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lunes, 25 de julio de 2011

El peludo Francisco


Cuando el peludo Francisco,
compadre del zorro Juan,
desde unos montes que están
sobre los campos de Pico;
pensaron que algún arisco
habría nomás que voltear
porque al ponerse a mirar
de la última carneada,
ya no les quedaba nada,
ni un hueso pa sancochar.

Por eso ni bien pintó
la campaña entre dos luces,
rodió el zorro sus ñanduces
y un "moro" grande ensiyó.
El peludo embozaló
de su tropilla'e guanacos
un gatiao fino y macaco,
pero que era ligerazo
pa correr en campo raso
como entre los alpatacos.

Como una heroica figura
salió el peludo en su esfera,
con dos pares de potrera
bien ceñida a la cintura.
Y el zorro con más holgura
sobre su moro machazo,
dijo: "Vi'alzar por si acaso
el trenzáo que usted me dió
porque la verdá es que yo
me tengo más fe pa'l lazo".

No habían andáo una legua,
cuando vieron a lo lejos,
con un padrillo azulejo
una manada de yeguas.
-"Como aquí no hay que dar tregua",
dijo el zorro sin imploro,
"Usted Francisco que es toro
si me las pudiera echar,
yo alguna vi'acollarar
a la asidera del moro".

El peludo sin complejo
le dijo: -"Usted estése atento
que yo, no dándome el viento,
me le vi'árrimar de lejos".
Y pa cuando el azulejo
quiso alertar su yeguada
ya el peludo a carcajadas
venía gritando: "¡¡Juan,
no erres por Dios que allí van
toditas amontonadas!!"

Salió el zorro revoleando
con barrios royos y armada,
grande como una alborada
que al campo va despertando.
Y al tirarle carculando
a una potranca rosilla,
sólo enlazó una jarilla
y allí quedó un alma criolla
golpeándose con la argolla
de rabia en las carretillas.

El peludo desbocáo
pasó por la polvadera,
revoleando las potreras
sobre su pingo inclináo.
y al ver al zorro enredáo
le gritó: -"¡Saque las botas!",
y mientras que el viento azota
de los baguales el tuse
le juntó los caracuses
a una tordilla grandota.

Y al peludo degollara
tenía la yegua en el suelo,
cuando el zorro caido en pelo
llegó arroyando la armada.
Y al tenerla desollada
desde el lomo hasta las patas,
cuando Juan decía: -"¡A gaaatas
le erré el tiro por descuido"...,
se oyeron unos gruñidos
que hacían tiritar las matas.

-"Qué desgracia", dijo el zorro,
"¡Qué negro el destino mío,
parece de que mi tío
nos mira de cada morro!..."
Era el león que en un matorro
había estáo echando un sueño
y al sentir el desmpeño
de inmensa yegua voleada
presintiendo la carneada
se arrimó frunciendo el seño.

Juancito temblando entero
lo saltó al moro apuráo,
y el peludito empacáo
solo dió vuelta el talero.
Y en cuanto el león carnicero
empezó a comer de pié,
gritó el peludo con fe:
-"¡Pare don León, los mordiscos,
porque al peludo Francisco
naides le ensucia la res!"

Le tiró el león un zarpazo
que el peludo muy ligero,
le paró con el talero
pero igual cayó fieraso.
Entonces el zorro gauchaso
empezó a gritar sin yerro,
"¡Compadre! ahí vienen diez perros
así que una cueva gane",
y el león temiendo a los canes
juyó también a los cerros.

Reiba el zorro a carcajadas
viendo al tío disparar,
y el peludo al dispertar
le victorió la cargada.
Y con la yegua carniada
sobre los recados chatos,
el zorro en sus arrebatos
decía rumbo a la cueva:
-"¡Ahura sí que truene y llueva
que aquí hay carne para rato!".

jueves, 16 de junio de 2011

Lazo de veinte

Después de cortar dos cueros
y de sacar cuatro tientos
entré a desvirar atento
como hace todo campero;
sin ser un hombre soguero
ni menos acostumbrao,
con cuatro tiento’ovillao
empecé a trenzar un lazo
que cada día, de paso,
lo iba dejando enterrao.

Como el tiempo nunca alcanza
para el que vive luchando
lo fui de a ratos trenzando
como quien trenza esperanza,
hasta que una noche mansa
mientras que hervía la olla
estiré esa prenda criolla
que al terminar la trenzada
le medí veinte brazadas
de la presilla a la argolla.

Una vez para enlazar
se lo presté a un viejo criollo
que armó como con diez rollos
por gusto de compadrear,
y sin hacerse esperar
con mucha fuerza en el brazo
enlazó un toro machazo
que al cincharlo campo afuera
salió como si quisiera
hacerlo pedazo al lazo.

Erraron los de revés
y al quedarse el mancarrón
medio silbó en el tirón
pero el toro no se fue;
por eso de aquella vez
con sus tientitos durones
anduvo por los galpones,
por llanuras y barrancas,
cascabeliando en el anca
de distintos redomones.

Los más camperos dirán
¿para qué un lazo tan largo?;
si lo explico, sin embargo,
yo sé que lo entenderán.
No estando Pedro ni Juan,
no teniendo compañero,
aprende el hombre campero
a salir solo del paso,
y con la ayuda del lazo
voltea al bagual más mañero.

Y al enlazar algún malo,
pa’ poderlo embozalar
sabía llegar a humear
con una vuelta en el palo;
mas si a su tiempo resbalo
tiene cien hazañas fieles
porque entre tirones crueles
con él bajé, si señor,
la bomba y el pescador
en diferentes jagüeles.

