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jueves, 26 de mayo de 2011

Concencia


¡Vaya la pregunta que se te ha ocurrido!
Le he buscao la güelta,
y por más que quiero darle a mi palabra
la forma acertada pa que vos la entiendas
no le hayo la punta; y hasta me parece
qu'estoy enredando mi mesma madeja.
¿De ande se te ocurre, muchacho del diablo,
venirme con ésas,
y a boca de jarro pedir que te esplique
qu'es eso qu'el hombre llama su concencia?
Pondremos pal caso, qu'es un policía
que paso tras paso te sigue la güeya
y a quien es al ñudo mezquinarle el cuerpo
o escurrirle el bulto pa que no te vea,
porque te vigila desde adentro mesmo
y sabe las cosas cuando uno las piensa.
¿Que cómo procede? No sabría decirte.
Ricuerdo una güelta
que mi taba andaba tan atravesada
que ni de limosna m'echaba una güena,
y era tanta el hambre, que desesperado
crucé un alambrado y enlacé una oveja.
Mi concencia vido que saqué el cuchillo
pa carniar la ajena,
y en vez de gritarme pa evitar que lo haga
se hizo la distráida... como que no véia.
Engolosinado, quise alzarme el cuero
pa comprar los vicios con lo que me dieran,
cuando de repente me cruzó un guascazo
y me dijo: "¡Epa!,
el hambre es el hambre y los vicios, vicios.
El cuero lo deja.
¡Y bien a la vista sobre el alambrado,
pa'qu'el dueño sepa
que usté no es un bicho ladrón o dañino,
sino qu'es un criollo que lo hizo a la juerza!".
Y güeno, muchacho, ya estás enterado.
Así es la concencia:
te sigue los pasos mesmo que tu sombra
y anda misturada junto a tus ideas.
Por ahi te da soga pa verte el galope
y por ahi te pega un tirón de las riendas.
¡Cuanto más amiga, menos te perdona;
cuanto más te cruza, tanto más te aprecia!
Sólo en ocasiones se hace la distráida,
como aquella tarde que carnié la ajena...

Mal cristiano

(Pintura: Pablo Uriburu)
¿Que no soy güen cristiano -usté me dice-,
porque no rezo pa Semana Santa
y en lugar de pasarla a bacalao
me como un churrasquito como nada?
Es la juerza'e la costumbre, solamente.
Los criollos de mi laya
si no tienen asao lindo y jugoso
pa darle rienda suelta a las quijadas
se sienten enfermos, apocaos
y hasta les dentran a temblar las tabas.
¿Que es pecao no rezar? No es culpa mía.
Yo no he tenido quien me lo enseñara,
y pa aprenderlo solo no he podido
ya que de ler no entiendo una palabra.
Además -a mi ver- debe rezarse
cuando una voz se enanca sobre el alma;
cuando una voz de adentro nos reprocha
y alguna mala acción nos echa en cara.
Y yo -gracias a Dios-, llegué hasta viejo
sin manchar mi facón de sangre hermana;
no he robao, ni lo pienso.
Mi palabra de gaucho es más sagrada
que mucho documento que se escribe
y que al final... no sirve ni... pa nada.
Mi rancho, pal cansao, no tiene puertas.
A naides le he negao ni pan, ni agua,
ni el pedazo'e churrasco que hoy me dicen
que comerlo es pecao esta semana.
Tampoco he codiciao la prenda ajena
ni la fortuna que el vecino gana,
ya que parece estar de Dios escrito
que los gauchos de ley no tengan nada.
Por eso no maldigo contra naides
ni me arrodillo pa pedirle gracia:
¡No es pecao no rezar, pa quien no sabe,
ni es pecao no rezar si no hace falta!
¿Que yo lo niego a Dios? Eso es mentira.
Y además que no es tanta mi ignorancia,
siendo que Dios se muestra en todas partes:
en el valle, en la selva, en la montaña,
en el calor que dora los trigales,
en la lluvia, en el viento y en la helada.
Dios está en la luz, está en la sombra,
en el pico ganchudo de las águilas,
en la guampa puntuda de los toros
y en la dureza que le dio a la garra.
Pero también está en la mariposa,
en el gusano lerdo que se arrastra
y en la sencilla flor que nace a campo
y perfuma el aleinto'e la mañana.
¿Que yo lo niego a Dios? ¡Qué ia negarlo!
¡Si en las horas oscuras de la Patria,
dispués de darle luz al pensamiento
de los hombres nacidos pa'librarla,
Dios estuvo en el filo'e los machetes,
en la chuza puntuda de las lanzas,
en el clarín que manda a la pelea
y en el coraje de la raza gaucha!

