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miércoles, 22 de junio de 2011

Repitiendo una milonga

(Pintura: Carlos Montefusco)
Hoy el llano es una estampa
tendida sobre una mesa
que una mano con destreza
pintó como un poncho pampa;
hoy el novillo es sin guampa
y más manso que un cordero,
ya no es lujo el cadenero
estirado como goma
ni cuchicheando se asoma
el gorrión bajo el alero.

El modernismo arrasando
fué con las costumbres viejas,
las pulperías sin rejas
fueron de a poco quedando.
Los pajonales arando
corrieron los sabandijas,
y se compraron cobijas
y el catre fue desterrado
¡y al alma del encordado
le rompieron las clavijas!

Ya del progreso al embate
se llama gripe a la "influencia"
y nadie tiene querencia
y avergüenza tomar mate.
El remedio es disparate
si no viene en frasco escrito
y adentro en un papelito
la forma en que ha de servirse
¡Si hasta amigo pa'morirse
tiene que hacerse el bonito!

Si revolviendo el pasado
usa un remedio casero,
desparrama el pago entero
las mentas que es atrasado;
tiene que ser revisado
por el dotor largamente
y tragar pacientemente
todo lo que él le enjareta
¡aunque le tuerza la jeta
el asco del ingrediente!

Y así las cosas, cuñao
(Que va a retrucar usted-
"Si, por la mía no sé
por la suya no hay cuidao")
Le dan un certificao
donde dice de que fiero
mal entregó, amigo, el cuero
y si eso es cierto o no es cierto
¡Total, qué le importa al muerto
si ya cantó pal carnero!

En vano ante el empujón
de la vida, al empacarse;
si ve a su mujer fugarse
no hay que hacer un papelón,
detenga en esa ocasión
la pena que lo desgarra,
tampoco lo tome a farra,
sea social en su trato
¡mirando de ella el retrato
cántele con la guitarra!

Y no importa que lo explique
en su canto dolorido,
eso queda muy lucido
cuanto más se le publique:
"Entrá nomás, no te achiques",
diga si llega a volver
pues bruto no debe ser
ni demostrarse tan malo,
que es feo moler a palos
a una "indefensa" mujer.

martes, 21 de junio de 2011

Milonga


Milonga que la encordada
como llorando rezonga,
te llevo en mi alma, milonga,
como una espina clavada;
cuando la tarde soleada
va dorando los pajares
y en las sombras tutelares
de un sauce grande me acuesto,
el viento soplando fresco
milonguea mis pesares.

Fué tu canto guacho, el rezo
de mi niñez olvidada,
y de la tierra adorada
llevas el soplo de un beso.
Cuando el alma desperezo
y la osamenta reparto,
lanza del árbol más alto,
para hacer que me reponga
la calandria su milonga
y me enderezo de un salto!

Si la china culebrea
y me mezquina un pellizco
como mancarrón arisco
que desconfiado mosquea,
yo la sigo a la batea
aunque deveras se oponga,
y si "entoavía" rezonga
yo le canto del galpón:
y le acuno el corazón
en alas de una milonga.

Si en el boliche la taba
se da vuelta -vuelta a vuelta-
y la cosa está resuelta
en dejar lo que llevaba,
si la tristeza me traba
pensando en mi mala suerte
ya en el rancho, me hago el fuerte,
echo una milonga al medio
¡que dice que no hay remedio
tan sólo para la muerte!

Viento de otoño

(Pintura: "Moisesville" de Gaby Grobo)
Barriendo viene el camino
el viento que el polvo aventa
y desde lejos se menta
la fuerza del remolino;
chirria el eje del molino
y la rueda hace gambetas;
dan dos vueltas las paletas,
las repiten al revés,
y se oye de vez en vez
silbar a las martinetas.

Sacude de tanto en tanto
los sauces que amarillean,
sus hojas muertas gotean
con la blandura del llanto:
se siente un vago quebranto,
la angustia rompe su entube,
y a la garganta nos sube,
aumentando el desconcierto,
si el sol que parece muerto
se esconde tras una nube!