Potros, lluvias y mañanas,
tirones y desencantos
lo fueron sobando tanto
que parecía una badana.
Clásica prenda paisana,
mezcla de patria y bandera,
que cuando pialaba afuera
al bagual más soberano
ni corría entre las manos
ni en la bombacha siquiera.

Le dio fin una tordilla
entre pastos y matorros,
lo hallé mascao por los zorros
de la yapa a la presilla;
perdido entre la flechilla
ya no servía pa’ nada.
Lazo de veinte brazadas
tioco, servicial y fuerte,
como no pudo la muerte
acogotarla a tu armada.

miércoles, 16 de marzo de 2011

A tijera

Galpón de chorizo y barro
que ayer marcara un cacique
con bretes de palo a pique
y humaredas de cigarro,
un baldecito y un jarro
colgao de un gancho cualquiera
y frente de la cumbrera
varios lienzos y bellones;
pialan las conversaciones
de una tropilla'e tijeras.

Polvadera que volando
se va como nubarrones
con gritos y maldiciones
de alguno que anda embretando,
mientras que desbarrigando
un esquilador se apura
y dice de su postura:
-"traigame un 'Lincol',cuñao,
porque los muy arrugao
me hacen doler la cintura".

El cogote y la cabeza
del animal 'rambullé'
pa'lanar bueno porque
en las arrugas trompieza
pero una vez que endiereza,
el esquilador baqueano,
no hay pesado ni liviano
que lo haga trastabillar
y del lomo al costillar
le entra a meter a dos manos.

Tiempo de mates cocido,
de 'por días' y lienceros,
de agarradores playeros
y pucheros recocidos...
Adónde andará el sonido
de aquella tijera vieja,
que el esquilador sin queja
con baquía ha manejao,
todito el día agachao
pa esquilar 50 ovejas.

lunes, 14 de marzo de 2011

Yo vi enlazar a rodeo

(Pintura: Francisco Madero Marenco)
Playa bien grande y durona,
Por lo general laguna,
Donde la hacienda vacuna
Pa’ trabajar se amontona.
Tropel de lonja y carona,
De lazos y balanceos,
Entreverando escarceos
De caballada tremenda,
Donde se marcó la hacienda
Sin alambre y a rodeo.

En esos mismo’entreveros
Yo vi a un capataz criollazo,
Enlazar con todo el lazo
Mientras se arronda el ternero,
Vieran qué tiro certero,
Qué cosa más praticada,
Cuando parecía que nada
Había alcanzao con su anhelo,
Picó la argolla en el suelo
Y lo alcanzó con la armada.

Desde ‘ai que vengan los gringos
A querernos corregir,
O como hay que dirigir
Con el lazo, cualquier pingo,
Ahí está lo que distingo
Que cuando enlazan los criollos,
Lo hacen con cinco o seis rollos
Y argolla que se enarbola,
Y no con lazos de piola
Y armada como pa pollo.

Nosotros, más muchachotes,
Serviamos para atajar,
Y no dejar disparar
Las vacas y los mamones.
Y entre vecinos y piones
Con el patrón oportuno,
Se trabajaba el vacuno
Y en grandes remolineos,
Yo vi enlazar a rodeo
Y hasta con lazos de uno.

Por eso cuando tranquilo,
Medito en mi soledad,
Sueño aquella antigüida
Por donde también desfilo.
Ya no está el viejo Cirilo,
Aquél de la armada diestra,
Y cuando el cine nos muestra
Enlazando algún gringazo:
Quisiera trenzar un lazo
Para amarrar cosas nuestras.

viernes, 15 de octubre de 2010

El casamiento del lión

(Dibujos: Aldo Chiappe)
Sobre de un campo arenoso,
salpicao de pastizales,
entre grandes chañarales
y zanjones barrancosos;
se organizó el más famoso
casamiento'e la región,
pues allí se casó un Lión
de estampa largona y fina
con una Liona barcina,
hija de un Lión petisón.

El mismo ñato en persona
fué invitando sin capricho,
uno por uno los bichos
de una zona y otra zona.
De más pituca la Liona
se pintó hasta la nariz,
y en el momento feliz
del enlace con dulzura,
un Burro hacía de cura
y de juez un Zorro gris.

Un Jabalí colmilludo
sin bañarse y corpulento,
se uniformó de sargento
para el orden, corajudo.
Gracias a él, el Peludo
no lo lastimó al Zorrino;
ya habían salido al camino
pa meterle p'adelante,
y se habló de que el causante
de todo aquello fue el vino.

Como el Sapo y el Lagarto
estaban en el fogón,
improvisando bajón
del criador y sus repartos.
Dijo el Jabalí: -"No aparto
de que los dos tienen garra,
pero traigan la guitarra
y de que canten es obvio,
primero para los novios
y después para la barra".

Agradeciéndole al Lión,
cantó el Lagarto y el Sapo,
y a la canción "Mis harapos"
la recicló un vizcachón.
Recitó un verso el Hurón
como una flor pa'la Liona,
y el Ñandú con voz chillona
dijo:-"Pa seguir la farra,
¡que traigan las dos guitarras
pa'compañar mi acordeona!".

Cuando el fuelle se estiró,
entre vibrar de las cuerdas,
una musiquita lerda,
como agua se derramó.
El Lión a bailar salió
con la Liona gambeteando
y una Tortuga saltando
empezó a decir con creces:
-"¡Que la bese, que la bese,
que la gente está esperando!".

