sábado, 6 de noviembre de 2010
jueves, 4 de noviembre de 2010
Décimas de fogón
(Dibujo: Eleodoro Marenco)
Me crié a barro paisano
después pisé el adoquín
pero en todo ese trajín
me aquerencié de los llanos
yo mismo fui mi baqueano
y busqué en los entreveros
en dónde el canto sincero
de mis hermanos mayores
eran como ramo de flores
en ráfagas de un pampero.
De chico me acostumbraron
no golpear este instrumento
compañía de mi acento
en trovas que ellos legaron
y en mi pecho se quedaron
los versos y las lecciones
disipando nubarrones
en esas frías mañanas
como ansiadas resolanas
calentadas en emociones.
Me perdonaran si a veces
comienzo a ponerme serio
pero tengo en mi criterio
el no andarme con dobleces
como pasto que se mece
haciendo al trébol cosquilla
me divierto a maravilla
en la inocencia campera
no toco cantos de afuera
para alegrarme en la trilla.
De mentiras supe tanto
que hasta disprecio al cantor
que nunca entrega la flor
nacida en el mismo canto
guitarreros conocí cuantos
triunfadores de mil farras
y sus manos eran garras
destrozando melodías
vi entendidos que aplaudían
al ver sufrir la guitarra.
Paisanos que están aquí
cantarles es mi destino
soy un cantor campesino
que da lo mejor de sí
y como nunca mentí
brindo respeto al fogón
y ya que es buena ocasión
pa´ cantar a lo argentino
no le daré buenos trinos
pero si mi corazón.

Me crié a barro paisano
después pisé el adoquín
pero en todo ese trajín
me aquerencié de los llanos
yo mismo fui mi baqueano
y busqué en los entreveros
en dónde el canto sincero
de mis hermanos mayores
eran como ramo de flores
en ráfagas de un pampero.
De chico me acostumbraron
no golpear este instrumento
compañía de mi acento
en trovas que ellos legaron
y en mi pecho se quedaron
los versos y las lecciones
disipando nubarrones
en esas frías mañanas
como ansiadas resolanas
calentadas en emociones.
Me perdonaran si a veces
comienzo a ponerme serio
pero tengo en mi criterio
el no andarme con dobleces
como pasto que se mece
haciendo al trébol cosquilla
me divierto a maravilla
en la inocencia campera
no toco cantos de afuera
para alegrarme en la trilla.
De mentiras supe tanto
que hasta disprecio al cantor
que nunca entrega la flor
nacida en el mismo canto
guitarreros conocí cuantos
triunfadores de mil farras
y sus manos eran garras
destrozando melodías
vi entendidos que aplaudían
al ver sufrir la guitarra.
Paisanos que están aquí
cantarles es mi destino
soy un cantor campesino
que da lo mejor de sí
y como nunca mentí
brindo respeto al fogón
y ya que es buena ocasión
pa´ cantar a lo argentino
no le daré buenos trinos
pero si mi corazón.
De vuelta
(Pintura: Francisco Madero Marenco)
Después de haber castigao
quemando en forma severa
el sol dio la vuelta entera
y allá abajo se ha tumbao.
Sus rayos han aflojao
y ante sus fuerzas escasas
librao de sus amenazas
voy a marchar con la fresca,
pa que así cuando amanezca
me halle cerca de las casas.
Allí cerca, a la madrina
diez rosillos la rodean;
diez pingos que se florean
si les toca una fajina.
Una que otra cina-cina
le hacen marco a lo visual,
y el reseco pastizal
al mirarlo así aparenta
una alfombra amarillenta
que nace atrás del corral.
Ya queriendo anochecer
casi estando entre dos luces
desde el puesto "Los Ombuses"
la vuelta voy a emprender.
Salí al tranquito y al ver,
del sol muy escasos brillos,
entre el canto de los grillos
vi echando atrás a mirada,
que seguían a la gatiada
los otros nueve rosillos.
En un silencio absoluto
que ni se siente avanzar,
la noche, al poquito andar
se está vistiendo de luto.
La distancia le discuto
a la güeya con prudencia,
porque yo tengo querencia
y estoy ansiando el regreso
impaciente como el preso
que está esperando sentencia.
El montado, de improviso,
una espantada me intenta
al ver blanquiar la osamenta
de un animal yeguarizo.
Alzo la vista y diviso
todito el cielo estrellao,
y hasta se me ha figurao
viendo allá arriba la cruz
que estoy mirando al trasluz
un poncho todo augeriao.
