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lunes, 3 de mayo de 2010

Pa cuando ensille el oscuro

(Foto: Eduardo Amorim)
No quisiera que mi muerte
le quite al cielo una flor,
por más que sientan dolor,
no dejen un tallo inherte.
Ni tampoco recen fuerte
al pie de mi sepultura,
ni miren pa las alturas
si vi'á quedar en la greda
y un poeta como pueda
me despida junto a un cura.

No se pongan a llorar
cuando se apague mi llama,
si un cantor con su proclama
quiera mi muerte anunciar.
No lo vayan a acallar,
dejen que su voz surera,
abrazao a su madera
me nombre por lo que he sido:
verseador empedernido
de las costumbre camperas.

No quisiera que mis huesos
descansen en un panteón,
prefiero la quemasón;
no me dejen muerto y preso.
Ni pongan santos de yeso,
cruces de caro metal;
no quiero más pedestal
que en un tala o coronillo:
quede grabado a cuchillo
por el canto nacional.

No dejen que algún caudillo
de visagra en las rodillas,
me arree pa su tropilla
con la marca'e los yugiyos.
Porque no me gusta el brillo
del cencerro manoseao,
y menos si le han maneao
a su badajo campero;
si he gritao como los teros
pa defender mi bañao.

Si por ahi los adulones
buscan sacar su tajada,
mezclándome en sus majadas;
sáquenmén de los tirones.
No dejen que sus bellones
con las cascarreas me enrieden,
recuérdenmen si prefieren
aguantando el cimbronazo,
hasta que se corte el lazo
y en la gramilla me quede.

Y cuando ensille el oscuro
sólo entrará en la maleta
mis utopías de poeta,
¡paisanos les aseguro!
Y al tranquito sin apuro,
sin dejar mayor herencia
empotrao con la conciencia
y la honradez por delante:
marcharé lo más campante
al potrero de la ausencia.

lunes, 26 de abril de 2010

Y murió allá en "La Blanqueada".

Papel y lápiz en la mano,
el dueño de "La Blanqueada",
estancia criolla y mentada
allá en el norte pampeano.
Están roedaos los paisanos
del escritorio a la par,
es el día de arreglar
y al mediar de la mañana,
cuando suene la campana
será la orden de cobrar.

Pasó Segundo Torrilla
que está en el puesto'e la loma,
y como es hombre que doma
cobró el mes y la tropilla.
Después pasó Juan Mansilla,
un mensual acreditao
y el hijo de Justo Aldao
salió al tranco rezongando,
pasó adentro pensando
que este mes no le alcanzaba.

De uno a uno la peonada
fueron cobrando tranquilos,
pero el hijo de Cirilo
¡claro! al último quedaba.
Primera vez que cobraba,
entuavía es muy pichón,
entró con educación,
habló con gran sencillez:
-"Antes que me arregle el mes,
quiero que escuche, patrón"...

"Quiero comprarle el overo
que domó Fermín Videla,
el que me llevó a la escuela
casi seis años enteros.
su capataz Juan Cisneros,
hombre campero y derecho;
al verlo viejo, maltrecho
le abrió grande la tranquera
y lo largó campo ajuera
pal lote de los deshechos"...

"Le pedí una explicación,
quizás cosa de muchacho,
me dijo: -"lo mando al tacho
porque está viejo y panzón".
Tal vez él tenga razón,
es conocedor campero,
pero yo quiero el overo
ya que me marcó el camino;
no es justo que a ese Argentino
se lo coma el extranjero"...

"Yo lo miré entristecido,
salió al tranco, manqueando,
pa mis adentros pensando
lo noble que él había sido.
¡Cuántas leguas ha recorrido
sin mesquinarle distancias!
Mostró fuerza, mostró ansia
es por eso, patrón, quiero:
de que me venda el overo
para que muera en la estancia".

-"Cobre el mes... ¡vaya tranquilo!,
ya me ha hecho temblar la pera
no piensa de otra manera,
un hijo de Juan Cirilo.
Aunque mi vida en un hilo,
quizás esté sujetada,
doy mi palabra empeñada
a quien ha sido campero
y de viejo el pingo overo
¡se morirá en "La Blanqueada!".

jueves, 15 de abril de 2010

Las reliquias de la estancia


Algo les quiero contar
pasó entre el patrón y el peón
y en bien de la tradición
yo lo quise rescatar.
Tamaño gesto ejemplar
hace unos año que fue,
muy comentado despúes,
y eso me pone feliz
fue allá en la estancia "San Luís"
pagos de Santos Unzue.


Por el peón voy a empezar,
su nombre Segundo Auza,
el que sin prisa y sin pausa
jamás pensó en aflojar.
Una conducta ejemplar,
hombre de gran condición
de machaza educación;
el que luchó desde abajo,
cuarenta años de trabajo
al servicio de un patrón.

