Mostrando entradas con la etiqueta Gaucho. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gaucho. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de agosto de 2011

La libertad

(Pintura: Carlos Ripamonti)
Ya tiene altura nacional el hombre
plantado en su viril bota de potro,
pues si sabe pelear con la encordada
con el fierro no hay quien le pise el poncho.
Campea en la vorágine patriota
tiñendo las distancias con su arrojo
pero siempre liviano de bolsillos:
no tasa su valor a tanto el rollo.
Así, cuando se mete en el fandango
no pregunta si son muchos o pocos
y allá de prisa, como pan caliente
se va boleando godos.

La libertad, bandera de su instinto
lo lleva hacia delante y hasta el fondo.

sábado, 30 de julio de 2011

Soy gaucho

(Foto: Aldo Sessa)
Soy el gaucho sin igual
cuando en mi campero basto,
despierto el dormido pasto
al cruzar con mi bagual.
El que en razón es legal,
en apuros servidor,
el que en su alma con ardor
nobleza pura zurquea,
y el que alegre churrasquea
de un cordero al asador.

Soy gaucho que en triste estilo
se lamenta donde existe.
Como la tórtola triste
canta en el monte tranquilo.
Aquél que le sigue el hilo
a la más cruel desventura,
el que con constancia pura
duerme sobre su recao
sin que lo haya amedrentao
ni el tigre con su bravura.

Soy gaucho que al renacer
la brillación del oriente,
sobre el bagual, sonriente,
saluda el amanecer,
el que contento de ser
hijo de la pampa pura,
recorre la ancha llanura
con ademán altanero,
recibiendo del pampero
su delicada frescura.

Soy gaucho al que los dolores
lo castigaron tan fuerte
que sin temerle a la muerte
se ríe de sus rigores.
El que en primeros albores
de una aurora purpulina
canta una cifra ladina
tan triste como un gemido;
ecos de un gaucho nacido
en la gran pampa argentina.

jueves, 14 de julio de 2011

De otros tiempos

Yo soy un gaucho atrasao,
yo nací juera de tiempo,
tenería que haber nacido
poco antes del ochocientos.
Entonces sí que estaría
justo clavao en mi medio.
¡Qué bien estaría el tiempo'e paz
cruzando el páis de tropero!
¡Qué bien estaría el tiempo'e guerra
peleando contra el gobierno!
Y habería sio soldao
del jefe más curuyero
y habería estao en las piegras
en aquellos tiempos güenos...

¡Era lindo sublevarse
porque era gringo el gobierno!
Y como esto del cantar
me viene de muy adentro,
y el gustarme las mujeres...
creo... de mi bisagüelo...
de suerte que vienen días
que si no canto, reviento!
Y si no habría hallao hembra
pa quererla, ¡me habría muerto!

Por tal motivo, colijo,
y estoy seguro que no erro,
que si yo hubiera nacido
allá por mil ochocientos
además de ser soldao
de la patria y ser tropero...
tenería que haber sido
payador y guitarrero,
¡Güen bailarín, gaucho pierna,
y enamorao sin consuelo...

Pero no hay nada que hacerle,
llegué atrasao en el tiempo,
soy un gaucho redotao
y acorralao po'el progreso...
que no me animo a cantar juerte
porque tengo miedo,
y vergüenza de este canto
que sale como juyendo...
y se encandila en las luces
y se ahuga en los ríos del pueblo.

Tenería que haber cantao
"peón de tropa" o "montonero",
en la ventana'e las chinas
o en el rus del campamento
mesmo que cantan los pájaros:
¡cara al cielo!¡a campo abierto!

Y entonces juera el cantar
un canto limpio y sereno,
canto con anchura de campo
y con olores de trébol....
canto con filo'e facón
y con suavidad de culero...
Canto con sol y con lluvia
y con bramido'e pampero...
Con perfume de arrayán,
pa las chinas y con cerro,
y espinas de coroniya
pa los machos altaneros,
Canto pa cuartiar quereres
o pa animar entreveros,
Canto que truje conmigo
y hoy ya no es más que un ricuerdo...
porque lo truje conmigo... pero
¡se me ahogó en el pueblo!

sábado, 18 de junio de 2011

Mano criolla


El botón de la presilla
que sujeta a la encimera
no lo abre un tirón cualquiera
aunque cinche una tropilla.
Es de confección sencilla,
salido de mano ruda,
mano en que el criollo se escuda
y va al peligro tranquilo
¡Que no ha de mermarle al filo
cuando la cosa es peluda!

