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lunes, 6 de junio de 2011

Lo que enseñó el hornero

(Foto: tomada de Flickr de "Héctor", hmlaplata)
Albañil - De vos aprendió el gaucho
toda la ciencia de preparar el nido:
con paja y barro
se hizo el hogar nativo.

Bajo el poncho del cielo
chiquitito se agacha;
es una cueva para cualquier pueblero
y es un palacio para cualquier vizcacha.

Deje que sople el viento
más feroz de las pampas,
él se prenda a la tierra
como con cuatro garras,
como si echara raíces
de nuestra tierra gaucha en las entrañas.

Por un "aujero"
mira el camino por donde van los criollos
con nombres de reseros
sufriendo fríos y tragando polvo...

Y otro "aujero" en el techo-
por donde sale el humo con vapor de puchero-
y el perfume -en las noches- del asado estupendo
que nunca apaga el fuego.

Un pozo te refresca con el agua del charco,
por donde hacen un alto
en horas de la siesta, chingolos y cachirlas
y la infaltable yunta de patos.

De noche, cuando el balde queda lleno de agua,
pega del cielo un salto
la estrella más brillante y viene a darse un baño!

jueves, 26 de mayo de 2011

La calandria


Un muchachón apunta con la honda
a una calandria que en el árbol canta
y el viejo Zoilo - que lo ve- de un salto
se le pone a la par y se la arranca.
-"¿Has pensao lo que hacés, ¡pedazo'e bruto!,
al quererle tirar a esa calandria?
-No la quise matar -dice el muchacho-.
Yo pensaba voltiarla,
pa ponerla en la jaula del jilguero
y sentirla mejor cuando ella canta.
-¿No sabés que ese pájaro sencillo
es el espejo de la raza gaucha?
¿De ajuera? Vale poco...
una pilcha barata;
no es engreída, no se mete con naides
¡pero es bien agalluda si hace falta!
Así como la ves en ese sauce
cantándole al solcito'e la mañana,
¿no te da en pensar que se parece
a los gauchos, señores de la pampa,
que por cantar confiaos
los quisieron hondiar pa darles jaula?
Sin embargo, ya ves, tanto sacaron
los que quisieron pisotiar la raza
como has de sacar vos si de un hondazo
conseguís dar por tierra a la calandria,
ya que ni el gaucho, ni ella,
cantan pa naides en las jaulas.

martes, 15 de marzo de 2011

El canto de los teros

Sentir por las mañanas
el canto de los teros;
no tanto los de afuera
-que fuera lo de menos-

Amar las cosas simples,
lo sencillo, lo quieto,
dejar que me despierten
lo dormido de adentro.

¡Hay tantas cosas viejas
que esperan su momento
de treparnos al alma
viniendo desde lejos!

En cada chingolito
que canta en el silencio
me despierta la tarde
bandadas de recuerdos.

Parecían dormidos,
huidos del invierno:
¡y bastó un chingolito
para verlos de nuevo!

A veces extraviados
perdemos tanto tiempo
buscando por afuera
lo que llevamos dentro.

jueves, 17 de febrero de 2011

¡Que no te pase lo mesmo!

En la cumbrera'e mi rancho
anidaron dos horneros
y yo parezco un extraño
y el rancho parece de ellos

Dentro solo, salgo solo,
siempre solo voy y vengo
juntos los hallo en el campo
y el campo parece de ellos

Juntos trabajan y cantan
y tuito lo hacen contentos
yo no sé si a mí me miran
con lástima o con desprecio

Ni se asustan cuando paso,
como si yo fuera un perro
que ni estorbo ni hago daño
y me dejan andar suelto

Ansina vivo en mi rancho
dende que solo me veo;
enantes otro era el nido
y el mundo parecía nuestro

¡Rogále a Dios, hornerito,
que no te pase lo mismo!

martes, 28 de diciembre de 2010

El hondazo

-¡Doña Griselda!...
-¡Qué!...
-Mire vecina:
mandemeló al muchacho,
pero que venga de honda pa la huerta
pa que me mate un pájaro.

