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jueves, 15 de abril de 2010

Elegido pa un amigo


Amigo le via obsequiar
un pingo pa' su tropilla,
se que usted buenos ensilla
y este se ha de entreverar.
Ya lo tengo pa' enfrenar
en cuanto afloje la luna
y ni bien me sea oportuna
la ocasión ya se lo mando
pués pa' ese lao va tropiando
mi amigo Lisandro Altuna.

Es hijo de una gateada
que fue mi mejor madrina
y un overo de raza fina
de la estancia " La Cinchada ".
En cuanto vea su fachada
verá que es criolla su raza
y si no me lo disfraza
cortando su cola al marlo
mas de uno va a ponderearlo
porque su estampa es lindaza.

Aunque usted tiene experiencia
en cuestiones de baguales
pienso que lo mismo vale
que le haga estas advertencias:
va a porfiar pa´la querencia
pero no pasa alambrao,
lárguelo no mas confiao
ni aunque tenga romerillo
pues lo conoce de potrillo
porque aquí hay cuadros plagao.

Pa´agarrarlo le he enseñao
que pare a mano ande quiera
sin esconder la bajera,
bozal , rienda , ni bocao
de la tropilla cortao;
nombremeló por su pelo
y atraquesé sin recelo,
que una vez que le da el frente,
se ha de quedar mismamente
como clavado en el suelo.

Tenga cuidado al montarlo,
que es medio ariscón de abajo,
pa que no le de trabajo
que tranquee ha de dejarlo;
tampoco vaya a apurarlo
pa pasar un alambrao,
si está en el suelo tirao
porque si por ahí se enrieda
pienso que ahí si, tal vez pueda
tenerlo medio apurao.

Aunque de arriba tirao
salió una seda en la boca,
da vuelta en cuanto lo toca
pa´cualquiera de los lao,
aunque todavia de bocao;
pa´enlazar es un pingazo
y si tiene a campo raso
que curar un abichao
es de dejarlo enlazao
y dírsele por el lazo.

Es pronto en la atropellada
pa´volear abajo el tuse
y pa´largárselo al cruce
a la vaca mas pesada
las leguas no le hacen nada
cuando dentra a galopear
se arma lindo pa´tranquear
y usted que tiene emprendao
le va a lucir el recao
si se ofrece desfilar.

Nunca muy jinete fui,
ni soy domador de oficio,
yo solo despunto el vicio
domando alguno pa´mi.
Este pa' usted lo elegí
porque le vi condiciones
ahora si ande uste lo pone
un poroto no se anota,
pa´sacarle un par de botas
tiene dos buenos garrones.

lunes, 19 de octubre de 2009

El moro de los Videla


En un potrerito chico
del campo de los Videla,
fue que al pasar pa la escuela
lo vi asomando el hocico...
Por algo que no me explico
allí me quedé parao,
contemplando emocionao
en un silencio profundo,
pa verlo venir al mundo
igual que un pollo mojao.

La madre era una rosilla
que al verla el patrón, preñada,
la apartó de la manada
cuando vendió las tropillas;
y por esas maravillas
que Dios al mundo le ha dao,
nació un morito tiznao
que sin temor a golpearse,
al rato quería pararse
tanteando como un mamao.

A la semana ya andaba
retozando en el potrero,
o coriendo algún ternero
que curioso lo miraba,
y al verme que yo pasaba
cada mañana temprano,
solía esperarme baqueano
y al verme yo sin testigo,
como si fuera mi amigo
le decía "adios" con la mano.

Pero quiso el romerillo
cobrarle a la yegua el cuero,
y solito en el potrero
quedó un día el potrillo.
Se le fue apagando el brillo
de su pelaje gauchón,
y chaplinudo y panzón
se fue criando como pudo,
entre liebres y peludos
y algún holando mamón.

Así tres años pasaron
medio atrás quedó mi infancia,
y pa pionar en la estancia
los Videla me tomaron.
Mis quehaceres me llevaron
hasta aquél potrero un día,
donde el morito lucía
su condición de orejano,
sin que jamás una mano
lo haya tocao toavía.

Ni bien peché la tranquera
hizo sonar las narices,
mal llevao, como quien dice,
buscando echarse pa juera.
Tenía una crin entera
como el pastizal del llano,
y al ver que su instinto indiano
de mi presencia recela,
como cuando iba a la escuela
lo saludé con la mano.

Pa mi que aquella señal
fue una luz en su memoria,
y sirvió pa que esta historia
tenga un hermoso final.
Un relincho colosal
soltó al pararse en dos patas,
y ante mi sonrisa grata
que su nobleza refleja,
vino a rascarse la oreja
al borde de mi alpargata.

