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lunes, 6 de junio de 2011

Mi canto de payador


Para José Luis Mondragón.

Donde se enciende un fogón
porque sopla el viento nuestro:
yo vuelvo a ser el maestro
del Pueblo y su Tradición...
Del apartado rincón
hasta el centro de lo urbano;
donde vive el buen cristiano,
con amor de tierra y gente:
surge el verso consecuente
del payador entrerriano.

Allí donde está el abrigo,
con el aprecio de alhago:
está el corazón del pago,
en el pecho de un amigo.
La mano abierta prodigo,
en la alegría o el llanto:
entonces brota el encanto
de la copla más certera,
porque el alma sale afuera,
en la guitarra y el canto.

Cuando vibra la encordada
surge el verso, en su compás,
no por la risa fugaz,
tristemente comerciada...
Sin fama promocionada,
ni cobro grande y seguro,
pero con ideal maduro
y fiel a mi apostolado:
soy una luz del pasado,
proyectada hacia el futuro.

Enemigo de la guerra
hacia la justicia voy,
y siempre estuve y estoy
donde vive el hombre-tierra...
El Club céntrico y la yerra,
tuvo mi empeño mejor...
y, procurando el Amor
y humanos entendimientos,
siembro hacia los cuatro vientos,
mi canto de payador.

jueves, 2 de junio de 2011

Cimarrón

(Roberto Ayrala)
El vaivén de la existencia
trato de tranquear parejo,
como dejando un reflejo
de mi vida y mi conciencia.
Pongo cariño y vehemencia
cuando el amigo es amigo;
siempre a ser justo me obligo
y me agrando en las derrotas,
sin envanecer mis notas
cuando algún triunfo consigo.

Por eso es que al trajinar
busco el camino derecho,
pa'cuando llegue al repecho
no tener que claudicar.
Siempre supe respetar
a la nativa heredad;
y con gaucha honestidad
vaya esto, como proverbio:
no acostumbro a ser soberbio
adonde veo la humildad.

Y cuando pulso el cordaje
no peco por inmodesto;
mas, también sé "echar el resto"
si me infieren un ultraje.
No hago alarde de coraje;
pero, de cualquier manera,
sé defender dondequiera,
con mi lira y con mi verbo,
el alma de nuestro acerbo
y el color de mi bandera.

No me gusta entropiyarme;
quiero ser libre y volar;
mas también sé respetar
al capaz para enseñarme.
Tan sólo por consagrarme,
no sigo la procesión;
dejo a mi propia intuición
que aclare mis pensamientos.
Soy arisco pa'los tientos
como potro cimarrón.

jueves, 10 de marzo de 2011

Los payadores


Cardenales de la umbría
que en romántica visión
con fibras del corazón
tejieron su fantasía;
a través de su poesía
dulcemente soñadora
va la estirpe vencedora
constelada de videncias
alumbrando las conciencias
con resplandores de aurora.

Por ellos jamás expira
el sol de las guachas glorias,
que aferrada en las memorias
cruza los tiempos su mira;
podrá enmudecer la lira
ahogada por los quebrantos,
podrán sombríferos mantos
amortajar el alcor,
podrá morir el cantor
pero no mueren sus cantos.

Con la idealidad intensa
que encarnó su concepción
llevaron a la legión
el prestigio del que piensa;
y al penetrar en la inmensa
muchedumbre que se va,
cantando lo que vendrá,
fueron sus liras rurales
otros tantos ventanales
abiertos al más allá.

Como marcharon ungidos
de proféticas canciones,
plasmaron las rebeliones
al formar los convencidos;
para que adversos latidos
la montonera avasalle
ellos abieron el valle...
Cuando el ciclón se avecina
el relámpago ilumina
antes de que el rayo estalle.

En ellos los espejismos
de las pampeanas llanuras
engarzaron las más puras
flores de sus idealismos;
y al colmar con sus lirismos
ambiciones vesperales,
fueron tirteos rurales
aquellos rapsodas nuestros:
en una nébula de estros
Güemes templó sus ideales.

Dieron a las muchedumbres
en sus potentes escalas
la majestad de sus alas
para llegar a las cumbres.
El alborear de sus lumbres
toda la recua agiganta;
porque el trovador levanta
lo que el ignorado siente:
de las almas del torrente
una lucha y la otra canta.

Ellos son una faceta
del diamante campesion,
pulida en el torbellino
de la aspiración secreta.
El azul de esa paleta
que dejó el alba en la altura
y la sutil vestidura
que en romántico derroche
tejió con sueños la noche
para arropar la llanura.

En el albo centelleo
que pusieron en sus frentes
las estrofas elocuentes
del romancesco torneo;
y en el cumplido trofeo
de los labios de la amada
se encuentra sintetizada
la luz de sus pensamientos:
ceibos, labios y talentos
cuajan la vieja payada.

Pero fue al cantar amores
donde el poeta nativo,
todo su ser sensitivo
vió cristalizarse en flores.
Cuando amantes sinsabores
marcaron en su alma rastros,
con líricos alabastros
le puso a su pena broche:
hay que atravesar la noche
para llegar a los astros.

Sus guitarras son reflejo
del espíritu campero
que cantó bajo el alero
el laurel del tiempo viejo;
y porque fueron espejo
de tanto anhelar extraño,
ellas serán el peldaño
por donde tendrá que ir
todo el que quiera subir
hasta las almas de antaño.