Y allá va el gringo de pelito rubio
-piel de Judas de todo el vecindario-,
y en lo de 'ña Rufina -apuro y rabia-,
entra un poco de sol, y mucho barro.

-¡Aquél!... ¡Matalo!... ¡Negro sinvergüenza!...
¡Pegamelé un hondazo!...
¡Se me jué de la jaula en un descuido.
Con lo bien que lo trato!...

Mirá a la copa; todo altanería
con rebeliones de silbido en alto,
el tordo me miró como diciendo:
"¿Vos tirándome a mí, siendo un hermano"?

- Y de áhi...?
- Vea... No puedo Ña Rufina...
¡Cómo me está mirando!
- Su trompeta sin hiel!
- ¡Doña Rufina!
vivo es que hay que agarrarlo!
-No Barrabás; si se escapó no vuelve;
¡hay que matarlo!

En el cuero ancho y fuerte de la honda
la bolita de barro
comprensiva latió; cerré los ojos,
erré, y el tordo se escapó volando.
-¡Mándesemé a mudar!
-¡Doña Rufina!...
-¡Pa su casa, bellaco!
(y entró en un llanto convulsivo, mientras,
él silbó agradecido de lo alto).

¡Cuánta distancia y tiempo
van desde aquél hondazo!
¿Qué habrá sido del tordo defendiendo
su libertad de pájaro?
Lo que haya sido; soledades y hambre
pudo sufrir, acaso;
mejor es el imperio de la nube
que dormir y comer... pero enjaulado.

Tordo de mi niñez, hermano mío,
hombre, entendí la rebelión del canto.
El sol declina ya, pero no importa;
aun hay fuerza en mis alas... ¡te acompaño!

miércoles, 5 de agosto de 2009

La lechuza



-¡Chistt!...
-¡Cruz diablo! ¡Mandinga! ¡Cruz diablo!
¿Qué querrá este bicho?
¿Qué andará rastreando?
que tuitas las noches, de un tiempo a esta parte,
a cada ratito pasa po'este rancho?
Alguien de seguro, jediendo está muerto...
- ¡Chistt!...
- ¡Cruz diablo! ¡Mandinga! ¡Cruz diablo!

Así renegaba Bernardo el boyero
oyendo el chistido, insistente y largo
del ave agorera, mientras ño Cirilo,
el viejo puestero,
después de un amargo,
trenzaba en silencio la soga de un lazo.

- ¿No es verdá, Cirilo, que si la lechuza
al pasar po' encima una casa,
larga tres chisitdos y aúllan los perros...
señal es d'esgracia?
- ¡Calláte muchacho, no digás pavadas!
Ese animalito no hace mal a naide.
A la pobre lechuza le pasa
lo que a ciertas hembras
que toda la vida se quedan en casa
cuidando al marido y a sus pobres güeñis,
y viven muriendo de cansás y flacas.
Son las aparciencias, las que las condenan ´
y así las maltratan.

Mirá la paloma... Toó el mundo dice
que ese pajarraco es una monada,
y pa mí que no hay bicho en la tierra
que más se parezca a una mujer mala.
Se la pasa tó'el día compuesta
juntito a su macho,
aventando sus odios y amores
en la puerta e'casa;
cuando no, con las otras palomas
a destruir los sembrados, se larga.
Mientras tanto, allí queda su nido
solito, sin guarda,
teniendo por plumas
un montón de estierco
y dos o tres ramas.

Pero en cambio, la pobre lechuza
hace el suyo en un hoyo'e la tierra,
al pie de una mata,
y lo empluma y lo pone a cubierto
del viento y del agua.

Cuando es día, si sale, es pa dirse
a la punta de un poste a pararse,
y allí suele pasarse las horas
quietita, en silencio, sin chillar con naide.
Si malquiere, no hay quien lo conozca;
cuando quiere, tampoco se sabe.
Anda sola, y ni aún hay quién colija
ni cuál es la hembra, ni cuál es el macho.
¡Y es muy corajuda!
si le largan un tiro'escopeta
la cabeza agacha,
y pegando un chillido'e protesta
va suave a posarse
a dos o tres postes más lejo'e distancia.