La calandria


Un muchachón apunta con la honda
a una calandria que en el árbol canta
y el viejo Zoilo - que lo ve- de un salto
se le pone a la par y se la arranca.
-"¿Has pensao lo que hacés, ¡pedazo'e bruto!,
al quererle tirar a esa calandria?
-No la quise matar -dice el muchacho-.
Yo pensaba voltiarla,
pa ponerla en la jaula del jilguero
y sentirla mejor cuando ella canta.
-¿No sabés que ese pájaro sencillo
es el espejo de la raza gaucha?
¿De ajuera? Vale poco...
una pilcha barata;
no es engreída, no se mete con naides
¡pero es bien agalluda si hace falta!
Así como la ves en ese sauce
cantándole al solcito'e la mañana,
¿no te da en pensar que se parece
a los gauchos, señores de la pampa,
que por cantar confiaos
los quisieron hondiar pa darles jaula?
Sin embargo, ya ves, tanto sacaron
los que quisieron pisotiar la raza
como has de sacar vos si de un hondazo
conseguís dar por tierra a la calandria,
ya que ni el gaucho, ni ella,
cantan pa naides en las jaulas.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Fiesta Patria

(Pintura: Carlos Montefusco)-Venga p'acá, m'hijo,
y siéntese a lo gaucho, junto al fuego,
pa contarle a su tata lo que vio
hoy, que le dio permiso pa ir al pueblo.
¿Taban lindos los festejos patrios?
-Pa decir la verdad...¡yo ni me acuerdo!
Iba tanta gente por la plaza
haciendo tanta bulla, tanto estruendo,
que salí como zonzo y almariado
de esa que más que plaza era un infierno.
-Y áura, contésteme esta pregunta
que de la vaina se me está saliendo:
¿Sabe m'hijo lo que es el patriotismo?
-Y... el patriotismo es, por lo que veo,
salir pa un 25'e Mayo o un 9 'e Julio
luciendo el trajecito dominguero,
vivar la bandera azul y blanca,
llevar botones lindos en el pecho
y subir, como dicen, la tribuna
pa dende arriba, discursearle al pueblo.
-¡Todo ese patriotismo que usté vido
no vale un pucho de tabaco negro!
Porque no es patriotismo andar gritando
todos amontonaos como borregos,
ni lucir los colores de la patria
cuando se lucen pa adornar el pecho,
ni tampoco subir la tribuna
y decir cosas que las lleva el viento...
El verdadero patriotismo, m'hijo,
lo demostraron nuestros bisagüelos
allá por Tucumán, en Ayacucho,
en Suipacha, Maipú y en San Lorenzo,
peliando como liones por la patria;
conquistando de a jemes el terreno
y cruzando después la cordillera
pa darle una manito a los chilenos.
Pero jue patriotismo sin alardes,
ni llevaron más lujo sobre el pecho
que la rosa de sangre que el mosquete
al escupir les dibujó de lejos.
Y hay también otra clase'e patriotismo
que a juerza de mirarlo ni lo vemos,
y es el patriotismo de los hombres
que engrandecen al país con sus esjuerzos.
Trabajando, muchacho, arqueando el lomo,
martillando los fierros,
destripando terrones con la reja
pa llenar hasta el tope los graneros;
recortando ladrillos;
levantando edificios pa colegios
y estudiando los libros
pa mañana o pasao llegar a maestro
y enseñarle a escribir a los muchachos,
y a sacar unas cuentas por lo menos.
El otro patriotismo, el que usté vido,
¡no vale un pucho de tabaco negro!

