jueves, 23 de diciembre de 2010

Cosas viejas


Viejo galpón que áhi estás
como añorando el ayer
hoy de cerca vuelvo a ver
todo lo que vos guardás;
¡cuántas cosas que jamás
saldrán de nuevo a la vida!
allí están, como dormidas
cada una en su lugar...
Y hoy las quise recordar
pa'que no queden perdidas.

Allí, junto a unos aperos
hay colgau un arriador,
tal vez fue el lujo mayor
en las manos de un carrero;
unos bastos de ladero
con los juncos casi afuera;
colgada de la asidera
y con la argolla ovalada
una encimera gastada
con la cincha de alpillera.

Allí, junto a unos bozales,
unas riendas de domar,
finitas de tironiar
quién sabe cuantos baguales;
un lazo con dos peguales
hay enun gancho colgau,
y por los años gastau
un par de estribos de suela
junto a unas viejas espuela',
dos argollas y un bocau.

Prendido a una cogotera
hay un cencerro cuadrau
con el badajo osidau
junto con una coyera;
unos suecos de madera
hechos con cuero de chancho,
y más atrás, en un gancho,
como pa'aliviar un mal,
el rollo de unto sin sal
que nunca falta en un rancho.

En un rincón, un recau
que sobre su caballete
parece que fuera un flete
que vuelve desde el pasau;
un viejo poncho encerau
y en una caña colgada
una maleta gastada
que ya no se ve arrastrar,
y la áuja pa'deschalar
está en un clavo enganchada.

Se ven unos atadores
mallau de las asentadas,
frenos, rienda'y cabezadas
están con los maniadores;
hay leznas y caladores
que hoy el herrumbre los baña,
y... como haciendo una hazaña
oservo que a todo eso
¡pa'salvarlo del progreso
lo cubren telas de araña!

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Mi padrino

(Dibujo: Rodolfo Ramos)

Mi padrino, el zurdo Trejo,
si no le he errao a la cuenta
debe andar por los setenta,
pero es un gaucho parejo.
Sin mezquinar el pellejo
es una luz pa el cuchillo;
mentao por diablo y por pillo
entre amigos y entre extraños,
y fue estos últimos años
guardaespaldas de un caudillo.

Siendo nativo del suelo
es gaucho hasta el caracú,
y a la sombra del ombú
siempre le tuvo recelo.
Canoso y cuidao su pelo
sin que busque ostentación
estando en una reunión
se le vé sobresalir,
y por lo aseao pa vestir
es digno de almiración.

Su pasión son las carreras,
la taba, el naipe, los dados...
y allá en sus años pasados
fue bravo pa las polleras.
Se pasa tardes enteras
acomodando sus pingos,
y aunque sin hacer distingos
en cualquier juego trasnocha;
le tiene asco a la bocha
porque es un "juego de gringos".

Siendo tan camandulero
con el mismo venga y vaya
pa algún "peine" de su laya
suele hacerle de rayero.
Porque en el trance más fiero
- como es persona dispuesta-
no acepta ni una protesta
ni mencionando a Jesús,
y aunque la pierda con luz
es capaz de darla "puesta".

Como no es desmemoriao
y es generoso sin fin
mientras yo fuí chiquilín
me distinguió como ahijao.
Tuve por él obsequiao
-además de algún cordero-
un ponchito pampa overo
pa que el frío me atajara,
y un petizo malacara
que a mí se me hizo mañero.

Si aura yo le retribuyo
es muy justo que así sea,
pero el viejo ni mosquea
porque así es el genio suyo.
Su bondad no disminuyo
pues pa apreciarlo soy fiel,
y sé llevarle pa él
- conociéndole la hebra-
algún porrón de ginebra
y cigarros sin papel.

Aunque está medio viejazo
muy pocas bromas consiente,
y hace poco, a un insolente,
lo "acható" de un garrotazo.
Quedó arrodillao el guaso
mirando la tierra dura,
y a causa de esa diablura
como seña un tanto ingrata
su rebenque cabo'e plata
ostenta una abolladura.