Queda algún nido de hornero
entre el ramaje desnudo
aguantando el soplo rudo
y seguidor del pampero;
se hamacará con el fiero
sacudir, allí en su horqueta,
y se me hace a mí, poeta,
al ver que nunca lo saca
¡un gaucho como una estaca
que jinetease un sotreta!

Aunque el alma como fierro
tenga el hombre más fortacho
siente, si no es muy muchacho,
como el frío aullar de un perro:
el Destino su cencerro
deja oir hasta el más feliz,
que la vida es un desliz,
sin un posible retoño
¡y tiene también su otoño
como esta tarde gris!

sábado, 18 de junio de 2011

Con el pie en el estribo


Cuando ya esté pa dirme,
cuando las prendas suebren en el viaje,
cuando tu voz se empañe al despedirme
¡escasa de coraje!

Cuando como un ñublao,
como una tela tenga encima de las vistas,
y la lengua trabada se ha empacao-
¡porque al cuete es pensar que se resista!

Secá los ojos y mirá pa'juera
y pensá-
Que la muerte, si es fiera, no es tan fiera:
¡Por lo menos nos hace descansar!

Ahorrame los rezos,
que si hubiese justicia más ayá,
no la creo ni temo, ¡qué canejo!
Si a naides hice mal!

No necesito cruz pa'los lamentos,
consolate, nomás:
La cruz -en vida- la llevé en los tientos,
¡Pa'qué preciso de las cruces más!

Reculando al tiempo


En los días más diversos,
con alegrías y penas
hilvanaba las cadenas
muy sencillas de mis versos;
como de arreos dispersos
campeando las consonantes
iba por pagos distantes
-tropero de mis empeños-
tejiendo ponchos de ensueños
con cosas pasadas antes.

Así encontraba el olvido
calmando toda inquietud
por alguna ingratitud
que me hubiese dolorido;
el recuerdo, colorido
le daba a la evocación
y me veía ante el fogón
con un costillar plantado,
un amargo bien cebado
al amparo del galpón.

Chillaban los venteveos
en las ramas de los sauces,
y como siguiendo cauces
cruzaban el campo arreos;
y en aquellos ajetreos
llegaban bandeando el llano
el grito de algún paisano,
de la madrina el cencerro
y algún ladrido de perro
como un lamento lejano!

Después, calma: en el alero
cuchicheaban de a ratitos
gorriones y chingolitos
y allá por el bajo, el tero;
dormitando, el ovejero
en la siesta descansaba,
las patas acomodaba
sirviéndole de almohadón,
y a veces un tarascón
tiraba a una mosca brava.

Quebraba luego el reposo
de la tarde muy serena
el chirriar de la cadena
en la "rondana" del pozo;
de la ranchada algún mozo
se llegaba a tranco largo,
que aunque no fuese de encargo,
por gaucho y por servicial,
¡traía sonriente y cordial
el brindis de un mate amargo!

Y de la hora a la pregunta
caía al punto la respuesta
y terminaba la siesta
y a con los huesos de punta;
de torcazas una yunta
era fácil divisar-
que del sol al amparar
los cuerpos como capullos,
¡deshojaba el sauce arrullos
como un doliente rezar!

Mano criolla


El botón de la presilla
que sujeta a la encimera
no lo abre un tirón cualquiera
aunque cinche una tropilla.
Es de confección sencilla,
salido de mano ruda,
mano en que el criollo se escuda
y va al peligro tranquilo
¡Que no ha de mermarle al filo
cuando la cosa es peluda!

Mano tosca, mano fiera
que aguanta al lazo el cimbrón
cuando enlaza el cimarrón
que ha puerteado campo afuera
y un pial de astucia certera
junta sus manos al vuelo
y el tirón venido al pelo
a la libertad lo arranca
¡y golpea con el anca
chicoteando por el suelo!