sábado, 2 de abril de 2011

Bastiadura

¿Que por qué ando ansina
y a veces sin motivo me entristezco?
Arrimate al palenque
y revisale el lomo al pampa viejo.
¿Ves esa bastiadura?
La tiene de hace tiempo.
De nada le valió la grase'e potro,
el jabón sin pecar ni los ungüentos.
Y sepa usté bien, m'hijo,
que aunque lo dejaron suelto
y pasaran los años sin que nunca
se le pusiera ni por broma el freno,
bastaría que lo ensillaran una vuelta
pa que golviera el pobre a estar lo mesmo.
Y a mí me pasa ansina,
pero la bastiadura que yo tengo,
en lugar de tenerla en las costillas
como ésa que le ves al pampa viejo,
la tengo aquí metida.
¡Muy adentro!
Por eso muchas veces,
sin motivo aparente me entristezco
y me aparto de todos pa que naides
se entere del dolor que hay en mi pecho.
Su madre hace diez años que se ha ido
pa dormir el bendito sueño eterno.
Y yo, pa consolarme y olvidarla,
ni siquiera me arrimo al cementerio.
Pero... ¡qué diablos!
Este rancho está lleno de ricuerdos...
Esa matra que tiene mi recao
la tejieron sus dedos.
Esa cinta que lleva mi guitarra;
esas letras que luce mi pañuelo;
esa retama que plantó en el patio,
me dicen tantas cosas de esos tiempos...
que no puedo curar mi bastiadura
y es por eso que a veces me entristezco...

Testamento

Desensillá nomás...
¿Pa qué me vas a tráir el curandero,
si el lazo que me tiene atao al mundo
ya se me va cortando, tiento a tiento?
Y sé que a lo mejor, cuando la noche
tienda su poncho negro,
ya habré estirao las patas
y habré pegao el último resuello.
Mejor es que vengás junto a mi catre
pa aprovechar el tiempo
y escuchar de los labios de tu tata,
que ya se va muriendo,
las palabras sencillas, pero güenas,
que te quiere dejar por testamento.

Todita mi riqueza:
el rancho, mi caballo, los dos perros...
y otras cositas más que valen poco,
pa vos, m`hijo, las dejo.
Pero, ¡eso sí, te pido
que les guardés muchísimo rispeto!
Que nunca las paredes de este rancho
te sirvan pa ocultar algo mal hecho.
No quiero que el caballo en un "descuido",
en una de esas noches que no vemos,
se venga paletiando algún novillo
a lo mejor... ajeno.
Ni quiero que "Cuzquito" y el "Cuatrojo"
se te pongan mañeros
y se pasen al campo `e los vecinos
a degollar ovejas y terneros
que al final... es mejor "aprovecharlos",
ya que los animalitos están muertos...

O mejor dicho, pa no andar con güeltas:
siga la güella que dejó este viejo
que llegó a los setenta
sin pisar más caminos que los "rettos".
¡Ah! ¡No me traigás el cura!
Y cuando muera, tampoco me llevés al cementerio.
Más bien, cavá una zanja
en un rincón cualquiera del potrero,
y en lugar de esas flores
que ponen en las tumbas los puebleros,
dejá que nazca el pasto, la gramilla...,
que es útil, por lo menos.
O mejor entuavía, plantá un sauce
pa que sus raíces chupen de mi cuerpo,
pa que mi carne se transforme en sombra
que a lo mejor precisa algún viajero,
pa que mis brazos -que serán las ramas-
le empresten una horqueta a los horneros
y hagan un nido tibio
pa cuando venga un temporal de invierno;
pa que en el tronco
-cuando el tronco sea grande, fuerte y grueso-
escribás a cuchillo estas palabras:
"¡El camino mejor es el derecho!"

Por disgracia

¿Te parecen poco mis cincuenta inviernos
pa que tanta cana me blanquiara el pelo?
¡Bien se ve, muchacho, que no sabes nada
d’estas cosas que llevo acá dentro!
Hacen muchos años. En esta estanzuela
que queda a la zurda, dentrando pal’pueblo,
habían dos muchachos, que de tan amigos
de tan parejitos, de tan compañeros,
eran lo mesmito que una yunta ‘e bueyes
uñidos al yugo de un buen sentimiento.
Dispués…una moza que tenía unos labios
como pa que nunca se perdiera un beso
en la estancia aquella dentró de mensuala
¡y yo no sé ni cómo se puso‘e pormedio!
¡Lo que son las cosas! No por desleales,
sino por iguales, quisieron lo mesmo.
Y desde aquel día esos dos muchachos
qu’eran como bueyes, por lo compañeros,
al hallar el toro que cada uno lleva,
andábamos hoscos, picaos por los celos.
¿Quién jué el primero que quiso curarse
del antojo zonzo de algún poco’e sangre?
¡No sabría decirte, porque no me acuerdo!
Sé que nos miramos. Sé que en la topada
mi daga y la suya salieron a un tiempo.
¡El hachaba lindo! Me cortó por lujo.
Yo tiraba bajo; le dentraba feo;
y al final de cuentas de aquella trenzada
ni perdió el más zonzo ni ganó el más lerdo;
uno, por disgracia se jué al otro mundo,
y otro ¡por disgracia! se quedó viviendo.

