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miércoles, 29 de junio de 2011

Por la cría

(Pintura: Juan Blanes)
L'oiga, lo he llamao, porque supe
que usté iba a dirse, m'hijo, güeno,
yo colijo su rumbo. Y es natural, si tiene
gusto a sangre en la boca lo compriendo;
al hombre más curtido
se le hacen ñudos en el facón los dedos
cuando le yevan la mujer querida
y lo dejan vacido por dentro.
Mas yo hablo por la cría;
me priocupa la suerte de mis nietos,
que aunque puedan mañana
encontrar el amparo del agüelo,
nu es lo mesmo malariarse en mis rezongos
que tomar enseñanza de su ejemplo.
Además, si los deja, aunque no quiera,
aunque los cobijen mis empeños,
siempre seran los pobrecitos guachos
que andan pegaos al chiripá de un viejo.

Pero, ¿a qué continuar, si le hablo a un poste?;
le escucho galopiar el pensamiento
y a tiempo que le pido que se quede
usté muenta a caballo y ¡hasta luego!
Ta bien, ¿a qué insistir?, siga su güeya,
vaya a sacair en sangre sus deseos,
mas antes, es necesario,
ya que el viaje es tan largo, que cavemos
sobre la sepultura de su mama;
hay que cambiarle pa otro lao los güesos
a la pobre finada.
Vamos a ponerla más acá del cerco;
se le han venido encima los caminos
y en cuantito descuidemos
l'echan la cruz abajo
tanto golpiar contra ella los troperos.

Aquí tiene la pala: tome y cave,
sacúdale nomás, duro y parejo;
yo, ya estoy muy bichoco
pa'estas faginas. ¡Y pensar que llevo
treinta años al costao de esta osamenta
que ha sido mi martirio y mi consuelo!
¿Es muy dura la tierra? ¿Qué parece
que nunca fue removida?; y güeno,
no le digo que son como treinta años
que hice una zanja pa enterrar mis sueños?
No se me pare, métale de punta,
qu'el cajón nu'estar lejos.
Hunda la pala p'haí, donde se asoma
ese pedazo'e cuero.

Empuje, tuerza, ansi tire p'arriba,
no se me áhugue de miedo.
¿Que es un cajón muy chico?
Más chica es la concencia
y cabe el mundo adentro.
¿Ta asustao porque ha visto
que ha sacao un cajón que nu es de muerto?
Váyase preparando pa otras cosas
más chicas y más grandes que tuito esto.
Déjeme abrir la tapa, que al abrirla
van a volar treinta años de ricuerdos.
Levántese; que un gaucho se almarea
tan sólo en hora que se está muriendo.
¿Lo asombra ver este montón de ropas
podridas por el tiempo
en lugar de los restos de su mama?

Mírelos, sin embargo, son sus restos,
lo que quedara d'ella en ese rancho
que ha guardao tantos años el secreto.
Aquí tiene, la bata florecida
que perjumó mi vida, su pañuelo,
el reboso de lana,
la cinta azul del pelo,
los botines puntiaos, las medias blancas
que le compré en el pueblo,
y ese montón de hilachas carcomidas,
la pollera punzó del casamiento.
Esto jué la osamenta
que yo he velao treinta años en silencio,
pa que denguno, nunca,
tuviera que marcarlo con el dedo
y refrescarle el barro y la vergüenza
que tuvo por herencia'e nacimiento.

Ella tamién, igual que áura la suya,
se jué con otro y al primer momento
decidí lo que usté: dir a buscarlos
y cobrarme la deuda fierro a fierro;
pero allá en la cunita abandonada
taba m'hijo durmiendo,
un inocente que al final de cuentas
diba a pagar lo que otros habían hechos,
y me morí disesperao las manos;
envainé mi cuchiyo en el alero
y enterré silencioso esos despojos
y me dispuse a continuar viviendo,
sonriyendo po ajuera,
y con la muerte adentro,
pa que m'hijo se criara
sin saber el por qué de mi tormento;
limpio de alma y de nombre,
trabajador, y honrao de pensamiento.

¡Treinta años que he guardao este misterio!
Aura, ya semos dos a soportarlo,
ya me puedo morir con el secreto;
y áura dígame usté, si ha servido
de alguna cosa tanto sufrimiento.
Saque esa cruz que ya no escuende nada,
empareje el terreno,
y váyase nomás a vigilar los nietos.
¿Cómo es eso?¿Rumbea pa su rancho?
Tráigame los gurises un día de éstos,
que tengo ganas de abrazarlos. ¿Juye?
¿Se ha echao sobre los ojos el sombrero?
¡Va yorando! No importa que padezca;
yo lo hice por usté, sufra por eyos.
...............................................
¡Gracias, Señor, por fin he comprendido
por qué me heriste en la mitá del pecho!
Las penas que sufrí resultan chicas
si las comparo con el bien que han hecho.
Te ensañaste en un gaucho pa que juera
tuito ese mal, la dicha de un agüelo.

lunes, 11 de abril de 2011

Montielera


Yo soy Lorenza Maidana
porque se me da la gana:
con cuatro hijos y otras luces
acero en los caracuses
y sangre pura, entrerriana.
Yo soy Lorenza Maidana.

No tuve más que un marido
al que ni finao olvido.
¡Era una estampa mi viejo!
En el trabajo, parejo,
y en la guitarra, florido.
No tuve más que un marido.

Ansí he criao a mis muchachos
desiando dispués de criarlos
a los varones ¡bien machos!
que dijeran al mirarlos:
¡son como cuatro quebrachos!
Ansí he criao a mis muchachos.

Aunque no lo tenga en cuenta
debo andar por los cuarenta
pero ni lerda ni manca
capaz que me hago potranca
si la ocasión se presenta:
Aunque no lo tenga en cuenta.

Simplemente acollarada
rispeté, juí rispetada,
que a eso nos comprometimos.
Pena de muerte pusimos
en la palabra empeñada.
Simplemente acollarada.

Por eso me maliceo
si me vence un mal deseo
que el que acuda en su rimedio
tendrá que ser hombre y medio
pa que dentre en mi rodeo.
Por eso me maliceo.

Obligada a parva y trilla
y a coronar la cuchilla
haciendo rayar la espuela
también he gastao mi vela
deletriando la cartilla.
Obligada a parva y trilla.

Al andar entre la gente
todo lo vi claramente
en la lición de mi tata:
"Que no te almiren por plata,
que te alaben por decente."
Al andar entre la gente.

Si la patria es ofendida
sangre y alma, en la partida,
pa que copen les entriego.
¡Por nuestra tierra me juego
cinco vidas en mi vida!
Si la patria es ofendida.

martes, 5 de abril de 2011

Mi compañera


Hecha a montes y rastrojos,
gaucha, linda y potrancona,
su alegría y su persona
me dentraban por los ojos.

Luego el trato, la confianza,
el verla guapa y sufrida
me añudaron a la vida
con un hilo de esperanza.

Cavilaba en su inocencia...
yo era un medio diente duro;
muchas ocasiones, juro,
me asustó la diferencia.

Pero, aparté desengaños
y me acordé del consejo:
No olvidés ni cuando viejo
que en amor, no cuentan años.

¡Y áhi corajié!... Una mañana,
gaucho también, de improviso,
sin palabra y sin permiso
le di un beso en la ventana.

Un abuelo


De la histórica entrerrianía
montonera Ramirista
..............................

Malherido, ciego, ronco,
todo en sangre, cuerpo y cara
se afirma como en un tronco
en su resto de tacuara.

¡No me rindo! ¡Viva Pancho!
La voz, apenas se escucha,
espera, en vuelo, un carancho,
que cese la cruenta lucha.

Un gaucho, en dulce consejo
le grita en la última carga
¡Acuéstese, Tata Viejo,
la agonía es menos larga...!

"¡Llevame en anca, siquiera...!"
¿Echarse él, igual que un buey?
Patriarca en la montonera
sabrá cumplir con su ley.

Entre la verde gramilla
se ha hecho la herida, vertiente,
el banderín de lanilla
es también, sangre caliente.

Cruza un potro en fuga loca
con un lanzazo en el cuello
y un clarín aullante, toca,
allá en el bajo: ¡A degüello!

El guerrero monologa
apagados desafíos,
tiende la noche una soga
con quietos ponchos sombríos.
.............................
Ya es otro día: amanece
aún de pie, muerto, el abuelo...
sobre la loma, parece
¡un monumento a su suelo!

miércoles, 30 de marzo de 2011

Cuando don Fruto Galván volvió a su rancho


Con mil ansias adentro
y el alma afuera
echó el zaino hacia el centro
de la tranquera.

¡Juana!...
¡Nadie...! Ni el perro,
ni una gallina
ni el Tilín del cencerro
de la madrina...

De entre el yuyo crecido
bajo el alero,
color rubio llovido,
saltó un gato pajero.

Por el linde cercano
y a todo trote
llegó un chico en su ruano
meta chicote.

"¡L'oiga Don...! no la espere,
tá... descansando...
aquí, alguno se muere
de vez en cuando!".

