jueves, 26 de agosto de 2010

Mi cómplice


Cuando el cielo se oscurece
la luna duerme en su falda,
y un anónimo pincel
dibuja estrella de plata.
Sólo el viento tiene voz
por los zumbidos que arranca
que al confrontar con los árboles,
se convierten en palabras
para romper el silencio
de mis noches solitarias.

Dicen que la soledad
si es enemiga te mata,
pero si uno se hace amigo
aunque es sola, te acompaña.
No es una única persona
quien en el silencio habla.
Son dos soledades juntas;
la del cuerpo y la del alma.
Una sin otra no existe
y otra sin una, no es nada.

Mis canciones más honestas
y mis ideas más claras,
surgieron, precisamente
en horas de madrugada.
Cuando un grillo traicionero
le pone al silencio trampas,
suelo ponerme de pie
enfrentando mi ventana,
que es un espejo gigante
para mirar mi mirada.

Aunque esté entre multitudes
y el ruido también atraiga
son efímeros momentos
por algunas circunstancias.
Pero nada es comparable
a mis madrugadas largas,
donde la luna es mi cómplice
hasta la hora que se marcha,
que es cuando voy a contarle
los secretos a mi almohada.

Que grande es el mundo afuera.
Que pequeña que es mi casa.
Pero si se observa bien
es un palacio de gala,
donde no hay trono ni reina,
emperatriz ni monarca.
No precisa de esas cosas
porque con muy poco basta.
Así es mi felicidad
y con ser feliz, alcanza.

Muchos vivirán, pidiendo,
yo en vez de pedir, doy gracias,
cuando me encuentro a mí mismo
en mis noches solitarias.
Mientras habiten silencios
en el mundo de mi casa.
Cuando con la soledad,
pase las horas más gratas.
Y recién pueda dormir,
cuando mi cómplice marcha.

Mi cariño ya perdido


Voy cual errante trovero,
por la desierta extensión ,
modulando una canción,
al tranco del parejero
y voy cruzando altanero,
a la gran senda soleada,
largándome a la cruzada,
los rigores del pampero.

Mi cariño ya perdido,
de lo que ayer supe amar;
en honda duda pesar;
recuerdo de lo que he sido,
mi recuerdo he sumergido,
en los crueles sinsabores,
que cubierto de dolores
cruzo el campo del olvido.

Soy aquél que en la frontera,
tenía el rancho de mi amor;
hoy solo queda rencor,
olvidando campo afuera,
sin una alegría siquiera,
por recordar; bien perdido,
soy un paisano abatido
de esta raza, altanera.

Soy un paria sin guarida,
que por el llano infinito,
voy al tranco, al galopito
sin calma en mi triste vida,
llevando una honda herida,
en mi gaucho corazón,
herido de una pasión,
sueño la dicha perdida.

Entero quiero quemarme (Estilo)

(Pintura: Carlos Montefusco)
La pampa supo mi paso
cuando marché pa'la guerra
pues fui golpiando la tierra
con la rudeza 'e mi canto.
Hoy, después de rodar tanto
entre los campos salvajes
dejé 'e cantarle al coraje
para cantarle a tu amor
que's lo mesmo que una flor
después de tan largo viaje.

Cuando en el cruel entrevero
asquiao de sangre y lanzasos
pensaba en bajar los brazos
y ansina entregar el cuero,
me asaltaba tu ricuerdo
y me abrazaba tan fuerte
que la espantaba a la muerte
y me infundía valor;
prienda, en la guerra, tu amor
jue mi ponchito'e la suerte.

Hoy que me encuentro de vuelta
en el pago'e tu cariño
le pongo un poncho de olvido
a lo mucho que sufrí;
debo sentirme feliz
de que supiste esperarme
por eso voy a quedarme
a tu lado mientras viva,
y en tu pasión encendida
entero quiero quemarme.

Amanecer en la Estancia


En sus últimos bostezos,
se está durmiendo el lucero,
y hay un cantar mañanero,
con música de embelesos,
la brisa deja sus besos,
sobre la vegetación,
y en esa gran floración,
sobre el campo refulgente,
allá en el lejano oriente,
enciende el sol su fogón.

Con sus tintes color grana,
y mágicos esplendores,
entre matices de flores,
ya despierta la mañana;
desde la fronda desgrana,
su melodía de zorzal
lo acompaña un cardenal,
y una calandria cantora,
pone una nota sonora,
en esa orquesta auroral.

Ya cada peón de la estancia,
después de cimarronear,
su caballo va a buscar,
y lo ensilla con prestancia,
mientras se oye en la distancia,
el tañido de un cencerro,
bala un ternero en su encierro,
y un paisano en el corral,
palenquea un animal
y se oye ladrar un perro.

En la espléndida mañana
que de su sueño desvela,
hay un chajá centinela
saludando con su diana,
la alborada se engalana
con su nota matutina,
hay claridad cristalina,
natural de los arroyos,
en los despertares criollos
de nuestra tierra Argentina.

De cepa criolla

(Pintura: Carlos Montefusco)
Ya parece que el criollismo
ha rodado campo afuera,
como si alguno lo hubiera
empujado hacia el abismo;
el paisano no es el mismo
de otras épocas pasadas,
van llegando las gringadas
con el calor de sus lumbres
a robarnos las costumbres
de tanto tiempo arraigadas.