Corría un vientito de frente
medio fresco y además,
arreaba pa el lao de atrás
la polvadera caliente.
Al tranco y pausadamente,
de mi voluntad muy dueño
sigo el rumbo con empeño
y a los amagos primeros
entre el cencerro y los teros
me van ahuyentando el sueño.
Me doy cuenta al ir marchando
aunque parezca mentira
que una lechuza me mira
y un chajá me está sobrando.
Más allá como añorando,
está un viejazo esquinero
donde hizo nido un hornero
y al verlo tan tieso y mudo
parece un negro desnudo
que está parao sin sombrero.
Paré pa mudar caballo
en la inmensa soledad,
calculando la mitad
si en la distancia no fallo.
Pa que sepan les detallo
todo el cuidado que tomo,
y con precaución y aplomo
al soltarlo a mi rosillo
con el revés del cuchillo
le di vuelta el pelo al lomo.
Ni un alma se me ha cruzao
mientras voy pa mi destino
porque en la noche, el camino
es muy poco transitao.
Pa hacer las penas a un lao
que me atropellan de intento
le doy vuelo al pensamiento
y un estilo en la ocasión
es freno pa el corazón
y manea pa el sentimiento.
Ya en el rancho este paisano
está al cimarrón prendido,
y el día se ha sorprendido
por que le he ganao de mano.
El sol ilumina el llano
y en la campera extensión
cada rancho es un mojón,
monumentos los baguales,
y las güeyas y corrales
un altar de tradición.

Después de haber castigao
quemando en forma severa
el sol dio la vuelta entera
y allá abajo se ha tumbao.
Sus rayos han aflojao
y ante sus fuerzas escasas
librao de sus amenazas
voy a marchar con la fresca,
pa que así cuando amanezca
me halle cerca de las casas.
Allí cerca, a la madrina
diez rosillos la rodean;
diez pingos que se florean
si les toca una fajina.
Una que otra cina-cina
le hacen marco a lo visual,
y el reseco pastizal
al mirarlo así aparenta
una alfombra amarillenta
que nace atrás del corral.
Ya queriendo anochecer
casi estando entre dos luces
desde el puesto "Los Ombuses"
la vuelta voy a emprender.
Salí al tranquito y al ver,
del sol muy escasos brillos,
entre el canto de los grillos
vi echando atrás a mirada,
que seguían a la gatiada
los otros nueve rosillos.
En un silencio absoluto
que ni se siente avanzar,
la noche, al poquito andar
se está vistiendo de luto.
La distancia le discuto
a la güeya con prudencia,
porque yo tengo querencia
y estoy ansiando el regreso
impaciente como el preso
que está esperando sentencia.
El montado, de improviso,
una espantada me intenta
al ver blanquiar la osamenta
de un animal yeguarizo.
Alzo la vista y diviso
todito el cielo estrellao,
y hasta se me ha figurao
viendo allá arriba la cruz
que estoy mirando al trasluz
un poncho todo augeriao.
Corría un vientito de frente
medio fresco y además,
arreaba pa el lao de atrás
la polvadera caliente.
Al tranco y pausadamente,
de mi voluntad muy dueño
sigo el rumbo con empeño
y a los amagos primeros
entre el cencerro y los teros
me van ahuyentando el sueño.
Me doy cuenta al ir marchando
aunque parezca mentira
que una lechuza me mira
y un chajá me está sobrando.
Más allá como añorando,
está un viejazo esquinero
donde hizo nido un hornero
y al verlo tan tieso y mudo
parece un negro desnudo
que está parao sin sombrero.
Paré pa mudar caballo
en la inmensa soledad,
calculando la mitad
si en la distancia no fallo.
Pa que sepan les detallo
todo el cuidado que tomo,
y con precaución y aplomo
al soltarlo a mi rosillo
con el revés del cuchillo
le di vuelta el pelo al lomo.
Ni un alma se me ha cruzao
mientras voy pa mi destino
porque en la noche, el camino
es muy poco transitao.
Pa hacer las penas a un lao
que me atropellan de intento
le doy vuelo al pensamiento
y un estilo en la ocasión
es freno pa el corazón
y manea pa el sentimiento.
Ya en el rancho este paisano
está al cimarrón prendido,
y el día se ha sorprendido
por que le he ganao de mano.
El sol ilumina el llano
y en la campera extensión
cada rancho es un mojón,
monumentos los baguales,
y las güeyas y corrales
un altar de tradición.