El patrón, un gran señor
muy correcto, muy amable
y una conducta intachable
llamado Eduardo Lalor
Pero el tiempo es andador.
y no detiene su vuelo
y él no puede hallar consuelo,
le quedó un dolor profundo,
cuando su peón don Segundo
se fue a los campos del cielo.

Al otro día temprano
cuando juntó la cuadrilla
le sobraba una tropilla
y le faltaba un paisano.
Ahí está el gesto soberano
que muestra un patrón campero:
llamó a su mensual puntero
y le ordeno de soslayo
-"¡Vaya, vaya ... y suelte esos caballos
en el fondo del potrero".

"Y cuando venga el tachero
que ni los mire siquiera,
de esa tropilla campera
no comerá el extranjero.
Que anden sueltos en el potrero,
de atenderlos ponga empeño,
yo quiero cumplir mi sueño
y acá esta orden le estampo:
que se mueran en el campo
como se murió su dueño".

Y en los días de recuento
de yeguas , vacas y ovejas
jamás se escuchó una queja,
ni se buzcó un argumento;
se anotaba en el momento
a un costau de la planilla,
con letra clara y sencilla,
que en premio a tanta constancia
son reliquias de la estancia
los nueve de la tropilla .

lunes, 12 de abril de 2010

El orgullo de un puestero (Foto: Eduardo Amorim)


Nicasio Hernández, puestero,
que está en la estancia "El Badajo";
el que luchó desde abajo
por ser honesto y sincero,
reconocido campero
para el lazo como mandado,
una noticia le han dado
que le ha hecho pensar distinto;
su hijo mayor: el Jacinto,
quiere estudiar de abogado.

¡La pucha, qué sacudón!
¡Virgen Santa, quién diría,
recibió tanta alegría
que se llenó de emoción.
Sintió su orgullo tocar:
¡Cómo no lo voy a ayudar
aunque la carrera es larga!
yo he de llevar esa carga
pero mi hijo va a estudiar!

Rosaura su compañera,
que muy atenta lo escucha,
también se une a la lucha
surce y teje para afuera,
como es buena cocinera
prepara almuerzo y merienda;
y pa que Jacinto entienda
que hay que cuidar los gastos,
hoy le ha llenao un canasto
pa mandarle una encomienda.

Los años fueron pasando
cumpliendo su itinerario,
Jacinto universitario,
en La Plata está estudiando.
Los ahorros fue gastando
en lápiz, libros, planillas,
comida, pensión, cartilla
y el padre va a negociar:
el recao de dominguear,
la madrina y la tropilla.

El recao de dominguear
se lo vendió al mayordomo;
está en la estancia "El Palomo"
y le gusta desfilar.
Pero no le va aflojar,
es pa el trabajo constante;
mientras piensa a cada instante,
mientras masetea algún cuero;
¡qué orgullo pa un puestero
tener un hijo estudiante!

Uno a uno los tostao,
de a poco los fue negociando,
algunos los fue cambiando
por tacho y los ha cargao,
el cencerro está callao
y ya no suena para nada,
su música está callada
y no sale a alegrar distancias,
porque le vendió a la estancia
la yegua pa la manada.

Quedó pa la fotografía
los tostaos y la azuleja,
y en la foto se refleja
lo que pasó en esos días.
Pero hay machaza alegría
porque en el puesto han colgao
un diploma que ha llegado
escrito con letras grandes:
que dice: Jacinto Hernández
se recibió de abogado.

martes, 6 de octubre de 2009

Bolaceando


Era una noche lluviosa
el mate invita a reunion,
alrededor del fogón
se hablaba de muchas cosas.
Fue allá en la estancia "Las Rosas",
tres viejitos conversando;
mil sucedidos contando
y el perro muy aburrido,
se había quedado dormido
de escucharlos ¿bolaceando!.

Uno hablaba de pialadas,
era un tal Braulio Contreras,
-"de cien yeguas, puert'ajuera
dejó treinta desnucadas"...
Y el viejo Ciriaco Almada
de diminuta figura,
a todos les asegura:
que él era muy atrevido,
"pialaba con un torcido
prendido de la cintura".

Y Don Gómez ha contao
que pegó tantas rodadas,
y de echar tantas paradas
tiene los pies machucaos.
En un alazán pesao
dice que el domingo espera
pa entrenarse a su manera
en esas lindas jornadas,
¡sale a practicar rodadas
corriendo entre vizcacheras!

Y cuenta que un desbocao
lo tuvo cerca del hoyo,
iba derecho al arroyo
y un palo le había pegao;
dice que salió parao
pero que no le fue bien,
era tan ligero el tren
de carrera aquél criollo,
pa' no caerse al arroyo
se pegó un palo él también.

