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miércoles, 22 de septiembre de 2010

Chaco


Chaco!...Provincia pujante
en la vida de la Patria,
tierra que antaño fuera
rugir de tigres y hachas,

de gente que por poblar
morían a punta de lanza,
porque el malón no perdona,
su defensa es la matanza.

Tierra de selvas tupidas
y también de extensas pampas,
de chacras entre los montes,
de mucho tiempo sin agua,

de cañadas y de esteros,
de bichos de toda laya,
de las mangas de langostas
matadoras de esperanzas.

Tierra de surcos rebeldes
que a veces no devolvían
lo que el hombre les prestaba;
de obrajes con jornaleros

que vuelcan su alma en el hacha,
sus vidas son de los montes,
de las miserias y farras.

Pero al telón de ese Chaco
el tiempo lo va cerrando
y donde el tigre rugía
hoy hay tractores arando.

Se acabaron los malones,
las tribus se han vuelto mansas
y están chuseando la tierra
con rejas en vez de lanzas.

Ramillete de indios fuertes
de melancólicas razas,
son también hijos del monte,
simbólicos como el hacha.

Y no es de menos valor
el gringo de tierra extraña
que se metió en nuestros montes
y luchó en pos de sus ansias.

Tuvo que afrontar mil contras,
ahuyentar penas que matan
y en la lucha por la vida
aprendió a querer mi Patria.


Ese puñado de cosas
más voluntad y esperanza
fueron levantando el Chaco
al nivel de sus hermanas.

Hoy sigue golpeando el hacha
y la reja no descansa
por eso los pueblos brotan
como por arte de magia.

Los caminos se hacen anchos,
se va agrandando la Patria
y el algodón de las chacras
va curando las heridas
de los quebrachos que sangran.

¡Chaco! Provincia querida
que al progreso se encamina,
hoy abraza a sus hermanas
de ésta, mi tierra argentina.

Hubo pago en el obraje


Corre el año treinta y nueve
en un obraje del Chaco...
Enero lo aviva al sol
como apurando un churrasco
y allí en el medio'el monte
entre crujidos y hachazos,
la gente distingue un ruido
que no es común en el pago,
es el ruido de un motor
que está llegando a los saltos
porque viene en la picada
queriendo domar las huellas
que le dejaron los carros.

El hachero que escuchó
dejó amagado un hachazo
y gritando de alegría
se fue corriendo a los saltos
porque ese ruido no es otro
que el ruido claro del auto
en el que llega el patrón
con la plata del salario...
por eso corren contentos,
por eso van a esperarlo;
todos quieren ser primeros
en saber la hora del pago
pa'dirse a lavar al rancho
mientras tejen ilusiones
y hacen planes pa'gastarlo...

-Yo voy a comprar ropa nueva.
-No...Yo provista para rato.
-Yo viá ver si llego al pueblo
porque no fui en todo el año.
Y otros entre truco y vino
seguro han de liquidarlo.

Y así, entre la algarabía
de prepararse pa'el pago,
la gente olvida que un Dios
les dio a todos un destino
que es un camino marcao
y que si alguno lo deja
se ensume hasta las orejas
en el charco del diablo...
pero en eso naide piensa...
y ya en el medio e'la siesta
las guainas barren un patio
le acomodan los asientos
y cuelgan unos faroles
pa'que sirva pa'la fiesta.

-Ya abrió la administración!
-Gritó un hachero a la gente-
y asomó un señor de lentes
que le llaman "el contador",
se escuda en un mostrador
que encaja contra una puerta
y allí pide las libretas
pa'hacer la liquidación.

-A ver, Ramiro González...
-¡Presente! -gritó un paisano
que refregando sus manos
se acerca hasta el mostrador.
-Esto es lo que te sobró,
son treinta y tres con noventa
poné el dedo en el recibo
aquí tenés tu libreta...
y sí es que querés chupar
pagá la caña al contado
porque ya saben ustedes
que para el chupi no hay cuenta.

-Ajá -le dijo González-,
Traiga nomás esa caña
Ya que es plata lo que suebra.
Y se fue a esperar el baile
Prendido de la botella.

Y así sigueron pasando
los hacheros en cadena,
cada hachero un eslabón
cada eslabón una pena,
penas que pronto olvidaron
con esa caña que quema,
porque todos se llevaron
para el baile su botella...

Hasta que llegó la noche
en aquel rancho de fiesta
fiesta pobre del hachero
que no sabe ni una letra
y el que montao en sus sueños
quiere escapar rienda suelta
por el camino del vino
hasta una vida más buena...
Pero el vino es traicionero
y lo aparta de esa huella
él lo empuja desde adentro
para que vuelva a la fiesta
él lo invita que demuestre
que es más hombre cualquiera,
porque el vino manda fácil
cuando el hombre es sin escuela.

