jueves, 12 de agosto de 2010

Pal baile


Aprontate bien mi china,
porque hoy baila mi compadre.
Empaquetate de nuevo
porque nos vamos pal baile.
Hasé las cosas ligero,
pa que no caigamos tarde;
qu'el hombre si ha preparao
y la farra va a ser grande!...

Van las hijas de ño Fausto,
de Cleto y Nepomuseno,
y también las de Nastasio
y las gurisas de Pedro.
Hay boteya engüelta en pasto,
y la china de Leuterio
pasteles ha preparao
di una altura como serro!...

La música va'star güena
porque si han traido a Julián,
el hijo de la Saberia,
que capás es de tocar
hasta que no ardan las velas
y el sol comiense asomar.
Hay bermú, y hay caña güena,
ani, guindao y coñá!...

También mi han asigurao,
y pue que sea sierto mesmo,
de que va cair al bailongo
con la hija, el tano pulpero;
que la gringuita'stá linda
y mi ahijao, de lo güeno;
tiene campo mi compadre,
y el gringo, de plata un serro.

Mientra 'hasen l'acomodada,
pa despuntar la afisión,
truquiaremo en la cosina
con el viejo Nicanor.
Algún trago de lo güeno;
y ratos de lo mejor,
por alguno que otro cuento
y una güena rilasión.

Y hasta que despunt'el día
pasteles y simarrón.
Y a lo mejor cai al baile
algún bravo payador;
y entre cantos y compuestos,
amores y pericón,
vamo a pasar de lo lindo
hasta que levant'el sol.

Mi rancho


Aquí está mi nido de hornero,
rancho'e pobre pero seguro!...
...........................
Aura sí, que mi'amolao!...
Oigamelón al mosito!...
E pa pensar un ratito,
asigún ha preguntao!...
Miren, por ande si'apiao!...
Ni sé amigo, si e pa rairme,
o tira como pa cairme,
con algún pial de volcao!...

Ni que juese una tapera,
pa que un vientito a la sincha,
salga yevando la quincha,
o alsándose la cumbrera!...
No va a dormir usté ajuera!...
Se lo asiguro cuñao!...
No e pa pasarse arroyao,
pensando en esa sonsera!...

P'hacer mi rancho, voltié
a quebracho y coroniya!...
Ñapindá y sarsa parriya,
p'abrirme cancha corté!...
Sarandí, ñangapiré,
Multa, moyes y guayabos,
y árboles viejos y bravos,
y a más de un bicho maté!...

Yo mesmo le hise la quincha,
cuando me traje a mi china!...
Pa los postes y fajina,
traje árboles a la sincha!...
Como el palo duro pincha:
pa desgajar, sin perdones,
pa sacar güenos horcones,
me acomodé bien la vincha!...

Grueso y derecho, aparté,
como horquetas y soleras!...
Lo mediano, pa tijeras!...
Lo mejor, cumbrera jué!...
Pa que sobrara, corté!...
Pa fajina, jué la rama!...
Del sobrante, siya y cama,
con cueros acomodé!...

Dispués, hise un entrevero:
Tierra, bosta, pasto oriao,
y tuito, bien misturao,
con agua, en un pisadero,
salió adobe verdadero;
con él forré la fajina;
y pa lujo de mi china,
un hornito biscochero!...

Y, como güen compañero,
en lo alto del mojinete,
como seguro jinete,
su nido plantó un hornero!...
Con su canto mañanero!...
saluda en la madrugada;
sentinela de avansada,
avisa dend'el alero!...

Con que, a pat'ancha, aparsero,
puede dormir, sin cuidao;
porqu'estando usté a mi lao,
no va'a piligrar el cuero!...
Recorriendo el campo entero,
bombée el viento noche y día,
que no si ha dao entoavía,
que tire un nido de hornero!...

jueves, 5 de agosto de 2010

Montaraz (Foto: Mary Ramos)


¡Ni que hablar! Me le asiento a mi lobuno
pa desmontar risién, ayá, en la selva;
qué me importa que caiga cruel la helada
ni sea la noche enteramente negra!
Si hay fríos más intensos entuavía,
esos que al alma despiadados nos llegan,
como hay penas que enlutan nuestras almas
más que las sombras de la noche mesma.

¡Aura sí; ya cumplí mi juramento!
¡Tres puñaladas le prendí al sotreta!
Una, por la hija que perdió pa siempre
sumiéndola en la pior de las tinieblas!
Otra, por la finada; a quien la pena
clavó en su pecho su mortal asero,
y en una noche de dolor projunda
abrió sus alas, y voló pal sielo.

Y la última por mí; la más projunda,
porque en su filo mi puñal yevaba,
el veneno de muchos sinsabores,
la sentida humedá de muchas lágrimas;
el dolor de una herida que hacía tiempo
buscaba una ucasión pa la vengansa,
vengansa que rumié noche tras noche
palanquiao por la lus de una esperansa.

Nada me queda ya, sólo el olvido
cubrirá con su poncho mi esistencia
sepultando lo grande de mi alma
en la fosa sin lus de la inclemencia!

Adios, rancho; Adiós sierra, Adiós mis pagos!
voy pa la selva a sepultarme vivo,
juyendo 'e la justisia de los hombres,
que la justisia'e Dios, ha'estar conmigo.

