren solas se cerraron.

Creerás que la fantasía
en ancas va de mi cuento
y yo pienso, no te miento,
que esto huele a brujería.

Lo mesmo qu'exhalación,
por un tubo que lo encierra,
el tren, por debajo e tierra
va d'estación a estación.

Y sin para un minuto,
de puebleros atestao,
de punta a punta el poblao
recorre por el cañuto.

Agatas yegué a la meta,
me pasó una cosa ingrata:
emboqué mal con la pata
y cuasi me voy de jeta.

Eso pasó en la escalera
rodadora, a la subida,
cuando campié la salida
ansiando el aire de ajuera.

Martiniano, que a la cuenta
es un ladero machazo,
viendo yegar el porrazo
m'enderezó la osamenta.

Ya sé que no te hace meya
qu'en mesivas d'esta laya
l'hacienda 'e mis letras vaya
saliéndose de la güeya.

Por eso dentré al pantano
d'escrebir tendido y mal,
con letras flacas, igual
que perro'e vegetariano.

Saludos de mi compadre,
que sueña con la querencia,
ansioso e ver a Prudencia
y de abrazar a la madre.

Recuerdos en abundancia
envío pa nuestra hija
y pa que hagás repartija
entre la gente la estancia.

Güeno, mi vieja, sujeto
las ganas de prosiar mucho
y t'encajo, sobre'l pucho
un juerte abrazo
Aniceto

jueves, 2 de junio de 2011

A campo

(Pintura: Pablo Uriburu)
Sumí en la tierra la hoja e mi cuchiyo,
estaca a que ato a maniador mi overo,
y acomodé el recao en las gramiyas
pa acostarme sobr'él, de cara al cielo.

Como mi vida guacha poco pudo
gustar la miel del sentimiento ajeno,
suelo hacerme el mimoso con la luna
que me manda hecho luz su largo beso.

Hoy gozo sus caricias más que nunca,
mientras me hayo aguardando que los dedos
del sueño yeguen a cerrar mis ojos
y tiendan sobre mi su poncho negro.

Mientras el sueño lerdo me campea,
pues sin duda no sabe ande m'encuentro,
como toros que bajan a l'aguada,
desfilan por mi mente los recuerdos.

Y la res del pasao queda maniada;
en mi viejita pienso, moro al cielo,
se me hace que son madres las estreyas,
veo un lucero grande y lagrimeo.

En la yerra



Se desprende la armada del férreo brazo
entre una nube densa de tierra blanca;
se oye un tropel de cascos; silbando el lazo
ha ceñido dos remos en la payanca.

Luego, el chirlo potente del cimbronazo,
un cuerpo que se afirma como palanca
y hecho un ovillo el potro, que en el porrazo
castigara la tierra con toda el anca.

Dos rodillas presionan del bruto el cuello
que, aún inmóvil, despide fuerte resuello;
una mano de acero la oreja abarca;

el bagual ya vencido, tiembla impotente
y un viejo con el rojo hierro candente
corre gritando: ¡Aprieten que va la marca!

Un barato

(Foto: Eduardo Amorim)
Era un potro de mentas, alto y fornido,
al que contramarcaran en esa yerra
y exhalara rebelde cada bufido
que en su contorno hacía temblar la tierra.

Lo acorraló, sin duda, la suerte perra.
Un peón, por divertirse, va hacia el caído,
le afloja las maneas, monta, se aferra
y la lonja levanta sonoro ruido.

El chúcaro se yergue, dispara un trecho,
esconde la cabeza bajo del pecho
y corcovea en forma de remolino;

Pero el criollo que es diestro, no se acobarda
y le grita al gauchaje: ¡Dejenló que arda,
que pegao en el lomo va un argentino!