Santos Vega

(Video provisto por Carloquilmeslopez)Santos Vega es la tristeza
del crepúsculo campero,
es el nido del boyero
sobre el arroyo que reza,
es el rocío que besa
a las corolas sedientas,
y las nubes cenicientas
donde en flamígeras trazas
escribe sus amenazas
la mano de las tormentas.

Es esa parte de sueño
que en nuestra esencia paisana
canta al sol con la mañana
de un bien inspirado empeño.
Es el tumulto sedeño
de las negras cabelleras,
el dolor de las ojeras
que en el otoño declinan
y la esmeralda en que inclinan
sus frentes las primaveras.

Él marcó su trayectoria
entre dos trágicas flores:
el lirio de los amores
y la rosa de la gloria.
Su historia es la triste historia
de tanto ignorado ser
que elevó su padecer
para que lauros ardientes
ciñeran sobre su frente
las manos de una mujer.

Cantor soñador y errante
adonde quiera que fue
tuvo un sahumerio de fe
en su guitarra gigante.
Por ceñir su pecho amante
en nostálgica fortuna
tuvo espumas la laguna,
gallardos cimbros los lirios
y para orlar sus delirios
melancolías la luna.

Heredó de las llamadas
la triste meditación;
su alma vivió en comunión
con las cosas olvidadas.
Así por las alboradas
al cruzar con rumbo incierto
llevaba en el desconcierto
de sus miradas profundas
dos águilas moribundas
perdidas en el desierto.

Así cruza el trovador
de los alcores andinos
constelando con sus trinos
los tedios del labrador.
El alma de ese cantor
es el alma de la umbría,
al poner en la poesía
que el crepúsculo despliega
frente a las sombras de Vega
la palidez de María.
sus fre

sábado, 12 de febrero de 2011

Sin ladearme


Si no me hubiera criado
entre criollos verdaderos,
curtidos por los pamperos
y a soles fuertes tostados;
si nunca hubiera cantado
de un fogón al resplandor
o despreciera el calor
natural que hay en su brasa
renegando de mi raza,
ya no sería payador.

Si con aire intelectual
para aparentar ser culto
cantara ladeando el bulto
a mi ráiz natural;
si a mi acento regional
le destiñera el color,
o si mermara el fervor
que siempre al pueblo le doy
dejando de ser quien soy
ya no sería payador.

Si por ostentar más brillo
que mis brillos naturales,
con empaques doctorales
dejara de ser sencillo;
si me estraviara en el trillo
creyendo ser superior,
árbol sin hojas ni flor
que muestra sus ramas secas
con vanas palabras huecas,
ya no sería payador.

Yo hablo en el mismo lenguaje
que mis abuelos hablaron,
los que con sangre regaron
la imponencia del paisaje.
En mi sencillo mensaje
anda mi mundo interior,
sin precisar más honor
ni reclamar más fortuna
que el orgullo de mi cuna
de ser criollo y payador.

viernes, 21 de enero de 2011

Payada por celular


Con la revolución bendita
se ve un cambio general
y hasta el payador actual
no es tanto lo que se agita.
Ya casi no necesita
sufrir cansancios grandotes
ni estirar tanto los trotes
de su pasión andariega
soñando hallar a un colega
con el cual medir sus dotes.

Dos bardos, tan afamaos
como la bota de potro,
muy lejos uno del otro
pero igualmente inspiraos,
uno en Villa Los Venaos
y otro en Paso del Difunto,
tratando más de un asunto
sobre cosas de la vida,
tuvieron una reñida
payada de contrapunto.

Actuaban según los dones
de las más parejas yuntas
formulándose preguntas
y dando contestaciones.
Y, además de mil cuestiones
relativas al gauchaje,
describían el paisaje
muy fielmente y quedo, quedo,
botonenado a un solo dedo
cada texto del mensaje.

Don Matiauda, que lo supo,
dijo, cambiando de poses:
- Juro por todos los dioses
y por el vino que chupo,
que son troveros "de grupo".
(Y aclaró bien, don Matiauda):
- Quiero decir que defrauda
su actuación sin porvenir,
y no que puedan reunir
un grupo que los aplauda.

- Pienso diferente a usted,
- le retrucó el Chueco Irusta-,
pues, en verdad, no me gusta
patear contra la pared.
¡Por qué morirnos de sed
teniendo el aljibe a mano!
Comunicarnos, paisano,
siendo un don y no un capricho,
pertenece a cualquier bicho
como a cualquier ser humano.

Pa la indiada era frecuente
mandar, con esmero sumo,
señales hechas con humo,
de facundia sorprendente.
También las hace actualmente
la chimenea industrial,
y eso tal vez no esté mal;
pero un diario ayer decía
que pa doña Ecología
no es una buena señal.

Un náufrago, en un lugar
que nadie ve ni legisla,
solitario en cualquier isla,
sin fuego ni celular,
arroja un mensaje al mar,
que ha embotellao bien primero;
y aguarda, sobrio y austero,
rogándole al dios Neptuno
que cumpla el rol de oportuno,
puntual y altruista cartero.

Se busca el Hombre y se llama,
ya por línea, ya sin ella,
ya humadera, ya botella,
ya carta, ya telegrama,
ya un heraldo y su proclama,
ya radio, fax o tambor.
Después de todo, Señor,
son apenas un volido
los tiempos que han transcurrido
del chasque al televisor.