El Lión problema no tuvo
y a la Liona la besó,
pero después se mamó
y así que errándole anduvo.
Porque el Zorrito que estuvo
de juez en el casamiento,
Al ver el aburrimiento
de la Liona en un rincón
la invitó pa'un pericón
y después pa'bailar lento.

Una Liebre y un Guanaco,
un Piche y una Mulita,
formando dos parejitas
le decían:-"¡Bailá Flaco!"
A un Gato de pelo opaco,
llegao de tierras lejanas,
que abrazándose a una Rana
le dijo: - "Si no se arruga",
mientras el Cuis y la Tortuga
bailaban suelto y con ganas.

Muy mamao un "Tucutucu",
retorciéndose el bigote,
le decía al Toro: - "¡Grandote,
te juego por 10 al truco!".
pero el Jabalí pazuco
de compadrón se arrimó.
Y le dijo: "Timba no,
porque después sin manea
aparecen las peleas
y hoy casi, casi se armó".

El Toro empezó a escarbar
mientras el resto bailaba,
y el Zorro la conversaba
a la Liona sin largar.
El Lagarto al zapatear
tanta tierra levantó,
que el Ñandú se calentó
diciendo de esta manera,
-"¡Me ensucian la verdulera
así que rieguen por Dios!".

Después de regar la pista
y de seguir divertido,
como el Lión seguía dormido
dijo el Zorro: "Está a la vista,
y hay que actuar por la conquista"
y a la Liona la apuró.
Pero el Jabalí lo vio
y le dijo: - "¡Mire Juan,
aquí las cosas no van,
como don Burro ordenó!.

Asi que no se me ofenda
y para su alma enferma,
no porque el patrón se duerma
usted la va a alzar la prenda".
Y el Zorro con rabia horrenda
le contestó pa su inquina,
-"No me gustan los bocinas!"
y al amagarle un ponchazo,
el Jabalí de un trompazo
lo escondió entre las espinas.

Cuando el Lión se despertó
preguntando con voz fina,
-"¿Adónde está la barcina
que conmigo no durmió?"
El Zorro se escabuyó,
como siempre ligerón,
y al volver a su región
cada bicho que bailara,
no hubo uno que no elogiara
al casamiento del Lión.

Cabalgando por la nieve

(Pintura: Francisco Madero Marenco)
No había aclarao toavía
cuando salimos del rancho,
apenas si, sobre el ancho
campo alto se alvertía;
pero ya al venir el día
la helada se distinguió,
todito el campo blanqueó
pero seguimo'apurao,
mi padre en un colorao
y en una petisa yo.

Apenas huellas marcadas,
por entre los jarillales,
con rastro de los baguales
saliendo de las aguadas.
Mano y oreja escarchada
cada pie ni lo sentía,
aunque chico, maldecía
haber salido a campear,
pa'colmo sin descansar
mi padre al trote seguía.

Recién como a las dos leguas,
cuando el cielo se toldó,
y la nieve se largó
como para no dar tregua.
Al no encontrar de la yegua
ni un rastro pa continuar,
me dijo: -"Vamo'a esperar
a ver si compone luego,
mientras tanto haremos fuego
hasta que entre a despejar".

Prendimos unas "matasebos"
que al alzar sus llamaradas
a las ramitas mojadas
las quería secar de nuevo.
Pero el hielo como sebo,
blanqueaba en todos los montes,
achicando los aprontes
del fuego con su calor,
viendo a nuestro alrededor
cerrado cada horizonte.

Sacamos los cojinillos
pa taparnos las espaldas,
y desde el bajo a las faldas,
se habían tapao los tomillos.
y al no ver un solo brillo
con señal de componer,
me dijo: "Vamo'a volver
porque esto a empeorado más,
y la noche se vendrá
más fiera que Lucifer".

Pa' colmo ni un piche flaco
habíamos podido ver;
todo el día sin comer
más sumido que un guanaco.
Ni una chaucha de alpataco,
ni una fruta'e piquillín;
todo nevado el Llaollín
y en los chañares más altos,
el viento como de un salto
tocaba apena'el violín.

Al tranco, al galope,
al trote, sigún como permitiera,
cada huellita campera,
mezcla de seda y azote.
Callados los cachilotes
en el fondo de sus nidos,
de ni'un pájaro en el nido
se escuchaba en los barrancos,
todo frío, todo blanco
el campo estaba dormido.

Cada azote de las ramas
primero me enfurecían,
después ya ni me dolían
la piel parecía una escama.
Sobre el recao como trama
la nieve se amontonaba
y eso más me congelaba
hasta que ya no sentí
ni siquiera la nariz,
la petisa me llevaba.

Cuando ya noche cerrada
llegamo' al rancho de vuelta,
entre la perrada suelta
me bajé como en picada.
Y al ver que las piernas nada
me respondian pa pararme,
quería en la yegua apoyarme
pero el engarrotamiento,
me había dejao por momento
sin juerza pa'manejarme.

Recuerdo que el tata dijo,
al verme como un despojo,
-"¡Pucha que había sido flojo,
mi compañero, colijo!"
Y entre tantos amasijos
que me dieron sobre el cuero,
sentí como un hermiguero
y después de un cafecito:
me dormí en lo calentito
del fogón, como un cordero.

Puchero de esquila


En los fogones sin par,
llamados de esquiladores,
entre perros y motores
como a un tren lo he visto humear.
Y sin dejar de espumar
cada hora que desfila,
al ir cargando una pila
de años de jornalero,
voy a cantarle al puchero
pero al puchero de esquila.