Aguas turbias


No la insultés, muchacho.
¿Te cres, porque es ramera,
que ya tenés derecho a pisotiarla
y decirle de todo pa ofenderla?
¡Estás equivocao! Ella merece
igual rispeto que tu madre mesma,
porque nació mujer; igual que todas.
Y si es mala... también pudo ser buena.
¿Que áura la vida le torció su rumbo
haciéndole agarrar por mala güeya,
y anda vendiendo besos y caricias
como quien vende alcohol, tabaco o yerba?
Quién sabe si la culpa'e su desgracia
no se debe a nosotros, más que a ella,
que validos de astucias y de engaños
deshojamos la flor de su inocencia...
Y dispués... cuando está bien palquenqueada,
la echamos a la calle puerta ajuera
pa que le ponga sus caronas sucias
el primero que venga...
Y ya ves como aquello que bien pudo
ser fuente de agua dulce, limpia y fresca,
áura es triste charquito de aguas turbias
que revolvieron las pezuñas nuestras...
Pero que a veces, cuando un sol de enero
parece que nos tuesta
y andamos afiebrados por el camino
con la garganta seca,
nos vamos al charquito de agua sucia,
doblamos las rodillas junto a ella;
y tomando por boca y por narices
la encontramos tan linda al agua esa
qu'es mejor olvidar que'es agua turbia
pa hacerle esta pregunta a la concencia:
¿Por qué somos lo mesmo que los cerdos,
que antes de tomar el agua la ensucean?

El cobarde


Un muchachón de manos engrilladas;
un comisario "bravo" y un alcalde
que sabiéndolo al mozo bien seguro
le escupen su desprecio "pa que hable".
-Lo mataste a traición, seguramente...
Y el mozo contesta: -Sepa, alcalde,
que los hombres nacidos en mi tierra
muy pocos matan de traición a naides.
-Sin embargo -interrumpe el comisario-,
nunca matan de frente los cobardes.
-¿Y de cuándo esa fama, comisario?
-Te la ganaste bien aquella tarde
qu'el finao te insultó delante'e todos
y vos, como faldero, te achicaste.
-Aquello jue otra cosa, comisario;
me achiqué con razón, no por cobarde.
Aquella tarde me allegué hast'el pueblo
pa buscarle rimedios a mi madre,
que había quedao solita, allá en el rancho,
quemándose de fiebre sobre el catre.
Si me achiqué, señor, no jué de miedo.
¡Jué su voz que me gritó: "parate"!...
Es muy fiero, señor, pa quien ya siente
que la muerte comienza a aporximarse,
encontrar que no hay naides en el mundo
que le empreste un poquito de coraje;
sin tener quien le rece un Padrenuestro
ni tener quien le pida un "Dios te salve".
Pero ayer me cobré. Mi mama ha muerto;
y ya sin su cariño que me ate
m'encaminé pal pueblo, bien seguro
de no encontrar tranquera que me pare.
Estaba en el boliche el "hombre guapo"
hablando de bravura, de coraje...
"que a los homres los reta como a chicos..."
"que no encuentra varón que se le cuadre..."
Por eso, al dentrar yo, ni m'hizo caso,
y con disprecio comenzaba a ráirse
cuando mi zurda le cruzó la cara
pa evtiar el decirle: "¡acomodate!"
Sacó el facón y se me vino al humo.
La carrera conmigo l'era fácil...
y el hombre, entusiasmao, siguramente,
tiró un hachazo... se quedó pagando...
buscando sitio pa poder dentrarme
y sonso juera yo de no cobrarme.
-¿Tenés más que agregar?
-Sí, comisario:
¡que no güelva a tratarme de cobarde
sin soltarme una mano, por lo menos...
por si tiene el antojo de probarme!

jueves, 19 de noviembre de 2009

Don Plácido


Pa decirles francamente,
el nombre no viene al caso,
allá todos lo conocen
simplemente por "don Plácido",
¡hombre que bien mereció
haberse llamado "don Santo"!
De haber nacido mujer
hubiera sido pa escándalo
y su nombre rodaría
hecho vergüenza en el pago,
todo, porque no sabía
negar favores, don Plácido.