El patrón que conocía
mis andanzas de muchacho,
y de aquél potrillo guacho
su triste historia sabía,
me mandó llamar un día
y ante mis ojos atentos,
desnudó su sentimiento
con un gesto que hoy valoro;
regalándome aquél moro
por mi buen comportamiento.

Se podrán imaginar
el alegrón que me dió,
que ni bien me lo entregó
lo empecé a remodonear.
Ni mira de corcovear
cuando le puse el recao,
y al mes y medio clavao
andaba, sin ser jactancia;
luciéndome por la estancia
con el moro de bocao.

Un sentimiento de hermano
creció por él con empeño,
sin que conozca más dueño
que mi recao y mi mano.
Y hasta ese amor soberano
que aun comparte mi existencia
pudo calmar mi impaciencia
sentadas en sus ancas recias
cuando al salir de la iglesia
rumbeamos pa la querencia.

Y ahí en más vivió prestando
los años que hoy amontona,
con su pintita gauchona
que lo sigue acompañando.
En un corral trabajando
o recorriendo potreros
cargando al anca algún cuero
o tirando agua en el jaguel,
o al ruido del cascabel
con el sulky dominguero.

Hoy está pa otros quehaceres
porque entuavía tiene tela,
y va con tres a la escuela:
un varón y dos mujeres.
Cumplidor pa los deberes
ya está ensillao de temprano,
y al verle alejarse ufano
con los chicos de testigo,
porque siempre fue mi amigo
lo despido con la mano.

Viejo recau


Muchos preguntan porqué
guardo este recao sencillo,
si hace añares que no ensillo
y otros tanto que ando a pié.
Que ya no sirve, lo se,
ni pa ensillar un bichoco,
y que no tiene tampoco
ningún valor monetario,
pero pa mí es necesario
cuando otros tiempos evoco.

Más humilde que cualquiera
con sus bastos descocido,
mancdiles descolorido
y la cincha de arpillera,
los corriones y encimera
gastados de tironear,
y en su largo trajinar
nunca tuvo sobrepuesto,
por ser de un hombre modesto
que lo usó pa trabajar.

Con él ensillo, recuerdo,
desde mi lejana infancia,
en aquella vieja estancia
que en mi memoria no pierdo,
me veo al tranquito lerdo
volviendo en las recorridas,
de resero en mis salidas
o echándoselo a los potros;
donde como muchos otros
con él me gané la vida.

Compré sus pilchas de a una
y cuando lo pude armar,
en mi modesto pasar
me vi con una fortuna.
Compartió con sol y luna
mi alegría y mi dolor,
por eso que aunque sea peor
que cualquier otro recau;
ni el más lujoso emprendau
puede igualar su valor.

Cuando ya no pude echarlo
ni sobre un matungo viejo,
se me hizo más desparejo
el camino pa tranquearlo.
Entonces entré a cuidarlo
con dedicación y fe
del tiempo que se me fue
en él mis recuedos hayo,
y aunque no tengo caballo
me siento menos de a pie.

Viejo recau, compañero
de horas ariscas y mansas,
de dispersas esperanzas
y del florido sendero,
el día que ensille el mañero
pelaje oscuro tapao,
aunque a muchos ha volteao
no se achica mi coraje,
y encararé el largo viaje
sobre mi apero montao.

Calle cortada


Nuna ha sida tan nombrada,
como es el camino real,
siendo que es tan servicial
la vieja calle cortada.
El ser poco transitada
tal vez, le reste importancia;
pero cobra relevancia
y no hay alago que sobre
porque pa' un paisano pobre
tiene el valor de una estancia.

El progreso en su embestida
pasó sin verla a su lao,
y en ella quedó el pasao
porque no encontró salida.
Muchas historias de vida
encierra en su corto trecho,
y aunque distancias no ha hecho
todo el que supo tranquearla,
seguro que al caminarla
le ha sacao algún provecho.

No conoció palanchones
ni cuidao de caminero,
es tan solo otro potrero
sin señales ni mojones.
sin terraplén, ni huellones,
'cantarillas ni cunetas;
sólo espejos de agua quieta
que a veces se hacen pantano,
y al secarse en los veranos
sirven de tumba a un maceta.

En no muy lejano ayer,
cuando por meses se arreaba,
el resero la buscaba
pa rodar y hacer comer,
en ella solían hacer
las chatas, noche en su viaje,
y hubo en algunos parajes
algunas: hasta famosas,
que fueron entre otras cosas
cancha pa pedir coraje.

