Mostrando entradas con la etiqueta Enrique García Satur. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Enrique García Satur. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Mi viejo


Sueño y mi mente despierta
al conjuro del recuerdo,
y se dibuja en el tiempo
la recia estampa del viejo.

Erguido como una roca,
centinela en el silencio,
oteando el mañana umbroso
sobre la carpa del cielo.

Poniéndole el pecho al mundo,
al sol, al agua y al viento;
y a la maldad que se esconde
a la vuelta del sendero.

Envuelto en la manta pampa,
tejida a cariño y besos,
se hiergue como un titán
la figura de mi viejo.

¡Mi viejo! creyendo
que me engañaba
ponía muy seria la cara
pa hacerme una represión.

¡Mi viejo! que cuando
algo le pedía
daba un portazo y salía
por no decirme que no.

¡Mi viejo! el cuco
con que mi mama
me asustaba
pa que obedeciera yo.

¡Mi viejo! ese viejo
querido que cuando
me dio un chirlo
le dolió en el corazón.

La vieja siempre es la vieja!
No la olvido y la mantengo
en el altar de mi pecho
y en todos mis pensamientos.

Pero es criminal olvido
dejar que transcurra el tiempo,
sin que se eleve una voz
en homenaje sincero.

¡Por eso hoy quiero cantarle
con toda la voz que tengo,
a ese, mi primer amigo;
ese amigo señero,

que me dio todo su nombre
y me enjoyó con su ejemplo
porque al cantarle a mi padre
le canto a todos los viejos!

miércoles, 21 de octubre de 2009

Cumplió la condena



- ¡Contreras Venancio!
- ¡Presente!
- Ya es libre, Contreras,
por buena conducta
cumplió la condena.
De nuevo a la vida,
a la vida buena.
Tan sólo recuerde
que pasó diez años
metido entre rejas
por matar a un hombre
con causa o sin ella,
cuando en el camino
de su nueva vida
quiera su cuchillo
vengar otra ofensa.
¡Que la ley es hombre
y el hombre condena!
- ¡Lo tendré presente, señor,
hasta el día que muera!

-Ahí tiene caballo,
elija la güeya.
- Yo elijo esa:
la que lleva al rancho
de mi pobre vieja.
¡Mi cabayo crioyo;
no descansaremos
hasta dar con ella!
- Dele algún resuello;
son muchas las leguas.
- Y más son mis ansias
que tengo por verla.

El cabayo criollo
estiró el pescuezo,
paró las orejas
y antes de un "adios"
se perdió en la "güeya".
Y a fuerza de patas y manos
arañando tierra;
el caballo criollo
va tarjeando leguas.
Ya pasó la tarde;
ya la noche llega,
y el caballo criollo
baja las orejas.

- No se entriegue, amigo,
le dice Contreras.
Ya nos falta menos,
ya estamos más cerca.
Más dispués descansa;
le juro, por eya.
Comprienda mi amigo,
diez años sin verla.
Diez años sin besos
sin oirla siquiera;
sin sentir sus manos
sobre mi cabeza.

Diez años que escarba
en mi pecho la pena,
el ansia juriosa
de estar junto a eya
tirao a sus pies,
p'a decirle: "Mama";
aunque mil me ofiendan,
yo seré el más maula
que pisé la tierra.
¡Si habré sido maula
que m'olvidé de ella!

Y pasa la noche
y con la alborada
se van las estrellas.
- ¡Ahí está mi rancho!-
exclamó Contreras.
Levanta los brazos,
afloja las riendas;
y hechos un ovillo
ruedan por la tierra.
- ¿S'hecho daño, amigo?-
pregunta Contreras;
y con un ronquido
responde la bestia.
Descanse mi amigo,
que yo voy a verla.
El caballo criollo
se quedó en la güeya
"pa que los caranchos
tuvieran de fiesta".

- ¡Mama, aquí está su hijo!
Aquí estoy de güelta;
pa estarme pa siempre
junto a su poyera.
¿Ande está mi mama?
¿Porqué no contesta?
¿Porqué los cardales
cerraron la puerta
y se hicieron quincha
con la madreselva?