Mano que calza la taba
y la acaricia un baquiano
con la magia de su mano
de vuelta y media la clava;
al ventajero lo traba
al conocer la intención
que va a pelar el facón
y bien sabe, compañero,
¡no hay animal pescuecero
si se le gana el tirón!

De los alambres de púa
a veces luce una herida
que el sol la seca enseguida
como seca la garúa;
la mano es como ganzúa
que abre cuanto se imagina:
y en esta tierra argentina,
si algún amor lo desgarra,
¡abre al son de su guitarra
el corazón de una china!

(Foto: Aldo Sessa)

La vuelta del resero

(Pintura: Eleodoro Marenco)
Cuando la noche es oscura
y el rumbo se presta a yerros,
el tilín de los cencerros
es la guía más segura:
la madrina va en procura
de la querencia, afanosa,
y la noche tenebrosa
parece menos huraña
¡Dando una apariencia extraña
de misterio a cada cosa!

De los ranchos más cercanos
llegan furiosos ladridos
y los teros, sorprendidos,
gritan su angustia en los llanos.
Al llegar a los pantanos
el galope se detiene
y con molestia se aviene
el pingo baquiano al cruce
¡Mas la espuela que lo induce
con él compasión no tiene!

La brasa del pucho que arde
porque el viento la acaricia,
en la noche desperdicia
el brillo que hiciera alarde;
se agranda de tarde en tarde
y parece así una estrella
que recorriese la huella
en la boca de un varón
¡campeando algún corazón
perdido en la noche aquella!

El viento descansa a ratos
dormitando en las cañadas
y descubre a la bandada
el silbido de los patos;
los teros sus alegatos
siguen en largo desvelo,
y alas tendidas en vuelo
de un pájaro misterioso,
en la noche, sin reposo
son las puntas de un pañuelo.

Y el ruido del galopar
se prolonga en el camino
rumbo al deseado destino
que aguarda nuestro llegar;
un alegre respirar
el pecho gozoso hincha,
que aunque esté floja la cincha
apura al gaucho el halago
de sentirse ya en el pago,
pues la madrina relincha!

Peoncito

(Pintura: Carlos Montefusco)
Demasiadas carnes pa'poca bombacha,
y pelos te suebran p'al viejo chambergo;
y por las caniyas curtidas y flacas
tenés sobrenombre "patitas de tero".

Pedazo'e camisa que tiene su asomo
por un ujerito que te hizo la púa
y alcanzó a arañarte brutalmente el lomo,
que sabe de fríos, de sol y garúas!

Caniyas chorriadas al dir al galope
por los cañadones jugando con barro,
y cáscara dura tenés los talones
de dir taloniando matungos muy flacos!

La bocaza abierta, yenita de risas,
sos pájaro manso que canta riyendo;
pa'mandarte, siempre alguien te precisa
y todos son dueños de dirte exigiendo!

Te tratan con lástima -hasta que los años
a apuntarte un día se atreven el bozo,
y a algún engreído de pagos extraños
le hacés ver difícil arriar al mocoso...

Patente de gaucho te da tal hombría,
y ya alguna pilcha comprás en la "Esquina";
y un día dichoso -¡Dichoso aquél día!-
te agenciás -muchacho- de rancho y de china!

Y darás gurises muy pobres de trapos,
pa'quienes no alcanza jamás la gayeta,
que igual que ñanduces que van por los campos
¡Irán por la vida rumbiando gambetas!

Ortiga crespa


Deja el cuero dolorido,
que güen rato mortifica,
porque es ortiga que pica
dendeveras y al descuido.

Y no sé porqué razón
lo comparo a tu desdén
que deja roncha también
en medio del corazón!

Mujeres ortigas son
que aunque naide no las ve,
¡Levantan las ronchas que
no se curan de un tirón!

La esquila

(Pintura: Molina Campos)
"Si hay carne y cueva, que llueva!"
Un galpón grande y abierto
del lado que da al corral
sirve de hermoso tendal
contra los soles cubierto;
el agarrador despierto
no le merma a la tarea,
agarra, trae y voltea
y las va poniendo en fila,
¡Mientras la comparsa esquila
con ligereza y bromea!