Romance del llamado

"El Señor me llamó mientras yo iba por detrás del ganado.
Y me dijo el Señor: Ve y profetiza a mi pueblo" (Amós, 7,15)
..............................................................
Señor que te acompañaste
con hombres rudos de pescas
y eternizaste caminos
en campos de Galilea,
un hijo de tierras criollas,
porque es tuyo, se te acerca.
Las chacras de Gualeyán
también sintieron tus huellas.
En una tarde de abril
yo deschalé en tu presencia.
Sentí pasar algo enorme
por entre las chalas trémulas
y en una espiga vi abrirse
mi porvenir: alma, Iglesia.
-"¡Sígueme!" Lo dejé todo
crucificado en tu idea.
Me llevé sólo el milagro
de tu súbita presencia.
El mismo que ayer araba,
hoy te desangra un poema...
Hasta el cardo da una flor,
que es la oración de mi tierra.
Estas manos campesinas
que alzarán la blanca ofrenda
tienen callos de guadañas,
tienen unción de manceras,
tienen rasguños de talas,
tienen viento, tienen selva.
Por eso tienden al Cielo:
ya están cansadas de tierra.
Aquella frente mendiga,
que siempre pescaba estrellas
en los ríos de la noche
hoy es una enredadera
que en el tronco del pasado
pone un tajo de flor nueva.
Aquél diálogo sublime
del charco y la luna llena.
El niño que hablaba a Dios,
sin palabras en la lengua,
con terrones por preguntas
y con flores por respuestas.
Mañanas, pájaros, nubes:
un horizonte, una huella.
Yo era un eco de esa vida
y un diapasón de mi tierra.
Un sacerdote de todas
las distancias y presencias.
Dios bajaba un sol al mundo.
Yo le subía una idea:
compraba su Eternidad
con un canje de monedas.
Aquellos días de niño
parece que hoy renacieran
y me aromaran el alma
de carcajadas traviesas
que eran criollez de espinillos
y eran candor de azucenas.
Vienen a desenredarme
del ñapindá de tristezas,
como yo hice tantas veces
con descarriadas ovejas.
(El recuerdo es un pastor
que, al fin, siempre nos encuentra).
Señor de ayer y de siempre,
mi pasado se te acerca
para decirte: el futuro
¿será temblor de manceras?
¿será carpida de surcos?,
será pastoreo de ovejas?,
¿será buscarte en el sol?,
¿será encontrarte en la melga?
Señor: no pido un milagro;
pero lo hiciste en la Cena.
Transubstancia mi pasado
en redención de mi tierra.
Señor que salvaste al mundo
con hombres rudos de pescas.
(Gualeguaychú, en el cincuentenario de mi llamado al Sacerdocio: 11 de abril de 1931).
miércoles, 3 de noviembre de 2010
El bien perdido
Yo me he criado a puro campo
rancho, rebaño, maizal,
con noches de historias viejas
y mañanas de cristal.
Bajo un cielo de gaviotas
vi a mi padre trabajar,
no se si sembraba coplas
por el modo de cantar.
Un día yo vi un camino
y me puse a caminar
y anduve, anduve y anduve
mezclando dicha y pesar.
Despues de muchos trabajos
a un mundo fui a parar
un mundo de extraño nombre
se llamaba soledad.
¿Angustias, ingratitudes?
¡No me podrán lastimar
mientras viva en ese mundo
que se llama soledad.
Solo podría cambiarlo
pero es imposible ya,
por una noche de cuentos
y una aurora de cristal.
Solo podria cambiarlo
pero es imposible ya.
Ni mi madre está en el patio
ni mi padre en el maizal.
rancho, rebaño, maizal,
con noches de historias viejas
y mañanas de cristal.
Bajo un cielo de gaviotas
vi a mi padre trabajar,
no se si sembraba coplas
por el modo de cantar.
Un día yo vi un camino
y me puse a caminar
y anduve, anduve y anduve
mezclando dicha y pesar.
Despues de muchos trabajos
a un mundo fui a parar
un mundo de extraño nombre
se llamaba soledad.
¿Angustias, ingratitudes?
¡No me podrán lastimar
mientras viva en ese mundo
que se llama soledad.
Solo podría cambiarlo
pero es imposible ya,
por una noche de cuentos
y una aurora de cristal.
Solo podria cambiarlo
pero es imposible ya.
Ni mi madre está en el patio
ni mi padre en el maizal.
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