¿Por qué no hay un perro
que ladre o que muerda,
como está mordiendo
aquí en mi cabeza
un grito que dice
que no podré verla.
¡Que se jué pa siempre;
que murió de pena!
Mi santa viejita;
tan solo quisiera,
a juerza de uña,
buscarte en la tierra.

Si ley es hombre
y el hombre condena;
yo pregunto áhura:
por matarla a eya
qu'era lo más noble
que había en la tierra;
mi Santo Dios güeno,
¡a qué me condenas!

jueves, 15 de octubre de 2009

La guitarra gaucha


Dulce como la mujer,
como la mujer formada,
canta por la boca amores,
gime por la boca su alma.

En su telar de seis hilos
teje cantos de alborada,
cuando los bronces guerreros
cesan en sus clarinadas.

Llegó a esta tierra fecunda
portadora de esperanzas,
se hizo nido de zorzales,
de jilgueros y calandrias
y por su boca redonda
comenzó a cantar mi raza.

Cantó primero la angustia
de sentirse esclavizada;
con voz suave como un rezo.

Más tarde con su voz airada,
gritó al mundo su protesta
entre acordes y moharras.

Una mañana de Mayo,
hablaron criollas guitarras
junto al corazón del pueblo,
y sólo dijeron: "Patria".
"Patria", respondió el pampero;
el "zonda" repitió "Patria"
y en la cima de los Andes
el cóndor batió sus alas.

El nuevo mundo al conjuro
del alma de mil guitarras,
escribió con letras de oro
en su historia, estas palabras:
"Libertad, para los pueblos
que han sabido conquistarla".

Volvió la guitarra al llano
atesorando en su caja
"marineras" y "corridos",
"bailecitos" y "vidalas".

Cruzó la Pampa con Vega
hasta la inmortal payada,
cantando sus aventuras
en pulperías y estancias.

Se hizo astillas en "gayeras"
parando una puñalada,
y se perfumó de amor
mil veces en las ventanas.

Alternó con las "manceras"
en manos rudas y ásperas,
y en los días de festejo
balbuceó la canción "patria".

¡Por eso que donde quiera
que se encuentre una guitarra
está diciendo "PRESENTE"
al mundo entero mi raza!

lunes, 4 de mayo de 2009

Gurisa



Que como "jue" eso, que siendo ya viejo,
y cuasi hocicando p’al campo sagrao;
dijunteara a un hombre en mi rancho mesmo;
y, ¿tranquilamente, me haya presentao?

Ustedes no saben. En mi rancho criollo,
como una reliquia guardaba una flor.
Última pitada que ya cuasi añoso
este viejo gaucho le encajó al amor.

Mi linda gurisa, era mi alegria;
por ella vivía, por ella luché.
Por ella mil veces he pasao por maula;
pa’que no llorara, mil rabias tragué.

Pero ayer de tarde se murió en mis brazos,
haciendo pedazos a mi corazón.
Perdóneme Tata, he dado un mal paso;
me dijo en un beso que me enloqueció.

Sabiendo quien era, jui en busca del maula;
un gaucho orejano ‘n’el pago mentao.
A lonjazos limpios lo traje a las casas;
frente a mí gurisa mi honor he vengao.

Aura qué me importa lo que ustedes piensen;
si pa’mí en la vida tuito s’acabó.
No anden con chiquitas, que sea la condena,
si fuera posible; a muerte, señor.

Mala estrella



Al pie de una cruz de palo
donde no hay ni una flor seca,
se han arrodiyao dos criollos:
se persignan y se alejan
tomando distinto rumbo...

Hasta que la polvareda,
que se levantó a mirarlos,
al no verlos más...se acuesta.
A según cuenta el que sabe,
bajo esa cruz de madera
está enterrada la causa
que los junta y los aleja.

Ella jué una linda moza
de ojazos y trenzas negras;
de cuerpo pa dir con guía
y no perderse en sus sierras
y no enredarse en sus brazos
qu'eran misturao con yedra
y no besarla en la boca;
qu'era firmar la sentencia.

