lunes, 18 de octubre de 2010

Lo que yo se

Yo pienso que los varones
deben cantar cosas buenas,
por eso no canto penas
aunque las tengo a montones.
Y ladiando esas cuestiones
que en mí no tienen cabida,
si me dan una caída
les voy a decir cantando,
lo que aprendí trabajando
a lo largo de mi vida.

Se salir con un arreo
y perdonen que me alabe,
pero entre gente que sabe
pialo, tuso y jineteo;
viento abajo si voleo
enseñando redomones,
aunque tome precauciones
se atropellar como luz,
y sacarle a una avestruz
pluma, picana y alones.

Yo se masetear un cuero
pa hacer bolzales y riendas,
maneadores y otras prendas
que precise pa mi apero.
Se manear un parejero
porque esa es mi diversión,
y como todo buen pión
se en un rodeo apartar,
y en la tierra trabajar
donde me ponga el patrón.

Yo se de puro alvertido
tener un pingo enseñao
y bandear un alambrao,
saltar un río crecido.
Sobre un campo bien llovido
se saltar sorteando escollos,
como acostumbran los criollos
que saben cansar las botas,
con la armada bien grandota
y con por lo menos seis rollos.

Se lo que es andar mojao
desde el garrón a la nuca,
pero el maestro que educa
jamás me tuvo a su lao.
Siendo en letras atrasao,
al trabajo me apliqué
y aunque firmo y firmaré
con el pulgar de mi mano,
tal vez más de un escribano
no sepa lo que yo se.

viernes, 15 de octubre de 2010

El casamiento del lión

(Dibujos: Aldo Chiappe)
Sobre de un campo arenoso,
salpicao de pastizales,
entre grandes chañarales
y zanjones barrancosos;
se organizó el más famoso
casamiento'e la región,
pues allí se casó un Lión
de estampa largona y fina
con una Liona barcina,
hija de un Lión petisón.

El mismo ñato en persona
fué invitando sin capricho,
uno por uno los bichos
de una zona y otra zona.
De más pituca la Liona
se pintó hasta la nariz,
y en el momento feliz
del enlace con dulzura,
un Burro hacía de cura
y de juez un Zorro gris.

Un Jabalí colmilludo
sin bañarse y corpulento,
se uniformó de sargento
para el orden, corajudo.
Gracias a él, el Peludo
no lo lastimó al Zorrino;
ya habían salido al camino
pa meterle p'adelante,
y se habló de que el causante
de todo aquello fue el vino.

Como el Sapo y el Lagarto
estaban en el fogón,
improvisando bajón
del criador y sus repartos.
Dijo el Jabalí: -"No aparto
de que los dos tienen garra,
pero traigan la guitarra
y de que canten es obvio,
primero para los novios
y después para la barra".

Agradeciéndole al Lión,
cantó el Lagarto y el Sapo,
y a la canción "Mis harapos"
la recicló un vizcachón.
Recitó un verso el Hurón
como una flor pa'la Liona,
y el Ñandú con voz chillona
dijo:-"Pa seguir la farra,
¡que traigan las dos guitarras
pa'compañar mi acordeona!".

Cuando el fuelle se estiró,
entre vibrar de las cuerdas,
una musiquita lerda,
como agua se derramó.
El Lión a bailar salió
con la Liona gambeteando
y una Tortuga saltando
empezó a decir con creces:
-"¡Que la bese, que la bese,
que la gente está esperando!".

El Lión problema no tuvo
y a la Liona la besó,
pero después se mamó
y así que errándole anduvo.
Porque el Zorrito que estuvo
de juez en el casamiento,
Al ver el aburrimiento
de la Liona en un rincón
la invitó pa'un pericón
y después pa'bailar lento.

Una Liebre y un Guanaco,
un Piche y una Mulita,
formando dos parejitas
le decían:-"¡Bailá Flaco!"
A un Gato de pelo opaco,
llegao de tierras lejanas,
que abrazándose a una Rana
le dijo: - "Si no se arruga",
mientras el Cuis y la Tortuga
bailaban suelto y con ganas.

Muy mamao un "Tucutucu",
retorciéndose el bigote,
le decía al Toro: - "¡Grandote,
te juego por 10 al truco!".
pero el Jabalí pazuco
de compadrón se arrimó.
Y le dijo: "Timba no,
porque después sin manea
aparecen las peleas
y hoy casi, casi se armó".