Dando pié a su pensamiento
y apoyao en su razón
se ha conservao solterón
cuerpiándole al casamiento.
Y opino con fundamento
libre de todo interés
que este hombre vale por tres
pues como buen argentino
¡Siempre ha sido mi padrino
un criollazo sin revés!

Milonga oriental

Milonga rastrojera

Es de lucido mi rancho
pero se le empaca el viento,
mientras le quepa el recao
se desensilla en viajeros.

Lo alcé pa mí y pa'l que llegue
sin mirar si es blanco o negro,
techo pal güeno y pal malo
fogón pal malo y pal güeno.

Yo nunca tuve enemigos,
ni los tendré ni los quiero;
me suebran con mis baguales
pa andar armando el recelo.

Y aunque me gusta estar solo
y cabalgar en silencio,
se lo agradezco al camino
cuando me acerca un viajero.

Pa él siempre el primer amargo,
el mejor sitio en el fuego;
y en cuanto está el churrasquito
que corte siempre primero.

Jamás le pregunto el nombre,
¡tan mal costumbre no tengo!
si es oriental, si es bayano,
si es entrerriano o porteño.

Si viene mojao, pa cama
alguna pilcha le empriesto,
aunque suelo andar de pobre
que me lloran los pelegos.

Pa'mi confianza me basta
el haber sido y ser bueno,
yo nunca tuve enemigos,
ni los tendré ni los quiero.


Autor: disculpe, lo estamos averiguando.

Pucha qu'está lindo!

(Pintura: Ángel Della Valle "Potrero")
No tengo ni rancho ni china ni plata.
Pucha qu'está lindo; como la cigüeña
que en un ojo duerme y en el otro sueña
tendré que dormirme parao de una pata.

Pucha qu'está lindo; siquiera el chingolo
ahuyentao del pago, le queda el consuelo
de cantar y dirse; pero yo, ni vuelo
ni silvo ni canto, y ando, pior que solo!

Pa el lao que camine trompiezo un extraño:
yo no sé de p'ande vino tanta gente,
ni el güeso le tiran al que pasa enfrente
y tarjan un hijo lo menos, cada año.

Pucha qu'está lindo; cuando yo tenía
plata, china y rancho, no dejé un cristiano
que anduviera cáido sin darle una mano;
de mi asao, cualquiera cortaba y comía.

"Eran otros tiempos" dicen los que saben,
pa mí qu'es mentira; yo no prieguntaba
puel tiempo, si alguno me necesitaba.
"¡Métanlé, son míos, y hasta que se acaben!".

Andí me juí dando, como agua llovida,
gotiando pa tuitos; priesté hasta el cuchillo,
pa guardar no tuve cinto ni bolsillo
y por un amigo, me jugué la vida.

Pucha qu'está lindo. ¿Qué semos? Barcinos,
apestaos que a lonja sacan del rodeo...
¡Y un día jué orgullo saberse argentinos!
¿Seremos tuavía? Yo, ya ni eso creo.

¿Qué nos dejan? Nada. El derecho zonzo
de gritar ¡soy criollo!... Suerte que en la Pampa
aun quedan potreros pa clavar la guampa
y morir como antes, sin cruz ni responso.

Chumbale los perros

No te hundás lo mesmo qu'el güey en el barro
ni entriegues a tu alma maniada y vencida
a ese desaliento que apaga la vida
como la ceniza, que apaga el cigarro.

Echáte a la espalda, tu cruz o tu carga
Que el hombre resuelto todo lo soporta;
Ya que la existencia nos resulta corta
Con tu cobardía, no la hagas amarga.

Tené fe en tus brazos y antes que vencido,
Que te hallen caído, pero hecho pedazos.

Nunca fue de criollos, doblar la cabeza
Fue tierra de guapos, tu tierra florida,
El trabajo agranda la patria y la vida
Y el bien de los otros, en vos mesmo empieza.

Chumbale los perros al que hable de penas
Empuñá el arado y verás que un día,
Enfrente a la troja del otro, vacía,
Brilla el grano de oro de tus trojas llenas.

Si el viento que pasa te trae un lamento
No dejes que el viento, se meta en tu casa,
Triunfan los que aguantan, los flojos imploran,
Las mujeres, lloran y los machos, cantan...
...................................................