Cuando uno recién empieza
a trabajar afanoso,
le parece delicioso
y no le alcanzan las presas.
Pero cuando el mes ya pesa
andando de esquilador,
al doblarse con valor
entre lanas y maneas;
por delicioso que sea
se empieza hacer cansador.

Es raro que el cocinero
por más que tenga vaquía,
entre la noche y el día
no le encaje algún puchero.
Por lo general: enteros
suelen venir los cogotes,
de esos capones grandotes
que el patrón sabía tizar,
y que entrando a masticar
la carne es como garrote.

Desde ya que el espinaso
cuando don "Cuchi" se apura,
sin buscarle "coyentura",
lo corta de un solo hachazo.
Va metiendo de a pedazos:
carne, papas y cebollas,
y mientras se desarrolla
el trabajo en el galpón,
sobre el calor del fogón
hirve despacio la olla.

Y pa'que don "Cortadera"
no llegue haciéndose el loco,
lo va espumando de a poco
dando vuelta desde afuera.
Por hay se asoman enteras
las cebollas y las papas,
y como siempre con yapa
le hechó ají y pimentón,
sabe quedar un montón
en el revés de la tapa.

Yo he tenido compañeros,
que al principio rezongando,
sabían decir masticando:
-"Siempre hacen poco puchero",
pero al ir el mes entero,
de esquila, lucha y sufrir,
¡quién Mandinga iba a decir!,
que aquellos mismos quejosos,
con una sopa al reposo,
callaos se iban a dormir.

La sopa gorda y espesa,
de fideos y grasitud
que al tomarla por virtud
parece que al punto pesa,
y lo mismo que las presas
vuelven hasta con la almohada
y con las pilchas ya atadas,
sabía decir un playero:
-"Que sigan los cocineros
espumando la tiznada".

El redomón pangaré

(Pintura: Julián Althabe)
De anca y lomo doradillo
y de la clin a la cola,
una lista negra y sola
sobre el pelaje con brillo.
De vasos negros y nudillos
cortos de color café,
la ranilla y a la vez
en la frente un lucerito,
¡vieran qué pingo bonito
mi redomón pangaré!

Desde la panza a la pera
y dende el encuentro al cuadril,
mesmo que el pasto cerril
casi color "puma" era.
Pateador de cepa entera,
del derecho o de revés;
siempre tenía un porqué
para tirar con las patas
como una costumbre nata
el redomón pangaré.

Cuando como vaca pateaba
aunque malcornao adentro,
hasta cerca del encuentro
con todo el vaso llegaba.
Y aunque siempre lo montaba
con cuidao y lucidez,
ni en las patadas, no se,
que aquél sotreta me dio;
si hasta maneao me patió
el redomón pangaré.

Si corcoveaba tenía
garra, agilidad y cauce
y mesmo que vara'e sauce
en el aire se torcía.
Cansao de sus picardías
tuve que hacerle una vez,
una maneita qué
yo bien pudiera montarlo,
y de arriba desmanearlo
al redomón pangaré.

Pa correr en campo abierto
no era de echarlo a la par,
porque antes de aflojar
siguro se cáiba muerto.
Vieran qué pingo despierto
pues en él nunca rodé,
y era junto a su altivez
de meterle todo el día,
no se cuánto aguantaría
mi redomón pangaré.

¡Es tan lindo para uno
el sentirse bien montao,
de mechón y de bocao
era un lujo que hoy apuro.
Hasta que un día cebruno
que realmente precisé,
lo vendí y con él cerré
unos favores prestados:
con cada pesito dado
por mi pingo pangaré.

jueves, 14 de octubre de 2010

Por boliar

(Pintura: Carlos Montefusco)
Juan Gaucho en un colorao
y yo en un pingo picazo,
díbamos nomás al paso
divisando el descampao.
Los dos muchachos alocaos
y amantes a las correrías,
puesto que no había un día
en cuanto el tío faltaba;
no tiráramos la taba,
el lazo o las "tres marías".

Juan en su lengua paisana,
me hablaba y me cacareaba,
diciéndome que él boleaba
sin machucar la picana.
Que dependía de las ganas
y del hambre rumoroso;
cuando de pronto de un pozo
que alguna vez hizo un toro,
se levantó encima un moro
de pecho y lomo lustroso.

-"Ahi lo tenés al plumas moras!",
le dije a mi compañero,
mientras que debajo'el cuero
sacaba las boleadoras.
Limpio el campo como aurora,
rasca la alita y sampa
¡vieran del ñandú la estampa
levantando los alones!
como diciendo: ¡"Chambones,
pueden probarme en La Pampa!".

Yo medio me entusiasmé
porqué salió pa mi lado,
pa' colmo el del colorao
me gritó: -"¡No le aflojés!".
Y al punto que lo alcancé,
listas las avestruceras,
ví tremenda vizcachera
a dos metros del caballo,
después pensé que un gran rayo
me había parao la carrera.

Me parecía amarillento,
todito el cielo y el campo,
y al despertar como un lampo
entre soplitos de un viento;
lo vi a Juan en un momento
como un Dios de los arcanos.
Con el sombrero en la mano
y el pelo desparramao,
diciéndome arrodillao:
-"¿Cómo te sentís, hermano?"

-"De más bien y con salú",
del suelo le contesté;
y al punto le pregunté:
-"¿Qué pasó con el ñandú?",
me respondió como lu':
-"Se fue sanito el picudo"...
y entre dolores agudos,
monté a caballo y salimos;
y al tranco al río nos fuimos
que estaba turbio y morrudo.

