jueves, 6 de agosto de 2009

Changuito de mi escuela


25 de Mayo:
caramelos y masas;
9 de Julio: gorras,
camisas y alpargatas...

(¡Suerte que son de invierno
los días de la Patria!)

Pero es mejor, changuito
que no pidamos nada.
¿Qué han de significarnos
las cosas que nos mandan;
ese par de botines
y esa ropita usada?

Seguí, changuito pobre,
al brazo tu pizarra
y apretao contra el pecho
tu tarrito con ancua.

Dicen que sóis heróico
y ejemplo de costancia
y dicen, asombraos,
que todas las mañanas
pa iegar a l'escuela
peliás con la montaña.

Que digan lo que quieran...
La gente ciudadana
anda buscando siempre
motivo pa sus lágrimas.

Seguí, changuito pobre
tranquiando las quebradas
con el talón rajao
por la piegra y la escarcha,
la cabeza curtida
por soles y nevadas,

con los ojitos largos
de perseguir distancias,
con tus manitas duras,
con tu carita flaca,

Teniendo para tu hambre
sólo el tarrito de ancua...
Que en otra parte busquen
motivos pa su lástima.

¡Se apenan por nosotros
que no pedimos nada
y en ingenios y obrajes
lo están matando a tata!...

miércoles, 5 de agosto de 2009

Ya dice "Tata" mi chango



Ya dice "Tata" mi chango,
mi chango ya dice "Tata",
estirándome los brazos
y alumbrándose la cara.

Hay otra luz en los campos
y hay otro canto en el agua,
ya somos dos los varones,
mi chango ya dice "Tata".

Corre zonda por el monte,
descuajate en las lomadas,
temblá por los airampales,
bailá en las arenas blancas.

Pero endúlzate las manos cuando
entrés por mi ventana,
pa'repetir la noticia
¡mi chango ya dice "Tata"!

Telero Santamariano


Abiertas las telas
en el alambrao,
las ofrece a todos
el santamariano:

- "¿Quién me compra un puyo
tejidito a mano?
¿O estas alforjitas
o esta poncho blanco?

También hay chalinas
de pelo i guanaco
y ponchos vallistas
y puyos serranos.

Tengo sobrepelos
suaves y livianos,
tengo sobrecamas
lindas pa regalo..."

Pero naide compra
y el santamariano
le dice a la Virgen
alfligido y manso.

Ella y los changuitos
allá se han quedao,
comiendo quesillos
guaschalocro y ankos...

He i ser nuestra suerte
morir trabajando,
lastimaos los ojos
llagadas las manos.

Hilando y tejiendo
redondito el año,
¡y a nuestros changuitos
sin con qué taparlos!...

- ¿Quién me compra un puyo
tejidito a mano?
¿O estas alforjitas,
o este poncho blanco?

Los dos cantores


Dos gauchos payadores,
rivales y enemigos,
un día se encontraron
de oyentes circuídos
allá en una ramada
de sus campos nativos.

Y en tanto que los gauchos
contábanse prodigios,
y abrían opiniones,
pareceres distintos,
sobre su dulce canto,
sobre su arrojo y brío,
su vida aventurera,
sus luchas y peligros;
mirábanse con ceño
los dos, los dos altivos,
y más que las guitarras
buscaban los cuchillos.

Pero ambos, desde lejos,
por grupos divididos,
después indiferentes
quedábanse al bullicio,
como en su estrecha jaula
tigre feroz y cautivo,
que ante la turba de hombres
de mujeres y niños,
cansado se recuesta,
con los ojos sin brillo
y en un bostezo ahoga
formidable rugido.

Rompió de pronto el canto
el más viejo y sombrío,
con una de esas notas
que hieren en lo vivo,
vibración repentina
del corazón herido,
recuerdo melancólico
¡de cuando se ha querido!

