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miércoles, 27 de julio de 2011

La carreta

(Pintura: Laroche)
Cantando a la patria amada
pasé mis años mejores,
y ahora siento los rigores
de aquella gloria pasada;
porque hoy que no tengo nada
paso la vida penando,
como quien va manotiando
entre pura agua salobre,
que llegar a viejo y pobre
es casi como irse ahogando.

El consuelo que me queda
es el del gaucho de garra,
que solloza en la guitarra
mientras la bola le rueda.
Y el de que, cuando no pueda
tocar siquiera un estilo
me quedará el refosilo
que da el acero templao,
como machete mellao
que en un tiempo tuvo filo.

Para el trabajo, soy franco,
aunque con poca fortuna,
trabajando a sol y a luna
no he sido lerdo ni manco;
a las faenas del campo
me aficioné de muchacho
y aunque hoy no me les agacho
como antes, con tanta gana,
suelo empuñar la picana
y encasquetarme mi gacho.

Esa afición de carrero
no he perdido ni un poquito,
y puedo, aunque sea al tranquito,
picar a un buen delantero.
La carreta que prefiero
es la antigua, la toldada,
que aunque de marcha pesada
ha de andar siempre distante
llevando yuntas de aguante
de quedarse empantanada.

Pues bueno; hace ya un tirón
que pico en una carreta
que por lo linda y paqueta
va llamando la atención;
de tan buena construcción
que en viaje de largo trecho,
siempre marchando derecho
en ninguna parte escolla;
la carreta es "La Criolla"
que va salvando el repecho.

Pronto tendremos, quizás,
la toldada en la cuchilla,
que no ha de ser maravilla
mientras sigamos en paz,
y mientras que el capataz
Braulio Araujo la maneje;
basta con que Dios nos deje
dos cosas en la bolada:
el aumentar la boyada
y el juntar sebo pal peje.

Y con esto me despido
saludando al auditorio
que a esta velada o velorio
como siempre ha concurrido;
y al despedirme les pido
que si el volver les es grato
desde ahora me cierren trato
para venirse en montón,
y pegarle... un coscorrón
al viejo Calisto el ñato.

jueves, 16 de junio de 2011

Enlazando

(Pintura: Carlos Montefusco)
¡Abran cancha! que es la apuesta
por un porrón de ginebra,
y pueden sacarles la hebra,
por el negro y lo que resta;
ninguno duerme la siesta
en el manejo del lazo;
lo largan como balazo
en derechura a la res...
Y en seguida de un traspiés
le hacen pegar el porrazo.

A veces por un descuido
o un bote del animal,
suelen dejar, y es casual,
el lazo al cuello ceñido;
chambonada que con ruido
critican los compañeros,
salvo que siendo terneros
sin cuernos, no haya por qué,
y los enlacen de a pié
por no longiarles los cueros.

¡Jué pucha! para enlazar
son como mandados hacer
y muy raras han de ser
las en que vayan a errar;
en tratando de ensillar
cualquier redomón es bueno,
a cualquiera meten freno
y en él trabajan con arte,
pero ¡ah crudo! por mi parte
me quedo con el moreno.

Amor criollo

En un pingo pangaré
con un freno coscojero,
buen herraje y buen apero
en dirección a Cufré
va el paisano Juan José
orillando una cañada,
con camisa bien planchada
un clavel rojo retinto,
puñal de plata en el cinto
y bota fuerte lustrada.

Va en procura del lucero
a quien le ha tendido el ala,
y lleva clavel por gala
en la cinta del sombrero,
que si el gaucho es altanero
cuando del honor se trata,
su valor se desbarata
ante los mismos antojos
del puñal de aquellos ojos
con que la china lo mata.

Ella es linda y querendona,
él es buen mozo, y por eso
estendieron sin tropiezo
de su dicha la carona
donde cada cual entona
la canción de sus anhelos,
ella mirando a los cielos
y esperando su llegada;
y él buscando la picada
para calmar sus desvelos.

Va tarareando un estilo
en que el nombre de su amada
se entrevera en la entonada
como luz de refucilo,
vaga rodando el acento
que con hondo sentimiento
como quien cantando sueña,
hasta el rancho de su dueña
le manda en alas del viento.

Juan José por fin divisa
sobre el verde de una loma,
el nido de la paloma
donde sus penas suaviza;
y como quien muy a prisa
llegar al nido desea,
al pangaré lo espolea
como diciéndole: ¡vuela!,
que esatará de centinela
y es hora de que la vea.

Después de un largo tirón
al final de la carrera
se apeó el gaucho en la tranquera
donde estaba su ilusión.
"¡Dios te guarde, corazón!"
-dijo maneando el corcel,
y con palabras de miel
al apretarle la mano-:
"para vos este hortelano
ha cuidado este clavel".