Cuando heredó "El Espinillo"
-de esto ya hacen muchos años-
lo primerito que hizo
jué cambiarle el nombre áspero
y ponerle "La Querencia"
- nombre que está convidando-
y que después los linyeras
se encargaron de llevarlo
pa que todo el mundo sepa
lo gaucho que era don Plácido.

Cuando sus tres chacareros
se atrasaban en el pago
-porque a veces la cosecha
la sabe llevar el diablo-,
por no mandar desalojos,
ni andar con jueces ni embargos,
les regalaba semilla
pa que siguieran sembrando.
Eso sí, tiene un defecto
que no hay forma de curarlo:
nunca permitió que naides
juera a pedirle una mano.

Cuando los veía venir
ya los estaba sobrando;
y así cmo algunos otros
se le agachan pa cuerpiarlos,
él se ofertaba solito
pa evitarles un mal trago,
calculando que el pedir
debe ser muy, ¡muy amargo!

Prestó firmas a granel,
y dio más plata que el Banco,
sin pedir un documento;
ya que a juicio de don Plácido
"eso es mostrar desconfianza"
y es por lo tanto un agravio
que lastima la amistad,
"que no cuadra entre dos gauchos
y como no habían papeles
que recuerden lo adeudado...
la mayor parte de aquellos
amigos se jué olvidando.

Pero don Plácido mismo
se encargó de disculparlos,
diciendo "que de vergüenza,
al no cumplir, se alejaron".
Y ahora, el pobre quedó solo.
Vive apenas. ¡Rajuñando
pa llevar con dignidad
lo que resta de sus años!
Como nunca permitió
que naides pida una mano,
calcula que algún amigo
se ha de ofertar pa cuartiarlo.
¡Y no sabe que con él
se acaba el último gaucho!

jueves, 15 de octubre de 2009

Por casualidá


Bajaba del cerro
yenito'e pesar
cuando dí con eya
por casualidá.
¡Añurita eya!

Le dije: "¿Ande vas?
¿No ves que la noche
ya dentra a bajar
y esto es pa lamberse
de linda qu'estás?"

Me miró asustada,
quiso disparar
y una piedra suelta
la hizo trompezar
y trastabillando
se tumbó ahí nomás...

El destino quiso
que caiga p'atrás,
y al quedar de antarcas
¡pa qué vo'a contar
si estaba'e mi lado
la casualidá!...

Se quedó yorando,
tanto por yorar.
¡No jué mucho el golpe
ni jue lo demás!...

Yo,pa conformarla,
la dentré a besar,
y eya me besaba
por casualidá,
cuando se olvidaba
que me porté mal.

-Yo tengo un ranchito,
le dije al final-;
un burro carguero,
gana 'e trabajar,
y de acoyararme...

¡Qué tanto esperar!
Si a vos te parece...

-Dejame pensar.
-Esto no se piensa;
si total ya está.

Y a las nueve lunas,
según mi contar,
pasó la cigüeña
dejando un pañal,
y adentro una guagüita
como dos no hay.

Y aura qu'es un chango
que comienza a hablar
y me dice un "tata"
qu'es como el patay
pienso que la dicha
no se va a buscar:
viene cuando quiere,
por casualidá...

miércoles, 17 de junio de 2009

El agüelo


¿Qué le vamos a hacer?
Me basuriaron, áura que voy pa viejo;
a la edá que a los hombres no les hace
vivir un año más o un año menos
y no es cuestión de andarle mezquinando
a los ojales, cuando sobra cuero.
Risulta qu'esta tarde,
cuando volvía contento, de un arreo,
sentí que unas chirolas m'estorbaban
y me allegué al boliche "Del Recreo"
-no diré pa tomar, porque no tomo-,
pero m´hija, usted sabe, soy agüelo,
y no quise venirme pa las casas
sin tráirle golosinas a mi nieto.
Dentré y pedí, sin repara en naides:
"Me da unos caramelos,
treinta de aquellos que parecen guindas
y veinte d'esos..."
De una mesa de truco medio al fondo
sentí que se me rieron,
y una voz que conozco hasta dormido,
porqu'es aquella que mintió tan fiero,
me revolvió la entraña preguntando:
"-¿Así que son pal nieto?"
Y me volvió a cargar:
"- Y la Ramona
sigue linda, nomás? Le dá recuerdos,
y dígale que espere sentadita
si cré que yo vi a dir a casamiento".
Yo tuve tentación de atropellarlo
y matarlo a lo perro;
ya que ni ansina pagaría la cuenta
que te quedó debiendo de hace tiempo.
Pero pensé que te dejaba sola,
qu'eras muy poco pa cuidarlo al nieto,
y juntando valor pa ser cobarde,
dejé que piensen que le tuve miedo
y agarré los paquetes y me vine.
..................................
¡Nieto! venga pa acá:
¡sus caramelos!

domingo, 3 de mayo de 2009

Astilla 'e caldén.