Como era horrible el ardor
que en todo el lomo sentía,
me bañó con agua fría,
mi compañero y dotor.
y después con un señor
cuchillo de punta fina;
me sacó muchas espinas
diciéndome: -"¡Qué macana,
tenés una rascalana,
que en el cuerpo te camina!".

Y al verme más mejorao,
comentaba en su quehacer:
-"¿Y ahura?¿Quién te v'a creer
de que saliste parao?".
Y escarbando un rompe-arao,
transpirando me decía:
-"Con esto en dos o tres días,
que tomés y un poco'e sebo,
vas a quedar como nuevo
para cualquier correría".

¿Dónde andarás compañero,
que ñandú te habrá dejao,
qué pial te habrá doblegao
cómo si fuera un matrero?
Yo, cada vez que ligero,
he rodao sobre los llanos,
como un susurro lejano,
creo sentir por abrigo
las palabras de mi amigo:
"¿Cómo te sentís, hermano?".

Milonga para Mama

¡Recordando que este domingo 17 de Octubre, celebramos el "Día de la Madre"!

MADRE, la palabra santa,
sagrada como ninguna
porque hay solamente una
que a nuestra niñez le canta.
En el mundo es nuestra planta
que nos da vida y calor.
Madre, la fragante flor
que nos perfuma hasta el alma
nos acaricia con calma
y nos besa con amor.

Ella nuestros sueños vela
y nos acuna en sus brazos,
tal vez por ser un pedazo
de su vida a pastorela.
En las noches se desvela
si escucha a su hijo llorar;
ella lo sabe cuidar
como nadie puede hacerlo
porque sabe comprenderlo,
ni se cómo, sin hablar.

Por Dios la naturaleza
le dio una luna de madre
y aunque un disgusto taladre
pone en el alma nobleza,
guarda en el ser la pureza
que le da el recién nacido.
Madre que siempre ha vivido
como esperando un regalo
para ella no hay hijos malos
todos son buenos y queridos.

Bendita madre! razón
de ser sagrada y hermosa
por la ternura grandiosa
que guarda en tu corazón.
Ella es nuestra protección
cuando arrastramos la panza
pero en todo hay mudanza
y así hijos que al crecer
se olvidan de la mujer
que fue esclava de su crianza.

Señora madre, bondad,
que cría a sus hijos mimosos
y después cuando están mozos,
ya ni le llaman mamá.
Le dicen vieja nomas
como algo que no acrisola
pero cuando Dios de sola
sabe mostrarlo en la lucha
de que mujeres hay muchas
pero MADRE hay una sola.

Por eso madre, en el nombre
del amor y del cariño,
quiero cantar como un niño,
quiero pensar como un hombre:
que Dios bendiga y alfombre
su paciencia madrecita
y en la última margarita,
de mi canto gaucho y fiel,
en el nombre de Isabel
quiero cantarle a toditas.

Campiada


En un picazo panzón,
Malacara y cachaciento,
Salí una tarde sin viento
Por una huella al trotón.
Después cayó la oración
Como un poncho milenario,
Y yo en tremendo escenario
Era la primera vez,
Que iba a dormirme con fe
En los campos solitarios.

Ya dormida la extensión
Del campo y los cachilotes,
Paré del picazo el trote
A la orilla de un sanjón.
Pues llevaba la misión
Como un gauchito sin par,
Al otro día campiar
En el bajo de las cruces,
El nido de unos ñanduces
Y una yegua pa carnear.

Desensillé y al picazo
Lo até en una enredadera,
Donde yo la cabecera
Iba a poner, por si acaso.
En todito ese pedazo
El pingo podía pastear,
Y después de churrasquear
Casi todo un piche flaco,
Con tres chauchas de alpataco
Ya terminé de cenar.

Puse el cuero de colchón
Arriba de las peleras,
Los bastos de cabecera
Y pa taparme un matrón.
El silencio era el patrón,
Ya todo el campo dormía,
De vez en cuando se oía
El tallido de un cencerro;
Y la presencia de un cerro
Con la luna se veía.

Después un soplito de viento
Entró a mover los matorros,
Y al rato nomás, los zorros,
Largaron su parlamento.
Yo estaba asustao, atento,
A las orejas primero,
De mi picazo nochero
Que me servía de amigo;
Teniendo al monte de abrigo
Y al monte de compañero.

Dormí con un ojo solo
Porque el otro vigilante,
Lo tuve pleno de aguante
Toda la noche en amor.
Y para cuando el chingolo
Entró despacio a silbar,
Y el plomito a dispertar
Desde el verdor de las ramas,
Yo ya había alzao la cama
Y estaba por ensillar.

En eso como un zumbido
Que entre dos luces se asoma,
Desde el faldeo de una loma
Se oyó clarito el bramido.
De un macho cerca del nido
Vigilando la nidada,
Pero de esa misma bramada
Tiene por señal sencilla,
El despertar la cuadrilla
Entre los pastos hechada.

Ensillé y salí al tranquito
Con dirección al bramido,
Y al rato nomás al nido
Se lo hallé sobre un bordito.
Como los vi amarillito
Toda la nidada alcé,
Y separau los até
Despacio con el cinchón,
Bien envuelto en el matrón
Que en el anca acomodé.

Desde ai por una lomada,
Corté derecho a unos charcos,
Donde hallé un padrillo zarco
Con todita la manada.
Y al mover de la yeguada,
Queriéndolas atajar,
Entraron a disparar
Unas potrancas arisconas,
Pero baqueano en la zona
No me dejaba puntear.