"Lo guardaré, si tan bueno,
-le dijo ella al jardinero-,
entre mis trenzas primero
y después entre mi seno", -
y el gaucho de gozo lleno
le arrancó al punto: "mi encanto,
¡si eso no merece tanto!
basta con que alguna vez,
con cariño me mirés
y nunca te cause llanto".

Se sonrió la china, y luego
dijo con tono campechano:
-"Para un mate de mi mano
ya tengo el agua en el fuego".
-"¡Si a eso vengo! Y no lo niego
porque nunca sé mentir".
-"¿Entonces se va a servir?
aunque la yerba no es buena..."
-"Eso no me causa pena,
¡la pena es tenerme que ir!"

Y sin hacer más descargo
fue Juan José con su china
a tomar en la cocina
el sabroso mate amargo;
y lo que allí se juraron
mientras que lo saborearon,
lo que a solas se dijeron,
lo que allí se prometieron,
eso a naides lo contaron.

Lo cierto es que Juan José
que era paisano jinete,
montó de un salto en su flete
y muy risueño se fue,
y cuando ya el pangaré
al galope se tendía,
de cuando en cuando volvía
el rostro para mirar,
si alcanzaba a divisar
a su prenda todavía.

Guitarreos


Es al ñudo bellaquear
cuando no dá la osamenta,
que la guasca se revienta
de tanto hacerla estirar;
cuando me pongo á tocar
ya los dedos se me entumen
y aunque de máistros presumen
al ñudo es la presunción;
se pierde la ejecución
como se pierde el cacumen.

Puede horquetarse en el lomo
de un bagual, un viejo quiebra,
mas ya no muestra la hebra
como antes, ni por asomo;
pues por más que sepa como
se trabaja en el recao,
encontrándose pesao
ese saber es en vano,
que al ñudo, sin ser liviano,
es querer salir parao.

En el viaje de la vida
se marcha lindo y parejo
mientras que á matungo viejo
no se llega en la partida,
pero cuando ya entumida
se siente la chiquizuela
es al ñudo que le duela
cuando se siente aporriao,
porque á matungo cansao
no lo aligera la espuela.

En un tiempo fuí clavel
que en la mata se mecía
mientras su aroma esparcía
perfumándolo al verjel,
pero el invierno crüel
que la vida va agostando,
poco á poco ha ido secando
mis gajos más corpulentos
y aunque en el tronco hay alientos
ya no vivo perfumando.

Así es todo en la existencia,
incluso aquello del vino,
pues se me hace desatino
creer que sea eterna su esencia;
á toda, la Providencia
le ha puesto termino fijo,
y por eso yo colijo
que cuando sopla el pampero
lo lleva el diablo al sombrero
en cuanto afloja el barbijo.

Como les iba diciendo,
voy marchando á lo cangrejo,
como marcha todo viejo
que ya vichoco va siendo;
al ñudo agarro y enriendo
animal que bellaquea,
cuando le aflojo colea,
se hamaca si lo sujeto
y en cuanto me le enorqueto
dejuro me basurea.

Precaviendo machucones
aura matungos prefiero,
pues con matungo aguatero
no hay peligros de arriesgones.
En mi saco hay chicharrones,
se me hace cosa sabida,
pero no arriesgo partida
si la flor no es de cuarenta,
porque así no me revienta
ningún chambón ¡en la vida!

La vida tiene ilusión
mientras que brindan placeres
flores, música y mujeres,
cuando el hombre es mocetón,
pero llegando á treintón
ya la cosa es más formal,
hay que cuidar el caudal
mezquinándole á los tantos,
y al pingo de los encantos
echarle medio bozal.

Yo ya soy de los que viajan
despuntando cañadones,
y hacen el viaje á tirones
si escollos no los atajan;
con los años se rebajan
las fuerzas, eso es sabido,
y cuando al hombre entumido
lo deja la suerte adversa
tiene que buscar por fuerza
el calorcito del nido.

Eso es lo que me sucede
y lo que el mal me aconseja,
el arrimarme á mi vieja
que es quien aliviarme puede.
No hay nadie que desenrede
con más tino la madeja;
¡dichoso del que se queja
de dolor en la cadera
si tiene una curandera
que cure como vieja!

Quien á buen árbol se arrima
de buena sombra disfruta,
y come la mejor fruta
quien del árbol está encima.
Y aquí le aflojo á la prima
por temor que se reviente,
pues siempre tengo presente
que con la cuerda añadida
es serenata perdida
por más que el pulso se asiente.