Será muy lindo todo eso
pero a nuestra hermosa historia
la borra de la memoria
el avance del progreso;
hasta el soberano beso
que nos brindara el pampero
ha cambiao de derrotero,
de fortaleza y de ropa...
Tal vez se embarcó pa Uropa
llevando carnes y cueros!

Basta mirar los fogones
pa dasre cuenta e la cosa,
pura gringada hacendosa
mesturada entre los piones;
todos van de pantalones
luciendo su triste facha;
ya se ha muerto la bombacha
y si hay un criollo en la rueda,
tiene blanduras de seda
y es humilde como guacha.

Ha muerto la tradición
del tiempo de Martín Fierro,
y el gauchaje como perro
siguiendo la procesión;
es una desolación
que tiene pesos de plomo
no hay criollos ni por asomo,
y se ven los argentinos
patiando por los caminos
con las cargas en el lomo!

Los paisanos han tenido
tropilla, mujer y rancho,
y hoy andan como el carancho
dando vueltas afligidos;
los gorriones han venido
y la calandria se fue,
ni una payada se vé
que recuerde a Santos Vega...
El gringo a caballo llega
y el pobre criollo, de a pie!...

Charlas de fogón

(Pintura: Carlos Montefusco)
¿En mis tiempos? ¡ Había'e pasar eso!
¡Cualquier día mis jefes se entregaban
mientras quedase medio taco'e pólvora
y se hallase un bagual en la campaña!

¿Q'en Tupambay y en Masoller quedaron
panza arriba unos cuantos? ¡Vaya... vaya...!
¡En el Sauce, estuvimos cinco días
recogiendo los muertos, a carradas,
y entuavía con tantos que sobraron
se rellenaron tuitas las barrancas!

¡Engordaban los pastos, con la sangre
q'empapaba los campos de la patria!
Entonces se atracaban cuerpo a cuerpo.
¡No se tiraban dende veinte cuadras!

¡Clavando al redomón la nazarena,
viboriando la lanza,
pegaos al costillar, como los indios,
y dando al aire las golillas blancas,
ansina es que cargábamos nosotros!
¡Ansina el entrevero se formaba!
Boliadora, facón, lanza y trabuco,
mano a mano y en lay, como Dios manda!

¿Áura? Fusiles de cuarenta tiros
que alcanzan a cien cuadras,
y si las moras pican de cerquita,
como el guazuvirá, golver el anca!

El gauchaje en mis tiempos, se reía
del alboroto que arma la metralla;
¿los cañones? servían... ¡pa enlazarlos
y tráirlos a tirones, como rastra!

Yo no digo que ustedes sean más flojos;
ya sé q'hicieron, sí, la pata ancha...
pero ¡canejo!, no es ni parecido
a aquellos tiempos de mi edá pasada!
.............................
Ansí, en la rueda del fogón, de noche,
en la cocina grande de la estancia
un viejo nos habló. Y lo escuchamos
con rispeto y callaos, que su palabra
tenía el prestigio de catorce heridas
ganadas en el campo de batalla,
cuando los años no le habían dejao
cáidos los brazos y la barba blanca!

Y aemás q'es puro rezongar de viejo
que por sus nietos se le cae la baba;
él sabe bien del modo que peliamos,
que quien nos redotó, jué la disgracia...
¡Sobre el pucho nomás, estamos prontos
pa salir otra vez, por la revancha!

El criollo es siempre el mesmo
de chiripá bordao o de bombacha;
y sabe pelear, áura, igualito
que allá en los tiempos de la edá pasada.

¡No jué más duro el Sauce o Manantiales
que Tupambay, Illescas o Las Palmas!

Y aunque el viejo lo sabe, nos rezonga,
cuando entre mate y mate nos relata
las cosas de su tiempo... Y es que entonces
él, de cerquita véia las hazañas,
y áura se queda en el fogón, matiando,
mientras los nuevos hacen las hombradas.

lunes, 23 de agosto de 2010

Un día sobre el Callvú


Corre el arroyo cantando
entre juncos y totoras.
La tibia luz de la aurora
el campo va iluminando.
El cielo se va pintando
de un color rosa subido.
Anda en el aire, esparcido,
olor a tierra mojada.
Se va la noche apurada.
Un nuevo día ha nacido.

Ya está el campo en movimiento
y entre cardal y pajales
retozan unos baguales,
colas y clinas al viento.
Un hornerito contento
canta sobre una barranca;
coqueta, una garza blanca
usa el arroyo de espejo
y en un sauce mimbre viejo,
un toro se rasca el anca.

El violín de la chicharra
va anunciando el medio día;
su chirriante melodía
el aire puro desgarra.
Como si fuera una garra,
aprieta fuerte el calor.
Todo es calma alrededor
y, si se mira a lo lejos,
parece el campo un espejo
a causa del resplandor.

Cansado el sol de trotar
por el potrero del cielo,
busca la comba del suelo
y se acuesta a descansar.
Se ve a las aves buscar
la protección de sus nidos
y un grillo, en Do Sostenido,
mirando salir la luna,
canta una canción de cuna
a un día que se ha dormido.