El Toro empezó a escarbar
mientras el resto bailaba,
y el Zorro la conversaba
a la Liona sin largar.
El Lagarto al zapatear
tanta tierra levantó,
que el Ñandú se calentó
diciendo de esta manera,
-"¡Me ensucian la verdulera
así que rieguen por Dios!".

Después de regar la pista
y de seguir divertido,
como el Lión seguía dormido
dijo el Zorro: "Está a la vista,
y hay que actuar por la conquista"
y a la Liona la apuró.
Pero el Jabalí lo vio
y le dijo: - "¡Mire Juan,
aquí las cosas no van,
como don Burro ordenó!.

Asi que no se me ofenda
y para su alma enferma,
no porque el patrón se duerma
usted la va a alzar la prenda".
Y el Zorro con rabia horrenda
le contestó pa su inquina,
-"No me gustan los bocinas!"
y al amagarle un ponchazo,
el Jabalí de un trompazo
lo escondió entre las espinas.

Cuando el Lión se despertó
preguntando con voz fina,
-"¿Adónde está la barcina
que conmigo no durmió?"
El Zorro se escabuyó,
como siempre ligerón,
y al volver a su región
cada bicho que bailara,
no hubo uno que no elogiara
al casamiento del Lión.

Cabalgando por la nieve

(Pintura: Francisco Madero Marenco)
No había aclarao toavía
cuando salimos del rancho,
apenas si, sobre el ancho
campo alto se alvertía;
pero ya al venir el día
la helada se distinguió,
todito el campo blanqueó
pero seguimo'apurao,
mi padre en un colorao
y en una petisa yo.

Apenas huellas marcadas,
por entre los jarillales,
con rastro de los baguales
saliendo de las aguadas.
Mano y oreja escarchada
cada pie ni lo sentía,
aunque chico, maldecía
haber salido a campear,
pa'colmo sin descansar
mi padre al trote seguía.

Recién como a las dos leguas,
cuando el cielo se toldó,
y la nieve se largó
como para no dar tregua.
Al no encontrar de la yegua
ni un rastro pa continuar,
me dijo: -"Vamo'a esperar
a ver si compone luego,
mientras tanto haremos fuego
hasta que entre a despejar".

Prendimos unas "matasebos"
que al alzar sus llamaradas
a las ramitas mojadas
las quería secar de nuevo.
Pero el hielo como sebo,
blanqueaba en todos los montes,
achicando los aprontes
del fuego con su calor,
viendo a nuestro alrededor
cerrado cada horizonte.

Sacamos los cojinillos
pa taparnos las espaldas,
y desde el bajo a las faldas,
se habían tapao los tomillos.
y al no ver un solo brillo
con señal de componer,
me dijo: "Vamo'a volver
porque esto a empeorado más,
y la noche se vendrá
más fiera que Lucifer".

Pa' colmo ni un piche flaco
habíamos podido ver;
todo el día sin comer
más sumido que un guanaco.
Ni una chaucha de alpataco,
ni una fruta'e piquillín;
todo nevado el Llaollín
y en los chañares más altos,
el viento como de un salto
tocaba apena'el violín.

Al tranco, al galope,
al trote, sigún como permitiera,
cada huellita campera,
mezcla de seda y azote.
Callados los cachilotes
en el fondo de sus nidos,
de ni'un pájaro en el nido
se escuchaba en los barrancos,
todo frío, todo blanco
el campo estaba dormido.

Cada azote de las ramas
primero me enfurecían,
después ya ni me dolían
la piel parecía una escama.
Sobre el recao como trama
la nieve se amontonaba
y eso más me congelaba
hasta que ya no sentí
ni siquiera la nariz,
la petisa me llevaba.

Cuando ya noche cerrada
llegamo' al rancho de vuelta,
entre la perrada suelta
me bajé como en picada.
Y al ver que las piernas nada
me respondian pa pararme,
quería en la yegua apoyarme
pero el engarrotamiento,
me había dejao por momento
sin juerza pa'manejarme.

Recuerdo que el tata dijo,
al verme como un despojo,
-"¡Pucha que había sido flojo,
mi compañero, colijo!"
Y entre tantos amasijos
que me dieron sobre el cuero,
sentí como un hermiguero
y después de un cafecito:
me dormí en lo calentito
del fogón, como un cordero.