(Pd: versos del original que faltan en la canción)

Tendete a lo alambre delant'e tu puerta,
aventá a ponchazos el chisme y el vicio:
pa cuidar tu nido, nu es un sacrificio
vivir como el tero, con el ojo alerta.

Cerdiate las quejas y ande háiga quejosos
tapate los pozos de las dos orejas.
(Pintura: Carlos Montefusco)

Entierro del Payador


Lo cosieron entre cuatro
en un retobo de cuero
y en el lomo del caballo
largo a largo lo tendieron.

Mudo cortejo de gauchos
siguió el hilo del sobeo
que va midiendo el camino
en las manos del boyero.

Una muchacha de luto
le cuelga sus trapos negros,
a la cola del caballo
que lleva a enterrar sus sueños.

Lían dolor y tabaco,
miradas y pensamientos
los que caminan callados
por el callado sendero.

En flores de margaritas
gotea su sangre el muerto
y abanican los pajales
los saludos del recuerdo.

Desde el juncal del bañado
lanzan sus gritos los teros
y en las ramas, silencioso,
vela el crespón de los cuervos.

Gorjean calandrias tristes
sus delicados arpegios
y teje trovas de ausencia
el pico de los jilgueros.

¡Murió el orgullo del pago!
¡Se fué Rudecindo Crespo!
A traición, mientras cantaba,
lo hirieron sables y celos!

Todo el pago lo quería!
Era guapo y guitarrero;
el manantial de su canto
calmaba la sed de un pueblo.

Lujos de raza lucía
en las prendas de su apero;
suspiraban a su paso
ventanas, patios y cercos.

¿Qué moza no vió su estampa
junto a la vela de sebo
calmando en la noche larga
la fiebre de sus deseos?

¿Qué fiesta no oyó su canto,
qué desgracia su consuelo,
en qué peligro no puso
por un amigo su pecho?

Lloran sin llanto los hombres
sus lágrimas hacia adentro
y estrujan bajo el rebozo
las mujeres, sus pañuelos.

Dichosa la bien querida
que amó Rudecindo Crespo;
la gloria de ser su novia
brillaba en sus ojos negros.

Desdichada la dichosa
que va con el paso lento
y las trenzas destrozadas
siguiendo sus sueños muertos.

De pronto un hondo gemido,
un temblor de labio y seno,
pasa hilvanando el sollozo
en las sombras del cortejo.

¡Ay! de la tierra, novia y madre.
¡Ay! de las mozas de un pueblo.
¡Se va la flor de una raza!
¡Murió Rudecindo Crespo!

Se apaga en voces ahogadas
el quejumbroso lamento
y ondula en la senda blanca
la columna del silencio.

Ancho potrero alambrado
abre en el campo desierto
la estrecha puerta sin puerta
del humilde cementerio.

En el corral de la muerte
penetra el niño señuelo
y son como aspas, las cruces,
del misterioso rodeo.

Ayuda a bajar la amada
los despojos de su dueño
y golpean los terrones
sobre el retobo de cuero.

Perfume de Agua Florida
se eleva en el aire quieto
y entre palada y palada
sepulta su voz el rezo.

Ofrenda de amor nativo,
sobre un brazo del madero,
una guitarra encintada
coloca el gaucho más viejo.

Cae la tarde. Se inicia,
la dispersión del regreso,
al trote quien vive cerca,
al galope los de lejos.

Sólo el muchacho y la novia
han quedado junto al muerto;
la triste moza, sin alma,
el otro, sin pensamiento.

La oscuridad los emponcha,
pita la noche, encendiendo,
en los bichos luminosos
sus breves puchos de fuego.

Treno de pena profunda,
leve virazón del viento,
conmueve al campo dormido
la queja de un instrumento.

¡Música azul de la noche!,
¡armonía del silencio!;
¡en una caja encintada
cantan la tierra y el tiempo!

Mate el odio los zorzales,
el desamor de sus acentos,
el canto no muere nunca
ni han muerto los que murieron.

¡Renace Vega en la selva!
¡Habla en ella Martín Fierro!
¡La voz de toda la patria
canta en humildes potreros!