Y así comienza la cosa,
tal vez por una zoncera,
empieza la discusión
los ánimos se caldean
y después de un empujón
ya está lista de pelea.

Benítez quiso sacar
a la novia de Cabrera
y el novio en cuanto lo vio
copó la banca en la fiesta.

-No chupe si es que no aguanta
y conmigo no se meta
no sea que lo planche
de un cachetazo en la jeta.

Y ese fue todo el motivo
que originó la tragedia.
Benítez sacó el cuchillo,
también lo sacó Cabrera.

Y al pobre viejo don Castro,
cuando vino a separar,
Benítez le erró un puntazo
Que de darle lo bandea...
Los cuchillos se encontraron
se gatearon como fieras,
Benítez perdió dos pasos
que fue ganando Cabrera,
se hicieron unos amagues
como estudiando flaquezas,
Benítez tanteó el destino
dejando la guardia abierta
y el otro que no era manco
lo convirtió en osamenta.

...Y allí empezaron los gritos
lamentaciones y quejas,
el patrón vino corriendo
se agarraba la cabeza
y le echó mil maldiciones
a los que hicieron la fiesta...
Benitez era buen hachero
y perderlo era una pena...
el contador de los lentes
que llegaba en camiseta,
mirando dijo en voz alta
sin reparo a que lo oyeran:

-Cuando nó, estos negros tapes
no van a andar en pelea
tienen plata y ya se chupan
¡más vale que ni nacieran!.

-No, mi amigo, no se pase
que también es culpa nuestra
-dijo el patrón en un tono
como a callarlo sin seña.
-Nosotros trajimos plata
y vendemos ese vino
que fue el que tomó Benítez
y hecho sangre ahora chorrea.

Aunque de todas las culpas
la mayor es la ignorancia
de esta gente sin escuela,
que se divierte a su modo
ya que chupar es su fiesta.

No se divierten mejor
porque nadie les enseña,
lo mismo que el trabajar
y ese vivir como bestias,
o el de no saber firmar
por no conocer las letras,
fue por que nadie les dijo
que en el pueblo hay una escuela,
donde hay un director
y tal vez una maestra,
que ya hubieran evitado
hace rato esta pelea,
con esos dones de padres
que brotan de su paciencia...

Pero ya no pudo hablar
se hizo el duro a su manera
y se corrió pa'lo oscuro
disimulando su pena...
Y en el medio de aquel patio
como una muestra inservible
de otro tipo de coraje
se fue apagando Benítez
tendido en un viejo catre...

La noche se hizo profunda,
quedó en silencio el obraje,
un hacha quedó sin dueño,
un hijo quedó sin padre,
y un cuzco pensó pa'dentro
"si estaré solo en el rancho
ya no hará falta que ladre".

Allí quedaba ese hachero
personaje de una historia
escrita en su propia sangre
para carne de los chismes
de las viejas del paraje
o pa'que al llegar al pueblo
en un cajón sin lustrarse
la gente diga tristona
"je...hubo pago en el obraje".

miércoles, 19 de mayo de 2010

Lluvia de verano


Esta es la historia de Ramón Escobar, hermano de crianza de L.L.

A veces en esos días
llovedores de verano,
por la ventana 'e la lluvia
me pongo a mirar pasao.
Porque no hay nada en el mundo
que a través de tantos años
se repita tan igual
como la lluvia 'e verano.
Ella es la misma que ayer,
cuando yo andaba gateando,
volcó su chorro de plata
pa'que se enyene mi charco.
Y es la misma que más luego
cuando quise andar cazando,
me diò agua pa'la tierra
de mis balines de barro.
Y así aprendí a buscar
con ojos esperanzados,
porque el agua es bendición
en este caliente Chaco
y hay que esperar que ella llegue
para enterrar el arado.
Ella me hermana con todo
el tiempo que he caminado,
hasta con el día lejano
que me anduve enamorando
porque fue en día de lluvia
que el olor a torta frita
me fue empujando hasta un rancho,
y entre el humo de los leños
en que la estaban fritando
se me asomó una sonrisa
y dos ojos me alumbraron.
Después ya formé mi nido.
Dos cachorros lo alegraron
y entonces me ganó el monte
por sacar pan del quebracho.
Y en esa vida de obraje
fui carrero, capataz,
y hasta anduve administrando.
(Porque el que no dentra en el molde
lo sueltan pa' otro conchabo).
Y allí me pasé algún tiempo
endurenciendo mis años
hasta que paró el obraje
y rumbié para otros pagos.
Anduve de domador,
de alambrador y tropero,
carpidor y cosechando,
haciendo de todo un poco
porque eso sí, y a Dios gracias,
para todo fui baquiano.
Y... ha de ser porque de chico
el machete de la vida
me fue curtiendo a planazos.
Y esas nostalgias las trae
la lluvia de tantos años.
Agua que endulza recuerdos
también de tiempos amargos
porque supe quedar solo,
como gaucho allá en el rancho
esperando que volviera
la madre de mis muchachos.
Pero no quiso volver...
Comentaban que juí malo
porque jugaba algún truco
y a veces vine borracho.
Dijo que la castigué
que tenía otra mujer,
y otras cosas fue aumentando,
tanto por justificar
el llevarse los muchachos.
Pero... son cosas que pasan
y yo ya la perdoné,
porque no fue por un hombre
que ella se fue de mi rancho.
(Cuando una yunta de bueyes
no son parejos pa'el tire,
lo mejor es separarlos).
Por eso que ya hace mucho
me di cuenta, pero tarde,
que en algún tiempo fui malo.
De ahí que en la galería
mientras tomo mis amargos,
con el hilo de la lluvia
voyt enhebrando retazos
de todo el tiempo pasado.
Me alegro, me pongo triste,
y a veces hasta he llorado.
Porque no hay nada que hacer
con la lluvia de verano.
Muchas veces le pedí
que me lave los recuerdos,
que los entierre en el barro.
Y no sé si por amiga
o tal vez por caprichosa
nunca quiso hacerme caso.
Porque viene el aguacero
y en vez de lavar recuerdos,
me los viene amontonando.