Cantó su hermoso tiempo,
sus años más floridos,
cuando, como las aves,
tuvo en la tierra un nido,
y en él su compañera,
feliz con su cariño,
sentaba en sus rodillas
los pequeñuelos hijos.
Después lloró tristezas
de gaucho perseguido,
su rancho solitario
donde buscó afligido,
en vano hijos y esposa
que un viento maldecido,
desparramó a lo lejos
¡quién sabe en qué caminos!
Escúchanle los gauchos
callados, recogidos,
ni el leve aliento se oye
por todos contenido,
y el otro, cantor joven,
taciturno y bravío,
se levantaba inquieto,
todo él estremecido
como el arroyo claro
al parecer tranquilo,
donde, al caer la piedra,
conmueve el fondo mismo;
y cuando al fin el canto
del payador sombrío
apagóse en el viento,
vibrante cual gemido,
se oyó un preludio flébil,
vago rumor perdido,
¡triste, suspiro apenas,
de sentimiento henchido!

A media voz, intenso
canto se oyó; gemido
de algún dolor oculto
¡que estalla repentino!
"También, aunque temprano,
su corazón altivo
probó los sinsabores,
pasó por el martirio;
jamás para él tuvieron
ni flores ni atavíos
las lomas y cañadas
de sus cantos nativos.
Le fue el amor ingrato,
le traicionó el amigo,
y huyendo de los hombres
acosado y proscrito,
hermanos fue buscando
a los toldos del indio."
Después, ¡qué reflexiones
desesperadas hizo
en su cantar doliente!
mostrando a un tiempo mismo,
¡su ciencia de la vida!
¡su amargo pesimismo!
Y mana de sus labios
sin orden ni artificio,
real, brotando sangre,
tan hondo y tan sentido,
que abrasa en cada estrofa,
desgarra en cada grito,
¡y el alma de los gauchos
arranca de su quicio!

Cuando apagóse el eco
de su cantar sombrío,
entre el silencio inmenso
que sucedió a sus himnos,
dejando en cada pecho
un vibrador gemido,
alzóse el otro gaucho
con el rostro encendido,
y a un lado y otro haciendo
a los que le hacen círculo,
a su rival llegóse
con un arranque digno
y estrechó, fuerte abrazo,
¡fundió el rencor antiguo!
¡Y es que sobre la tierra
es el dolor el vínculo
que ablanda corazones
bajo su fuego activo;
celos, envidia, orgullo,
la rabia, el odio mismo,
todo el dolor lo dobla
sobre su yunque vivo!

La peladilla


Peladilla, peladilla,
pecesito sin escamas,
que incesante peregrinas
por los hilitos de agua
que bajan de mis montañas,
si te besa un rayo'e sol
te convierte en esmeralda.

Peladilla, peladilla,
pecesito sin escamas,
el que te quiere admirar
cometiera grave falta
si te sacase del agua,
porque se velan tus ojos
y tu piel se vuelve opaca.

Peladilla, peladilla,
pecesito sin escamas,
eres como la Ilusión,
que con la duda se empaña.
............................
No he de ser yo, soñador,
quien te retire del agua.

Señor Juez


Señor Juez, en verdá le confieso,
que se m'áido un poquito la mano.
¿Se murió? ¡Dios lo tenga en la gloria!
Ya bastante el indino
vivió cuatreriando.

-Me tráia robando ese leso
mis vaquillas, cerquita de un año.

Era inútil que diera mis quejas
ante el Comisario.
Me tomaban apunt'e la cosa.
Y yo, satisfecho,
me diba silbando.
Y cuando créia que preso lo tráian,
caía en engaño,
porque el pillo, por juir de la cárcel,
le entregaba al señor Comisario
la mitad más o menos del robo,
y éste echábale tierra al asunto,
como hacen los gatos...

Y lo pior es que si uno relincha,
si no lo estaquean,
lo meten en cepo de lazo,
cuando no lo enderiezan pal Neuquén
a lomo pelado,
más molido qu'el gallo del cuento,
que asiquiera el pobre
si las plumas perdió en la pelea,
quedó cacareando.

Y como quiera que ya no hay justicia
en por estos pagos,
me la hice al tirito yo mesmo.
He perdido y ... pago.