Con su chacrita arrasada
por heladas invernales,
por las secas estivales
o en crecientes inundadas,
allí estaba la cortada
pa echar cualquier animal,
y algún domingo especial
también fue un lugar propicio,
pa la fiesta beneficio
de la escuelita rural.

Aunque muchos la creen muerta
solitaria y escondida,
ella siempre tuvo vida,
nunca se encontró desierta.
Es como una mano abierta,
tendida en toda ocasión
siempre cumple una misión
y aunque no sea muy nombrada,
en toda calle cortada
hay historia y tradición.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Mala estrella


El sol cansao se tendía
a dormir su sueño diario
Y un rojo poncho incendiario
El horizonte vestía,
la noche que se escondía
comenzó a desperezarse,
amagando levantarse
y extender su negra alfombra,
formando un rancho de sombra
pa’ los que buscan amarse.

Silencio hicieron las aves
Cuando el sol se había escondido,
Cada cual busca su nido
Con raudo volido suave.
En ningún oído cabe
Ni el latir del corazón,
Si hasta la respiración
La detienen de ex profeso;
Porque el diálogo de un beso
Talla en aquella ocasión.

Enceguecidos de amor
No ven que dentre los galpones,
Dos ojos, como facones,
Contemplan con estupor;
Se oye un lánguido clamor
Como un profundo bosquejo
Y de la luna, el reflejo;
Ante la insistencia de él:
Cae la ropa de la infiel
Y cae la vista del viejo…

Toma con rabia la daga
Pero la vuelve a envainar,
Porque prefiere esperar
Que aquél bulto se deshaga.
La pasión que los embriaga
Los prende como presilla,
Ruedan sobre la gramilla
Como dos fieras luchando;
Y el viejo que está mirando
Se ahoga con la golilla.

Cuando el bulto se separa
La ardiente pasión amaina,
Deja la daga su vaina
Y brilla en la noche clara…
Al medio de ambos se para
Aquél gaucho enfurecido,
Comprobando dolorido
El cuadro imponente y crudo:
Un hombre semidesnudo
Y una mujer sin vestido.

Viéndolo todo perdido
En su improvisado lecho,
Ella desnuda su pecho
Y lo ofrece a su marido,
-“¡Matame, que habrás cumplido
Con el grito de tu honor,
Tu crimen será mayor
Porque al hacerme esa herida,
También matarás la vida
Que palpita en mi interior”.

“No he de pedirte perdón,
Pues no estoy arrepentida,
Si antes te entregué la vida
Hoy te ofrezco el corazón.
No busco una explicación
Pa’ mi infame proceder,
Pero debés comprender
Que aunque el pecho te taladre,
Yo también quise ser madre
Y con vos no pudo ser”.

“Hay otro ser que palpita
Dentro de mi mismo ser,
¡Al fin me siento mujer
Sobre esta tierra bendita!
No existe una ley escrita
Que justifique lo hecho
Pero si observas mi pecho
Sabrás que no te he mentido.
Están mis senos henchidos
Y mi vientre satisfecho”...

Sin más nada que decir,
Clava la vista en su amante,
Saca pecho hacia delante
Y se dispone a morir.
El hombre lejos de hundir
La filosa daga aquella,
Acepta su “mala estrella”
Y al curvar su erguida estampa
Tapa con su poncho pampa,
El desnudo cuerpo de ella.

Y totalmente vencido
Sin orgullo y sin moral,
Ensilla un brioso animal,
Muenta y sale decidido,
La noche le habla al oído
Le presta un poncho la luna,
Pero él no encuentra ninguna
Forma clara de entender;
Porque al perder su mujer
Perdió toda su fortuna.

Arte bravía (foto Eduardo Amorim)




Un domingo colosal
Le pone marco campero
A la fiesta del ternero,
Coronando su final.
La chacra es un festival
Por todas partes desborda
Del gran público que aborda,
Que toavía los escucho.
Se topan en Ayacucho:
“el Temblor” y Diego Borda.

Filoso como una daga,
Fuerte, ágil y capaz;
Con marca de Cacho Aldaz
Y viene de Madariaga:
“el Temblor” que no se apaga,
Pone en juego su destino…
Dios le puso en el camino
Por sus dotes de buen flete,
Yo diría el mejor jinete
Que pisa el suelo Argentino.

Ya venían de enfrentarse
En algún otro escenario
Y jinete y adversario
Saben lo que es respetarse.
Al momento de jugarse
La más extraña baraja;
El terreno blando ataja
Para afirmarse las patas
Y ahí el hombre de La Plata
Corre con cierta ventaja.