Mano tosca, mano fiera
que aguanta al lazo el cimbrón
cuando enlaza el cimarrón
que ha puerteado campo afuera
y un pial de astucia certera
junta sus manos al vuelo
y el tirón venido al pelo
a la libertad lo arranca
¡y golpea con el anca
chicoteando por el suelo!

Mano que calza la taba
y la acaricia un baquiano
con la magia de su mano
de vuelta y media la clava;
al ventajero lo traba
al conocer la intención
que va a pelar el facón
y bien sabe, compañero,
¡no hay animal pescuecero
si se le gana el tirón!

De los alambres de púa
a veces luce una herida
que el sol la seca enseguida
como seca la garúa;
la mano es como ganzúa
que abre cuanto se imagina:
y en esta tierra argentina,
si algún amor lo desgarra,
¡abre al son de su guitarra
el corazón de una china!

(Foto: Aldo Sessa)

jueves, 16 de junio de 2011

El viejo gaucho


Hijo soberbio del llano,
desde la cuna el pampero
del rancho bajo el alero
lo besó como un hermano...
Veló su espíritu sano
empapado de grandeza
y su indómita fiereza
no fue carne de rebenque,
¡ni fue la fuerza, palenque,
para doblar su cabeza!

Viejo ya; encanecido;
del ombú seca guirnalda,
siente crujir en su espalda
los derrumbes del olvido...
Y de intemperies curtido
entre sus júbilos probos
no llegan a sus arrobos
del desengaño las rachas...
¡hasta el filo de las hachas
se mella en los algarrobos!

Así les cuenta a sus nietos
de la enramada al arrullo
los altos timbres de orgullo
de sus amores inquietos;
los dolorosos secretos
de una pasión infeliz,
que grabó con su desliz
la opuesta y cortante hoja
¡y fue una rúbrica roja
la indeleble cicatriz!

Así les cuenta del brío
que tuvo en la guerra el puño
cuando de sangre el terruño
sintió desatarse un río...
Cuando el gauchaje bravío
confundido con el lodo,
sobre las cumbres un codo
se alzó con la correntada...
¡para convertirse en nada
después de haber sido todo!

Como su potro triunfal
haló en el trabajo freno
y el arado rompió el seno
de la pampa virginal.
Como al nacer el trigal
hamacado de sudor,
convertido en labrador,
hizo de su lanza astillas,
para caer de rodillas,
ante el surco redentor.

Al vibrar su voz amena
en la nostalgia concluye
como el raudal que diluye
sus espumas en la arena...
Nublan sus ojos la pena
de la tarde desmayada...
y temblando la enramada
al pasar las mariposas
vuelca un perfume de rosas
en su cabeza nevada.

Del tranquilo atardecer
con la luz de tono vago,
parece el alma del pago
que se está por desprender...
Desata el fondo del ser
una lágrima cautiva
la tarde ya pensativa
recogiendo su visión
¡y pasa la tradición
como una sombra furtiva!

martes, 7 de junio de 2011

El gaucho de antes


En el fondo adormecido
del colonial vasallaje
sobre la tierra salvaje
fuiste gaucho concebido;
hijo de un amor sin nido
que al pie del ombú fincó
y el peligro desafió
de las fieras y el pampero
y en pobre hogar altanero
en el desierto se aisló.

No ahogó tu sed de vagancia
la honda caricia celeste:
aire, flor y efluvio agreste
nutrían tu ruda infancia.
Brazo férreo de la estancia,
su custodio en la llanura,
bien probaron tu bravura
la res fiera y el malón:
Dios forjaba en ti al varón
de la gran raza futura.

Yo te evoco, y la verdad
en plena luz me presenta
tu gran figura que alienta
con vientos de inmensidad.
El grito de libertad
fue tu mismo y propio grito
y por sentirlo bendito
con él fuiste, gaucho de antes,
desde los Andes gigantes
a lanzarlo al infinito.