Puchero de esquila


En los fogones sin par,
llamados de esquiladores,
entre perros y motores
como a un tren lo he visto humear.
Y sin dejar de espumar
cada hora que desfila,
al ir cargando una pila
de años de jornalero,
voy a cantarle al puchero
pero al puchero de esquila.

Cuando uno recién empieza
a trabajar afanoso,
le parece delicioso
y no le alcanzan las presas.
Pero cuando el mes ya pesa
andando de esquilador,
al doblarse con valor
entre lanas y maneas;
por delicioso que sea
se empieza hacer cansador.

Es raro que el cocinero
por más que tenga vaquía,
entre la noche y el día
no le encaje algún puchero.
Por lo general: enteros
suelen venir los cogotes,
de esos capones grandotes
que el patrón sabía tizar,
y que entrando a masticar
la carne es como garrote.

Desde ya que el espinaso
cuando don "Cuchi" se apura,
sin buscarle "coyentura",
lo corta de un solo hachazo.
Va metiendo de a pedazos:
carne, papas y cebollas,
y mientras se desarrolla
el trabajo en el galpón,
sobre el calor del fogón
hirve despacio la olla.

Y pa'que don "Cortadera"
no llegue haciéndose el loco,
lo va espumando de a poco
dando vuelta desde afuera.
Por hay se asoman enteras
las cebollas y las papas,
y como siempre con yapa
le hechó ají y pimentón,
sabe quedar un montón
en el revés de la tapa.

Yo he tenido compañeros,
que al principio rezongando,
sabían decir masticando:
-"Siempre hacen poco puchero",
pero al ir el mes entero,
de esquila, lucha y sufrir,
¡quién Mandinga iba a decir!,
que aquellos mismos quejosos,
con una sopa al reposo,
callaos se iban a dormir.

La sopa gorda y espesa,
de fideos y grasitud
que al tomarla por virtud
parece que al punto pesa,
y lo mismo que las presas
vuelven hasta con la almohada
y con las pilchas ya atadas,
sabía decir un playero:
-"Que sigan los cocineros
espumando la tiznada".

La creación de la mujer (cf.Génesis 2)

(Pintura: Carlos Montefusco)
Entre los seres creados
de todo el reino animal,
le faltaba a cada cual
ponerle su propio nombre,
tarea que Dios al hombre
le encargó en forma especial.

Y entre tanto bicho hermoso
que Adán se cansó de ver,
'naides' vaya a suponer
que se quedó satisfecho;
es que el hombre ha sido hecho
pa' encontrar a quien querer.

Y entonces dijo el Señor
después de un tiempo de espera
en que Adán se entristeciera:
"No debe el hombre estar solo",
y abreviando el protocolo
le puso una compañera.

Al primer hombre imagino
que dormido de verdad
soñaba con la beldad
de un ser que no conocía,
y al despertar aquel día
¡El sueño fue realidad!

Pues de cierto sucedió
que el hombre cayó dormido,
y sin que se haya 'alvertido'
del plan del Supremo Artista,
Dios hizo de anestesista
pa' darle lo prometido.

Y abriendo por un costado
de la masa muscolosa
que se daba generosa,
tomó de allí una costilla
haciendo la maravilla
de crear la primera esposa.

Y obró Dios con mucha 'cencia'
a 'sigun veo y colijo',
pues tenganló 'por de fijo':
"Alegra más el encuentro
con lo que sale de adentro,
como a la madre y su hijo".

Y aquí si que viene 'al pelo'
la cita de un escritor,
que al hablarnos del amor
se descolgó con acierto
diciendo que allá en el huerto
Dios no pudo obrar mejor.

Porque no 'jue' por los pies
'a sigun' se nos comenta,
que la mujer 'emparenta'
con el que 'jue' su marido
que de haberla así tenido
la habría 'usao' de sirvienta.

Ni tampoco el sabio 'tata' Dios
la sacó de la cabeza;
y aunque en punto de viveza
se llevan igual ventaja,
mal queda al hombre si así encaja
en un rincón de la mesa.

No sucedió así la cosa
sino que 'jue' del costado,
que la sacó y la puso al lado
para que 'juera' su igual
y pudiera cada cual
Amar y sentirse Amado.

Y 'jue' debajo del brazo
que aquella recién nacida,
hermosa y bien parecida,
llegó a 'esistir' pal' varón
que así le da protección
porque es parte de su vida.