-¿Conque sos hijo de Julián Ledesma?
¡Muy buen hombre!, ¿verdá?
Cuando decente, racionaba los caballos de carrera;
tallaba al monte con tan buena suerte
que su cartita lo esperaba en puerta,
¡y hay que ver cómo araba!...
en los boliches, cada vez que tiraba de dos vueltas.

De cumplirse el refrán aquél que dice:
"que da el palo torcido astilla hueca",
no has de ser apegao pa los trabajos
y has de tener más vicios que decencia.

- Patrón, no siga más. Usté no sabe
hasta dónde me duelen sus ofensas.
Que mi tata haiga sido lo que ha sido
no lo puede negar, así quisiera
ya qu'en los hombres caídos en disgracia
se asienta el filo de las malas lenguas
pa cortar en la lonja de los hijos
haciéndoles cargar culpas ajenas.

Pero usté se olvidó que yo, de chico,
ya le sabía el color a la vergüenza
y abandoné pa siempre las paredes
que mi tata ensuciara con sus hechos.

Y agarré pa los campos de trabajo,
ande no hay pulperías ni carreras
y hay sólo un modo de ganar la plata
hecho a fatigas y a sudor que cuesta.

Juí boyero, mensual; uñí los güeyes
y juí como la sombra del mancera.
Más tarde, esquilador de los muy pocos
que contaron sus latas de a doscientas.

Después, cuando los soles de diciembre
hicieron cierto lo que jue promesa
y los trigos lucieron sus espigas
en la fiesta de pan de la cosecha,
la horquilla me enllenó la mano 'e callos
que me dieron patente de decencia.

Y áura, patrón, me voy, si le parece;
pero quiero decirle, pa que sepa,
qu'el caldén es torcido como tata
¡y naides niega que su astilla es güena!

domingo, 20 de julio de 2008

Cosas de la vida


¡Pucha que es triste
tener el rancho ansí, como tapera,
sin tener un jazmín que lo perfume
ni un zorzal que le cante en la cumbrera!
Dende que asoma el alba hasta la noche...
solito por la huella,
si ensillo mi cabayo pa ir al pueblo...
denguno me acompaña a la tranquera,
Y al volver por la noche, está mi rancho
¡tan solo!, ¡tan oscuro ! que da pena!...
Algo me falta...
No basta que uno tenga un poco 'e yerba
o un zoquete de carne pa'l asao,
o un chala pa pitar cuando se ofrezca.
Es algo más... y ese algo
¡amalaya! mi Dios, si lo tuviera.
Lo que me falta es ella:
la hija del pulpero.
La que tiene dos soles en los ojos,
una noche 'e tormenta entre su pelo,
un camoatí en los labios
y un pichón de paloma
en cada seno.
¡Si!, ¡es ella!.
A veces cuando llego hasta el boliche
y me abajo a tomar una giñebra,
me recuesto en la puerta que da al patio,
pa así, cuando se cruza, poder verla.
Yo he querido decirle muchas cosa
pero ¡'qué "mie...zca"!,
las palabras toditas se me añudan,
y no puedo decir lo que quisiera.
Yo me tengo aprendida de memoria
una declaración entera.
Que me la acuerdo bien cuando estoy solo,
y me la olvido cuando estoy con ella.

¡Cosas de la vida!...
Guapo como denguno ¡y ande quiera!
Capaz de matar tigres a talero,
de peliarlo al más hombre a poncho y tierra.
Y no tengo coraje pa decirle
que me sobra ternura pa quererla.

lunes, 7 de julio de 2008

Mi Chala


No sé si es cosa 'e mandinga
o es un regalo del cielo;
algunos dicen qu' es malo:
pa mi se me hace qu' es gueno...

Ricién me dijo el dotor
qu' esta fatiga que tengo
es por culpa del tabaco
qu' está minándome el pecho,
y me ordenó que lo deje
si quiero salvar el cuero!

Pero dejar el tabaco
áura que ya voy pa viejo
y no tengo en que afirmarme
pa tironear los recuerdos...

¿dejar el tabaco, dijo?
Si es cosa que ni la pienso!