Cuando alguna se cortaba,
La traiba el padrillo viejo,
Y yo al galope de lejos,
La llevaba y la llevaba.
Y pa cuando el sol se hechaba
Como se le hecha a un mensual
Ya tenía muy campal,
Aparte de la salu;
Doce huevos de ñandú
Y la yegua en el corral.

Poncho gatiao overo


Tengo un ponchito cortón…
Tengo un ponchito cortón
Mezcla de gatiao overo,
Que en cada fleco un trovero
Parece cantar tristón,
Él sabe de la emoción
Que puede arrimar un trino,
Porque lo hallé en el camino
Una noche en ensenada,
Que retumbaban payadas
De orientales y argentinos.

Él vio llorar el orgullo…
Él vio llorar el orgullo
De muchachos payadores,
Y guardó entre sus colores
Aquello como algo suyo.
Su recuerdo no destruyo
Porque alma y valentía,
Pero cuando yo partía
Quiso al fin acompañarme,
Tal vez para cobijarme
En mis noches larga y fría.

Oh poncho gatiao overo…
Oh poncho gatiao overo
Que silencioso me narra,
Zumbidos de otras guitarras
Y voces de compañeros,
Cuando lo topo al pampero
Polvoriento y zumbador,
Suelo sentir su calor
Entre la espalda y el pecho,
Como si lo hubieran hecho
Pa andar con el payador.

Poncho gaucho, poncho errante…
Poncho gaucho, poncho errante
Que quiero tanto, confieso,
Porque él sintió mis trompiezos
De payador principiante,
Y desde entonces adelante
Si justo el tiempo nos gasta,
Será de mi canto el asta
De cada rumbo que sigo,
Siempre enyuntao como amigo
Hasta que Dios diga ¡basta!

miércoles, 13 de octubre de 2010

La pena del hornerito

En un gajito del pino,
en que rosaba el alero
se anidaron dos horneros
que eran alegre y divino'.
Desde el hornito al molino
iban y venían volando,
siempre lo hacían cantando,
por alegre y de atropello
por eso es que al canto de ellos
tal vez me fui acostumbrando.

Pero un día que yo llegaba
del campo en el pangaré,
al hornero lo encontré
solo y que ya no cantaba;
me sorprendió de que estaba,
sobre el hornito sentado,
se ve que ni había notao
que yo había pegao la vuelta,
las plumas todas revueltas
solito, triste y callao.

Me dentro curiosidá
y me arrimé despacito,
ya vi que en el pajarito
reinaba la soledad
y que una inmensa horfandá
cubría hasta sus plumitas
era al caer la tardecita
cuando ellos vienen y van;
quien sabe qué gavilán
se la llevó a la hornerita.

Desde entonces aquél hornero
jamás lo escuché cantar;
lo sabía ver volar
con dirección al potrero.
Pienso que el pájaro entero
iba por dentro enlutao
porque se quedó callao
desde que faltó la hornera
no se si otra compañera
con el tiempo habrá buscao.

Una vez vino hasta el nido
solito llegó del monte,
como a buscar horizonte
o algun recuerdo querido.
Porque despues de un volido,
cruzó por el galponcito
y se perdió despacito
volando por la ladera,
y así se fue campo afuera
con su pena el hornerito.

Bronce y madrinas

(Foto: Eduardo Amorim)
Cencerro, viejo cencerro...
Cencerro, viejo cencerro
que ayer nomás, madrinero,
cruzaste como el pampero
del cañadón a los cerros;
calandrias, potros y perros,
caminos y poblaciones;
despertaron con tus sones
al dir la yegua trotiando,
pero siempre amadrinando
corrientes y chucarones.

Cuántas vece'un campiador...
Cuántas vece'un campiador
con frío y de madrugada,
al oir tu clarinada
te agradeció con amor;
y sabe el madrugador
por luz de gaucho sin tregua,
que al caminar de la yegua
sobre los campos dormidos,
puede escucharse el tañido
a veces, hasta de una legua.

Cencerro viejo en los bajos...
Cencerro viejo en los bajos
y en las lomas que sentencio,
si abrás quebrado silencio
al golpe de tu badajo;
cada gaucho de trabajo
te ha de estar agradecido,
y no de echar al olvido
quien campeó de madrugada,
cuando más grande la helada
se oye más claro el sonido.

Por eso al verte colgao...
Por eso al verte colgao
como una cosa cualquiera,
ya sin lustre ni collera
con el badajo osidao,
cierro los ojos cansao
pa ocultar dos lagrimones,
tanto me formé a tus sones
y a tus camperos tallidos,
que entuavía sueña mi oído
con tropel de redomones.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Pastorcito




Tal vez por mandao del cielo
al mundo llegué cantor,
y así es que quiero, señor,
que el canto sea un consuelo
que tenga un lírico vuelo
sobre la región desnuda,
que endulce la pena aguda
de tantos compañeritos
o curtidos pastorcitos
de alpargatas bigotudas.

Yo he visto en varias pasadas
bajo el invierno más frío,
al chiverío bravío
silbando por la quebrada,
divisando la majada
desde lo alto d'un caldén;
por eso vaya mi edén
que al punto quiero elevarle,
¡cómo no voy a cantarle
si yo fui pastor también!.

Apenas salta el lucero,
silbando su tropa arrea
y cumpliendo su tarea,
se va con rumbo al estero,
ya tiene curtido el cuero
de andar entre fachinales;
él no conoce los riales
ni sabe contar un cobre,
por ser hijo de algún pobre
que habita en tierra fiscales.