Mosquió el ruano de cola,
gritó el chico: "Pacencia...
s'enfermó de estar sola...
Murió... de ausencia".
.......................................
Entró al rancho y al frío
de sus entrañas
lo envolvió en un vacío
de telarañas.

Habló de ella y la muerte,
quieto y profundo:
"¿Qué tendría, sin verte,
pa ver, el mundo?

Una luz acerada
de odio y locura
le brilló en la mirada
y en la cintura.

Montó luego y el viento,
por pausas, roto,
trajo un largo lamento
suave y remoto.

su figura envorvada negra merina
antes que el monte
la borró la neblina
del horizonte.
......................................
"Era rico y güen mozo;
- cuentan las viejas-
"lo soltaron canoso
"d'entre las rejas.

"Acusao, falsamente,
"perdió la prienda:
"no le quedó pariente
"campo ni hacienda.

"Ahura, chupa y pelea
"dejando un trillo,
"que caliente gotea
"de su cuchillo.

"Lo habrán muerto a Don Fruto...?
"o andará, andando,
"¡siempre de luto!
"¡siempre peliando!"
.....................................
¡Te comprendo hermanito!
Por Dios te lo digo,
muerto o vivo y maldito
¡yo soy tu amigo!

Las sombras en los caminos

(Foto: Ruben Omar R.O.S.)
Sin fe, esperanza, ni plata
tomo rumbo... p'ande quiera
conmigo acaba en tapera
este rancho que hizo tata,
me ahuga el recuerdo y agata
sé quién soy y cómo me hallo
sufro si hablo o si me callo
pues tal qu'en un turbio espejo
pasa tuito lo que dejo
y aún no he saltao a caballo.

Lidió el finao lo que pudo
sin lograr alzar cabeza
mama murió en la pobreza
quedé yo, cuasi desnudo,
igual que cuzco lanudo
extraviao en los rastrojos
dentré a llenarme de abrojos
y a verme tan disgraciao
que no sabía pa'qué lao
podía dirigir los ojos.

Por ahí un mozo tropero
se me arrimó en compañía
con él, al menos comía
sirviéndole de boyero
de cuando en cuando un ternero
cogaba de la enramada
a veces, de madrugada
llegaba con media res
o volvía arriando, al mes
hacianda contramarcada.

En una d'esas salidas
cuatrerió con mala suerte
y tropió, sombras de muerte
por sendas desconocidas...
Sus cosas, por mal habidas
se hicieron humo en el viento...
en un carrito el Sargento
cargó el semejante lote
y se jue, duro el bigote
al parecer, muy contento.

Era tan gurí tuavía
que dispués alguien llegaba
y de favor me llevaba
pa'usarme en cuanto podía,
de noche, me resistía:
"Yo duermo en mi madriguera".
Y no hubo forma o manera
de hacerme contradecir
en caba había de vivir
mientras Dios lo permitiera.

Se acabó, claro, el favor
mas no mendigué el bocao;
¡y los días que he pasao
sin clavar el asador!
Rodando de mal en pior
me vide güeso y pellejo,
"no vas a llegar a viejo"
pensé, pero ¡bah!, que llueva,
mientras conserve su cueva
puede salvarse el conejo.

Mozo, ya, de diente largo
y temblequeras de alambre
de tanto engañar el hambre
con galleta y mate amargo,
me amparaba sin embargo
en el rancho mi honradez:
jui mensual más de una vez
pión de un que otro chacarero
en viajes cortos, resero
domador improvisao
y lenguaraz alquilao
de un gringo cambalachero.

A la tierrita vacía
que cercó hace añares tata
l'eché zapallo y batata
más tarde, papa y sandía;
ningún comprador venía
ni lo hallé en pueblo y villas
pudriciones y polillas
se llevaron lo sembrao
y perdí tras d'endeudao
tiempo, trabajo y semillas.

Cacé gatos de pajales
pa'unos tramperos mulatos,
atigraos sanos, baratos
los más, ¡a catorce riales...!
Largué, curandié animales
por mi esperencia heredada,
daba güelta la pisada,
les medía el esqueleto,
y hasta a la gente, en secreto,
con mi oración los sanaba.

Jué en verdá, lo que produjo,
mas qué aficionao aguanta
cuando llega un Mano Santa
y milagrea a lo brujo
a tuitos locos los trujo,
viendo tanta maravilla
ni al llevao en angarilla
l'erraba la compostura
bastaría saber que al cura
le atajó la culebrilla.

¡Qué no intenté a brazo y mano
en procura d'ese cobre
con que al fin comprueba el pobre
que vive luchando en vano!
Pasión triste del paisano
en su amor al campo ajuera
bregue o haga lo que quiera
terminará como empieza
hundido en negra pobreza
con su rancho echo tapera.

Vencido y honrao deudor
les llevé a la pulpería
catre, pilchas, lo que había
que tuviese algún valor.
El rosal de mama, en flor
lo enterré junto a la puerta,
si a ver su casa disierta
baja su alma acongojada
tal vez la flor hechizada
me disculpe con mi muerta.

Soledá


Le hablé, como gaucho entero,
y ella supo en la ocasión
que le entriegué el corazón
cuando le dije: Te quiero.

Ahura, estoy en mi agonía
igual que la noche aquella,
no hay luz, se apagó la estrella...
¡y a mí me alumbra entuavía!

Pa pagar deudas del suelo
Dios precisaba oro puro
y pa salir del apuro
se la llevaron al cielo...

De hoy en más, aunque me sobre
campo, hacienda, cinto aviao
seré al no verla a mi lao
¡naide! ¡sombra! un pobre pobre...

¿Qué plata vale el tesoro
de la mujer merecida?(1)
¡Odio le tengo a la vida!
Porque soy gaucho, no lloro.


(1): En el antiguo lenguaje de mis abuelos criollos la mujer "merecida" no es la que uno "merece". Es la "merecida" en sí y por sí. Por sus dones naturales: gracia, belleza, bondad. "Es una moza merecida"... expresión admirativa y calificadora: la mujer más hermosa y completa del pago.

Como cencerros

(Foto: Eduardo Amorim)
Siempre fueron mis cantos como claros cencerros,
llamadores del tiempo, sobre el viejo camino;
cencerros de la estirpe en ranchos, pampas, cerros
convocando a los signos más altos del destino.

¡Dios te conserve gaucha, mi tierra bienhechora!
¡Dios oiga tu cencerro, santa y noble Madrina,
cuando entropilles nuevas legiones de la aurora
en las rutas gloriosas de otra epopeya andina!

Los laureles ¡oh tierra! que te aprietan las sienes
te bastan, por su origen, popular y profundo,
con menos de lo ajeno y más de lo que tienes
del genio primitivo con que enfrentaste al mundo.

¡Cencerro... te hice canto, para que me traslades
en la sangre del pueblo que mi acento levanta
por rumbos de peligros en futuras edades
cuando se haya extinguido la voz de mi garganta!

domingo, 6 de marzo de 2011

El mensajero

(Pintura:Francisco Madero Marenco)

¡Galopa!¡Galopa!
Los cascos sonoros golpean la tierra,
muerden la gramilla verde en la llanura,
hieren con su filo la senda de la tropa,
difunden sus ecos secos en la altura
y el joven jinete soldado de guerra
firme en los estribos, su corcel apura.
¡Galopa!¡Galopa!

Cubierto de espuma su caballo vuela,
bajo el sol que abrasa o el frío que hiela.
De nada se cuida ni nada le ampara
lluviasy torrentes le empapan la ropa
las flechas del viento le cortan la cara.
¡Galopa! ¡Galopa!

Cumbres, pampas, valles, simas misteriosas
atraviesa el bruto que empuja la espuela:
le atajan el paso moles poderosas,
selvas, lagos, piedras, ramas espinosas,
pircas y quebradas que el abismo vela.
¡Galopa!¡Galopa!

Inclina su cuello, grave y sibilino
el Cóndor, que observa los raudos despliegues
del hombre y el potro, buscando camino,
en el desolado reino de las nieves.
¡Galopa!¡Galopa!

Abostos le miran los ojos vacíos
que abren en las pétreas márgenes los ríos.
¡Galopa!¡Galopa!

Las águilas siguen con inquieto asombro,
desde la alta peña y el nidal en copa,
el ala del poncho que bate en el hombro.
¡Galopa!¡Galopa!

No hay tregua, ni pausa, ni tranco ni trote,
el talón se clava y estalla el azote.
¡Galopa!¡Galopa!

Los Andes, Mendoza, las landas salinas,
los trillos ardientes de los arenales,
calvarios de antiguas rutas argentinas
sembradas con huesos de hombres y animales.
Contra los fantasmas y llamas que topa.
¡Galopa!¡Galopa!

Pumas, cardos, fuego, sopor del desierto
donde anda el silencio sobre un aire muerto,
relentes, visiones que el delirio toca,
falsos panoramas de un martirio cierto.
¡Galopa!¡Galopa!

Le ofrecen reposo las chozas sencillas,
frescura las frondas, sosiego el paisaje
le invitan alegres refugios y villas
praderas tranquilas, casas de hospedaje.
¡Galopa!¡Galopa!