A mí me importa tres cuernos
que, sin bordonas ni primas,
dos troveros crucen rimas
merced a medios modernos.
No debiera sorprendernos
el uso de cosas tales,
pues hay entre los mortales,
no resultando anacrónicos,
tanto besos telefónicos
como puteadas postales.

Vamos inventando todas
las maneras de unir puntos,
pues el querer estar juntos
no es cuestión de simples modas.
Hay juicios, duelos y bodas
hechos a través del mar,
y, habiendo en cualquier lugar
globalización de bienes,
¿quién puede prohibir a quiénes
que payen por celular?

Payando



-"Bien haiga con los puebleros...
flojazos pa'la bebida;
pa'ellos la caña es prohibida
y el vino es pa'los matreros;
yo como criollazo fiero
me río de esa mozada,
nuestra pampa está regada
con esos niños puebleros
que piden agua al pulpero
y brindan con limonada!".

-"Al llegar del extranjero...
a esta tierra bien amada,
conocí a esta mozada
que ustedes llaman pueblera,
es guapa y se juega entera
aunque tomen limonada,
pero la gente se olvida
que con agua es bautizada,
y que es bendita la lluvia
sobre la pampa soleada!".

jueves, 13 de enero de 2011

El adiós de un payador

(Dibujo: Rodolfo Ramos)
De un viejo ceibo colgaba
y escondida entre sus flores
trágica virgen de amores
con corona ensangrentada,
como náufraga olvidada
al desierto y al dolor,
que el pampero bramador
al pasar besa y desgarra;
está la vieja guitarra
que fuera del payador.

Y su dueño, aquél trovero,
viejo de frente cobriza,
de a poco se hace ceniza
lo mismo que un trasfoguero.
Tendido sobre el apero
y con el poncho tapao,
junto al fogón apagao
dejó el mate y la caldera,
y anda el pingo en la pradera
con el maneador cortao.

Fue una tarde de verano,
cuando el sol ya se ponía
que se vio en la lejanía
la figura del anciano.
Atravesando los llanos
desensilló en un ceibal;
y aquel viejo sin igual,
de barba blanca y melena,
traía en el pecho la pena
del payador oriental.

Venía enfermo de tristeza
atravesando caminos,
y era un manantial de trinos
aquella blanca cabeza.
De su pecho la grandeza
vibró en su voz con afán,
rugiendo sus versos cantaba,
porque en décimas lloraba
por las cosas que se van.

Y esa tarde, al acampar,
después que el sol se ocultó,
el viejo cantor sintió
su corazón palpitar.
Quiso ponerse a cantar,
pero quedó enmudecido
mirando el campo carpido
por la reja del arao;
y dijo, "me han derrotao;
ya pa siempre me han vencido".

Y dijo, "patria: me muero;
me va matando el progreso;
te dejo, tierra, mis huesos
entre el poncho y el apero.
Guitarra: cuánto te quiero",
dijo, y besó la encordada.
"Y hoy te dejo abandonada
porque la muerte me amarra.
Te voy a dejar, guitarra,
entre los ceibos colgada".

Al fin colgó de una rama
la guitarra en mudecida;
al pingo ató de la brida;
con el recao hizo cama;
de guayabo y de retama
encendió la última hoguera;
se puso una cabecera
de flores blancas y rojas,
y sepultó entre sus hojas
su plateada cabellera.

domingo, 9 de enero de 2011

La serenata

(Pintura: Carlos Montefusco)
De lo agreste del follaje
y las flores de la loma
roba la brisa el aroma
que desparrama en su viaje.
Y emborrachando el paisaje,
mágicamente oportuna,
llora que llora la luna
con lagrimones de plata,
porque la laguna ingrata
le ha robado la fortuna.

Guarda el monte de espinillos
el silencio de sus nidos,
y en el potrero, escondidos,
cantan los ásperos grillos.
Chairan sus férreos cuchillos
en la quietud bienhechora;
y un viejo sauce que llora
ha prolongado su llanto
y derrama su quebranto
sobre un rancho de totora.

Luego de un galope fuerte
que ha llegado por la senda,
ronda un cantor la vivienda
donde lo espera su suerte.
Cuando la moza despierte
con la canción de su dueño,
con su mirar halagüeño
y una sonrisa lozana,
ha de abrirle la ventana
y le contará su sueño.

- "No te muestres desdeñosa.
Abre, que la luna clara,
viendo tan blanca tu cara
ha de sentirse envidiosa.
Dulce mujer cariñosa,
pura y bellísima flor:
Abre, que tu payador
quiere mirarse en tus ojos
y besar tus labios rojos
para no morir de amor".

Y la novia del trovero
es como un clavel del aire
al florecer su donaire
bajo la crin del alero.
Lugo el temblor del lucero
surge con su primer guiño,
mientras la luna de armiño
vierte sus flecos plateados
sobre los enamorados
que se arrullan con cariño.

Y en la tierra despedida,
con dulzura descubierta
sueña la moza, despierta,
verlo soñando dormida.
Tras la ventana florida
vuelve a ocultar su embeleso;
y al emprender su regreso,
el payador, por la senda,
aún conserva de su prenda
el sabor dulzón de un beso.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Entierro del Payador


Lo cosieron entre cuatro
en un retobo de cuero
y en el lomo del caballo
largo a largo lo tendieron.

Mudo cortejo de gauchos
siguió el hilo del sobeo
que va midiendo el camino
en las manos del boyero.