Pasan los días ventosos
que trae setiembre y agosto,
por ese camino angosto
de un presente trabajoso;
allí no existe el mimoso
ni el regalón de papito,
entre tantos muchachitos
como lo fuimos nosotros;
anda uno como los potros
por los campos al galopito.

Por eso es que de pichón
uno llega a acostumbrarse
que la vida hay que ganarse
tirando por ahí de pión,
y al cruzar por la extensión
por donde el pastor acampa,
el corazón se descampa
y entre poesía te digo:
hoy sí te canta un amigo,
pastorcito de las pampas.

martes, 12 de mayo de 2009

Mensual Patagónico.


Como en los tiempos de yerra,
sin tarjeta de invitao
voy a dejar detallao
lo que mi memoria encierra;
yo fui chivero en mis tierras
y pastor sin comparancia,
pero al pisar la distancia
conocí la soledad
y me crié como el que más
mensualeando en las estancias.

Yo vi salir con la helada
blanqueando a fines de mayo,
arrollao sobre el caballo
para juntar la majada
y en distintas madrugadas
tuito temblando de frío,
claro escuché el balerío
de los tiernos corderitos,
cuando hacen ecos los gritos
en las barrancas del río.

Yo escuché balar la hacienda
en muchas mañanas frescas
y antes que el sol aparezca
salí marcando la senda;
sentí el tirón en las riendas
de algún matungo macaco
y el relincho del guanaco
que en nuestra región se suma,
y hasta he sorprendido al puma
dormido en los alpatacos.

Yo sé campearle al ñandú
el nido, aunque es trabajoso,
y al jabalí peligroso
entrarle como una luz;
sé sancochar un tus-tu
de potro y téngalo en cuenta
que aunque eso no representa
ninguna ciencia a nivel,
lo mismo bajo un jagüel
de veinte como de ochenta.

Supe arreglar una aguada,
como lo mismo un alambre
y yo no me muero de hambre
mientras haya una rastrillada;
para mí que sea desolada
la región, yo vivo igual
y nadie lo tome a mal,
pero el que es curtido pasa
con un peludo a las brasas
y un buen té de tomillar.

Yo he pasado meses enteros
sin ver una cara humana,
en las campañas lejanas,
en tiempo en que fui puestero;
hoy no me achica el pampero
ni me arrolla la escarchilla,
pero sentí la espadilla
del miedo, aunque no lo imploro
cuando las guampas de un toro
me rayaron las costillas.

Yo se rezar, pa' que vean,
sin escopeta un bagual
y pa' dormir en pajal
no le hago la cara fea
y hasta he madurao la idea
entre el hombre y la razón;
haciendo una reflexión
de amigo, es que me le atraco
porque del cuero más flaco
sale más fuerte el cinchón.

Me crié como tal les digo
entre lazos y cencerros,
entre silencio de cerros
y apreciaciones de amigo;
yo soy el mismo que sigo
colgando versos agónicos
bajo faroles armónicos
de este gran cielo sureño
y soy al fin de mi empeño
un mensual más, patagónico.

viernes, 3 de abril de 2009

El pico chato.


De pico chato y cogote,
bastante emplumado y largo
sin orejas y sin embargo,
no lo sorprenden al trote.
De ojos mansos y grandotes
pero de patas peladas,
que con tres dedos formadas
pisa el ñandú y no ignoro,
que entre su plumaje moro
luce blancas y plateadas.

Sólo el macho tiene plumas,
bien renegrido en el pecho;
y en los bajos y repecho,
picando verde se suma.
Es codiciado por el puma,
por el hombre y por el zorro,
por eso entre los matorros,
es muy difícil que duerma.
Sólo con la carne enferma
le pide al monte socorro.

No es ni manso ni es matrero,
más si lo apuran de pronto
mueve haciéndose el tonto;
pero cuidado que es ligero.
En la lucha es gambetero
y aunque el indio lo ha boleado,
a muchos galgos ha dejado,
si defenderse le toca;
con las plumas en la boca,
sediento y acalambrado.

Anda solo o en cuadrilla
depende de la temporada
y encontrarle la nidada
es casi una maravilla.
Los huevos para las tortillas
son lindos y sin recovecos
y pensando que no peco,
que un saber todo repito:
frescos están amarillitos,
si están blancos están cluecos.

Que lujo cuando del nido
el macho como con celo,
posando el pico en el suelo
larga al viento su bramido.
Bramar que se hace zumbido
poblando las extensiones
y andan las conversaciones,
según entre gente criolla:
que siendo el macho el que empolla,
también cría los pichones.

Ñandú moro que picando,
ayer en mi pago hallaba;
cuando todavía ni pensaba
que se irían terminando.
Hoy que lo andan tiroteando
ni bien pueden divisarlo,
pues debo de confesarlo
yo también supe correrlo;
pero eso sí para comerlo:
no matarlo por matarlo.

Don Zorro.




De pelaje medio gris
y de astucia sin engorro
entre pastos y matorros
se ve y se escapa en un tric,
y a veces como lumbris
de flaco, ambula don zorro.

Otras veces hasta el color
de la piel, luce hermoso
y anda de lomo lustroso
y de aspeto oservador..
demostrando con valor
que es animal ingenioso.

De noche cuando al gritar
hace toriar la perrada
parece una carcajada
que el viento sabe llevar
como queriendo mostrar
que no lo achica la helada.

Astuto y caminador
terrible pa los corderos
y si cerca, a un gallinero,
encuentra el olfatiador;
es seguro que lo pior
no va a llevar el cuatrero.