Ni vallas, ni puertas, ni dulce mirada
ni mortal peligro retrasan el viaje.
Muda en cada posta la bestia agotada,
el rebenque, rojo de azotar ijares,
rojos los tacones de la bota dura.
¡Galopa!¡Galopa!

Girones de azules prendas militares
le cuelgan ahora del cuerpo bizarro:
los negros pantanos con negros lunares
le han hecho un capote de sudor y barro,
mas, el brazo taja, corre locamente,
mientras desde el nudo bajo, de la cincha,
cae un hilo fino de sangre caliente.
¡Galopa!¡Galopa!

Columnas de vahos levanta Febrero,
perros cimarrones ladran en jaurías
sobre todo pasa la fe del viajero:
con tientos de leguas va cosiendo días
y noches, al flanco de su derrotero.
¡Galopa!¡Galopa!

Tras su sombra errante quedan en rezago
nieves, cumbres, lagos, campos en pavesas
arenal puntano, sierras cordobesas,
la cueva felina y el traidor amago.
¡Galopa!¡Galopa!

Ya alcanza planicies, ¡trébol y verbenas!
ya no acechan garras ni páramo aciago.
¡Estancias y aldeas!¡Las tierras morenas!
Y de pronto, ¡el río! y allí ¡la barranca!
¡cuna de la insignia toda azul y blanca!

¡Ya se siente el efluvio del nativo pago!
Hunde más la espuela, se agranda su aliento.
¡Galopa!¡Galopa!

No importa si aun queman las llamas del viento,
si asfixian los polvos del rudo verano,
si se hincha la arteria del pulso violento
y tortura el ansia del labio sediento:
¡qué importa la angustia, la fiebre y la muerte
cuando está la meta cerca de su mano!
¡Galopa!¡Galopa!

¡Heraldo celeste de la buena suerte!
¡Galopa! imponente varón espartano!
El deber lo manda y el honor lo quiere
un pueblo que nace sabrá agradecerte.
¡Galopa!¡Galopa!

¡Obliga!¡Castiga brazo sobrehumano!
Cruza en torbellino, Morón, Miserere
y ¡por fin! cumpliendo la última jornada.
Recio el continente, la voz bien templada.
Altivo y jadeante se cuadra en el Fuerte.
"Oficial en alta misión y reservada"
"Un parte. De Chile. Manuel Escalada".

¡Júbilo supremo! ¡Mensaje de gloria
que a un joven y heroico soldado le cupo
traerle a su Patria desde Chacabuco
anunciando el día de la gran Victoria!
¡Manuel Escalada, tu corcel de guerra
sigue galopando sobre llano y sierra;
su casco de bronce resuena en la Historia!

sábado, 5 de marzo de 2011

El sino


Se me jué de la mano
lo mesmo que una taba que refala
topa en la bota sucia de un paisano
y pega un salto, pa pararse... en mala.

Era lo que quedaba de mi china:
flor de mujer, su máma, la finada;
nu era madre, rialmente, era madrina
d'esta gurisa dulce, y disgraciada.

Pero jué como propia, un brote suyo,
criada a lo rosa, cuidadosamente;
se babiaba la zonza en el orgullo
de lucirla algún día entre la gente.

Dios dispuso el asunto, a su manera:
murió mi gaucha y al tapiarme el luto,
miré con odio la criación entera;
ni sé qué diba'hacer, de puro bruto.

Cuando andaba bramando mi amargura
tal que un puma chumbiao y perseguido,
el llanto en manantial, de una criatura,
me degolvió de nuevo el güen sentido.

Guardé el cuchillo y me limé la garra:
le lavé hasta la ropa en la laguna
y pa hacerla dormir, a lo chicharra,
lloró mi pena, su canción de cuna.

Ni más ni menos que borrega guacha
se hizo grande a mi lao: una hermosura...
quien se babió jui yo, con la muchacha,
al ver en tal virtú, tanta lindura.

No precisé rodiarla con alambres
pa librarla de avispas tentadoras,
ella mesma espantaba los enjambres
que rondaban mi rancho a tuitas horas.

Ricos y pobres, mozos convenientes,
los barrió sin mirar, su indiferencia;
era un vaso con aguas trasparentes
l'alegre joventú de su ensistencia.

¿Qué le pasó dispués a mi pobre hija?
Razón de su nacer, mal barajada,
misturas qu'echa el Diablo en la vasija
pa ensombrecer un alma inmaculada.

El gusano más vil llegó a mi rosa:
ni lo vide, ni supe, ni podía
suponer que un tirao, un cualquier cosa
diba a ser lo que m'hija merecía.

No se atrevió a contarme esos amores,
emparvó de misterio el estravío:
ricién caigo, que a veces, sus temores,
le ñublaban los ojos de rocío.
........................................
Se jué una noche que llegue en retraso,
sobre la cama me dejó una esquela
atada en una cinta de oro y raso:
¡el premio, "A lo mejor", que dio la Escuela!

Días y meses la busqué a lo loco,
se enflaqueció, en los trotes, la tropilla,
y me juí serenando poco a poco
al pensar: "He pecao, si Dios me humilla".

Quise olvidarla y la olvidé... de a ratos,
me informaron más tarde, ande vivía,
de su equivocación, de malos tratos,
de la miseria ruin que padecía.

"Ella sabrá -les contesté- lo que ha hecho
de su vida y la mía", y p'adelante
me juí clavando espinas en el pecho
con la resinación de un promesante.

Luego, me anoticié qu'el entrañudo
se robó otra infeliz "pa compañera"...
Pobre m'hijita... la vergüenza pudo
y amaneció colgada en la cumbrera.

Voy a dir a enterrarla y a ponerla
pegadita a mi gaucha: ansí, dormida,
habrá güelto a ser flor y quiero verla
pa juntar el perdón, la despedida.

Mis dos cariños van a estar mañana
bajo esta tierra qu'he querido tanto...
Si no juese un varón que pinta en cana
también como a un gurí me vence el llanto.

Pero debo cumplir con cielo y tierra:
me quedan libre, el corazón y el brazo;
siento un a modo de clarín de guerra
que me alza en peso y que me apura el paso.

Tengo que conversar con ese... mozo:
siguramente no hablaremos mucho.
¡Humo es la vida... y humo venenoso!
A uno'e los dos se le termina el pucho.

viernes, 4 de marzo de 2011

La pulpería en día festivo

(Pinturas: PablosoloDiaz)

Está por reventar de tanta gente:
sirve el pulpero y lava la pulpera
el desfile de vasos, imponente,
desnudo el brazo y alta la pollera.

Zambullido en un casco de sandía,
boga el bolicherito en la trastienda.
"¡Guarda!¡No estorbe! ¡Sucio e porquería!
"¡Vaya a limpiarse y ¡tome! pa que aprienda!"

Como un tirabuzón el llanto agudo
perfora el patio y entra en la cocina.
Cunde el idioma usual del sordomudo;
una seña, de un jeme, y se la empina.

El ruso analfabeto y socialista
y el vasco ordeñador, ultramontano,
han hecho de un rincón, su propia pista;
Marx y Jesús, discuten mano a mano.

Desde el fondo, a caballo de las eses
regresa un "almariao", verde aceituna.
Le habla a cualquiera: "Yo, ya juí tres veces...
"Si será que me he güelto una laguna".

Hace rato demanda un aflijido
que el hambre empuja y el bullicio ataja:
"¡L'oiga, patrón...! Me abaja un embutido...
Haga el favor... si puede, me lo abaja."

Un viejo de pulgar en camafeo
oval y chato, como pico e pato,
lubrica con saliva el orejeo
mientras cincha la flor, en el relato.

"El río Guayquiraró
"trai en su seno escondido...
"¡La pu...cha, se me cortó!...
"Peru es igual: ¡rial envido!"

Un chiquilín desde la puerta, llama,
a quien ni Dios ni nada reconcilia:
"¡Tataaaa...! Me manda pa decirle, mama,
"si ha olvidao la vergüenza y la familia."

Masca, un bigote en u, como jineta,
líquido y vidrio, y la evasión copiosa
le baña por la "u", la camiseta,
con la obispal tintura de Mendoza.

Sus piernas, en barril, para el resero,
mira indeciso y en verdad, no sabe,
en qué pared se apoyará primero:
lo invade un dulce movimiento suave.

"¡L'óiga, patrón...! La ristra e salchichoes...
"¡L'óigame...! Afloje un momentito, viejo...
"¡Vaya al ca...rancho... cuántas discusiones,
viá tener que pastiar, a lo conejo."

Busca el guapo habitual, su contrincante,
arrastra el poncho, ríe, lo recoje:
"¿No hay naide que lo pise... y que se aguante?
"Ande haberá un güen alma, que se enoje."

El chinazo, sargento, se acomoda,
se le arrima un mensual: "No le haga caso".
"¡Hum! ¿Conmigo?... Ya saben, poca joda,
"o los hago sestiar de un talerazo."