Una muchacha de luto
le cuelga sus trapos negros,
a la cola del caballo
que lleva a enterrar sus sueños.

Lían dolor y tabaco,
miradas y pensamientos
los que caminan callados
por el callado sendero.

En flores de margaritas
gotea su sangre el muerto
y abanican los pajales
los saludos del recuerdo.

Desde el juncal del bañado
lanzan sus gritos los teros
y en las ramas, silencioso,
vela el crespón de los cuervos.

Gorjean calandrias tristes
sus delicados arpegios
y teje trovas de ausencia
el pico de los jilgueros.

¡Murió el orgullo del pago!
¡Se fué Rudecindo Crespo!
A traición, mientras cantaba,
lo hirieron sables y celos!

Todo el pago lo quería!
Era guapo y guitarrero;
el manantial de su canto
calmaba la sed de un pueblo.

Lujos de raza lucía
en las prendas de su apero;
suspiraban a su paso
ventanas, patios y cercos.

¿Qué moza no vió su estampa
junto a la vela de sebo
calmando en la noche larga
la fiebre de sus deseos?

¿Qué fiesta no oyó su canto,
qué desgracia su consuelo,
en qué peligro no puso
por un amigo su pecho?

Lloran sin llanto los hombres
sus lágrimas hacia adentro
y estrujan bajo el rebozo
las mujeres, sus pañuelos.

Dichosa la bien querida
que amó Rudecindo Crespo;
la gloria de ser su novia
brillaba en sus ojos negros.

Desdichada la dichosa
que va con el paso lento
y las trenzas destrozadas
siguiendo sus sueños muertos.

De pronto un hondo gemido,
un temblor de labio y seno,
pasa hilvanando el sollozo
en las sombras del cortejo.

¡Ay! de la tierra, novia y madre.
¡Ay! de las mozas de un pueblo.
¡Se va la flor de una raza!
¡Murió Rudecindo Crespo!

Se apaga en voces ahogadas
el quejumbroso lamento
y ondula en la senda blanca
la columna del silencio.

Ancho potrero alambrado
abre en el campo desierto
la estrecha puerta sin puerta
del humilde cementerio.

En el corral de la muerte
penetra el niño señuelo
y son como aspas, las cruces,
del misterioso rodeo.

Ayuda a bajar la amada
los despojos de su dueño
y golpean los terrones
sobre el retobo de cuero.

Perfume de Agua Florida
se eleva en el aire quieto
y entre palada y palada
sepulta su voz el rezo.

Ofrenda de amor nativo,
sobre un brazo del madero,
una guitarra encintada
coloca el gaucho más viejo.

Cae la tarde. Se inicia,
la dispersión del regreso,
al trote quien vive cerca,
al galope los de lejos.

Sólo el muchacho y la novia
han quedado junto al muerto;
la triste moza, sin alma,
el otro, sin pensamiento.

La oscuridad los emponcha,
pita la noche, encendiendo,
en los bichos luminosos
sus breves puchos de fuego.

Treno de pena profunda,
leve virazón del viento,
conmueve al campo dormido
la queja de un instrumento.

¡Música azul de la noche!,
¡armonía del silencio!;
¡en una caja encintada
cantan la tierra y el tiempo!

Mate el odio los zorzales,
el desamor de sus acentos,
el canto no muere nunca
ni han muerto los que murieron.

¡Renace Vega en la selva!
¡Habla en ella Martín Fierro!
¡La voz de toda la patria
canta en humildes potreros!

martes, 16 de noviembre de 2010

¡Que no cante el payador!


Quien, pulsando una guitarra,
recorra la patria hermosa,
y con la nota armoniosa
brinde su canción bizarra,
si no desata la amarra
con que se afirma un dolor,
si no es para hacer mejor
al publico que lo escucha,
si por valor más no lucha:
"que no cante el payador".

Si ha de contrariar su fe,
y acepta paciente el yugo,
que impone con su mendrugo,
el jefe de un comité,
y sin tener un porqué
ha de ensalzar al doctor,
sabiendo que un gran error
comete quien por él vota,
que corte pronto su nota:
"que no cante el payador".

Si entiende por patriotismo,
callar del pueblo las penas,
y no romper las cadenas
que ha forjado el servilismo,
si no es por un idealismo,
que haga triunfar el amor,
si no repudia el rencor
que el hombre hacia el hombre abriga,
que su canto no prosiga:
"que no cante el payador".

Cante para mejorar
del pueblo la condición,
y sepa con su canción
siempre algo bueno enseñar,
muestre por dónde ha de hallar
quien sufre un plano mejor,
y sea un alentador
en la elevada contienda,
para que su canto ofenda:
"que no cante el payador".

Trate de estar a la altura,
que con su gesto, no peca;
y tenga en la biblioteca,
donde afirmar su cultura.
No descienda, si procura
dar a su arte valor;
y sea un demoledor
de las bajas ambiciones.
Por las justas rebeliones
"cante fuerte el payador".

No tenga en la compadrada
el puntal de su coraje,
que cuando el arte rebaje,
su canto no valdrá nada.
Lleve al fin de la jornada
el fruto de su labor,
y cuide del esplendor
de la fama que le cuadre,
siendo borracho y compadre,
"que no cante el payador".

