(Pintura: Molina Campos)¿Te acordás, china adorada,
de aquella noche tan grata,
que siendo el santo‘e tu tata
se reunió la paisanada?
Noche de baile y payada
pa’ mi la de más fortuna,
noche linda cual ninguna
pa’ despertar las pasiones,
y que brillaron facones
al resplandor de la luna.
Vos te habías abajerao
un traje color limón,
con una cinta punzó
hecha moño en el painao;
un pañuelo colorao
te cáiba hasta el cinturón,
y había tanto almidón
debajo de tu vestido
que las naguas hacían ruido
lo mesmo que un ventarrón.
¿Te acordás que te saqué
pa’ un gato con macachines,
y te polvié los botines
en cuanto lo escobiyé…?
Me miraste, te miré,
y al decir la relación,
vos miraste pa’ un rincón
pa’ver si óiba tu mama,
y ansí mostraste la rama
florida, de tu pasión.
Cuando te encaraste a mí
te pusiste como guinda,
y al verte tímida y linda
con más hambre me sentí;
creo que te dije ansí
después del escobiyao:
“Cuando me sirven asao
soy más glotón que un muchacho,
quisiera comerte un cacho
aunque me muera empachao”.
Al óirme la relación
te vino como de intento
un juerte estremecimiento
desde la nuca al garrón,
y con un tono burlón
y la miradita gacha
me dijiste: “Aunque muchacha
le contesto su endilgada,
cuando no es carne cansada
ni el más chapetón se empacha”.
En eso un mamao gritó
que salga el que sea varón,
y al candil de un sacudón
con el poncho lo voltió;
y en cuanto oscuro quedó
te saqué rumbo al poniente,
te apliqué un beso en la frente
que tu jagüel fue testigo,
y lo demás… no lo digo…
porque me oye mucha gente.
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domingo, 14 de agosto de 2011
jueves, 11 de noviembre de 2010
Dios te salve m'hijo

El pueblito estaba lleno,
de personas forasteras,
los caudillos desplegaban
lo más rudo de su acción,
arengando a los paisanos,
de ganar las elecciones
por la plata, por la tumba,
por el voto o el facón.
Y al instante que cruzaban
desfilando los contrarios
un paisano gritó ¡viva!
y al caudillo mencionó;
y los otros respondieron,
sepultando sus puñales
en el cuerpo valeroso
del paisano que gritó.
Un viejito lentamente,
se quitó el sombrero negro;
estiró las piernas tibias
del paisano que cayó,
lo besó con toda su alma,
puso un cristo entre sus dedos
y goteando lagrimones,
entre dientes murmuró:
"Pobre m'hijo quién diría
que por noble y por valiente
pagaría con su vida
el sostén de una opinión,
por no hacerme caso, m'hijo:
se lo dije tantas veces...
no haga juicio a los discursos
del Doctor ni del patrón.
Hace frío, ¿verdad, m'hijo?
(ya se está poniendo duro)
tápese con este poncho
y pa' siempre yebelo;
es el mesmo poncho pampa,
que en su cuna cuando chico
muchas veces, hijo mío...
muchas veces lo tapó.
Yo, viá dir al campo santo,
y a la par de su agüelita,
con su daga y con mis uñas
una fosa voy a abrir,
y, a su pobre madrecita,
a su pobre madrecita,
le diré que usted se ha ido...
que muy pronto va a venir.
A las doce de la noche,
llegó el viejo a su ranchito
y con mucho disimulo
a su vieja acarició:
y le dijo tiernamente:
su cachorro se ha ido lejos,
se arregló con una tropa;
¡le di el poncho y me besó!
Y aura vieja por las dudas,
como el viaje es algo largo
priéndale unas cuantas velas,
por si acaso nada más,
arrodiyesé y le reza...
pa' que Dios no lo abandone...
y suplique por las almas...
que precisan luz y paz.
Desde mis pagos

Al contemplar la hermosura
del suelo donde he nacido,
me siento un ave que al nido
regresa, desde la altura...
Todo es amor y ternura,
besos de madre y esposa,
es todo color de rosa
como en mis años de niño;
Feliz de quien el cariño
entre sus íntimos goza!
La brisa es suave y fragante,
el agua es más cristalina,
y el ave cantora trina
mas fuerte y más arrogante;
son las horas un instante
donde hay amor y placer,
y parece que al nacer
la aurora, trae en su frente,
el sinfónico torrente
de los aplausos de ayer.
Aromas, montes y trinos,
paz, armonía, nobleza,
es el salmo que se reza
en mis lares campesinos;
los arroyos cristalinos
que surcan nuestras campañas,
van bautizando las cañas
cual si por estos terrenos
abundaran Nazarenos
de Carrizos y espadañas.
Cigueñas, flamencos, garzas,
toros, chorlos, gallaretas,
cruzan las aguas inquietas
en incontables comparsas;
mientras que entre las zarzas
se ve un enjambre de nidos,
que se tienen suspendidos
sobre mansas corrientes;
como ideales nacientes
que permanecen dormidos.
Y, mirando la llanura
se ven mecer los trigales,
cual si fuesen los puñales
que nos da madre natura;
creo ver en la espesura
de los trigales crecidos,
todos los ratos vividos
cuando la vida florece,
una madre que nos mece
en nuestros lechos tendidos.
Aquí estoy frente a la vida
laboriosa y productora,
de frente al sol que nos dora
como a la espiga crecida;
fué mi dicha presentida
magna, noble y elocuente;
tras de la lucha ferviente
de darle luz a una idea,
fecundizar la tarea
con el sudor de mi frente.
sábado, 27 de febrero de 2010
Reflexiones de un gaucho