Al puestero soltero y patizambo
se le va el ojo al mostrador, medita:
"¡Linda tarquina!... pa poner un tambo:
"tan gorda, la pulpera y tan mansita."

Indaga el enviciao: "Tengo un overo
"que agata puede con sus pobres güesos;
"soy capaz de correrle al más ligero...
"¡A ver quién se arma de un montón de pesos!".

-Un carcomido de viruela, infiere:
-"¡Si anda loca, por mí! ¡Pura mentira!
-"Me disprecia, entendés, porque me quiere.
-"¡Con decirle, que paso, y ni me mira...!"

El boyerito, que se sueña mozo,
invita a lo hombre:"Sirva cuatro cañas".
Ruge el sargento: "¡Salga de áhi, mocoso,
"y váyase a sacar, mugre y lagañas".

¡Por fin! encuentra complemento el día...
Sopla el fuelle cordial la "verdulera"
y el bullicio es silencio y es poesía
en la humildad de la emoción campera.
..........................................
Se ha hecho ya noche, la dispersa aldea
emerge en negros bultos y perfiles,
alto cielo de estrellas, parpadea,
le contestan fogones y candiles.

Sale el gato al yuyal y el perro aguza
su oído delator, cruza arañando
un maligno chistido de lechuza:
¡quién estaré en su rancho, agonizando!

Se persignan dos criollos contra el cerco:
"¿Escuchó la coruja? "O el corujo...
"¿Será pájaro o gente? "Bicho puerco
"grita en vez de silbar. Pa mí... es un brujo."

Un insulto brutal, retando a duelo,
lanza el provocador junto a la puerta,
salta el sargento, caen un cuerpo al suelo:
"Mañana, el que madrugue, lo despierta".

Entre el ruido de cascos y coscojas
se conmueven palenques y enramadas,
se oyen tintines de estriberas flojas
y un remezón de cinchas apretadas.

Se eleva de sembrados y rasrojos
por húmedo calor, el penetrante
almizcle cimarrón de los hinojos,
vaho, de tierra y trebolar, fragante.

Cierra el boliche: grupos rumorosos
se hunden en sendas, sombra y arboleda;
cantan, lejanos, grillos perezosos
en el eje sin grasa de una rueda.

jueves, 3 de marzo de 2011

No alcanza y no alcanza


Güenas, con permiso, digo, si estoy entre amigos
como andan las cosas, tan mal barajadas
uno, ya no sabe ni ande ricostarse,
si cayó al camino, o erró la picada.
Soy tropero, viejo, pero no por años,
sino que el oficio me viene de tata:
jué su única herencia, discontao, se entiende,
la viola, el apero y un nombre sin mancha.

Ahura ser tropero no es asunto fácil;
los fierrocarriles, camiones y jaulas
son dueños del campo, pero yo, ya he dicho
soy hijo e tropero y un tropero de alma.
Dende muy muchacho me quemé los güesos
arriando animales bajo sol y escarchas;
me hice hombre a caballo y en ley de mi sangre
jundé una familia, lleno de esperanzas.

Cuanto a condiciones, no dirá denguno
que crucé de largo viéndolo en disgracia
ni que me hice el zonzo, pijotiando riales
si llegó el momento de rascar la chala...
Manso por costumbre, no dirán tampoco
que frente a un insulto me golví de espaldas;
quise ser y he sido, nada más que gaucho,
tal como me criaron y jueron mis tatas.

Ese es mi ritrato... ansina he vivido
limpio de concencia, con mis cuentas claras
sin trampiar a naide ni acordarme nunca
qué vecino y cuándo me pidió una cuarta.
Mas hoy, poco a poco las calamidades
me han ido empujando sobre la barranca
y áhi me encuentro, al borde, con un pie en el aire
que caigo, no caigo y hasta que me caiga,
porque no me queda nada en que agarrarme
ni llega un amigo pa ver si me salva.

No acuso a los criollos, tuitos más o menos
como yo, por serlo, están, ¡que dan lástima...!
A mi paso, no oigo más que los lamentos,
sólo no se queja quien perdió hasta el habla.
Y he luchao ¡lo juro! sin darme respiro
lo mesmo haiga sido pa arriar cuatro vacas
que con la tropilla con gente y siñuelos
pa llevar haciendas a grandes distancias.

Meses a ocasiones me ha pasao trotiando
sin pegar la güelta pa el lao de las casas
en tanto mi China, con mis sais cachorros,
cismaban, creyendo que clavé las guampas.
Y lo pior no es eso, lo rialmente malo
es que antes, tropiando dos o tres semanas,
cubría con sobras gastos y renuevos
de aperos, caballos, y ropas gastadas.

Golver ahura al rancho dispués de cien leguas
de meniarles trancos por ferias y estancias,
es como dir preso pa que me ajusilen:
llego a mi querencia con la vista baja,
beso a las criaturas, abrazo a mi china,
le dejo en el buche de avestruz la plata
y salgo al alero, mudo y convencido
que ni pa rimedios lo que truje alcanza.

Por más que mi pobre mujer se deslome
trabajando, ahurrando, rompiéndose el alma,
planchando, limpiando, remiendando pilchas
cuasi echando sangre las manos rajadas
tanto lavar priendas, midiendo el centavo
¡ni estiraos a cincha los riales alcanzan!

Jabón, carne, yerba, la sal, los fideos;
de azúcar no hablemos, ya no se usa en casa,
algunas camisas de lienzo, galletas
si es muy frío el tiempo medias y alpargatas
y otras pocas pilchas pa no criar los hijos
como indios salvajes desnudos y en pata
se llevan en horas lo que a mí me abonan
por días y noches de rondas y marchas.

Y esto es cuento viejo, mi historia presente
tal como los lazos trenzaos, tiene yapa:
m'hija, la más chica que vino de un susto
nació con las piernas medio engarrotadas:
le faltaban meses pa llegar a un mundo
ande más valdría que nunca llegaran
los hijos sin suerte de los criollos pobres
que andan sin destino por tuita la Patria.

Vide hombres baquianos pa arreglar los güesos,
brujos, curanderas y hasta manosantas...
Abogiaos por viajes y gastos nos fuimos al pueblo
de un dotor famoso: risolvió... estaquiarla
con un aparato de fierros y cueros
pa que no tuviese la desventurada
que llagarse el cuerpo tirada en el suelo
o igual que un gusano moverse a la rastra.

Vendí la tropilla, mi recao de fiestas
cujas, ponchos, riendas que fueron de tata;
mates y cuchillos que antiguos plateros
cubrieron con flores de plata labrada.
Lo dejé a mi rancho, mesmo que tapera,
pa evitar vergüenzas, comento y demandas.
Quedé como el trigo que espigó con seca
pelao, amarillo, vano, pura paja
y aún ansí en el pago tengo cuentas nuevas,
en la Pulpería, ni sé cuántas rayas.
¡Ni un pan ni un rimedio, me dan más a cuenta,
una cruz me han puesto Boliche y Farmacia!

Y aquí estoy, vencido, sin estar en guerra,
redotao por tuitos, por tuito... y por nada.
Me falta tropilla pa ofrecer trabajos
traté de alquilarla dando mi palabra
pero no hubo caso: ¿quién va a fiarle a un cáido?
Pa los sin amparos, no hay crédito o fianza;
que se hunda y se muera, total sobran pobres
y enterrao un pobre no estorba y descansa...
He sudao pionando, fuese en lo que fuese,
a veces me alquilo pa una que otra changa
mas si ayer lo justo que truje jué poco
lo injusto que hoy gano ¿pa qué diablos alcanza?

Se me ha hecho un martirio dentrar a mi rancho,
la negra pobreza silenciosa avanza
mis hijos parecen flacos perros galgos:
hay noches que a juerza de mate se pasan
gambetiando el hambre: sobre sus remiendos
como barba e choclo cuelgan las hilachas,
y áhi están calláitos, mirando a la madre
que busca rincones pa esconder sus lágrimas.
Tal vez piensen ellos, que soy un inútil
un mal padre, un vago sin sangre en la cara
que no se le importa lo que les sucede
ni tiene conciencia ni es gaucho ni es nada.

¿Quién es el culpable de estos sufrimientos?
¡Naide! Claro, naide; denguno se para
como responsable de esta muerte lenta
en la que agonizan el pueblo y la Patria.
Lo mismo al obrero que pa el pión de campo,
el sueldo que cobra no alcanza y no alcanza.

Y pa qué protestas, mitines o güelgas...
cuando alguna de estas cuistiones se ganan
nos tiran cien pesos, pero ni mil aumentan
lo que una familia malviviendo gasta.

¿Qué hay que hacer? pregunto, ¿pa qué lao rumbiamos?
¿Qué fin, qué miserias me esperan mañana?
¿Tendrán mis criaturas que dir como zorros
a robar comida por montes y chacras
o tendré yo mesmo que hacerme un bandido
como tantos pillos que un caudillo apaña?

Me están haciendo otro... y en mis sentimientos
algo rencoroso se regüelve y brama.
Hasta mi cuchillo de criollo prudente
¡siento que se sale solo de la vaina!