Pajarito que á la aurora
te columpias en la rama,
mientras que trinos derrama
tu gargantita sonora,
si hay algún triste que llora
cuéntale que no me has visto,
porque si en el mundo existo
ya no es para consolar;
que es un puro suspirar
el pobre viejo Calisto.

domingo, 16 de enero de 2011

El pangaré


En un pingo pangaré,
flete guapo coscojero,
buen herraje, lindo apero,
en dirección a Pigüe,
va el paisano Cruz Montiel,
orillando una cañada,
con camisa bien planchada,
un clavel rojo retinto,
puñal de plata en el cinto
y bota fuerte lustrada.

Voy en busca de un lucero
a quien le ha tendido el ala
y llevo el clavel por gala
en la cinta del sombrero...
Yo soy un criollo altanero
cuando de mi honor se trata
el valor se desbarata
ante el mas mínimo antojo
y el puñal de aquellos ojos
con que mi prenda me mata.

La prenda se sonrió y luego
dijo en tono campechano:
-"pa' vos... un mate en la mano...
ya tengo el agua en el fuego",
-"a esto vengo y no lo niego
porque nunca se mentir",
-"lo que ahura se va a sentir
que la yerba no sea buena"...
-"eso no me causa pena
la pena es tenerme que ir".

Y sin hacer mas descargo
Juan Cruz Montiel con su china
se fueron a la cocina
a tomar un mate amargo,
un mate como de encargo
porque a solas lo tomaron...
lo que después se juraron,
lo que allí se prometieron,
y lo que después dijeron,
eso... a nadie le contaron.

Lo cierto es que Cruz Montiel
como era un criollo jinete,
monto de un salto en su flete
y despacito se fue...
y cuando ya el pangaré
al galope se tendía,
de cuando en cuando volvía
la cara para mirar
si llegaba a contemplar
a su amada todavía.

(Pintura: Salinas)

viernes, 23 de octubre de 2009

Criolla


Hermosa luna plateada
cae del rancho en la techumbre,
y con su pálida lumbre
besa la tosca enramada;
murmurando la cañada
se oye con tenues rumores,
y el perfume de las flores
llevan las auras sin ruidos,
mientras duermen en sus nidos
los alados trovadores.

Y de la noche callada
en el silencio campero,
bajo del rústico alero
de una pajiza morada,
suena una voz bien timbrada
con melancólico acento,
que como triste lamento
en oleajes de ternura,
repercute en la llanura
dando estas quejas el Viento:

- "Estrella de eterno giro
que alumbras en mi camino;
arroyito cristalino
donde por beber suspiro;
espejo donde me miro;
hermosa flor de este pago;
ahí va, como un eco vago,
mi queja hasta tu querencia,
mientras yo, aquí, de tu ausencia
apuro el amargo trago.

Por entre senda de abrojos
arrastro mi vida triste
desde que mi pecho heriste
con el puñal de tus ojos;
de mi dicha los despojos
se ha ido llevando la suerte,
y aunque vivo por quererte
no das alivio a mi herida,
porque tu amor es mi vida
y porque vivo sin verte".

En ondas de sentimiento
la voz del cantor agreste
fue por el cielo celeste
rodando como un lamento;
plegó sus alas el viento
que cruzaba la pradera,
se hundió la luna en su esfera
tras de nubes en girones
y enmudecieron los sones
de la guitarra campera.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Mateando



Para desechar la pena
de la vida en el combate,
no hay mejor que un mate
cuando la yerbita es buena;
da fuerzas en la faena
a que se agacha el rural,
y no hay otra cosa igual
a un sabroso amargo, cuando
lo va el gaucho saboreando
en la puerta del corral.

Esta vida campesina
tiene cosas como miel,
el ranchito, y detrás de él
las caricias de la china.
El pueblero no adivina
la ventura que eso encierra,
porque vive casi en guerra
con las costumbres criollas;
porque el lazo le hace ampollas
y no sirve en una yerra.

Dichoso el que, como yo,
vive siempre placentero
sin que le falte el puchero,
un churrasco y pororó;
y sin doblar ¡eso no!
a ninguno el espinazo,
ni tener, si llega el caso,
que ensuciarse, ni mentir;
que el gaucho sabe vivir
trabajando con el lazo.

Cuando miro desde aquí
el campo verde y risueño,
y me acuerdo que soy dueño
de ese rancho en que nací,
suelo decir, para mí,
con una cierta aflicción,
¡tierra de predilección!
¡cómo valdrían tus pedazos
si siempre guiaran tus pasos
la justicia y la razón!

Con su prole y su mujer,
con su rancho y su campito,
y en el campo un rodeíto
para tener que comer;
¿qué más puede apetecer
el gaucho trabajador,
si tiene en el rancho,amor,
esperanzas en la cuna,
y en el campo la fortuna
ganada con su sudor?