Si era brutal tu recreo
con el pato y la pechada,
era labor y era hombrada
tu bárbaro pastoreo;
doma o yerra era un visteo
y hasta un duelo con la muerte,
que altivo, sereno y fuerte,
en la guerra o en la paz
como tu lazo, en un haz
tuviste a la varia suerte.

Cuando el pial de la distancia
te dió las leguas a miles
sin más huellas ni carriles
que los que hizo tu constancia,
arreaste de estancia a estancia,
o, boyero de porteños,
a los confines jujeños
de tu carreta al cuidado,
fuiste en el yugo sentado
cantando como entre sueños.

Sin puente pasaste al río
y sin túnel la montaña,
dueño en poblado y campaña
de tu innato señorío.
Ya aceptaste el desafío
de payar junto al fogón,
ya un baile con relación
para encender en la moza
con la respuesta donosa
el fuego de una pasión.

De la cordillera al mar,
del norte ardiente al sud triste,
cuanto hoy de vida se viste
fue tu palestra y tu hogar.
Siendo vasto como el mar
era hostil tu vago suelo,
pero con fecundo celo
fue prendiendo en él tu ardor
tantas hogueras de amor
como estrellas tiene el cielo.

Más de un malvado sin fuero
galleando de rey paisano
llevó tu impulso lozano
al criminal entrevero.
Más si en tu afán de sombrero
bajo los potros rodó,
en tu blanca vincha vió
sobre tu melena lacia,
alborear la democracia
que tu pecho presintió.

Tras la cruzada primera
por el pago de los pagos,
los indígenas amagos
domeñaste en la frontera.
Tu continua montonera
toda opresión fue rompiendo;
así la patria fue siendo
ancha vecindad sin valla,
el poncho de inmensa malla
que tu amor iba tendiendo.

La extraña gente que acampa
en su seno, entonces luego
con tu progenie de fuego
que le da tu alma y tu estampa.
En el plantel de la pampa
sobre este nuevo existir
viste el santo sol lucir
y henchido de viejas dianas,
sublime de años y canas
saludaste el porvenir.

sábado, 26 de febrero de 2011

Dicen mucho

(Pintura: Carlos Montefusco)
Disen muchos qu'el hombre d'esta tierra
nu es hombre pa la pala ni l'orquiya,
y que sacao del mate y la giñebra
no le tiene afisión mas que a las chinas.

Que le basta tener algun matungo
conque dir el Domingo a las "esquinas",
y que si tiene cuatro riales juntos
ya li anda hasiendo el tirador cosquiyas.

Que es su única ambisión andar rodando;
Ambisión? y ¡pa que!, si las tuviera,
no biese dao lo que ganó peliando
pa que vengan y engorden los de ajuera.

Que se pasa la noche ande lo agarra
por el gusto de andar con las estreyas,
afirmao a la curva e la guitarra
u hasiendo remolinos de poyeras.

Dicen muchos... ya se, pero d'envidia
los que al gaucho lo tienen siempre a menos,
porque nu anda segao por la avarisia
enterrando los guesos como el perro.

Porque cantan y viven generosos
mas qu'el propio, cuidando el bien ajeno.
Herensia d'esta tierra ande sus ojos
solo vieron la pampa, gueya y sielo!

Pero nunca se acuerdan de qu'el gaucho,
el guaso, el haragán, y hasta matrero,
corta un cuero, abre un surco, alsa su rancho
y engaviya a la par del estranjero.

Porque así como aveses echa un trago
y es su orguyo tener un parejero,
se requinta el chambergo en el arado
y a la par del que raye es chacarero!

Le acomoda al garrón un par d'espuelas
arma el laso, lo vuelca en un floreo,
se le sienta a un arisco, puert'ajuera
y le aparte el que marque en un rodeo!

Y si undia supiera que la Patria
lo priecisa en defensa e sus laureles,
cada gaucho s'ingiere en una lanza
y empujando en la lanza, ¡yeva un Guemes!

jueves, 10 de febrero de 2011

El gaucho


Del gaucho,¡ya ni recuerdo
De ese tipo va quedando!...
Todos se van acabando
Como una raza maldita.
Darle honor se necesita
Porque el paisano luchó
Y toda su sangre dió
Por esta tierra bendita.