Lo qu'es por la noche, cuando todos duermen,
ella ronda como un vigilante,
pa matar las cuncunas y ratas
que acaban las siembras,
y en el hondo silencio'e la noche
pega esos alertas
que a la gente espantan.

Además... ricuerdo,
que una vez me encontré como un paria,
muy triste en mi'esgracia,
mi mujer se me diba muriendo...
solito yo estaba,
y una pobre lechuza se anduvo
toita la noche volando por casa.
Al principio me dio una impaciencia,
una gana ferzo de matarla,
y después... mucho miedo, y me puse
a hablar contra el cielo,
ella me chistaba...
como si pretendiera prohibirme
de que blasfemara...

Se murió mi mujer y, de pena,
quise dir con ella,
y cuando en mi cuerpo
ya iba a hundir la daga,
un hondo chistido
se prendió'e mi brazo,
y sentí que mi sangre se helaba.
Parecía que Dios me dijera:
condenao te has de ver si te matas.

Después de esa noche, son muchos los años
que llevo pasados en medio'esta pampa,
y ella ha sido siempre la fiel compañera
que al tiro me chista
cada que que trenzo
ideas bagualas.
Es como si juera... mi propia concencia,
y hay que rispetarla.

La lechuza, creéme muchacho,
es como esas pobres mujercitas buenas
que pasan la vida yenándose d'hijos,
sin gozar de nada,
y se van muriendo, llenas de tristeza,
solitas y flacas.

Como dos rejas



Quisiera ser como el pájaro
que al despuntar la mañana,
despierta y le canta al mundo
el canto de una esperanza.

Quisiera ser como el pájaro
que se une a la bandada,
para surcar en el aire
una melga con sus alas;
como si fueran dos rejas,
por el sol iluminada.

Quisiera ser como el pájaro
que al despuntar la mañana,
despierta y le canta al mundo
y el mundo a veces... lo mata.

Quisiera ser como el pájaro,
que tan sólo abre su pico
para cantar y llevar
comida para sus hijos.

Pero apenas soy un hombre...
Es por eso que te pido:
¡de pájaro quiero el alma
si vuelvo a nacer, Dios mío!

Tan sólo quiero cantar
para llenar el vacío
y la inmensa soledad
de aquellos que tienen frío,
y sólo sueñan tener
abrigo para sus hijos.

Quisiera ser como el pájaro,
que al despuntar la mañana
despierta y le canta al mundo
el canto de una esperanza.

Quisiera ser como el pájaro
que al despuntar la mañana,
despierta y le canta al mundo...
y el mundo a veces... lo mata.

martes, 1 de julio de 2008

La Paloma Indiana (foto Ricardo Moller Jensen)


Tuve una paloma indiana,
cazada de casualidad;
hoy se halla en prosperidad
y se encuentra muy ufana.
Yo la cazé de mañana
por ser un madrugador,
envidiando al cazador
que hoy me la tiene enjaulada:
muy palidito el color
pero muy acostumbrada.

Y esa paloma que hace tanto
durmiendo en su nido,
como un loco sin sentido
con mucha ansia la tomé
y una vez que ya logré
de mi hacerla prisionera
le pedí que me quisiera
y al verme tan atrevido:
no creiba la sorprendiera
estando durmiendo en su nido.

La quise con afición
y voluntad temeraria,
y otra paloma ordinaria
la invitó a una diversión
la privé de esa ocasión
porque había desigualdád
y ella por su seriedad,
demostró estar agraviada
y en la primera ocasión,
alzó el vuelo disgustada.

Y ahora esa paloma alzada
se halla ya en poder ajeno;
de otro cazador muy bueno
que me la tiene enjauldad
de tal modo asegurada
que es difícil el volar
yo la comienzo a temblar
recordando lo que ha sido:
solo me queda el decir...
se voló... y me dejó el nido.