¡Le hablo a los que tienen, por los que no tienen!
Sepan que la hacienda si carece de agua
rompe los alambres distrozando tuito
lo que está por medio de ella y de la aguada.

No esperen que el ancho rodeo de pobres
haga mil pedazos corrales y trancas:
será tarde entonces pa tomar en cuenta
este grito ronco: ¡NO ALCANZA Y NO ALCANZA!

Si es pa no creerlo

(Pintura: Federcio Reilly)
Hoy, tuve que arrimarle unos guantones
a la mujer que tengo en casa...güeno...,
tan yarará se ha güelto pal veneno
que no hay forma de empliar otras razones.

Ya ni sé porqué jué... por los zarcillos,
un mate, un chisme u algo ansina... Estamos
como el perro, mostrando los cormillos
y ande menos se espera, nos trenzamos.

Rendido a veces de lidiar, me callo,
silbo, me acuesto, o esquivando el bulto
muento, y salgo a caballo
a tragarme la rabia y el insulto.

Al suave acuno de los trancos lerdos
con que me lleva p'ande quiere, el moro,
emparvo tantas penas y ricuerdos
que se me acaba la vergüenza, y lloro.

Perdido entonce en las escuras güellas
suelto las riendas, y alzo la mirada,
y ansí me paso, rejuntando estrellas
pa rigresar cansao de madrugada.

¡Qué cosas imposibles tiene el mundo!
Uno busca un amor, cré que lo alcanza,
borda un nido techao, y en un segundo
se viene al suelo el rancho y la esperanza!

Hay momentos de guerra, cuando siento
que se me puede dir la mano, agarro
pal monte, m'echo, y sigo el pensamiento
en los hilos azules del cigarro.

Esta tigra, que ofiende y me provoca
es la mesma mujer que me esperaba
con panales de mieles en la boca
el juego alegre y a un costao, la pava?

La conocí una tarde de carreras
cuando mi pobre moro era potrillo
y les pelé la chala a los Lloveras
y me truje una tarja en el cuchillo.

Desquite zonzo de un safao, colijo,
que no supo perder; por insolente
dende la oreja le colgué un barbijo
pa que aprendiese a rispetar la gente.

Ella estaba presente en el barullo,
corrió a mi lao, temblando de asustada
al limpiar mi cuchillo contra un yuyo,
y me miró la mano ensangrentada.

"¡¿No está herdo?! Qué suerte! No está herido..."
Más me hubiera valido qu'esa suerte
no me hubiera valido.
Pa estar aura muriendo d'esta muerte!

En su carreta me lavé; la máma
me hizo quedar a churrasquiar, cenamos
y abajo e la carreta, me hizo cama.
Ansí jué pa mi mal, como empezamos.

De güelta pal pueblito ande vivía
l'alcé en mi pingo; su pollera blanca
al abrirla el galope, parecía,
que tráiba un ángel asentao en l'anca.

Dobladita en mi espalda, a lo lechuga,
era un perjume mariador su aliento
y un golpiar de palomas, la pechuga,
que aletiaba a cada movimiento.

¡Qué cencia bruja no haberá tenido
pa engualichamre ansí, con sus primores,
que diba alucinao, como dormido
en un sueño de pájaros y flores...!

Al descolgarse por el lao del lazo
en las ráices de ombú, de la tranquera,
tal que un abrojo se prendió a mi brazo
y me pidió llorando que golviera.

Me tuve que arrancar, como a una espina
de su presencia, y juir en torbellino,
viéndola lagrimiar en la ñeblina
que me siguió garuando en el camino.

Yo era libre y feliz como un chingolo
que sin ubligación y sin quebranto
se corta en una rama y vive solo;
solo pa divertirse con su canto.

¿A qué diba a meterme en esa hondura...
si era tan lindo darle gusto al ojo
espiar ventanas y elegir l'achura
que estuviera al alcance de mi antojo?...

Mucha manea, cavilé, pa un potro;
lo mejor es hacerse polvadera...
le suebran gajos pa enramarse en otro
con pararse no más, de puerta ajuera.

Una lindura ansina, ya se ha dicho,
impone andar, con la mirada baja
vigilando las cosas del capricho
qu'el diablo empuja y el rebenque ataja.

No nació pa tranquiar en ese trillo,
supuse, un hombre, que sin más se acuna
en cualiquier hojita, como el grillo,
y dentra a echarle coplas a la luna.

Dejala áhi ande está que tuito pasa,
no le enturbiés el agua a tu vertiente;
a lo mejor te sale bataraza
y te deja las manchas en la frente.

Pensar que eso pensé!... ¡Si es pan no creerlo!
Tendría que contar la tijerilla
lo que inventa el desvelo pa perderlo
al que se hace ese ñudo en la golilla.

Hasta el aire que entonce se respira
le trái su aliento, duerme en el apero,
uno v'al pozo, y redepente mira
que se ha cáido su cara en el ujero.

Si galopa y ansí, como al descuido,
creyó dejarla al despuntar la loma
le aparece en las flores, su vestido,
güele olor a su cuerpo en el aroma.

En vano pita, lima su esperencia
masca un palito, se retuerce el bozo...
dende el fondo ñublao de su concencia
ella saldrá, lo mesmo qu'en el pozo.
........................................
Juera del bien ganao o el bien perdido
¡qué grande es el amor! No lo lamento;
vale la pena haberlo conocido
anque ahura sea mi mortal tormento.

Tres noches negras soporté y agata
pespuntiaba la luz del cuarto día
cuando matiando y sin prender la bata
la sorprendió al llegar, mi "¡Ave María!".

Más charamusca le arrimó a mi juego
el hallarla con ropa ligerona
las naguas flojas, y en las carnes, luego,
es'espelucamiento de pichona.

Al amparo del humo de l'astilla
nos dimos a conocer las intenciones,
y nos cambió los besos la bombilla
tanto dir y venir los cimarrones.

Ni un día ese año le fallé a mi moza:
igual que preso acostumbrao, llegaba,
ansiando la cadena de su prosa
y solito, yo mesmo, me engrillaba.

Y es que nunca escuché voz más galana
ni vi mujer más dulce y compañera:
capaz era d'estarme una semana
oyéndole contar cualquier zoncera.

Mansa y sobona, como criada guacha
me rodiaba, a lo campo sin cancela,
pa no dejarme dir... Por esa hilacha
debí sacar el precio de la tela.

Ruegos, caricias, risa, juramento,
qué no tuvo pá mi! qué no tenía...!
Cosas, que dicen, que se lleva el viento...
si yo digo qu'es cierto, mentiría.

En invierno al calor del trafoguero
apretáitos los dos como con chucho
me hablaba al óido. "Si te vas, me muero"
y encima el beso y el "quereme mucho".

Qué chúcaro no dentra en ese arreo...
si hasta me adivinaba en la mirada
los mil desasosiegos qu'el deseo
le injunde a una persona enamorada.

Si pudieran contar, las margaritas
lo que oyeron decirnos, el Boyero,
la olla de fierro de las tortas fritas,
los dos bancos petisos del alero...

En las tardes de lluvia, y de la mano,
solíamos salir en la tormenta
a olfatiar, como toro en el verano,
la tierra floja y el olor a menta.

Montiando a ratos juntos y felices
era un gusto bromiar y dir juntando
"pa nuestros hijos" güevos de perdices
"pa nuestras camas" el vellón más blando.

Viendo un día matar una torcaza
por no apartarse del torcaz herido
me dijo, "ansina pasará en mi casa
si llegasen a herirlo a mi marido".

¿Qué hace un hombre oyendo eso? ¿Qué no piensa?
D'ese mal no lo salva ni el malvisco!
En l'armada sedosa de una trenza
cái pialao a lo zonzo el más arisco.

Aun tengo sin saber pa qué las guardo
las cartas suyas, moños de su blusa,
cintas moradas como flor de cardo,
rulos qu'el filo de mi pena tusa.

"Hace más, mi cariño, que te juiste..."
dice una esquela, "dende ayer te busco
regando mi ojo de cusquita triste
la triste senda que olvidó "su cusco".

En otras la enloquece mi demora
"Si supiera qu'estás entre paredes
en los brazos de alguna engañadora
diba y me degollaba frente a ustedes".

Hay hasta confesiones imprudentes
gritos juriosos, ansias mal frendas
marcas de celo que han dejao los dientes
y palabras de amor, disesperadas.

Y nunca tuvo causa de alarmarse
ni tregua yo pa discansar la oreja
ni tiempo el mancarrón pa revolcarse
que ya estaba la esquela con su queja.

Era un cariño tal, que semejaba
de madre enferma de quererme tanto:
¡amor de enredadera que se enraba
y ahuga y tapa la cruz del Campo Santo!

Y tuito esto, pa qué?... Pa este disierto
en que andamos los dos: ella perdida
y yo lo mesmo que si hubiera muerto:
¡sin rumbo, sin destino y sin salida!

¡Qué basura es la vida, santo cielo...!
con razón animales y cristianos
no bien clavan las guampas en el suelo
dentran a echar humores y gusanos.