Güemes y sus gauchos de nota
Se supo hacer coronar
De gloria como patriota,
Con gente de chiripá.
Hoy debemos lamentar
Que han muerto esos servidores
Que enlazaron los cañones
Del enemigo tenaz.

Del Paraná en sus riberas
Más de un recuerdo han dejado
Los paisanos que han luchado
Con honor por su bandera.
El paisano adonde quiera
Ser buen soldado mostró,
En Chacabuco y Maipó
Y más tarde en las fronteras.

Vean los hechos nacionales,
Busquen un hecho de guerra,
Que no esté representado
El paisano de esta tierra.
Es el primero en la guerra,
Sarmiento solía decir:
El último en recompensas,
Y el duro para morir.

lunes, 17 de enero de 2011

Defensa del gaucho


En este trovar sencillo
lo que es gaucho te diré,
borrando la mala fe
del que lo volvió un cuchillo,
un haragán, sólo un pillo,
bueno para el alancear
o bueyes desjarretar
en las furiosas corambres,
con los hijos muertos de hambre
y él guitarrita y trovar.

Y el pobre en su condición
de servicial y parejo,
sin sospechar el manejo
del mandamás o el patrón,
primereaba en la función
de las revueltas civiles,
achurándose de a miles,
vecinos vueltos contrarios,
con el polvo por sudario,
con una cruz de fusiles.

Y creyendo, así, servir
la patria, sus claros trillos,
fue un oficio el del cuchillo
y una razón: la de herir;
no supo nunca mentir,
fue por amistad y arrojo,
un empecinado abrojo
de la loca caballada,
con la muerte y la Patriada,
como una venda en los ojos.

Y después, cuando volvió,
treinta años tengo de ausencia
y, entre el yuyal, la querencia
casi no reconoció,
ni siquiera desmontó,
clavó la lanza en el suelo
y semidesnudo, en pelo,
galopó hacia la tormenta.
El que su dolor no sienta,
no nació bajo este cielo.

Alguno fue a preguntar
al Juez de Paz o al cacique,
los encontró de palique,
con suertes para firmar,
y comenzó a desconfiar
que en aquel reparto, nada,
ni una mísera tajada
iba a quedar a su nombre,
porque él no era un prohombre
con apellido y espada.

Y peleó y se emborrachó,
como el gaucho Martín Fierro,
vuelto león topó a los perros,
sin querer los matrereó
y en algún abra dejó
su perseguida pisada,
fue leyenda condenada,
cuento de espanto y de robo
y el que lo empujó a ser lobo,
comía la borregada.

Quiero que me entiendas bien,
ésta es la historia sencilla
del gaucho, de su Mansilla,
por tanta gente de bien,
y, si me entendiste, ven
sin lágrima, sin lamento,
te pido el recogimiento
de un instante, para oírlo
en ese canto de mirlo,
en esa lección del viento.

sábado, 8 de enero de 2011

Gaucho

(Pintura: Francisco Madero Marenco)
Gaucho:
Naciste en la juntura de dos razas
como en el tajo de dos piedras
nacen los talas.

Con un poco de tierra y otro poco de cielo,
amasaste el adobe para construir tu rancho
-mismo como el hornero-.
Por eso yo te veo ascendencia de pájaro.

Eras,
una mitad liada abajo y otra mitad hacia arriba;
una mitad de tierra y otra mitad de cielo;
un mitad de carne y otra mitad de alas;
carne tu forma física;
alón tu forma lírica;
y si eso no bastara para llamarte alado:
alas en tu caballo,
alas en tu sombrero,
alas todo tu poncho.
alas, a media espalda flameando en tu pañuelo;
y alas también llevabas fijas en los talones:
las agudas rodajas de tus espuelas.

Gaucho:
naciste en la juntura de dos razas
como nacen los talas
en el tajo de dos piedras.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Gaucho

(Pintura: Juan Blanes)Gaucho que fue perseguido
En su existir tan aciago
Pues lo tildaron de “vago”
Y de “mal entretenido”.
Fue triste su recorrido
Siempre inmerso en la tristeza
Luchando con entereza
Contra la vil injusticia,
Mas el odio y la codicia
Ultrajaron su grandeza.