Ellos; dos criollos, hermanos;
sin más amor que la vieja
que los créiba dos gurises;
y ellos: siempre a complacerla,
a quién le daba más mimos
o a quién sabía más quererla.

Pero apareció Mandinga
de ojazos y trenzas negras
y pialó a los dos hermanos.

Ellos, dejaron la vieja
abriéndola campo al odio
y estaquiando a la concencia.
Ella jugó con los dos.
Hasta que llegó una güelta
que los dos se dispusieron
perder la vida por ella.

Y llegaron junto al rancho
alocaos, a toda rienda;
y dispuestos a matarse
echaron los dos pie a tierra.

-"¡Por sus ojos!..." dijo uno
y su facón fue una flecha;
y el otro parando el golpe
gritó:-"¡Por sus trenzas negras!"
Mas hay algo tan extraño
en tan extraña contienda...

Los cuchillos sin buscarse
en cada amago se encuentran.
¡Es serenata de muerte
qu'están cantando por ella!
Y ella responde al llamao.

En cuanto asoma a la puerta,
un grito; rueda en los campos
que repercute en las sierras.
Es un grito de dolor;
un grito de madre y hembra.

Un grito desesperao
de mujer que se despierta
cuando ya, su cuerpo es vaina
de dos cuchillos, que ella
hizo poner frente a frente
tal vez por su mala estrella.

Y al cumplirse cada año;
bajo esa cruz de madera
se arrodillan dos paisanos,
se persignan y se alejan
tomando distinto rumbo.

Hasta que la polvareda
que se levantó a mirarlos,
al no verlos más, se acuesta.

domingo, 3 de mayo de 2009

Miranda


Dentraba el domingo en lunes
entre duraznos y caña;
y estaba la pulpería,
con tanta gente "achicada".
Unos jugaban al truco,
en un rincón se tallaba,
el bolichero servía
mientras la dueña cobraba.
Y un mamao buscaba pilchas
para tenderse una cama.

En la puerta del boliche
una viejita clamaba:
-"¡No beba más mi muchacho!"
-"Vaya tranquila mi mama,
que yo hace tiempo que solo
me sujeto las bombachas...".
Y volviéndose al boliche,
gritó: -"¡Pulpero, otra caña!
A la salud de mi vieja
y por el finao Miranda,
que ya se quedó sin moza
en el baile de los talas".

-"No se apure a brindar solo
amigo, ¡pida otra caña!"
Gritó un jinete en el patio
que traiba una china en ancas.
Jusilao por los mirones
dentró al boliche Miranda.
-"¡Vengo, porque yo sabía
que aquí alguien me esperaba
para pedirme perdón,
a causa de una judiada!".

-"A usted le hablo, mocito;
deje pa luego esa caña".
Y de un revés hizo polvo
el vaso contra las chapas!
Hacen cancha los mirones.
Dos fierros dejan su vaina.
Al mamao le sobran pilchas,
y una flor queda orejada.

Los dos buscan en el candil
les de la luz en la espalda
y defienden fierro a fierro
por tener esa ventaja.
Se hacen arco en un esquive,
en un hachazo se agrandan,
es puñalada que tiran
y es puñalada que atajan.
Y el chocar de los cuchillos
un fin trágico presagian.
Ahí cái un sombrero al suelo
con un barbijo en el ala.

¡Miranda sangra en la frente,
el otro en el pecho sangra!
Y mientras pierde terreno,
Miranda saca ventaja;
y ha enfilado su cuchillo
con la furia de la rabia.

¡Un grito llena la noche
que deja la sangre helada!
Es el dolor de una madre
que pide pa su hijo, gracia.

Miranda detuvo el brazo.
Pero no pudo la anciana
detener el de su hijo
que en traidora puñalada
dejó tendido en el suelo,
a quien ya lo perdonara.

Y limpiando su cuchillo,
gritó: -"¡Pulpero, otra caña!
¡A ver si hay alguien capaz
que me prive de tomarla!"

¡Y se la bebió de un trago
mientras la madre...rezaba!