Hacen años, muchos años,
yo trabajaba 'e boyero
cuando prendí el primer chala
pa quemar mi aburrimiento.
Que lindo se iban las horas,
que pronto volaba el tiempo
y que hombre me sentí
con el chala entre los dedos!

Cuando mi madre se jue
sin tiempo pa darme un beso,
quién otro sino mi chala
me acompañó al sentimiento
y se quemó sin renuncios
con tal de darme consuelo!

Más tarde, cuando el amor
dentró a golpear en mi pecho,
ese amor qu 'es vida y muerte,
qu 'es triunfo y renunciamiento
y que nos mata de a poco
porque se vive muriendo,
si habré domao impaciencias
pitando como un murciélago!

Y al fín, ¿pa qué?: pa que un día
barriera todo el Pampero...
Ella no tuvo reparos
en aventarme los sueños.
Cuando esa tarde me dijo
que no perdiera más tiempo
y supe que otro varón
se había ganao su aprecio,
menos mal que tuve un chala
que supo darme un consejo
y m 'entretuvo la mano
que andaba tanteando el fierro!

Dispués cambié de querencia;
me dijo: "Hacete resero,
nada hay mejor qu 'el camino
pa quien no tiene un afecto".

Las noches que habré pasao
tendido sobre el apero
sin más estrellas que el chala
parpadeando en el silencio!

Más tarde, cuando la vida
m 'enredó entre los puebleros
y entré a borronear cuartillas
pa darle forma al ricuerdo,
quién otro, sino mi chala,
me ayudó a escribir los versos!

¿Dejarlo porqu'el dotor
me vino con ese cuento
de qu 'el tabaco hace mal
y está minándome el pecho?
Deje nomás que me mate!
Si por él estoy viviendo!

Mi desgracia.


Señor padre cura ¿me da su palabra
que si me confieso no le cuenta a mama?
Señor padre cura ¿me dà su palabra
de quedarse como quien no sabe nada?

Mire que estas cosas no son pa' contarlas
cuanti uno las dice ya se disparraman
y no hay quien las pueda ni vuelva a juntarlas.

¿Sabe que el Jacinto pasa por mi casa
y me tira besos desde la distancia
que me guiña un ojo y a veces me llama
para que lo ayude a juntar las cabras...?

¿Còmo padre? ¿que si a mi me gusta?
¡Esa es mi desgracia!
Si en cuanto lo nombro ya estoy sobre ascuas
y me quemo sola al oir su palabra.

Lo sueño de noche....Lo pienso en el alba...
y cuando a la siesta se ricuesta mama
me voy hasta el monte....
a.... buscar un poco de leñita seca que siempre hace falta.

¡Y ahì viene lo malo!
El Jacinto ¡me alcanza!
y me dice cosas tan de exageradas
que una ya ni sabe como contestarlas

Y claro, me callo. Y el...
el entra en confianza...
me agarra la mano....Me toca la cara...
¡y me hecha langostas por dentro e' la bata!

¿Còmo padre? ¿que si yo las saco?
¿Còmo bua' sacarlas si andan a los saltos como condenadas!
Las saca el Jacinto.....¡y esa es mi desgracia!
cuanto me descuido toy' desabrochada
pierdo las poyeras y hasta las enagüas

Señor padre cura, no pregunte nada
ni le cuente a naides esto que le digo
pa' aliviar mi alma.
Lo quiero al Jacinto por mal que me haga
lo quiero al Jacinto ¡y esa es mi desgracia!

El Overo.