Gaucho de gallardo porte
Que fue aliado de la gloria,
Paladín de la victoria
Junto a Güemes en el Norte.
Gaucho fue el que con su aporte
Flameara nuestra bandera
Allende la cordillera
Con el Santo de la Espada
Conmoviendo en la patriada
A Sudamérica entera.

Reclutado en los confines
Para frenar a la indiada
Fue su vida mancillada
En inhóspitos fortines.
Gente ambiciosa con fines
De un poderío que aterra
Lo hizo parte de una guerra
Tan cruenta como indebida.
Una lucha fraticida
Que ensombreciera la tierra.

Gaucho ha sido Santos Vega,
El insigne payador,
Inefable trovador
De pura y total entrega.
El que en fantástica brega
Cantando su vida dio,
Su corazón se apagó
- según cuenta la leyenda -
Cuando en trágica contienda
El diablo lo derrotó.

Gaucho fue aquel “Don Segundo”
El de los “Pagos de Areco”,
De cuya sapiencia el eco
Se arraiga en lo más profundo.
En esa parte del mundo
- selva, río, llano y cerro -
Fue el gaucho son de cencerro
Inmenso como Los Andes,
Prototipo que en Hernández
Inspirara al “Martín Fierro”.

Fusión de razas. La hispana
Mezclada con la aborigen
Dieron al gaucho su origen
Con esencia americana.
Somos un pueblo que hermana
El hoy con el tiempo aquel
Y ha de mantenerse fiel
Al inapelable fallo:
¡La patria se hizo a caballo”
Y el gauçho montado en él!

domingo, 21 de noviembre de 2010

Ocaso

(Pintura: Juan José Mortans)
Voy bajo un cielo ñublao
ni yo sé p'ande;
vengo del tiempo y galopo
pa lo de naide.

Negra, la güella,
pestañea en mi noche
la última estrella.

Por vivir como vive
la flor del aire
al rigresar de un sueño
se me hizo tarde.

Pena dañina
mientras ando, me clava
como una espina.

Por esta mesma senda
cruzaron antes
los que diban cuartiando
cosas tan grandes!

Como a ellos, siento
que hoy sólo me acompaña
la voz del viento.

Alma y pingo diría
que se empeñasen
en olfatiar querencias
de soledades.

Si se me antoja
que dan golpes pa entierros
en la coscoja.

Ni a toriarme los perros
al verme salen
ni hay ventanas que se abran
pa saludarme.

Ricién lo alvierto;
pasa un gaucho y parece
que pasa un muerto.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

A los gauchos


Raza valerosa y dura
que con pujanza silvestre
dio a la patria en garbo ecuestre
su primitiva escultura.
Una terrible ventura
va a su sacrificio unida,
como despliega la herida
que al toro desfonda el cuello,
en el raudal del degüello
la bandera de la vida.

Es que la fiel voluntad
que al torvo destino alegra,
funde en vino la uva negra
de la dura adversidad.
Y en punto de libertad
no hay satisfacción más neta,
que medírsela completa
entre riesgo y corazón,
con tres cuartas de facón
y cuatro pies de cuarteta.

En la hora del gran dolor
que a la historia nos paría,
así como el bien del día
trova el pájaro cantor,
la copla del payador
anunció el amanecer,
y en el fresco rosicler
que pintaba el primer rayo,
el lindo gaucho de Mayo
partió para no volver.

Así salió a rodar tierra
contra el viejo vilipendio,
enarbolando el incendio
como estandarte de guerra.
Mar y cielo, pampa y sierra,
su galope al sueño arranca,
y bien sentada en el anca
que por las cuestas se empina
le sonríe su Argentina
linda y fresca, azul y blanca.

Luego al amor del caudillo
siguió, muriendo admirable,
con el patriótico sable
ya rebajado a cuchillo;
pensando, alegre y sencillo,
que en cualesquiera ocasión,
desde que cae al montón
hasta el día en que se acaba,
pinta el cubo de la taba
la existencia del varón.