Con la frente descubierta,
la melena negra y lacia,
trae la verdad y la gracia
un criollo que se despierta.
Viene a golpearle la puerta
del Congreso Americano,
que desde tiempos lejanos
tiene una deuda sagrada;
y ha venido con la espada
de la verdad en la mano.
Vengo a reclamar lo mío
que por bueno me han quitao,
dejándome tan despilchao
que cuasi he muerto de frío.
Vengo con odio, con brío;
hastiao de un tiempo sufrido,
razonable y convencido
que aunque es pueblera la cancha,
yo he de ganar la revancha
si no es tramposo el partido.
Y a causa de esas razones
del congreso americano,
le van sacando al paisano
los últimos patacones.
Lo llenan de obligaciones,
siempre hay algo que pagar,
por guías, por señalar,
impuestos, marcas y sellos,
y hasta pagarles a ellos
pa que apriendan a charlar.
Nos quitaron las haciendas
a medias con el pulpero,
después las lanas, los cueros,
caballos, matras y priendas;
y en medio de esas enmiendas
creyendo de mejorar,
no se fijan al pasar
sobre su querida pampa,
se va perdiendo se estampa
su patria, pilchas y hogar.
miércoles, 24 de junio de 2009
El Indio

Bajo de un coposo pino
de corpulenta figura
que desafiaba la altura
a lo largo del camino,
había un indio genuino
sumido en sus reflexiones,
émulo de esos varones
de cuerpo fuerte y derecho,
que parece que en el pecho
tuviesen dos corazones.
Con las manos apoyadas
sobre el carrillo cobrizo,
los ojos mirando el piso
y las pestañas mojadas,
pensaba en horas pasadas
que el hondo pensar enlaza,
y una lechuza que pasa
lanza un graznido lúgubre
como un velo que descubre
el sepulcro de una raza.
Y ante el graznido del ave
yergue su figura altiva
que supersticiosa priva
salir del problema grave;
llora, siente, piensa, sabe
aquel indio patriotero
que ya no es el montonero
que peleo fuerte en la guerra,
sino el último en su tierra
después de ser el primero.
Mira entonces la llanura
que en silencio dormitaba
y ante sus ojos estaba
trágica, fría y obscura
despierta en él la bravura
y lo mismo que una fiera,
que lucha y se desespera
cuando al cachorro castigan,
las iras al indio obligan
y gritó de esta manera:
Lleno de odio y de rabia,
patria desagradecida,
dejo esta queja esculpida
sobre el pendón de tu savia;
tu falso progreso agravia
mi libertad de varón
yo que por tu pabellón
sentí en el pecho y el lomo
los latigazos del plomo
de la civilización.
Yo que pelié frente a frente
defendiendo tu terruño
con las potencias del puño,
que tiene todo valiente,
sentí mi sangre caliente,
derramarse a borbotones,
y en distintas direcciones
dejé con mi sangre huella
y están marcados en ella
tus sables y tus cañones.
Y después del sacrificio
hecho con toda pujanza
sin tener otra esperanza
que tu propio beneficio,
ando sin rancho ni oficio,
despreciado sin razón,
sin tener un mancarrón
ni una miserable oveja,
porque no hay ley que proteja
los hijos de mi nación.
El rancho que yo tenía,
con mis ovejas y vacas,
lo hallé rodeado de estacas
y un cerco lo dividía;
me encontré con que vivía
allí un señor estanciero
que como él era extranjero,
no puso por vos el pecho,
y me ha quitao sin derecho
lo que fue mío primero.
El día que regresé
no encontré china ni nada,
porque era fiscalizada
la tierra que yo poblé;
en vano les reclamé
derecho de poblador,
puso la ley su rigor
y yo sin plata y rabioso,
fuí a parar a un calabozo
por malo y acusador.”
Aquel altivo guerrero,
después que pasó la guerra
recién al pensar se aterra
porque vió lo verdadero
al ver que tan altanero
peleó por su patria fiel,
y no había otro laurel
para su sien de argentino,
que llorar bajo de un pino
de un campo que no era de él.
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