No vaya afirmando un mal,
cantando como adulón,
para agradar al mandón
que le sirva de puntal.
Con la nota musical,
sirva a un ideal superior,
pues, si el Supremo Hacedor
le dotó de inteligencia,
embellezca la existencia
"quien se llame payador".

jueves, 11 de noviembre de 2010

Yo soy un payador


Yo soy un payador que va sembrando
Y el día que levante mi cosecha,
Quisiera compartirla con ustedes.
Si ustedes me enseñaron que es la siembra.

Yo soy un payador, la voz del pueblo
La voz de la verdad, de la conciencia…
Dios me ha dado la voz para que cante
No me ha dado la voz para que mienta.

Es mentira que el mundo esta perdido
Yo se que habita en el gente muy buena
No olvidemos la paz que sueña el pueblo
Por dos o tres bastardos que hacen guerras.

Yo soy un payador, así he nacido
Y voy a seguir cantando hasta que muera
En nombre de la tierra de los pobres
Y en nombre de los pobres de la tierra.

Yo me comprometí con esta causa
Ya corre el payador entre mis venas
No puedo permitir que al pueblo lo usen
Ni que alguien hable mal de mi bandera.

Y aquí estoy frente a ustedes compatriotas
Hermanos de la vida y de la huella
Para ser la voz sufrida del que sufre
Y defender todos los sueños del que sueña.

No tengo muchas cosas materiales
No digo que este mal que alguien las tenga
Yo he aprendido a ser feliz teniendo poco
Y con poco me le río a la tristeza

Yo soy un payador, así he nacido
Y voy a seguir cantando hasta que muera
En nombre de la tierra de los pobres
Y en nombre de los pobres de la tierra.

sábado, 23 de octubre de 2010

¿Payadores?


Las razas se misturaron
y un nuevo espíritu hicieron,
los payadores se jueron...
cuando de cantar dejaron.
Las costumbres se cambiaron
de un tiempo que fué mejor.
Y hoy cualquier macaneador
que pa vivir larga un grito,
porque acierta en un versito
¡ya se llamó payador!

Yo conozco payadores
que agatas saben hablar
y que se las quieren dar
muchas veces de dotores.
Dicen ser educadores
sin yegar a comprender
que se precisa saber
pa que se pueda educar
y que el que quiere enseñar
antes tiene que aprender.

A la guitarra campera,
le hizo su nota perder
cantando como mujer
un payador de galera.
Que pa lucir las caderas
se viste bien ajustao,
y como es muy delicao,
pa que al soplar el pampero
no le haga daño en el cuero,
lo yeva siempre empolvao.

Hay cantores delicaos,
que en sus cantos provincianos
me parecen italianos
que gritan amontonaos
de a dos o tres apareaos
y formando así un montón
dan comienzo a la canción
mientras grita uno finito
el otro larga su grito
como bajo de acordeón.

Y las guitarras se quejan,
así como protestando
contra los que están cantando
y sin dulgura las dejan.
En las notas que se alejan
se va como ahogao el yanto
porque áhura es áspero el canto
y con él solo se alcanza
lo que precisa la panza
pa que no amuele el quebranto.

Ya el poncho, las nazarenas,
la barba negra y cerrada,
la vincha en la frente atada
pa sujetar la melena;
el payador que la pena
mataba del corazón
con su sentida canción
se va borrando despacio,
¡como reemplaza el palacio
al ranchito de terrón!

Todo en la vida se acaba
y por eso del camino
se jueron Trejo, Gabino
Cazón y don Juan de Nava.
Es que la guadaña brava
con eyos hizo un montón
y ansina se le jué el son
que la guitarra tenía
¡cuando el viejo De María
la templó junto al fogón!

¡Payadores! Yo me entrego
muchas veces a pensar
porque así se hacen yamar
cocoliches o gayegos,
de esos gritones reniego,
porque ni la sombra son
de las que junto al fogón,
cantando, daban coraje
al valiente paisanaje
que hizo libre a mi nación!

El alma del payador

(Copiado de carlosquilmeslopez)El alma del payador
Cuando la tarde se inclina
sollozando al Occidente,
corre una sombra doliente
sobre la pampa argentina.
Y cuando el sol ilumina
con luz brillante y serena
del ancho campo la escena,
la melancólica sombra
huye besando la alfombra
con el afán de la pena.

Cuentan los criollos del suelo
que, en tibia noche de luna,
en solitaria laguna
para la sombra su vuelo;
que allí se ensancha y un velo
va sobre el agua formando,
mientras se goza observando,
por singular beneficio,
el incesante bullicio
que hacen las olas rodando.

Dicen que, en noche nublada,
si su guitarra algún mozo
en el crucero del pozo
deja de intento colgada,
llega la sombra callada
y, al envolverla en su manto,
suena el preludio de un canto
entre las cuerdas dormidas,
cuerdas que vibran heridas
como por gotas de llanto.

Cuentan que en noche de aquellas
en que la Pampa se abisma
en la extensión de sí misma
sin su corona de estrellas,
sobre las lomas más bellas,
donde hay más trébol risueño,
luce una antorcha sin dueño
entre una niebla indecisa,
para que temple la brisa
las blandas alas del sueño.

Mas si trocado el desmayo
en tempestad de su seno,
estalla el cóncavo trueno
que es la palabra del rayo,
hiere al ombú de soslayo
rojiza sierpe de llamas,
que, calcinando sus ramas,
serpea, corre y asciende,
y en la alta copa desprende
brillante lluvia de escamas.