Doblados de la cintura,
entre las piernas la oveja,
va cayendo la madeja
de lana con su blancura;
el esquilador apura
pero cuida su trabajo,
que, aunque trabaja a destajo,
ser lerdo es de mala fama:
¡Y a veces el cuero inflama
la llama ardiente de un tajo!

Un balerío tristón
responde, de la majada,
a la recién esquilada
que va a engrosar el montón;
y al mirarla, un juguetón
dice, por tomar el pelo-:
"Como contaba mi agüelo
que en los tiempos suyos fuera,
era ansina la escalera
con que un zonzo subió al cielo"!

La tormenta amenazante
hace temer al patrón,
que con recelo tristón
mira al cielo a cada instante.
La mortandad, importante
ha de ser en esta prueba.
Que el frío mata y se lleva
a muchas, como un veneno:
y uno grita al oir un trueno
"¡Si hay carne y cueva, que llueva!".

lunes, 6 de junio de 2011

El tirador

(Foto: Martín Pedro Hardoy)

Prenda tan gaucha que ha sido
y hoy casi nadie recuerda,
no es difícil que se pierda
como un héroe en el olvido.
En él fue más sostenido
el facón que el chiripá;
y mi recuerdo se va
a confundirse y lo enredas
al brillar con tus monedas
en tiempos lejanos ya.

Talvez las cosió una china,
orgullosa de tu adorno,
mientras al calor del horno
se hacían tortas de harina.
La regalona gallina,
por aquél brillo tentada,
en su falda acomodada
picando con mucho empeño
no le quitó ni una al dueño
porque era muy vigilada.

Las rastras eran platales
que coronaban la prenda
con la marca de la hacienda
o en oro las iniciales.
En sus bolsicos los riales,
como una hacienda revuelta:
mas ya la apuesta resuelta,
se decía en son de chanza:
"Poniendo estaba la ganza"-
¡Y había que darlo vuelta!

No faltó quien, al calor
del juego que al alma traba,
a las vueltas de la taba
lo arriesgó con su valor,
y se alejó con dolor
cuando así se lo ganaran,
y su suerte comentaran
sufriendo el rudo bochorno
¡De perder el gaucho adorno
que tanto le codiciaran!

El chismoso


Paisano de pinta brava
pa quien el mate es de miel
y si no seca un jagüel
es por no gastar la pava;
jamás su lengua se traba
si halla con quien conversar
y no se va a molestar
porque se le acorte el pucho.
Siempre le suebra un cartucho
si necesita pegar!

El lleva mermuraciones
de lo que en el pago pasa,
menos lo que pasa en la casa
que otros cuentan a ocaciones;
en toditos los fogones
se le reserva un rincón
y esperando el cimarrón
mientras el pucho ladea
cada chisme que gotea
saborea la reunión.

El sabe que no era cierto
la enfermedad de Ramona.
Que jué ligera y cortona
y la agarró a campo abierto;
parece que ño Ruperto
-el de la Estancia "La Taba"-
día y noche la rondaba,
cuando nadie los veía:
el no sabe que sería
que ella nunca se enojaba...

Entre el humo que lo apura
mira entornando los ojos
mientras deja los despojos
de la moral del que achura;
ni se escapa el señor cura,
ya anciano, a su torpe asedio,
y dice como con tedio,
cansado de echar veneno:
no hay naide en el pago güeno
¡canejo! ¡ni pa rimedio!

Motivo de invierno

(Pintura: Rodolfo Ramos)
Silbando por el rastrojo
se siente a la colorada;
el sol es una frazada
pa'l que anda de ropas flojo;
la vista goza a su antojo
de la claridad del cielo
que solo rompe el desvelo
con un punto que lo mancha:
el chajá, que el aire ensancha
de su pacífico vuelo.