Pero si semos pura porquería
barro que pesa Dios en su balanza,
¿por qué se ha cometido la herejía
de darnos alma, sueños y esperanza?

¿Qué le faltó a mi china en su alacena?
¿Qué no hice p'halagarla y divertirla?
Me hubiera arrodillao por verla güena,
hubiera andao desnudo por vestirla...

Sus motivos tendrán mis cicatrices
todo tiene su marca y contraseña;
tanto hablar y juntar "pa los gurises"
se dió güelta asustada la cigüeña.

Ahi se han roto tiraos por los rincones
chiches, chupetes, la cunita enana...
En el frío del nido sin pichones
se ha muerto helao hasta el muñeco e lana.

Y esas serán no más mis desventuras
y eso será nomás, lo que nos pasa:
al fin del tiempo un rancho sin criaturas
más parece una cárcel que una casa.

lunes, 7 de febrero de 2011

Pericón Nacional

¡Pericón! Tarán tan tan ¡Pericón!
Tarán tan tan Música sin edad ¡Pericón!
Rueda del tiempo donde danzan sombras
de mi pueblo, Tarán tan tan ¡Pericón!
Un siglo hecho canción
¡Pericón!
Bajo el toldo cribado de los talas
puntea el guitarrero y estira su sollozo un eco de acordeón
¡Pericón!
Se forman las parejas. Las mozas
más hermosas
van a lucir sus galas
ojos negros, cintas azules, enaguas duras de almidón
y vestidos que se abren en arrebatos de alas.
Tarán tan tan tarán tan tan
El más viejo dirige; sobre las paralelas
de bailarines vibra su clara voz de mando:
¡Aura!
Tarán tan tan tarán tarán tan tan
Un balanceo blando
inclina a las columnas, con suave movimiento
como a espigas de trigo mecidas por el viento
Talones y rodajas van marcando la danza
Tarán tan tan tarán
Se esponjan las enaguas bajo el percal florido
¡Un paseito al campo! ¡Aura! ¡Varones!
La que viene es pa guapos de vincha y lanza.
Corransé pa lo escuro como al descuido;
no se hecho pa zonzos las ucasiones
las viejas se han dormido
y hay achuras colgadas en los horcones
Tarán tan tan, tarán tan tan
¡Aura!
Armas al hombro, carguen! Paso a pasito
como hacen las hormigas su caminito!
¡Espejito! ¡Aura! tarán tan tan
Y los brazos como asas de jarrones
se curvan amorosos en óvalos vacíos
Son espejitos de aire como los sueños míos;
en esos espejitos se ven las intenciones.
¡Aura! Molinete
cerrado, con la contraria
¡Aura!
Aprovechen el tiempo como la Hilaria
sale el marido y otro se mete.
La corona de flores para el compañero!
¡Aura!
¡Una vueltita! ¡Valse! ¡Cáiste matrero!
¡Aura!
Tarán tan tan tararán tan tan

Y la ronda armoniosa
baila el baile inocente
que enciende de rubores la cara de la moza
y de amores y audacias el pecho del valiente

¡Aura!
¡Con la que sigue! ¡Aura! Una sí y otra no
como las quiero yo.
¡Aura!
A cargarla y llevarla
sin despertarla
¡Aura!
Cada cual a su sitio
ellos con ellas
separaos y juntitos
como están en el cielo luna y estrellas
Tarán tan tan tararán
Aura, donosa
el que se pierde va a la bolsa!
¡Aura!
Rilación!
Y de la mano ansi
a decirnos cosas sin mala intención
yo primero a ella después ella a mí
¡Aura!
llegó la brava
vamos a ver si no echan lo de la taba

Ya están frente a frente;
un mocetón de estampa
heroíca; piel de sol, mirada ardiente
ella, una margarita humilde de la Pampa.

¡Quiero verlo al mocito puande resuella
le va a ser peliagudo dar con la güella!
"Moza; me engüelve una sombra
dicen que es la sombra mala de mi destino.
Ando perdido moza,
¿me empriesta sus ojos pa ver el camino?"

¡Pucha que había sido florido!
¡Ese pichón es de mi nido!
se hace un murmullo alegre. ¡Que se los prieste!
Los ojos dice? no le pide nada!
¡se le puso feo!
¡Antes de pristárselos, que le cueste!
¡Esta yunta sale sola del rodeo!

La moza se ha puesto roja como una brasa
desde un rincón habla la madre. "No sé qué te pasa;
rispondele sin miedo si al fin es un cualquiera.
Pensá en tu tata m'hija y no volvás a casa
con un abrojo prendido en la pollera."

"¡Mama! No sé qué decirle; conteste usté máma..."
y la madre se alza tose y brama.
"¡Andás en sombras? perdete.
náide te va echar de meno
Si Dios te dió ese castigo
dejuro que no es por güeno."

Se estremece la rueda en un loco alborozo
y la algarabía, sube, en espiral.
¡Qué bello fué lo que dijo el mozo!
Lo que dijo la madre ¡qué mal!
La risa en él se apaga de pena y de tristeza
pero ¡si ella, la tonta, lo mira de repente
y se le entrega condorosamente
mientras baja en silencio la cabeza!

Y pasan las parejas por la prueba de fuego
Unos dicen cariños, otros dicen sus penas
gracia, risa, mentiras, y el Amor que anda ciego
hiere al azar con púas de espuelas nazarenas

¡Aura!
Tarán tan tan tan tararán tantán
Una güeltita ¡Aura!
Linda fortuna
es tener dos mujeres
propia, denguna!
¡Aura! mi vida
la zambullida
igual que los patos en la laguna
Tarán tan tan taran tan tan
¡Aura! Siga la rueda! Siga
la rueda ¡Aura! Rueda que rueda
entriegate a una china cuando te diga
que el percal es cariño, vicio la seda.
¡Aura!
Tarán tan tan tararán tan tan
¡Aura!
Los varones ajuera
y ellas adentro
como yo hago en mi rancho si no hay tranquera
ansí salgo, trabajo, güelvo y la encuentro!
¡Aura!
Tarán tan tan tararán tan tan,
¡Aura!
Atención que esto es grande!
no pa menos El Gefe cruzó los Andes

Y las manos nerviosas
desenriedan el nudo que cierra las golillas.
Una voz va a contener el resúmen de todas las cosas.
Es el grito sagrado que levanta hasta el pasto en las cuchillas.
¡Aura!
¡Pabellón de la Patria! ¡Aura!
Y la danza
ya no es sólo una danza; ahora suena a gloria
la cuerda estremecida que marca la mudanza.
Ahora baile y cuadro y brazo y entrecejo
y la actitud de bronce que hay en cada caballo
son figuras que plasman fragmentos de la historia.
Se iluminan en lágrimas las pupilas del viejo
que vió nacer la patria en un día de Mayo
y la acunó en sus brazos con cantos de victoria.
¡La mirada de frente, cortito el tranco
con cariño y rispeto!; manda el abuelo.
¡Y los pañuelos se abren! ¡Son girones del cielo!
Blanco azul, azul blanco, blanco azul, ¡blanco!¡blanco!¡blanco!
¡Todo el cielo argentino se ha hecho ahora un pañuelo!

Carta de muchos


Güenas patrón, con permiso
tomo la pluma en la mano
desiando se encuentre sano
de su emperrao romadizo.

Nojotros, pa qué decirle
bien, y su ahijao tan gritón
que m'he metido al galpón
pa ver si puedo escrebirle.

Pu'aquí, las cosas, rialmente
no andan p'hacerse ilusiones
suebra mando y faltan piones
y se procede malmente.

Y como es justo que le hable
de agregaos y parentela
le viá pintar en la esquela
al delito y al culpable.

No han hecho honor sus amigos
al favor que les priestara;

pa usté, tienen una cara
y otra pa sus enemigos.

Sólo les falta, lamberlo,
cuando están en su presencia,
pero dispués, en su ausencia
se atropellan pa venderlo.

Son, aparentes y agata,
sortijas de baratillo
y ande se ponga el anillo
le deja negro la lata.

En lo único consecuente
son pa dar el manotón
comen a doble ración
y aun prietenden que la aumente.

Colijo que en su escritorio
no le ha quedao ni el retrato
sale de allí rato a rato
cada cual en su envoltorio.

Siempre prendidos a un güeso
o escarbando en los cajones
parecen pior que ratones
pa tomarle olor al queso.

¡Ansí son los que ha dejao
como amigos de confianza:
pa muestra creo que alcanza
el botón que l'he bordao.

Sus parientes si son güenos
carculo que hay día a día
tanto más de pulpería
cuanto en la estancia de menos.

¡Qué destrozo o qué maldá
puede haber que no haigan hecho!
No le han desquinchao el techo
de pura casualidá.

¡No hay gasto que los asombre
dele giñebra y guitarra!
¡Rompa, tire y meta farra!
que pa eso llevan su nombre.

Viéndolos me acuerdo e Juancho
su capataz, cuando dijo:
"Por qué el cielo en vez de un hijo
no me habrá mandao un chancho".