jueves, 6 de agosto de 2009

Maestra de campo


Por la pereza del tiempo
el otoño estaba tibio,
ya que en el Chaco, el verano
es como dueño del sitio.
Y a veces demora en irse
sin importarle el destino.
Por eso es que aquella tarde
cuando bajó en la estación
del lerdo tren en que vino
su cuerpito era una brasa
por nuestro clima encendido.

Y se quedó en el andén
como asustada y con frío
por ser mucha juventud
pa´ terreno tan arisco.
A más, mujer buena moza
y en pago desconocido.
Y allí se quedó parada
en vago mirar perdido por,
por querer disimular
su temor a estar tan sola
y sin saber el camino.

Pero al momento nomás,
las toscas manos de un gringo,
callosas de tanto arar
y de pelearlo al destino
se acercaron bondadosas
y con ternura de niño
le dieron la bienvenida
en nombre de la escuelita
que hace mucho la esperaba
triste en el medio del monte
pa que alegrara a sus hijos.

Subieron al viejo carro
de aquel colono sufrido,
y comenzaron a andar
entre una nube del polvo
por el reseco camino.
Cuando llegaron al rancho
la noche ya había encendido
sus farolitos del cielo
y el canto triste del grillo,
y fue por eso tal vez
que entre las cuatro paredes
de aquel su humilde cuartito
una angustiosa tristeza
entraba a clavar cuchillos
como queriendo matar
esa noble vocación
que en su pecho había nacido.

Pero llegó la mañana
y el sol con todo su brillo
desdibujó las tinieblas
que habían querido torcer
las huellas de su destino.
Y aunque llorando por dentro
masticando soledad
en aquel lejano sitio
puso firmeza en el paso
y fue a buscar el amor
de aquel puñado de niños
que hace mucho la esperaba
en la escuelita de campo
clavada en Pampa del Indio.

Y desde entonces su vida
se hizo horcón de guayacán,
se hizo paredes de adobe,
se hizo terrón para el quincho
y armó con todos sus años
aquel rancho para el alma
con un letrero invisible
que decía en letras de amor
"aquí hay saber y cariño".

Y fueron 30 los años
y fueron muchos los niños
que luego se hicieron hombres
y mandaron a sus hijos.
Ella, ella no pudo tenerlos
porque la flor de su vida
se marchitó entre los montes;
y nunca llegó el amor
a golpear en la ventana
de su rancho de cariño.

La escuela, la escuela
le había pedido
hasta ese sacrificio:
que se quedase soltera
porque precisaba intacto
todo el amor que tuviera
para entregarlo a los chicos.
Y en eso, en eso de darlo todo,
un tibio día recibió
en una nota oficial
algo que la estremeció:
después de mucho esperar
el concejo le anunciaba
que había sido jubilada
en premio por su labor.

¿Era premio o era castigo?
mil veces se preguntó.

- "No se vaya señorita,
quédese a vivir aquí,
si nosotros la queremos
¿por qué se tiene que ir?".

Esas voces y unas manos
que se agitaban sin ruido
fueron únicos testigos
de aquella amarga partida.
Ella entraba en el olvido...
Allí dejaba sus años,
allí dejaba su vida.

La polvareda del sulky
y manitos color tierra
fueron su único homenaje
en aquella despedida.
- "¡Adiós señorita Rosa!"

¡Adiós maestra de campo!
en usted, a todos les canto
los maestros de mi tierra.
No sé si mi estrofa encierra
y expresa lo que yo siento;
pero tan solo pretendo
oponer a tanto olvido,
mi simple agradecimiento,
ya que la Patria les debe
el más grande y merecido
de todos los monumentos.