Es por eso, señor, que de rabia
se me jué un poquito la mano.
Yo le quise pintar un barbijo,
dejarlo orejano...
el cuchillo corrió pal cogote,
y solito se jué desangrando.

La lechuza



-¡Chistt!...
-¡Cruz diablo! ¡Mandinga! ¡Cruz diablo!
¿Qué querrá este bicho?
¿Qué andará rastreando?
que tuitas las noches, de un tiempo a esta parte,
a cada ratito pasa po'este rancho?
Alguien de seguro, jediendo está muerto...
- ¡Chistt!...
- ¡Cruz diablo! ¡Mandinga! ¡Cruz diablo!

Así renegaba Bernardo el boyero
oyendo el chistido, insistente y largo
del ave agorera, mientras ño Cirilo,
el viejo puestero,
después de un amargo,
trenzaba en silencio la soga de un lazo.

- ¿No es verdá, Cirilo, que si la lechuza
al pasar po' encima una casa,
larga tres chisitdos y aúllan los perros...
señal es d'esgracia?
- ¡Calláte muchacho, no digás pavadas!
Ese animalito no hace mal a naide.
A la pobre lechuza le pasa
lo que a ciertas hembras
que toda la vida se quedan en casa
cuidando al marido y a sus pobres güeñis,
y viven muriendo de cansás y flacas.
Son las aparciencias, las que las condenan ´
y así las maltratan.

Mirá la paloma... Toó el mundo dice
que ese pajarraco es una monada,
y pa mí que no hay bicho en la tierra
que más se parezca a una mujer mala.
Se la pasa tó'el día compuesta
juntito a su macho,
aventando sus odios y amores
en la puerta e'casa;
cuando no, con las otras palomas
a destruir los sembrados, se larga.
Mientras tanto, allí queda su nido
solito, sin guarda,
teniendo por plumas
un montón de estierco
y dos o tres ramas.

Pero en cambio, la pobre lechuza
hace el suyo en un hoyo'e la tierra,
al pie de una mata,
y lo empluma y lo pone a cubierto
del viento y del agua.

Cuando es día, si sale, es pa dirse
a la punta de un poste a pararse,
y allí suele pasarse las horas
quietita, en silencio, sin chillar con naide.
Si malquiere, no hay quien lo conozca;
cuando quiere, tampoco se sabe.
Anda sola, y ni aún hay quién colija
ni cuál es la hembra, ni cuál es el macho.
¡Y es muy corajuda!
si le largan un tiro'escopeta
la cabeza agacha,
y pegando un chillido'e protesta
va suave a posarse
a dos o tres postes más lejo'e distancia.

Lo qu'es por la noche, cuando todos duermen,
ella ronda como un vigilante,
pa matar las cuncunas y ratas
que acaban las siembras,
y en el hondo silencio'e la noche
pega esos alertas
que a la gente espantan.

Además... ricuerdo,
que una vez me encontré como un paria,
muy triste en mi'esgracia,
mi mujer se me diba muriendo...
solito yo estaba,
y una pobre lechuza se anduvo
toita la noche volando por casa.
Al principio me dio una impaciencia,
una gana ferzo de matarla,
y después... mucho miedo, y me puse
a hablar contra el cielo,
ella me chistaba...
como si pretendiera prohibirme
de que blasfemara...

Se murió mi mujer y, de pena,
quise dir con ella,
y cuando en mi cuerpo
ya iba a hundir la daga,
un hondo chistido
se prendió'e mi brazo,
y sentí que mi sangre se helaba.
Parecía que Dios me dijera:
condenao te has de ver si te matas.

Después de esa noche, son muchos los años
que llevo pasados en medio'esta pampa,
y ella ha sido siempre la fiel compañera
que al tiro me chista
cada que que trenzo
ideas bagualas.
Es como si juera... mi propia concencia,
y hay que rispetarla.

La lechuza, creéme muchacho,
es como esas pobres mujercitas buenas
que pasan la vida yenándose d'hijos,
sin gozar de nada,
y se van muriendo, llenas de tristeza,
solitas y flacas.