Pero qué hacerle, son suyos,
pena, disgracia o castigo
usté los quiso, pa trigo
y le salieron, pa yuyos.

Justo es también que le diga
que la escuela se cerró
y de hambre el máistro salió
a tranquiar como la hormiga.

Tal vez ni sospechará
que dende que usté se jué
naide en la estancia hace pie
ni Dios sabe p'ande va.

La gente que nos mandó
pa mestizar, es "tan fina"
que hasta la negra Justina
los vió llegar y escupió.

Han dentrao como al saqueo;
la repartija es su ley
y and'este se traga un güey
aquél se vende un rodeo.

¡Ni la cerda se perdona!
¡Anda al marlo la tropilla!
¡No he visto gente más pilla
más letrada y más ladrona!

De los catorce puesteros
de un decir "tiempos normales"
hay cuatro o cinco, cabales,
y los demás son cuatreros.

Y pa falsos, no digamos;
al que inventó la mentira
cualquiera d'estos lo tira
un campo ande griten: ¡vamos!

Hablan de "honor" noche y día,
"del deber" que los "desvela"
y uno es "de tal..." por su agüela
y otro más "tal..." por su tía.

Y como son de "apellido"
en seguida vino el Juez
se abrazaron, y dispués
¡pongalé por lo carpido!

Denguno "se atreve a nada"
y son capaz, en el hecho
de arrebatarle del pecho
el niño a la Inmaculada.

Cuando han degollao a un pobre
l'echan la culpa al finao,
se hace un sumario inventao
y tuito acaba en un sobre.

Las carreras qu'el contrario
ganó con luz, varias veces,
las trampiaron con "sus jueces"
o las robó el comesario.

El mocito que trujeron
pa limpiezas interiores
ese no está entre los piores
porque piores qu'él no hubieron.

Se descubrió dende nuevo,
como el tero, el angelito,
cuando un casual pega el grito
ni un brujo da con el güevo.

Es una trenza de embrollos
pa quedarse con lo ajeno
que ande usté demore, güeno,
no va'encontrar ni los pollos!

En fin, ni a seguir me atrevo
contando lo d'estos mandrias;
tamién, nos manda calandrias
y deja colgao el sebo...!

Más que herido, abochornao
le impongo, patrón, del caso:
¡a ver si muenta el picazo
y se larga pa este lao!

Es pa llorar, que la herencia
de sus gloriosos agüelos
le eche a rodar por los suelos
esta gente sin concencia.

Ya no es sólo por la estancia;
es que los que aquí sufrimos
hasta en el aire sentimos
lo que viene a la distancia.

Llega el malón, se lo juro:
llega si usté no lo ataja,
y en el mazo que hoy baraja
no veo un triunfo siguro.

Güelva patrón, pero traiga
su vincha blanca y celeste
y dentre a cortar la peste
sin fijarse en el que caiga.

Hay que hachiar de arrib'abajo
pa que este mal se corrija,
¡ajuera la sabandija
y los honraos, al trabajo!

No me le ande con palabras;
los boyeros alvertidos
tráin el vacuno a silbidos
y a cascotazos las cabras.

Güelva, patrón, se lo pido,
más dolencia y sinsabores,
soportaron sus mayores
pa criar y cuidar el nido.

No es sólo suya su casa
y siempre el que la heredó,
supo honrarla y no olvidó
qu'ella queda y uno pasa.

miércoles, 2 de febrero de 2011

La despedida

(Dedico este verso al gran recitador y compositor de versos don Osvaldo Urbina quien me recibiera en su casa de Azul: sencilla, cordial y camperamente. Dudo que ande a la rastra, como dice el verso, pero en lo demás es de coincidir bastante. Un abrazo del gauchoguacho).
Voy a cumplir ochenta años,
pelo blanco y barba blanca,
con media luz en los ojos
y medio cuerpo a la rastra.
Estoy dentrando en la noche:
soy un fogón que se apaga,
no tengo deudas con naides
ni naide me debe nada.
Puedo decir lo que siento
sin miedo ni disconfianza:
al que habla como del cielo,
Dios lo ilumina cuando habla.

Setenta años de trabajo,
ochenta de vida honrada,
rico en hijos y parientes,
sin otra riqueza en plata
que la que tengo en el nombre
y en el color de mis canas,
digo que es linda la vida,
hasta dend'esta distancia,
cuando se ha pasau por ella
con la frente limpia y alta.

No es que pretenda ofertarles
tuito el saber, m'inorancia;
jué poco, pero hoy me suebra
y'alguno ha de hacerle falta.

Naide trate de vestirse
con pilchas que han sido usadas,
más luce una ropa pobre
que una lujosa empriestada.
El honor, como las pilchas,
son animales con marca
y el pelaje los denuncia
o basta mirarle el anca...

Por dar, ninguno se junde:
cuando la mano se alarga
da granos que cáin a un surco
y en espigas se levantan.
Saben decir, los mezquinos
que el que más niega, más guarda.
¡y he visto tantas miseras,
por negar pan y palabra!

Nuestra libertá debemos
en los demás rispetarla
que si un derecho nos suelta,
el d'el otro nos ataja.

No hay alegría más grande
que ver renacer lozana,
la propia vida, en los hijos,
en el trabajo, a la patria.
Patria y familia es lo mesmo;
las dos han de ser sagradas;
cualquier sacrificio es poco
si una d'ellas lo reclama:
no nacimos pa pedirles
si no pal deber de criarlas:
el hombre, para defenderlas
y la mujer, p'agrandarlas!

¡Disgraciau del hombre sólo!
¡Más disgraciau el sin patria !
¡El que no tiene esas priendas
no tiene concencia ni alma!
Y ansí como aquello es dulce,
ansina ha de ser de amarga
la riflesión del que llega,
pelo blanco y barba blanca,
a estos lindes de la vida,
lleno el bolsillo ´e plata,
lleno el corazón de sombras
y el nombre lleno de manchas:
los delitos por ajuera
y por adentro los fantasmas!

Quien de viejo se atribula
porque la muerte lo aguarda,
seguro que cuando mozo
sólo ha sido yerba mala.
La muerte no es un castigo;
otro empieza ande uno acaba:
el malo al morir, padece,
el justo al morir, descansa.

Le estoy hablando a mi pueblo;
le estoy hablando a mi raza;
a los que semilla fueron
de las flores de mis ramas.
Quien lleva mi sangre, lleva
el deber de mejorarla,
que pa eso el retoño nuevo
trái jugo de muchas plantas.

Juí vertiente y me hice río
y d´esa corriente clara
se han abierto, como gajos,
de un'árbol de espuma y agua,
los arroyos que humedecen
disiertos, valles y pampas.

¡Naide enturbie mi agua limpia!
¡Naide agite mi agua mansa!
Calmen su sé los que quieran;
rieguen las tierras labradas,
desparrámenla en el suelo
refrescando flores y almas,
que a tuitos nos dió la vida
un manatial de esperanzas,
pa que en sus aguas se mire
la grandeza de la patria!

De vista baja

(Dibujo: Solari)
Cuando andaba más libre
de sufrimientos
por distráirme en zonceras
voy... y trompiezo.

Uno cré que se olvida
porque hace tiempo
que no sale pa'l campo
de los ricuerdos.

Uno cré, y redepente,
allá, ande menos
s'esperaba el dijunto
lo hablan de adentro...

No hay manera de dirse
de lo que semos;
se abren solas las cuevas
del pensamiento!
...........................
Hoy pasaron puel rancho
cinco troperos;
al andar parecían
sombras del tiempo.

Se arrimaron dispacio
como con miedo
y nos dimos la mano
sin conocernos.

Sin conocernos dije
pero no es cierto:
algo mío llevaban
mezclao con ellos.

Taloniando un petizo
bichoco y tuerto
diba el más gurisito
sobre el pescuezo.

Más atrás un muchacho
medio rillendo
jinetiaba un escuro
montao en pelo.

La guitarra a la espalda
blanco el pañuelo
lo seguía un mocito
de bozo negro.

Al costao un paisano
juerte y sereno
se afirmaba en el cabo
de su talero.

Y cerrando la marcha
doblao, al peso
de quién sabe qué penas,
tranquiaba un viejo.

No pidieron tabaco
ni agua ni techo;
caminaban sin ruido
ni movimientos.

Nos miramos un rato
y en el silencio
yo sentía que hablaba
con cinco acentos!

Por la orilla del monte
callaos, siguieron
y se jueron en sombras
como vinieron!

Abrumao por los años
y el pensamiento
me desangro en prieguntas
que no contesto.

¿P'ande irán sin palabras
los cinco arrieros?
¿Qué dolor me llevaron,
cual me trujeron?

En mis cinco sentidos
ya no hay sosiego,
y ando solo y tropiando
cinco momentos!

Guacho

(Foto: Javier Vidal)-"Matala Guacho! Si serás pavote!
Agarrá ese barrote de la reja
y sacudile un golpe en el cogote!
Se te va puel rincón la comadreja!
¿Qué esperás, abombao, con el garrote?
¿Tenés miedo a una cosa inofensiva?
¡Soltalo entonce, y que la mate el perro!
¿Te has empeñao en que se juya viva?
Tapá el portillo y alcanzame el fierro.
¡Dámelo de una vez, sangre cuajada!
¿No entendés guacho e porra, lo que te hablo?
Te lo v'a repetir la cachetada
si se llega a escapar, muchacho'el diablo..."

