miércoles, 3 de noviembre de 2010

Cuando te fuistes

Me abandonaste llorando
en medio de mi camino,
en medio de mi camino.

Cual si fuera mi destino ¡Ay sí!
pasar mi vida penando...
Cual si fuera mi destino
pasar la vida penando.

Me abandonaste llorando
en medio de mi camino,
en medio de mi camino...

Nunca jamás se abandona
lo que llorando se deja,
lo que llorando se deja.

De un contrariado partir ¡Ay si!
el llanto es la amarga queja,
de un contrariado partir
el llanto es la amarga queja.

Nunca jamás se abandona
lo que llorando se deja,
lo que llorando se deja.

A los gauchos


Raza valerosa y dura
que con pujanza silvestre
dio a la patria en garbo ecuestre
su primitiva escultura.
Una terrible ventura
va a su sacrificio unida,
como despliega la herida
que al toro desfonda el cuello,
en el raudal del degüello
la bandera de la vida.

Es que la fiel voluntad
que al torvo destino alegra,
funde en vino la uva negra
de la dura adversidad.
Y en punto de libertad
no hay satisfacción más neta,
que medírsela completa
entre riesgo y corazón,
con tres cuartas de facón
y cuatro pies de cuarteta.

En la hora del gran dolor
que a la historia nos paría,
así como el bien del día
trova el pájaro cantor,
la copla del payador
anunció el amanecer,
y en el fresco rosicler
que pintaba el primer rayo,
el lindo gaucho de Mayo
partió para no volver.

Así salió a rodar tierra
contra el viejo vilipendio,
enarbolando el incendio
como estandarte de guerra.
Mar y cielo, pampa y sierra,
su galope al sueño arranca,
y bien sentada en el anca
que por las cuestas se empina
le sonríe su Argentina
linda y fresca, azul y blanca.

Luego al amor del caudillo
siguió, muriendo admirable,
con el patriótico sable
ya rebajado a cuchillo;
pensando, alegre y sencillo,
que en cualesquiera ocasión,
desde que cae al montón
hasta el día en que se acaba,
pinta el cubo de la taba
la existencia del varón.

Su poesía es la temprana
gloria del verdor campero
donde un relincho ligero
regocija la mañana.
Y la morocha lozana
de sediciosa cadera,
en cuya humilde pollera,
primicias de juventud
nos insinuó la inquietud
de la loca primavera.

Su recuerdo, vago lloro
de guitarra sorda y vieja,
la patria no apareja
preocupación ni desdoro.
De lo bien que guarda el oro,
el guijarro es argumento;
y desde que el pavimento
con su nivel sobrepasa,
va sepultando la casa
las piedras de su cimiento.

Mi tijera tuzadora


En una vaina de cuero
y pa que bien me la proteja,
tengo una tijera vieja
de mis tiempos de campero.
Marca "Ciervo" y buen acero,
son sus criollos atavismos
y aunque el tiempo y sus modismos
me dejó a pata en la huella;
la guardo porque con ella
me siento montao lo mismo.

El recuerdo de un amigo
que en mi memoria aun se queda,
un tal Victoriano Arquieda,
muy generoso conmigo.
Ella fue solo el testigo
cuando una ocasión me dijo:
-"Por paisano y por prolijo
es tuya esta pertenencia,
porque sos de mi querencia
como uno más de mis hijos".

Si habré conformao mirones,
con su filo como aceite,
cuando era pa mi un deleite
de emprolijar mancarrones.
Y esos crudos cimarrones
que no conocían bozal,
tras la rodada de un pial
y al filo de mi tijera;
me dejaban la clinera
como alfombra en el corral.

Y ni que hablar del picaso,
que cuando mozo montaba,
que antes de salir le echaba
un retoque por si acaso...
Y si al verme tras del paso
más de una moza pueblera,
supo decir salamera
pero con cierta verguenza:
"con gusto daría mis trenzas
pa'l filo de esa tijera".

Una vuelta que la mala
me había chupao como anguila,
fui anoticiao de una esquila
allí en la Estancia "Los Talas".
Allí don Rito Barcala
me dió trabajo conciente
y en el tiempo suficiente
terminé y me eché el regreso,
con ciento setenta pesos
y un capón de cuatro dientes.