Y tomando el costillar
que está cerca 'el corazón'
nos dejó 'tata' Dios la 'lición'
de que el hombre a su mujer
la debe siempre querer
en 'güena' o mala ocasión.
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¡Ah, si el mundo recordara
esta Divina enseñanza!
Pero anda mal la balanza,
y el matrimonio moderno
es a veces un infierno
ya casi sin esperanza...

Tomado de LA BIBLIA EN EL ESTILO MARTÍN FIERRO.

Al caballo criollo

(Foto: Eduardo Amorim)
En ésta milonga mía
le canto al pelaje criollo,
tirando con todo el rollo
y encontrando la poesía.
Y por gusto ¡quién diría!
que es una gran ocasión,
nombrando en esta ocasión
sencillito, no hay embrollo;
cantando al caballo criollo
me galopea el corazón.

De diferentes pelajes:
gateaos, bayos, lobunos,
esos sí son oportunos
tan buenos pa un largo viaje.
A la memoria les traje,
un zaino, un pampa, un bragao,
un alazán, un tostao
y en los caminos integro:
un picazo y un tordillo negro,
calzao de tres al candao.

Y por ganas de nombrar,
lindo pelo el pangaré,
igual aquél yaguané
que nunca voy a olvidar.
Una hazaña singular
que recorrió muchas canchas,
tranqueando las patrias anchas
tal vez con muy poco apoyo,
aplaudo al caballo criollo:
al querido "Gato y Mancha".

Por eso tiene valía
seguir nombrando los pelos,
overo negro, el cielo,
parece lo pintaría.
Doradillo, quién diría,
parejo pa galopear,
un blanco particular
en mi décima atesoro
y nunca me olvido el moro
que un premio pudo sacar.

Y también un lunarejo
junto a otro que es canario,
pa'l trabajo es necesario
un rosillo, un azulejo.
Un cebruno muy parejo,
cambié por un encerao,
un raya'e mula, un pintao,
y también con un barcino,
un rabicano genuino,
parejo con un manchao.

Con el ruano y el malacara,
también el zaino tostao,
y hasta el oscuro tapao
que pa correr lo repara.
Nervioso como una vara
cuando sale a galopear,
muchas leguas puede andar,
no se queda sin aliento
y ligero como el viento
nadie le puede ganar.

Pingo bueno, aquél sabino
con el overo rosao,
igual al moro bragao
pa recorrer mil caminos.
Y en esta milonga opino
sin buscar ningún escollo,
en la guitarra me apoyo
en mi canto represento:
y espero que un monumento
le den al caballo criollo.

El redomón pangaré

(Pintura: Julián Althabe)
De anca y lomo doradillo
y de la clin a la cola,
una lista negra y sola
sobre el pelaje con brillo.
De vasos negros y nudillos
cortos de color café,
la ranilla y a la vez
en la frente un lucerito,
¡vieran qué pingo bonito
mi redomón pangaré!

Desde la panza a la pera
y dende el encuentro al cuadril,
mesmo que el pasto cerril
casi color "puma" era.
Pateador de cepa entera,
del derecho o de revés;
siempre tenía un porqué
para tirar con las patas
como una costumbre nata
el redomón pangaré.

Cuando como vaca pateaba
aunque malcornao adentro,
hasta cerca del encuentro
con todo el vaso llegaba.
Y aunque siempre lo montaba
con cuidao y lucidez,
ni en las patadas, no se,
que aquél sotreta me dio;
si hasta maneao me patió
el redomón pangaré.

Si corcoveaba tenía
garra, agilidad y cauce
y mesmo que vara'e sauce
en el aire se torcía.
Cansao de sus picardías
tuve que hacerle una vez,
una maneita qué
yo bien pudiera montarlo,
y de arriba desmanearlo
al redomón pangaré.

Pa correr en campo abierto
no era de echarlo a la par,
porque antes de aflojar
siguro se cáiba muerto.
Vieran qué pingo despierto
pues en él nunca rodé,
y era junto a su altivez
de meterle todo el día,
no se cuánto aguantaría
mi redomón pangaré.

¡Es tan lindo para uno
el sentirse bien montao,
de mechón y de bocao
era un lujo que hoy apuro.
Hasta que un día cebruno
que realmente precisé,
lo vendí y con él cerré
unos favores prestados:
con cada pesito dado
por mi pingo pangaré.