Cuando, en las siestas de estío,
las brillazones remedan
vastos oleajes que ruedan
sobre fantástico río,
mudo, abismado y sombrío,
baja un jinete la falda,
tinta de bella esmeralda,
llega a las márgenes solas...
¡y hunde su potro en las olas,
con la guitarra a la espalda!

Si entonces cruza a lo lejos,
galopando sobre el llano
solitario, algún paisano,
viendo al otro en los reflejos
de aquel abismo de espejos,
siente indecibles quebrantos,
y, alzando en vez de sus cantos
una oración de ternura,
al persignarse murmura:
-"¡El alma del viejo Santos!"

Yo, que en la tierra he nacido
donde ese genio ha cantado,
y el pampero he respirado
que al payador ha nutrido,
beso este suelo querido
que a mis caricias se entrega,
mientras de orgullo me anega
la convicción de que es mía
¡la patria de Echeverría,
la tierra de Santos Vega!

lunes, 26 de julio de 2010

Décimas al payador


Homenaje a los Payadores en su día: 23 de Julio.


Payador, alma latente
de la canción popular,
puede en versos demostrar,
la rapidez de su mente.
Tiene su canto elocuente
toda la sabiduría
que un libro no encerraría,
pero que él fue cosechando
noche tras noche cantando
en ranchos y pulperías.

Cuando la Patria nacía,
el payador con su acento
desparramaba en el Viento
la nueva con alegría.
Entre sus versos tejía
los señeros pensamientos
de quienes en el momento
de jugarse, se jugaron
y a este suelo le brindaron
sus más puros sentimientos.

Fue el cronista musical
de nuestra naciente gloria,
el que le dio a nuestra historia
un sentido nacional.
Poeta vocacional,
crítico por intuición,
que de fogón en fogón,
al compás de su instrumento
despertaba sentimientos
de Patria y revolución.

Se fue al Norte con Belgrano
en el Ejército Grande
y después cruzó los Andes
junto al Gran Americano.
La guitarra entre sus manos
era un fusil de canciones
que hería los corazones
con versos sentimentales,
sembrando los ideales
de paz entre las naciones.

Después volvió a los cantones
a defender las fronteras,
y las estrellas sureras
dieron brillo a sus canciones.
En las ruidosas reuniones
de lejanas pulperías
cantó penas y alegrías
acariciando a su amada,
esa guitarra encintada
que fue su estrella, su guía.

En los campos de Caseros
donde Juan Manuel cayó
frente a Urquiza, que se unió
a masones y extranjeros,
el payador fue el primero
que supo entregar su vida
al ver su Patria querida
humillada e indefensa,
soportando la vergüenza
de una guerra fratricida.

Los señores progresistas
mil veces lo persiguieron
y hasta preso lo pusieron
tratándolo de anarquista.
Pero él, su idea altruista
sostiene sin claudicar.
Su voz ha de perdurar
por muchas generaciones
y han de vivir sus canciones
en el alma popular.

Señores: perdónenme
si en algo me he equivocado,
cuando en versos mal rimados
al payador le canté.
Desde niño yo admiré
a esos juglares del llano
que siempre guitarra en mano,
eternamente de viaje,
forman parte del paisaje
de este suelo americano.

viernes, 14 de mayo de 2010

El payador

Me llaman el Payador
porque entre espinas y flores
suelo entretejer primores
con mi propio sinsabor...
Sin envidia ni rencor
planto ande quiera mi tienda
y en la paz o en la contienda
como fortuna bizarra,
tengo un alma, mi guitarra,
tengo un galardón, ¡mi prenda!

Con esa arma, mi guitarra,
y ese galardón, mi prenda,
no he encontrado en la contienda
quien me eche encima la garra,
he sabido dar mi ofrenda
vendiendo cara la vida
cuando iban en la partida
o mi guitarra o mi prenda...

Cuando van en la partida
yo también en la contienda
o mi guitarra o mi prenda,
¡Sé vender cara mi vida!
Nadie me ha visto en la huida
abandonar la presea
y si quiso la pelea
mezclarme en el entrevero,
¡Tuvo mi prenda un acero
y mi guitarra una idea!

Tiene mi prenda un acero
y mi guitarra una idea,
cuando así quiere que sea
quien me hizo hombre y trovero...
No tengo pa venta el cuero
ni me asusta la contienda
y es bueno que así lo entienda
pa que conozca mi garra
quien quiera hallar mi guitarra
¡o quiera robar mi prenda!

viernes, 27 de noviembre de 2009

Yo he nacido payador


Yo soy del tiempo de tantos,
sin tiempo y sin edades;
arrastro cien soledades
y mil frustraciones duras,
buscando en noches oscuras,
cien soles y claridades.

Yo he nacido payador
que es el arte primigenio,
mezcla de astucia e ingenio
y de sentires profundos;
y que tiene como el mundo
tras de sí varios milenios.

Cantor que improvisa coplas
asegún las va pensando
y a su vez las va entonando
de acuerdo a una melodía.
Difícil la trilogía:
cantar, pensando y rimando.

Cantor que no tiene época
ni límites de frontera,
idioma, ley ni bandera,
porque existe en todas partes,
universal como el arte
donde la belleza impera.

Bueno, ya he cantado largo
aunque nunca suficiente;
y aquél que escuchó atentamente:
¡gracias por los buenos modos!
y al que no a pesar de todo
¡gracias por ser tan prudente!.

miércoles, 23 de julio de 2008

Santos Vega: IV. La muerte del Payador


Bajo el ombú corpulento,
de las tórtolas amado,
porque su nido han labrado
allí al amparo del viento;
en el amplísimo asiento
que la raíz desparrama.
Donde en las siestas la llama
de nuestro sol no se allega,
dormido esta Santos Vega,
aquel de la larga fama.