A veces lo rastrea al león
porque este siempre algo mata
y haciéndose el que va a gatas
lo sigue medio al trotón
pa ver de hacerse un fiestón
con los restos y las patas.

Come huevo de perdiz,
de pájaro y de tortuga,
al piche no se le arruga
y lo come como al cuis,
queriendo mostrar así
que al peludo lo madruga.

No niego que sabe caer
en las trampas del zorrero
adonde el pobre maniero
sabe triste perecer:
tiempos que sabían vender
en muy buena plata el cuero.

Pero hablando de cazar
yo he visto al zorro cebao,
sacar limpita, al costao,
la trampa sin desarmar
como queriendo mostrar
que alguna vez se ha escapao.

Esa astucia e intención,
habilidad y reflejo
pertenece a un zorro viejo
y no a un zorrito pichón
que a veces de compadrón
cerquita deja el pellejo

Los que le han hecho mucho mal
a don juan en su terreno
son los zorrero a veneno
pues han dejao el tendal,
perdido en el pastizal
bajo los cielos morenos.

Su instinto de buen cazar,
de la cola a la cabeza
lo ha demostrao con grandeza
porque una vez de agarrar
capaz de hacerse matar
pero no larga la presa.

Y ansina subsistirán
como la flor del matorro,
corriendo del bajo al morro
y en vuelos de gavilán:
les eh presentao a juan
o mejor dicho a don Zorro.....

domingo, 28 de diciembre de 2008

El trance fiero.



Yo andaba en un redomón
bastante bruto y macaco
cuando lo escuche al "mataco"
que toriaba en un zanjón.
Sali medio al galopón
pa ver lo q habia encontrao
pero me quedé pasmao
cuando distinguí de paso
q era un jabalí machazo
y de cormillo cruzao.

Como nunca fui chambón,
pa voltiar cualquier padrillo
pensé que sería sencillo
partirle en dos el melon
pero me tembló el garrón
cuando se me vino airoso
quise pelar el bufoso
pero el matungo macaco..
se enredó en un alpataco
y al suelo fui tembloroso.

En tremenda mezcolansa
cuando medio me paraba
vi que el caballo sangraba
desde el encuentro y la panza
y al perder las esperanzas
de voltiarlo de un balazo
disparé unos cuantos pasos
pero al mirarme de a pie
volvió a encararme otra vez
como pa hacerme pedazos.

El perro tuito sangrao
desde el ocico al cogote
no le aflojaba al grandote
y parecia duplicao
y si no he sido achurao
por aquel chancho fierazo
fue por el perro amigazo
porque cuando se venía
al cruce se le prendia
sin miedo a los cormillazos..

...

Entre tantas reculadas
y apurones sin ventaja
me había hecho perder la faja
y una alpargata gastada
y fue en una corajiada
mezcla de miedo y cosquilla
que al saltar una jarilla
alcance a pelar el fierro..
y haciéndole honor al perro
se lo prendí en las costillas.

Como quien siente el amargo
dolor en cuerpo desnudo,
pegó un bufido el cerdudo
y se alejó al trote largo,
pero el perro sin embargo
lo siguio firme y parejo
y cuando lo hallé allá lejos
en una playa estirao
se había muerto desangrao
por defenderme el pellejo.

Allí quedó pobrecito
entre tomillos y sampa
por serle fiel y sin trampas
a quien lo crio de chiquito
en cambio el chancho maldito
herido pero se fue
y tristemente pensé
que julepe compañero..
donde casi dejo el cuero
de puro tonto esa vez!

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Guanaco


Relincho que a la mañana
ni bien siente movimiento,
pega el guanaco y al viento
sale cimbrando sus lanas.
El macho hace de campana
puesto como por encargo
aunque al mover sin embargo,
la hembra la punta empuña
de cola corta y pezuña
pero de cogote largo.

Si están con chulengo chico
pa' llevarlo monte adentro
lo empujan con el encuentro
y a veces con el hocico.
Desde la frente al pichico
no es demasiado su tamaño
que dispare no es extraño
si el hombre se les atraca
ya que tiene la guanaca
solo una cría por año.

Cuando hay viento son tan tontos
que hasta de pie se podría,
volearlo a la luz del día
atropellando de pronto.
Y a decirles me remonto,
ya que la ocasión es grata,
cuando llueve se desata
algún temporal muy frío:
meten como pobres críos
la cabeza entre las patas.

De color medio naranja
pero tiene su barbecho;
blanca la panza y el pecho
y sobre el lomo una franja.
No es animal que una zanja
pueda pararlo por suerte.
Todito el campo es su fuerte
y al saltar los alambraos
se que muchos hacendaos
han pagao pa' darle muerte.

Es cierto que come el pasto
que podría comer la vaca
pero es de Dios y no atraco
comparándolo a otros gastos,
no es animal pa los bastos
ni pa' andar con la manea;
si lo ensillan se volea
y si alguno de rebote
lo voleara en el cogote,
¡hay que ver cómo se arquea!.

Hablo de los bagualones,
de la cuadrilla y del macho
y no del guanaco guacho
que crian a biberones.
Amigo allá en mis regiones
en tiempo que chulengueaba
ni bien el sol asomaba
tanta guanacada junta,
desde la falda a la punta,
cada cerro amarilleaba.

Después, tanto lo chumberaron,
con armamento de guerra;
que andan ariscos en mi tierra
los pocos que se salvaron.
Algunos los choricearon
pa' venderlo a las colonias
y pienso con parsimonia
cuando el hombre se calibre
podrán disparar más libres
por la inmensa patagonia.