Degollalo, Cipriano, degollalo;
ya el matungo no tiene más rimedio:
hace dos o tres días qu' está cáido
y es inútil buscarle un aliveo.
................................
-Anoche, al acostarme, yo pensaba
en eso mesmo que m' estás diciendo,
y esta mañana preparé la daga
pa despenar pa siempre al pobre overo;
pero ¿sabe, mi Vieja lo que pasa?
Me alcanzó a conocer a veinte metros,
Y levantando un poco la cabeza
m`hizo un relincho corto, dend' el suelo.
Me arrimé pa matarlo,
y vide en sus cansados ojos negros
yo no sé qué mirada tan extraña
que me tembló la daga entre los dedos
y me puse a pensar: ¡qué me diría
al saber que soy yo, que lo degüello!
-"¿Es ansí cómo pagan los cristianos
dispués que uno está cáido y está viejo?"
-"Este es un bien pa vos -quise esplicarle.
Sentirás un dolor cuando entre el fierro;
pero dispués verás, cuando la sangre
dentre a chorriar y a coloriarte el pecho,
te sentirás liviano como en antes
y todo ese dolor se te irá yendo…"
¡Y sacando coraje, ni sé di 'ande!,
con una mano le tantié el pescuezo,
y cuando estaba a punto 'e degollarlo
me maniaron la mano los recuerdos...
Recularon los años de mi vida
y m' entraron a arriar los pensamientos
pa los tiempos aquellos que denguno
me prestó más servicios qu` el overo.
Yo tenía p' aquel tiempo veinte años
y él sería un potrillo 'e tres y medio…
cuando una vez, por cosas…
por, sonceras que cuasi ni me acuerdo,
le pegué unos hachazos en el tuso
al comesario mesmo.
Y tuve que juir. Mi suerte estaba
puesta en las patas de mi parejero,
y pa ganar el monte,
vadeó los ríos, jinetió los cerros,
y si de un galope no cruzó los Andes
jué porque nunca le pedí ese esjuerzo.
Dispués, cuando unos ojos
que no sé si eran brujos o hechiceros
m' enredaron pa siempre y arm' el rancho
pa tener en mi rancho ¡dos luceros!,
mi overo puso el anca pa' llevarte;
. . . y como pa dir al cura estaba lejos. . .
hizo la vez de cura, de padrino
y jué testigo 'e nuestro casamiento.
Después de algunos años,
cuando el gurisito cayó enfermo,
¿quién se galopió las doce leguas
que hay estendidas dende aquí hast' al pueblo,
y quién se galopió las otras doce
pa venir hasta aquí con los rimedios?
Por eso, no me animo a degollarlo;
dejalo al pobre overo
¡que se muera solito allá en el bajo,
que yo perdí el coraje hasta pa verlo!

martes, 1 de julio de 2008

Barbucho


¿Te acordás, Barbucho?
Si no jue un domingo, le pasa raspando...
Yo estaba en mi rancho, masticando un pucho
d'esos qu'en la boca dejan gusto amargo,
cuando vos llegaste, ¡yo ni sé de dónde!
y a partir d'entonces comenzó el milagro.
¿Te acordás, Barbucho?
Ahí no hicieron falta las presentaciones
como en tantos casos
necesita el hombre pa dentrar en tratos,
ni las referencias o el pedir de informes,
que al final de cuentas sirven pa clavarnos.
Me jue suficiente saber qu'en las patas
tráibas la flojera de un trotiar muy largo
y leer en el arco de tus costillares
lo qu'escribe el hambre cuando s'es honrado.
¿A qué más informes?
¿Y acaso vos mesmo no llegaste al rancho
sin más referencia que la de tu istinto,
que te iba diciendo que el dueño era un gaucho?
Y ya ve, mi perro: dende aquél entonces
llevamos cumplido cerquita del año
sin qu'entre nosotros haiga "un más" o "un menos"
pa echarnos en cara, como los crestianos.
¿Dice que me debe? ¡No piense zonceras!
¿Qué vale ese güeso que le habré alcanzado
o esa matra vieja que tiré en el suelo
pa que su osamenta descanse en lo blando?
¡Conteste, Barbucho! ¿Qué vale esa sobra?
¿Qué vale esa nada si yo la comparo
con ese desvelo que pone en las noches
pa cuidar lo poco que queda en mi rancho,
con esa confianza que tiene en su dueño,
con esa pacencia que sigue mis pasos
y ese gusto sonso de ir tragando tierra
cada vez que salgo montao a caballo?
No me mire ansina, ni mueva esa cola
como quien no quiere seguir escuchando;
que ya ando con ganas, amigo Barbucho,
de soltar los rollos que tiene mi lazo.
Esa tardecita, cuando usté llegaba,
yo tenía una cuenta pa cobrar, de "algo"...
de algo que se cobra solamente en sangre
y a la vez se paga con encierro de años.
Y usté se me vino como un viejo amigo;
me miró a los ojos tal vez barruntando
la soncera grande que cometería
si me doy el gusto de ir a buscarlos,
y meneó la cola como pa decirme:
"No se pierda, amigo, por tan poca cosa;
si nada se gana con dir y matarlos".
¡Me valió el consejo! Aura ya soy otro.
Soy capaz de verlos y seguir de largo.
¡Y eso porque pienso, mi amigo Barbucho,
que ha de ser muy fiero tener que separarnos!