Y la presa se fué... Los bofetones
los despiadados puntapies, y el grito,
desparramaron chispas y tizones
al caer en las brasas el peoncito.
Llegó luego más gente a la cocina;
sangre, ceniza, y pelos chamuscados
era el chiquillo en el fogón.

-"Ansina,
le han de hacer a los d'él".
Graves, callados
oyen los peones, mientras anda y sirve,
protestar, a la china cocinera.
Veo este abuso y el coraje m'hirve.
Si quieren mate, pongan la caldera.
Hay que tener el corazón de tabla.
¿Patrón? ¡Ta lindo! Vaya una manera
de tratar a lo esclavo, a un hijo ajeno...
¡Pobre fináita!... Resucita Pabla
y se güelve a morir con el veneno.
Por si es poco el asao, en la enramada
les dejo un costillar. Al fin y al cabo
si me retan, me voy... Estoy hastiada
del patrón, de la Estancia y del conchavo.
Güenas noches criatura, y resinate;
unos nacen pa flor, y otros pa trapo.
Si llegás hasta mozo, ricordate;
invitame al desquite d'ese día
pa ver qué agallas le han quedao al guapo
que hoy comete con vos esta herejía.

Torna el silencio, todos, sumergidos
en tinieblas de tristes conjeturas:
corre el amargo, sorbos contenidos
consumen agua, pucho y cebaduras,
que corta el niño en tímidos gemidos.
Uno a uno después, buscan la cama,
quedan, el perro, un viejo y el chiquillo.
-"Nu hay pior disgracia que perder la mama..."
dice el anciano, liando un cigarrillo.
"Cada vez, semos piores..."
Carraspea,
enciende en un tizón, arroja el leño
y mira el pie desnudo en que gotea
el llanto silencioso del pequeño.

La pena que le escarba
le impide hallar la frase de consuelo
que en vano busca en la enredada barba,
en el techo, en el humo, y en el suelo.

De pronto, brota la expresión violenta:
-"Qué patrón desalmao... No tiene entraña...
Cuando el Malo le carpa la osamenta
v'a mellarse en un palo la guadaña.
No llore amigo qu'el varón almite
lo que dijo ricién la cocinera:
nu hay postura perdida si hay desquite,
y ya han depositao esta carrera.
Haré imposibles pa que Dios me nombre
juez de sentencia, cuando llegue el caso.
Con qué voz vi'a fallar: ¡Ganó el más hombre!
y en seguida la firma, un rebencazo.
Ahura, soporte, pueda ser que afloje,
precure obedecer; es mi consejo:
nu hay que darle ucasión pa que se enoje".
-"No vi'a poder obedecerle, viejo..."
-"¿Cómo es eso? ¿Qué dice? ¿Que no puede?
Dejesé de moquiar y conversemos.
¿Entonce se hace castigar adrede?
Aclare amigo, a ver si compriendemos.
¿Por qué jué la cuistión? Sigún oyimos
dentró una comadreja..."
-"No, mentira, "
-"¿Cómo v'a ser mentira si la vimos
cuando juyó pal matorral de achira?"
-"No dentró... yo la truje a la cocina".
-"¡¿Usté?!"
-"Yo mesmo".
-"Pero, ¿a qué caracho
se trujo a ladroniar esa dañina?"
-"¿Ha olvidao qu'el patrón me llama... guacho?"
-"¿Y qué tiene que ver?"
-"P'algunos... nada".
-"¡Ni pa naide que tenga güen sentido!
¿Ande demontre la encontró?"
-"En l'aguada:
nos vemos siempre, y le vigilo el nido".
-"Pero, ¿sabe mocito, que no entiendo?
Eso, es pura zoncera, o el capricho
de andarse molestando y esponiendo
a que le peguen por cuidar un bicho".
-"Tiene sáis hijos, viejo, y tempranito
alzo comida, y voy a visitarla;
sale a esperarme, pobre animalito,
y empiezo, mientras come a'cariciarla.
Tuita la cría, se le añuda encima
chillan, caminan, l'ahugan con la cola
y denguno se cái ni se lastima
y carga, con los sáis, la madre sola...!
Hoy, desgrané en l'achira los pichones
y la truje, a la juerza, y escondida;
pensaba que quedrían los patrones
conocer a una madre tan sufrida.
Ya sabe el risultao... Me hundió la bota
me ha bajao con el taco media oreja,
tengo la boca achicharrada y rota,
pero pude salvar la comadreja.
De aquí un rato, me corro a la laguna
a ver si ya llegó, mi compañera.
¡Son sáis que van como a caballo de una...!
y ella no halla un cristiano que la quiera.
Ansí vide sufrir a una persona;
sola, solita, p'atender su cría,
jué pastelera, lavandera, piona...
¿Y quién era esa madre?
¿Quién?...

La mía".

domingo, 2 de enero de 2011

La Raza

(Pintura: Carlos Montefusco)
- "No aflueje mi coloráo
mire que a cola tendida
y a sable desenvaináo
se nos viene la partida".

"Aguántese en la pezuña
mi coloráo orejano
que si un corvo nos rajuña
se me puede dir la mano".

Y el sin marca, y el marcado
por un sino de agüería
son sólo un bulto estirado
bajo la noche sombría.

Atrás, olfateando el trillo
como perros cimarrones
denuncia a la tropa el brillo
y el ruido de los latones.

En carrera y gameteando
pajales y tucuruses
huye el gaucho, cavilando,
y el caballo haciendo cruces.

"Si no viniera el Sargento
que's de los nuestros, le juro,
que de gusto me les siento
y los pongo en un apuro".

Sordo rumor estremece
los húmedos pastizales
y en la fatiga que crece
jipan hombres y animales.

El colorado es un viento
que sobre el campo resbala
y al cebruno del Sargento
lo empujan vértigos de ala.

Apura a rebenque y bota
la milicada impaciente
y el matungaje se agota
bajo la espuela inclemente.

La partida se disgrega
van a juntarse los dos:
lo que no haga Santos Vega
tendrá que evitarlo Dios.

De pronto, el cardal tupido
le echa un pial, al orejano,
rueda el gaucho, y se alza herido
con el facón en la mano.

- "¡No me rindo!" balbucea;
"¡Atropellen!" se arrodilla;
la sangre que le gotea
pinta en rojo la golilla.

"Carguen mau...las!..." lentamente
el alma gaucha, insumisa
abre la garra impotente
como un puma que agoniza.

Cae el arma, luego, el brazo
se hace almohada; la jauría
se para a tiro de lazo:
empieza a clarear el día.

Mudo el Sargento se arrima
le aparta cardos y abrojos
le tiende su poncho encima,
se echa el sombrero a los ojos.

Despierta en cantos al llano
una aurora de romance.
¡Se ha quebrado el orejano!
El otro; ¡que en paz descanse!

Su sospecha mensajera
lanza el Chajá celador,
se abre un sol de primavera;
habla en la ley, el dolor.

- "Tan hombre y morir ansina!
No hay justicia!... Cabo Osorio!...
Vaya y lo entriega a su china;
va por mi cuenta el velorio".

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Pucha qu'está lindo!

(Pintura: Ángel Della Valle "Potrero")
No tengo ni rancho ni china ni plata.
Pucha qu'está lindo; como la cigüeña
que en un ojo duerme y en el otro sueña
tendré que dormirme parao de una pata.

Pucha qu'está lindo; siquiera el chingolo
ahuyentao del pago, le queda el consuelo
de cantar y dirse; pero yo, ni vuelo
ni silvo ni canto, y ando, pior que solo!

Pa el lao que camine trompiezo un extraño:
yo no sé de p'ande vino tanta gente,
ni el güeso le tiran al que pasa enfrente
y tarjan un hijo lo menos, cada año.

Pucha qu'está lindo; cuando yo tenía
plata, china y rancho, no dejé un cristiano
que anduviera cáido sin darle una mano;
de mi asao, cualquiera cortaba y comía.

"Eran otros tiempos" dicen los que saben,
pa mí qu'es mentira; yo no prieguntaba
puel tiempo, si alguno me necesitaba.
"¡Métanlé, son míos, y hasta que se acaben!".

Andí me juí dando, como agua llovida,
gotiando pa tuitos; priesté hasta el cuchillo,
pa guardar no tuve cinto ni bolsillo
y por un amigo, me jugué la vida.

Pucha qu'está lindo. ¿Qué semos? Barcinos,
apestaos que a lonja sacan del rodeo...
¡Y un día jué orgullo saberse argentinos!
¿Seremos tuavía? Yo, ya ni eso creo.

¿Qué nos dejan? Nada. El derecho zonzo
de gritar ¡soy criollo!... Suerte que en la Pampa
aun quedan potreros pa clavar la guampa
y morir como antes, sin cruz ni responso.