Hoy que de viejo me agacho,
como ladrón de zapallo,
y no tengo ni un caballo
pa florearme en algún penacho,
vuelta y vuelta me despacho
como muchacho bandido,
y a la vieja en un descuido
y aunque por ahi se retoba,
suelo tusarle la escoba
para escucharle el sonido.

Pa mi emprendao

(Foto: Eduardo Amorim)
En una "seca" tremenda
cayó a la aguada un bagual,
como pidiendo un bozal,
cabresto, bocao y rienda.
Era más bien una ofrenda
despertando mis antojos;
clinudo, tapao de abrojos,
asustao de cualquier cosa,
con una estampa asombrosa
y un desconfiar en sus ojos.

Era un oscuro tapao
que merece ponderarlo,
y ahí nomás al contemplarlo
ya me sentí enamorao.
Recordando a mi "emprendao"
me venció la tentación,
y a pesar del apurón
en disparar de la aguada
vino a quedar en la armada
por arisco y cimarrón.

Cuando le puse los cueros
una mañana en el puesto,
campo afuera, echando el resto,
hicimos gritar los teros.
Pasé unos trances muy fieros
pues me tuvo a maltraer;
la vincha me hizo perder
beyaquiando el vivaracho,
¡pero cuando uno es muchacho
el peligro es un placer!

Hoy tay cuidado y mimoso
su pelo es un solo brillo
y únicamente lo ensillo
con mi emprendao relumbroso.
Desconfiao, ágil, fogoso,
coscojero y juguetón,
y entre tanta admiración
en él, luciendo mis prendas,
no le envideo las haciendas
ni el capital del patrón.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Huella triste

Intérprete accidentado don Yanquetruz:Que yo les cuente mis penas
me piden de tarde en tarde.
Si en ellas está mi fuerza
déjenme que me las calle.

Voy andando por el mundo
Camino de cualquier parte.
Llena de piedras la senda,
lleno de sueños el aire.

La vida es un lazo largo
estirao sobre la tierra.
En una punta una dicha,
y en la otra punta una pena.

Así va mi corazón
lleno de sueños y ausencias,
sin encontrar su querencia
perdido en la cerrazón.

No se ve la Cruz del Sur
en las noches de tormenta.
Hay que mirar dentro de uno
para encontrarla a la huella.

Cuando me cansa el camino
me pongo a mirar p'adentro
como quien arrima leñas
al fogón de unos recuerdos.

La guitarra y el cantor

(Video tomado de Carloslopezquilmes)Está la copla cantada,
silencioso el diapasón
y un largo camino abierto
para que andemos los dos.

Yunta ceñida y eterna:
la guitarra y el cantor;
si el hombre sigue la huella
que el destino le fijó
pal que anda rodando tierra
no hay aparcero mejor.

La pampa me dio distancias,
el cerro su luz me dió,
la selva me puso duendes
adentro del corazón.
Pero yo no se que fuerza
de raza o de tradición,
de abuelos que me conversan
con su más profunda voz,
me arrimaron este abrazo
de cuerdas y diapasón.

Y así andamos por el mundo
siempre juntitos los dos,
pal que anda rodando tierra
no hay aparcero mejor.
Ahora nos vamos guitarra
por esos campos de Dios,
lo que el camino enseña
lo aprende mejor que yo.

Tú sabes bien que la vida
no me ha dado perfección,
quizás por esas razones
no alcanzo tu condición.
Tú eres madera profunda
la Patria canta en tu voz

El hombre en cambio tropieza,
se nubla en la confusión
su sueño se vuelve duda;
se vuelve espina su flor
y no traduce aunque quiera
lo que dicta el corazón.

Yo elijo la noche abierta
para pedir tu perdón
y te confieso guitarra
que tienes algo de Dios:
me castigas, me perdonas,
me consuelas, Que se yo!

Amalaya siempre juntos
mi copla y tu diapasón,
yunta ceñida y eterna:
la guitarra y el cantor;
p'al que anda rodando tierra
no hay aparcero mejor.