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miércoles, 12 de enero de 2011

El desganao

(Foto: Susana Mulé)

"Para los viejos criollos de los brazos caídos como en gesto de inercia, ñandubaires mordidos por el hacha del tiempo".
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Sobre mis tristes rastrojos
ardió en gavillas la creencia
y el humo de la experiencia
ha sangrao mis pobres ojos.
Espinas, cardos y abrojos
me hicieron repecho el llano
y aura ¡que diantre! es en vano
soñar con el tiempo mozo.
Si me he güelto fastidioso
de tanto emparvar desgano.

Hoy taloneo el "lunanco"
de una ilusión ya cansina
que es como espueliar mi ruina
pa hacerla cambiar de tranco.
"Silleta", "espiao", medio manco
mi malacara "orejano"
va a morir en un pantano
como su dueño "achacoso"
y como yo, fastidioso
de tanto emparvar desgano.

En aura cualquier "sancocho"
me "tumba" como a indefenso
y pa pior si un lazo trienzo
lo revienta cualquier mocho,
di ante lo trenzaba de ocho
desviando con mi mano
el tiento suave y liviano
igual que un beso amoroso
pero hoy vivo fastidioso
de tanto emparvar desgano.

Yo juí pa versiar sin fin
que me le empaqué al mejor
y baquiano pal amor
como ciego pal violín.
Enamorao del confín
de los trillos como hermano
dicen que mas que baquiano
en el basto pegajoso
pero hoy vivo fastidioso
de tanto emparvar desgano.

La guitarra en el horcón
como candil sin pabilo
sin que le preñe un estilo
el vientre del diapasón;
caído terrón a terrón
aquél rancho campechano
que alcé más allá del llano
soñando vivir dichoso
donde hoy muero fastidioso
de tanto emparvar desgano.

Soñando glorias mi lanza
dormita sobre el "lomillo"
mellada como el cuchillo
donde chairé mi confianza.
Se me juyó la esperanza
como un sobeo de la mano,
pronto seré polvo vano
de un largo trillo escabroso
donde caiga fastidioso
de tanto emparvar desgano.

Rumbeando



Pialao por el sobeo de mi desgracia
y sobre el duro'e boca'e la tristeza
hecho tiras el poncho'e mi esperanza
me voy solo no más, rumbo a la ausencia...

El cristal del amor ya no retrata
los dos ojos tristones de mi dueña...
En corazón desierto nadie acampa
por no ser güen lugar pa hacer querencia!...

Del montoncito'e ranchos de mis pagos
en aquel más tumbao, casi tapera,
me puso Dios en una noche triste
entre todas sus noches, la más negra...

Y en el rancho aplastao por pampereadas,
- por pamperos de angustias y de penas -
brillaron los dos ojos de una gaucha
como dos soles de una vida nueva!

Pero dos soles que pa mi desgracia,
nubes de duda, soledad y miseria,
ahogaron el fulgor que ellos prestaban
en el rancho tumbao de mi nasencia!...

Y dende entonces la cachimba'e mi alma
mas que vacida, se ha quedao reseca...
Por eso sigo taloniando a gatas
el arizco matungo'e la existencia...

El fierro'e la traición que me desangra
que se hunde en mi dolor y me envenena
me cincha por el rumbo'e la desgracia,
que es pal que sufre, única querencia!

Mientras deshacen locas pampereadas
el rinconcito gaucho'e mi vivienda,
me voy charqueando el bruto del olvido,
y de un galope ya estaré en la ausencia!

Para una madre

(Pintura: Arancio)
A Doña Lorenza B. de Arellano
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Cuatreriando en el potrero donde invernaba sus sueños
a media rienda en el brioso potro de los desengaños,
pasó a ponchazos el tiempo con sus últimos anhelos,
y estaquió sus esperanzas en el cepo de los años.

Lleva un medio siglo largo de cansancio en sus espaldas
pesado rebozo negro tejido por el dolor,
y es un milagro de trigo pan de la mesa y el alma
Hostia mil veces bendita en el Altar del amor.

Porque por amor fue mártir ya que por amor fue madre,
y cayó crucificada en su misma abnegación,
sobre su frente agrietada quemó el sudor los laureles
y una hoguera de amargura le achicharró el corazón.

Sintió cuando fatigosa repechaba una lomada
silbarles las ñanduceras invisibles del dolor,
el carguero e' su esperanza se despeñó por los cerros
salvó en la caída sus penas, y algo perdió de su amor.

Y siguió su camino largo de escabrosa encrucijada,
un camino anochecido de olvido, de piedra y muerte
siempre en las ancas lunadas de un blanco potro de ensueño
que jué maniando el cansancio lejos del pago'e sus suerte.

Jué pa la sombra 'e sus hijos bichito'e luz siempre en el fuego
un candilcito con alas que por ellos parpadeó
se les clavó sobre el trillo como diciendo: "Este rumbo"
y jué lluvia de luceros que en sus almas madrugó.

Ya el esteral de su vida va doblando los Juncales
poco a poco sus mañanas irán mermando el calor
y en la noche de su pelo una garúa cenicienta
le va agrisando los flecos como a un poncho de dolor.

En sus noches renegridas no cuajaron las auroras
jué quemando sueño a sueño como grasa de candil
y se le ha "cribao" el alma con tanta y tantas heridas
que como flores de ceibo le están sangrando de a mil.