En los ramajes vecinos
ha colgado, silenciosa,
la guitarra melodiosa
de los cantos argentinos.
Al pasar, los campesinos
ante Vega, se detienen;
en silencio se convienen
a guardarle allí dormido;
y hacen señas no hagan ruido
los que están a los que vienen.

El más viejo se adelanta
del grupo inmóvil, y llega
a palpar a Santos Vega.
moviendo apenas la planta,
Una morocha que encanta
por su aire suelto y travieso,
causa eléctrico embeleso
porque, gentil y bizarra,
se aproxima a la guitarra
y en las cuerdas pone un beso.

Turba entonces el sagrado
silencio que a Vega cerca,
un jinete que se acerca
a la carrera lanzado;
retumba el desierto hollado
por el casco volador;
y aunque el grupo, en su estupor,
contenerlo pretendía,
llega, salta, lo desvía
y sacude al payador.

No bien el rostro sombrío
de aquel hombre mudos vieron,
horrorizados sintieron
temblar las carnes de frío.
Miro en torno con bravío
y desenvuelto ademán,
y dijo: "Entre los que están
no tengo ningún amigo,
pero, al fin para testigo,
lo mismo es Pedro que Juan".

Alzó Vega la frente,
y le contempló un instante,
enseñando en el semblante
cierto hastío indiferente.
"Por fin, dijo fríamente
el recién llegado, estamos
juntos los dos, y encontramos
la ocasión, que éstos provocan,
de saber cómo se chocan
las canciones que cantamos".

Así diciendo, enseñó
una guitarra en sus manos,
y en los raigones cercanos
preludiando se sentó.
Vega entonces sonrió,
y al volverse al instrumento,
la morocha hasta su asiento
ya su guitarra traía,
con un gesto que decía:

"La he besado hace un momento".
Juan Sin Ropa (se llamaba
Juan Sin Ropa el forastero)
comenzó por un ligero
dulce acorde que encantaba.
Y con voz que modulaba
blandamente los sonidos,
cantos tristes nunca oídos,
cantó cielos no escuchados,
que llevaban, derramados,
la embriaguez a los sentidos.

Santos Vega oyó suspenso
al cantor; y toda inquieta,
sintió su alma de poeta
como un aleteo inmenso.
Luego, en un preludio intenso,
hirió las cuerdas sonoras,
y cantó de las auroras
y las tardes pampeanas,
endechas americanas
más dulces que aquellas horas.

Al dar Vega fin al canto,
ya una triste noche oscura
desplegaba en la llanura
las tinieblas de su manto.
Juan Sin Ropa se alzó en tanto,
bajo el árbol se empinó,
un verde gajo tocó,
y tembló la muchedumbre,
porque echando roja lumbre,
aquel gajo se inflamó.

Chispearon sus miradas,
y torciendo el talle esbelto,
fue a sentarse, medio envuelto
por las rojas llamaradas.
¡Oh, qué voces levantadas
las que entonces se escucharon!
¡Cuántos ecos despertaron
en la Pampa misteriosa
a esa música grandiosa
que los vientos se llevaron.

Era aquélla esa canción
que en el alma sólo vibra,
modulada en cada fibra
secreta del corazón;
el orgullo, la ambición,
los más íntimos anhelos,
los desmayos y los vuelos
del espíritu genial,
que va, en pos del ideal,
como el cóndor a los cielos.

Era el grito poderoso
del progreso, dado al viento;
el solemne llamamiento
al combate más glorioso.
Era, en medio del reposo
de la Pampa ayer dormida,
la visión ennoblecida
del trabajo, antes no honrado;
la promesa del arado
que abre cauces a la vida.

Como en mágico espejismo,
al compás de ese concierto,
mil ciudades el desierto
levantaba de sí mismo.
Y a la par que en el abismo
una edad se desmorona,
al conjuro, en la ancha zona
derramábase la Europa.
Que sin duda Juan Sin Ropa
era la ciencia en persona.

Oyó Vega embebecido
aquel himno prodigioso,
e inclinando el rostro hermoso,
dijo:"Sé que me has vencido".
El semblante humedecido
por nobles gotas de llanto,
volvió a la joven su encanto,
y en los ojos de su amada
clavó una larga mirada,
y entonó su postrer canto:

"Adiós luz del alma mía,
adiós, flor de mis llanuras,
manantial de las dulzuras
que mi espíritu bebía;
adiós, mi única alegría,
dulce afán de mi existir;
Santos Vega se va a hundir
en lo inmenso de esos llanos...
¡Lo han vencido! ¡Llegó, hermanos,
el momento de morir!"

Aún sus lágrimas cayeron
en la guitarra, copiosas,
y las cuerdas temblorosas
a cada gota gimieron;
pero súbito cundieron
del gajo ardiente las llamas,
y trocado entre las ramas
en serpiente, Juan Sin Ropa
arrojó de la alta copa
brillante lluvia de escamas.

Ni aun cenizas en el suelo
de Santos Vega quedaron,
y los años dispersaron
los testigos de aquel duelo;
pero un viejo y noble abuelo,
así el cuento terminó:
"Y si cantando murió
aquel que vivió cantando,
fue, decía suspirando,
porque el diablo lo venció".