Siempre con postura altiva
De todo caballo malo,
Entró a girar en el palo
Creando más expectativa.
Mientras tanto Borda estriba
Sin que el instinto le falle,
Trastocando los detalles
Con elegancia y aplomo;
Quedó sentado en el lomo
Como chimango en la calle.

Qué salida, ¡mama mía!
A pesar del campo malo,
Que pareció que en el palo
Se acababa la porfía.
Lo llevaba, lo traía,
Borda le cede, lo deja;
El caballo lo empareja,
Lo levanta del recao,
Hasta que queda parao
Mirándole las orejas…

Casi todo el cuerpo ajuera
Con un saldo negativo,
Y una vez más el estribo,
Lo regresa a la encimera.
-“¡Qué jineteada campera!”,
Gritaba alguno a mi lao,
Yo también, entusiasmao,
Con alguno que miraba;
Porque más de uno contaba
Con que el hombre había ganao.

Pero nada está perdido,
Mucho menos pa’l “Temblor”
Que ha salido triunfador
En temas más discutidos.
Diego Borda decidido,
Le da rienda con soltura,
Maneja bien la cintura
Y hombre y caballo a mi ver,
Van a ganar o a perder
Sin más ley que la bravura.

-“¡A la pucha compañero!”
Qué galope desparejo,
Le estaba gritando un viejo,
Apretándose el sombrero.
Vuela el pasto del potrero
Desprendido sin piedad,
Son 15 a decir verdad,
Segundos de jineteada;
Pa’l de abajo no son nada
Y arriba: una eternidad.

Diego sin darle chacota,
Tal vez se confió un instante,
Sin pensar que allí adelante
Iba a encontrar la derrota.
Toda su astucia ya rota
Le pone punto final,
Una lucha colosal
Con ejemplo con altura,
Y ese instante de largura
Le daba el triunfo al bagual.

Ganó nomás el caballo
Con una heroica guapeza,
Y el que entiende de destreza
Aquí no discute el fallo,
Algunas razones hallo
Para hablar del tropillero,
Que ató el caballo sin pelo
Con el barro que ayer’vía:
Hace falta mucha hombría,
Y ser por demás campero.

Gracias Borda, no se asombre
Que su público presente,
Lo tendrá como un valiente
Que salió a ganar su nombre.
Dignidad que tiene el hombre
En el lugar que se de,
Olvídese del traspié
Vuelva al lomo de los fletes,
Que nunca sobra el jinete
Que se juega como usted.

Borda y Aldaz, satisfechos,
Ya se pueden dar la mano;
Dos auténticos paisanos
Sin revés y sin derecho,
Y pa’l “Temblor” por lo hecho
Que dejó el alma en la cancha,
La tierra por ser muy ancha
Tendrá que hacerle un lugar,
Si se vuelven a topar
Pa’ discutir la revancha.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Pialando miserias


Temprano ensillé el rosillo
Y acomodé en la encimera,
La llave torniquetera ,
un lazo corto y sencillo.
El ovejero amarillo,
Oservando mi quehacer,
Como sabiendo el deber
Que por gusto le proboca
Con el cabresto en la boca
Me invitaba a recorrer.

Volví a buscar la cuchilla,
Los cigarros y el sombrero,
De paso solté el nochero
Que relinchó la tropilla.
Una neblina tordilla
Entró a mojarme el recao,
Y en el vapor levantao
Tata Dios, lucía sus mañas,
Bordando de telarañas
Los hilos del alambrao.

Abrí la primer tranquera
Sin bajarme del rosillo,
Y entré a contar los novillos
Con conocencia campera.
Ya noté que en la primera
Uno me andaba faltando,
Los volví a contar mirando
Con duda en el entrecejo,
Cuando algo extraño a lo lejos
Me hizo salir galopeando.

De un tironsito exigido
Llegué rodeao de chimangos
Taba el poncho de un Polanco
En el alambre tendido.
Desmonté medio aflijido,
Oservando los detalles,
Rogando que no me falle
La sospecha que tenía;
Por unas marcas que había
Con dirección a la calle.

Hallé al final de mi empeño
A unos cien metros el rodao,
De un carro desvencijao
Que bien conozco a su dueño.
Cuando el hambre mata el sueño
La razón de a poco merma,
Y no hay honradez que duerma
Si allá en la tapera están
Diez bocas pidiendo pan
Y una mujer muy enferma.

Cabrestiando a la razón
Y echando en el anca el cuero
Dejé al tranquito el potrero
Pa cumplir con la misión,
De anoticiarle al patrón:
“Que al negro en una pialada,
Por curarle la abichada
Sin querer lo desnuqué,
Sobre el pucho lo cuerié
Y se lo dí a la perrada”.

Autor: por ahora lo desconozco.