Un arroyo más


¿Cómo no he de mentar tus camalotes
o tus aguas de un lobuno oscuro?
Vos estás en mi ayer y sos futuro
que de mis versos regarás los brotes.

Más de una vez tus aguas los cogotes
cubría de la hacienda en trance duro,
y tras ella sobre un lomo seguro
yo supe arroyo, soportar tus botes.

Antiguo tajo cicatriz del suelo:
no conocí ni supe de tu nombre
sólo cruzabas el campo de mi abuelo.

Mas no importa. Para dejarte un canto
basta el saber que tu recuerdo asombre
las fibras de mi ser, con criollo encanto.

martes, 3 de agosto de 2010

Mi criollita


Eres la hermosa criollita
que al compás del instrumento
cantas con gran sentimiento
la sentida vidalita;
eres roja margarita
que crece por el bañado,
la que dichas has soñado
en este mundo pequeño...
porque sabes que tu dueño
eterno amor te ha jurado.

Eres la eterna paloma
que en el monte vive ufana
y canta por la mañana
sus cuitas, allá en la loma;
eres flor que con tu aroma
embalsamas el ambiente,
la estrella que en el oriente
deslumbra con su fulgor,
la que vence con su amor
a su destino inclemente.

Eres el sol que fulgura
en jardín guadalupense;
de las flores, la que vence
por su sin par hermosura;
criolla de linda figura
y elegante caminar;
la que no sabe olvidar
y nobleza solo encierra,
como ángel que en la tierra
ha nacido para amar.

Eres la de los labios rojos
la de sonrisa hechicera,
la de talle de palmera
y la de los negros ojos;
la que ahoga sus enojos
si su dueño la abandona,
la que sincera perdona
con todo su corazón...
la que quiere con pasión
y nunca jamás traiciona!

lunes, 26 de julio de 2010

Décimas al payador


Homenaje a los Payadores en su día: 23 de Julio.


Payador, alma latente
de la canción popular,
puede en versos demostrar,
la rapidez de su mente.
Tiene su canto elocuente
toda la sabiduría
que un libro no encerraría,
pero que él fue cosechando
noche tras noche cantando
en ranchos y pulperías.

Cuando la Patria nacía,
el payador con su acento
desparramaba en el Viento
la nueva con alegría.
Entre sus versos tejía
los señeros pensamientos
de quienes en el momento
de jugarse, se jugaron
y a este suelo le brindaron
sus más puros sentimientos.

Fue el cronista musical
de nuestra naciente gloria,
el que le dio a nuestra historia
un sentido nacional.
Poeta vocacional,
crítico por intuición,
que de fogón en fogón,
al compás de su instrumento
despertaba sentimientos
de Patria y revolución.

Se fue al Norte con Belgrano
en el Ejército Grande
y después cruzó los Andes
junto al Gran Americano.
La guitarra entre sus manos
era un fusil de canciones
que hería los corazones
con versos sentimentales,
sembrando los ideales
de paz entre las naciones.

Después volvió a los cantones
a defender las fronteras,
y las estrellas sureras
dieron brillo a sus canciones.
En las ruidosas reuniones
de lejanas pulperías
cantó penas y alegrías
acariciando a su amada,
esa guitarra encintada
que fue su estrella, su guía.

En los campos de Caseros
donde Juan Manuel cayó
frente a Urquiza, que se unió
a masones y extranjeros,
el payador fue el primero
que supo entregar su vida
al ver su Patria querida
humillada e indefensa,
soportando la vergüenza
de una guerra fratricida.

Los señores progresistas
mil veces lo persiguieron
y hasta preso lo pusieron
tratándolo de anarquista.
Pero él, su idea altruista
sostiene sin claudicar.
Su voz ha de perdurar
por muchas generaciones
y han de vivir sus canciones
en el alma popular.

Señores: perdónenme
si en algo me he equivocado,
cuando en versos mal rimados
al payador le canté.
Desde niño yo admiré
a esos juglares del llano
que siempre guitarra en mano,
eternamente de viaje,
forman parte del paisaje
de este suelo americano.

viernes, 16 de julio de 2010

Pulpería


Como un pájaro caído
sobre una huella perdida
que aferrándose a la vida
intenta volver al nido,
hay un ranchito perdido
en la soledad callada.
Su quincha está desflecada
porque el viento juguetón
con un murmullo burlón
lo despeina a la pasada.

Tiene, a más de su humildad,
un corazón generoso.
Practica a diario el hermoso
don de la hospitalidad.
Mitiga su soledad
de manera transitoria
la despejada memoria
de algún viejo parroquiano
que al pasar, guitarra en mano,
suele contarle una historia.

Llegan de cuatro vientos
al puerto de su enramada
hombres de vista cansada
y de rostros polvorientos.
Aquellos son los momentos
que su alma se maravilla
al escuchar la sencilla
música de algún cencerro
o de rodajas de fierro
que acarician la gramilla.

Su dueño un vasco francés
que se propuso llegar
guardar, guardar y guardar,
para aliviar su vejez;
no es por falta de honradez,
ha de ser, nomás descuido,
cuando se encuentra metido
entre cueros de venado,
un cuero contramarcado
que un cuatrero le ha vendido.

Fortín en tiempos de guerra
y cuando volvía la paz,
era lugar de solaz
para el hombre de mi tierra.
Toda una leyenda encierra
que por siempre vivirá,
pero ella un día quizá,
en silencio, con recato,
por el bíblico mandato,
al polvo retornará.