Su poesía es la temprana
gloria del verdor campero
donde un relincho ligero
regocija la mañana.
Y la morocha lozana
de sediciosa cadera,
en cuya humilde pollera,
primicias de juventud
nos insinuó la inquietud
de la loca primavera.

Su recuerdo, vago lloro
de guitarra sorda y vieja,
la patria no apareja
preocupación ni desdoro.
De lo bien que guarda el oro,
el guijarro es argumento;
y desde que el pavimento
con su nivel sobrepasa,
va sepultando la casa
las piedras de su cimiento.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Gaucho campero

Un reconocimiento a Don Pedro Vallenari, hombre tradicionalista, defensor de las raíces gauchescas, hospitalario como su familia...descendientes de Italianos, y campesino entero por que vive en el campo Establecimiento "El Chúcaro" a 10 Kms. de Urdinarrain, en Entre Ríos - Argentina... y su estampa habla de un paisano decidor y amplio referente de nuestra Cultura....sin dudas que es orgullo de nuestro pago.

Con tientos del alma
trenzé estas coplas,
pa un noble paisano
de esta región.

Don Pedro es el hombre,
un gaucho campero,
sencillo y entero
como el pericón.

Su temple de criollo
pa la gauchada,
los brazos abiertos
de corazón.

Con pilchas paisanas,
pingo pintado,
y bien plantado
como un horcón.

Relatos de antaño
con puestos viejos,
con montas de potros
y un redomón.

Con su lenguaje
bien campechano:
buen artesano
a lonja y facón.

Don Pedro es orgullo
del pago entrerriano,
humilde paisano
de este fogón.

Las pilchas del gaucho
las lleva en el alma,
envuelto en el poncho
de la tradición.

El "Chúcaro" siempre
recibe al amigo,
¡abájese y ate
si gusta llegar!.

Es tibio y humildo
su rancho y coplero,
un nido de hornero
con trino'e zorzal.

Se siente en el pecho
porque el hombre es patria,
junto a su familia,
rancho y horcón.

Ha marcado un rumbo
como el cencerro,
con el Martín Fierro
y una oración.

Palenque en el tiempo
que han visto los años,
yerras, jineteadas,
estiba y galpón.

Gauchos como Pedro
son hombres de gloria,
honrando la historia
de la tradición.

Don Pedro es orgullo
del pago entrerriano,
humilde paisano
de este fogón.

Las pilchas del gaucho,
las lleva en el alma,
envuelta en el poncho
de la tradición.

lunes, 10 de mayo de 2010

El canto gaucho


Canta el jilguero entre flores,
mientras construye su nido,
y entre el ramaje escondido
canta el zorzal sus amores.

La alondra canta, en el cielo,
de la tierra indiferente,
y canta, aunque tristemente,
el gaucho en su propio suelo.

Canta y recuerda los días
en que era rey del desierto,
y en que todo el campo abierto
presenció sus correrías.
Recuerda sus cacerías
de gamas y de avestruces;
recuerda a Fierros y a Cruces
y a pasadas alegrías.

Ahora, la guitarra gime
en las manos del paisano;
¡cuando la pule la mano
triste será lo que rime!
Sello de tristeza imprime
hoy el gaucho a su canción,
¡porque el campo de su acción
espeso alambrado oprime!

A sus ranchos con alero
y de construcción de paja,
los ha dado ya de baja
el invasor extranjero,
el cual, por el vil dinero,
adquirió dominios vastos,
para negarle hoy los pastos
que come su parejero.

Solamente al recordar
días de grata memoria,
en que a la argentina historia
gloria y paz le supo dar,
tiene alivio su desmayo,
porque sabe que su muerte
nunca hará olvidar que fuerte
sostén fue del sol de Mayo.

lunes, 21 de diciembre de 2009

De vuelta


En la verde inmensidad
Quedan los ayes grabados
Y ranchos abandonados
Lloran su cruel soledad.
La amargura fatalidad
Posa su garra pesada
Dejando senda marcada,
Entre zarzales y abrojos
Con rastros tibios y rojos
De la sangre derramada.

Pero, el iris aparece
Con majestad corpulenta,
Palpa su fin la tormenta,
Pierde vigor y fallece.
Un anhelo reverdece,
No se le puede olvidar;
Y al sentírsele vibrar,
Besando las banderolas
Para volver al hogar.