Santos Vega: I. El alma del payador


Cuando la tarde se inclina
sollozando al occidente,
corre una sombra doliente
sobre la pampa argentina.
Y cuando el sol ilumina
con luz brillante y serena
del ancho campo la escena,
la melancólica sombra
huye besando su alfombra
con el afán de la pena.

Cuentan los criollos del suelo
que, en tibia noche de luna,
en solitaria laguna
para la sombra su vuelo;
que allí se ensancha, y un velo
va sobre el agua formando,
mientras se goza escuchando
por singular beneficio,
el incesante bullicio
que hacen las olas rodando.

Dicen que, en noche nublada,
si su guitarra algún mozo
en el crucero del pozo
deja de intento colgada,
llega la sombra callada
y, al envolverla en su manto,
suena el preludio de un canto
entre las cuerdas dormidas,
cuerdas que vibran heridas
como por gotas de llanto.

Cuentan que en noche de aquellas
en que la Pampa se abisma
en la extensión de sí misma
sin su corona de estrellas,
sobre las lomas más bellas,
donde hay más trébol risueño,
luce una antorcha sin dueño
entre una niebla indecisa,
para que temple la brisa
las blandas alas del sueño.

Mas, si trocado el desmayo
en tempestad de su seno,
estalla el cóncavo trueno,
que es la palabra del rayo,
hiere al ombú de soslayo
rojiza sierpe de llamas,
que, calcinando sus ramas,
serpea, corre y asciende,
y en la alta copa desprende
brillante lluvia de escamas.

Cuando, en las siestas de estío,
las brillazones remedan
vastos oleajes que ruedan
sobre fantástico río,
mudo, abismado y sombrío,
baja un jinete la falda
tinta de bella esmeralda,
llega a las márgenes solas...
¡y hunde su potro en las olas,
con la guitarra a la espalda!

Si entonces cruza a lo lejos,
galopando sobre el llano
solitario, algún paisano,
viendo al otro en los reflejos
de aquel abismo de espejos,
siente indecibles quebrantos,
y, alzando en vez de sus cantos
una oración de ternura,
al persignarse murmura:
"-¡El alma del viejo Santos!"

Yo, que en la tierra he nacido
donde ese genio ha cantado,
y el pampero he respirado
que al payador ha nutrido,
beso este suelo querido
que a mis caricias se entrega,
mientras de orgullo me anega
la convicción de que es mía
¡la patria de Echeverría,
la tierra de Santos Vega!

El Payador


Como en el campo la flor
de incomparable belleza
a que da naturaleza
su fragancia y su color,
así nace el payador
que a la calandria remeda
porque, cuando le hacen rueda
imita al pájaro aquel,
alzando el canto como él
cuando canta en la arboleda...

Flor que presta amenidad
y del campo su ornamento,
destello del pensamiento
brillando en la oscuridad;
bardo que en la soledad
alza su voz inspirada,
remedo de mucho y nada,
mezcla de acíbar y miel,
genio que busca oropel
para su gloria soñada...

Ritmo que a un tiempo atesora
como en un copioso raudal,
el eco del vendaval
y el trino de ave cantora;
cuerda que ríe y que llora
con la misma vibración,
latido de un corazón
que siente dichas y penas,
conjunto de horas serenas
y de violenta pasión.

Él canta cuánto se encierra
de la Patria en la extensión,
y en amena descripción
las costumbres de su tierra;
el pinta el bosque y la sierra,
el arroyuelo y el río;
las lágrimas del rocío
que seca el viento fugaz
y al guacho diestro y audaz
que monta el potro bravío.

Él sabe, cantado amores,
darle a su voz la ternura
con que el arroyo murmura,
cuando acaricia las flores;
y si cantar los rigores
quiere del bien a que adora,
tiene su voz seductora
que suena como un lamento,
el melancólico acento
de la tórtola que llora.

Él tiene el eco potente
de sonora catarata
cuando su labio relata
las hazañas de un valiente;
él canta con su voz doliente
la ausencia del bien querido;
y hace llegar al oído,
si narra vengado ultraje,
como el rugido salvaje
del león que se siente herido...

Con intuición de poeta
y las alas de su anhelo
remonta a veces su vuelo
a la mansión de un planeta;
él a reglas no sujeta
su inspiración ni su idea.
Él canta lo que desea,
lo que siente, lo que estima...
porque solo, canta y rima
como el pájaro gorjea.

Lleva entre el poncho escondida
la guitarra quejumbrosa
con que se canta a la hermosa
los pesares de la vida;
ese instrumento en que anidan
como esencia de su ser
los recuerdos de su ayer,
su tristeza y su alegría,
el cariño o la falsía
del amigo y la mujer.

El es quien con sus canciones
hace al paisano gozar,
el que consigue animar
la ramada y los fogones;
el alegra las reuniones
en las yerras y carreras,
el que pasa las tranqueras
sin permiso del patrón...
y libre como el halcón
cruza montes y praderas.

El que del gaucho matrero
cuenta la vida pasada,
y la tapera olvidada
donde ocultó el parejero;
las hazañas del guerrero
los pesares de la ausencia,
y la cruz que, en la eminencia,
señala la humilde fosa
del que en la lucha gloriosa
murió por la independencia.
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En el día del payador (23 de julio) un homenaje a los que payan...y a los que les gusta escucharlos.
Saludos del gauchoguacho.