jueves, 2 de junio de 2011

El Bragao


Bienhaya potro bragao,
que en los lares del Oeste
por todo el paisaje agreste
tu regia estampa has pasiao!
A tu pago le has dejao
tu nombre imperecedero...
Ninguno te tarjó el cuero;
ningún hombre te margina;
y por ser libre, a tu clina
sólo la besó el pampero.

Comentan que el paisanaje,
deslumbrao por su belleza,
lo perseguía con presteza,
a bola, lazo y coraje;
pero su estirpe salvaje
siempre lo tuvo despierto;
antes que cautivo, muerto
por ley de su corazón...
y como una exhalación
se perdía por el desierto.

Pero un día, por la extensión
mil gauchos se dispersaron
y todo el ganao arriaron
con ímpetu de ciclón...
Bragao, por tu perdición
te persiguen sin piedad;
pero, por tu libertad,
al fin de tu trayectoria,
te hundiste en aguas de gloria
con rumbo a la eternidad.

Imaginando su estampa,
las reminiscencias vivo
del caballo primitivo
que se dispersó en la pampa.
Luego, en mi memoria acampa
la poesía de Roldán.
Con él, el Gran Capitán
traspuso la cordillera
y fue asta de mi bandera
en Salta y Tucumán.

Cimarrón

(Roberto Ayrala)
El vaivén de la existencia
trato de tranquear parejo,
como dejando un reflejo
de mi vida y mi conciencia.
Pongo cariño y vehemencia
cuando el amigo es amigo;
siempre a ser justo me obligo
y me agrando en las derrotas,
sin envanecer mis notas
cuando algún triunfo consigo.

Por eso es que al trajinar
busco el camino derecho,
pa'cuando llegue al repecho
no tener que claudicar.
Siempre supe respetar
a la nativa heredad;
y con gaucha honestidad
vaya esto, como proverbio:
no acostumbro a ser soberbio
adonde veo la humildad.

Y cuando pulso el cordaje
no peco por inmodesto;
mas, también sé "echar el resto"
si me infieren un ultraje.
No hago alarde de coraje;
pero, de cualquier manera,
sé defender dondequiera,
con mi lira y con mi verbo,
el alma de nuestro acerbo
y el color de mi bandera.

No me gusta entropiyarme;
quiero ser libre y volar;
mas también sé respetar
al capaz para enseñarme.
Tan sólo por consagrarme,
no sigo la procesión;
dejo a mi propia intuición
que aclare mis pensamientos.
Soy arisco pa'los tientos
como potro cimarrón.

Paisaje con nieve

Apenas un caminito
Sobre la Puna nevada.
Un largo rastro parduzco
Donde pasan las majadas.

En el espejo del aire
Se mira el cóndor las alas.
Y el pastor de poncho puyo
Se va atrás de la majada...

"¡Por qué me ha olvidado el río,
Que en el verano cantaba...!

Anoche murió la luna
Sin besar la madrugada
Tal vez por esa tristeza
No tiene sol la mañana.

En casa de los pastores
Las quenas están calladas
Sólo el canto, tiritando
Por detrás de las majadas...

"¡Por qué me ha olvidado el río,
Que en el verano cantaba...!

Apenas un caminito
Sobre la Puna nevada.
Un largo rastro parduzco
Donde pasan las majadas.

En el espejo del aire
Se mira el cóndor las alas.
Y el pastor de poncho puyo
Se va atrás de la majada...

¡Por qué me ha olvidado el río,
Que en el verano cantaba...!

Francisco Madero Marenco: Exposición de pinturas en Salta! Desde el 14 de Junio al 21 de Julio

La herrería de los Morelli


Dedico estos sencillos versos a Ángel y Jacinto Morelli, humildemente.

De chiquilín respiró
el humo de la herrería,
y el oficio día a día,
con empeño lo aprendió,
de los mayores tomó
mucha capacitación
y en un antiguo galpón
comenzó a trabajar fuerte,
la herradura de su suerte
como cualquier muchachón.

El yunque está colodado
sobre un corpulento tronco,
el fuelle, quejoso y ronco
respira un aire pesado,
la fragua que ha soportado
de su boquilla el ciclón
hace que el negro carbón
haga de chispas sus gamas
entre las violáceas llamas
de volcánica eclosión.

El hierro sale candente
entre rojo y blanquecino.
El yunque será el destino
de su inmediato presente,
en donde el brazo potente
lo moldea, arquea y traza,
martillo, punzón y maza.
La vista, justa y segura,
hace de cada herradura
para el casco una coraza.

Allá tenía que lidiar
con diferentes equinos
chuzos, mañeros, ladinos
"sólo les faltaba hablar".
Los tenía que amordazar
por temor al mordiscón,
pero su disposición
todo lo cumplimentaba,
hasta que al fin los herraba
con prolija perfección.

La gurbia, el desvasador,
arreglan casco y ranilla,
que es tarea muy sencilla
para el que es buen "herrador".
Tenazas, clavos, sudor
y algún cosear en acecho,
hasta que al fin satisfecho
corta, remacha, escofina
y su tarea termina
cobrando el trabajo hecho.

Hoy su portón está quieto,
muda la fragua y los fuelles,
porque el progreso y sus leyes
supo acatar con respeto.
Y sobre su parapeto
el yunque se va enmoheciendo,
y la maza está diciendo
cómo el óxido la mancha
y entre el martillo y la trancha
hay un silencio tremendo.

A campo

(Pintura: Pablo Uriburu)
Sumí en la tierra la hoja e mi cuchiyo,
estaca a que ato a maniador mi overo,
y acomodé el recao en las gramiyas
pa acostarme sobr'él, de cara al cielo.

Como mi vida guacha poco pudo
gustar la miel del sentimiento ajeno,
suelo hacerme el mimoso con la luna
que me manda hecho luz su largo beso.

Hoy gozo sus caricias más que nunca,
mientras me hayo aguardando que los dedos
del sueño yeguen a cerrar mis ojos
y tiendan sobre mi su poncho negro.

Mientras el sueño lerdo me campea,
pues sin duda no sabe ande m'encuentro,
como toros que bajan a l'aguada,
desfilan por mi mente los recuerdos.

Y la res del pasao queda maniada;
en mi viejita pienso, moro al cielo,
se me hace que son madres las estreyas,
veo un lucero grande y lagrimeo.

En la yerra



Se desprende la armada del férreo brazo
entre una nube densa de tierra blanca;
se oye un tropel de cascos; silbando el lazo
ha ceñido dos remos en la payanca.

Luego, el chirlo potente del cimbronazo,
un cuerpo que se afirma como palanca
y hecho un ovillo el potro, que en el porrazo
castigara la tierra con toda el anca.

Dos rodillas presionan del bruto el cuello
que, aún inmóvil, despide fuerte resuello;
una mano de acero la oreja abarca;

el bagual ya vencido, tiembla impotente
y un viejo con el rojo hierro candente
corre gritando: ¡Aprieten que va la marca!