El encargao escuchó
y al otro día bien temprano,
junto con otros paisanos
varias yeguas encerró.
Al "parador" lo invitó,
junto con los pialadores,
querían rendirle honores
si es que algo demostraban;
y de paso recordaban
aquellos tiempos mejores.

Don Gómez entró a apartar
una yegua en el corral,
pero ahí nomás le fue mal,
algo le empezó a fallar.
Le comenzó a tropezar
una baya medio zorra,
llena de abrojo y de porra
la echó en una atropellada;
no va y pegó una rodada
y lo apretó hasta la gorra.

Armó don Braulio Contreras
con una preciosa armada,
y una tordilla pesada
se le acercó en la tranquera,
el viejo tranquilo espera
y la armada se enarbola;
con una tortita sola
me lo agarró medio flojo;
casi le sacó los ojos
con la cerda de la cola.

Le tocó a Ciriaco Almada,
ese la corría en fija;
se ató el lazo a la verija
y comenzó a hacer la armada;
salió una yegua tostada
se lo volcó a lo campero,
el tiro no fue certero,
una pata fue a enganchar;
y lo fueron a buscar
casi al fondo del potrero.

Una semana internados,
los tres viejos estuvieron;
cuando a la estancia volvieron,
comentaban lo pasado;
y ninguna se ha achicado
se los suele ver matiando;
tantas historias contando
de cuentos y sucedidos
el perro sigue dormido
y los viejos: ¡bolaceando!

Pa'l tacho


¿Pa' donde miraba Dios
cuando vendiste el caballo!
¡Malhaya! te parta un rayo,
¡qué agradecido que sos!
Mirá si sufrió por vos,
¡claro, ya no te acordás!
Pero muy bien que contás
la plata que el tacho deja,
y el matungo ni se queja
de lo mal que le pagás.

Y es claro, se puso viejo,
ya no sirve para nada,
su vida sacrificada
no alcanza pa su pellejo,
si hasta me indigna, ¡canejo!
ni un chiquito e sentimiento,
a él que con lluvia y viento
salvó a tu gurisa enferma;
¡cómo puede ser que duermas
sin sentir remordimiento!

Pa'l tacho lo liquidaste,
adios nocherito fiel,
con la firma en un papel
sus huesos le negociaste.
Y qué pronto te olvidaste
de un favor que no se olvida;
ni lamentás la partida
de ese viaje sin regreso,
y yo sin tener un peso
pa negociarte la vida.

Cuántas veces yo cruzaba
por el boliche seguido
y el pobre pingo aburrido
dormitando te esperaba.
Cada hora se sumaba
todo el día al sol atao,
ni agua le abrás llevao
en esa cruel penitencia
y te llevó a la querencia
de madrugada, mamao.

Ni lo hubiera imaginao,
si me lo cuentan: no creo!
pero por desgracia veo
cambió de lomo el recao,
que pa donde va el finao
seguro no lo va a usar;
no me quiero ni acordar
lo vi crecer de potrillo
si hasta me tantié el cuchillo
pero no soy de pelear.

"Que jué por necesidad,
que hacés lo que vos querés",
Mirá desde hoy no me hablés
y guardate tu amistad.
que pa decir la verdad
nada vale y no lo cayo,
que ya ni palabras hallo
pa la gente como vos.
¿Pa' dónde,... pá donde miraba Dios
cuando vendiste el caballo!

Mientras pueda


¡Cómo no voy a cantar
mientras tenga un par de cuerdas
pa' rumbear una milonga
en esta guitarra vieja!
Para hacer frente a la vida
que mientras pasa surera,
nos va quitando de a poco
lo poquito que nos queda;
yo voy quedando sin voz
y mi guitarra sin cuerdas.

De noche suelo cantar
cuando vuelvo a la querencia
y ya es amiga mi voz
del camino y las estrellas...
Al tranco manso nomás,
cuando repecho la huella,
como quien va descuidado
repitiendo cosas viejas;
le dejo al viento mis coplas
y el viento juega con ellas.

Desde muchacho canté
mis ilusiones primeras
apuntalando esperanzas
que quedaron en espera.
Desde entonces vi rodar
montones de luna llena,
y a poco fueron meguando
como la vida se mengua;
¡cómo se apoca mi voz,
cómo se gastan las cuerdas...!

Y cuando no tenga voz
en mi gargante reseca,
y apenas con ademanes
pueda expresar mis ideas;
cuando la vida me avise
que la muerte se me acerca,
será mi postrer adios
andar por la vieja senda;
golpeándo una caja muda
de una guitarra sin cuerdas.