Se respira el aire frío
con fruición de cosa grata
y la calandria desata
su insistente fío-fío;
el gallo su desafío
lanza y en el suelo escarba,
y al reparo de la parva
los chicos muy retozones
calientan sus sabañones
¡Pican una cosa bárbara!

Se calma la picazón,
según la cencia gauchesca,
buscando una hortiga fresca
y golpiando la hinchazón;
y sé que tiene razón
y le doy por eso alientos
con mi recuerdo a los tientos
con que a veces me emborracho
del tiempo en que fuí muchacho,
allá por el novecientos.

Por la mañana temprano
salía a buscar tropilla,
el carrero, porque ensilla
después de darle su grano;
se endurecía la mano
en las riendas y del morro
el aliento como un chorro
de vapor se iba escapando
y a los charcos gambeteando
seguía al trote el cachorro.

A veces a la distancia
con grito nos anunciaba
si a "Don Juan" me lo encontraba
en el campo de la estancia;
como esperando su instancia
a cosa tan divertida,
montábamos enseguida,
que el zorro tiene sus tretas
y en ocasión a gambetas
se suele escapar con vida.

Lo acosábamos con saña
sin darle tregua al bandido
que a vueltas nos ha tenido
corriéndolo la mañana;
andan gritando la hazaña
los teros alborotados
y disparan asustados
potros, ovejas, novillos
y los pobres corderillos
que balan abandonados!

Lo que enseñó el hornero

(Foto: tomada de Flickr de "Héctor", hmlaplata)
Albañil - De vos aprendió el gaucho
toda la ciencia de preparar el nido:
con paja y barro
se hizo el hogar nativo.

Bajo el poncho del cielo
chiquitito se agacha;
es una cueva para cualquier pueblero
y es un palacio para cualquier vizcacha.

Deje que sople el viento
más feroz de las pampas,
él se prenda a la tierra
como con cuatro garras,
como si echara raíces
de nuestra tierra gaucha en las entrañas.

Por un "aujero"
mira el camino por donde van los criollos
con nombres de reseros
sufriendo fríos y tragando polvo...

Y otro "aujero" en el techo-
por donde sale el humo con vapor de puchero-
y el perfume -en las noches- del asado estupendo
que nunca apaga el fuego.

Un pozo te refresca con el agua del charco,
por donde hacen un alto
en horas de la siesta, chingolos y cachirlas
y la infaltable yunta de patos.

De noche, cuando el balde queda lleno de agua,
pega del cielo un salto
la estrella más brillante y viene a darse un baño!

Había sido pa'l amor...


En la cinta del sombrero
ha acomodado un clavel
que orgulloso luce en él
pa'envidia del pago entero.
Ella se lo dió: "Te quiero",
le susurró en voz muy suave;
él conociendo la clave
porque sabe mucho de eso,
puso en sus labios un beso
como si fuera una llave!
............................
En rededor del fogón
la peonada toma mate
dándole gusto al gaznate
y brillo a la tradición.
Cuando enfrentando el montón
y para darle un azote
muestra de su amor el brote,
grita uno en tono zumbón:
-"¡Cómo será el cañadón
que el chancho lo cruza al trote!".

-"Lavate, maula, la jeta";
retruca el mozo altanero,
pa'charlar de la que quiero
el más bagual se asujeta.
A uno le hace una gambeta,
a otro lo para baquiano,
y el charlatán que es paisano
que a naides le ha dado el anca,
¡Copa enseguida la banca
con el facón en la mano!

Interviene el mayordomo
que los sujeta a palenque
y no les merma rebenque
ni lazazos por el lomo:
su autoridad es de plomo
y le abajan el testuz;
se desgranan como luz
mas el dolorido apunta:
-"Me las pagás todas juntas
¡Te juro por esta cruz!".

domingo, 5 de junio de 2011

Invierno

(Pintura: Francisco Madero Marenco)
Ahora que el invierno viene
y cada vez más lo siento,
en que hace cosquilla el viento
y a maltratar siempre me tiene,
el prepararse conviene,
que va la cosa "endeveras";
cuando es muchacho, cualquiera
le sabe guapear al frío,
pero yo ya no me río
¡Empiezo a tener goteras!