¡Qué sabroso es un amargo
cuando se está en la portera
de la tropilla a la espera
que se acerca al trote largo!
y hay quien dice, sin embargo:
que el gaucho vive a lo bruto;
¡vive pagando el tributo
con que manda a los puebleros
astas, cerda, lana, cueros,
y algún otro rico fruto!

Que el campo es el manantial
de que brota la riqueza
con que la naturaleza
brinda pródigo al mortal;
es la vida patriarcal
de más sencillos placeres,
es la dicha de los seres
que no buscan con fatigas
ni en el hombre las intrigas
ni el lujo entre las mujeres.

Está lindo el campo ¡ahijuna!
verde como una esperanza;
y con paz y con templanza...
¡qué placer y qué fortuna!
pero a lo mejor reyuna
la esperanza se nos queda,
porque cuando bien nos rueda
nunca falta algún mandón
haga sonar el latón
donde el derecho se enreda.

¡Pucha! Parece mentira
que estando tan a la puerta
no haga gobierno que advierta
que ese es el punto de mira.
¡La campiña que suspira
porque en alguna ocasión
le den jefes que, en unión
con el vecindario honesto,
palmeándola y del cabestro
lleven la Constitución.

El campo es grato y es bueno;
no se puede eso negar,
si en él se llega a gustar
lo provechoso y lo ameno;
pero si falta en su seno
la tranquilidad deseada,
ya el campo no vale nada,
del temor se extiende el manto,
y va perdiendo su encanto
como una ilusión soñada.

Con tiempo bueno y con paz
no hay nada como la estancia
de los pastos la fragancia
que es la más rica quizá;
con eso solo nomás
me quedo entre el pastizal,
porque no hallo cosa igual
a un rico amargo criollo
a la orilla del arroyo,
o en la puerta del corral.

miércoles, 23 de julio de 2008

El Payador


Como en el campo la flor
de incomparable belleza
a que da naturaleza
su fragancia y su color,
así nace el payador
que a la calandria remeda
porque, cuando le hacen rueda
imita al pájaro aquel,
alzando el canto como él
cuando canta en la arboleda...

Flor que presta amenidad
y del campo su ornamento,
destello del pensamiento
brillando en la oscuridad;
bardo que en la soledad
alza su voz inspirada,
remedo de mucho y nada,
mezcla de acíbar y miel,
genio que busca oropel
para su gloria soñada...

Ritmo que a un tiempo atesora
como en un copioso raudal,
el eco del vendaval
y el trino de ave cantora;
cuerda que ríe y que llora
con la misma vibración,
latido de un corazón
que siente dichas y penas,
conjunto de horas serenas
y de violenta pasión.

Él canta cuánto se encierra
de la Patria en la extensión,
y en amena descripción
las costumbres de su tierra;
el pinta el bosque y la sierra,
el arroyuelo y el río;
las lágrimas del rocío
que seca el viento fugaz
y al guacho diestro y audaz
que monta el potro bravío.

Él sabe, cantado amores,
darle a su voz la ternura
con que el arroyo murmura,
cuando acaricia las flores;
y si cantar los rigores
quiere del bien a que adora,
tiene su voz seductora
que suena como un lamento,
el melancólico acento
de la tórtola que llora.

Él tiene el eco potente
de sonora catarata
cuando su labio relata
las hazañas de un valiente;
él canta con su voz doliente
la ausencia del bien querido;
y hace llegar al oído,
si narra vengado ultraje,
como el rugido salvaje
del león que se siente herido...

Con intuición de poeta
y las alas de su anhelo
remonta a veces su vuelo
a la mansión de un planeta;
él a reglas no sujeta
su inspiración ni su idea.
Él canta lo que desea,
lo que siente, lo que estima...
porque solo, canta y rima
como el pájaro gorjea.

Lleva entre el poncho escondida
la guitarra quejumbrosa
con que se canta a la hermosa
los pesares de la vida;
ese instrumento en que anidan
como esencia de su ser
los recuerdos de su ayer,
su tristeza y su alegría,
el cariño o la falsía
del amigo y la mujer.

El es quien con sus canciones
hace al paisano gozar,
el que consigue animar
la ramada y los fogones;
el alegra las reuniones
en las yerras y carreras,
el que pasa las tranqueras
sin permiso del patrón...
y libre como el halcón
cruza montes y praderas.

El que del gaucho matrero
cuenta la vida pasada,
y la tapera olvidada
donde ocultó el parejero;
las hazañas del guerrero
los pesares de la ausencia,
y la cruz que, en la eminencia,
señala la humilde fosa
del que en la lucha gloriosa
murió por la independencia.
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En el día del payador (23 de julio) un homenaje a los que payan...y a los que les gusta escucharlos.
Saludos del gauchoguacho.