Aún se arrodilla en la tina comulga con el trabajo
y con el añil destiñe su ilusión crepuscular
cruzan el campo'e su mente la tropilla'e los recuerdos
y aunque el tropero es baquiano no terminan de llegar.

Sus manos, tibios aleros en el invierno del pobre
viejo y santo crucifijo, diez renglones de perdón
como dos panes muy blancos en el mantel de las almas
desmigajando ternuras si hay hambre en un corazón.

Pa' que no vuelvas


Viste mi pobre rancho, que triste, que encorvado?
se me ha quedao ansina, desde que vos no estás
mas juerte que el pampero jué el viento de tu olvido
por eso mesmo andate, no vuelvas nunca más!

Tu canto de calandria, emborrachó este alero,
quebrando los puntales que mantenían la paz
hoy están sus rincones mas tistes que mis penas
por eso mesmo andate, no vuelvas nunca más!

Andate! y si te dicen que ha surcado una lágrima
como daga filosa mi demacrada faz,
si merecen respeto las lágrimas del hombre
por ellas te lo pido, no vuelvas nunca más!

Si cruzas una noche, que el rancho ya sea tumba,
ande solo la muerte pudo imponer la paz;
te dirán los escombros que cubran mis despojos
el gaucho ya se ha muerto ¿pa qué? no vuelvas más.

Y seguirás entonces emborrachando aleros
turbando en cada rancho la dicha de la paz
pero sintiendo en tu alma hundirse como un fierro
mis últimas palabras, no vuelvas nunca más!

Si como yo, y el rancho cayeras algún día
y se trunca tu vuelo, ya por siempre jamás
al latir tus dos alas, Dios ha de darte aliento
pa que oigas que te dicen, no vuelvas nunca más!...

Desde mi rancho

(Pintura: Tito Saubidet)
Al gran escritor amigo Don Evaristo Barrios
Afectuosamente
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Sobre los charcos resecos
con "angurria" e'gurí chico
el sol va hundiendo el hocico
igual que "matungo" enteco
del pajonal en los flecos
"chaira" su acero el "mormazo"
la hacienda se mueve al paso
y el camino en su sosiego
de haberlo "untao" tanto el fuego
se ha "ramaliao" como un lazo.

Cruza en su "bichoco" el hijo
de la vecina puestera
a vender en las carreras
el fruto del amasijo
bien gauchito, bien prolijo
limpia pobreza de adorno
lo va pasmando el "bochorno"
pero se dice con calma
mama se quema hasta el alma
por nosotros en el "horno".

Más allá en la carretera
- como una visión de asombro -
su trágica bolsa al hombro
lleva el doliente linyera
va a hundir su vieja "cansera"
el vagabundo mendigo
en las "raices" de un amigo
el ombú guarecedor
que es el único señor
que a nadie niega su abrigo.

Por la giba de una sierra
muy lentamente repecha
"buchona" con la cosecha
de productos de la tierra,
una carreta que encierra
en su historial de fatigas
el oro de las espigas,
poema que sudó la frente,
y el legendario y doliente
Éxodo del viejo Artigas.

La tarde junta sus "garras"
recoje el sol su "sobeo"
han "raliao" los bordoneos
agudos de las chicharras.
Un cielo color pizarra
roza las sierras puntudas
que adustas y siempre mudas
con esbeltez majestuosa
son como hembras orgullosas
de sus turgencias desnudas.

El puñal del horizonte
degüella unas nubes "zainas"
que mal heridas se envainan
en la espesura del monte
todo el "cuicaje" en apronte
se agazapa en la maraña
pero la "cuadrilla" huraña
"tumba" el alambre de acero
y salva con los "cargueros"
hasta el olor de la "caña".

Del campo arisco en el lomo
silba su "ronda" un tropero
y el clarín de un teru-tero
parte el silencio de plomo
la noche trae el "aromo"
de la flor del "espinillo"
serrucha sombras un grillo
y el aire da la impresión
que hay cerca la quemazón
de un gran "horno" de ladrillo.

Silencio. La soledad
abre sus alas inmensas
la noche estira su trenza
en toda la inmensidad,
duerme el viento en la heredad
apenas leve rumor
que parece el estertor
de algún ave agonizante,
cruza en la trova distante
del nativo payador.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Huellas


¡Cuánta ausencia que ronda por mis noches,
y ésta pena que agrisa la distancia!...
Sólo tengo de amante compañera
la infinita ternura de sus cartas
y estos versos que fluyen con tristeza
empañando la voz en mi guitarra.

¡Cómo envidio a las aves que atraviesan
los mares, los esteros, las montañas!...
Partir en la agonía silenciosa
sentir que la ilusión pliega sus alas;
eso es la soledad, invierno adusto
que asesina las rosas en el alma.

Quién pudiera volver para quedarse
a vivir o a morir pero en la rama!,
del árbol que plantó nuestra ternura
y a nuestra propia sangre dió su sabia,
¡No hay más grande caudal sobre la tierra
que un corazón que sufre porque ama! (Daniel Reguera)
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Me voy muriendo de a poco
como un fogón en la pampa,
las penas me abrieron huellas
que nunca pude cerrarlas.

Algunas lluvias vinieron
como queriendo borrarlas,
pero la herida de adentro
quedó siempre como estaba.

Me moriré sin que sepa
que fue la dueña de mi alma,
nunca me dieron un beso
como los que ella me daba.

¡Que me perdone la vida
si canto cosas amargas! (Carlos Molina)