Por los años muy maltrecho
lo mesmo que un pobre rancho,
que cual nido de carancho
tiene las pajas del techo,
raleadas de trecho en trecho,
revueltas cual chuzas feas
en las constantes peleas
con vientos, con aquilones
¡Por cobijar los fogones
donde el buen criollo matea!

El poncho se fue pelando
y me parece más fino:
si fuese el poncho ladino
¡Las cosas que irían contando!
De aquellas noches, de cuando
una china alborozada
no tenía otra enramada
para gambetearle al frío
¡Que el calor del pecho mío
y el poncho que nos tapaba!

Dónde estará la muy pilla,
tal vez chupeteando lerdo
el mate de los recuerdos,
vieja, bichoca y tordilla,
y eso que era como ardilla:
¡Qué moza, válgame Dios!
y ligera para los
mandados como un expreso,
¡Cuando yo le daba un beso
ella me zampaba dos!

No es de "rispeto" que un viejo
cuente eso, comentarán.
Pero ya me lo dirán
si a viejos llegan, ¡canejo!
Si no se vive el reflejo
de la juventud de ayer
¿Qué cosas pueden haber
que nos traigan alborozos?
¡Ah, tiempos de los rebozos,
se jueron pa no volver!

Don Pancho

(Pintura: Carlos Montefusco)
De la estancia "La Blanqueada"
una legua pa'l arroyo,
hay un lindo rancho criollo
y una morocha encantada.
En la tranquera sentada
del camino junto al rancho
la suele encontrar Don Pancho,
que usa, taura, cuello duro
¡y le asienta, le aseguro,
como la montura al chancho!

No bien lo ve en el lobuno,
lo conoce la muchacha
que coqueta y vivaracha
anda a la pesca de alguno;
don Pancho lo cree oportuno
y dice: "aquí me resuelvo",
"de esta para otra no vuelvo",
mas se asienta en la largada
si le sale a la cruzada
lo mesmo que cuzco'e pueblo!

Tartamudea un saludo
que ella recibe sonriente
y él se baja diligente
en una mano el aludo;
habla del tiempo: "es al ñudo"
piensa: "la güeya no agarro";
del amor se encaja el carro,
pues suda y tartamudea
y queda -hágase una idea-
¡como alpargata en el barro!

Una tarde halló coraje
para atreverse a la hazaña:
¡Una tropilla de cañas
que fue domando de un viaje!
Y en aquel mismo paraje
la atropelló en forma tosca
y ella no se hizo la hosca,
ahí no más agarró viaje
pensando con el gauchaje:
"Cazó mi perro una mosca".

Recado del sur


Recado corto y liviano
para que no sufra el pingo,
que como una cama al grino
sirve de cama al paisano;
con su encallecida mano
amoroso lo empareja,
y si alguna manta vieja
muestra el dolor de una hilacha,
¡Como si fuera muchacha
se la acaricia y la deja!

A la orilla del camino,
del rodar en el remanso,
fué la gloria de un descanso
que tras muchas leguas vino;
y si amoroso destino
puso en su noche una prenda,
en él ganó la contienda
lo mismo que en el trabajo:
¡Y si lo alcanzó algún tajo
sobre él se arrolló una venda!

Todo lo que el gaucho exija
tiene en él un asidero,
el lazo que cimbra fiero
y castiga la verija,
lucirse en una sortija
donde el aplauso se arranca,
o haciendo un copo de banca
si el amor puso su broche:
¡Para esperar a la noche
y alzarse la china en ancas!

Cuando la muerte está cerca
en él la espera tranquilo;
ya ni la daga ni el filo
recular hace a la tarea,
termina la vida puerca
sobre los bastos ya chatos,
labrados con garabatos
al roce de la encimera:
¡Que el recado para él era
"Como el charco pa'los patos"!