Así, Juan Pérez, soldado
De brava caballería,
Va en un moro de su cría
Rumbo al ranchito soñado.
Marcha, se acerca templado
Divisa con sus miradas
Las tranquilas hondonadas
De las costas de Marincho;
Y el moro lanza en un relincho
Con las orejas paradas

Galopa. Ya está cercano
El gozo que lo recrea,
Sujeta el flete, se apea
Y queda mudo el paisano.
En su semblante serrano
No muestra duelo ni palma,
Pero al buscarse la calma
Que lo consuele y reintegre,
Traga una lágrima alegre
Que la recoge en el alma.

Fue a combatir como bueno
Por sus puras convicciones,
Estrangulando afecciones
Que conservan en su seno
Cargo resuelto y sereno
Sin jamás retroceder;
Y jugó todo su haber,
Vendió sus horas felices,
Para ganar cicatrices
Al cumplir con su deber.

¡Pobre gaucho! - ¡Si al sacar
su sable por su bandera,
fuese algo más que escalera
donde otros van á pisar!
............................................
............................................
Los que lo saben buscar
Para hacer una patriada,
Sepan que aquella carnada
Suculenta y desprendida
Tiene una choza querida
Que no la cambia por nada.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Total es sangre de gauchos


¡Gaucho! Centauro indómito,
auténtico exponente de una raza
a quien jamás exaltara pluma alguna
que escribiera la historia de mi patria.

¡Gaucho! Una paloma en tus ojos
y un tigre dentro del pecho,
fuiste manso con los mansos
pero al pesar tus derechos
la tacuara formó parte
de tus manos y tus nervios.
Fuiste bagual en el llano,
fuiste puma entre los cerros
y cóndor con San Martín,
cuando cruzaste los Andes
y con él ganaste el cielo.

Entre llanto de guitarra
y grito de montonero,
con Facundo y con el Chacho
y con Juan Manuel y Dorrego;
hiciste tuya la patria
que pretendió el extranjero.
Dijeron que eras salvaje,
por eso te persiguieron
y clavaron en tus carnes
la daga del sufrimiento,
cuando no se qué "señores"
te declararon: "matrero".

Y la sangre hecha semilla
dejada en mil entreveros,
cuando montao en un potro
sin mas armas que tus sueños,
sembraste patria y conciencia
para cosechar derechos;
nunca te lo valoraron...
según por ay dijeron:
-"total es sangre de gauchos
y no tiene ningún precio".
Mas tu único ideal
era el de ir ganando patria...
Pienso que siempre el cristiano
apechugó el sufrimiento,
es por eso que yo siento
de esta manera tu ofensa;
por salir en tu defensa
yo te brindo mi homenaje,
con mi pluma y con mi acento.
Porque tu tierra es la mía,
porque es tu sueño mi sueño;
que se enojen los que quieran:
yo... ¡yo te bendigo "Matrero"!

jueves, 19 de noviembre de 2009

Don Plácido


Pa decirles francamente,
el nombre no viene al caso,
allá todos lo conocen
simplemente por "don Plácido",
¡hombre que bien mereció
haberse llamado "don Santo"!
De haber nacido mujer
hubiera sido pa escándalo
y su nombre rodaría
hecho vergüenza en el pago,
todo, porque no sabía
negar favores, don Plácido.

Cuando heredó "El Espinillo"
-de esto ya hacen muchos años-
lo primerito que hizo
jué cambiarle el nombre áspero
y ponerle "La Querencia"
- nombre que está convidando-
y que después los linyeras
se encargaron de llevarlo
pa que todo el mundo sepa
lo gaucho que era don Plácido.

Cuando sus tres chacareros
se atrasaban en el pago
-porque a veces la cosecha
la sabe llevar el diablo-,
por no mandar desalojos,
ni andar con jueces ni embargos,
les regalaba semilla
pa que siguieran sembrando.
Eso sí, tiene un defecto
que no hay forma de curarlo:
nunca permitió que naides
juera a pedirle una mano.

Cuando los veía venir
ya los estaba sobrando;
y así cmo algunos otros
se le agachan pa cuerpiarlos,
él se ofertaba solito
pa evitarles un mal trago,
calculando que el pedir
debe ser muy, ¡muy amargo!

Prestó firmas a granel,
y dio más plata que el Banco,
sin pedir un documento;
ya que a juicio de don Plácido
"eso es mostrar desconfianza"
y es por lo tanto un agravio
que lastima la amistad,
"que no cuadra entre dos gauchos
y como no habían papeles
que recuerden lo adeudado...
la mayor parte de aquellos
amigos se jué olvidando.

Pero don Plácido mismo
se encargó de disculparlos,
diciendo "que de vergüenza,
al no cumplir, se alejaron".
Y ahora, el pobre quedó solo.
Vive apenas. ¡Rajuñando
pa llevar con dignidad
lo que resta de sus años!
Como nunca permitió
que naides pida una mano,
calcula que algún amigo
se ha de ofertar pa cuartiarlo.
¡Y no sabe que con él
se acaba el último gaucho!

miércoles, 21 de octubre de 2009

¡Gaucho!


Tiemplo aquí para cantar
mi diapasón de quebracho,
con el espíritu macho
del gaucho tradicional;
del paisano de mi tierra,
del labriego, del arriero,
del valiente granadero
y el poblador ancestral.

Es áspero como el tala
el cantor de los caminos,
de los patios argentinos
y del pampeano fogón;
donde pulsa la guitarra
se desagringa el ambiente,
se argentiniza la gente,
se hace gaucha una reunión.

El gaucho es la Patria misma
el gaucho es la misma pampa,
erguida en la estoica estampa
del paisano patriarcal;
del hombre de la llanura
surgió el soldado de guerra,
que expulsó de nuestra tierra
al invasor colonial.

El gaucho es la libertad
y en su argentina figura,
cruzó toda la llanura,
la cordillera y el mar;
en donde clavó la insignia,
donde esgrimió la tacuara,
en donde el corvo empuñara
los usó para librar.

El gaucho en la Reconquista
con Belgrano en Tucumán,
el gaucho con el Titán
de los Andes al travez;
el gaucho en las montoneras
de las vanguardias del Chacho,
de Lavalle en el Quebracho,
de Urquiza el Ciencuenta y Tres.

En la esfinge del paisano
cruzó el alma de la raza,
la guapeza sin coraza
y la nobleza rural;
el gaucho ha dao la sangre,
el gaucho ha dao una herida,
el gaucho ha dao la vida
por el honor nacional

jueves, 15 de octubre de 2009

Romance al gaucho



Yo soy el gaucho, señores,
pa lo que gusten mandar;
carne color cardo seco
con alma de ñandubay.
Ojos negros o castaños
según mi raza -velay-:
negros, si me "tapa" el indio;
castaños, caso 'e faltar,
y si me sobra algún godo
allá por el despuntar
del árbol de mi progenie
jugoso de hispanidad,
puede que asome a mis "vistas"
un cacho de cielo, o mar.

Hablo fuerte por costumbre
de vivir en soledad;
hablo fuerte, pero, claro,
como el pampero, ¡caray!
a veces con un seseo
hijo del viento nomás;
siempre con la voz fresquita
a punta de madrugar,
y con esa altanería
propia de la libertad.

En paz me llamo: trabajo;
china, guitarra, cantar;
gusto de cruzar -jinete-
campos, porque sí nomás;
placer de enlazar un toro,
o de algún ñandú bolear;
gusto de amansar un potro
y echarle encima un platal,
mas después de todo eso,
de andar y de más andar,
gusto de entrar en la argolla
de dos brazos y ahí quedar.

En guerra me llamo chuza,
coraje, temeridad,
horror, sorpresa, atropello,
y una mezcla por igual
de algo de misericordia
con otro algo de crueldad;
y soy lo que no se espera,
lo que no estaba y está,
el mal que se llama bien,
el bien que se llama mal.

A veces me llamo clines
negras hasta el azular,
y otras veces pelo rubio
o barba 'e choclo candial;
y a veces me llamo mota,
la de imposible peinar;
y quien se olvide del negro
en esta oportunidad
se olvida de la lindura
que es en el cuerpo un lunar...

(Primera parte)